Aclaraciones sobre el agitado siglo IV abulense

Deprisa. Corran a su armario y recuperen su sombrero de ala ancha, su chupa de cuero oscura y su mejor látigo. No, no vamos a hablar de ningún tipo de perversión sexual. Hoy es sábado y toca hablar de cultura y, en concreto, de arqueología (el sombrero, el látigo… ya saben… Indiana Jones)

En primer lugar, pedir perdón a aquellos que se habían emocionado pensando que íbamos a tratar de algo más ameno y festivo. En segundo lugar, pedir perdón a todos aquellos que tienen como referente de la práctica arqueológica a Lara Croft (o a Angelina Jolie) y a todos aquellos que desprecian por igual a ambos por ser los antiheroes de una profesión que pretende ser tratada como ciencia.

De vez en cuando (muy de vez en cuando a mi gusto) la arqueología local se convierte en noticia. Evidentemente, ni todo el patrimonio ni toda la historia de la ciudad están a la vista. Una parte se ha perdido para siempre (incapacidad, dejadez, falta de presupuesto, Moneo) y otra parte permanece oculta, a escasos centímetros de las losetas graníticas que pavimentan toda la ciudad o del escaso cesped que persiste en algunos jardines. Por fortuna, las cada vez más frecuentes intervenciones arqueológicas permiten sacar a la luz ese patrimonio, aunque solo sea para conocerlo y estudiarlo y no para ser contemplado. Decía que de cuando en cuando, la arqueología local se convierte en noticia. Esta semana ha sido uno de esos “cuandos” y encima por partida doble. ¡Lo que hace Agosto en los medios! Aviso para arqueólogos e historiadores: he resumido. Aviso para no arqueólogos e historiadores: no he resumido mucho.

Primero. El jueves por la mañana nos enterábamos de los resultados de pequeña intervención en la Plaza del Ejército. Una excavación arqueológica realizada por la Fundación de Patrimonio Histórico dentro de los trabajos de restauración de la Iglesia de San Pedro permitió documentar (la excavación concluyó hace un tiempo) una serie de tumbas datadas entre los S. IV y XVI. Los 30 enterramientos encontrados no suponen una sorpresa, ya que los enterramientos en esta zona están bien documentados desde la década de los 50 (Rodríguez Almeida), pero redundan en algo que creo conveniente señalar: el papel del entorno de la actual Iglesia de San Pedro como un area sacra de la ciudad practicamente durante toda la historia de Ávila. A la vista está la Iglesia de San Pedro, construida en la primera mitad del S. XII, pero antes de ella la Iglesia de Santa María la Antigua, oculta pero a la vista, fue fundada posiblemente en el S. VII como monasterio mixto; y antes de todo esto la basílica paleocristiana (S. IV) localizada en el año 2007 entre ambas iglesias. Es decir, estamos ante un espacio público utilizado con una finalidad religiosa al menos desde el S. IV y seguramente como espacio fúnebre desde antes (la cimentación de la basílica parecía cortar enterramientos más antiguos). Un enclave único en la historia de la ciudad, un lugar donde durante 1700 años ha latido la fe del pueblo y se ha despedido para siempre a los seres queridos.

La segunda noticia llegaba a los medios la tarde del mismo jueves y ocupaba algunas portadas los viernes con titulares, en algunos casos, muy desafortunados. La buena nueva es que las excavaciones realizadas en torno a la puerta del Alcazar parecen confirmar que la actual muralla se configura sobre los restos de otra más antigua que los expertos se aventuran a fechar entre el S. IV y el S. VII. Primero, desmentir titulares. Estos datos no quieren decir que la muralla sea más antigua de lo que hasta ahora pensábamos. Repito. La muralla se construyó en los siglos XI-XII. La muralla de Ávila no es romana ni tiene diecisiete siglos. Lo que aporta esta noticia es que en algunos puntos parece confirmarse que se siguió el trazado de una fortificación anterior de la cual pudo aprovecharse algún resto. Que usted tenga encima de la chimenea una espada del S. XVI que ha comprado en una tienda de antigüedades no convierte su hogar en un palacete renacentista.

En segundo lugar, que la muralla pudiese apoyarse en una más antigua era una hipótesis manejada desde hace tiempo, aunque hasta el momento los datos de los estudios realizados sobre la misma no permitiesen confirmarlo. Vamos, que tampoco estamos ante una revolución. Ni es más antigua de lo que se pensaba, ni los descubierto ahora debe dejarnos ojipláticos. Rodriguez Almeida lleva años apuntando que el origen del cerco medieval es romano, señalando incluso algunos puntos de la actual muralla (principalmente en el lienzo este, puerta de San Vicente incluida) en los que podría reconocerse los restos de la primigenia fortaleza romana. La teoría de Rodríguez Almeida, que fecha la primera fortificación en el S. I d.C, se basa principalmente en criterios tipológicos y formales un tanto discutibles y escasamente respaldados hasta el momento por datos contrastados. A su favor, las aparentemente hiladas romanas de opus quadratum aparecidas junto al famoso verraco empotrado en la base de la muralla en la puerta de San Vicente y asociadas a algunos niveles y un pavimento romano que los autores de las excavaciones fechan en el S. I d.C. En su contra, una gota de lluvía no hace tormenta. Es un dato aislado, de una cronología dudosa y de mucha menor entidad que los cubos y lienzos romanos que el investigador ve integrados en la muralla actual.

Otros autores han defendido que, igual que muchas otras ciudades de la época, Ávila construyó su muralla en torno al S. IV-V. De estos momentos son las murallas de Coria, Lugo, León, Barcelona, Gerona o Veleia. Además, el registro arqueológico de la provincia apunta que esta fue una época inestable que podría justificar la necesidad de levantar un recinto amurallado para proteger la ciudad. Nadie se pone a construir una muralla si no tiene la necesidad de defenderse. Esta hipótesis parece ahora apuntalada por los nuevos datos aparecidos en la Puerta del Alcazar, y quizá por ese “algo raro” de la Puerta de San Vicente que apunta la arqueóloga municipal. (Crítica constructiva: que yo en un post diga “algo raro” va con el tono del blog. Que lo diga Iker Jiménez pega con el tono del programa que dirige. Que la arqueóloga municipal, ante la prensa, diga que vieron “algo raro” queda muy poco científico)

Resumiento. ¿Damos por cerrado el tema y confirmamos que Ávila contó con una muralla tardorromana? Ni mucho menos. Tenemos dos incidicios que apuntan a esa fecha, quizá uno que apunta a una época anterior, y un montón de dudas y de silencios. Hay que seguir investigando para dar una respuesta concreta a los interrogantes que restan. La ciencia es así de aburrida. De todas formas, si los informes de las excavaciones fueran públicos (existe la fea costumbre de no publicar estas cosas) quizá fuese más fácil aclarar ciertas cuestiones como a que niveles están asociados los restos de la fortificación, materiales y obra de la supuesta fortificación, etc. De momento, en cuanto al origen, el siglo IV lleva la delantera y es la posibilidad más lógica, pero no hay nada cerrado.

PS.- Todas estas cosas explicadas en un Museo de Historia de la Ciudad quedarían chulísimas ¿no creen?

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