Orígenes y exilo: cosas de abulenses

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Los que entienden del tema lo llaman maridaje y aconsejan arriesgar al máximo, probar y divertirse. No sé, un Rioja con un Donuts, un Ribera de Duero con amapolas, un Cumbres de Gredos con pimentón… no hay límites, dicen. Cierto que cosecharemos grandes fracasos, aberraciones gustativas de primer orden, pero de vez en cuando podemos llevarnos una sorpresa agradable.

El maridaje que os traigo hoy es, sin duda, arriesgado. Recién horneados, aún calentitos ambos, acaban de salir a luz dos libros escritos por manos abulenses. Mañana se presenta en la Librería Letras, a las 20 horas, el nuevo poemario de Emily Roberts, y hace unos días hacía lo propio David Galán Galindo, en Madrid, con su primera novela (seguro que muy pronto también se presentará en Ávila).

‘Regalar el exilio’ (así se titula el primero) es una invitación a perderse en el frío de las aduanas y las mudanzas, en la incomunicación de los idiomas que se susurran, en las calles de una ciudad por conocer. “La relatividad de los horizontes y las distancias, de las estaciones de tren y los aeropuertos, de los mares”, se apunta en el prólogo. Y Ávila como telón de fondo, fácilmente reconocible en algunos versos menos viajeros, más hogareños.

“Exilio” es, sin duda, una palabra muy abulense, como lo es “orígenes”, aunque los de Galán Galindo sean “secretos”. El mundo de superhéroes, cómics y entrañables frikis al que nos tiene acostumbrado en algunos de sus cortos y largometrajes, vuelve a golpearnos ahora en papel. Página a página construye un thriller sorprendentemente adictivo. Cierto que la novela se ambienta en Madrid, pero ¿qué es la capita de España si no un barrio más de Ávila?

Nota: El Ayto acaba de confirmar que David Galán Galindo presenta libro en El Episcopio el 16 de junio. Apunten, apunten en sus agendas

Localismos banales

Según la Wikipedia, el nacionalismo banal es “un conjunto de prácticas, hábitos, creencias y signos que las naciones (…) manifiestan de forma cotidiana, rutinaria, sutil y familiar para reproducirse como tales y así recordar a la gente su pertenencia a la nación y lealtad a la misma”. Unos párrafos más abajo, añade: “en su carácter cotidiano, diluido y oculto en el día a día, tiende a ser olvidado e incluso negado, no reconociéndose a sí mismo como tal.” Las banderas en edificios oficiales, las selecciones deportivas, sombrear los países vecinos en los mapas; todo son muestras de nacionalismo banal. Y, por ejemplo, que ni siquiera te sorprenda que el alcalde de tu pueblo de los Alpes luzca una banda sobre el pecho con la bandera francesa sería una muestra de cómo ese nacionalismo banal, cuando es cotidiano, pasa inadvertido.

Dentro de unos días, tres nuevos establecimientos comerciales abrirán sus puertas en la ciudad, golpeando con sus folletos publicitarios en las narices a todos los descreídos que dudaban de su futuro. Dudaban y dudábamos, me incluyo en la cofradía del apóstol Tomás y no daré por buena la apertura de los citados comercios hasta que no meta mi dedos en una hamburguesa o palpe las costuras de unos calzoncillos.

Sea como fuere, la realidad es tozuda, las obras avanzan, hay fecha para la inauguración oficial -aunque no sabemos si el obispado, la UEFA de estos asuntos, ha seleccionado ya al cura que bendecirá las parrillas- y ya hay ofertas de empleo colgadas en diversos portales de internet. Una de ellas llamó ayer la atención al grupo municipal de IU. Una conocida cadena de hamburgueserías exigía que los demandantes de empleo -para repartidores- no residiesen en Ávila capital. Al fin alguien se había dado cuenta de lo mal que conducís los abulenses. Por fortuna, era solo una errata y los excluidos son todos aquellos que no vivan en la capital. IU Ávila ha aplaudido la correción y aquí paz y después doble cheese burguer.

Igual esto es absurdo y una anécdota así no merece la pena esta lineas ni la batería que ustedes gastarán en leerlas, lo reconozco, pero estos localismos banales me pueden. ¿Por qué tiene más derecho a trabajar en una tienda situada en Ávila alguien que vive en la Calle Azalea, a 15 minutos en coche del establecimiento según Google, que alguien que vive en Mediana del Voltoya, fuera del término municipal pero a 12 minutos del local?

¿Cuántos abulenses han conseguido puestos de trabajo en otras localidades residiendo ellos en Ávila? No me vas a comparar, diran, es una hamburguesería. Ya. Acepto “los repartidores tienen menos derechos” como animal de compañía. ¿Y si todas las empresas hicieran eso? Siempre hay argumentos racionales para preferir a un indígena que a un foráneo: se conoce mejor las calles, está más adaptado, más arraigado, es de nuestra misma cultura, etc. ¿También nos parece bien a otras escalas? ¿El trabajo en España solo para los españoles porque saben situar las provincias en el mapa? Hacia abajo también funciona. Pongamos que esta misma empresa monta uno de sus establecimientos en el madrileño Barrio de Salamanca y rechaza contratar a gente de Vallecas. Es que se conocen mejor el barrio.

Puedo comprender la lógica empresarial tapándome la nariz, puedo hacer la vista gorda al argumento de que alguien de Ávila conoce mejor las calles si el puesto es de repartidor -un ruso empadronado ayer en Ávila conoce mejor la ciudad que yo, que llevo 7 años fuera y estoy excluido de la oferta, evidentemente-, incluso puedo aceptar un silencio cómplice, pero no puedo admitir que se vea como normal o como lógico desde la izquierda que alguien tenga menos derecho a un puesto de trabajo por el lugar en el que reside. Me sobran justificaciones.

De la misma forma que comprendo la lógica empresarial aunque me duela, comprendo la lógica política. A IU Ávila le votan los abulenses y no los de Mediana del Voltoya.

Los localismos banales mataron a la izquierda internacionalista. Me vuelvo a mi eremitorio.

Pensamientos circulares

Años atrás, con el anterior trazado urbano, todo era diferente. Pero empezaron a llegar ellas, las rotondas, y mi vida se fue complicando poco a poco. Al principio, casi imperceptiblemente. Por eso tardé tanto tiempo en descubrir que el origen de mis desgracias eran… ellas. Más concretamente, las 10 glorietas que separan mi casa, en la zona del convento de La Encarnación, de mi lugar del trabajo, en un centro comercial en las afueras de Ávila.

Son sus redondeces las que me están volviendo loco. Una decena de curvas de ida y otra decena de vuelta que me agitan los pensamientos. Por eso las ideas, por muy minúsculas que sean, van creciendo poco a poco con tanta circunferencia, como una bola de nieve que se convierte en una mole de hielo a medida que baja la ladera de una montaña. Llega un momento en que ocupan toda mi cabeza y siento que me va a explotar el coco.

Hoy, por ejemplo, poco antes de salir de casa, he visto que un papel salía del bolso de mi mujer. Como no había nadie alrededor, he cotilleado un poco. Se trataba de una inscripción para unas clases de pádel: nivel iniciación. Me he montado al coche con una sonrisa en la boca sabiendo lo bien que le va a sentar hacer un poco de deporte y, al mismo tiempo, desconectar de todo el estrés diario. Una sonrisa un poco pícara al imaginar también ciertas partes de su cuerpo más tonificadas.

Pero en la primer rotonda, con sus giros derecha-izquierda-derecha, esa idea agradable se me ha volteado en la cabeza. ¿Por qué no me ha dicho nada? ¿Qué oscuros motivos le han llevado a mantener en secreto su propósito de apuntarse a clases de pádel? “Quien oculta, algo esconde”, decía mi padre. “Quien oculta, algo esconde”. “Quien oculta, algo esconde”. “Quien oculta, algo esconde”. La frase se centrifugaba en mi cerebro mientras mi coche continuaba avanzando.

En la siguiente glorieta, quizás inspirado por la enorme cremallera que luce en el centro (la cosa tiene guasa), di por supuesto que mi esposa tenía un amante y que aquellas clases de iniciación le servirían de excusa para verse con él. Unas curvas después estaba convencido de que el sinvergüenza que destrozaría mi familia era el monitor de pádel. Giro a la derecha, giro a la izquierda y giro a la derecha, y ya puedo verla llevando una doble vida, con otro hombre y otros niños esperándola en otra casa. Así que salgo de la quinta rotonda con temblores ante la inminente marcha de mi mujer: “Me va a dejar”, mascullo.

Aunque puede que sea peor. Quizás no vaya a abandonarme. La idea de que ella y su profesor de pádel tienen un plan para matarme se me ocurre por la sexta rotonda, la de la bandera de España. Me la imaginé a media asta por mi funeral. ¿Y si hacen desaparecer el cuerpo? Más curvas para ir asumiendo que, casi con total seguridad, me envenenarán y me descuartizarán para darme de comer a los patos del parque que veo por mi ventanilla derecha. Ya les veo a los dos miserables metiendo a mis hijos en un internado. Y todo sin el más mínimo rastro de remordimiento. ¿Qué les parece que se vayan a vivir al Caribe con el dinero que han cobrado de mi seguro de vida? En cuanto llegue a casa, lo cancelo.

Las lágrimas aparecen en la décima y última glorieta. Mientras aparco, lloro de forma desconsolada, con tanta intensidad que casi no puedo leer el mensaje que me acaba de llegar al móvil. Es de mi mujer. “Cariño, se me olvidó decirte que la niña quiere apuntarse a clases de pádel. Luego te cuento”.


Este relato lo escribí para el libro ‘El mundo según los abulenses’. El Volumen 1, claro, el que se publicó el año pasado. La Asociación ‘La Sombra del Ciprés’ acaba de sacar el Volumen 2, todo un bestseller que ustedes podrán encontrar este fin de semana (y posterior puente) en la Feria del Libro (paseo del Rastro) y también en varias librerías de Ávila.

Mea culpa

sambenito-198x300Pues sí, el objetivo principal de esta entrada es pedir perdón y hacer propósito de enmienda. Entonar un profundo, sentido y humilde mea culpa como profeta y también, ya que estamos, como votante. Por empezar por algún lado, les pido perdón por haber contribuido con mi voto al marasmo que fagocita España. Culpa que comparto con todos ustedes, claro, ya que fuimos incapaces, hace cuatro meses, de coordinar nuestras preferencias. Si todos los ciudadanos llamados a las urnas hubiésemos decidido antes, en asamblea, corrillo o en Forocoches, qué íbamos a hacer con nuestros votos, ahora no estaríamos como estamos. Más trabajo en equipo, leñe, más camaradería y amistad, que parece que no hemos aprendido nada todos estos años del Barcelona, la selección de baloncesto o los libros de autoayuda.

Y es que estamos otra vez a la puertas de unas elecciones generales después de cuatro meses de idas y vueltas, miradas intensas a las cámaras, sonrisas pícaras, ofertas que se hacen para no ser aceptadas y giros de 360 grados. Y con esto abrimos mi segunda estación de penitencia. Hace unos meses pronostiqué que Pdro iba a ser Prsdnte. Evidentemente me equivocaba y asumo mi culpa, aunque sigo pensando que en aquel momento parecía lo más lógico. Me explico, que por fortuna ustedes aún no pueden leerme la mente. Mi apuesta era que a última hora, Podemos aceptaría votar a favor del Pacto de los Guapos. Pablemos saldría acompañado de sus apóstoles y diría a los españoles, muy serio, con el último botón de la camisa desabrochado, que lo hacía por España, por la gente y para echar a Rajoy, que renunciaba a ser vicepresidente, pero que estaría vigilante y sería la voz del pueblo en el Parlamento. Era una jugada a medio plazo: permitir gobernar a Pdr para que nadie pudiese acusarle de bloquear el cambio, monopolizar la oposición de izquierdas al gobierno, negociar dos o tres medias resultonas para sus votantes y capitalizar el descontento que va a provocar cualquier gobierno, sea del color que sea, durante los próximos años. En 2018, nueva rueda de prensa anunciado a la ciudad y al mundo que Pdr ha traicionado los principios de la izquierda, que no cuenten con él para nada y a desgastar al gobierno hasta que se vea obligado a adelantar elecciones. Entrada triunfal en Jerusalem y ascenso a los cielos de la izquierda.

En mi cabeza todo encajaba, sumaba y era una maniobra muy suya. Me apostaría veinte céntimos con cualquiera de ustedes a que este plan ha estado sobre la mesa del despacho de Iglesias Turrión. Quizá el liderazgo de Pablo dentro de su partido no es tan sólido como parece y dos años son mucho tiempo. Quizá la OPA a IU le ofrezca mejores perspectivas.

Sea como fuere, esto ya son cenizas de un pasado que se lleva el viento. Mariano, Pdro, Albert y Pablo vuelven a la casilla de salida. Bueno, vuelven todos menos Rajoy, que lleva allí sentado fumándose un puro desde el 21 de diciembre. En dos meses estaremos de nuevo analizando los resultados electorales y los de la tradicional porra de Los4Palos. No hay mal que por bien no venga: una nuevas elecciones nos aseguran nuevos pronósticos, nuevas chanzas, besos a niños y ancianos y, ojalá, un nuevo debate entre los candidatos abulenses -en el más amplio sentido del gentilicio, que no se sienta excluido el señor Casado- al Congreso de los Diputados. Unos nuevos comicios también nos darán la posibilidad de marcar crucecitas en la sábana del Senado, donde volverá a figurar seguramente el anterior alcalde de la ciudad. Un buen momento, sin duda, para premiarle, de nuevo, por los éxitos de su gestión.

Polvos, barros y mancuernas

Cf2ZUawWQAAvIHzUna vez estuve apuntado a un gimnasio. Les diría que fue por error, que pensaba que era un videoclub o un gastrobar, pero les mentiría. Fui voluntariamente y era un gimnasio de verdad, con sus instrumentos de tortura, sus vigoréxicos, sus jubiladas y sus fofisanos de ambos sexos intentando ser menos fofis, aunque fuese a costa de estar menos sanos. Por fortuna, el error duró poco -tres meses- y fue barato: era una de esas ofertas para universitarios desprevenidos -3 copas, 6 euros; 100 flexiones y unas agujetas, 5 euros el trimestre- y abandoné antes de perder algún miembro y el 100% de la dignidad. Como pueden comprobar, mi imagen de los gimnasios y de los centros de ocio deportivo a cubierto no es demasiado buena. Si quieres hacer deporte, la calle está cruzando el portal. Además, soy malísimo jugando al tenis, hay testigos que afirman haberme visto fallar 32 saques seguidos, y cada vez que me acerco a la sección de pádel del Decathlon se me aparece Aznar a pecho descubierto, sudado y en short, intentando violarme con una raqueta. Total, que hasta hace poco el centro 88 Torreones era para mi un extraño, como la leche de almendras, la Cruzcampo de calidad o la sección dietética del Mercadona.

Pero tras portadas de prensa, comentarios en radio y charlas de bar, hete aquí, amado lector, que no solo sé de su existencia y de sus múltiples bondades, sino que también estoy al tanto de su problemática. Un lío de padre y muy señor nuestro que arranca, ojo, en época de Zapatero y del Plan E. ¡Maldito duende de cejas puntiagudas! En resumen, Zapatero, ese diablo insaciable, intenta desacelerar la desaceleración regando los Ayuntamientos con dinero para que construyan cosas, arreglen aceras y planten arizónicas. El de Ávila, que ya tiene de todo, decide que es buena idea montar unas pistas de tenis y de pádel, urgente necesidad que no ha cubierto hasta entonces la mano invisible del mercado. Se gasta 1,7 millones de zapateuros y decide que el tinglado lo gestione una empresa privada. La agraciada es la extremeña Pines que promete convertir el chuchurrío centro zapateril de raquetas planificado por el Ayuntamiento en un mega complejo de lujo. Como no tiene perras para los mármoles de suelos y paredes, pide un préstamo utilizando la concesión como aval con permiso del Ayuntamiento. Algunos señalan que no es buena idea, pero ¡qué puede salir mal! Tras retrasar varias veces la inauguración del centro, la empresa entra en concurso de acreedores menos de un año después de la puesta de largo de las pistas, mala suerte, y la concesión, muerta y enterrada la empresa, se la queda el banco. Mientras el nuevo propietario -propietaria en este caso, de nombre Ana Patricia y apellido Botín- busca nuevos gestores, el Ayuntamiento tira de Antiguo Testamento y contrata a otra empresa, hermana de la difunta, para gestionar el Centro. ¿Quién no se ha casado alguna vez con la viuda de su hermano? El último capítulo fue emitido hace poco con el título “El pleno extraordinario más extraordinariamente corto de la historia

Como no soy un experto en gimnasios y tengo los brazos débiles, poco puedo aportar más allá de la narración de los hechos, pero el proceso me genera algunas dudas ¿era necesario un centro de raquetas? ¿Es normal que una concesión sea hipotecada antes incluso de su inauguración? ¿No se evalúa la situación financiera de la empresa antes de firmar la concesión? ¿Es normal que el agónico proceso post morten se dilate tanto tiempo? ¿Y que no existan los informes de las comisiones de seguimiento que imposibilitan celebrar el Pleno Extraordinario? ¿Y que el Ayuntamiento recurra a casi la misma empresa que acaba de quebrar? ¿Y que el Ayuntamiento no parezca hacer gran cosa, aparte de pagar las facturas, a lo largo de este tiempo?

Y la última y más importante, la que me tiene sin dormir desde hace días ¿era consciente Rivas, cuando aceptó encabezar la lista popular, de la cantidad de marrones, polvos y lodos que la anterior corporación municipal le dejó en los cajones como regalo de bienvenida? ¡Si hasta el césped artificial se nos levanta! A mi me empieza a dar penica el pobre ¿Le compramos un chaleco entre todos?

Coda final. No aporto nada nuevo si les recomiendo que vean Borgen, la extraordinaria serie danesa que narra los entresijos, mesenterios y otras vísceras de la política nacional de ese frío rincón de Europa. La nueva política y su fijación por las series de televisión es hija de su tiempo, hermana de los que madrugaron para ver el último capítulo de Lost y desde entonces no tragan a García-Siñeriz. Sí, pulla gratuita. A lo que íbamos. Al final de la primera temporada, la protagonista, la primera ministra danesa Birgitte “Rivera” Nyborg, obliga a su marido, Girauta en guapo, a rechazar un bien remunerado puesto de trabajo en una empresa privada porque esta era contratista -a pequeña escala- del gobierno. No había nada ilegal, claro, Birgitte no nos haría eso. Todo limpio, claro, transparente, puro como el agua de Sonsoles, pero… ¡Ah, las dudas! ¡Ah, los peros! ¡Ah, la mujer del César! El marido de la actual portavoz del gobierno municipal, concejal del PP durante tres legislaturas, estuvo contratado por la empresa concesionario del centro 88 Torreones mientras ocupaba un puesto en la corporación local. La portavoz ha defendido que era todo legal, aspecto que no podemos valorar sin más datos, para después añadir “Si nos vamos al barro nos vamos todos al barro” y “A lo mejor uno debería mirar hacia adentro en vez de mirar tanto hacia fuera, porque si nos ponemos a hablar todos a lo mejor todos tenemos mucho que hablar”. ¿Hay muchos familiares de concejales en empresas relacionadas con la Administración? ¿Muchos exconcejales contratados? ¿Hay una lista en algún lado? Escondida la mano, parece que nos va a dejar con la duda. ¡Ah, las dudas! ¡Ah, los peros!

En resumen, nada bueno puede salir de un gimnasio.

Los otros (por Guillermo Buenadicha)

Hoy contamos con la colaboración de Guillermo Buenadicha. Si tú también quieres participar, aquí te explicamos cómo.

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Asunto CyLOG. Asunto Naturávila. Asunto VI modificación del PGOU. Los asuntos. Un asunto. El asunto. Para los iniciados, poco más que añadir. Para los que no, recomiendo algún enlace entretenido, en estas mismas páginas. Recientemente aderezado con la sentencia ante la reclamación (lógica, por otro lado) de la empresa Alter para recibir alguna indemnización. Sentencia que parece haber causado más alivio que preocupación entre políticos y funcionarios, por mucho que lo escondan tras llamadas a la prudencia y puestos de trabajo para la Nissan. Sentencia que aunque cerrase esto con un resultado económico menor del previsible para el Ayuntamiento (al margen de que pueda ser luego recurrida por las partes), no puede hacer que apliquemos el “muerto el perro, se acabó la rabia”, y nos olvidemos del pasado, y del rol que en este sainete han jugado unos y otros.

Es un asunto curioso y sensible. Siempre que alguien lo toca, inmediatamente hay ataques ad hominem por doquier. No se rebaten posturas, no se aportan datos, no se entra en dar justificaciones, sino que más bien se tilda a la gente de sabihonda, de entrometida, de listillos, de “a ti qué te importa”, lo que sea. Vaya por delante por tanto que sí, que asumo todas esas flores, pero que su olor no altera para nada el perfume podrido del fondo que nos ocupa.

No quiero aburrir, que ya bastante les está cayendo, con el papel de políticos presentes y pasados del partido en gobierno municipal, incluyendo los que han salido por peteneras hacia destinos aforados o a provincias anejas. Tampoco en el vergonzoso papel de la oposición del momento, silente, aquiescente, y que ha frustrado cualquier capacidad de movimiento de sus colegas actuales. Qué quieren que les diga, para bien o para mal, son todos ellos políticos, tristemente sus comportamientos son consecuentes con la definición (o prostitución) actual del término. Y no quiero generalizar, otros políticos que no estaban entonces, y que son grandes responsables para bien de no haber llegado a peores puertos en este caso no merecen ese trato. Un enorme gracias a ellos, y todo mi apoyo, respeto y admiración.

No, quiero centrarme más bien en otros actores, aparentes secundarios, pero como todo cinéfilo sabrá, esenciales y culpables del éxito o fracaso de una película, muchísimo más que las estrellas bien pagadas.  Los Otros. Como ciudadanos vagos y perezosos que somos, tenemos una estructura montada, llamada Administración, para hacer lo que no sabemos hacer, no nos apetece hacer, o creemos que está mejor hecho en común que individualmente. Es la garante de que las normas que nos rigen y que hemos elegido se cumplan, es con lo que hacemos (porque es nuestra, y como tal somos todos parte de ella) el día a día; hacemos ciudad, comunidad, estado. Y como los entes abstractos no hacen mucho, la Administración está compuesta por personas. Policías, maestros, administrativos, funcionarios, abogados, economistas… Se supone que gente que tiene una función ligada a la buena marcha del engendro comunal éste, que trabaja para los ciudadanos y se debe a los ciudadanos (por dios que nadie me oiga decir nunca “ciudadanía”, huyendo de masculinos genéricos).

En cualquier proceso administrativo se generan informes, documentos de requisitos, respuestas, leyes, propuestas… y no son textos por lo general escritos por políticos. Son textos hechos por funcionarios expertos en el tema, conocedores de la normativa y legislación. Sí, promovidos por la instancia política, al ser ésta la que sugiere qué dirección quiere que tome el proceso, es su prerrogativa. Pero es la obligación del funcionario implementar lo pedido acorde no solo a la ley, sino a la lógica de que atienda al bien común y no a intereses particulares. Y sobre todo al sentido común. Como mínimo, un profesional se debe a la ética y deontología de su profesión. Y como cuestión de salud mental, se deben también a la ciudadanía (¡¡lo dije, lo dije!!), a garantizar en todo momento que el nivel de visibilidad, transparencia e información sea el adecuado.

Mapa de idealista.com

Mapa de idealista.com

En el asunto del CyLOG, la sentencia recientemente publicada aporta a la luz dos datos que antes no eran de conocimiento general (dejamos para otro día el por qué no lo fueron en su momento). Uno, importantísimo, el precio de compra en el 2004 de la parcela trocada en el Convenio, 811000 euros. Otro, que el arquitecto municipal tasa en diciembre del 2006 el resultado urbanizado de esa parcela (es decir, el CyLOG actual) en más de 17 millones de euros. Importante lo de diciembre, porque antes, a la firma del convenio en septiembre del 2006 no parece haber informe que justifique por qué para compensar por un coste o gasto de 800000 euros se ofrece una edificabilidad de 40000 m2. ¿A cuánto se correspondía una edificabilidad de 40000m2? Es difícil de saber, pero yendo al valor del m2 por aquel entonces, y asumiendo valores muy conservadores de unos 300 euros, nos salen cifras superiores a los 12 millones de euros. Y he aquí el problema… En septiembre del 2006 unos técnicos municipales expertos en urbanismo y en legislación redactan (porque dudo que lo haya hecho el teniente de alcalde) o evalúan un convenio redactado por la otra parte, en el cual se compensa algo comprado a un precio con otra cosa que representa más de 15 veces su valor de compra. Que se asemeja más al valor finalista una vez reclasificado. Y además, hablamos de una compra hecha dos años antes, y sin que en todo este proceso sepamos quién fue tan “tonto” como para vender tan barato en 2004 lo que luego parece que iba a valer tantísimo. Se supone que esos técnicos debieran de haber indicado lo imposible y asimétrico (por decirlo elegantemente) del proceso. Abogados, arquitectos… No me puedo creer que aduzcan desconocimiento o ignorancia, o incluso que eso no les incumbía, lo siento, que esto es de primero de carrera en cualquiera de esas disciplinas. Eso, ese punto concreto, esos 40000 m2 escritos en un papel, son el nudo gordiano de esta historia. No dejemos que nos descentren ahora con argumentativas, con el mareo de un largo y tedioso proceso. No dejemos que debates sobre si era necesario aportar a Nissan un centro logístico o no enturbien la pregunta fundamental de cómo conseguir el terreno para ese centro, y si en lugar de un convenio no hubiera procedido comprar, y si en el 2004 se sabía ya por el Ayuntamiento que habría que conseguir esa parcela, cuando curiosamente la empresa Alter la adquirió (y siendo malévolo, cabría imaginar si alguna garganta profunda pasó esa información, ya de paso). Alguno de estos funcionarios públicos, de los que uno hubiera esperado más devoción y dedicación hacia la ciudad que tanto parecen querer y estudiar, ahora comparece para respaldar con su presencia que el Ayuntamiento ha de pagar un precio “justo”. Sería interesante conocer cual fue su evaluación sobre la justicia del convenio y sus “precios” allá en el 2006. Me temo que no lo sabremos.

Pero otorguemos el beneficio de la duda, y consideremos que nuestros técnicos y expertos municipales estaban en aquel entonces “in albis”, que el convenio lo redactó una noche de farra el anterior alcalde junto con los portavoces de la oposición en su máquina de escribir con unas cervezas de por medio, y que en el fondo nadie se había coscado de lo impresentable de la jugada. Pero es que tras esto, y tras 30 meses de no hacer nada para llegar al límite de lo estipulado en el convenio, se adenda éste, es decir, se modifica, y se pasa ya a hablar de dónde se otorgarán los 40000m2… que ahora resultan ser 150000. Otra vez los técnicos dormidos, claro está. Y luego, se aprueba en el 2010 una modificación del PGOU por el cual se declara urbanizable el equivalente a 370000m2 edificables en más de 900000m2 de terreno, correspondiéndose más del 50% del mismo a la empresa signataria del convenio (de 40000 a 185000 de premio, no está mal). Surrealista modificación, en la que tanto en la exposición de motivos como en el desarrollo urbanístico nuestros técnicos no parecieron tener sus mejores momentos. Recomiendo su lectura conteniendo la hilaridad ante algunas expresiones y justificaciones usadas. Además, modificación ésta que es idéntica en diseño y objetivo a una que los mismo técnicos habían rechazado en el 2005 y promovida por la misma empresa dueña de terrenos. Si es que cuando quieren y se ponen, nuestros técnicos son unos hachas…

Tras la exposición pública de esta modificación, se reciben en el Ayuntamiento decenas de alegaciones a la misma. Cabría pensar que nuestros somnolientos técnicos podrían en ese momento haber despertado, ya que han de responder y escribir muchas páginas a las alegaciones, haber reconocido en ese momento el despropósito en el que nos estábamos todos embarcando, haber aterrizado desde el guindo en que se hallaban. ¿Hubo algún arquitecto, abogado o administrativo del servicio municipal que elevase su voz para denunciar lo que estaba ocurriendo? No, creo que no. Todos a una, se dedicaron a pergeñar increíbles argumentos para responder a los alegantes, entre los que incluían la imperiosa necesidad de un nuevo centro comercial en Ávila, conectar Naturávila con la ciudad, justificar el hacer desarrollos lineales y no compactos para llegar a un hotelito con Spa, desarrollar más suelo con el asombroso argumento de haberse agotado el suelo por desarrollar (que no construido, el número de viviendas pendientes de venta y construcción en el momento era homérico y desorbitado), y sobre todo, justificando la necesidad de más viviendas en un alucinógeno análisis poblacional por el cual, en el escenario peor Ávila tendría a fecha de hoy 72000 habitantes, y en el optimista 83000. Unos genios de la prognosis, por lo que vemos

No voy a extenderme mucho más. Espoleados por su indudable sentido del deber y la justicia, sin duda alguna, nuestros técnicos municipales pelearon contra las alegaciones y contra las sentencias contrarias de tribunales superiores, defendiendo lo correcto de sus modificaciones urbanísticas (reforzadas sus convicciones por el hecho de que el Ayuntamiento se gastase un millón de euros en el estudio de un nuevo PGOU que las respaldaba, ¿qué fue de aquello?), de victoria en victoria hasta la derrota final en septiembre del 2013. Y cuando por fin la lógica se impuso a la voluntad, y la VI modificación del PGOU fue rechazada, la reacción de la empresa del convenio (al margen del pelotazo que buscaban) era esperable, y fue acudir a la justicia. Y ahora se vanagloria todo el mundo y ven positivo que un juez indique en su sentencia que 17 millones eran muchos… ¿tienen alguien los bemoles de ornarse con esos laureles, en serio?

¿Por qué y para qué tenemos un servicio urbanístico y un servicio jurídico municipal? ¿Están ahí para satisfacer la voz del político de turno y los promotores de turno en sus aspiraciones, o son funcionarios que se deben a la población y a la legalidad? Si los médicos diagnosticasen no en función del juramento hipocrático, sino en función de los deseos del ministro, consejero del ramo o representante farmacéutico, ¿lo aceptaríamos? ¿Hemos de asumir jueces, inspectores de hacienda, interventores, policías, docentes, guiados no por el buen hacer de su encomienda, sino por satisfacer los deseos espurios? ¿Dónde queda la objeción de conciencia? ¿Dónde la defensa de lo común? ¿O en su defecto, dónde el sentido común? ¿Dónde el pudor y la dignidad para no salir años más tarde en rueda de prensa con un dictamen judicial supuestamente “favorable”, en el que lo primero que se mira es que se exculpe de toda culpa al Ayuntamiento, y que no hace sino poner un broche lamentable a una historia para no dormir? ¿Quizás sueñe alguien que todo lo ocurrido hasta la fecha no ha sido sino una gran partida de ajedrez en la que ya desde el principio se pretendía posponer, promover en falso, ser anulado, y en definitiva “engañar” a la parte contratante de la primera parte con la ayuda de tribunales? ¿Qué hubiese pasado de no alegar la ciudadanía, de no recurrir FECOPA y UPyD (enormes)? ¿En serio que ha acabado esta historia, o hay más cosas en el cielo y en la tierra de las que sospecha Horacio? ¿Dónde hay que coger tickets para que uno a uno nos permitan a todos los ciudadanos abulenses comprar para luego intentar obtener 15 veces más (aunque sea incluso gracias a “expectativas futuras”)?

Seguramente alguien me indicará, y espero que con razón, que no he entendido una mierda de todo esto, que hay muchos flecos que no he visto y que justifican las actuaciones de unos y otros a lo largo de estos años, y que la historia es de otra forma. Que el mundo adulto no es blanco y negro, sino lleno de interesantes grises. Que depende, todo depende. Ojalá fuera así. Asumiría gustoso mi ignorancia y culpa anexa, siempre que el comentario contra mí no quedase tan solo en la crítica por mi desconocimiento, y aportase luz y taquígrafos con explicaciones, cifras y motivos pertinentes. Pero mientras llega esa corrección, que será sin duda bienvenida, no puedo sino sentir pavor y tristeza ante esos Otros (en el fondo, nosotros), callados, colaboracionistas, agazapados, que como en la peli de Amenabar, aunque parezca que no están, son los auténticos artífices de nuestros ayeres, presentes y mañanas. Muchas, muchísimas gracias por tanto.

Ser más agarrado que uno de Ávila

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Dice el refranero castellano, sedimento venerable de sabiduría, tópicos y lugares comunes, que unos llevan la fama y otros cardan la lana. La sentencia puede interpretarse de varias maneras, como el horóscopo o los programas políticos. Por una parte, el refrán denuncia que el mérito de un trabajo a veces no recae en quien lo realiza, situación que cualquier trabajador por cuenta ajena o negro literario sentirá o sufrirá en sus carnes casi cada día. Por otra parte, el refrán nos indica que aunque algunos sean conocidos por su virtudes o defectos, normalmente lo segundo, hay otros, mejores o peores, sobre los que recaen menos miradas.  Por ejemplo, los catalanes tienen fama de agarrados, de tacaños y de peseteros. Puede que sea verdad, no conozco a todos los catalanes para poder afirmar si son, de media, más conservadores con sus ahorros que los demás españoles, pero ya les digo yo que los abulenses no les vamos a la zaga.

Mañana nuestra ciudad celebra el “Día de la Muralla” para conmemorar la declaración en 1884 de nuestro primer bien como “Monumento Público Nacional” (sic). Antes de continuar, una nota al margen: este título de aires bolivarianos no sé de dónde habrá salido ni quién se lo habrá sacado de la manga. Si ustedes visitan la Gaceta de Madrid del 29 de marzo de 1884 verán que el título correcto es el de “Monumento Nacional”, a secas, aunque nos alegra esta nueva conciencia y promoción de lo público.

Como veníamos diciendo, tan alegre fecha se celebra mañana. Es el quinto año que se hace, pero esta vez la entrada al monumento (5€ general, 3,5€ reducida) no será gratuita porque coincide con Jueves Santo, día festivo que se espera de gran afluencia de público. ¿Ven como somos tan agarrados como se dice de los catalanes? Celebrar sí, pero que cada uno apoquine lo suyo. Mi próximo cumpleaños va a ser así, invito yo, pero los gusanitos, los refrescos y los sandwiches de Nocilla que los traiga cada uno de su casa.

Me van a decir que es una tontería, que las arcas del Ayuntamiento tienen telarañas, que cinco euros no son muchos, etc. ¿Cuánto se dejaría de ganar, que no gastar? ¿Llegará a los 10.000 euros siendo my optimistas? Y si no es cuestión de dinero ¿de qué es? Si el problema es que tenemos miedo de que aquello se llene de gorrones que aprovechen el día para subir, poniendo en peligro su integridad y la del monumento, con establecer un aforo máximo permitido y controlar los accesos -como se viene haciendo- se evita el riesgo.

El problema es que esto no se trata de un hecho concreto y puntual sino del epítome de la política municipal hacia el patrimonio y el turismo. Dónde las instituciones deberían ver bienes a conservar, enseñar y difundir, solo ven lugares a explotar comercialmente. Y tenemos pruebas de sobra. Hace algo más de dos años denunciábamos que un aspecto esencial de la Ley de Patrimonio era ignorado por autoridades y particulares de la ciudad: la obligación de visita pública gratuita al menos cuatro días al mes. En aquel momento, ni siquiera la muralla cumplía con la ley. Ahora sí, pero de aquella manera. La visita es gratuita los martes, siempre que no sea festivo o vísperas de festivo, de 14 a 16. Cumplirá la ley por los pelos, pero no el espíritu de la ley: fomentar la difusión y conocimiento de los bienes culturales. ¿Los martes a la hora de comer? Te tienes que reír. Por otra parte, este horario sí figura en la web municipal de turismo, pero no en el PDF que ofrecen con horarios y precios de los monumentos. En ese mismo PDF tampoco se señala el de otros monumentos obligados por la misma ley, como la catedral, en cuya web no se menciona la posibilidad de visita gratuita.

Igual el problema viene de arriba y tiene una vertiente estructural. ¿Por qué Patrimonio, Cultura y Turismo no forman parte una misma concejalía? ¿La cultura no puede ser un atractivo turístico? ¿No es cultura el patrimonio de la ciudad?

PS.- No sé si la muralla sigue siendo gratis habitualmente para los abulenses, pero en mi opinión esto también es dudosamente legal. ¿Cómo justificar esa discriminación por procedencia o lugar de nacimiento en los precios de las entradas a un lugar público?

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