Mi Alpe D’Huez

A servidor le gusta acabar los domingos escuchando una buena canción, sintiendo que el fin de semana ha servido para algo bueno. Que esas cuatro pesetas con las que sobrevivo hayan valido por seis o siete. Afortunadamente todo eso es posible en Ávila, donde se puede echar una cañeja con tapa, visitar el campo, estar con la familia. Llenar la buchaca de buenas sensaciones para tener energía con la que regresar a la rutina urbanita alienante.

Me releo “Cerca de las vías” y me pongo la canción de mismo nombre. Fito, tú antes molabas.

La verdad es que antes molábamos todos más, hasta la primavera molaba más. Ahora no hace ni frío ni calor, cero grados. Y hay alergías y atchises y montoros y pepiños.

Pero Ávila resiste. “Ahí en el pueblico salís de casa y tenéis el campo, eh?” me decía una persona cosmopolita urbanita que no sabe bien lo que se pierde entre tanto hormigón y sus calatravas.

Este domingo salimos al campo, mi sobri agarró la bicicleta y tiramos a lo que entre mis allegados siempre llamamos “el campo de las mariquititas”. Hacía tiempo que no echaba unas carreras por ahí, paralelos al tren, naturaleza en estado puro. El ser humano es un joputa con pintas, definitivamente no nos merecemos el planeta que tenemos. El que vamos conservando.

Veía a mi pequeño grumete darle zapatilla a su bici y me imaginé a mí de pequeño haciendo lo mismo, intentando ir a la misma velocidad que el tren. La Batalla de Guimorcondo.

Servidor creció en el Barrio de las Batallas. Y muchas tardes, después de ver a Perico, a Induráin, a Chente García Acosta o a nuestros bravos pedalistas, me cogía la bici, camino de Tornadizos. Buscaba superar mis tiempos, imaginando que algún día sería el futuro Jalabert

2013-01-28 19.55.12

Mi Alpe D´Huez

Y a la vuelta llegaba el gran desafío: mi Alpe D´Huez. Consistía, después de toda la tralla (que no era poca), acabar la machada por todo lo alto. Como si fuera un valiente ciclista del Kelme atacando en la última rampa.

Allá donde el Mesón El Sol, en Hornos Caleros, cogía la cuesta y tiraba panza arriba. A lo Mancebo, cara ladeada y tirando de lozana riñonada.

Pasaron años hasta que lo logré. Hasta que logré superar la última rampa, el desnivel final, lo que era para mi el Anglirú de antes de guardar la bici. Siempre me faltaba un poco más para terminar la cuesta. Siempre acababa echando el pie a tierra por falta de fuerza o de velocidad, o porque se cruzara un inoportuno coche.

Hoy lo volví a hacer, corriendo esta vez. Y al llegar vi que aquel Alpe D´Huez ahora está algo cambiado. Han puesto luces y cosas. La modernidad, ya saben.

Pero es algo bonito esto de ser de Ávila. No sé que recuerdos estará guardando mi sobrino, pero sé que incluyen campo, animales, bicicletas, carreras. Grandes momentos a pesar del gobierno, la oposición y sus allegados.

Y hoy, que me apetece escribir optimista, acabo el día con una sonrisa. A pesar de los pesares, Ávila, es por estas pequeñas cosas por las que te queremos. Por hacer a tantos niños felices. También a los niños grandes, que ahora encontramos refugio en la sonrisa de los pequeños. En su sana libertad. La que Ávila todavía procura.

De lobos y buitres…

Creo que no es la primera vez que tratamos, o trato yo en este caso, el tema que hoy traigo. Continuamos leyendo desde hace meses noticias que no podemos hacer otra cosa que considerar lamentables. Ávila, está siendo víctima de continuos ataques, cada vez más frecuentes. Cada poco tiempo leemos, vemos, escuchamos en los medios de comunicación cómo los buitres de la provincia, los lobos en su defecto, han devorado hasta la muerte cierta res, en algunos casos incluso dos. Unos ataques que no por ser cada vez más deben terminar por convertirse en normales. El campo, la mayor riqueza de nuestra tierra, no puede ser olvidado y dejado de la mano de los que nos gobiernan.

Cada una de esas terneras devoradas, de esas ovejas atacadas sin pudor se traduce, además de en muchas otras cosas, en cifras. Cifras económicas referidas como pérdidas por los dueños de las explotaciones ganaderas. Pérdidas económicas que no está claro que vayan a recuperar y pérdidas económicas que les ahoga un poquito más en esta situación de crisis en la que nos encontramos y de la que cada vez creo que será más difícil salir.

Los lobos y los buitres son animales que viven en libertad y que dependen de sus propios medios para alimentarse. Aquí entra en juego el instinto de supervivencia y eso complica algo más la situación. Animales hambrientos que deciden comer mientras las personas que tendrían que hacer algo por solucionar el problema miran cada uno de los ataques desde la distancia rezando, seguramente, por que sea el último y esperando que la situación se resuelva sola.

Y no puedo dejar de pensar en esos lobos y esos buitres que anteponen su supervivencia, de forma instintiva, a los problemas económicos de ese señor que es el dueño de la vaca que acaban de matar a picotazos y mordiscos. Pero me da por pensar en ellos de forma que las plumas o el pelaje pasan a ser bonitos trajes y vestidos que cubren y adornan figuras humanas y que atacan, en este caso no en el campo, pero sí a víctimas inocentes, poco precavidas, que una vez, tras ríos de palabrería barata disfrazada de favores, depositaron su confianza en ellos. Nadie está a salvo, son listos. Además, en este caso, no hablamos solo de supervivencia, hablamos de avaricia. No se conforman, los buitres de despacho, solo con sobrevivir, ni mucho menos. Su hambre es insaciable y nunca comen lo suficiente. Comen y comen y comen todo lo que encuentran a su paso, recordándote que en su día te hicieron un favor dejándote el terreno necesario para que pastase tu vaca lo que les da derecho a comérsela si creen que no cumples con las obligaciones que contragiste con ellos por ese hecho.

Es curioso que la mayor catástrofe que está sufriendo nuestro campo sea una extraña metáfora de la mayor catástrofe que estamos sufriendo todos y cada uno de los ciudadanos de este país, por supuesto también de esta provincia. Es curioso que los ganaderos estén afónicos de tanto pedir soluciones a sus problemas mientras el resto, las víctimas de los buitres de corbata, aún no somos conscientes de que hay que alzar la voz, pedir responsabilidades a todas las especies, salvajes y carroñeras, que deciden manejar nuestros destinos de forma unilateral pensando sólo en seguir llenando el buche a pesar de que no lo necesitan.

No tiene fácil solución este asunto de los lobos y los buitres, no. En todo caso, lo único que podemos hacer es dejar de ser terneras en manos de carroñeros, dejar de ser ovejas en el punto de mira de los depredadores. Quizá debamos aprender algo de ellos y responder con la misma actitud. Ir a por lo nuestro sin importarnos a quién nos llevamos por delante. No olvidemos que en nuestro caso sí es una cuestión de supervivencia, aunque algunos piensen, desde su sillón de cuero o su coche oficial, que somos unos caprichosos por el mero hecho de querer sobrevivir.

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