¿Está Ávila turísticamente masificada? El desmasificador que la desmasifique…

Como decíamos ayer -siempre he querido decir esta frase- el turismo es un activo económico de primer orden, pero no está exento de riesgos. Un política turística y una gestión patrimonial inadecuada puede poner en peligro no solo el éxito del sector, sino también la calidad de vida de la ciudad y la conservación de su patrimonio material e inmaterial. La masificación turística que se vive en muchos enclaves pone en peligro la convivencia entre turistas y habitantes.

¿Está nuestra ciudad muy masificada turísticamente? En Ávila, la situación no es tan grave como en los grandes centros receptores de turistas. Esto no es Barcelona, ni Venecia, ni la Puerta del Sol un día de acampada o de campanadas. Es decir, salvo contadas excepciones, los abulenses podemos pasear por la ciudad con cierta comodidad sin ser asaltados por manadas de turistas ansiosos de hacerse una foto con nosotros, ejemplos de la abulensidad, hijos del sol y esclavos del viento, o viceversa. Hacer un comparación para saber cómo nos encontramos respecto a otras ciudades es complicado, pero nosotros, que somos unos valientes, vamos a intentarlo con un ejercicio brutal de ojobuencuberismo. Primero, porque es difícil saber cuántos turistas recibe una ciudad. Por aquí solemos usar los datos de la Encuesta de Ocupación Hotelera del INE porque son los únicos que nos permiten hacer comparativas entre distintas ciudades, pero ese dato no refleja fielmente el número de turistas que recibe una ciudad. Y no por ser una encuesta, como dijo Héctor Palencia hace no mucho, sino porque cuenta como viajeros únicamente a aquellos que pasan al menos una noche en la ciudad. Es decir, que los madrileños que vienen, se comen un bocata y se van, molestan pero no cuentan. En segundo lugar, porque en uno de nuestros cálculos vamos a cifrar la masificación atendiendo a la superficie de la zona turística de cada ciudad. ¿Y como hemos calculado la zona turística? A ojo de buen cubero. En Ávila, para que se hagan una idea, hemos incluido toda la zona amurallada y sus alrededores inmediatos, el espacio entre la muralla y la Plaza Santa Ana, la zona de Los Cuatro Postes y el Palacio de Congresos. Sí, el Lienzo Norte también. ¿No han visto ustedes las hordas de japoneses sacándose fotos en sus cercanías? Evidentemente, el número de turistas que se acerca a los hornos postmedievales es netamente inferior al que se hace fotografías en El Grande, del mismo modo que en Toledo no es lo mismo Zocodover que el entorno de los Baños de San Sebastian, pero aquí solo pretendemos aproximarnos a la problemática con las herramientas a nuestro alcance. Una última aclaración: podríamos haber hecho el cálculo en camposdefutbol -tantos turistas por campodefútbol- pero somos unos románticos del sistema métrico.

Aquí les pongo un par de bonitos gráficos, marca de la casa, de esos que tanto les gustan.

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En la primera tabla, la posición de Barcelona apenas destaca, pero hay que pensar que Barcelona es una ciudad bastante más grande y poblada que las demás. Si nos fijamos en el segundo gráfico, en el que se relaciona el número de turistas con la superficie de la zona más turística, Barcelona encabeza la tabla por delante de Granada y Benidorm, ciudad que en la primera tabla dejaba atrás, como Bale a Bartra, a sus perseguidores.

Sin pretender sentar cátedra, ya les digo que los datos no son todo lo completos que debieran, vemos como Barcelona destaca sobremanera entre las ciudades analizadas, seguida por Granada y que nuestra ciudad aún está lejos de ambos colosos. Aunque sería necesario afinar aún más el dato, considerando entre otras cosas las características de cada ciudad yde cada casco antiguo (transporte, orografía, distribución de las plazas hoteleras, etc.), podemos concluir que Ávila, de momento, no se enfrenta a los riesgos de la masificación turística retratada en Barcelona, lo que debe considerarse como una oportunidad ya que nos permite planificar de forma sosegada el desarrollo del sector.

De todas formas, a la vista de los datos del último padrón, no hay de qué preocuparse. Con esto de la despoblación, en Castilla y León cada vez hay mas hueco. El museo despoblado y en ruinas más grande del mundo.

 

¿Hemos vendido nuestras ciudades al turismo de masas?

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Calculo que tendrá cerca de sesenta años, pero soy muy malo para esas cosas. Igual tiene más y se conserva bien, o menos y la vida no ha sido demasiado amable con él. Le acompaña una niña pequeña, supongo que su nieta, que debe rondar la decena. Van de la mano y ella arrastra una mochila rosa con la estética de alguna serie de moda. Entran en la plaza por la calle Comercio, esquivando a un grupo de norteamericanos, aproximadamente cuarenta, todos de mediana edad, que siguen a una guía de pelo rubio que levanta una banderita llena de barras y estrellas. Cuando el abuelo y su nieta llegan a la plaza, buscan con la mirada un asiento a la sombra. No tardan mucho. Cerca de donde se encuentran, bajo un árbol, hay hueco suficiente para los dos al lado de una pareja joven de turistas -él lleva una cámara al cuello y ella consulta un plano- que charlan mientras se comen un helado. Llegan, dan las buenas tardes a los citados turistas y se sientan a descansar. Él mira a su alrededor buscando a alguien conocido, mientras la niña juega con su mochila. Al poco de estar sentados, un grupo de adolescentes franceses se aproxima a ellos. Una chica -dieciseis años, tal vez alguno menos, rubia, delgada, pálida, muy europea- se sienta a su lado mientras el resto del grupo permanece de pie. Se ríen, gritan, juguetean. Uno de ellos, con una camiseta blanca de tirantes, unos pantalones vaqueros y una de esas gorras que son más grandes que las cabezas que las portan, se acerca al abuelo y a su nieta. Le pregunta, en francés, si habla la lengua en la que leen a Cervantes al norte de los Pirineos. El señor le dice que no. El joven vuelve al ataque, entre las risas de sus compañeros de viaje. Le dice -entiendo el francés justo para no morir de hambre en aquellas tierras- que si se puede hacer una foto con él. El hombre desiste, coge de la mano a su nieta y se van. El toledano, especie en extinción en el centro de Toledo.

Y no solo el indígena desaparece. Más allá del caso comentado, donde la mala educación de los protagonistas alóctonos tiene más culpa que la procedencia o profesión de los mismos, el turismo tiene un impacto claro en la fisonomía de las zonas turísticas. Un paseo por la citada calle Comercio o sus adyacentes nos permite contemplar el escaparate de centenares de tiendas de souvenirs y la carta de otros centenares de bares -sangría y paella 12€-, pero muy pocas tiendas donde comprar útiles o viandas para la vida diaria de los habitantes de la zona. El Zara aparece en ese mar de espadas, navajas, toros y flamencas como el último refugio de la civilización.

Toledo, especialmente este año con el IV Centenario del Greco -no pueden ustedes perderse la exposición del Museo Santa Cruz y lo bonito que ha salido El Expolio de los talleres del Prado- está ocupado por turistas de toda clase y condición. Nadie duda del potencial económico del turismo pero la sobreexplotación y el monocultivo, aferrarse a él como única esperanza de crecimiento y creación de empleo, pone en peligro el patrimonio, la fisonomía de las ciudades, cuyos centros históricos corren el riesgo de convertirse en parques temáticos para el turismo, inhabitables para la población local; y también la propia supervivencia del sector que, llegado el caso, puede encontrarse con destinos tan masificados que provoquen el rechazo del visitante.

Es posible que usted haya visto, leído u oído hablar sobre esto mismo recientemente y se pregunte si es que todos los opinólogos, periodistas, blogueros y agentes del mal nos hemos puesto de acuerdo para divagar sobre este particular. La razón de esta coincidencia es el cierto éxito en las redes de un “documental” -lo entrecomillo porque sus autores no gustan de esta etiqueta- sobre Barcelona y las hordas de turistas que la invaden y la sojuzgan.

Por si ustedes no han pisado en tiempo aquellas tierras, yo, que estuve en la ciudad condal el último Sant Jordi, puedo dar fe de lo que en esas imágenes se narra. Y también de que la situación de Venecia es igual o peor, con más japoneses, más agua, alguna que otra rata y más olor. Ciudades tomadas por la industria turística, sustitución de los comercios y negocios tradicionales por otros orientados en exclusiva a los visitantes y población local agotada, arrinconada y en desbandada. En Venecia se están tomando algunas tímidas medidas para mitigar el impacto del turismo sobre el delicado ecosistema de la laguna y el patrimonio de la ciudad, como limitar el número de cruceros que pueden fondear en sus aguas o prohibirles el paso por determinadas zonas. A las protestas para poner en marcha estas medidas, protagonizadas por ecologistas y defensores del patrimonio, han seguido las protestas, protagonizadas por empresarios y trabajadores del sector turístico y hotelero, por su puesta en marcha. En Barcelona, la única medida tomada de momento para limitar la ocupación turística de un espacio, el fin de la gratuidad del Park Güell, ha levantado, como pueden ver en el vídeo, opiniones encontradas entre los vecinos. Los hay que acusan al Ayuntamiento de afán recaudatorio -una muletilla que vale para todo, incluso para cuando te multan yendo a 180 km/h por una comarcal, borracho como una cuba, con un par de cadáveres en el asiento de atrás- y los que lo consideran un mal menor. Entre los comerciantes de la zona, supongo, la opinión será claramente contraria.

El turismo es un gran negocio, posiblemente la primera industria (legal) global. Mueve miles de millones de euros y crea millones de empleos. En algunas zonas, el turismo es el principal motor económico. En Barcelona, el documental habla de que el turismo deja en la ciudad 20 millones de euros diarios, aunque no cuantifica qué gastos provoca (seguridad, limpieza, transportes, etc.). Piensen en Ávila. Muerta y enterrada la burbuja, el turismo y la Nissan son las dos principales industrias locales, los dos clavos ardiendo a los que se aferra la ciudad. Aunque usted no trabaje en ninguna de las dos industrias, su bienestar también depende en parte de ellas. ¿Qué pasaría si cerrasen Nissan? ¿Y si dejasen de venir turistas? ¿Justifica esta necesidad vital que se haga todo lo posible -subvenciones millonarias, ayudas fiscales, privilegios, etc- para sostener estas industrias?

Como sucede en Barcelona o en Venecia, aunque a mucha menor escala, es posible que el abulense de a pie tenga a veces la sensación de que su papel en la ciudad es secundario. Echemos un vistazo a las noticias sobre el próximo centenario de Santa Teresa. Casi todas se centran en el impacto que tendrá de cara a la imagen de la ciudad, el número de personas que vendrán, las previsiones de afluencia turística, etc.

No pretendemos con estas líneas posicionarnos en contra del turismo. Si han pensado eso, están ustedes equivocados. El turismo es una fuente de riqueza, un motor económico y un activo, entre otras cosas, para la conservación y recuperación del patrimonio material e inmaterial. Sin turismo, Ávila sería hoy un páramo. Pero se debe tener presente que además de potenciar la ciudad como destino y facilitar la llegada del turista y su estancia, hay que pensar en el ciudadano de a pie que ha de convivir con el turismo y el turista, evitar que se convierta en víctima del éxito turístico de la ciudad y que vea en el turismo a un enemigo en su día a día. Cuando se planifican actividades turísticas ¿se piensan en su impacto para los vecinos? ¿Se piensa en ellos? ¿Cuál es el papel reservado para los abulenses para el próximo centenario de la Santa? ¿Espectadores, voluntarios, actores de reparto, señalética humana, protagonistas? Dentro de las murallas están censadas apenas 3000 personas. ¿El Ayuntamiento piensa en ellas cuando actúa en la zona o en los turistas del fin de semana? Un ejemplo reciente, con el tema de los locales vacíos en el casco antiguo ¿El principal problema era la muerte del pequeño comercio, con lo que eso supone para la vida diaria de los residentes, o la mala imagen que se proyectaba de la ciudad para los visitantes? ¿Es el turismo, o debería ser, algo más que recaudación?

Mañana, si les parece, continuamos.

Tierra de bicis

Uno de mis recuerdos de juventud es pasear por la zona sur de Ávila y cruzarme con un par de chavales a los que había conocido poco antes en una noche de videojuegos. Me los habían presentado como Alberto e Illo, y por entonces yo pensaba que eran hermanos. Ahí estaban los dos, montados en sendas bicis, mirándome y diciendo un hola tímido tras un largo intercambio de miradas de “sí, es el del otro día, el barbilampiño flacucho”.

Somos ciudad de bicicletas, afortunadamente. De salir de casa, coger la bici y rápidamente plantarse en el campo, los caminos, las rutas. Recuerdo ir a Úbeda a por una flamante nueva bici y llevarme una decepción porque no tenían el maillot de Banesto. Compré otro uniforme cualquiera y un cuentakilómetros que fue mi juguete favorito del verano. 6 kilómetros y pico del Adolfo Suárez hasta El Fresno, me chivaba dicho cuentakilómetros. Un día logré por fin hacerme el camino de ida y vuelta y me sentí la reencarnación de Perico. Quería ser ciclista o jugar como el navero Juan Carlos y que Luisma Soto, Juanjo García o Luis Sánchez narraran mis goles para deleite de la parroquia abulense.

Pasé mil veranos en El Soto. Todo empezaba más o menos una vez pasada la Semana Santa, aunque pronto descubriera que era alérgico y tenía que tener cuidado con los pólenes. Me cogía la bici y tiraba hacia El Soto. Lo primero que había que hacer era elegir el camino más pegado al río o el otro… y tener cuidado con niños y señores. Luego llegábamos al primer punto caliente… el bosque encantado. Esos árboles tenían un aura de misterio que a poco que te quedaras embobado te ibas al suelo. Puede que entonces, en parado, miraras hacia alguna de las playitas del Adaja y vieras a una pareja dándose besos con descaro.

Eso cuando había agua, que años malos hubo muchos, de gran sequía y tierra agrietada pidiendo agua a gritos. Si lograbas vencer los miedos y cruzar el tramo de árboles encantados, pasabas a una ruta más tranquila, en la que el camino a veces se estrechaba y pasabas junto a fincas de ganado, con vacas y toros disfrutando del sol abulense. Ahí tenías que medir tus fuerzas y ver si podías seguir adelante o si no… y, de hacerlo, si no tardarías mucho en volver y preocuparías a tus padres. Pero al final un día lo haces y sigues…y te propones no dejar de pedalear hasta encontrar el siguiente pueblo, que resultaba ser El Fresno. El primer día que lo conseguí, con mi cuentakilómetros nuevo, supe que algún día ganaría la Vuelta a España.

Estoy aún en ello.

Otra ruta era ir hacia Tornadizos, más o menos entre la vía del tren y el Río Chico, por caminos que llamábamos “El campo de las mariquititas”, por la abundancia de susodichos bichos. Ahí, un día se nos hizo de noche tras llegar a Tornadizos, y volvimos sin luces, por un camino en cuesta empinada… con uno de los nuestros delante, yo en medio y otro detrás. Estaba convencido, con bastante terror, que alguno acabaría tomando mal alguna curva y cayendo a una escombrera que había por ahí. Llegamos todos sanos porque a veces no es tu hora, o vete a saber por qué. Ese día, si hay ángeles de la guardia, trabajaron a destajo.

Llegabas a casa, te duchabas “hueles a montuno, hijo” y echabas un PC Futbol hasta que el sueño te vencía.

Más tarde conocí a un chaval de El Fresno, ahora buen amigo. Le pregunté si les llamaban fresneditas o fresnícolas, y se lo tomó a mal. Era una broma con buena intención. De siempre, desde pequeño, aquel pueblo era como mi gran logro ciclista, era la etapa que había logrado vencer. El Fresno, ese lugar al que estaba seguro que acabaría llegando Ávila con tanta construcción.

Estamos aún en ello, también.

Pocos voluntarios

El asunto del voluntariado para la celebración del V Centenario del nacimiento de Santa Teresa es algo que me tiene algo mosqueado, debo ser yo el raro. Ya comenté en su día que no me parecía bien tirar de voluntarios y que se podía hacer un esfuerzo por generar puestos de trabajo. Eso fue allá por el mes de febrero y la cosa no era una idea disparatada ya que parece que gustó a algunos sectores de la política abulense, aunque abiertamente no lo dijeran. Esto último fue por el mes de marzo.

Autorías intelectuales aparte, el lunes leía una noticia en Tribuna de Ávila que decía:

Pese a que este domingo estaba previsto el cierre del plazo para las inscripciones de voluntarios del V Centenario del nacimiento de Santa Teresa, la Comisión de Voluntariado ha decidido ampliarlo hasta finales de mayo, debido a la gran demanda que se viene realizando en las últimas semanas.

Y claro, eso de “debido a la gran demanda que se viene realizando en las últimas semanas”, hace que salten todas mis alarmas. Decía Avilared:

Los interesados podrán inscribirse hasta el próximo 13 de abril, siendo la previsión de la diócesis no solo “fidelizar” a los 600 voluntarios que cooperaron en 2011 en la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) sino incrementar esa cifra para atender a los miles de peregrinos que se esperan…

Con todo mi respeto… Creo que su previsión eran largas colas de gente a la puerta del Obispado, como si fuera un concierto de Bisbal, creo que han pinchado y creo que nos la están intentando colar. Creo que han tenido mucha menos afluencia de voluntarios de la que esperaban. Creo que lo de “la gran demanda que se viene realizando en las últimas semanas” no es ni la mitad de lo que quieren que parezca y que quieren maquillarlo de cara a la ciudadanía porque queda mejor poner eso que poner que “no se ha inscrito tanta gente como pensábamos en un principio”. 

Por cierto, que el plazo no se amplía una semana, unos días… No, un mes y medio, a lo loco… ¿Para poder gestionar la gran avalancha final? De verdad, resulta difícil de creer. Que puedo estar equivocado, ¿eh? No digo yo que no. Que esto va rodando, llega finales de mayo, se cierra el plazo de inscripciones, dan la cifra de voluntarios y son 2.564 inscritos. Ya pediría disculpas, ya sería yo el primero en decir que me he equivocado al escribir estas líneas. Eso sí sería una gran demanda. Pero de momento, visto lo visto, creo que es todo lo contrario.

Agotado el plazo inicial dado y según informa Diario de Ávila:

Hasta ayer (14 de abril) cerca de 300 personas habían dicho ‘sí’ a la llamada de La Santa , una cifra que supone casi el doble de la registrada hace ahora un mes.

Una cifra que no llega a la mitad de lo inicialmente esperado… Añado yo. ¿Seguimos hablando de gran demanda?

Por cierto, y cambio un poco de tema, parece que se está abriendo algún comercio por el centro que pretende aprovechar el tirón del evento. Me parece buena idea. A ver si poco a poco se va viendo movimiento y comenzamos a salir adelante. Espero que sean comercios duraderos y no solo para una temporada, la temporada del V Centenario. 

Pelusa attack

pelusaAttack!!

Los sapos bailan flamenco (y llegan a Ávila en Ave)

No por mucho madrugar, Segovia Guiomar. Y cuando las barbas del PGOU veas como un AVE volar, pon tu cigueña a remojar. Por San Blas.

Disculpen la mezcla de refranes, pero es que venía a hablar del tren y me he dado cuenta de que hasta en este rincón de Internet tenemos casi todo ya dicho sobre Ávila y la alta velocidad. Hablar del AVE para nuestra tierra permite tirar de refranes, oportunidades perdidas, declaraciones vacías, promesas incumplidas, mentiras no piadosas y marca ACME.

Solo bajo la etiqueta “tren” tenemos en este blog ya 14 entradas contando ésta.  ¿En verdad sería beneficioso el AVE? ¿Vivimos bajo el día de la marmota? ¿Qué cosas hemos vivido junto a las vías?

Y mi favorita de ese pequeño truhán llamado Alberto… la historia de nuestros raíles y máquinas. 

Pero precisamente por ese interés en seguir de cerca las novedades del tren, hoy me quiero hacer eco de algo que pasó ayer por Valladolid,  donde el escudo de La Gasca. Estuvo la ministra del ramo, Ana Pastor, natural de Zamora y entre “no quiero prometer cosas que no voy a cumplir” – no como Zapatero, viene a decir y a veces lo dice – pronunció también un “quiero venir a mi tierra y que no se me caiga la cara de vergüenza”. (Por aquí un enlace a Europa Press)

Y hablando de la tierra, en ese foro de El Norte de Castilla en el que estaba participando teníamos presencia de periodistas abulenses como Carlos Aganzo o Sonia Andrino, así que hubo espacio y pregunta para lo de Ávila. Y… ¿qué dijo la ministra de lo nuestro? Pues que sí, pero  “cuando la situación económica mejore”.

“No descarto el AVE en sitios con dificultades”, ha señalado, tras lo que ha se referido en concreto a las obras de las alta velocidad en Ávila, algo que no ha descartado aunque ha abogado por esperar a que la situación “mejore”. “Quiero venir a mi tierra y que no se me caiga la cara de vergüenza”, ha aseverado.

Y decía más… “en Ávila se han reorganizado los servicios posibilitando el paso de trenes de larga distancia. Actuamos en toda Castilla y León para mejorar”.

Mientras, Ana Pastor explicaba con detalle lo poco que se tardaría de Madrid a Zamora, Salamanca, León y Palencia. Y al escucharlo daba bastante rabia ver que estorbamos en el mapa, que estamos a desmano, que efectivamente tirar por Segovia era más recto y más eficiente. Y bueno, al menos esos pérfidos segovianos tienen la estación al quinto cuerno y tanta envidia no dan porque tardan más en llegar a Guiomar que a Chamartín.

Pero en fin, que la situación mejorará. Cuando lleguen los brotes verdes y el buen karma, nos llegarán policías, aves, decatlones y maratones de bienestar. Hasta Museos del Prado si es menester. Y si no, mientras tanto, nos podemos contentar con la llegada de diputados cuneros que pelearán a brazo partido por nuestra tierra y para que otras provincias no nos coman la tostada, o nos dejen enlazarnos a la suya.

Un escudo en Pucela y una tarea en Perú

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Si hay algo en lo que coincidimos la mayor parte de los habitantes de Castilla y León es que Valladolid no es una ciudad bonita. Iba a decir que es fea, pero he revisado las estadísticas del blog y resulta que allí vive una parte importante de nuestros lectores. Podemos discutir si en una clasificación de ciudades “no bonitas” Valladolid se encontraría entre las cinco primeras o directamente en el podium de honor, pero que estaría en la lucha es un hecho científico. Por si esto fuera poco, Valladolid no tiene murallas, lo que la convierte en una ciudad poco fiable y además insegura en caso de ataque zombie.

A pesar de todo esto, Valladolid también sus rincones con encanto: la Plaza Mayor, San Pablo o el Museo Nacional de Escultura. El otro día, en Vallamordor, blog amigo dedicado a la no-capital birregional y conjuntiva, mencionaban de pasada uno de ellos: la Iglesia de la Magdalena. Dicen por la antigua capital del reino que el escudo que luce su fachada es el más grande del mundo -o el más grande tallado en piedra, puntualizan si su interlocutor pone cara de descreído. ¿Y de quién es tal escudo? ¿Quién costeó tamaño dispendio de roca? Pues un tipo de Ávila -más concretamente de Navarregadilla, localidad de Santa María de los Caballeros- llamado Pedro de La Gasca (o Lagasca según otros, entre los que se encuentra el callejero abulense), cuyos restos reposan en un bonito sepulcro de alabastro en el interior de la iglesia. Cuando murió, en 1567, Lagasca era Obispo y señor de Sigüenza, pero su vida no se limitó a la oración, la reflexión y la lectura reposada de la Biblia al lado de una chimenea. Pedro de La Gasca fue, entre otras cosas, el encargado de pacificar Perú.

Vida y peripecias de La Gasca antes de cruzar el mar océano.

Pero antes de profundizar en ese hecho, una breve reseña biográfica. Nacido en 1493, hidalgo -es decir, miembro de la pequeña nobleza- Maestro en Artes y Licenciado en Teología en la Universidad de Alcalá, graduado en Derecho Civil y Canónico en la Universidad de Salamanca, de la que llegó a ser Rector. Eligió el bando ganador durante la revuelta comunera y acabados sus estudios fue ordenado sacerdote. Su carrera eclesiástica empezó en Salamanca, pero pronto abandonó las orillas del Tormes camino de Toledo y Alcalá gracias a la influencia del Cardenal Juan Pardo de Tavera, a quien conocía de su paso por la Universidad de Alcalá. Como ven, en aquellos tiempos los contactos ya marcaban una vida y una carrera, y si ahora la vecindad de pupitre puede llevarte a un Ministerio o a Telefónica, antes te llevaba a ser vicario de la principal (y por lo tanto más rica) diócesis de las Españas y a la Inquisión, en cuyo Consejo Supremo encontró La Gasca acomodo gracias, de nuevo, a la influencia de Tavera. Como miembro de este festivo tribunal -famoso por sus perfomances y sus raves- fue La Gasca a Valencia, a investigar asuntos relacionados con ayunos poco cristianos y latigazos a crucifijos.

También sería en Valencia donde La Gasca ocupase su primer cargo político al ser designado por Carlos I visitador general del Reino de Valencia, un puesto hasta entonces reservado a los allí nacidos. Básicamente sus funciones eran comprobar la labor de los funcionarios, la recaudación de impuestos y el respeto a los poderes reales. Por fortuna para La Gasca todo esto fue en el S. XVI y no hace una década, porque con esas responsabilidades, en la Valencia de hoy, todavía estaría con las sales intentado recuperarse del soponcio a la sombra de un pirulí de Calatrava. Además de lo mencionado, La Gasca terminó colaborando en la defensa del Reino contra Barbarroja, corsario y almirante otómano, que por aquel entonces solía acechar aquellas costas y robar las joyas a las guiris mientras se enrojecían en las playas de Benidorm.

La Gasca contaba en aquel entonces con buenas relaciones en la Corte. Si antes el Cardenal Tavera había sido su padrino, protector y promotor, ahora ese puesto lo ocupaba Francisco de los Cobos, Comendador Mayor de León, Adelantado de Cazorla, Contador Mayor de Castilla, Secretario de Estado del emperador Carlos I, Señor de Sabiote, Jimena, Recena, Torres, Canena y Vellisca; y mano derecha del regente príncipe Felipe. Un tío importante. Será el quien ponga sobre la mesa el nombre de La Gasca para acabar con los problemas que en ese momento estallan en Perú.

Perú bien vale una misa.

Sería largo glosar aquí todo lo acontecido en Perú antes de la llegada de La Gasca, así que solicito de antemano el perdón de los especialistas por el breve resumen que procedo a realizar. Los problemas en Perú se sucedían desde que Pizarro mandó a criar malvas a Atahualpa y compañía, pero ahora las luchas no eran contra la población local, que bastante tenía con lo que tenía, sino entre los conquistadores. Pizarro contra Almagro, al que también dió matarile. El hijo de este contra Pizarro, al que rebanó el pescuezo en su casa de Lima. Gonzalo Pizarro, hermanastro de Francisco, y el gobernador Vaca de Castro contra Almagro, al que enviaron a saludar a todos los anteriores con la cabeza bajo el brazo.

Y por si fuera poco, va la Corona, allá en España, y se pone tiquismiquis con los derechos de los indios por culpa de un tal Bartolomé de las Casas, que lleva años dando la murga con que si los indios tienen alma y cosas por el estilo. En 1542 se promulgan las Leyes Nuevas, que reorganizan la administración de las colonias, prohíben la esclavitud de los indios y equiparan sus derechos a los de cualquier vasallo peninsular del Rey. Para aplicar estas leyes se envió a Perú, con el título de Virrey, al también abulense Blasco Núñez Vela, pero su mando en plaza duró poco. Los encomenderos -la encomienda era la figura jurídica utilizada para la explotación de la tierra y de los indígenas-  se sublevan, eligen a Gonzalo Pizarro como líder y decapitan a Blasco.

Todo esto llega a oídos de la corte y, como ya hemos dicho, Francisco de los Cobos pone sobre la mesa el nombre de La Gasca. El objetivo era enviar a Perú a un negociador, un diplomático hábil que supiese ganarse a los compañeros de Pizarro antes de enfrentarse abiertamente a él. El emperador acepta la sugerencia de de los Cobos y nombra a La Gasca presidente de la Real Audiencia de Lima -el tribunal del virreinato- y le dota de plenos poderes. La Gasca llega a las colonias en 1546. ocupa el vacío de poder dejado por Núñez Vela y comienza a maniobrar para atraer al bando realista a los lugartenientes de Pizarro ofreciéndoles el perdón real y la posibilidad de mantener sus encomiendas. Uno a uno, los sublevados (Pedro de Hinojosa, Sebastián de Benalcázar, Pedro de Valdivia, Pedro Ramírez, Juan de Cáceres, etc.) van cambiando de bando. El enfrentamiento final entre las tropas fieles a la Corona y los sublevados se produce a 25 kilómetros de Cuzco, en lo que se conoce como Batalla de Jaquijahuana, aunque de batalla tuvo poco: antes de comenzar, la mayor parte de las fuerzas de Pizarro desertaron y se unieron a La Gasca. Capturado Pizarro, fue juzgado y condenado a muerte.

Y de premio un obispado.

Sofocada la rebelión, La Gasca reorganizó la administración del Virreinato. Su principal objetivo fue reforzar la autoridad real en la colonia, aunque también reformó la administración de justicia, realizó gestiones en favor de los indígenas (sin llegar tan lejos como las Leyes Nuevas que provocaron la revuelta de los encomenderos) y organizó y permitió varias expediciones para aumentar la zona bajo control español. Considerando acabada su misión, en 1550 vuelve a la península con las mismas posesiones con las que había salido de ella, es decir, ninguna. Carlos I, como pagó por sus servicios, le nombró obispo de Palencia y su hijo, Felipe II, obispo de Sigüenza años después.

Allí murió en 1567 y desde allí salieron sus restos para reposar en la Iglesia de la Magdalena, el rincón de Valladolid del que hemos comenzado hablando.

 

De clases y vida

Traigo a este rincón un debate que se ha suscitado en algunos foros estos días. Ese asunto es la presencia de alumnos viendo la llegada del cortejo fúnebre de Adolfo Suárez. Días después, la noticia al respecto sigue estando entre las más vistas en Ávilared.

Si pasearon ese día por la ciudad, es posible que vieran estar presentes en las calles a chavales que a esa hora suelen tener clase. Según cuenta la información, fueron varios los colegios que dieron permiso para ello, ya fuera por trabajos al respecto u otras consideraciones.

¿A ustedes que les parece?

Recuerdo de pequeño habernos “fumado” la clase porque pasaba la Vuelta Ciclista a España por la misma ventana del colegio. Era imposible dar la hora lectiva… entre el griterío que había fuera y la excitación que teníamos los chavales. Al final, los profesores accedieron a dejarnos mirar por la ventana, y poco después a bajar a la puerta. Eso sí, todos juntitos y formales.

Eran los tiempos en los que el ciclismo todavía era puro a ojos del común. Veníamos de las gestas de Perico y de repente en Ávila teníamos al Chava, a jóvenes como Mancebo y Sastre… Recuerdo perfectamente que en aquellos años no habría perdonado a mis profesores no haber visto la salida de la etapa. Ni se me pasaba por la cabeza que nos privaran de algo tan importante (eso pensaba, criatura de mí).

Un par de años después aquello se fue de madre. El caso Festina y otros sucesos poco edificantes convirtieron el paso de la Vuelta en otra cosa. Tengo grabado a fuego en la memoria a unos compañeros un poco quinquis que, aprovechando que Virenque no podía ir a ninguna parte, no le paraban de hacer gestos de dopado, jeringuillas, palmadas y etcétera.

Son un par de recuerdos de aquellos años. Me vienne a la mente perfectamente esos momentos y evidentemente no recuerdo todas las clases. Por ello, creo que si ahora fuese alumno o profesor, estaría a favor de haber ido a ver el cortejo. Son días especiales y, en este caso, mucho más importantes.

Me explico: no ir por ir. No simplemente decir a los chavales “salid a la calle, haced lo que queráis” sino dar unas clases, explicar la figura de Suárez, lo básico y también lo más importante, y además vincularlo con la propia historia de la ciudad. Hacerles aprender que en nuestra última tierra se ha escrito mucha historia y se sigue escribiendo.

Despertarles el sentido cívico y la pasión por la historia. Pidiendo permiso a los padres, claro, porque leo opiniones contrarias (en los comentarios de ÁvilaRed) sobre la idea de presenciar duelos o sepelios.

¿Cómo lo veis los lectores de este espacio?

Fuera de la ley

La semana pasada, el viernes si no recuerdo mal, tuvimos reunión de vecinos en la comunidad en la que vivo. La verdad es que esos eventos no me hacen excesiva gracias pero es algo de lo que debes participar si después quieres tener derecho a protestar cuando alguien la cague, y, creedme, al final, siempre, alguien la caga.

Y digo alguien por no decir todos porque muchas veces se parte con el fallo desde el comienzo y después no valen los lamentos. El caso es que, según parece, la ley, LA LEY obliga a las comunidades de vecinos a suscribir un contrato de mantenimiento de servicios en previsión de posibles averías o accidentes. Es decir, contratar una empresa que se ocupe de que los cables de la luz estén en buenas condiciones, la caldera funcione correctamente, las puertas de los garajes abran y cierren como merecen, el ascensor esté siempre a punto… Ese tipo de cosas que en un momento dado, en una comunidad de vecinos, pueden fallar. De no tener suscrito dicho contrato, la compañía aseguradora de la comunidad de vecinos no se responsabiliza de nada en caso de accidente de ningún daño que se pueda producir.

Si hay un fallo eléctrico y se incendia una planta de la vivienda, haber contratado el seguro de mantenimiento. Si explota la caldera y aquello se queda como un solar, haber contratado el seguro de mantenimiento. Si revienta una tubería de las zonas comunas y se inundan dos plantas enteras, haber contratado el seguro de mantenimiento…

Y como en mi comunidad de vecinos somos muy de Ávila y de hacer las cosas bien… Se decidió posponer la decisión por segundo o tercer año consecutivo, pasarnos la ley por el arco del triunfo y seguir como delincuentes nuestras miserables vidas confiando en que el accidente no ocurra. A lo loco.

A mí la cosa me indigna. Si hay que cumplir la ley, hay que cumplir la ley. Es algo que debemos hacer todos y que no podemos saltarnos a la torera. Es evidente que a mucha gente no le gustan ciertas leyes, eso está claro, pero el que te guste, o no, deja de ser excusa para su incumplimiento. Así que si la ley dice que hay que hacer un contrato de mantenimiento no hay excusas, hay que hacer un contrato de mantenimiento. De verdad que no entiendo a estos sexagenarios que tengo por vecinos y su manía de vivir al límite.

¿Os imagináis que pasara lo mismo en cualquier otro ámbito de la vida? Yo qué sé… Se me ocurre… Pues que haya una ley que dice que “las administraciones públicas, en el ejercicio de sus competencias, tomarán las medidas oportunas para la retirada de escudos, insignias, placas y otros objetos conmemorativas de exaltación personal o colectiva de la sublevación militar de la guerra civil y de la represión de la dictadura”. Ya nos solo eso, sino que un grupo político lleve una moción a un pleno municipal en la que pida que se cumpla dicha ley…

Y… ¿Os imagináis que esa moción se rechazara? ¿Que se decidiera deliberadamente actuar al margen de la ley? Estaríamos locos, ¿verdad?

Son cosas que no pueden y no deben suceder. Y me parece mal por mi comunidad de vecinos como me parecería mal por el Equipo de Gobierno si…

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#OhWait

Contando los días

Esta ciudad avanza. Está claro. Estamos a poco más de metro y medio de ser la gran Smart City que todos deseamos ser. Estamos avanzando en la dirección correcta y dando pasos de gigante para colocar el nombre de la ciudad, de nuestra ciudad, de Ávila, en el lugar que le corresponde, que una vez ocupó y que con el tiempo, como quien no se da cuenta, hemos ido perdiendo.

No podemos hacer las cosas mejor y estamos recuperando en poco tiempo el terreno que durante mucho hemos perdido. El esplendor de la nueva estación de autobuses hace que la ciudad se vea diferente, se viva diferente. Una infraestructura que ha tardado lo suyo en comenzar a funcionar, todo hay que decirlo, y sin culpables claros del retraso. No es lo mismo que la estación se haya retrasado por culpa del Ayuntamiento de Ávila, del PP, que por culpa de la Junta de Castilla y León, del… #OhWait… Bueno, da igual… Lo más seguro es que ambos culpen a la Cámara de Comercio que no deja de ser el último interviniente en llegar y quien pretenden que cargue con el marrón. A lo que iba, que muy bien lo de la estación de autobuses y que mucho mejor estará cuando además de autobuses haya algún comercio, o alguna actividad a más, pero lo que tenemos claro es que una vez abierta no podemos más que avanzar como lo hemos estado haciendo hasta ahora, en la buena dirección… 

Y seguimos en la buena racha que tenemos con el cambio de iluminación de la ciudad, algo que se hacía para mejorar el que ya existía y, sobre todo, para ahorrar. El ahorro debe ser porque las nuevas bombillas led iluminan tanto como gastan, osea, poco. Y cuando digo que iluminan poco no quiero que me mal interpreten, quiero decir que iluminan bastante poco. Unas luces que llevan al engaño ya que al mirarlas directamente deslumbran y al mirar a la calle no alumbran. “Alumbrar” bonita palabra… Pero sigo que me disperso… Que bien, que ahorro y tal… Que veréis poco pero nos saldrá barato… Aunque, pensándolo bien… Este cambio de bombillas, al tratarse de una privatización, no nos reportará beneficio económico a los abulenses. Al menos no en el medio plazo. Le dará beneficios a la empresa que se encarga de la gestión, pero lo de la Smart City nadie dijo que fuera barato de inicio. No nos quejemos.

Y dejando aparte lo de la Smart City os comento las últimas novedades en cuanto a visitas de personalidades. Por un lado el Papa, que según La Razón viene a España en 2015 por el V Centenario de la Santa, cosa que la Diócesis de Ávila no confirma. No lo confirma porque a ellos no se lo han confirmado, lógico. Creo que la posición de la diócesis es bastante coherente. Seguramente La Razón tenga razón y termine por venir. Es lo que pensamos todos, lo tenemos más o menos claro, pero no vamos a asegurar nada que no sea seguro. Tarde o temprano nos enteraremos de si al final Francisco viene o no a la ciudad amurallada y será, veréis, todo un acontecimiento. Acontecimiento, por cierto, englobado en los actos del famoso V Centenario de Santa Teresa para el que siguen buscando voluntarios y lo hacen con un vídeo que no tiene desperdicio y que os recomiendo no ver si tenéis alguna estima a vuestra salud. Seguro que con esto lo petan.

La notica de verdad, la visita esperada, lo que sí queremos ver y lo que celebramos por todo lo alto es la nueva edición de Músicos en la Naturaleza. Al menos yo, oiga, que cada uno tiene sus prioridades… Ellos no lo confirman. No lo hacen, de momento pero no tardarán. En este caso no es por prudencia como la Diócesis de Ávila con el Papa, es porque le han dado la exclusiva a un periódico y tiene que dejar un día o dos hasta que se haga oficial para gloria del rotativo. John Fogerty, el carismático líder de la Creedence visitará nuestra querida sierra de Gredos para llenarla de puto Rock and Roll. Eso sí es caminar en la buena dirección. Eso sí es una buena noticia.

Y eso es todo. Aquí me quedo, contando los días para Fogerty, poniendo pilas a la linterna por si salgo de noche, buscando un hueco para visitar la nueva estación que creo que lo que sí tiene ya es cafetería y esperando, de verdad, que el Papa venga a la ciudad, más por el impacto económico que por lo que en sí representa.

Pero, sobre todo, contando los días hasta el 5 de julio para ver a Fogerty.

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