La porra que necesita Cataluña (VII Porra electoral CuatroPalera)

captura-de-pantalla-2015-09-15-a-las-2-09-19

La regla número uno del Procès es que todo refuerza al Procès. Por ejemplo, las declaraciones de los líderes internacionales benefician al Procès, aunque parezcan estar en contra del mismo. Es más, si estas no se hubiesen producido, eso también habría reforzado el procès. Es decir, que este post también lo refuerza, aunque sea de forma infinitesimal, pero no publicarlo también lo estaba haciendo. Parece todo un poco loco, pero seguramente se deba a que no vivimos allí, la mayoría de nuestros lectores son castellanos, mesetarios, cristianos viejos y nunca formaron parte del Imperio Carolingio, lo que ha dejado huella en nuestro ADN y en nuestras pobre mitocondrias.  

Poniéndonos ya serios, las encuestas electorales de Los4Palos son ya una tradición, y ya saben ustedes que las tradiciones hay que respetarlas y honrarlas o viene uno de Tordesillas y te arrea por animalista. Así que aquí estamos, ustedes y yo, a punto de participar en la única e irrepetible porra electoral palera sobre las elecciones de Cataluña: la porra que necesita Artur Mas. Sí, hay un evidente doble sentido chisposo y chispeante, aportación de uno de los miembros de este blog del que no daremos el nombre para que pueda seguir ocultando, tras su pose de progre con iPhone y gato, que en realidad es un mesetario retrógrado más.

¿Votos o escaños? Escaños, no hace falta que repitas la pregunta, Ana. En esta porra apostamos a escaños y el ganador será aquel que más se acerque al resultado final. Yo voy a hacer mi apuesta ahora mismo -apuesta que llamaré “Show MAS go on” así que pueden copiar el formato y cambiar el número de escaños ¿Premios? La honra, que todos somos hidalgos y sabemos qué es lo realmente importante.

Y ahora, para ayudar o despistar al respetable, algunas de las encuestas publicadas.

De esta misma mañana, La Razon: JxSí: 59; Ciutadans: 23; CSQEP: 16; PSC: 15; PP: 12; CUP: 5; Unió 5.

Telecinco ayer: JxSí: 65-66; CUP: 10; Ciutadans; 20; CSQEP: 15-17; PSC: 12; PP: 11-13; Unió: 0.

Estimación de Jaime Miquel y asociados en base al CIS: JxSí: 60; Ciutadans: 21; CSQEP: 15; PSC: 14; PP: 13; CUP: 12; Unió: 0.

IBES para Últimahora.es: Junts pel sí: 64-65; Ciutadans: 18-19; PSC: 15-16; CSEP: 13-14; PP: 12-13; CUP: 9-10; Unió: 0-2.

La Voz de Galicia: JxSi: 65; PSC: 16; C’s: 16; PP: 16; CSQEP: 14; CUP: 8; Unió: 0.

Y el CIS: JxSí: 60-61; C’s: 19-20; CSQEP: 18-19; PSC: 16-17; PP: 12-13; CUP: 9; Unió: 0.

Aquí tienen una media de las encuestas publicadas (falta la de hoy de La Razón).

Datos a tener en cuenta: la mayoría está en 68 escaños y la cámara tiene en total 135.

¡Voten! ¡Participen! ¡Apuesten! ¡Jueguen!

Sueños de verano

En nuestro país se dan en la actualidad dos procesos de ensoñación colectiva evidentes y preocupantes, al menos para los que nos situamos fuera de ambos mundos. ¿El nuevo e ilusionante proyecto de Luis Enrique, basado en la cantera y en los valores del club? ¿El “emprendedurismo”? No, pero casí. Por un lado, el proceso catalán, el sueño de la independencia y la posterior conversión de Cataluña en la nueva Atlántida, el nuevo jardín del Edén, una Arcadia feliz, un paraíso terrenal. Por otro lado, Pablo Iglesias y Podemos (en adelante por abreviar, Pablemos) que en su lucha contra la casta, enemigos de la gente de bien, van a liberar a los españoles de las reglas de los mercados capitalista y las lógicas del mundo moderno a base de eslóganes, miradas intensas y círculos.

 Ambos movimientos merecen mi respeto, al igual que todos aquellos que abrazan ambas causas. No seré yo quien les diga a los primeros que no pueden ser independentistas, cuando todos hemos querido enviar a este país a hacer gárgaras alguna vez; o quien impida a los segundos soñar con una suerte de estado postcomunista. (Nota: para mi llamar a alguien comunista no es insulto). Pero mi respeto a sus causas no evita que el andamiaje intelectual y los argumentarios que los sostienen, por no hablar del resultado de su supuesto éxito, me parezcan prospectos de productos homeopáticos, invocaciones chamanistas a la pachamama. Si alguien quiere creer en los pitufos o en el trasplante de almas, perfecto, pero que no nos mire mal cuando nos riamos.

 Una buena parte de los catalanes que quieren la secesión son ajenos a la realidad. No lo digo yo, lo dicen las encuestas. La independencia no solo no les obligaría a dejar la Unión, a pesar de las docenas de declaraciones oficiales que se amontonan en contra, sino que esta correría a pedirles la adhesión y Cataluña se convertiría en uno de los principales motores de Europa. Y si la UE fuese tan tonta como para rechazarlos ¡tampoco pasaría nada!. Cataluña se convertiría en un motor de Europa igualmente, a la vez que competiría contra ella en igualdad de condiciones, siendo una suerte de paraíso fiscal y humano, gobernados, es un suponer, por la misma burguesía que cierra camas en los hospitales, se espía y amasa fortunas con fondos públicos. Y todo esto sin hablar de aquellos catalanes que se creen a pies juntillas, supongo que llevados por la emoción y la autocomplacencia, todas las bobadas que salen del Instituto de Nova Historia sobre la catalanidad de cuanto personaje ha sobresalido en la historia europea. Nunca apoyaré la secesión de Cataluña porque me parece un error, pero creo que los catalanes que así lo deseen tienen derecho a defenderlo. Y creo que tarde o temprano la salida a esto será una suerte de consulta, pero si se llega a ese punto las preguntas tienen que ser clara y las propuestas tienen que ser realistas: no se puede preguntar a los catalanes si quieren seguir en el infierno rojigualda, con demonios, azufre y madrileños; o mudarse al país de la piruleta. Negar los enormes costes de un proceso traumático como la fractura de un país es negar la realidad.

 En Cataluña, como en el resto de España, el ascenso de Pablemos es imparable: segunda fuerza en intención directa de voto según las últimas encuestas, tercera en el conjunto de España. Un partido, recordemos, gestado y dirigido desde Madrid por un núcleo muy reducido de personas que solo ahora, después del éxito de las pasadas europeas, empieza a articularse territorialmente. En Ávila y Castilla y León, la tendencia parece ser la misma, mientras desde el PP y los medios se desgañitan acusándolos de ser ETA, Chávez y Stalin al mismo tiempo. Acusaciones que normalmente se concentran en la figura de Pablemos, erigido por los suyos en una suerte de tribuno de la plebe frente a la clase senatorial. El debate, por llamarlo de algún modo, entre este y Esperanza Aguirre el pasado sábado fue un epítome de la estrategia de ambos: tú eres casta y tú terrorista.

A mi Pablemos no me gusta. No niego que sea inteligente, o que se mueva bien delante de las cámaras, sé que no es de ETA y me da igual si ha cobrado o no de Chavez o amigos, pero creo que al igual que hacen los independentistas catalanes, se aprovecha de la situación económica y social del país para colocar a la gente artificios ideológicos en su único beneficio. Enemigos claros a los que señalar y odiar y soluciones simples y bonitas a situaciones complejas. Blancos y negros en un mundo de grises. El programa de Pablemos para las pasadas europeas puede resumirse como sigue: arriba lo bueno para la gente (33%), abajo lo malo para la gente (33%), propuestas de IU (33%). El mérito de Pablemos es que nadie habla de esto mientras su figura crece aupada por sus adversarios y los medios, IU vuelve a debatir sobre su ser y esencia, noqueada ante la que parecía su gran oportunidad, y el PSOE da vueltas sobre sí mismo mientras se palpa las urnas. Nadie dice que el programa de Pablemos es papel mojado, retórica bien construida pero prácticamente vacía, mientras él y el fenómeno Podemos se alimentan de los absurdos ataques de la caverna.

Todo mi respeto a aquellos ciudadanos que han encontrado respuestas e ilusiones renovadas en estos movimientos sociales, porque no es fácil hallar tales sustentos en los tiempos que corren. Sin negar los aspectos positivos de ambos (sobre todo la politización de amplios sectores desmovilizados, ojalá Podemos en Ávila y CyL logre esto) solo les pido que no sigan el ejemplo de Rajoy, que no consideren a la realidad su mortal enemigo.

La gran incertidumbre

Usamos con demasiada ligereza el calificativo “histórico”. Hay acontecimientos históricos que no pasarían de una nota a pie en un manual de 800 páginas, partidos históricos que no repetirían ni en el canal televisivo del club vencedor y sucesos históricos que no merecerían ni un cuarto de columna en página par de un periódico de provincias. Igual ahora sí que estamos en un momento que merecería tal calificativo, pero para evitar caer en aquello que acabamos de criticar, digamos que estamos ante un momento crucial de nuestra historia reciente. Tal vez luego todo se deshinche -vísperas de mucho, días de nada- y en diez lustros estos años se narren como si de una noche loca, con resaca pero sin consecuencias, se tratase.

Si Rajoy no decide jugar con las fechas, adelantando las elecciones generales para por ejemplo hacerlas coincidir con municipales y autonómicas, en año y medio todo puede haber cambiado. O no. O sí y a la vez no. Todo esta en el aire, como el amor, la polución y los vencejos; y si no respiras, aunque te envenene, te mueres.

El ciclo empezó con las europeas, el ascenso de Pablemos y las dimisiones/abdicaciones de Rubalcaba y Juan Carlos I, y un nuevo engranaje se puso en movimiento el pasado fin de semana con la elección de Sánchez Pérez-Castejón como futuro Secretario General del PSOE. En noviembre, la posible consulta independentista catalana está marcada en rojo en el calendario, junto con las aún en el aire primarias socialistas; y luego llegan municipales, autonómicas y generales. Y no podemos descartar que mientras miramos con pasmo el discurrir de estos sucesos, un nuevo giro de guión -un banco que explota, un tesorero que canta, un encuentro en la tercera fase con pequeños hombres y mujeres de un planeta situado más allá de Orión- acabe con todo lo planeado y nos deje de nuevo colgando de un acantilado.

Hacíamos cábalas hace unas semanas con los resultados de las europeas y las futuras municipales. Que si el PP patatín, que si Podemos patatán, que si el PSOE tararí… Todos aquellos cálculos de concejales y tetrapartitos pueden quedarse en nada si Rajoy decide que la Ley Electoral es su Scattergoris y la gaviota un animal de compañía. Si una modificación de esta nos lleva a alcaldes elegidos por mayoría a una sola vuelta, el cambio en el Ayuntamiento quedaría aplazado ad kalendas graecas. Si finalmente no sale adelante este cambio legislativo -no podemos descatar que esto acabe como la reducción del número de concejales, el fin de los puentes o la regeneración democrática-, el papel de Podemos será fundamental. Mi apuesta: Podemos no se va a presentar a las municipales en la mayor parte de los núcleos si no es en coalición con otras fuerzas políticas o sociales. Plataformas como la barcelonesa Guanyem, la madrileña Municipalia (ahora Ganemos Madrid)o los que empiezan a verse en otras ciudades grandes como Valladolid o Zaragoza. ¿Puede surgir algo así en Ávila? ¿Hay movimientos en la ciudad que puedan confluir en un “Ganemos Ávila”? Creo que sí. ¿Qué peso electoral pueden tener? Veremos.

Me preguntaba el otro día Rubén, a la sombra de los Alpes, mi opinión sobre Cataluña. ¿Habrá consulta? ¿Choque de trenes? ¿Dialogarán Mas y Rajoy? No lo sé, y lo que es aún más importante, creo que ninguno de los protagonistas lo sabe. Lo que parece más probable es que la sangre no llegue de momento al río. La Generalitat convoca, el Gobierno recurre, el Tirbunal prohíbe y Mas convoca elecciones “plebiscitarias” en primavera para que ERC gane. Sí, solo aplazamos el problema, pero es lo que hay. ¿Ven ustedes otra salida? El conflicto se ha alargado tanto y de una forma tan enconada que Mas y Rajoy se han ido cerrando escapatorias. La independencia de Cataluña sigue pareciéndome un imposible -y un error gordo para ambas partes-, pero que el problema se disuelva como un azucarillo también me lo parece. Avanzar hacia un Estado realmente federal parece una salida, pero sus principales defensores, la alegre chavalada del PSC, bastante tienen con llegar vivos a su próximo aniversario.

¿Es el PSC, su descomposición interna, el futuro del PSOE? ¿Sobrevivirá el partido de Pablo Iglesias senior a la crisis? ¿Es Pedro Sánchez el Mesías? Ayer se conocieron los datos de la última encuesta postelectoral del CIS. Los españoles, en una escala del 1 al 10 donde 1 es izquierda y 10 derecha, se situaron en el 4,54. Es decir, España es de centroizquierda. También se les pedía que situasen en esa escala a los partidos políticos. ¿Saben cual es el partido más cercano a ese 4,54? El PSOE con un 4,67. Por otra parte, entre el 5 y el 3 se encuentran el 50% de los encuestados mientras que más allá del 3, más a la izquierda, solo está el 10% de la población. En ese terreno más allá del tres también están IU, Podemos y muchos de los partidos nacionalistas periféricos. Siempre he sido muy escéptico con eso del “giro a la izquierda” o con la “recuperación de los valores socialistas”, entre otras cosas porque creo que no se refiere a nada concreto. Igual lo que tiene que hacer el PSOE es ofrecer una alternativa real de centroizquierda -lugar que por otra parte siempre ha ocupado- sin hacer caso a los cantos de sirena de quienes, en muchos casos, ni han votado nunca al PSOE, ni tienen intención de hacerlo, ni han ganado, de momento, muchas elecciones.

¿Es Pedro Sánchez capaz de hacerlo? Habrá que ver, aunque seguramente de los tres candidatos era el más cercano al centro político. Algunos incluso dicen que más que socialistas o socialdemócrata, Sánchez es socioliberal, un palabro bastante feo utilizado por la Berdadera Hizquierda para señalar a aquellos que ponen ojitos al libre mercado. De momento, igual que hizo Zapatero con la salida de las tropas de Irak, ha querido mandar un mensaje obligando a los eurodiputados socialistas a votar en contra de Juncker en el Parlamento europeo. Como dicen los modernos: postureo.

Por cierto ¿ustedes lo ven guapo? ¡Si ni siquiera tiene los ojos azules!

PS.- Según Eldiario.es, el 0,76% de los abulenses están afiliados al PSOE. Igual les parece poco, pero es el mayor porcentaje de toda Castilla y León ¡Quién nos lo iba a decir!

La fruta madura

¿Y si al final Mariano tuviera razón?

¿Y si en España todo era cuestión de aguantar y que las crisis pasaran? Subir impuestos y dejar al tiempo hacer. Y que lo del 15M pasara, y lo de la prima de riesgo pasara,  y lo de Barcenas dejara de ser portada, y lo de la monarquía dejara de sorprender y Montoro mediante sigo adelante.

Lo llaman arriolismo, por el consorte de Celia Villalobos. Así lo define Juliana

“El arriolismo es un marinero tumbado en una litera, observando como una mujer oriental, Flor de Loto, enciende la pipa de opio. El marinero expira e inspira y de golpe el mundo se detiene y todo lo malo que aparece en las encuestas es un lío que se va desvaneciendo.”

Un experto en medir los tiempos dicen de Rajoy los que ven su botella medio llena. Lo dicen ahora, que Mariano se ha pegado algún que otro batacazo electoral – arriolismo mediante – y por entonces no se le tenía por tan buen relojero. El caso es que para cuando lleguen las elecciones, los peores momentos de la crisis habrán pasado. Sí, hay protesta social. Sí, lo de Barcenas sigue ahí. Sí, lo de los bancos sigue sin cerrarse con preferentes y otros pufos. Pero España se mueve, como una tortuguita pero se mueve… y ya es más la tortuga que el cangrejo.

Así que salen las encuestas y el PP sigue arriba para las europeas – punto importante en el camino – y los nuevos partidos tampoco hacen tanta pupa. VOX quita uno o ninguno, UPyD y Ciudadanos siguen sin quererse y entre los dos hacen daño pero menos que IU, que a su vez le rasca al inoperante PSOE lo suficiente para impedir una victoria moral – o algo así – de los rubalcábidos.

Vamos, que ni tan mal.

Y sí, puede que si todo sigue así los resultados de las elecciones generales en un par de años nos conviertan en una especie de Italia…pero hasta entonces hay mucha partida por jugar, y se supone que la economía irá dando un respiro. Con unos gráficos en el debate televisivo de que vamos a mejor y con un poco de suerte veremos de nuevo al balcón de Génova celebrarlo.

Y si al final… después de toda esta crisis y con todos los que pensábamos que tal vez – ojalá – se iba a cambiar España entera… ¿y si al final no cambia nada?

Hace una temporada escribía sobre el riesgo de tener una recuperación económica sin haber aprobado ninguna de las reformas que la economía necesita. En el sistema político, sin nadie lo remedia, vamos camino de algo parecido; incluso si UPyD e IU sacan un resultado excepcional, es difícil imaginar una mayoría social reformista estable sin la participación de uno de los grandes partidos. Lo aterrador de esta crisis no es su profundidad; lo que realmente da miedo es el riesgo de salir de ella sin haber cambiado apenas nada.
(Roger Senserrich – Politikon)

¿Qué quedará de los movimientos sociales, los intentos de participación, las protestas, las mareas multicolores?

Y, sin embargo, sí que hay algo que va a hacer tambalear los cimientos y que hace que el resto de discusiones estén bien, pero queden incompletas. Lo que sí puede cambiar el modelo es Cataluña. No hablemos por un momento de si los nacionalismo son buenos o malos, de si Artur es Moisés o si se le vendrá el Nilo encima.  La solución al dilema catalán, da igual quiénes sean los buenos o los malos, traerá cambios de algún tipo ya sea independencia, reforma constitucional u otros escenarios complicados.

Eso parece al menos. El partido de si España cambiará mucho o poco se va a jugar en Cataluña… y está la duda de si Rajoy es muy listo o muy tonto. Si es un pusilánime o si también les va dejando caer cual fruta madura. Es un debate interesante, como lo era si Zapatero era bambi o un peligroso escrutador de nubes . Si leen su libro de memorias – ya les adelanto tras hacer una  rápida lectura vertical – se quedarán con la misma duda.

Y con Mariano… es parecido. Viendo lo que le ha pasado a Pedro J y lo que se insinúa con El País, habrá que pensar que hace algo más que leer el Marca.

2014 va a ser un año muy interesante desde el prisma político y los movimientos del poder.

Polemicemos: Ávila, Gamonal, ponis y unicornios.

IMG_8648_1

Llevaba un par de semanas dando vueltas a la forma de traer lo sucedido en Burgos a este rincón, pero no encontraba manera. Si hay que pontificar, se pontifica, como buen español experto de barra de bar en mil materias; pero hay que intentar mantener las apariencias. Una cosa es no tener ni puta idea y otra que se note. Solo he estado una vez en Burgos en toda mi vida, hace poco más de un año, tres días, y de haber pasado por la ya famosa avenida Vitoria, debió ser en autobús, pero tampoco me he molestado en mirar el recorrido de las líneas que cogí estando allí. Mi único nexo con todo el caso es que el hotel en el que me hospedé está en el mismo edificio que el ático del Alcalde, pero mi opinión al respecto se limita, ya que el Alcalde no tuvo a bien invitarme a tomar algo, a señalar las buenas vistas que debe tener desde su salón. La foto que encabeza este post está tomada desde mi habitación, 4 plantas más abajo.

Como ven, mi autoridad para hablar de las carencias del barrio, de la corrupción local, de la planificación urbanística burgalesa o del carácter aguerrido y obrero del barrio; es bastante escasa. De lo que puedo opinar, por simple pertenencia, es del clima social que se respira en el conjunto del país, del hartazgo creciente -por no llamarlo cabreo- de amplias capas de la sociedad. ¿Qué es lo que hace que una ciudad tranquila y conservadora estalle por un aparcamiento subterráneo? No lo sé, pero si tuviese que jugarme una moneda de cincuenta céntimos, diría que es, simplemente, que la gente está, con perdón, hasta las narices y que lo que en Burgos sucedió por un bulevar, en Quintanilla de la Parra puede suceder por el asfaltado de una plaza y en Burguillos de Villarriba por las farolas de la entrada al pueblo si las circunstancias son propicias.

La gente está cansada y la crisis, que es más que económica, se ha llevado por delante la confianza que muchos ciudadano tenían en buena parte del sistema. Y el cambio en las actitudes de la ciudadanía hacia la política no se ha visto acompañado por un cambio en las formas de hacer política y de gestionar las instituciones, que en buena medida parecen estar esperando a que escampe para volver a sus viejas rutinas, aprobar nuevas recalificaciones, construir cosas y organizar actos. Cada decisión de las instituciones se toma como un posible ataque, a veces sin la menor reflexión, y se reacciona en consonancia. ¿O ustedes creen que un asunto como el del Murallito, en otro momento, habría levantado tanto revuelo?

Pero este cambio en la actitud de nuestros conciudadanos hacia la política no tiene por qué ser positivo. Uno es de naturaleza optimista, pero también tiene días malos. Todas las encuestas reflejan que el interés por la política no hace otra cosa que aumentar. Ahora bien ¿el conocimiento del funcionamiento del sistema, de la democracia y de nuestras instituciones ha aumentado de forma paralela a ese interés? Yo diría que no y eso, sumado al mencionado hartazgo provocado por la crisis, es un grave problema que degenera en altercados como el de Burgos, en movimientos ciudadanos y políticos sin ningún tipo de contacto con la realidad, en salvapatrias populistas y en saltos al vacío embadurnados de buenos sentimientos y consignas edulcoradas como el de Ponilandia.

Polemicemos. Que una mayoría -o una no mayoría muy ruidosa- pida algo no implica que tenga razón. No me refiero con esto a lo sucedido en Burgos, ahí tienen ustedes, por ponerles un ejemplo alejado, a los fanáticos de la familia tradicional y de bien, que son muchos y se manifiestan a menudo, lo cual no les da, por fortuna, la razón automáticamente. Los partidos están para algo más que ser correa de transmisión de las opiniones ciudadanas. Deben también guiar, formar la opinión y dirigir el debate ciudadano. Si una mayoría de los votantes del PP -o del Partido Z- quieren que los condenados por terrorismo pasen 100 años en la cárcel, desnudos, atados de pies y manos y obligados a escuchar una y otra vez el himno nacional; alguien les debería decir que no tienen razón, no solo esperar a que se olviden de la polémica. ¿Qué eso es más difícil que salir en la tele, con gesto duro, y decir que hay que endurecer, por vigesimoséptima vez, las leyes? Pues es verdad, pero de algo hay que morir. La democracia tampoco es ir votando a cada rato todo lo que nos apetezca, tenga o no sentido, encaje legal o contacto con la realidad. Ni decidir las cosas en asambleas con gritos mudos, biodanzas y a chakras alzados.

Lo voy a dejar aquí, antes que se enfaden y me hagan un escrache en la cuenta de tuiter o se cambien los avatares, los pongan de un color o al revés y me vea a forzado a dimitir de esto blog y de mi perfil en Facebook. Que Santa Teresa interceda por todos ustedes y por mi el primero.

Som i Serem

Madrit ens roba.

Ya sabéis cómo es esto. Empieza uno sintiendo la flecha del amor, redescubre América y acaba subido a un púlpito.  Es por ello que nuestros queridos representantes, sabedores de lo que nos gusta montar porras electorales en Los 4 Palos, han decidido llamar de nuevo a las urnas. Lugar de la misión: Cataluña.

Y esta bitácora no podía faltar a la cita. El verraco se pone la barretina. Os mandamos de nuevo a LA PORRA.

per Joan Antoni el Petit

Nuestras reglas son las tradicionales. Copio y pego de anteriores aventuras…

¿Jugamos? Diputados electos en las elecciones catalanas del domingo 25. Gana, por supuesto, el que más se acerque al resultado final (y en caso de empate Guillermo nos hará de asesor estadístico de urgencia). Y para darle aún más emoción, y demostrar que los lectores de este blog son sabios cual demonios cananeos, os animamos a participar también en la porra que organizan en Politikon.es.  Allí tenéis la composición actual del Parlament. Os recomendamos también “Electrómetro” con posts como éste.

Ya sabéis: si gustáis, os dais una vuelta por allí, votáis, nosotros lo haremos, y nos pasáis vuestro pronóstico a los comentarios de esta entrada.

PS.- Como suponéis, aquí no regalamos nada. Pero en Politikon si dan cosas a los que ganan. A ver si alguno de vosotros tiene suerte.

Cataluña desde Carpetovettonia (con amor)

Antes de empezar, voy a pedirles perdón por varias cosas: por hablar de mi, por contarles una historieta propia del abuelo cebolleta y por rebasar un tanto nuestras fronteras, cosa que últimamente me empieza a pasar con frecuencia. Como habrán intuido por el título de la entrada, vengo aquí a darles mi opinión sobre el “problema catalán” ¿y por qué? Hombre, digo que los abulenses, como habitantes del corazón de las Españas, tendremos algo que decir al respecto de todo este asunto ¿no?

El último año de mi primera etapa de andanza universitaria – esto merecería alguna aclaración pero no estoy por la labor – cursé una asignatura que versaba sobre los distintos movimientos nacionalistas que desde el siglo XIX ha alumbrado nuestra vieja piel de toro. El programa abarcaba desde el nacionalismo español – liberal o conservador – que pretendió, evidentemente sin éxito, dotar al país de un sentimiento nacional único y cohesionado, hasta la explosión regionalista de la transición, pasando, claro está, por los nacionalismos periféricos que aún persisten. Una buena parte de la nota final de la asignatura dependía de la realización de un trabajo, treinta o cuarenta folios, centrado en alguno de los nacionalismos o regionalismos hispanos.

El profesor era bastante transigente con la temática, así que si eras capaz de dedicarle cuarenta páginas al regionalismo manchego a finales de la década de los 60, todo tuyo. Aprovechando esa manga ancha, un compañero y yo decidimos jugarnos el suspenso presentando un trabajo peculiar cuya lema bien podía haber sido “Aprenda a crear su propia nación en 5 sencillos pasos”. Los 45 folios que presentamos – entre las risas y chanzas de nuestros compañeros, no lo voy a negar – se dividían en dos partes. La primera era un sesudo análisis de toda (o casi toda) la bibliografía existente sobre los movimientos nacionalistas europeos, prestando especial atención a los patrios: ¿De dónde vienen? ¿Cómo comenzaron? ¿Qué son en la actualidad? ¿Hacia dónde van? La segunda parte, la que ponía en peligro nuestro cuello y nuestra autoestima, era, digámoslo así, un caso práctico: aplicar la teoría nacionalista analizada en la primera parte a un territorio cualquiera del solar hispano hasta “dotarlo” de una identidad nacional, una cultura y una historia propia y excluyente. Es decir, demostrar que con imaginación y retorciendo lo suficiente la realidad presente y pasada, cualquier rincón del país puede aspirar a ser una nación. ¿Y cuál fue el territorio elegido? Carpetovettonia, el territorio a ambos lados del Sistema Central ocupado antes de la conquista romana por carpetanos y vettones. Si ustedes piensan que es una estupidez nacida en el bar de la facultad de la mente de dos tipos sin una idea mejor, les diré que no andan desencaminados. Si piensan que se rieron de nosotros y suspendimos, se equivocan*.

A partir del estudio de las actas de las reuniones llevadas a cabo por el Partido Nacionalista Carpetovettón en el Parador Nacional de Gredos a finales de los 70, analizábamos las raíces del movimiento, su doble carácter etnicista y económico, las afrentas sufridas por los ciudadanos de estas comunidades, los hechos diferenciales en lo que basaban su identidad – religión animista centrada en la adoración del verraco, idioma propio perdido del que tan solo se conservaba el leismo, cultura propia centrada en la calva, la petanca, los dardos, la jota y la vida contemplativa – y su programa de futuro: libre asociarse al Estadospañol como confederación de ciudades/castros libres con capital dual en Ávila – por supuesto – y Talavera de la Reina.

Pueden reirse, seguro que lo están haciendo, pero todo encajaba tan maravillosamente bien que si se nos hubiese ocurrido a principios del S. XIX, cuando el romanticismo alemán, la ilustración y Napoleón o sus consecuencias campaban por Europa, hoy tendríamos pabellones deportivos a nuestros nombres y demostramos, de una forma medianamente convincente, que inventarse una nación – España, Cataluña, Euskadi, el Alt Empordà, Manchuria del Sur… – no es excesivamente difícil si se tiene tiempo y ganas. Sí, he dicho inventar ¿o usted pensaba que cuando los fenicios pasaban por aquí ya había patrulleras de la Guardia Civil vigilando las aguas territoriales de España? ¿O que los vascos descendían por parte de padre de los atlantes? ¿O que Cataluña, en palabras de Mas, es la democracia más antigua de la galaxia?

Sí, ya, la cultura, la lengua, la historia y todo eso. ¿Quién pone fronteras a las expresiones culturales o a las tradiciones locales? ¿Dónde está la línea que divide los pueblos con una cultura típicamente abulenses y los de cultura salmantina? ¿Qué hace de los hablantes de una lengua parte de una comunidad y a sus vecinos, nacidos y criados en las mismas charcas pero hablantes nativos de otra, los excluye? ¿La historia? Por desgracia, solo es cuestión de apuntar a la parte de la misma que nos interese, aunque sea por decreto de la Alcaldía.

Al final, todo esto, las tradiciones, la cultura y demás; solo sirve de sustrato, necesario pero insuficiente, para una ideología fundamentada en sentimientos de pertenencia excluyentes – nosotros y ellos – basados en cosas intangibles, adaptables y difícilmente refutables. Pero, aunque las naciones no sean más que complejas construcciones mentales, son reales en la medida en que una comunidad las hace suya. Carpetovettonia no existe, ni ha existido, no hay razones históricas o culturales que sustenten el artificio identitario que proponíamos; pero si dentro de 30 años una parte importante de los ciudadanos del Sistema Central y alrededores, tras leer esta entrada, comienzan a sentirse carpetovettones, Carpetovettonia existirá. Una nación es, sobre todo, una construcción, una idea colectiva, en palabras de Anderson “una comunidad política imaginada”.

Con Cataluña pasa algo similar. Pocas son las razones históricas o culturales de peso que se pueden esgrimir para trazar una línea divisoria entre España y Cataluña, pero si una buena parte de los catalanes consideran que su comunidad es una nación, Cataluña es – o será – una nación. ¿Y si una mayoria de los carpetovettones decidiesemos, por las razones que fueran, pasar olímpicamente del resto del España? ¿No estaríamos en nuestro derecho? ¡Avila, capital de Carpetovettonia! gritarían las masas. Yo no quiero que Cataluña nos deje, pero si una mayoría de los catalanes así lo deciden, por mucho que considere que sus razones, desde las históricas a las balanzas fiscales, son más bien peregrinas o que todo esto no es más que una cortina de humo; no quedará más remedio que aceptarlo e intentar que la ruptura sea amistosa. Sí, están las leyes, la Constitución y la UE, el imperio de la ley, pero ¿pondrá el Gobierno a un Guardia Civil delante de cada colegio para impedir un hipotético referendum? ¿Matará de hambre a la Generalitat para que vea que con la bandera no se juega, con las consecuencias que eso tendría para el conjunto del Estado? ¿Sacará a los tanques para evitar la secesión? En esta pelea de legitimidades, las leyes escritas, en cuanto que modificables, llevan las de perder frente a la voluntad popular.

Creo que estamos a tiempo de evitar este trance doloroso, ojalá lo consigamos, de verdad, aunque no sé cómo hacerlo. ¿Ideas? ¿Soluciones? ¿Federalismos simétricos o asimétricos? ¿Los Estados Unidos de España? ¿La Confederación de Repúblicas Ibéricas? ¿La república galáctica? Sea como fuera, y a falta de soluciones definitivas, deberíamos ir asumiendo que es posible que tarde o temprano una parte de España decida dejar de serlo. Igual, finiquitado el eterno debate territorial, podamos centrarnos en cosas realmente importantes.

* Matrícula de honor ¿lo dudaban?

PS.- Algunas notas necesarias sobre nuestra identidad nacional. Si buscamos “carpetovetónico” en el diccionario de la RAE llegamos a esta definición: “Que se tienen por españolas a ultranza, y sirven de bandera frente a todo influjo foráneo” Un evidente intento por parte de España de diluir nuestra identidad en la suya. Maldito Estado opresor. Por otra parte, las dos “t” de “carpetoveTTón” buscan darle un toque más etnicista al conjunto.

PS2.- PON UN VERRACO EN TU CORAZÓN. VOTA PARTIDO NACIONALISTA CARPETOVETTÓN.

A %d blogueros les gusta esto: