Pocos… ¿por qué?

 Concentracion_Tasa_Basura

Unas horas antes, alguien más listo que yo me dijo que iría poca gente. Y yo, tonto de mí, le contradije. “Esto es diferente a otras protestas”, argumenté con una sonrisita de superioridad. Lo de la nueva tasa ha sentado muy mal a comerciantes y hosteleros, y eso son palabras mayores en esta ciudad. Estaba seguro de que una gran número de ellos, y otros muchos ciudadanos, estarían allí. No habló de millones ni de miles, pero si algunos centenares de abulenses enfadados con el asunto.

No fue así. La concentración que este domingo por la tarde convocó delante del Ayuntamiento la plataforma de Ciudadanos de Ávila contra la Tasa (muchos de los allí presentes pertenecían a otros movimientos reivindicativos, como los Afectados por las Preferentes o el movimiento 15-M) reunió a unas 50 personas. La cifra creció levemente  gracias a los curiosos que se fueron acercando para informarse sobre la reivindicación, pero, al menos hasta que yo salí de allí, la cosa se mantuvo en cifras más bien bajas.

No es algo nuevo en Ávila. No nos caracterizamos por concentraciones y manifestaciones multitudinarias… somos algo más místicos. He estado en varias de esas protestas en las que se podían contar a los implicados con los dedos de las manos y de algún píe. Y siempre volvía a casa pensando que quizás el asunto no importaba tanto, que ciertos temas quedan sobredimensionados por los medios de comunicación y luego, en el mundo real, indignan más bien tirando a poco.

Por todo ello, quizás no debería de sorprenderme lo que ocurrió este domingo. Pero me sorprendí. En esta ocasión, ya dije antes, pensé que había ciertas diferencias. Para empezar, varios colectivos empresariales (al menos tres federaciones de Confae, además de la Cámara de Comercio e Industria) ya habían expresado públicamente su rechazo a la tasa, junto con otros muchos colectivos. Y algunos de ellos lo hicieron rotundamente. La tasa supone un recargo para las familias, pero la subida es mucho mayor para comercio y hostelería. Así lo han denunciado ellos mismos durante las últimas semanas y realmente creía que mucha gente de estos sectores pasarían por el Mercado Chico. No dudo que algunos de ellos estuviera en la concentración, pero, vuelvo a repetir, esperaba a muchos. Y todavía me sigo preguntando ¿por qué, entonces, solo se llegó al medio centenar de personas?

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PD: Para ser sincero, también esperaba más gentes el pasado viernes, Día Mundial de la Libertad de Prensa (3 de mayo), en la concentración convocada por la Asociación de Periodistas de Ávila. Sé que fue por la mañana, en horario laboral, y muchos no podrían. Aun así, la profesión está muy necesitada de una respuesta unida y rotunda por parte de sus profesionales.

Un café con… Estela Carretero

¡Qué tío! Vuelvo a llegar tarde. Como casi siempre. Entro al bar al tiempo que el camarero suelta en la barra el café con leche de Estela Carretero. Para los que no sepan de quién hablo, Estela, es la Presidenta de la Asociación de Periodistas de Ávila, cargo que ocupa desde enero del presente año sucediendo a Antonio Mayoral que llevaba unos veinte defendiendo dicha posición. Además es redactora de Diario de Ávila desde hace 7 años y madre de un muchacho majísimo llamado Dani que nos acompañó durante nuestra charla.

Hacía tiempo que teníamos comprometido nuestro café y, por unas cosas o por otras, siempre se retrasaba. La fecha del jueves 3 de mayo, día en que nos vimos, nos pareció a los dos muy representativa para hablar sobre el periodismo local al celebrarse el Día Internacional de la Libertad de Prensa que, en Ávila, se conmemoró con una concentración en la Plaza de Santa Ana en la que se dieron cita la mayoría de los periodistas de nuestra ciudad y provincia para reivindicar un periodismo digno para los trabajadores del sector.

Tras pedir mi café solo comenzamos a hablar de la Asociación de Peridistas una asociación que, asegura, “podía parecer algo muy cerrado y copado por gente acomodada en ella desde hacía años” aunque, aclara que se puede abrir y “el ejemplo de que puede haber un relevo está en mí, miembro de la Junta Directiva desde que entré, una de las más jóvenes dentro de la asociación y ahora Presidenta de la misma”. Continúa diciendo que “lo que necesita la Asociación es un cambio, que entre gente joven y que haya un relevo generacional sin dejar de lado a la gente más veterana y experta que sin duda también pueden seguir aportando su granito de arena”. Habla de ello con ilusión. Imagino que la ilusión que otorga el coger las riendas de una Asociación, ilusión que no merma a pesar de saber que tiene que “cambiar la imagen que se tiene de ella” y asegura que uno de sus objetivos a corto plazo es “abrir las puertas, renovar y atraer nuevos asociados” a una asociación que en este momento cuenta con solo 25 miembros.

Se considera una persona reservada y a quien no le gusta la notoriedad, le pido opinión sobre el periodismo en una ciudad como Ávila. “El hecho de ser una ciudad pequeña nos da mucho acceso a las personas públicas y desde los partidos políticos y el resto de las Instituciones siempre se nos facilita mucho el trabajo”. Esa cercanía de la que me habla es algo que me resulta familiar pero que en ocasiones puede llevar a confundir términos y a convertirse en un amiguismo que dé paso a esa servidumbre que se palpa en la mayoría de medios de comunicación locales. Le pregunto precisamente por este tema de la servidumbre…

“Es uno de los riesgos. En muchas ocasiones los medios de comunicación dependen de la financiación de las Administraciones Públicas lo que quizá nos condiciona un poco en algunos aspectos. Desde la FAPE se lleva tiempo trabajando en alguna propuesta de Ley que regule de forma más rigurosa y concreta las vías de financiación de los medios, detrás de los cuales no podemos olvidar que hay una ideología al ser empresas y resultar muy difícil desvincular el ámbito empresarial del ámbito político al existir sinergias y lazos entre ambas. Al final los periodistas trabajamos para empresas y es muy difícil ser totalmente libre pero también te reconozco que en mi trabajo, en Diario de Ávila, no he encontrado ninguna presión para enfocar una información de una u otra forma”.

Dani se divierte jugando con el paraguas de su madre mientras nuestra conversación continúa…

Calificamos la concentración celebrada en Santa Ana de un éxito. En eso coincidimos. Juntar a casi 50 personas, en su mayor parte periodistas para, por primera vez en Ávila, alzarse con una sola voz en defensa de su trabajo creo, creemos, que es algo histórico. “Con el gesto de hoy he comprendido que la Asociación está viva o, al menos, que tiene posibilidades de resurgir”.

Inevitable hablar, en un momento tan duro como este, de la crisis que vivimos lo que me lleva a preguntarme por el futuro. El periodismo es uno de los sectores en los que, porcentualmente, más empleo se ha destruido durante estos años de dificultades económicas. Yo mismo fui despedido de un periódico local tras casi 4 años como maquetador del mismo por falta de dinero para mantenerlo. Me cuenta Estela que en el periodismo hay una doble crisis. La coyuntural, que es la que nos estamos zampando todos y la estructural que está siendo también muy importante en muchos medios, sobre todo los impresos que se han encontrado con las nuevas tecnologías ganándoles terreno y, reconoce, a muchos les ha pillado con el paso cambiado. Cierto que la inmediatez que parece pedir ‘la red’ es algo que puede ir en contra de la calidad de la información, me comenta, y dice tener por delante “un reto importante que es adaptarnos y ponernos al día para hacer un periodismo más ‘multidimensional’ que no puede circunscribirse solamente a los medios tradicionales sino tocando todos los palos pero esto no puede arrastrar una merma en la calidad de la información”.

Las tazas vacías nos indican desde hace un rato que debíamos ir terminando. Hemos charlado durante más de hora y media y, como ya me ocurriera con Tony Romero, me extendería demasiado si lo escribiese todo. No dejaré de recalcar, de todas formas, una frase que me dice Estela en medio de nuestra conversación. “El lector tiene que ser libre para, teniendo la información de diferentes medios, poder sacar sus propias conclusiones desde lo que creo que tiene que ser una información objetiva”. En ese punto también estamos de acuerdo y se lo hago saber mientras se sigue haciendo un poquito más tarde por lo que me decido a ir despidiéndome de Estela que no era mi intención acapararla durante tanto tiempo. No me resisto a hacerle una última pregunta que me surge al ver a Dani corretear a nuestro alrededor… ¿Animarías a tu hijo a seguir los pasos de su madre y a meterse en el mundo del periodismo?

– “Pasaría mucho hambre…” – Dice poco convencida…

Agradezco a Estela, a quien considero una gran profesional, el rato que ha dedicado a charlar conmigo sobre su trabajo, más aún cuando era yo, un no periodista, quien le pedía una ‘entrevista’.

Para los que queráis estar al tanto de la evolución de la Asociación de Periodistas de Ávila, podéis hacerlo vía twitter siguiendo su cuenta (@ApaAvila) y pronto, me asegura, estarán también activos en Facebook.

Con los pies fuera del tiesto

Más de uno y más de dos. Hablo de gente normal, nada de monstruos ni extraterrestres (ni siquiera tertulianos de Intereconomía). Simples personas, mayores y jóvenes, que sueltan eso tan manido de los “perroflautas” o de la “generación ni-ni” para referirse a los acampados de la plaza del Mercado Grande. Y otros que, aunque no digan nada, miraban con cierta desconfianza desde los soportales de este céntrico punto de la ciudad.

No entraré aquí en defender o vapulear los principios teóricos de una iniciativa ciudadana que ha dado la vuelta al mundo. Creo que la inmensa mayoría de las reivindicaciones del movimiento 15-M coinciden con el sentir general de los españoles y, mejor aún, con el sentido común. Otro asunto son las debilidades que se han ido descubriendo con el paso de las semanas, como la inoperatividad que conlleva carecer de líderes –decidir todo en largas asambleas con votaciones a mano alzada ralentiza cada paso- o puntuales episodios de violencia en otras ciudades que han sido frenados a tiempo.

En el caso de Ávila, quiero dejar todos estos aspectos en un segundo plano, al menos de momento. El motivo es que durante los primeros días de protesta temí muy seriamente que la “indignación” pasara de largo por esta tierra. El 18 de mayo solo las capitales abulense y zamorana se mantenían al margen del 15-M en toda Castilla y León, así que comencé a sospechar que volveríamos a ser la ciudad dócil y adormilada, fría y estática, de anteriores capítulos.

Como tantas otras veces, erré en mis previsiones y, solo dos días después, una manifestación recorrió el centro de la ciudad pidiendo cambios. Fue una agradable sorpresa, aún más descubrir al día siguiente que medio centenar de valientes habían pasado la noche en el Mercado Grande. Ese grupo, con más o menos gente, permaneció de acampada durante varios días bajo la sombra de la Palomilla y continúan organizando distintas actividades de todo tipo para informar y recoger propuestas de los abulenses.

Lo de valientes lo digo con todas letras y mucha admiración, porque no es muy habitual ver en Ávila a gente que proteste públicamente. Por lo bajini, sí. Todos decimos al amigo o al vecino que estamos hartos de aquello, que ya es hora de cambiar esto otro, que estas cosas solo pasan aquí. Pero, por lo general, nos da miedo sacar los pies del tiesto públicamente, salirse de lo establecido y que alguien pueda señalarnos con el dedo.

Escucho a Sebastián de la Obra, adjunto del Defensor del Pueblo Andaluz, en el programa de la Cadena Ser ‘La Ventana’ decir, en referencia al 15-M, que “el esfuerzo es un valor en sí mismo”. Critica, además, que se les exija a los “indignados” reclamaciones concretas y plazos. “Yo ya no tengo la ansiedad de los 20 años, yo ya no espero un resultado, para mí el esfuerzo de hacer algo en lo que uno cree tiene valor en sí mismo”, añade.

En el caso de Ávila, creo que ese esfuerzo ha tenido que ser un poco más intenso que en otros lugares. Acampar en el Mercado Grande junto a otras diez o veinte personas seguro que no tuvo tanto glamour como hacerlo en la plaza del Sol. Sin embargo, yo lo vi desde la distancia como algo un poquito heroico y, sobre todo, muy ilusionante. Me devuelve la esperanza en esta ciudad y en su gente, en la posibilidad de expresar las opiniones con valentía y respeto sabiendo, como ya ha dicho otro mejor que yo, que “hacer algo en lo que uno cree tiene valor en sí mismo”. Y luego que te llame “perroflauta” quien quiera.

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