El teatrillo pactista (por Diego Hernández Gil)

Hoy contamos con una nueva colaboración, esta vez de la mano de Diego Hernández Gil (@Diguish). Diego es abulense, graduado en Derecho por la USAL y alumno de un máster online de asesoría laboral, entre otras cosas. Fue miembro del 15M abulense y cofundador de Podemos Ávila. Actualmente sigue luchando en diversas iniciativas locales. Si tú también quieres colaborar, aquí te explicamos cómo.

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El teatrillo pactista

A estas horas de la noche resulta difícil tomar cuentas con el descanso. Y no es que no tenga motivos para descansar, por todo lo hecho durante la semana. No. El problema surge de una cuestión algo transcendental, supongo. Ese tipo de cuestiones que nos suelen rondar una noche y otra. Como si fuera una pesadilla, de esas que en la infancia parecían surgir de la nada. Pero es que esas pesadillas acaban siendo superadas por la propia realidad del día a día.

Esto es lo que parece que está sucediendo en nuestro país, en esa franja sureña de la Europa olvidada. Esa Europa que no parece ser prioritaria por tener que sucumbir ante los intereses de una supuesta mayoría. Mayoría poderosa que aparece representa en la figura de una germano-parlante de mediana edad y cuerpo embrutecido, por una “mala alimentación”. Representa a esa Europa de los sueños alejada de la vaguería local, asociada a nuestra “Spanish siesta”.

Si bien, conviene centrarnos y, quedarnos en el territorio local. En esa España surgida de la indiferencia e incertidumbre tras las elecciones catalanas del pasado mes de septiembre. Ese país de países que esperaba un “cambio real” en las urnas el pasado 20-D. Esa fecha a la que muchxs acudían por decir que habían nacido para ganar esas elecciones. Resulta difícil comprender la posibilidad de poder seguir victoria alguna, siendo conscientes de la receta agravada de la Troika en forma de más recortes. De ahí que los cambios reales no puedan surgir de políticas de simples reformas y de maquillajes en apariencia y, no de un nuevo rumbo político y social, a lomos de la celebración del conocido como “proceso constituyente”.

Por todo ello, lo que estos pequeños párrafos quieren describirnos es ese mundo mediocre. Ese país que muchxs queríamos cambiar aquel 15-M. Ese país que siendo universitarixs de primer año quisimos como legado de reivindicación de aquel mayo francés no tan lejano. No queríamos otro país más con cambio de gobiernos de turno, siguiendo el esquema del Siglo XIX. No, nuestro gran deseo y, por qué no decirlo, sueño, era acabar con este “régimen” que sólo causa más pobreza y desigualdad a medida que pasa el tiempo. Creemos estar en ese empeño ya sea en nuestro barrio, en nuestra pequeña ciudad, en ese concepto de país que tenemos y, en ese mundo que pretendemos más social y menos “globalizado”.

Historias de hadas, duendes y malabares (por Sonsoles Pindado Casado)

Os lo hemos comentado ya alguna vez, aceptamos colaboraciones. Un buen ejemplo es esta que nos ha hecho llegar Sonsoles Pindado Casado. Os repetimos que es muy fácil, aquí os explicamos cómo… 

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Historias de hadas, duendes y malabares

Sólo con mentes positivas se pueden lograr grandes retos, ahora en nuestra ciudad amurallada con el inicio otoñal, buenos proyectos se llevan a cabo.
Me  viene a la mente CIRCO o el MERCADO MEDIEVAL, eventos, muchos,  que atraen al turista un año tras otro.
Las calles  se llenan de magia, de sueños… malabaristas, duendes, hadas, nobles y plebeyos se dan cita en la ciudad.
Todos ellos ansían sacar la mejor de las sonrisas o rostros de admiración en cualquiera de los rincones de calles empedradas y puertas que se abren  al visitante, que con afán de descubrir y !como no! de pasar un buen rato se acercan a tomar una buena tapa abulense, regada del mejor de los vinos de la comarca.
Plazas llenas  de sonido de otras épocas, bailes y jaranas animaran hasta el mas introvertido, por lo que a modo de  buen grito podemos decir

SALGAMOS A DISFRUTAR!!!!!.

Sonsoles Pindado Casado.

Panegírico (anti)navideño por José Ramón Rebollada

Si siempre es agradable contar en este rincón con la aportación de lectores y amigos, lo es más si quien firma esas líneas es el periodista José Ramón Rebollada Gil. Si tú también quieres enviarnos un texto para su publicación, aquí os contamos cómo.

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Panegírico (anti)navideño

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Ya nos llega de nuevo este tiempo del año en el que la hipocresía más absoluta se apodera absurdamente de una sociedad que parece adormilada, tomada por la sinrazón, hipnotizada por el absurdo. Sí, estoy hablando de esa cosa llamada “navidad”.

Según el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua la palabra “navidad”, en su primera acepción, es: “Natividad de Nuestro Señor Jesucristo”, ¡nada menos! Esta es una nueva demostración incuestionable de hasta qué punto la creencia religiosa de un fragmento de nuestra sociedad se ha apoderado (sin derecho ni justificación alguna) de buena parte de nuestra propia esencia y funcionamiento social a lo largo de los siglos, incluyendo el lenguaje. Si me atuviera a la literalidad de la definición esa palabra no significaría nada para mí ni para ninguno de los  que no somos creyentes de alguna de las múltiples facciones del cristianismo porque todos nosotros no tenemos un “Señor Jesucristo” compartido y reivindicado como “Nuestro”. Una vez más una parte se apodera del todo en su propio beneficio, en este caso lingüístico, y eso es como apropiarse de la misma esencia de nuestro (éste sí de todos) código social por antonomasia: el lenguaje. Yo les ruego a los señores académicos que cambien la primera acepción de la definición de esta voz.

La celebración de la “Natividad de Nuestro Señor Jesucristo” tiene tras de sí una oscura y enrevesada historia como todo lo que tiene que ver con el cristianismo, especialmente en su facción católica. Por supuesto nada de lo que voy a relatar ahora se cuenta en los púlpitos de las iglesias y catedrales, allí simplemente se dice que el tal Jesucristo nació un 25 de diciembre. La iglesia católica no parece tener demasiado interés en divulgar su propia historia, ¿por qué será?

Es realmente sorprendente comprobar lo poco que saben los cristianos sobre un personaje que ellos afirman fue histórico (por tanto real y verdadero) y que es nada menos su dios. Una de las muchísimas cosas que no saben es cuando nació, pero claro, para no ser incoherentes con su afirmación de la verdadera existencia de ese tal Jesucristo se inventaron su fecha de nacimiento y eligieron el 25 de diciembre.

Sus propias escrituras contradicen esa fecha. Sus estudios barajaron en su momento muy diversas fechas para tal acontecimiento entre los meses de mayo y octubre, pero finalmente (y no por casualidad) se decidió que la fecha de nacimiento fuera el 25 de diciembre, “casualmente” en las cercanías del solsticio de invierno, unas fechas de celebraciones paganas ancestrales en muchas latitudes del planeta basadas en el ciclo de las estaciones, cuando los días empiezan a ser más largos, algo que (incontestablemente) sí es un hecho cierto.

No obstante, y pese a la trascendencia del dato, no parece que tuvieran mucha prisa en “conocerle”. Según diversos estudios (incluyendo sus propias fuentes) no hay rastro de preocupación alguna por esta cuestión hasta el año 220 más o menos, más de dos siglos después de la supuesta existencia de ese personaje. Se saca a colación la cronología del autor griego convertido al cristianismo Sexto Julio Africano como el primero en afirmar que nació el  25 de diciembre.

Pero hay que esperar unos 125 años más, hasta el 345, para que la iglesia “fijase” el 25 de diciembre como el día del nacimiento de su dios, parece ser que por influencia de dos de sus líderes: Juan Crisóstomo y Gregorio Nacianceno.

Y una vez inventado el día hubo que inventarse el año del nacimiento de Jesucristo. En la sociedad de la época en la que supuestamente nació regía el Calendario Juliano, instaurado por Julio César, que se estableció en el año 45 ac. Por no liarnos demasiado en este galimatías de los calendarios resumiré diciendo que fue el monje Dionisio el Exiguo el que en el año 533 de la actual era “calculó” que el nacimiento de Jesucristo ocurrió en el año 753 del calendario juliano, y estableció el 1 de enero de 754 como el primer día del primer año de la era cristina. Eso lo hizo, como digo, ¡533 años después del supuesto nacimiento!, con lo que (repito) no puede decirse que los cristianos tuvieran mucha prisa por “saber” cuando nació su dios. Además, según se desprende de múltiples estudios e investigaciones, el monje cometió varios errores en sus cálculos de tal forma que, según su calendario, Jesucristo tendría que haber nacido entre cuatro y siete años antes de Jesucristo… curiosamente. Pero los erróneos cálculos del exiguo monje fueron siendo adoptados progresivamente en occidente hasta llegar a nuestros días. Es por ello que nuestra forma de contar el tiempo en la actualidad es fruto de otro invento de los cristianos, una ficción, una fabulación que contiene incluso errores matemáticos e históricos, aunque ellos no lo explican nunca desde sus púlpitos, claro está.

Y aquí nos hallamos todos, creyentes o no, inmersos año tras año en la “celebración” del nacimiento de un supuesto dios cuya fecha de alumbramiento es fruto de la suplantación y apoderamiento de ritos ancestrales, la invención de unos pocos próceres cristianos de la antigüedad y los errores de un monje medieval… Si esto no es algo patético y absurdo no sé qué puede serlo. Éste, y no otro, es el origen la navidad cristiana, ni más ni menos.

Otro día podemos meternos en la no menos enrevesada cuestión del lugar del supuesto nacimiento, que esa es otra: ¿Belén o Nazareth? Por no mencionar la no menos espinosa y misteriosa cuestión de quienes fueron sus supuestos progenitores con ese invento (para ellos sagrado dogma) de la santísima trinidad. Igualmente no me meteré en la peliaguda cuestión de los llamados Reyes Magos sobre los que los propios líderes del Vaticano siguen enredando 2.000 años después; recordemos el planteamiento reciente del anterior Papa, Benedicto XVI, de que esos seres procedían de Tartessos, o sea, del suroeste español actual.

Pero claro, todo esto, a base de no contarlo ni recordarlo, se va “olvidando”. Sólo se conserva y se repite hasta la extenuación el nimio mensaje que se quiere trasmitir y fijar de forma intencionada: Jesucristo nació el 25 de diciembre ¡y punto!

No tengo esperanza alguna de que esta cosa de la navidad vaya a cambiar próximamente, hay demasiados intereses en juego. En primer lugar los de la propia iglesia católica defendiendo su prevalencia en la organización social de todos, creyentes o no. También los intereses comerciales que se han generado a lo largo del tiempo. No se puede olvidar tampoco que a lo largo de los siglos esto se ha convertido en un rito interiorizado que en muchos casos ni siquiera se vive en clave religiosa. A pesar de que estamos en un Estado aconfesional todos los Ayuntamientos se gastan una pasta en las fiestas navideñas: nos llenan las calles de luces, organizan cabalgatas o promueven la instalación de belenes utilizando espacios y recursos públicos de todos, creyentes o no… y ningún político va a arriesgarse a poner un poco de cordura en esta sinrazón, lo sé, pero por lo menos que sepamos a qué atenernos, de dónde viene la cosa, qué es en realidad lo que se “celebra”… cual es el origen de la patraña.

Corrupción y crisis (por Lorenzo Martín Muñoz)

Como hiciera en otras ocasiones, Lorenzo Martín Muñoz nos envía la siguiente colaboración. Si tú también quieres colaborar, aquí te explicamos cómo.

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El diccionario de la Real Academia de la Lengua, define corrupción como la acción de corromper y corruptible como aquello capaz de corrupción. Poniendo lo anterior en consideración y situándonos en la realidad que ante nuestros sentidos emerge, hemos de convenir que la corrupción no es, posiblemente, sólo política sino también financiera, urbanística o sindical. Que la acción de corromper es consustancial a la condición humana y que la corrupción puede llegar a ser hasta democrática ya que en ella o de ella, para bien o para mal, casi todos participamos.

La corrupción, como ejercicio de la mentira, no tiene grados. Se es corrupto o no se es. Lo de menos es el nivel de implicación con que cada uno participe en ella. Nos corrompemos aceptando facturas sin IVA, utilizando nuestras influencias para conseguir algún privilegio, para nosotros o para otros, sirviéndonos de nuestra posición social o intentando hacer ingeniería económica o legal para evadirnos del afán recaudatorio de las administraciones.

El ser humano noble no es el de alta cuna, sino el de noble moral. Por ello, la corrupción no debe depender de la situación que la favorece, sino de la propia moral que no le permite al individuo ejercitarla. Dejando de lado la hipocresía, hemos de convenir que aquella sociedad enferma, sin valores, que no erradica de su esencia el germen de la corruptela o no tiene futuro, o de tenerlo, este será baldío.

En tiempos de crisis como la actual, la burocratización de la sociedad, la manipulación de las necesidades y de las ideas por las técnicas de propaganda y de condicionamiento, aumentan la atomización del individuo, la perdida del sentido de la responsabilidad y de la iniciativa. En tal coyuntura, el individuo necesita tener confianza en sus gobernantes y en las decisiones que estos toman. Pues, si la imagen de aquellos esta deteriorada por la corrupción, el administrado responde con indiferencia e incluso con rechazo.

            Es entonces, cuando las iniciativas de envergadura que sólo el Estado puede emprender, se ven devaluadas ante la falta de compromiso de la ciudadanía al verse paralizadas la voluntad de lucha y el espíritu de superación del individuo mediante el espejismo de la eficacia parlamentaria; meciéndose, a partir de ese momento, la sociedad en una soporífera apatía

Premios de coña, asociaciones sospechosas y alcaldes felices (por Camarada Bakunin)

Es de esas cosas que esperábamos que ocurrieran desde hace tiempo. La petición de colaboración a Camarada Bakunin viene de atrás y hace tiempo que estaba comprometida pero parecía no llegar nunca. Hoy, por fin, podemos hablar de que se ha convertido en realidad. Os dejamos el texto de este bloguero, creador de Halón Disparado, y bien conocido por los que hacéis vuestros pinitos en las redes sociales y, por supuesto, vaya por delante nuestro agradecimiento. ¿Quieres colaborar tú también? Ya sabes… 

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Premios de coña, asociaciones sospechosas y alcaldes felices

Cuando ayer le dije a Willy que tenía una idea para una entrada en Los 4 Palos… tenía algo muy diferente en mente. Era una diatriba sobre la soberbia gestión de nuestro querido alcalde en estos tiempos inciertos. Y, claro, me topo con que a García Nieto le acaban de dar un pedazo de premio de “alta dirección” y se me caen los 4 palos del sombrajo.

¿Quién soy yo para cuestionar al alcalde si el “Real Fórum de Alta Dirección” le ha otorgado tan espléndido galardón? Un premio que han recibido también personas tan relevantes como el embajador de Marruecos o el del —me encantan los países que en castellano pueden llevar artículo delante— Perú, jueces, presidentes de empresas de éxito, subsecretarios de estado diversos… Y Ander Terradillos Ormaetxea, director general de Fagor Electrodomésticos desde julio de 2012. En 17 meses ha ganado el máster de “alta dirección” y ha llevado Fagor al concurso de acreedores… Pero me estoy yendo por las ramas.

El caso es que he querido saber más sobre el “Real Fórum de Alta Dirección”. ¿Qué anima a esta asociación a repartir premios con tanta generosidad? Pues vaya usted a saber. Porque este Real Fórum es cosa menos transparente que las cuentas de la Casa Real. Su página web es una especie de Youtube casposo en el que no hay ninguna información sobre la organización, ni sus fines… ni nada de nada. Hmmm… ¿por dónde seguir buscando?

Veamos quién es ese Carlos Escudero de Burón que dicen que lo preside*. Pues es también persona de rastro difícl de seguir. Aparte del Real Fórum, preside también otro tinglado con web de vídeos casposos —qué fijación—, la Fundación Carlos III. También he conseguido averiguar que es caballero del Santo Sepulcro de Jerusalén. Y que se le relacionó con aquel lío de unos sellos que valían mucho dinero pero luego no.

Escudero de Burón tiene cargos en un porrón de empresas y empresuchas —muchas de ellas extintas, otras de muy pequeño capital social, casi ninguna con una web y una imagen pública, qué cosas—. Todas ellas se encuentran en las mismas 3 direcciones de Madrid. Y en una de esas direcciones parece tener su sede la antes mentada Fundación Carlos III.

Bueno, Camarada, dirán ustedes, ¿a qué coño de conclusión llegas con todo esto? Pues no sé, joder, no me presionen. Yo había venido a meterme con el alcalde y he acabado rastreando a un señor al que, en mi opinión, le gusta hacerse fotos con famosos y políticos —con Gallardón sale mucho, creo que le mola— y se ha montado unos premios para poderse hacerse dichas fotos.

¿Les suena rara mi teoría? Pues es lo mismo que hace el escultor Santiago de Santiago con su “Torsón de oro”…

*Tirón de orejas a Avilared: en un párrafo dicen que lo preside el rey Juan Carlos y dos párrafos después que lo preside Carlos Escudero de Burón. Este último es el presidente, el propietario y el que maneja el cotarro. Juancar es presidente honorífico. To’Dios hace al Juancar presidente honorífico. Voy a proponerlo en la próxima junta de la comunidad de vecinos…

Bola extra: Si se portan bien, en unos días les escribo el artículo de la idea original.

Banda sonora: ‘Segundo premio’ de Los Planetas.

La verdad como esencia de la libertad (por Lorenzo Martín)

Hoy contamos con una nueva colaboración, en este caso de Lorenzo Martín Muñoz. Si tenéis envidia y queréis colaborar con algún texto, aquí os contamos todos.

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La verdad como esencia de la libertad

Antaño, los viejos del lugar contaban que la verdad ofende, que la verdad es buena y hasta saludable conocerla, pero que no es conveniente trasmitírsela a todo el mundo.

Las anteriores sentencias, proverbios o refranes forman parte, indisoluble, del acerbo popular de este nuestro país y, como tales, conforman el sustrato intelectual de sus habitantes.

Quizás, lo anteriormente mencionado, para algunos sea un anacronismo y, tal vez por ello, en la redacción de la vigente Constitución se hizo especial hincapié en la figura de la libertad de expresión, como salvaguarda de la verdad y de su manifestación pública. Una verdad para todos y no, solamente, para unos cuantos, dependiendo de sí se te coloca a un lado o al otro de ella.

Verdad que, al materializarse externamente, abandona su objetividad apropiándose de la subjetividad que cada uno, consciente o inconscientemente, quiera otorgarla.

La verdad absoluta no existe. Existe la verdad de uno mismo y de sus circunstancias.

En los tiempos que nos han tocado vivir, huir de la hipocresía o del cinismo se convierte en algo harto difícil, tendiéndose, habitualmente, a la media verdad o al ocultismo de la realidad.

A pesar de ello, aún podemos encontrarnos con héroes de opinión que, a través del papel, de las ondas o de las redes sociales, expresan sus sentimientos u opiniones singulares, ejerciendo el derecho fundamental de la libre expresión y procurando que, ese derecho, no se vea menoscabado por las presiones de aquellos que pretenden enmascarar el camino hacia la verdad.

Hoy por hoy, rota la paz social, emerge la voz de los desamparados, de los que pasan hambre. Ante ello, los poderes establecidos en vez de intentar encontrar soluciones a la situación de desconsuelo que embarga a gran parte de la sociedad, desentierran la intimidación del poder, cedido temporalmente por el pueblo soberano, coartando la libertad de expresión, para intentar con ello manipular la concienciación ciudadana.

En una democracia parlamentaria, cuando se ignora la opinión ciudadana, tarde o temprano, la clase política y los medios de comunicación tradicionales entran en una deriva sin retorno, que les conduce al aislamiento, convirtiendo las noticias en sombras informativas e intentando poner puertas a la verdad.

La mentira, como contraposición de la verdad, edulcorada y sometida a las convenientes repeticiones, puede erigirse, para su autor, en la verdad absoluta; pretendiendo, con ello, convertir a sus receptores en presuntos tontos de baba carentes de actitud crítica.

Intentar cercenar el imperio de la verdad desoyendo el clamor popular y no ejerciendo la autocrítica, devalúa la vida pública, dando como resultado la indiferencia de la ciudadanía, que necesita saber las cosas como son y no como, a veces, se las cuentan.

El origen de la Comunidad Autónoma de Castilla y León (Parte III)

Y llegó el final. Os traemos la tercera parte de El origen de la Comunidad Autónoma de Castilla y León cortesía de Blasco Jimeno. Tercera colaboración de este abulense que ya nos dejó hace algún tiempo la primera y la segunda parte. Muchísimas gracias por las tres aportaciones y por el trabajo que has realizado. Para los demás, ya sabéis… En esta página encontraréis información sobre cómo colaborar con nosotros.

El origen de la Comunidad Autónoma de Castilla y León (Parte III)

abril1980

Los antiguos reinos de Castilla y León han mantenido a lo largo de los siglos
una identidad histórica y cultural claramente definida dentro de la plural unidad
de España. Al ejercer por abrumadora mayoría de sus instituciones representativas
provinciales y locales, el derecho a su Autonomía, en los términos que establece
la Constitución española, el pueblo castellano-leonés ha expresado su voluntad
política de organizarse en Comunidad Autónoma, reanudando así aquella identidad.
Estatuto de Autonomía de Castilla y León, 1983.

1979 y en octubre para más señas, las envidias y anhelos de unos pocos estaban a punto de acabar con el deseo de intelectuales, empresarios y demás regionalistas de conseguir una Comunidad Autónoma Castellanoleonesa robusta dentro de España. Una Castilla y León tan fuerte, que en las futuras negociaciones fuese capaz de conseguir las mismas inversiones para la tierra que los nacionalismos periféricos para sus regiones. Una Castilla y León dispuesta a sacudirse de encima sus tradicionales problemas: despoblación, subdesarrollo, etc.

La Constitución prescribía que la mayor parte de los ayuntamientos de cada provincia de la futura comunidad autónoma se pronunciase favorablemente para su inclusión. Y, además, daba un plazo de seis meses desde que el primer ayuntamiento se pronunciase para que los demás lo hiciesen. Pues bien, el plazo para Castilla y León acababa el 25 de abril, y con esa fecha como referencia, comenzaron las negociaciones de la UCD para que el PSOE regresase al Consejo. Estas negociaciones se centraron en el papel de las diputaciones, la representación provincial igualitaria o la vía de acceso a la autonomía, bien por el artículo 143 o por el 151. Parece mentira, pero esas discusiones, que se llevaron a cabo en una decena de reuniones, fueron clave para gestar la Comunidad Autónoma que hoy conocemos. Gracias a que se renunció a la idea de una mancomunidad de provincias (como se constituyó Castilla – La Mancha) y se consiguieron unos puntos de acuerdo en el resto de asuntos (uno de los más significativos fue el uso del artículo 143 para alcanzar la autonomía, para disgusto de los regionalistas, que pensaban que un referéndum ayudaría a crear una conciencia castellanoleonesa) el PSOE dio el OK para seguir con el proceso.

Sin embargo, el pobre proceso autonómico sufrió un nuevo golpe antes de acabar el año, aunque esta vez por el otro costado. En diciembre, el presidente del Consejo General, Reol Tejada, aceptó un puesto político en Madrid como secretario general de política territorial de la UCD. Este cargo era incompatible con su liderazgo de la autonomía, debido a la dedicación que exigían ambos puestos. En los mentideros políticos se comentaba cómo las decepciones que había sufrido Reol en los meses anteriores (el abandono del PSOE, las tensiones con las diferentes provincias y la actitud de la UCD segoviana) habían pesado en la decisión, que llevó a su dimisión como presidente en el mes de marzo. Sin embargo, para no dejar su trabajo sin terminar, con las votaciones locales en marcha (la mayor parte de los ayuntamientos de Ávila y Palencia ya se habían pronunciado, pero faltaban el resto de provincias) hasta el mes de julio no es sustituido.

El tiempo siguió inexorable su curso y pocos días antes de que acabase el plazo sólo siete provincias habían aceptado entrar en la nueva Comunidad Autónoma: Ávila, Burgos, Palencia, Salamanca, Soria, Valladolid y Zamora. La inmensa mayoría de los ayuntamientos de León aún no había tomado una decisión. Aquí es cuando entra en escena Rodolfo Martín Villa, cuya biografía os invito a consultar en Wikipedia  (link aquí http://es.wikipedia.org/wiki/Rodolfo_Mart%C3%ADn_Villa), porque desde los años 60 no ha dejado de estar en todos los fregados políticos,  con Franco o con la Democracia. De hecho, hoy día sigue en el candelero: hace unas semanas, fue nombrado consejero del famoso banco malo SAREB.
En abril de 1980 Martín Villa era Presidente de la Comisión de Autonomías de la UCD, líder del partido en la provincia de León y su nombre sonaba como futuro ministro de Administración Territorial (cuatro meses más tarde se cumplieron los rumores). Tanto dentro del partido como en las cortes de Madrid, Martín Villa había sido el principal defensor de una política racional para crear nuevas autonomías, estando totalmente en contra de las comunidades autónomas uniprovinciales y en consecuencia, desde su puesto de Presidente provincial del partido presionó a todos los concejales centristas (especialmente en la capital y en Ponferrada) para que votasen a favor de la incorporación. Desde el punto de vista nacional, a la UCD le interesaba que León estuviese junto a Castilla porque, tal y como estaban saliendo las cosas, con las victorias nacionalistas en País Vasco y Cataluña, era necesario crear una Comunidad fuerte, de centro-derecha, y de carácter español. Y, desde el punto de vista regional, la UCD vio la oportunidad de complacer al PSOE (y a otros partidos, como el comunista), que defendían la unión de la provincia a Castilla. Así, tras varias negociaciones, el PSOE y la UCD de León llegaron a un acuerdo para que sus concejales votasen a favor de la integración, y en los últimos 9 días permitidos (entre el 16 de abril y el 25 de abril) la provincia leonesa cumplió los requisitos constitucionales para entrar en Castilla y León.

Una vez superada la encrucijada, con los políticos de la región un pelín más relajados, en julio se renovó otra vez el Consejo General al que se reincorporaron representantes de León y en el que no había segovianos que, para quienes no se han leído las dos primeras partes de este texto (¡muy mal!) recordamos que la provincia de Segovia había comenzado el proceso para convertirse en una Comunidad Autónoma uniprovincial. También se eligió un nuevo presidente para sustituir a Reol Tejada: José Manuel García-Verdugo, del partido con más representantes en el Consejo, la UCD. Entre las funciones del nuevo Consejo, se incluía la redacción del primer (y anhelado) Estatuto de Autonomía de la región. Sin embargo, lo que ocurrió en España en los meses siguientes, incidió profundamente en la escritura de la nueva norma.

Nos encontramos a finales de 1980 – principios de 1981, con una España sumida en la segunda crisis del petróleo, con una gran inflación, paro y fuga de capitales, políticamente descentrada por el proceso autonómico, la violencia de ETA y los GRAPO, el descontento militar y sindical. En este ambiente y bajo la presión de su propio partido, también en crisis, nuestro paisano, Adolfo Suárez, dimite el 29 de enero de 1981. Leopoldo Calvo Sotelo es el encargado de formar nuevo gobierno, pero en su primera votación no obtiene la confianza del congreso. En el segundo intento, algo se lo impide:

Aunque ahora recordamos el 23F como un hecho aislado, una anécdota del tipo de las de “que hacías tú el…”, la influencia del golpe de estado en la política territorial fue tremenda. Tras la “iniciativa” del Teniente Coronel Tejero se escondía el miedo de los militares a una ruptura de España entre tanto lío de Lehendakaris, referendums regionales y demás pamplinas. Explícale tú a un militar de los de toda la vida y carrera franquista, que España ya no es Una. Los políticos, mientras estaban debajo de sus escaños, captaron el descontento del ejército con el proceso autonómico y se propusieron acabar con él y con sus desmanes, haciendo que con su fallido golpe de estado, los militares de ideas más rancias, en cierta forma, triunfaran. Sólo una semana después de su nombramiento, el nuevo presidente Calvo Sotelo encargó a un abogado cántabro, Eduardo García de Enterría, que dirigiese una comisión de expertos para analizar la situación de los procesos autonómicos y encontrara la forma más sencilla de concluirlos. Las conclusiones de esta comisión se recogieron en el denominado “Informe Enterría”, que recomendaba eliminar la mayor parte de las iniciativas autonómicas uniprovinciales por medio del artículo 144 de la Constitución, que daba poder a las Cortes Generales para sustituir la iniciativa de las Corporaciones Locales a la hora de pedir la integración en una Comunidad Autónoma.

Tanto la UCD, partido en el gobierno, como el PSOE, principal partido de la oposición, estuvieron de acuerdo con el Informe y, en una reunión en La Moncloa entre Calvo Sotelo y Felipe González , el 31 de julio de 1981, lo pusieron en práctica, cerrando el mapa autonómico de España. Los denominados “Acuerdos Autonómicos” que salieron de la reunión establecieron un mapa de diecisiete autonomías y dos ciudades autónomas, Ceuta y Melilla, y donde Castilla y León se compondría de 9 provincias, incluyendo  León y Segovia y dejando que Logroño y Santander formasen La Rioja y Cantabria, respectivamente. Desde el punto de vista ejecutivo, los Acuerdos Autonómicos obligaron a las Comunidades Autónomas que no habían terminado su proceso fundacional a seguir el artículo 143. Es decir que, salvo Cataluña y el País Vasco, que habían aprobado sus estatutos en 1979 y Galicia que había ratificado el suyo en 1981 (con el truco que vimos en la parte anterior para saltarse los requisitos del artículo 151), las demás regiones deberían contentarse con un nivel de competencias inferior.
Pese a las reticencias de la UCD, se respetó que Andalucía siguiese la vía del artículo 151, puesto que ya había celebrado su referéndum (con alguna trampa en el recuento) en 1980. Por supuesto, las regiones con los políticos más tenaces (Navarra, Canarias y Valencia) consiguieron procesos específicos y alcanzaron desde el primer momento la plena autonomía.

Volviendo a la esfera regional, que la UCD y el PSOE pactasen en Madrid, no significaba que en Castilla y León fuesen de la mano. Y de hecho, el 22 de junio de 1981 el texto base del Estatuto de Autonomía se aprobó sin el apoyo del PSOE. Este proyecto, ahora 30 años más tarde, nos parece de política ficción. En él se elegía Tordesillas como la capital de Castilla y León, las Diputaciones Provinciales tenían más poder que las Cortes Regionales y en el sistema electoral las provincias menos pobladas (y menos izquierdosas) tendrían más representación.

Pero la crisis de la UCD impidió la tramitación de este proyecto de Estatuto que hubiese creado una Castilla y León totalmente diferente. En el ámbito nacional los problemas de la UCD pasaban por la dimisión de ministros, las tensiones de las sedes regionales, la mala situación económica y la crisis del aceite de colza que había difundido la corrupción generalizada dentro del partido, mientras que en la UCD de Castilla y León  el proceso autonómico segoviano era otra fuente de tensión. Mientras el Consejo seguía con la negociación del traspaso de competencias, la UCD se rompió. El 29 de julio de 1982, Adolfo Suárez formó un nuevo partido, el Centro Democrático y Social. Ante ese panorama, Calvo Sotelo decidió convocar elecciones para el 28 de octubre de 1982.

Hay gente que dice que con la victoria del PSOE en dichas elecciones la Transición se pudo dar por acabada. Sin embargo, en nuestra región aún nos quedaba camino que recorrer. La derrota de la UCD fue estrepitosa: perdió 155 escaños y Alianza Popular, el partido político de Manuel Fraga, recogió el voto de centro derecha, convirtiéndose en el principal partido de la oposición. En Castilla y León, el resultado de las elecciones, PSOE: 18 diputados, AP: 13 diputados, UCD: 3 diputados, CDS: 1 diputado (por Ávila, of course), obligó a cambiar el Consejo General, puesto que hasta el propio Presidente García-Verdugo no había conseguido acta de diputado (no obstante, repitió como presidente gracias a un chanchullo negociado con AP). En la renovación, la UCD conservó la mayoría, dado que los representantes en el Consejo por parte de las diputaciones no cambiaban y todos eran centristas. Sin embargo, perdió la mayoría absoluta, lo que obligó a negociar un Estatuto de consenso.

enero1983

La irrupción de Alianza Popular, un partido que no había suscrito los Pactos Autonómicos y cuyas declaraciones hasta la fecha eran en contra de la autonomía, propició las últimas tensiones territoriales, quizás motivadas por la proximidad de elecciones locales. Por un lado, la provincia de Burgos, encabezada por el Ayuntamiento de Villadiego, pidió la secesión agraviada por la pérdida de la capitalidad en favor de Valladolid (se podría decir que querían tomar las de Villadiego :P) y por otro lado, León, donde a pesar de que la UCD no había perdido tantos votos en esa provincia, varios alcaldes (entre ellos el de León capital y Ponferrada) y el gobierno de la Diputación se echaron atrás y comenzaron a pedir la secesión y el comienzo de un proceso autonómico uniprovincial.

El problema burgalés fue más sencillo de solucionar, ya que el Presidente de la Diputación, Francisco Montoya, no secundaba las tesis secesionistas de algunos de sus ayuntamientos. El 21 de enero de 1983, el presidente del Consejo, García-Verdugo, escribió una carta a los ayuntamientos de Burgos en los que defendió la necesidad de una Castilla y León fuerte para la defensa de España y de la región en España. Después de su carta, muchos ayuntamientos recularon y trasladaron todas sus energías a pedir simplemente la capitalidad. He aquí la razón por la que Castilla y León no tiene oficialmente capital. Las negociaciones de los redactores del Estatuto con los burgaleses (y con los representantes de otras ciudades candidatas) hicieron que en el texto fundacional se indicase que la capital se elegiría posteriormente en otra ley. No hace falta que os diga que treinta años después esa ley aún no existe, aunque todos sabemos cual es la capital de facto de la región. De aquellas negociaciones, Burgos no se fue con las manos vacías, y  consiguió ser nombrada sede del Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León.

El asunto leonés era mucho más áspero. Las encuestas mostraban que una ligera mayoría de leoneses preferían la opción uniprovincial  y Rodolfo Martín-Villa, que había sido el responsable de la integración de León en el proceso autonómico, había dimitido como diputado tras su fracaso en la contención de los miembros secesionistas de su partido. El día 29 de enero de 1983 se organizó una manifestación bajo el título “León sin Castilla” que tuvo bastante éxito (los presentes coreaban eslóganes como “un bote, dos botes, castellano el que no bote” y “León sin Castilla, una maravilla”). Inmediatamente después de la concentración, Alianza popular presentó una enmienda a la totalidad al proyecto de Estatuto en la comisión Constitucional, que propició un intenso debate en la Cámara. Por un lado, se discutió sobre las razones políticas, demográficas y legales que existían para proponer una comunidad autónoma leonesa y, por otro, se deliberó sobre si la legislación permitía a provincia echarse atrás una vez que se había apuntado a un proceso autonómico. Las conclusiones de este debate hicieron que Alianza Popular se quedase sola en su defensa del leonesismo y, tras sendas votaciones en el Congreso y en el Senado, se decidió rechazar la enmienda a la totalidad de AP y la provincia de León se quedó definitivamente integrada en Castilla y León.

cuellarTodo esto ocurrió un par de semanas antes de la aprobación del Estatuto en las Cortes. Pero aún quedaba un fleco suelto: la integración de Segovia.
Desde la retirada de Modesto Fraile y los diputados segovianos de la Consejo General de Castilla y León, en Segovia había comenzado un movimiento para formar su propia autonomía. La opinión pública española pensaba que se trataba de un caso flagrante de caciquismo exacerbado por parte de Modesto Fraile y la cúpula de la UCD segoviana. Las llamadas al orden por parte de la UCD nacional y la UCD regional no habían funcionado y la Diputación segoviana, a partir de tres informes, uno histórico, otro legal y otro socioeconómico (el histórico era un informe anónimo) decidió el 31 de julio de 1981 comenzar su proceso autonómico uniprovincial.
Todos los ayuntamientos pequeños de la UCD se mostraron a favor de la autonomía segoviana, trece ayuntamientos del PSOE y uno independiente votaron en contra. Segovia capital en un pleno histórico se posicionó en contra del proceso autonómico, empatando el marcador. Así pues, todo quedaba en manos de Cuéllar, la segunda población más grande de la provincia, que en la prórroga tenía que decidir el partido entre una Segovia independiente o una Segovia sin comunidad autónoma a la que las cortes integrarían en Castilla y León. Para darle más emoción, como si fuese la final de un mundial, resulta que Cuéllar era el pueblo natal de Modesto Fraile, era el lugar donde ejercía como concejal el Presidente de la Diputación, el secesionista Rafael de las Heras, y, por si fuera poco, el Ayuntamiento contaba con mayoría absoluta de la UCD.
Todas estas circunstancias hacían probable la victoria del uniprovincialismo. Sin embargo, había un factor que no se había tenido en cuenta hasta el momento y es que los habitantes del pueblo estaban totalmente a favor de integrarse en Castilla y León. Se constituyeron en el “Colectivo Cuellarano pro-Castilla y León”, y organizaron manifestaciones a favor de la integración de Segovia en la Comunidad Autónoma.

En una primera votación, el día 7 de octubre de 1981, Cuéllar decidió apoyar la vía uniprovincial por 7 votos a 6. El escándalo en la sala, repleta de vecinos, fue mayúsculo y los concejales no pudieron salir del Ayuntamiento hasta las 3 de la madrugada. El Partido Socialista impugnó el acuerdo y el Ayuntamiento, presionado por sus ciudadanos, decidió reconsiderar su decisión y realizar una nueva votación el día 3 de diciembre de 1981 en la que ganó el no a una Segovia independiente por 7 votos contra 6. La diputación de Segovia recurrió de nuevo la votación de Cuéllar, pero la crisis de la UCD primero, la victoria del PSOE después y la poca pasión de las Cortes Generales por conceder la autonomía a los segovianos después de los Acuerdos Autonómicos y el Informe Enterría evitaron que la decisión de Cuéllar cambiase. Días después Modesto Fraile abandonó la UCD y pasó al grupo mixto. El fracaso de Segovia la convirtió en la única provincia (junto con Ceuta y Melilla) que dependía del Estado Central. A finales de 1982 comenzaron los movimientos para aplicar el artículo 144.c a la provincia e incluirla en Castilla y León. Sabiendo que esa Ley se iba a aprobar, el Estatuto de Castilla y León pasó los últimos trámites y fue sancionado el 25 de febrero por el Rey. Cuatro días más tarde las cortes aprobaban la ley por la cual Segovia se incorporaba a Castilla y León, concluyendo así el proceso autonómico y naciendo la Castilla y León actual. La Castilla y León que todos conocemos y tras treinta años, nos parece que ha estado ahí toda la vida.

marzo1983

Fuentes:
Fuerzas políticas en el proceso autonómico de Castilla y León. Mariano González Clavero. Tesis doctoral. UVa, 2002
XXV años de autonomía en Castilla y León. Pablo Pérez López, José-Vidal Pelaz López, Mariano González Clavero. Cortes de Castilla y León, 2008.
El regionalismo en Castilla y León. Julio Valdeón Baruque. Universidad de Valladolid
Cuando Segovia pudo ser una comunidad autónoma (1978-1983) http://foroscastilla.org/foros/index.php?topic=15734.0

Por un partido con futuro y renovado (de F. J. Rodríguez Cembellín y Pepe Herráez)

Pepe Herráez, comentarista habitual de este rincón, nos ha hecho llegar al correo electrónico del blog el siguiente texto, firmado por Francisco Javier Rodríguez Cembellín y por él mismo. Recordar, como siempre, que Los4Palos pretende ser un blog abierto a todos aquellos que quieran colaborar y expresar su opinión. Aquí os contamos cómo podéis hacerlo.

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Por un partido con futuro y renovado

El inicio del proceso de renovación del PSOE provincial no es un asunto que pase desapercibido. La dura realidad en la que vivimos, con la puesta en marcha de un modelo de sociedad que, desde el gobierno de la nación sustentado por el Partido Popular se intenta justificar con la palabra inevitable o ajuste, plantea unos retos que el proceso congresual del segundo partido en importancia de nuestra provincia deberá abordar sin dilación.

El PSOE debe implicarse en la defensa de una sociedad que, desde el respeto a la individualidad de cada persona, ha de construir un entramado de protección que asegure la igualdad de oportunidades del conjunto; con elementos de protección social para los que se quedan de manera coyuntural sin empleo; una sanidad de calidad, universal y gratuita para aquellos que, desgraciadamente, su salud no permanece continua; incluso para aquellos que, necesitando la formación para desenvolverse en la vida, no pueden hacerlo por carecer de recursos. A grandes rasgos, esta sociedad que, con sus limitaciones y dificultades, hemos podido disfrutar hasta la fecha. Algo que hoy está en peligro, no sólo por la crisis económica, sino también porque los que nos gobiernan no creen en ello.

El mayor reto del Partido Socialista Obrero Español es trasladar a la sociedad que ese tipo de vida es el que queremos desarrollar, porque es, desde mi punto de vista, lo más acertado para el conjunto. Esta necesidad de credibilidad, o la falta de ella, se refleja en los resultados de los procesos electorales pasados y en la continuidad de esta sensación en las últimas encuestas de opinión publicadas recientemente, en las que se evidencia que, lejos de remontar, seguimos en retroceso.

Este reto nos plantea la necesidad de concreción de un discurso claro de defensa de lo público como garante de la igualdad de oportunidades; pero también un esfuerzo de colaboración con el conjunto de la sociedad abulense en la elaboración de propuestas que, teniendo como referencia el tipo de sociedad que defendemos como socialistas, aborden la necesidad de soluciones a las casi 18.000 personas que buscan empleo y no lo encuentran.

Pero no sólo son necesarias las buenas ideas y arrimar el hombro, sino que las personas que lo defiendan desde las siglas del PSOE Abulense, gocen ante la sociedad de nuestra provincia de la suficiente fortaleza para que las mismas sean creíbles y razonablemente posibles. Y es aquí donde me asaltan las dudas más importantes: ¿son las personas que parece quieren dirigir este partido en Ávila las más adecuadas para cumplir el doble objetivo de defender un proyecto concreto y que éste goce de suficiente credibilidad como para poder sacarlo adelante? ¿Es su papel hasta la fecha aval suficiente para que así lo creamos? ¿Es la rotación en las responsabilidades de un mismo grupo de personas la respuesta que se necesita?

Es necesario hoy, en mi opinión, un cambio que haga de la renovación del discurso, el establecimiento de nuevas estrategias y la sustitución efectiva de las personas encargadas de llevarlo a cabo, el eje por el que se desarrolle el próximo Congreso de un partido tan necesario e importante hoy para la provincia de Ávila.

Francisco Javier Rodríguez Cembellín.

Pepe Herráez.

Aquella radio (por Helena Cerveto)

La periodista Helena Cerveto vuelve a colaborar con este blog, en esta ocasión para escribir sobre la exposición de los 75 años de Radio Nacional de España (medio en el que trabaja). Todos aquellos que lo deseen pueden enviarnos su aportación a [email protected] Más información aquí.

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“Desde que la anunciaron, estaba pendiente para venir a verla”. Con estas palabras me contestó un hombre que debía rondar las siete décadas, cuando le pregunté qué le parecía la exposición de los 75 años de Radio Nacional de España. Otros, mucho más jóvenes, me dijeron que ellos no escuchaban la radio, que no ponía buena música. A saber. Y otros me recitaron la lista de los programas de la radio pública que escuchan en casa, o en el coche, o donde sea. Estos de transistor en mano “everywhere” , que tanto me recuerdan a mi madre, y que empiezan a ser una especie en peligro de extinción.

La cuestión es que la semana pasada llegó a Ávila la exposición itinerante de Radio Nacional que está recorriendo toda España con motivo de este aniversario. Muchos la veríais, al menos por fuera. Estaba metida en un camión enorme, rojo, en la Plaza de Santa Ana.

No quiero alargarme mucho escribiendo sobre la exposición. Si a alguien le atrae mínimamente la radio, y tiene la oportunidad de ir a verla en alguna de las ciudades por las que todavía no ha pasado, que vaya. Hay vídeos que explican cómo se elabora una noticia, cómo está dividida Radio Nacional, con sus diferentes emisoras y áreas, etc… También hay una pequeña muestra de aparatejos antiguos, y un estudio de radio dónde pueden probar a ser periodista por unos minutos y leer noticias delante de un micrófono.

Pero volvamos a Ávila. Porque aquí venimos a hablar de la radio pública en Ávila. Si a nivel nacional está cumpliendo 75 años, en esta provincia lleva ya 60 años de vida. La tarde del 11 de octubre de 1952 los abulenses pudieron escuchar por primera vez:

“Transmite Radio Ávila. Emisora sindical número 9 y estación-escuela del Frente de Juventudes”

Se llamaba Radio Ávila, empezó sus emisiones coincidiendo con las Fiestas de Santa Teresa, y no, no era precisamente la radio plural que conocemos hoy, era la radio de Paco, que para eso mandaba en la época. Eso sí, la programación tenía mucho de entretenimiento y espectáculo (os recomiendo ver la película “Historias de la radio”).

De Radio Ávila se pasó, en los años 60, a Radio Gredos, que llegó a tener tanta potencia de señal, que el locutor la anunciaba:

“… como atalaya de Castilla, conquistando nuevas escuchas hasta los mismos límites de las tierras de reconquista, y al mismo borde de los caminos peregrinos de Galicia”

Ahí es nada. Radio Gredos era la emisora sindical de las dos Castillas. Tenía publicidad, y una curiosa forma de ganar algo de dinero a través de las canciones dedicadas. Es decir, los oyentes pagaban para que el locutor pusiera una canción y leyera la dedicatoria. Todavía se conserva en la emisora de Radio Nacional de Ávila el papel que tenían que rellenar para hacer este trámite. Una auténtica joya.

Pasando ya a la democracia, en los años 80 Radio Gredos se convirtió en Radio Cadena Española, dentro del ente público Radiotelevisión Española. Duró una década, hasta que la emisión local se denominó Radio 5. Ya voy terminando. En 1994 se decide darle mucho más peso al espacio informativo, y nuestra radio se rebautiza como Radio 5 Todo Noticias. Y así hasta hoy.

Este resumen de la radio pública en Ávila me sirve para hablar de lo que más valoro de ella: su archivo sonoro. No solamente ha sido testigo de lo que ha pasado en esta provincia durante 60 años, sino que conserva mucho de lo que se emitió para que los oyentes del presente tengamos hoy el grandísimo lujo de volver a escucharlo.

Hablo de poder escuchar la voz del “Tio Colorao”, el sereno que recorría las calles de Ávila en los años 50. De conocer la publicidad electoralista de los años 60, cuando Adolfo Suárez se presentaba a procurador en Cortes por Ávila por el tercio familiar.

“No olvides votar si eres cabeza de familia. Vota a tu paisano, Adolfo Suárez”

Hablo de rememorar los goles del Real Ávila con la voz del periodista Pablo Herráez en los años 70. De volver a escuchar al ciclista abulense Julio Jimenez contando cómo empezó en este deporte. De descubrir cuáles fueron las palabras que dijo José María Aznar sobre su primer acta de diputado por Ávila.

“Yo he tenido la fortuna de conseguir mi Macondo en Ávila, que antes no lo tenía” 

Hablo de recordar la visita de Rafael Alberti a Ávila, y oir cómo contaba que él no terminó el bachillerato. De viajar hasta los años 90 para revivir los sonidos de la manifestación de la Universidad Católica de Ávila contra el obispo Adolfo González Montes. O de escuchar las palabras de la Ministra de Cultura, Esperanza Aguirre, que ya hablaba del Palacio de los Águila como un anexo al Museo del Prado en la misma década de los 90.

Todo esto y muchísimo más ha contado la radio pública a través de sus micrófonos en estos 60 años y, como digo, gozamos del privilegio de tenerlo guardado.

Cuando se llegó al 50 aniversario de la radio pública en Ávila se recuperó mucho de este material sonoro para hacer un CD. El otro día, durante la exposición de la que os hablaba al principio, se emitió un programa especial con fragmentos de ese CD.

Mi objetivo con este post no era otro que el que llegaseis hasta aquí con ganas de entrar en el enlace y escuchar los 50 minutos que resumen la historia de la radio pública en Ávila. Podréis escuchar todos los testimonios de los que os hablaba hace unas líneas.

                           Historia de la radio pública en Ávila

La foto del post pertenece a la web  RNE Ávila donde podéis leer muchísimo más de esta historia y ver fotos realmente curiosas.

P.D.: Los 4 Palos me propusieron escribir este post. Creo que no sabían lo que hacían. Les agradezco el espacio ofrecido.

El origen de la Comunidad Autónoma de Castilla y León (Parte I)

Blasco Jimeno (@avilaencastilla) es un abulense de 37 años que se ha trasladado a Holanda por motivos laborales hace apenas 2 meses. Nos trae hoy la primera parte de una serie de tres entradas sobre el origen de nuestra comunidad autónoma, Castilla y León. Si quieréis colaborar con nosotros aquí os decimos cómo.

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Desde entonces ya Castilla / no se ha vuelto a levantar/
en manos de rey bastardo / o regente falaz/
siempre añorando una junta / o esperando un capitán
Luis López Álvarez, Los Comuneros

Castilla y León, no la gran Castilla y León que gobernaron reyes como Fernando III el Santo o su hijo Alfonso X el Sabio o que dijo a catalanes y aragoneses: “Vosotros quedaos con algunas islitas del Mediterráneo que yo me reparto con Portugal el Mundo”, si no la pizpireta Comunidad Autónoma de Castilla y León está cerca de cumplir tres décadas (este mes de febrero se cumplirán 29 años de Estatuto). Ahora que ha pasado tanto tiempo, aceptamos con total naturalidad que existan diecisiete Comunidades Autónomas, que Albacete esté en Castilla-La Mancha y no en la Región de Murcia o que el País Vasco lo compongan tres provincias y no cuatro o dos. Sin duda alguna, la mayor parte de nosotros hemos olvidado como en unos pocos años, con mucho desorden, tensión e ilusión, un puñado de personas movidas por intereses digamos, mmm…, altruistas cerraron un mapa totalmente nuevo de España, donde Castilla y León se quedó así, con nueve provincias, como, con la misma facilidad, podía haber quedado con seis, once o dieciséis. Así que, gracias a la invitación de Los 4 Palos, vamos a repasar en tres entregas todo lo que ocurrió en aquellos años para recordar cuál es el origen de nuestra Comunidad Autónoma y por qué es la que es.

Esta historia no puede comenzar con un “Todo empezó una mañana de…”. En realidad, el sentimiento regional castellano y leonés estaba de toda la vida ahí, de fondo, como cada vez que eran las fiestas de los pueblos y las señoras se ponían a bailar una jota o cuando el Real Ávila jugaba contra el Palencia o la Segoviana. Aunque si nos ponemos serios se puede decir que las primeras manifestaciones públicas de regionalismo se vieron a mediados de los años 70, después de llevar dormidas casi cuarenta años debido, claro está, a la Guerra Civil y la posterior dictadura. En aquella época, la España Una, Grande y Libre poseía un modelo hipercentralista donde la capital manejaba el 80% del presupuesto, dejando el 20% restante al resto de instituciones locales y provinciales. La ineficiencia de este modelo hizo que, catalanes y vascos por un lado y los tecnócratas del Régimen por el otro, comenzasen un debate sobre el modelo de estado cuyo run-run si somos sinceros, aún no ha terminado.

(Los motivos por los que se constituye la asociación son) la preocupación por los
graves problemas que en estos momentos afectan a Castilla la Vieja y León que
ven desertizarse gran parte de su territorio, el empobrecimiento progresivo de la
agricultura y el aumento en su desfavor del desequilibrio regional si que frente a esos
factores se alcen los necesarios movimientos de defensa y con el deseo de contribuir
al resurgimiento de Castilla y León despertando sus personalidades espirituales:
historia, arte, cultura, folklore, como de sus intereses materiales de todo orden
Estatutos de Alianza Regional

¿Y cómo se vivía este debate en nuestra tierra? Pues en Castilla y León todo el mundo estaba de acuerdo con el modelo centralista (86% en Castilla y 90% en León), creo que porque nunca se lo habían planteado o porque pensaban que les iba bien con él. Sin embargo, existían unos pocos, sobre todo universitarios (estudiantes y profesores), que habían vivido fuera, en regiones más ricas de España y al regresar se habían dado cuenta que algo fallaba. Se suponía que el centralismo era malísimo para Cataluña y el País Vasco, pero allí había trabajo y una calidad de vida mucho mejor que la castellana, donde los pueblos se despoblaban más rápido que en una guerra. Estaba claro que el centralismo no sólo no había corregido las desigualdades entre Castilla y la periferia, sino que las había incrementado. La presentación en Madrid del borrador del IV Plan de Desarrollo (para los legos: conjunto de normas y planificaciones políticas y económicas franquistas para levantar el País a lo soviético) les dio la razón, por lo que en diciembre de 1975, un grupo de procuradores en las cortes franquistas y profesores universitarios se reunieron para constituir una asociación que defendiese los intereses de la región ante el Plan y el debate territorial que se avecinaba (Franco aún estaba caliente).

La asociación se llamó Alianza Regional y su objetivo más inmediato era movilizar a la gente promoviendo el sentimiento regional, que en aquella época era pequeñito. ¿Por qué? Pues los expertos coinciden en tres razones principales: el uso de las señas de identidad castellanas por parte de las autoridades franquistas como arma antiseparatista, la ausencia de hechos diferenciales como, por ejemplo, una lengua propia y el hecho de que como Castilla montó ese “club” llamado España, la condición de fundadores hacía recelar de cualquiera que pretendiese salirse o erosionarlo. Para la cuestión territorial, la asociación proponía un modelo similar al francés donde las provincias (departamentos) manejaban el cotarro, pero se unirían para desarrollar ciertas competencias juntas en mancomunidades de provincias. La idea era crear una unión de provincias castellanoleonesas que tuviese los mismos derechos y poderes (sobre todo el de recaudar impuestos) que cualquier provincia aforada, como Álava o Navarra.

Los postulados de la Alianza Regional no gustaban a todos los regionalistas, sobre todo a los de izquierdas. No les terminaba de convencer eso de que la Alianza estuviese fundada por franquistas y el proyecto de la mancomunidad les sabía a poco. Por lo que un mes más tarde, en enero de 1976, un grupo de intelectuales, profesores universitarios, empresarios, periodistas, ecologistas y miembros de partidos políticos progresistas se reunió para crear una asociación progresista regionalista a la que llamaron Instituto Regional Castellano-Leonés. Sus objetivos eran los mismos que los de la Alianza, pero discrepaba con ella en algunos asuntos como el color de la bandera de Castilla (morado para los miembros del Instituto o rojo para los de la Alianza) o las provincias que constituían Castilla y León (Castilla la Vieja más León para los aliancistas o las nueve provincias actuales para el Instituto). Y pese a lo que estamos acostumbrados en Castilla y en España, las dos nuevas agrupaciones, a pesar de competir entre sí, se llevaron más o menos bien entre ellas (repito: compartían el mismo objetivo). Aunque como era de esperar, la Alianza, al estar constituida por miembros del Régimen en el poder, tenía más influencia y mejor financiación y al final era la que se llevaba el gato al agua. Una curiosidad para que os deis cuenta de tampoco estaba todo tan politizado como se podría pensar: el Partido del Trabajo de España, de ideología maoista, apoyaba a la Alianza en lugar del Instituto.

Bandera de Castilla según la Alianza

Bandera de Castilla según la Alianza

Bandera de Castilla según el Instituto

Bandera de Castilla según el Instituto

Además existía una diferencia fundamental entre la Alianza y el Instituto. En la España del final del franquismo no existía libertad de asociación. No era como ahora, que si quieres hacer una Asociación para la Independencia de Solosancho (AIS) pues redactas unos estatutos, vas al registro y la creas sin ningún problema. En aquella época, la norma vigente era la Ley de Asociaciones de 1964 que permitía la creación de agrupaciones con fines políticos, siempre que no buscasen obtener poder, es decir, presentarse a unas elecciones. Eso sí, cada vez que se reuniese la asociación había que avisar con 72 horas de antelación al Gobernador Civil de la provincia y, después, permitir asistir a representantes de la autoridad. Alianza Regional no tuvo problemas con estos requisitos y su fundación siguió esta Ley. Sin embargo, el Instituto Regional, para evitar el control del Régimen y a la vez, ser lo más legal posible, se constituyó como una sociedad anónima mercantil.

Esa forma jurídica tan “peculiar” fue utilizada como escusa por el ministro de la gobernación, Manuel Fraga, que en paz descanse, para prohibir, utilizando la ley de orden público de 22 de Julio de 1939, la reunión/manifestación que iba a celebrar el Instituto Regional el 25 de abril en Villalar. “Una sociedad anónima no puede organizar manifestaciones”.  Esta idea se le olvidaba al Sr. Ministro cuando las concentraciones las organizaba GODSA (en aquella época como nadie hablaba inglés, pocos pillaban el chiste), una sociedad anónima que fue el embrión de Alianza Popular. Pese a la prohibición, el día marcado cerca de 400 castellanos y leoneses se dirigieron hacia Villalar por caminos y carreteras secundarias (los accesos principales habían sido cortados) y aunque fueron recibidos por el alcalde de la localidad, los concentrados fueron disueltos por la Guardia Civil.

Mientras tanto, la idea de formar una mancomunidad seguía adelante. El 16 de febrero de 1976, bajo auspicio de la Alianza Regional, se reunieron en Tordesillas treinta procuradores de las Cortes de Franco de las once provincias de Castilla la Vieja y León para pedir medidas descentralizadoras al gobierno (por primera vez desde la Segunda República), con conciertos económicos para las diputaciones similares a los de las provincias aforadas (los procuradores solían ser alcaldes de la capital de provincia y presidentes de la diputación). El día 23 de febrero se repitió la reunión (con la ausencia de los representantes de Logroño y Soria) y se empezó a estudiar cómo se podían mancomunar algunos servicios. Ya en estas primerísimas reuniones apareció un problema que se va a dar en toooodo el proceso autonómico: qué pasaba con León. Los delegados de la provincia hicieron saber que no estaban seguros con quién casaban mejor, si con Asturias, con Galicia o con Castilla. La entrada de Asturias en las reuniones pospuso la discusión. El 17 de mayo, en una nueva reunión, las 12 diputaciones concretaron sus peticiones de conciertos para la región castellano-leonesa-asturiana y acordaron estudiar la constitución de la Mancomunidad de Castilla y León.

No obstante, la mayor parte de los castellanos y leoneses vivían ajenos a los tejemanejes de sus diputaciones y se encontraban pendientes del transcurso de la transición. El 3 de julio, el Rey, que estaba hasta las reales narices del inmovilismo de Arias Navarro, encargó al abulense Adolfo Suárez la formación de un nuevo gobierno. Tres días más tarde, el nuevo presidente salió en horario prime time por la televisión anunciando una Ley de Reforma Política y elecciones democráticas. Estaba claro que los próximos meses iban a ser determinantes para el modelo de estado. Sin embargo, en agosto, la primera acción del gobierno con respecto a Castilla fue un jarro de agua fría para las agrupaciones regionalistas. Adolfo Suárez decidió crear una comisión que estudie la posibilidad de hacer una Región Centro a la medida de Madrid para aliviarla de su sobredesarrollo demográfico. Esta región contaría con las provincias de Madrid, Ávila, Segovia, Toledo, Ciudad Real, Cuenca y Guadalajara. El texto del BOE la justificó así:

“si bien no coincide con la tradicional delimitación regional, sí se aproxima
más al concepto moderno de región como territorio capaz de formular y
protagonizar un crecimiento autosostenido y singular; a la vez que integrado en
los grandes planteamientos territoriales y socioeconómicos regionales”.

La idea se recibió con poco entusiasmo por parte de los Presidentes de las Diputaciones implicadas, pero si realmente se descartó fue porque COPLACO (acrónimo de Comisión de Planeamiento y Coordinación del Área Metropolitana de Madrid), un organismo central previo algo caciquil y turbio se opuso frontalmente, ya que veía que la nueva región le iba a quitar muchas competencias, sobre todo las urbanísticas.

Las reuniones para formar la Mancomunidad siguieron su curso durante 1976. A lo largo de este año se crearon dos nuevas asociaciones regionalistas, Amigos de La Rioja y Asociación del Pueblo Cántabro, que se organizaron para desligar sus provincias del proceso regional castellanoleonés. Su presencia era un signo más del desapego creciente de estas regiones por la cuenca del Duero. Sin embargo, ese debate interno sólo consiguió retrasar, pero no impedir la inclusión de Logroño y Santander en la Mancomunidad, que se constituyó el 22 de febrero de 1977 en Burgos. Por primera vez en la historia contemporánea, las provincias de Castilla y León se habían unido para defender juntas sus derechos y hablar de tú al resto de regiones de España. En el ambiente de euforia por el éxito logrado, el Instituto Regional y la Alianza Regional acordaron organizar unidos el primer Día de Castilla y León legal en Villalar el día 24 de abril. El vídeo final, fragmento de un documental sobre la Transición, muestra el transcurso de la fiesta y la opinión de algunos de los asistentes, más o menos enterados, sobre los comuneros, regionalismo y autonomía.

La asistencia de más de 20.000 personas a la Campa confirmó a las asociaciones regionalistas que su trabajo para fomentar la conciencia regional estaba funcionando y les dio esperanzas para afrontar el complicado futuro que se avecinaba con la definición del nuevo modelo de estado y la reaparición en la fauna regional de una especie que desde hacía mucho tiempo no se había visto en libertad: los políticos.

Fuentes:
Los Comuneros, Luis López Álvarez, Edilesa, León, 2007, 7ª edición.
Boletín Oficial del Estado, Número 203, pág. 16488, 24 de agosto de 1976
La Comunidad Autonómica de La Rioja en el Proceso Autonómico Español (1975-1996), Ignacio Granado Higelmo
Fuerzas políticas en el proceso autonómico de Castilla y León. Mariano González Clavero. Tesis doctoral. Universidad de Valladolid, 2002
XXV años de autonomía en Castilla y León. Pablo Pérez López, José-Vidal Pelaz López, Mariano González Clavero. Cortes de Castilla y León, 2008.
El regionalismo en Castilla y León. Julio Valdeón Baruque. Universidad de Valladolid.

Imágenes:
Instituto Regional: http://foroscastilla.org/foros/index.php?topic=15734.0
Banderas: http://es.wikipedia.org/wiki/Bandera_de_castilla

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La crónica sigue en:

El origen de la comunidad autónoma de Castilla y León (Parte II)

 El origen de la comunidad autónoma de Castilla y León (Parte III)

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