Un debate para la reflexión

Cuando uno sigue la Eurocopa este año tiene la sensación de que sobran equipos. ¿Irlanda del Norte? ¿Hungría? ¿Albania? ¿Islandia es un país? Casi se echa en falta a Australia o a Azerbaiyán, últimas adquisiciones continentales en lo relacionado con la canción melódica y la organización de grandes premios de Fórmula 1 ¿Y por qué dura tanto? No creo que ningún aficionado al fútbol se queje de tener fútbol a todas horas en la televisión, en la radio y en los informativos —a nadie le amarga un dulce—, pero dudo mucho que Piqué tenga tantas gracias y chascarrillos preparados para aguantar un mes de competición al nivel actual. Si España llega a la final no podemos descartar que el central blaugrana escuche el himno con los calzoncillos bajados, haciendo el pino o decapite a una gallina entre el cuarto y el quinto lalalá.

Esta sensación de exceso, de estómago lleno tras comida navideña, es similar a la que sentí hace más o menos seis meses viendo el debate de candidatos abulenses al Congreso con motivo de las pasadas elecciones. ¿Seis candidatos? ¿De verdad? ¿UPyD sigue existiendo? El pasado jueves, el debate, como las elecciones y las páginas amarillas, volvió a entrar en nuestras casas, pero esta vez no eran seis los contendientes. La fusión fría de IU y Podemos restó un ponente a la izquierda y UPyD no recibió su invitación a la fiesta, como ese amigo pesado del trabajo del que siempre pierdes la dirección cuando llega la hora de organizar una boda. Viviremos siempre con la duda de si se habría presentado al debate con sombrero. Por cierto ¿por qué la gente ya no lleva sombrero?

Repetían Pablo Casado, el renovador sonriente del PP, y Pedro José Muñoz, vocalista de los viejos rockeros socialistas, y se estrenaban ante las cámaras el candidato de Unidos Podemos, Carlos Martín, y Diego Garzón, el dicharachero aspirante a diputado de Ciudadanos.

El debate transcurrió por los cauces previstos, sin demasiadas sorpresas, con los candidatos pegados al discurso de sus mayores. Es posible que Islandia llegué a octavos, pero no la veremos levantar la copa en París a mediados de julio. Es necesaria la moderación, los extremos bloquean el cambio, sea este sensato o no, hay que entenderse y la gente sonríe poco. Señora ¿conoce usted a mi amigo el voto útil? Es imprescindible para el/la cambio/futuro/estabilidad/moderación/ropa más blanca (tache lo que no proceda).

Como también era previsible, el nivel del debate fue mayor que en diciembre. Diego Garzón es más capaz de Pedro Sierra, la experiencia es la madre de la ciencia y la calidad del sonido mejoró sin los castañeos de dientes y los gemidos de pánico del candidato de UPyD. Hubo tiempo para los ataques personales y la lucha en el barro, pero no terminó de llegar la sangre al río. ¿Propuestas? Pocas, como siempre. La campaña no es lugar para esas cosas.

Tan solo al final, cuando Pedro José Muñoz sacó su florete, la cosa se puso interesante. “La socialdemocracia es mía” se le escuchó decir mientras desenvainaba. El candidato de UP reaccionó bien y con una finta esquivó la primera estocada del socialista mientras se echaba la mano al cinto y recuperaba su fiel acero toledano. Durante el lance, tras cada embestida transversal del candidato de Unidos Podemos, Pedro José Muñoz lanzaba miraba en escorzo a Garzón buscando su apoyo, pero el naranja estaba ocupado en su lucha de pistolas de agua con Pablo Casado. “Apátrida” gritaba Casado, “madrileño” respondía Garzón, “palenciano” puntualizaba el candidato de Podemos entre jadeos. Por fortuna, al final triunfó la cordura y cuando hizo su aparición en plató la manada de velociraptores, el candidato de Ciudadanos se puso del lado del socialista para sujetar el pesado cañón de hadrones que acabó con los lagartos y provocó el agujero negro que lanzó a Gran Bretaña fuera de la Unión Europea. Un suspiro de alivió por parte de la presentadora dio paso a la publicidad y al finalizar las cuñas, los candidatos habían desaparecido dejando en su lugar pequeños montoncitos de sal. 

Hoy toca reflexionar y mañana votar. Vayan reservando un domingo en diciembre por si esta vez tampoco sirve para gran cosa.

PS.- He visto en Twitter que el debate ya está colgado en Youtube. A ver si saco un rato entre octavos y cuartos de final y le echo un ojo, que el otro día estaba liado y no pude verlo. Cuando lo haga les digo qué me pareció. 

Espeso dióxido de carbono

26JCabra

No soy la típica persona de letras que vive de espaldas al avance de la ciencia refugiado en sus latinajos, sus escritores rusos de entreguerras y su tremendo atractivo sexual. Me gustan las matemáticas, me emociono cuando nuestros mejores cerebros lanzan lavadoras con antenas contra peñascos espaciales con forma de cacahuete y estoy ahorrando para comprarme un coche eléctrico con piloto automático, placas solares en el techo y bluetooth en cuanto estén disponibles.

Una de las noticias científicas que más me han ilusionado en los últimos tiempos viene de la fría Islandia. Un grupo de científicos, ingenieros y gente lista ha conseguido convertir el CO2 en roca. Les explico, que igual ustedes son de letras puras. Los científicos han cogido dióxido de carbono producto de la generación eléctrica, lo han metido con una pajita en el subsuelo y han demostrado que el 95% del gas inyectado se convirtió en peñasco en menos de 2 años, cuando hasta antes de ayer se pensaba que ese proceso podría durar miles de años. Los resultados de su estudio han salido publicados en Science, una revista que es a la ciencia lo que el Hola a las bodas de los famosos. Si la técnica fuese aplicable a gran escala, dicen, sería una gran avance en la lucha contra el calentamiento global. Una muy buena noticia.

Lo único que me entristece sobremanera es que tal prodigio no haya llegado antes. ¿Se imaginan contar aquí y ahora con una máquina de inyección de gases? Una pequeñita, tampoco pido mucho, instalada tal vez pasado Sonsoles, con un embudo enorme, rojo, brillando al sol, purificando el aire y atrapando todo el humo que rodea la ciudad y la provincia.

¿Ustedes no ven el humo? ¿No lo notan en sus pulmones? ¿No sienten el CO2 colonizar sus alvéolos? Pues eso es que no están siguiendo la campaña electoral.

Y es que, si una campaña electoral, al fin y al cabo, tiene mucho de venta de humo empaquetado en forma de promesa, lo de esta última está rozando el paroxismo.  No sé qué pensarán ustedes, pero creo que estamos viviendo una de las campañas más estúpidas, absurdas y vacías de los últimos tiempos. No es que nos vendan humo, es que toda la campaña, desde que amanece hasta que anochece, es humo. Un humo espeso y asfixiante que nubla la vista y el entendimiento, mezclado, en ocasiones, con un poco de gas lacrimógeno y una pizca de gas de la risa. Un humo grabado y fotografiado hasta el más mínimo detalle, narrado en directo, como en las pelis de desastres de Hollywood.

Hemos visto a candidatos explicándonos cómo funciona una granja de gallinas, mientras otros aseguraban que Santa Teresa era de los suyos. Hemos visto entrevistas en peluquerías, candidatos gritando los goles de la selección, asaltando a señores en terrazas de bares, visitas a fábricas, exaltaciones de la patria, reparto de corazones y sonrisas, llamadas al sentido común, al cambio sensato y a la afirmación. Incluso tuvimos una oferta para reeditar aquellas largas tardes de El Encuentro. Y esto solo a nivel local, que si salimos de nuestras fronteras terminamos todos abrazando alcachofas. Toca llegar a la patata, sonreír, asustar, repartir cariño, soltar una lagrimita de vez en cuando, abrazar árboles, estatuas y abuelas.

¿Sirve de algo provincializar las campañas nacionales, hablar en clave local en unas elecciones nacionales? Personalmente me parece innecesario ¿Cuál debe ser el papel de nuestros candidatos abulenses? ¿Dar mucho la mano, rebotar los mensajes de los líderes nacionales y poner mensajes en las redes sociales? Ávila tiene mucho potencial, nos dicen nuestros candidatos mientras nos acarician el lomo y nos dejan chupar un terrón de azúcar. Puede que sea verdad, tampoco nos vamos a dejar llevar por el pesimismo ahora que llega el verano, pero nadie nos ha dicho cómo vamos a convertir tantas potencialidades en realidades y qué va a hacer nuestro diputado en nuestro nombre en el ruedo nacional. Y casi mejor, para qué mentir. Las pocas veces que nuestros amados líderes han abandonado el mundo de las ideas han provocado más risas que otra cosa. 

Dos ejemplos recientes del candidato que puede conseguir, según el CIS, un histórico 3-0 para su partido. Primero, convertir Ávila en el epicentro de la enseñanza de español para extranjero. Sin entrar a valorar si tenemos armas suficientes para ganar esa guerra, como lo propone un diputado y esto son una elecciones generales, habrá que pensar en actuaciones dentro de su marco de competencias. ¿Vamos a ser epicentro por Ley Orgánica o por Real Decreto? ¿Sabrán en Valladolid, Salamanca y León, por mencionar solo ciudades cercanas con tradición en esto de la enseñanza del castellano, que el PP quiere quitarles negocio para dárnoslo a nosotros? El candidato del PP también nos ha felicitado por el bonito Museo del Prado que vamos a tener. El Prado de Ávila, el humo más humo de todos los humos. ¿No es un poco feo que el destino de una de las principales instituciones culturales del mundo se subaste en lonja al albur de los ciclos electorales? Gracias a las casi dos décadas de espera, nos cuentan, el proyecto se ha multiplicado por tres ¡Y nosotros preocupados! ¡Menos mal que nadie nos ha hecho caso todos estos años! ¡Y todo esto sin que el edificio destinado a acogerlo haya crecido ni un poquito! ¿No es maravilloso? 

Igual si esperamos otro par de décadas el proyecto se multiplica por seis. Deberíamos hacerlo, de verdad, si hemos esperado casi veinte años podemos esperar otros veinte. Si los científicos hacen bien su trabajo, vamos a necesitar todo ese espacio para almacenar tanto humo convertido en roca.

PS.- Pueden seguir participando en nuestra porra para el 26J

PS2.- Pido perdón al honrado colectivo de vendedores de humo por mancillar su buen nombre. 

¡Repetimos! – VIII Porra Electoral Los4Palos

Parece que fue ayer cuando, al lanzar la séptima edición de esta porra, les preguntaba si no se les había hecho larga la legislatura. ¡Quién nos iba a decir que viviríamos una prorroga y unos lanzamientos de penalti! Ha pasado poco tiempo, apenas seis meses, pero ya no somos los mismos. La nueva política ya no es tan nueva, los comunistas ahora son socialdemócratas, las primarias pasaron a mejor vida, el centro y la sonrisa cambiaron de bando, los guapos peinan más canas y a la inocencia la vieron el otro día con un tercio de Cruzcampo. Solo Mariano, como un Chronos impertérrito, permanece ajeno a las preocupaciones de los hombres.

Vamos con la porra.

-Seguimos con Google Form. Funcionó bien en diciembre y resulta mucho más cómodo. Como signo de austeridad, no nos hemos molestado ni en cambiar el formulario más allá de lo imprescindible.

Doble pronóstico. Nacional (aka estadospañol) y local. Apostamos sobre el número de diputados que cada partido conseguirá en el conjunto de las Españas (incluyendo la España peninsular, Ceuta, Melilla, Canarias, Baleares y Venezuela) y sobre el porcentaje que cada partido conseguirá en nuestra provincia. Repito (sí, Albert, he dicho pito): número total de diputados y porcentaje de voto provincial.

-Participación abierta a las masas y a las confluencias. Pasen el enlace a la porra a sus amigos y familiares y debatan del tema mientras juega la selección. Cuántos más seamos, más reiremos.

-No tenemos premio. No sean pesados, lo importante es la honra. Como es lógico, ganará aquel que más se acerque al resultado final según los múltiples métodos de cálculo que empleamos. Esto, como siempre, intentaremos subcontratarlo a la ESA y a su representante en la tierra.

-Transparencia. AQUÍ se irán colgando las distintas apuestas.

CLIC EN LA IMAGEN PARA PARTICIPAR

26J

Orígenes y exilo: cosas de abulenses

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Los que entienden del tema lo llaman maridaje y aconsejan arriesgar al máximo, probar y divertirse. No sé, un Rioja con un Donuts, un Ribera de Duero con amapolas, un Cumbres de Gredos con pimentón… no hay límites, dicen. Cierto que cosecharemos grandes fracasos, aberraciones gustativas de primer orden, pero de vez en cuando podemos llevarnos una sorpresa agradable.

El maridaje que os traigo hoy es, sin duda, arriesgado. Recién horneados, aún calentitos ambos, acaban de salir a luz dos libros escritos por manos abulenses. Mañana se presenta en la Librería Letras, a las 20 horas, el nuevo poemario de Emily Roberts, y hace unos días hacía lo propio David Galán Galindo, en Madrid, con su primera novela (seguro que muy pronto también se presentará en Ávila).

‘Regalar el exilio’ (así se titula el primero) es una invitación a perderse en el frío de las aduanas y las mudanzas, en la incomunicación de los idiomas que se susurran, en las calles de una ciudad por conocer. “La relatividad de los horizontes y las distancias, de las estaciones de tren y los aeropuertos, de los mares”, se apunta en el prólogo. Y Ávila como telón de fondo, fácilmente reconocible en algunos versos menos viajeros, más hogareños.

“Exilio” es, sin duda, una palabra muy abulense, como lo es “orígenes”, aunque los de Galán Galindo sean “secretos”. El mundo de superhéroes, cómics y entrañables frikis al que nos tiene acostumbrado en algunos de sus cortos y largometrajes, vuelve a golpearnos ahora en papel. Página a página construye un thriller sorprendentemente adictivo. Cierto que la novela se ambienta en Madrid, pero ¿qué es la capita de España si no un barrio más de Ávila?

Nota: El Ayto acaba de confirmar que David Galán Galindo presenta libro en El Episcopio el 16 de junio. Apunten, apunten en sus agendas

Localismos banales

Según la Wikipedia, el nacionalismo banal es “un conjunto de prácticas, hábitos, creencias y signos que las naciones (…) manifiestan de forma cotidiana, rutinaria, sutil y familiar para reproducirse como tales y así recordar a la gente su pertenencia a la nación y lealtad a la misma”. Unos párrafos más abajo, añade: “en su carácter cotidiano, diluido y oculto en el día a día, tiende a ser olvidado e incluso negado, no reconociéndose a sí mismo como tal.” Las banderas en edificios oficiales, las selecciones deportivas, sombrear los países vecinos en los mapas; todo son muestras de nacionalismo banal. Y, por ejemplo, que ni siquiera te sorprenda que el alcalde de tu pueblo de los Alpes luzca una banda sobre el pecho con la bandera francesa sería una muestra de cómo ese nacionalismo banal, cuando es cotidiano, pasa inadvertido.

Dentro de unos días, tres nuevos establecimientos comerciales abrirán sus puertas en la ciudad, golpeando con sus folletos publicitarios en las narices a todos los descreídos que dudaban de su futuro. Dudaban y dudábamos, me incluyo en la cofradía del apóstol Tomás y no daré por buena la apertura de los citados comercios hasta que no meta mi dedos en una hamburguesa o palpe las costuras de unos calzoncillos.

Sea como fuere, la realidad es tozuda, las obras avanzan, hay fecha para la inauguración oficial -aunque no sabemos si el obispado, la UEFA de estos asuntos, ha seleccionado ya al cura que bendecirá las parrillas- y ya hay ofertas de empleo colgadas en diversos portales de internet. Una de ellas llamó ayer la atención al grupo municipal de IU. Una conocida cadena de hamburgueserías exigía que los demandantes de empleo -para repartidores- no residiesen en Ávila capital. Al fin alguien se había dado cuenta de lo mal que conducís los abulenses. Por fortuna, era solo una errata y los excluidos son todos aquellos que no vivan en la capital. IU Ávila ha aplaudido la correción y aquí paz y después doble cheese burguer.

Igual esto es absurdo y una anécdota así no merece la pena esta lineas ni la batería que ustedes gastarán en leerlas, lo reconozco, pero estos localismos banales me pueden. ¿Por qué tiene más derecho a trabajar en una tienda situada en Ávila alguien que vive en la Calle Azalea, a 15 minutos en coche del establecimiento según Google, que alguien que vive en Mediana del Voltoya, fuera del término municipal pero a 12 minutos del local?

¿Cuántos abulenses han conseguido puestos de trabajo en otras localidades residiendo ellos en Ávila? No me vas a comparar, diran, es una hamburguesería. Ya. Acepto “los repartidores tienen menos derechos” como animal de compañía. ¿Y si todas las empresas hicieran eso? Siempre hay argumentos racionales para preferir a un indígena que a un foráneo: se conoce mejor las calles, está más adaptado, más arraigado, es de nuestra misma cultura, etc. ¿También nos parece bien a otras escalas? ¿El trabajo en España solo para los españoles porque saben situar las provincias en el mapa? Hacia abajo también funciona. Pongamos que esta misma empresa monta uno de sus establecimientos en el madrileño Barrio de Salamanca y rechaza contratar a gente de Vallecas. Es que se conocen mejor el barrio.

Puedo comprender la lógica empresarial tapándome la nariz, puedo hacer la vista gorda al argumento de que alguien de Ávila conoce mejor las calles si el puesto es de repartidor -un ruso empadronado ayer en Ávila conoce mejor la ciudad que yo, que llevo 7 años fuera y estoy excluido de la oferta, evidentemente-, incluso puedo aceptar un silencio cómplice, pero no puedo admitir que se vea como normal o como lógico desde la izquierda que alguien tenga menos derecho a un puesto de trabajo por el lugar en el que reside. Me sobran justificaciones.

De la misma forma que comprendo la lógica empresarial aunque me duela, comprendo la lógica política. A IU Ávila le votan los abulenses y no los de Mediana del Voltoya.

Los localismos banales mataron a la izquierda internacionalista. Me vuelvo a mi eremitorio.

Pensamientos circulares

Años atrás, con el anterior trazado urbano, todo era diferente. Pero empezaron a llegar ellas, las rotondas, y mi vida se fue complicando poco a poco. Al principio, casi imperceptiblemente. Por eso tardé tanto tiempo en descubrir que el origen de mis desgracias eran… ellas. Más concretamente, las 10 glorietas que separan mi casa, en la zona del convento de La Encarnación, de mi lugar del trabajo, en un centro comercial en las afueras de Ávila.

Son sus redondeces las que me están volviendo loco. Una decena de curvas de ida y otra decena de vuelta que me agitan los pensamientos. Por eso las ideas, por muy minúsculas que sean, van creciendo poco a poco con tanta circunferencia, como una bola de nieve que se convierte en una mole de hielo a medida que baja la ladera de una montaña. Llega un momento en que ocupan toda mi cabeza y siento que me va a explotar el coco.

Hoy, por ejemplo, poco antes de salir de casa, he visto que un papel salía del bolso de mi mujer. Como no había nadie alrededor, he cotilleado un poco. Se trataba de una inscripción para unas clases de pádel: nivel iniciación. Me he montado al coche con una sonrisa en la boca sabiendo lo bien que le va a sentar hacer un poco de deporte y, al mismo tiempo, desconectar de todo el estrés diario. Una sonrisa un poco pícara al imaginar también ciertas partes de su cuerpo más tonificadas.

Pero en la primer rotonda, con sus giros derecha-izquierda-derecha, esa idea agradable se me ha volteado en la cabeza. ¿Por qué no me ha dicho nada? ¿Qué oscuros motivos le han llevado a mantener en secreto su propósito de apuntarse a clases de pádel? “Quien oculta, algo esconde”, decía mi padre. “Quien oculta, algo esconde”. “Quien oculta, algo esconde”. “Quien oculta, algo esconde”. La frase se centrifugaba en mi cerebro mientras mi coche continuaba avanzando.

En la siguiente glorieta, quizás inspirado por la enorme cremallera que luce en el centro (la cosa tiene guasa), di por supuesto que mi esposa tenía un amante y que aquellas clases de iniciación le servirían de excusa para verse con él. Unas curvas después estaba convencido de que el sinvergüenza que destrozaría mi familia era el monitor de pádel. Giro a la derecha, giro a la izquierda y giro a la derecha, y ya puedo verla llevando una doble vida, con otro hombre y otros niños esperándola en otra casa. Así que salgo de la quinta rotonda con temblores ante la inminente marcha de mi mujer: “Me va a dejar”, mascullo.

Aunque puede que sea peor. Quizás no vaya a abandonarme. La idea de que ella y su profesor de pádel tienen un plan para matarme se me ocurre por la sexta rotonda, la de la bandera de España. Me la imaginé a media asta por mi funeral. ¿Y si hacen desaparecer el cuerpo? Más curvas para ir asumiendo que, casi con total seguridad, me envenenarán y me descuartizarán para darme de comer a los patos del parque que veo por mi ventanilla derecha. Ya les veo a los dos miserables metiendo a mis hijos en un internado. Y todo sin el más mínimo rastro de remordimiento. ¿Qué les parece que se vayan a vivir al Caribe con el dinero que han cobrado de mi seguro de vida? En cuanto llegue a casa, lo cancelo.

Las lágrimas aparecen en la décima y última glorieta. Mientras aparco, lloro de forma desconsolada, con tanta intensidad que casi no puedo leer el mensaje que me acaba de llegar al móvil. Es de mi mujer. “Cariño, se me olvidó decirte que la niña quiere apuntarse a clases de pádel. Luego te cuento”.


Este relato lo escribí para el libro ‘El mundo según los abulenses’. El Volumen 1, claro, el que se publicó el año pasado. La Asociación ‘La Sombra del Ciprés’ acaba de sacar el Volumen 2, todo un bestseller que ustedes podrán encontrar este fin de semana (y posterior puente) en la Feria del Libro (paseo del Rastro) y también en varias librerías de Ávila.

Mea culpa

sambenito-198x300Pues sí, el objetivo principal de esta entrada es pedir perdón y hacer propósito de enmienda. Entonar un profundo, sentido y humilde mea culpa como profeta y también, ya que estamos, como votante. Por empezar por algún lado, les pido perdón por haber contribuido con mi voto al marasmo que fagocita España. Culpa que comparto con todos ustedes, claro, ya que fuimos incapaces, hace cuatro meses, de coordinar nuestras preferencias. Si todos los ciudadanos llamados a las urnas hubiésemos decidido antes, en asamblea, corrillo o en Forocoches, qué íbamos a hacer con nuestros votos, ahora no estaríamos como estamos. Más trabajo en equipo, leñe, más camaradería y amistad, que parece que no hemos aprendido nada todos estos años del Barcelona, la selección de baloncesto o los libros de autoayuda.

Y es que estamos otra vez a la puertas de unas elecciones generales después de cuatro meses de idas y vueltas, miradas intensas a las cámaras, sonrisas pícaras, ofertas que se hacen para no ser aceptadas y giros de 360 grados. Y con esto abrimos mi segunda estación de penitencia. Hace unos meses pronostiqué que Pdro iba a ser Prsdnte. Evidentemente me equivocaba y asumo mi culpa, aunque sigo pensando que en aquel momento parecía lo más lógico. Me explico, que por fortuna ustedes aún no pueden leerme la mente. Mi apuesta era que a última hora, Podemos aceptaría votar a favor del Pacto de los Guapos. Pablemos saldría acompañado de sus apóstoles y diría a los españoles, muy serio, con el último botón de la camisa desabrochado, que lo hacía por España, por la gente y para echar a Rajoy, que renunciaba a ser vicepresidente, pero que estaría vigilante y sería la voz del pueblo en el Parlamento. Era una jugada a medio plazo: permitir gobernar a Pdr para que nadie pudiese acusarle de bloquear el cambio, monopolizar la oposición de izquierdas al gobierno, negociar dos o tres medias resultonas para sus votantes y capitalizar el descontento que va a provocar cualquier gobierno, sea del color que sea, durante los próximos años. En 2018, nueva rueda de prensa anunciado a la ciudad y al mundo que Pdr ha traicionado los principios de la izquierda, que no cuenten con él para nada y a desgastar al gobierno hasta que se vea obligado a adelantar elecciones. Entrada triunfal en Jerusalem y ascenso a los cielos de la izquierda.

En mi cabeza todo encajaba, sumaba y era una maniobra muy suya. Me apostaría veinte céntimos con cualquiera de ustedes a que este plan ha estado sobre la mesa del despacho de Iglesias Turrión. Quizá el liderazgo de Pablo dentro de su partido no es tan sólido como parece y dos años son mucho tiempo. Quizá la OPA a IU le ofrezca mejores perspectivas.

Sea como fuere, esto ya son cenizas de un pasado que se lleva el viento. Mariano, Pdro, Albert y Pablo vuelven a la casilla de salida. Bueno, vuelven todos menos Rajoy, que lleva allí sentado fumándose un puro desde el 21 de diciembre. En dos meses estaremos de nuevo analizando los resultados electorales y los de la tradicional porra de Los4Palos. No hay mal que por bien no venga: una nuevas elecciones nos aseguran nuevos pronósticos, nuevas chanzas, besos a niños y ancianos y, ojalá, un nuevo debate entre los candidatos abulenses -en el más amplio sentido del gentilicio, que no se sienta excluido el señor Casado- al Congreso de los Diputados. Unos nuevos comicios también nos darán la posibilidad de marcar crucecitas en la sábana del Senado, donde volverá a figurar seguramente el anterior alcalde de la ciudad. Un buen momento, sin duda, para premiarle, de nuevo, por los éxitos de su gestión.

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