Las columnas de Castilla

Esta no es una historia sobre los desastres de la Guerra Civil. Tampoco es una historia sobre la Dictadura. Es un relato sobre otra España, la olvidada.

En noviembre de 1936, la Guerra Civil provocada por el fracasado Golpe de Estado de julio parece cercana a su fin. Desde el sur, el ejército sublevado se acerca deprisa a la capital. El día 6, viernes, cinco columnas rebeldes están preparadas para entrar en Madrid. Ese mismo día, el “Gobierno de la Victoria” de Largo Caballero, un gobierno de coalición levantado para frenar el fascismo, decide abandonar la ciudad y huir a Valencia. La defensa de Madrid queda en manos de los generales Miajas y Pozas y de la Junta de Defensa. Tienen órdenes claras: resistir a toda costa, cueste lo que cueste.

Sobre el papel, la suerte parece echada. El caos en el que han vivido los fieles al gobierno republicano, la huida de sus líderes políticos y el desánimo de los hombres teñían de negro el futuro de la Capital. El día 8, domingo, el general gaditano José Valera ordena el asalto final a Madrid. Debería haber sido un avance rápido y concentrado, que permitiera a los atacantes neutralizar la teórica superioridad numérica de los defensores de Madrid. Debería, pero no fue así; un golpe de suerte cambió el curso del asalto. Los republicanos descubrieron en un carro de combate abatido la Orden General de Operaciones para la toma de Madrid. El ataque no se concentraría en el sur de la capital, sino en la Casa de Campo. Ese giro del destino permitió al general Vicente Rojo reorganizar la defensa de la capital y frenar el avance de los sublevados. El ataque relámpago se convirtió en un largo asedio que no acabaría hasta marzo de 1939.

Los frentes apenas se movieron desde que a finales de noviembre Franco ordenase detener los ataques directos a la capital. La recién acabada Ciudad Universitaria, primera línea de fuego del asedio, fue una de las zonas más afectadas por el frustrado asalto. La Casa de Velázquez, la Escuela de Ingenieros Agrónomos, el Asilo de Santa Cristina, el Clínico, la Fundación del Amo, la Residencia de Estudiantes y el Instituto de Higiene se convirtieron en escenarios de los combates. También lo fue el palacio de la Moncloa, un palacete de principios del s. XVII cuyas ruinas, pues eso era el edificio tras días de encarnizados enfrentamientos, fueron tomadas por los sublevados el 20 de noviembre.

El palacete de la Moncloa destruido por la Guerra Civil

El palacete de la Moncloa destruido por la Guerra Civil

Acabada la guerra, comenzó la reconstrucción de la Ciudad Universitaria y sobre las ruinas del antiguo palacete se levantó un nuevo palacio para que sirviese como residencia de personalidades nacionales y extranjeras durante sus estancias en la capital.

Al sur de Burgos, en el alfoz de la capital, se levanta la villa de Arcos de la Llana. Otrora pedanía moribunda, hoy pueblo dormitorio con cerca de dos mil habitantes salpicado de pareados. Junto a la Iglesia de San Miguel Arcángel, principal hito de la villa, se levantan los restos del Palacio Arzobispal. Construido en el S. XVI bajo el mecenazgo del arzobispo Vela Acuña y el cardenal Francisco de Mendoza, sirvió durante siglos como residencia veraniega de los arzobispos burgaleses.

La iglesia burgalesa fue una de las que más claramente tomó partido durante la Guerra Civil y durante la posterior dictadura. Tanto Manuel de Castro Alonso, titular del arzobispado durante la guerra y procurador de las cortes franquistas en 1943, como su sucesor, Luciano Pérez Platero, fueron beligerantes contra el gobierno republicano, defensores del Alzamiento, adalides de la Cruzada y partidarios del nuevo régimen.

A finales de los años 40, el Palacio Arzobispal estaba sin uso, como otras tantas propiedades de la Iglesia. El Arzobispo quería venderlo, desprenderse de aquella carga, y pronto encontró comprador: el propietario de una cercana fábrica de harinas. Por 26000 pesetas y dos cántaras de vino para consagrar, el antiguo palacio se convertía en fábrica y almacén. Pero no todo. El acuerdo de venta excluía las columnas del claustro. Para el comprador aquello no suponía ningún problema, los claustros renacentistas no suelen ser indispensables para la fabricación de harinas, así que firmó y se procedió a desmontar por completo el recinto, sin miramientos, conservando únicamente sus doce columnas. ¿Y para qué quería el arzobispo de Burgos esas columnas? Para regalarselas a Franco.

Aquí convergen la historia del palacio madrileño y del palacio burgalés. Las doce columnas de Arcos de la Llana viajaron hasta Madrid y se utilizaron en la reconstrucción del Palacio de la Moncloa, en la decoración y ennoblecimiento del antiguo patio, hoy Salón de Columnas. 

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El expolio del palacio burgalés es grave, pero palidece al lado de lo sucedido con las pinturas de San Baudelio, con el ábside de San Martín de Fuentidueña, con la iglesia de San Miguel de Tubilla del Agua y con el de tantos otros bienes vendidos, robados, perdidos o abandonados. Hoy, por fortuna, todos estos expolios serían impensables. Nadie permitiría que un millonario americano arrancara los frescos de una capilla o que un rico burgués catalán desmontara una iglesia. Hoy los enemigos del patrimonio de nuestra comunidad son el tiempo y el olvido, adversarios mucho más tenaces que el más terco de lo humanos.

Tú me levantas, tierra de Castilla,
en la rugosa palma de tu mano,
al cielo que te enciende y te refresca,
al cielo, tu amo,

Tierra nervuda, enjuta, despejada,
madre de corazones y de brazos,
toma el presente en ti viejos colores
del noble antaño.

Con la pradera cóncava del cielo
lindan en torno tus desnudos campos,
tiene en ti cuna el sol y en ti sepulcro
y en ti santuario.

Es todo cima tu extensión redonda
y en ti me siento al cielo levantado,
aire de cumbre es el que se respira
aquí, en tus páramos.

¡Ara gigante, tierra castellana,
a ese tu aire soltaré mis cantos,
si te son dignos bajarán al mundo
desde lo alto!

Castilla, Miguel de Unamuno

Polemicemos: Ávila, Gamonal, ponis y unicornios.

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Llevaba un par de semanas dando vueltas a la forma de traer lo sucedido en Burgos a este rincón, pero no encontraba manera. Si hay que pontificar, se pontifica, como buen español experto de barra de bar en mil materias; pero hay que intentar mantener las apariencias. Una cosa es no tener ni puta idea y otra que se note. Solo he estado una vez en Burgos en toda mi vida, hace poco más de un año, tres días, y de haber pasado por la ya famosa avenida Vitoria, debió ser en autobús, pero tampoco me he molestado en mirar el recorrido de las líneas que cogí estando allí. Mi único nexo con todo el caso es que el hotel en el que me hospedé está en el mismo edificio que el ático del Alcalde, pero mi opinión al respecto se limita, ya que el Alcalde no tuvo a bien invitarme a tomar algo, a señalar las buenas vistas que debe tener desde su salón. La foto que encabeza este post está tomada desde mi habitación, 4 plantas más abajo.

Como ven, mi autoridad para hablar de las carencias del barrio, de la corrupción local, de la planificación urbanística burgalesa o del carácter aguerrido y obrero del barrio; es bastante escasa. De lo que puedo opinar, por simple pertenencia, es del clima social que se respira en el conjunto del país, del hartazgo creciente -por no llamarlo cabreo- de amplias capas de la sociedad. ¿Qué es lo que hace que una ciudad tranquila y conservadora estalle por un aparcamiento subterráneo? No lo sé, pero si tuviese que jugarme una moneda de cincuenta céntimos, diría que es, simplemente, que la gente está, con perdón, hasta las narices y que lo que en Burgos sucedió por un bulevar, en Quintanilla de la Parra puede suceder por el asfaltado de una plaza y en Burguillos de Villarriba por las farolas de la entrada al pueblo si las circunstancias son propicias.

La gente está cansada y la crisis, que es más que económica, se ha llevado por delante la confianza que muchos ciudadano tenían en buena parte del sistema. Y el cambio en las actitudes de la ciudadanía hacia la política no se ha visto acompañado por un cambio en las formas de hacer política y de gestionar las instituciones, que en buena medida parecen estar esperando a que escampe para volver a sus viejas rutinas, aprobar nuevas recalificaciones, construir cosas y organizar actos. Cada decisión de las instituciones se toma como un posible ataque, a veces sin la menor reflexión, y se reacciona en consonancia. ¿O ustedes creen que un asunto como el del Murallito, en otro momento, habría levantado tanto revuelo?

Pero este cambio en la actitud de nuestros conciudadanos hacia la política no tiene por qué ser positivo. Uno es de naturaleza optimista, pero también tiene días malos. Todas las encuestas reflejan que el interés por la política no hace otra cosa que aumentar. Ahora bien ¿el conocimiento del funcionamiento del sistema, de la democracia y de nuestras instituciones ha aumentado de forma paralela a ese interés? Yo diría que no y eso, sumado al mencionado hartazgo provocado por la crisis, es un grave problema que degenera en altercados como el de Burgos, en movimientos ciudadanos y políticos sin ningún tipo de contacto con la realidad, en salvapatrias populistas y en saltos al vacío embadurnados de buenos sentimientos y consignas edulcoradas como el de Ponilandia.

Polemicemos. Que una mayoría -o una no mayoría muy ruidosa- pida algo no implica que tenga razón. No me refiero con esto a lo sucedido en Burgos, ahí tienen ustedes, por ponerles un ejemplo alejado, a los fanáticos de la familia tradicional y de bien, que son muchos y se manifiestan a menudo, lo cual no les da, por fortuna, la razón automáticamente. Los partidos están para algo más que ser correa de transmisión de las opiniones ciudadanas. Deben también guiar, formar la opinión y dirigir el debate ciudadano. Si una mayoría de los votantes del PP -o del Partido Z- quieren que los condenados por terrorismo pasen 100 años en la cárcel, desnudos, atados de pies y manos y obligados a escuchar una y otra vez el himno nacional; alguien les debería decir que no tienen razón, no solo esperar a que se olviden de la polémica. ¿Qué eso es más difícil que salir en la tele, con gesto duro, y decir que hay que endurecer, por vigesimoséptima vez, las leyes? Pues es verdad, pero de algo hay que morir. La democracia tampoco es ir votando a cada rato todo lo que nos apetezca, tenga o no sentido, encaje legal o contacto con la realidad. Ni decidir las cosas en asambleas con gritos mudos, biodanzas y a chakras alzados.

Lo voy a dejar aquí, antes que se enfaden y me hagan un escrache en la cuenta de tuiter o se cambien los avatares, los pongan de un color o al revés y me vea a forzado a dimitir de esto blog y de mi perfil en Facebook. Que Santa Teresa interceda por todos ustedes y por mi el primero.

Nueve aeropuertos, una comunidad

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“Volar, un sueño compartido por los hombres y las aves sin alas”

Coronel Leslie “Hap” Hapablap (The Simpson S07E138 “Sideshow Bob’s Last Gleaming”)

Desde que el bueno de Ícaro descubriera bruscamente que los vuelos de bajo coste acarrean ciertos riesgos, el mundo de la aviación ha dado grandes tardes de gloria a la humanidad. Los primeros bocetos de Leonardo Da Vinci, los hermanos Wright, el pequeño Spirit of St. Louis, el Concorde, el aeropuerto de Castellón…

Quizá el último elemento de la lista les choque un poco a primera vista, es normal, pero creo que su inclusión entre los hitos de la historia de la aviación es más que merecida. Estamos ante el primer aeropuerto del mundo dedicado únicamente a las personas y no a esos bichos grandes de metal con alas que inundan los demás aeropuertos. ¡Por fin las infraestructuras vistas desde una perspectiva humana! ¡Al fin comenzamos a humanizar el cielo!  Por si esto fuera poco – que no lo es – es justo señalar que su inauguración y todo lo que ha rodeado a la infraestructura desde entonces ha sido, sin lugar a dudas, una de las cimas del humor patrio. Sí, sí, del humor. Pongamos esto en perspectiva. Ahora los discursos de Cospedal, Floriano y González Pons sobre la no-relación simulada y diferida del señor Bárcenas con el PP, sus circunloquios, su original interpretación de la legislación laboral, sus tartamudeos y sus sudores; llenan de alegría y chanza las reuniones familiares, pero en aquella época los amantes de la carcajada gutural teníamos que sobrevivir riéndonos del esdrujuleo de Zapatero, de la dificultad de Pepiño Blanco para pronunciar dos consonantes seguidas o de las ocurrencias simplonas de Leire Pajín. En aquel erial del humor, Francisco Camps – Paco para los amiguitos del alma – y Carlos Fabra, con su aeropuerto para las personas y sus extravagantes ideas sobre los griegos, los romanos y los fenicios que habían pasado por Castellón sin que existiesen aún los aviones; supusieron un soplo de aire fresco para este país.

“Hay quien dice que estamos locos por inaugurar un aeropuerto sin aviones. No han entendido nada. (…) Este es un aeropuerto para las personas (…) A partir de hoy, durante mes y medio, cualquier ciudadano que lo desee podrá visitar esta terminal o caminar por las pistas de aterrizaje, cosa que no podrían hacer si fueran a aterrizar o despegar aviones”

Pero no nos vayamos por las ramas y no nos dejemos llevar por la añoranza de estas viejas glorias de la política nacional. Aquí hemos venido hoy a hablar del mundo de la aviación y de los aeropuertos.

Aunque el aeropuerto para las personas de Castellón, quizá la gran aportación española a la aviación desde el autogiro, es mundialmente conocido, no es el único de su modalidad en el solar ibérico: a su lado están el aeropuerto privado pagado con dinero público de Ciudad Real, el (segundo) aeropuerto de Murcia, el de Huesca (1300 pasajeros el año pasado), el de Lleida… La lista de aeropuertos vacíos (o casi vacíos) es cada vez más larga: poco a poco se van sumando otros que hasta ahora mantenían, mal que bien, su actividad. Ahí está, por ejemplo, el aeropuerto de Badajoz, muerto por segunda vez en dos años y a la espera de un tercera resurrección.

¿Y Castilla y León? Ya lo decía Santiago Segura en el famoso anuncio protagonizado por Fofito: “Aquí tenemos aeropuertos para aburrir”. Y es que nuestra amada comunidad birregional y conjuntiva cuenta con la nada despreciable cifra de 4 aeropuertos: Valladolid, Burgos, León y Salamanca. Un aeropuerto por cada 600.000 habitantes de la comunidad. ¿Y terminales? Comarcas enteras.

¿Y como van los aeropuertos regionales? Pues regular tirando a mal. Digamos que mejor que el aeropuerto de Castellón, pero no por demasiado.

El año pasado los aeropuertos de Castilla y León registraron, en total, menos de medio millón de viajeros. ¿Cada uno? No, los cuatro juntos, y todos perdieron pasajeros con respecto al año anterior: Valladolid más de un 18%, Salamanca un 39% y Burgos y León más de un 40%. Y este año las cosas no tienen pinta de ir a mejorar. El aeropuerto de Valladolid, el que más actividad tenía de la región (casi 380.000 pasajeros y más de 6500 operaciones), se queda durante el mes de marzo con un único vuelo diario a Barcelona tras anunciar Ryanair que cancelaba las rutas a Bruselas y Londrés y tras el cese de actividad de la aerolínea Orbest, dependiente del grupo Orizonia, que conectaba la no-capital regional con Tenerife. Y mercancías tampoco es que pasen muchas por allí: durante el mes de enero el aeropuerto situado en Villanubla registró un volumen total de mercancías igual a cero.

Como decíamos, desde Valladolid solo podemos ir a Barcelona, pero hay más aeropuertos, todos tranquilos. Si algún loco quiere dejar de ser figurante en el museo más grande del mundo, seguro que tiene más opciones que irse a Cataluña. Desde los otros aeropuertos de la región ¿a dónde podemos viajar? Veamos. Según la página de AENA, ahora mismo desde el aeropuerto de Salamanca podemos volar solamente a Barcelona. Y desde el de Burgos también a Barcelona. ¡Qué casualidad! ¿Y desde León? No se lo van a creer, pero desde León también se puede volar únicamente a Barcelona. ¡Para que luego digan que los meseteños tenemos algún problema con los catalanes! ¡Si tenemos cuatro aeropuertos solo para poder ir a Barcelona!

Y me pregunto yo ¿es necesario que Castilla y León tenga cuatro aeropuertos para ir a la ciudad condal? Veamos unas cifras y luego discutimos. En el año 2011, los aeropuertos de la región acumularon unas pérdidas conjuntas de 30,32 millones de euros y sumaban un total de 290,7 millones de deuda. Cuatro perras a las que habría que añadir las subvenciones, encubiertas como contratos publicitarios, que las administraciones regionales conceden a las aerolíneas para mantener los vuelos. Ya saben, el liberalismo y tal. ¿Y cuánto dinero será eso? Pues según este artículo (PDF), entre 2009 y 2012 la Junta de Castilla y León abonó a Air Nostrum más de 32 millones de euros por mantener sus vuelos en los cuatro aeropuertos de la región. Y todo transparencia: el acuerdo entre la Junta y Ryanair (al menos otros dos millones anuales) para los vuelos desde Villanubla es secreto. Según un informe de la Comisión Nacional de la Competencia, desde 2007 a 2011 habríamos apoquinado en total 84 millones de €. Este un buen momento para recordar que el cierre de las urgencias rurales supondrá un ahorro de millón y medio de euros.

Rentabilidad social, me dirán. Es importante para el turismo, en verano hay más vuelo, ayuda a mantener puestos de trabajo. Déjenme que sea un poco escéptico con esto de que mantener los aeropuertos abiertos ayude a atraer turistas. La primera prueba que aporto a favor de mi teoría es que el diseño de las líneas está más pensado para llevar turistas a la playa que para traerlos a la comunidad. Los vuelos veraniegos a Málaga o Lanzarote ¿son para que vengan a la comunidad o para que los de la comunidad vayamos al mar? Sí, los vuelos a Barcelona permiten conectar con vuelos internacionales, pero volvemos a tener que plantearnos la misma cuestión ¿son para que los turistas europeos conecten con vuelos que les traen a la región o para que los de aquí nos vayamos a Europa con parada en Barcelona? Un curiosidad extraída del artículo que les enlacé antes: el Aeropuerto de Vitoria contó durante el año 2006 con un vuelo directo a Londres. ¿Saben cuántos turistas británicos más se alojaron en la provincia en 2006 respecto a 2005? Quinientos, medio millar.

¿Quién le pone el cascabel al gato? El problema, claramente, es que aunque sepamos, o sospechemos, que mantener los cuatro aeropuertos abiertos no tiene sentido, nadie va a querer correr con los costes políticos de cerrarlos. Si convenimos en cerrar los aeropuertos más pequeños ¿quién le dice a salmantinos, burgaleses o leoneses que hay que cerrar sus aeropuertos? Yo dejaría abierto el de Valladolid solo por no tener que escuchar a León de la Riva. ¿Y si decidimos dejar de dar ayudas públicas a las aerolíneas y se van todas de la región? Porque, como todos pueden suponer, todos esos aeropuertos son fundamentales y estratégicos para sus ayuntamientos y diputaciones, empezando por el de Valladolid, el único necesario, según León de la Riva, ya que “está centrado y es equidistante”. Allí el Ayuntamiento está incluso dispuesto a apoquinar de su bolsillo el aumento de las tasas aeroportuarias si eso sirve para mantener los vuelos de Ryanair. En León se han recogido 50000 firmas para solicitar más vuelos. En Salamanca gobierno y oposición están de acuerdo en lo vital del aeropuerto por su situación estratégica. Y en Burgos el Alcalde no se cansa de destacar la rentabilidad social de la infraestructura. ¿Y la Junta qué dice? Que los cuatro aeropuertos son necesarios y una apuesta de futuro para la comunidad.

Dos sospechas y una certeza: La primera sospecha, que es casi una certeza, es que sin ayudas públicas ningún aeropuerto de la comunidad sobreviviría. La segunda sospecha es que las subvenciones están sirviendo más para abaratar las vacaciones de los habitantes de la comunidad que para atraer turismo; y me van a perdonar, pero no sé si me apetece dedicar mis impuestos a que ustedes vayan más cómoda y rápidamente a mojar el culo en el Mediterráneo. La certeza es que si Ícaro sobrevolase España dentro de unos años, iba a encontrar muchos aeropuertos para personas en los que aterrizar.

PS.- Como en Ávila somos pobres, en lugar de aeropuerto sin aviones tenemos una estación de autobuses sin autobuses. El innovabulensismo del que les hablaba en su día Pablo.

PS2.- La foto de “las aves” 😉 ha sido cedida amablemente por @Manel. Más fotos suyas en su galería de Flickr

Turismo de interior

La semana pasada, mientras el invierno llegaba de golpe a la península histérica, pasé unos días – sí, otra vez voy a hablar de mi – haciendo un poco de turismo cultural: museos, iglesias, edificios singulares, bares… Sí, he dicho bares ¿acaso la gastronomía no es cultura? ¿La forma de tirar la caña no es parte del folclore propio de cada ciudad? Como uno es un patriota de la única patria verdadera, la cuenta bancaria, no me marché muy lejos y, para colaborar con el terruño que a uno le vió nacer, dediqué mis días de asueto a ver a familiares y conocidos en la ciudad amurallada y a recorrer Burgos y Palencia, levantando con ello, en la medida de lo posible, la economía castellanoleonesa, en concreto su sector hotelero/hostelero. Turismo de interior, lo llaman.

Reja Targaryen – Catedral de Burgos (click para ampliar)

No se preocupen, no les voy a pasar las diapositivas de mis vacaciones. Como les digo, cuando visito una ciudad suelo ver los monumentos más representativos (también los menos, para que engañarnos) y normalmente viajo con una planificación* lo más meticulosa posible para intentar abarcar el mayor número de lugares de interés en el menor tiempo posible. Esto requiere conocer de antemano qué hay que visitar y a qué hora es posible hacerlo. Y es aquí donde surgen normalmente los problemas.

Internet es un sitio estupendo para encontrar información de este tipo, pero no siempre es fiable. Si cuando buscas los horarios de apertura de la Catedral de Palencia – la “Bella Desconocida” – encuentras seis horarios distintos, y otro tanto te pasa con la de Burgos, tú, como usuario, debes realizar una criba y seleccionar de entre todos ellos los que te parezcan más fiables. Normalmente estos terminan siendo los que figuran en la página de los propios monumentos, cuando estos disponen de ella, o en los organismos oficiales. El problema es que no todos los organismos son igual de fiables. Por ponerles un ejemplo, la página de Turismo de la Junta es especialmente desafortunada en cuanto a precios y horarios, lo que, por cierto, es bastante lamentable.

Los horarios de la Catedral de Palencia los terminé encontrado en la web de turismo de la Diputación, aunque tengo que señalar que no fue precisamente sencillo, y me fue imposible en la del Ayuntamiento o en la de la propia Catedral (que tiene pinta de haberse detenido en algún momento a finales de los 90). Siempre queda la posibilidad de la que la culpa fuese mía, no lo descarten, pero harían bien en poner las cosas fáciles a la gente despistada y con poca paciencia como yo. Burgos es otra cosa. En al web del Ayuntamiento, la información turística es fácilmente accesible y coincide, a grandes rasgos, con la que proporciona la web de turismo de la Diputación. Además, la Catedral de Burgos cuenta con web propia en la que se informa de los horarios de apertura, aunque, fíjate tú que casualidad, se olvida de indicar que los martes por la tarde la visita es gratuita.

También intenté visitar la Catedral de Ávila, y más de lo mismo. En las páginas de turismo de la Junta y del Estado los horarios no coinciden del todo. Y luego están las web abulenses. Sabemos, fue una exclusiva de este rincón, que el Ayuntamiento está preparando una web turística de la ciudad, pero de momento no hay nada disponible y en la última remodelación de la web municipal no han incluido nada sobre este tema, tan solo un enlace a la citada futura web de turismo que de momento no conduce a ningún lugar. Por su parte, la Diputación presentó hace poco su web de turismo y, a la espera de que el Sr. Juan Luis del Pozo nos de su opinión y nos explique sus virtudes y defectos y dónde han ido a parar los euros que nos ha costado, les voy a dar mi parecer: la web es una chufa que no sirve para nada (o para muy poco). No hablo de diseño, ni de despliegue multimedia, ni de velocidad de carga, ni de nada de eso; hablo desde el punto de vista del turista que busca información. En el caso que nos ocupa, los horarios de visita de la Catedral, la web de la Diputación no sirve para nada. No es que figuren mal, es que ni figuran ni parece que vayan a hacerlo. ¿Y los precios? Tampoco. Pero ni de la Catedral, ni de ningún otro monumento. ¿Para qué sirve una web oficial de turismo, pagada a escote por los ciudadanos, que aporta menos información al turista que la wikipedia o que un blog?

Entonces ¿cuales son los horarios de visita de la Catedral? Por fortuna, la Catedral cuenta con página web (aunque no resulta sencilla de localizar en los buscadores) y allí se pueden consultar los horarios del Museo que, supongo, coinciden con la apertura turística de la Seo, aunque allí no lo aclara. Además, en un blog informan sobre los horarios en fechas concretas (puentes, celebraciones y fiestas de guardar) y los posibles cambios por obras, aunque en ninguno de ellos figura el precio de la entrada ni el día de visita gratuita – como en Burgos, qué casualidad – que creo recordar es el martes por la mañana.

Como vemos, aún quedan muchas cosas por mejorar en algo tan importante para la ciudad como el turismo.

PS.- La Catedral bien en el “dospuntocerismo”, pero en la puerta del templo, cuando este está cerrado, el horario que figura es el siguiente:

Del 28 de Octubre al 24 de Febrero.-  De lunes a viernes: 10-16:30. Sábados: 10-18. Domingos y festivos 12-15:30.

Del 17 de Septiembre al 28 de Octubre.- De lunes a viernes: 10-17:30. Sábados: 10-19. Domingos y festivos: 12-15:30.

Del 15 de Julio al 16 de Septiembre.- De lunes a viernes: 10-19. Sábados: 10-19:30. Domingos y festivos 12-15:30.

¿Que pasa del 25 de Febrero al 15 de Julio? ¿Y el 28 de Octubre?

* De esto se encarga mi adorable pareja, yo soy el que hace las fotos. 🙂

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