Ocho apellidos palos (El increíble caso de B.B.)

Es ya una tradición en las fiestas de fin de año que este rincón acoja un relato a cuatro manos. Cada vez le toca empezar a uno de los paleros, y por turnos se va completando un relato que siempre se envenena en intrincadas peripecias.

– Primera Edición: “Ávila, universo par” (arrancó Alberto y cerró Pablo)
– Segunda Edición: “Clandestinos”  (arrancó Willy y cerró Alberto)
– Tercera Edición: “Referéndum al tun tun” (arrancó Pablo y cerró Rubén)

la foto 1Ocho apellidos palos (El increíble caso de B.B.)

Cuando Benjamin B. despertó en la mañana, después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su estante un teléfono en llamas. Lo que antes fuera el celular de las intrigas estaba ardiendo, y de él ya solo quedaba una masa en forma de caparazón.

«¿Qué le habrá ocurrido al Whats´app?», pensó.

Su despacho, una habitación inhumana, pequeña, hasta entonces aparentemente tranquila dentro de las cuatro paredes del Ayuntamiento, olía a quemado. El fuego que todo lo purificaría. Aun somnoliento no se había percartado de que era el día de la señal. Pero no, no era un sueño.

Benjamin había logrado sobrevivir políticamente como portavoz del PSOE-A (de Ávila y Auténtico), superviviente de las guerras fratricidas del que fuera su partido durante décadas.

Por encima de la mesa, sobre la que había extendido un muestrario de poemas y unos discos de Gabinete Caligari -ante todo Benjamin era un sentimental- estaba escondida la foto del día que lo cambió todo. La imagen estaba a punto de ser pasto de las llamas, así que Benjamin no se lo pensó. Cogió el pequeño cuadro y salió corriendo hacia el Mercado Chico.

En sus manos estaba a salvo la instantánea. En ella se veía la ciudad desde los Cuatro Postes con tres personas colocadas alrededor de la cruz con un tablero de ouija. Ella era una dama ataviada con un sombrero y una boa de piel, a la que se veía en la imagen sentada y muy firme, y a la que los conocidos, sin que ella lo supiera, la llamaban La Pechotes. Él un joven emprendedor, un conseguidor, se hacía llamar John Fitzgerald, o, en la intimidad, Nicolás. Benjamin era el tercero. la foto 2

Recordaba aquel momento como si fuera ayer:

– Más te vale que funcione, John Fitzgerald.
* Puedes llamarme Nicolas, Thomas.
– Te he dicho que me llames Benjamin.
* Como gustes.

Mientras, la mujer se encontraba en estado de trance.

^ Del Pozo, Negro, Del Pozo, Garcinuño… Del Pozo, Del Pozo, Garcinuño, Del Pozo.

– No lo va a conseguir, John. No sale de esos cuatro apellidos. Se estanca en el “Del Pozo”. Nos faltan cuatro apellidos, maldita sea.

Contaba la leyenda que si decías los ocho apellidos palos en mitad de los Cuatro Postes lograrías convertirte en la nueva cara que necesitaba la ciudad,el  estandarte del puño y la rosa, el hombre que envejecería al revés y cada vez sería más guapo, más hábil, más fuerte.  El hipnotizador de voluntades, el animal político al que nunca más recordarían que se había presentado en elecciones anteriores para perder más y más concejales, porque muy al contrario ahora cada vez sería más joven y apuesto. Era el sueño de su vida, ser el hombre que cambiaría el PSOE(A) desde dentro y dejaría su huella pisada. El magno y novedoso renovador, adalid del puro cambio, que haría arrodillarse a su paso a todo concejal guapo que se le pusiera por delante.

Pero aquello todavía estaba por llegar, habría que ser pacientes. En la nochevieja de 2014, Podemos ni siquiera era todavía el partido del gobierno. Seguía al mando Rajoy y Bergoglio seguía sin confirmar si iría a la ciudad de las murallas.

^ Es inútil. Sin los apellidos del viñetas no hay sortilegio posible.

La cuarta pieza de la conspiración, el fotógrafo que había inmortalizado el momento, era un ambicioso profesor de universidad con coleta que no se andaba con remilgos.

_ El cielo se toma por asalto, Benjamin. Hay que raptar a esa panda de mequetrefes y obligarles a cantar.

Del Pozo, Negro, Garcinuño, el otro Del Pozo y el viñetas estaban echando un refrigerio en San Roque cuando todo cambió. En el Prisma vieron entrar a un chico con apariencia bien, que se hacía llamar Errejón, y  a otro con cara más como de ser encargado de una tienda en la Calle San Segundo, el camarada Monedero.

¨ Claro que podemos, Iñigo. Son esos cinco mamelucos.

La estrategia venía de años atrás. Desde La Complutense se había marcado la agenda de lo que sería el asalto a La Moncloa. Sabían, vaya sí lo sabían, que hacer caer al poder en Ávila sería la chispa definitiva para hacerse con la nación entera. Habían logrado dinamitar el PSOE de Ávila y distraer a verdes y magentas con círculos y convergencias random. Ya solo necesitaban que esos cabrones del blog dejaran de importunar con sus chistecitos. “No es país para churches”, habían titulado su última entrada.

No habría ninguna más. Un año después el ayuntamiento estaba en llamas y Benjamin había cumplido su objetivo: cada vez estaba más joven, más puro, más bradpitt. Encabezaba las encuestas y todo estaba saliendo a pedir de boca. Ya lo había augurado su eslogan de campaña en 2015:

Más Blanco.

….

Pocos segundos antes de que Monedero y Errejón dieran un sartenazo en el colodrillo a cada uno de los cuatro palos (e Illo), Willy había vuelto de la barra con un café doble y un mensaje.

“Es Froilán. Dice que ya están aquí. Que sigamos el plan previsto, el CNI no nos dejará a nuestro albur. Volverán a por nosotros. Va a doler, pero dejaos llevar. Todo sea por Ávila, por los comuneros de Castilla, por la Santa, por la Fábrica de Harinas, por la letra entre la I y la K, por Ariel Rot y por The Quireboys”.

¡Cloncccc! 

Tenía la cabeza dura, el muy pelos.                                       (la historia continúa aquí)

Un AVE de vuelo gallináceo

En Ávila, el tema de los trenes, sobre todo la conexión con Madrid, entraña cierta polémica desde antiguo, más o menos desde la construcción de la linea Imperial en la segunda mitad del S. XIX, y esta no parece disminuir con los años. Por poner un ejemplo, recientemente hemos conocido a través de los medios de comunicación tradicionales que los viajeros que utilizan la linea entre nuestra ciudad y la capital de España van a tener que hacer transbordo en El Escorial en cuatro servicios, con lo que tardarán más de dos horas en recorrer los 120 kilométros que separan ambas ciudades. Si consideran que esto no es un problema demasiado grave, que lo es, imagínense esperando en El Escorial, en un andén, a las 7 de la mañana, en pleno invierno. Mi consejo a los usuarios de la línea: calzoncillos hasta los tobillos, termos con bebidas calientes, camisetas térmicas bajo la ropa de calle y mucha paciencia.

El otro tema siempre candente de la actualidad ferroviaria abulense, o más bien el mismo tema desde otro ángulo, es la llegada a Ávila, o no, de la Alta Velocidad y sus derivadas: trazado, plazos, precio, etc. Todo lo relacionado con esta posibilidad da para escribir un libro de género ecléctico a caballo entre la novela negra, la tragedia clásica y una comedia estadounidense dirigida por Woody Allen, protagonizada por Penélope Cruz y ambientada en Barcelona (Sí, es una pulla gratuita, lo sé, pero aporta al cóctel ferroviario el toque fino y sutil de aburrimiento elegante y de mal disimulada propaganda).

Todo empiezó hace ya un tiempo en algún oscuro despacho de algún siniestro ministerio (A long time ago, in a galaxy far, far away…) cuando se decide, por motivos técnicos, que la conexión de Alta Velocidad de Madrid con el norte de la península pase por Segovia, túnel del Guadarrama mediante, en lugar de por Ávila. Aquí llega la parte trágica: ¡Ávila quedaba apeada del tren del futuro y sería presa del tiempo y del olvido! Quizá dicho así no suene muy trágico, pero añadan a la noticia unas cuantas plañideras, gente triste y varios zombies (estos últimos para decorar, no se asusten).

Por fortuna para todos, en el año 1999 el presidente Aznar presenta el Plan de Infraestructuras 2000-2007 que tiene como objetivo, entre otras cosas, que todas las capitales de provincia queden unidas con Madrid por lineas de Alta Velocidad. Casi 8000 kilómetros de vías y una inversión de varios billones de pesetas para vertebrar de una vez España. En aquel plan, la conexión de Ávila a la Alta Velocidad se solucionaba con la construcción de una línea desde nuestra ciudad hasta Santa María la Real de Nieva, a unos 30 km de Segovia. El gobierno popular no puso mucho empeño en sacar adelante la linea, para qué mentir, y el PSOE denunció el trazado como un apaño sin futuro. Llega 2004, cambia el gobierno de Madrid y el nuevo ministerio de Fomento se saca de la manga un nuevo plan de infraestructuras, en este caso el Plan Estratégico de Infraestructuras y Transporte (PEIT) 2005-2020. De este nuevo documento se cae la conexión con Segovia que es sustituida por una Linea de Altas Prestaciones Madrid-Ávila-Salamanca. La alternativa es bien recibida en el PSOE, que incluso pone fecha a la inauguración del proyecto (para 2011, debe estar al caer) y mal recibida en el PP. En 2006 se saca a licitación el estudio funcional del corredor que es adjudicado a comienzos de 2007. ¿Resultado? Vuelta al origen: nada de altas prestaciones hasta Madrid reformando el trazado antiguo, se construirá una línea nueva hasta Segovia, no hasta Santa María y se realizarán algunas mejoras en la línea convencional hasta Madrid. El cambio es bien recibido por el PSOE, que argumenta que es la opción mas viable y que el trazado es mejor que el propuesto por el PP y mal recibido por el PP, que recrimina al gobierno todos estos años de dimes y diretes y el carácter electoralista del anuncio. El Ministro Blanco lo anuncia en 2010 y en abril de 2011 se adjudica la redacción del estudio informativo.

Y en estas estamos. Parece que Ávila tendrá Alta Velocidad un día de estos, más tarde que temprano, y mientras tanto los partidos políticos intentarán usar su construcción como arma electoral, traviesa va, traviesa viene. Ahora bien ¿realmente necesitamos un AVE?

Ya sé que esto que voy a decir a continuación no es opinión mayoritaria en la ciudad pero si para algo sirve un blog es para ir metiéndose en todos los charcos habidos y por haber. Creo que ni necesitamos un AVE, ni su construcción va a reportar a la ciudad gran cosa. El impacto del AVE en las ciudades a las que llega es limitado. Sí, de verdad, muy limitado. El AVE es un cacharro fascinante que mejora la competitividad de los grandes nodos de población al conectarlos (Madrid-Barcelona, Madrid-Valencia, en menor medida Madrid-Valladolid) pero que no mejora nada o casi nada la situación económica de las ciudades pequeñas (según algunos entendidos las consecuencias son incluso negativas al hacer más atráctivo los nodos más grandes). El mayor impacto que produce el AVE en las ciudades pequeñas es urbanístico, nuevos barrios, nuevo suelo urbanizable, etc; justo lo que no necesitamos aquí. En España profesamos una fe en las infraestructuras que en muchas ocasiones no está basada ni en hechos tangibles ni en estudios creíbles. Y luego está el tiempo de viaje hasta Madrid ¿Estaríamos dispuestos a pagar el doble por ahorrarnos 25-30 minutos de trayecto? Supongo que mucha gente no. ¿Estaría entonces justificada una inversión de más de 500 millones de euros? Me temo que no. No es lógico contruir una linea para que por ella solo se paseen los trenes sin viajeros dentro. Respondo ya al manido argumento de que también tenemos derecho: tener un AVE a la puerta de casa no está en la Constitución y por muchos impuestos que paguemos, es un decir, no dan para todo.

Yo en su día aposté por la línea de Alta Prestaciones, es verdad, pero los estudios técnicos han acabado con el proyecto (básicamente el coste, en torno a los 1000 millones de €, y la faraónica obra que habría que hacer en muchos sitios para sortear los accidentes del terreno) Tan solo nos queda pedir que se mejore la línea actual con Madrid dentro de lo razonable, que se siga invirtiendo en las líneas de Salamanca y Valladolid y que se mantengan todos los servicios posibles. Si por mi fuera, este tren no pasaría por Ávila y creo que el tiempo y la crisis me terminarán dando la razón.

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