Ciudad de avestruces

Hoy vengo derrotista y pido disculpas de antemano. Ávila cada día que pasa me tiene más y más agotado. Me cansa, me desquicia, me desespera. Es la del mirar hacia atrás antes de decir nada no sea que alguien esté escuchando. La ciudad de la auto censura, personal y, muchas veces, profesional. Ese lugar en el que poca gente querría vivir de conocer la realidad. Ese lugar que parece hacer esfuerzos, cada día más enfocados, para que los jóvenes, los disconformes, los críticos, los que procuramos tener una opinión propia lejos de lo políticamente correcto, decidamos de una vez por todas hacer la maleta y salir corriendo, da igual el rumbo, para intentar no volver más que de visita puntual.

Recuerdo los inicios de este blog. Recuerdo los primeros correos que cruzamos los cuatro titulares de este rincón preparando, debatiendo y decidiendo cosas fundamentales para que Los 4 Palos comenzaran a caminar. Buscábamos diseños iniciales para comenzar con lo puesto. No podíamos permitirnos perder dinero con algo que no pensábamos fuera a ser la mitad de lo que hoy es, gracias a los que nos leéis, sin duda. Teníamos claro que no pretendíamos nada más allá que contar, desde la libertad de no depender económicamente de nadie, lo que desde otros sitios no se contaba intentando, con nuestra humilde opinión, generar un poco de debate que creíamos, a fecha de hoy yo aún lo creo, necesario en una ciudad como la nuestra en la que solo existe una realidad con la que más te vale comulgar o estás, digamos… jodido. Los cuatro, desde el principio, creímos que la única forma que teníamos de dar credibilidad a nuestras palabras era dando la cara incluso a riesgo de que terminaran por partírnosla. Riesgos incluidos, en cada una de nuestras entradas y comentarios, como habéis podido comprobar, aparece debidamente el nombre de quien lo firma y eso, en Ávila, os puedo asegurar que no es fácil.

Vivimos en la ciudad de los agujeros. Una ciudad en la que cada uno de los ciudadanos tiene el suyo. No muy grande, ¿eh? Poquita cosa. Lo justo para que podamos esconder nuestra cabeza en él cada vez que vemos algo que no nos gusta pero que puede ir en contra de nuestros intereses, normalmente de los laborales. Esos agujeros que nos imaginamos con un largo cuello saliendo de ellos que termina desembocando en ese gran ave no voladora que todos conocemos como ‘avestruz’. Cualquier situación es buena para que, quizá sin querer darnos cuenta, el miedo y la cobardía se hagan más visibles. Es lo que se llama la cultura del miedo en una ciudad en la que todos nos conocemos de una u otra forma, para lo bueno y para lo peor.

Falta de libertad a todos los niveles. Recomendaciones de gente que te aprecia diciéndote, claramente, no te mojes hacia ese lado que te puedes buscar problemas. Malas caras, miradas impertinentes por el mero hecho de ser tú. Algunas seguro que merecidas, por qué no reconocerlo, otras hechas desde el prejuicio y la distancia sin dar opción, sin querer conocer la opinión personal. Por el mero hecho de hacer lo que haces, de estar con quien estas o de escuchar esa música tan rara que tienes puesta. Sin más. A veces toca aguantar cosas más divertidas tipo cercanía con la izquierda radical o más le vale que nunca echen de su trabajo o no volverá a encontrar algo decente en su vida. La cultura del miedo. La cultura de que si piensas por ti mismo te puede ir muy mal. La cultura de guiar la mentalidad de las personas desde cada una de las actuaciones que se realizan en esta ciudad. La cultura del borreguismo, del ¡sí, señor!, de no mear fuera del tiesto. De tú haz lo que yo te diga, deja de lado lo que se te haya ocurrido por tu cuenta y te irá mejor. La sensación es que vamos por detrás que el resto de España que, ya de por sí, creo que va por detrás de lo que debería y miedo me da el futuro… La sensación de que, desde hace más de 36 años Ávila no ha evolucionado absolutamente nada y, quede claro, me refiero a mentalidad e ideología y no a otro tipo de avances… que tampoco.

¿Sabéis aquello de “Nos mean encima y dicen que llueve”? En Ávila es diferente y creo que tardaré mucho tiempo en cambiar esta opinión. En Ávila nos mean encima y todos preferimos decir que llueve, que igual, si pensamos, terminan cagándonos y encima será culpa nuestra… ¡O eso diremos…!

Como decía al principio, siento venir tan derrotista, pero echando un vistazo a mi alrededor no puedo, por más que quiero, llegar a otra conclusión diferente. Imagino que en otro momento esta bendita ciudad me dará motivos para alabarla y hablar de sus bondades pero hoy, sintiéndolo mucho, esto es lo que hay.

Y ahora, si me disculpáis, voy a preparar la maleta, por si acaso…

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