El cambio climático (por Ramón Martín)

Tenemos la suerte de contar con un nueva colaboración, esta vez a cargo de Ramón Martín (@su_per_mon). Si tú también quieres participar en este blog, aquí te explicamos cómo hacerlo.


En los últimos 30 ó 40 años Ávila ha visto alejarse infraestructuras, industria y habitantes. Pero si -aparte de los pisos vacíos- hay algo en lo que aventajamos a otras provincia españolas, es en nuestra incorporación al cambio climático.

Ya hasta recordamos con nostalgia cuando Mariano Medina informaba las temperaturas y siempre estábamos ahí, destacando: “La mínima en Ávila, menos nosecuantos”; en casa hacíamos un gesto triunfal, ¡toómaya! Eran otros tiempos. Entonces, te pasabas la primera mitad de octubre pasmao de frío hasta en tu casa; porque ya se sabía que hasta que La Santa no diera el visto bueno, el día 15, no se encendían las calefacciones.

Pero el pasado año, en esas mismas fechas, nos hemos podido tomar unas cañas en cualquier terraza en mangas de camisa; como mucho con una rebequita. Con lo que era la calle San Segundo en octubre; ese túnel de viento siberiano, que ni atinabas a abrocharte la mierda de botones de palitos que llevaban las trencas.

Y en invierno ni olemos la nieve. Creo que la última vez que sacaron en el España Directo a los niños trineando al lado de la muralla fue porque Héctor Palencia desvió un pedido de nieve para los del Xanadú, porque yo no vi caer ni cuatro copos. Como para volver a atrapar a otro Guido Caprotti, si no es con una avería en la catenaria.

Y ahora llaman ola de frío a un par de días regulares. Por ello, y ante la inutilidad de oponerme, he decidido perpetrar un soneto, que por efecto de la globalización, finaliza con haiku-estrambote dedicado a mi amigo Guillermo, corrector de estilo y animador social.

Miré los grados de la patria mía
si un tiempo bajos, ya más moderados;
por Burgos, Soria y Cuenca superados,
y casi por Sevilla y Almería.

Aquella nuestra única alegría.
¡La mínima de España! Congelados
gozábamos haber sido nombrados,
ser líderes en algo por un día.

Acaben los inviernos anodinos,
que el frío sea el gran protagonista
y cale hasta los huesos con su garra.

Que vuelvan al Adaja los pingüinos.
Que cierren por nevada la autopista.
Que Jon Nieve se mude a La Cacharra.

A tal efecto,
ese invernadero
desatado va.

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Foto de avilared.com

 

 

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