Trampas y trompetas (por Alvaro Aparicio)

¡Esto se nos está llenando de sonetos! En esta ocasión, a cargo de Alvaro Aparicio (@apamou). Si usted, querido lector, también quiere participar en este rinconcito del ciberespacio, aquí le explicamos cómo hacerlo.


 

“Trampas y trompetas”

No importa qué digas, dilo bonito.
Cuando anuncies encuentro, timonel,
solícito y al más alto nivel.
Clama incluso al cielo; se hará infinito.

No importa qué ofrezcas; tras el gambito,
nace tu espacio en la red de un burdel
viral en citas. Ave de cuartel,
pica tripas que vomitar ahíto.

Nissan, ora y embiste, ayer colmado.
Nissan, ora y bosteza, hoy derrotero.
La lucha acaba en duelo por dinero.

“Barato y fácil” oferta al obrero,
quien de cunero al escaño fue aupado
o el nieto “requetecalificado”.

De la rabia y de la idea es la herencia.
La provincia a cielo abierto. ¡Qué mina!,
¡qué ciencia! Señor, ¡qué Santa paciencia!

Y es que al cambio climático, conmina
Supermon, hay que exigirle indulgencia;
termal, pues acabose la divina.

Unir con flechas

Unir con flechas cada elemento de las cuatro columnas hasta que el resultado sea satisfactorio para usted.

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De nuevo el tren; siempre el tren

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Si alguna vez nos toca la lotería -hablo de millones de euros, no del reintegro- mi pareja y yo tenemos pensado comprarnos un chalet en Segovia con un trozo de césped para que nuestro futuro perro tenga por donde correr y nosotros un rincón para plantar algunas lechugas para echar a las ensaladas cuando vengan visitas. Sí, lo de las lechugas es una amenaza, no nos gustan las visitas. Como abulense me veo en la obligación de aclarar las razones de este sonoro desprecio a las raíces, la muralla y el dedo incorrupto de Santa Teresa. No, no es que me guste más el acueducto que San Vicente, ni que su cochinillo sea mejor que nuestro chuletón. Ni siquiera tiene que ver con que allí el gobierno municipal caiga más cerca de mis coordenadas ideológicas, ni con el hecho de que no conozco a nadie en Segovia y podré comerme a gusto las lechugas de mi huerta. Lo que hay en Segovia y no en nuestra ciudad es el AVE.

¿Y para qué quiere el AVE un joven guapo, atractivo, felizmente casado, inteligente y rico? Para irse a Madrid a gastar las perras. Levantarme a eso de las nueve, tomar un café recién molido, pedirle a Bautista que me lleve a la estación -que está a un paseo del chalet- en mi Ferrari híbrido, tomar el tren de las 10:29 y estar en Madrid antes de las once. Gastar dos mil euros en figuritas de Star Wars, mojar una magdalena dopada en un café del Starbucks que está cerca del Reina Sofia -derrochando a tope-, comer en un 100 Montaditos para ahorrar y volver a media tarde, en el Avant de las 18:40, a controlar que Bautista ha sacado al perro a hacer pipí en el jardín del vecino.

¡Ay, el AVE! Esta semana, otras dos capitales de nuestra región han inaugurado sus trenes veloces. Ya puede ir usted en tren rápido a visitar a Tina, la cigüeña palentina, o a pasear por el Húmedo leonés. Y dentro de nada podrá usted llegar hasta Duerogrado -la ciudad antes conocida como Zamora- y luego vendrán Salamanca y Burgos. Total, que en menos que se independiza una Comunidad Autónoma, todas las capitales de la región menos Ávila y Soria estarán conectadas con AVE con la capital del reino y con la no-capital de la región.

Ya saben ustedes lo que toca ahora: lamentarnos por no tener AVE, levantar el puño contra el viento de poniente y jurar que nunca más, en los próximos dos días, votaremos a los partidos que nos han dejado en tierra, en la cuneta del futuro.

¿Pinta negro el futuro del ferrocarril abulense? Pues sí, pero tampoco es nada nuevo. ¿Nos la vuelven a colar nuestros políticos cuando nos hablan del maravilloso futuro de la ciudad y de sus caminos de hierro? Pues sí, pero tampoco es nada nuevo. ¡Seamos optimistas, caracoles! ¡Pensemos como aquellos que hace años que no se acercan a un tren! La electrificación de la línea desde Salamanca a Medina y los nuevos servicios de AVE hacia el norte del Estadospañol son una gran oportunidad para los abulenses porque, como pasarán menos trenes, los que pasen podrán ir levemente más rápidos, mucho más holgados por las vías sin otros trenes que les molesten y los chavales tendrán más tiempo para poner las monedas de céntimo en los raíles. También puede que se aburran entre tren y tren, pero es que esta juventud no está contenta con nada.

Ahora, uno de esos párrafos para hacer amigos. La inversión en ferrocarriles de alta velocidad era y es necesaria porque la mayor parte de las líneas del país eran y son una castaña. Ahí está la línea de Ávila a Madrid para dar fe de esto. Puestos a tirar vías, que las nuevas sean las mejores posibles y duren un siglo. Sí, es una pasta, pero es que en otros países de nuestro entorno la inversión no es tan necesaria porque sus líneas no eran una castaña en la que no se había invertido ni una peseta desde que Franco era corneta. Y claro, esto afecta al futuro de los servicios. A medio plazo, si las decisiones no fueran tomadas por políticos que se alimentan de nuestros votos -y no estoy diciendo que esto sea siempre malo- nuestra ciudad contaría con un par de servicios a Salamanca, otro par a Valladolid y sus correspondientes cuatro o cinco a Madrid. Nada más. Y en los pueblos pueden hacerse una idea. Si la lógica económica se impusiera, las grandes ciudades estarían conectadas con alta velocidad, las ciudades medianas y pequeñas con regionales de toda la vida y de ahí para abajo autobuses, unos vehículos más pequeños, más flexibles, más baratos y eficientes. En ningún sitio pone que la movilidad de los españoles, esa que está asegurada por el Estado, tenga que ser en AVE o en tren.

Con todo, no tener AVE no es tan grave, de verdad. Es una gran infraestructura, pero no es maná caído del cielo empapado en el bálsamo de Fierabrás. Piensen en la situación que les conté en el primer párrafo y ahora piensen en Ávila a 20 minutos de Madrid. ¿Los turistas de más que vinieran compensarían el gasto que los abulenses pasarían a hacer en Madrid? ¿Y si no vienen muchos más turistas? ¿Y qué pasa con las empresas locales? ¿El AVE las haría más competitivas o haría mucho más sencillo que los abulenses montaran sus empresas en Madrid? ¿Montar una empresa en Ávila, a 20 minutos de 5 millones de clientes potenciales, o montar una empresa donde están esos clientes y vivir en Ávila gracias a lo rápido que se viene desde Madrid? Los estudios que se han realizado no tienen muy claro el efecto, positivo o negativo, del AVE en ciudades como la nuestra. 

El problema de nuestra ciudad no es carecer de AVE. Nuestro problema es demográfico, económico, de perspectivas de futuro, de falta de oferta y de demanda, y eso no hay infraestructura que lo arregle por sí sola.

Todos a la costa

Abrimos semana con una nueva colaboración de nuestros lectores. Se trata de otro de nuestros habituales, Carlos, el que nos monta en el tren de los recuerdos.

Si tú también quieres publicar algo en este rincón, aquí te explicamos cómo.

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Todos a la costa

Hace mucho tiempo, antes incluso de que se aprobará la constitución y “autonomía” tomase un acento político en el diccionario.

Este bienjestorio llegó una dominical tarde de septiembre a tomar posesión de una plaza en esta ciudad. Antes de la llegada de la precariedad laboral era de esa manera: uno accedía al empleo con nombramiento, fecha de efectividad y haberes. Sorprendido por la limpieza del cielo que de noche permitía contemplar el camino de Santiago con toda nitidez, entonces no supe comprender esa premonición. Me subyugo: la impagable calidad de la reverberación sonora de cada paso dado sobre el empedrado de las calles, que devolvía la roca de los muros y paredes a la salida de cualquiera de los tres cinematógrafos. En uno ponían filmes eróticos, lo cual hacia retemblar de furia las inamovibles bases del cimbalillo catedralicio. La elegancia que otorga una previsora rebeca sobre el hombro durante el paseo estival. La comodidad de estacionar a la misma puerta de la única discoteca con anillo de cristal. Aquello si que fue una conmoción de elegante modernidad. El ajetreo que inundaba las calles y plazas de la población durante las matinales de los viernes cuando los feriantes en ganado presumían de asistir a la segunda en orden de mayor importancia de la nación. La multitud de ciudadanos que acudió al mercado Chico, toda Ávila se concentró para saludar a sus majestades cuando salieron al balcón municipal tras inaugurar el hospital.

Entonces tampoco eramos demasiados. ¿Que decir sobre cuánto amuralló mi confianza en el futuro la abundancia de comunicaciones ferroviarias con destino hacía los lugares más escogidos de la geografía peninsular? Galicia, Asturias, Santander antes de mudar en Cantabría, Alicante, Vitoria que luego fue Gasteiz. ¿Y para que mencionar los abundantes convoyes directos hacía la del reino capital, Valladolid y Salamanca?. Ay, Helmántica que siempre tuvo presencia entre nuestras gentes y que se ignoraba antesala del exilio juvenil.

Hoy el Ave que corre, pero no vuela. Bip, bip. Aleja sus ruedas de nuestra ciudad para evitar la posibilidad de sufrir un apresurado mordisco en la extremidad de sus inversiones. Perdida la batalla, agrietados los muros por estas nostalgias sin futuro, les invito a seguir la máxima que encabeza este post. Tomemos el último tren con destino A Coruña y acudamos al encuentro final. A los puertos grises, que pierden la mirada entre las brumas del horizonte.

¡Todos a la Costa! De la Morte, por supuesto.

Los sapos bailan flamenco (y llegan a Ávila en Ave)

No por mucho madrugar, Segovia Guiomar. Y cuando las barbas del PGOU veas como un AVE volar, pon tu cigueña a remojar. Por San Blas.

Disculpen la mezcla de refranes, pero es que venía a hablar del tren y me he dado cuenta de que hasta en este rincón de Internet tenemos casi todo ya dicho sobre Ávila y la alta velocidad. Hablar del AVE para nuestra tierra permite tirar de refranes, oportunidades perdidas, declaraciones vacías, promesas incumplidas, mentiras no piadosas y marca ACME.

Solo bajo la etiqueta “tren” tenemos en este blog ya 14 entradas contando ésta.  ¿En verdad sería beneficioso el AVE? ¿Vivimos bajo el día de la marmota? ¿Qué cosas hemos vivido junto a las vías?

Y mi favorita de ese pequeño truhán llamado Alberto… la historia de nuestros raíles y máquinas. 

Pero precisamente por ese interés en seguir de cerca las novedades del tren, hoy me quiero hacer eco de algo que pasó ayer por Valladolid,  donde el escudo de La Gasca. Estuvo la ministra del ramo, Ana Pastor, natural de Zamora y entre “no quiero prometer cosas que no voy a cumplir” – no como Zapatero, viene a decir y a veces lo dice – pronunció también un “quiero venir a mi tierra y que no se me caiga la cara de vergüenza”. (Por aquí un enlace a Europa Press)

Y hablando de la tierra, en ese foro de El Norte de Castilla en el que estaba participando teníamos presencia de periodistas abulenses como Carlos Aganzo o Sonia Andrino, así que hubo espacio y pregunta para lo de Ávila. Y… ¿qué dijo la ministra de lo nuestro? Pues que sí, pero  “cuando la situación económica mejore”.

“No descarto el AVE en sitios con dificultades”, ha señalado, tras lo que ha se referido en concreto a las obras de las alta velocidad en Ávila, algo que no ha descartado aunque ha abogado por esperar a que la situación “mejore”. “Quiero venir a mi tierra y que no se me caiga la cara de vergüenza”, ha aseverado.

Y decía más… “en Ávila se han reorganizado los servicios posibilitando el paso de trenes de larga distancia. Actuamos en toda Castilla y León para mejorar”.

Mientras, Ana Pastor explicaba con detalle lo poco que se tardaría de Madrid a Zamora, Salamanca, León y Palencia. Y al escucharlo daba bastante rabia ver que estorbamos en el mapa, que estamos a desmano, que efectivamente tirar por Segovia era más recto y más eficiente. Y bueno, al menos esos pérfidos segovianos tienen la estación al quinto cuerno y tanta envidia no dan porque tardan más en llegar a Guiomar que a Chamartín.

Pero en fin, que la situación mejorará. Cuando lleguen los brotes verdes y el buen karma, nos llegarán policías, aves, decatlones y maratones de bienestar. Hasta Museos del Prado si es menester. Y si no, mientras tanto, nos podemos contentar con la llegada de diputados cuneros que pelearán a brazo partido por nuestra tierra y para que otras provincias no nos coman la tostada, o nos dejen enlazarnos a la suya.

Cosas de pareja… ya saben

Ávila es cada vez más un Día de la Marmota. Los mismos políticos (desde hace aaaaaaños) hablando de los mismos temas (desde hace aaaaaaños). El tren, el Museo del Prado, el peaje de la autovía, …………………………………..………………… Rellenen los puntos suspensivos con lo que quieran y copien y peguen 100 veces en sus Bloc de Notas. Impriman y tendrán el genoma de esta tierra. ¡Listo para hacer un burruño y tirarlo a la papelera más cercana!

El tema del ferrocarril ha vuelto a ser asunto de discusión esta semana y a mí me viene a la mente aquella noticia de El Mundo Today: “Una pareja repite una discusión porque no la oyeron los vecinos”. Al loro al último párrafo del texto: “El vecindario, sin embargo, cree que si la pareja repite las discusiones no es porque éstas tengan “un alto contenido intelectual o interés pedagógico”, como opina Jaime, sino porque ambos disfrutan siendo el centro de atención. “El único tema de conversación que tienen son sus propios problemas. Y no sólo eso, sino que a veces tú discutes sobre algo con tu mujer y ellos al otro día polemizan sobre el mismo tema. O incluso replican escenas de pelis famosas, como el diálogo sobre el masaje de pies de Pulp Fiction, sólo que ellos lo hacen chillando y tirándose cosas a la cabeza”.

El debate político abulense es como una discusión de pareja pero a lo bestia, capaz de superar cualquier límite en el espacio y en el tiempo. Cambien “que te aguante tu madre” por “exijo explicaciones ante tal desagravio para la provincia”; sustituyan “eres una histérica” por  “no acepto lecciones de un partido que ha marginado esta tierra”, y ahí lo tienen.

Los vecinos de ésta, nuestra comunidad, mientras tanto, hasta la coronilla de aguantar tanta reproche bobo. Y el tren sigue agonizando. Y el Museo del Prado no llega. Y el peaje sube que te sube.

El AVE y el turismo

Los últimos días han sido de frenética actividad inauguradora. Como en los viejos tiempos, las cintas con los colores de la bandera de la patria y las cortinillas de terciopelo han vuelto a las portadas de la prensa. En nuestra ciudad, sin ir más lejos, en los últimos día se ha inaugurado un surtidor (de gas licuado, que somos modernos), el cambio de denominación de una rotonda* y el cambio de denominación de unas pistas polideportivas. ¡Y amenazan con inaugurar dentro de no demasiado tiempo la nueva estación de autobuses! Adiós a nuestro hecho diferencial: la estación de autobuses sin autobuses.

En el resto de España, por pura envidia, también andan inaugurando cosas. Cosas insignificantes al lado de nuestro brillante y gaseoso surtidor, pero cosas al fin y al cabo. Por ejemplo, a principios de esta semana se inauguró por todo lo alto el nuevo AVE Madrid-Alicante. Allí estaban el Príncipe de las Españas, la ministra del ramo, un par de presidentes autonómicos, algún que otro imputado por corrupción y Mariano, que por ser la ocasión que era viajó en persona y no por TDT. La nueva línea del AVE, un cacharro del que me declaro fan absoluto, creará, él solito, 735 empleos, tendrá un impacto de 70 millones de euros anuales en la economía alicantina y aumentará un 40% el número de viajeros, la mayoría de ellos madrileños ansiosos por comprarse una casa con vistas a la playa de San Juan o en la Albufereta. Casi nada.

Personalmente, siempre he dudado de este tipo de cifras, en primer lugar porque a medida que tiramos vías de AVE multiplicamos los destinos a los que tienen que ir los madrileños, principal mercado emisor de domingueros, lo que debe ser un mareo para ellos. En segundo lugar, porque siempre me ha parecido que estas cifras se dan de forma bastante aleatoria. Por ejemplo, el AVE creará 735 empleos en Alicante, mientras que el “tren diesel de velocidad rápida” que han vendido a los extremeños creará, según la Junta, nada menos que 16000 empleos. Con 200 trenes de estos surcando la piel de toro acabamos con el problema del paro.

Calcular si esto es cierto o no sobrepasa mis capacidades, solo soy casi perfecto, pero si podemos acercarnos al impacto del AVE en el turismo. ¿Cómo? Comprobando si la llegada del AVE a una ciudad supone o no un aumento significativo del número de viajeros. Vamos a coger unas cuantas ciudades a las que ha llegado el AVE en los últimos años y vamos a compararlas, gracias al trabajo de los chicos del INE, con otras que no han tenido tanta suerte. Las ciudades con AVE elegidas son Albacete, Cuenca (a ambas llegó el tren a finales de 2010), Segovia, Valladolid (el AVE pisó Castilla a finales de 2007) Tarragona (2006) y Toledo (2005). Entre las ciudades lentas, además de Ávila, he escogido a Zamora y Cáceres, por ser de un tamaño similar al nuestro.

Primera gráfica: evolución del número de visitantes de todas estas ciudades desde el año 2005 a 2012. (Como siempre, click para ampliar)

20052012

A simple vista no podemos sacar ninguna conclusión. Bueno, sí, una: que a Zamora va poca gente y a Toledo mucha, pero esto era algo que ya sabíamos. Vamos a por la segunda ¿cómo ha evolucionado en estas ciudades este dato desde 2005 a 2012? ¿Llegan ahora más o menos viajeros que antes?

Diferencia20052012

Como vemos, la llegada de visitantes ha aumentado en tres ciudades, todas con AVE, y decrecido en las demás. Mención especial para la nuestra que, como pueden ustedes observar, es la que peor se ha comportado de entre las elegidas. El dato concreto de Ávila, saquen los pañuelos, es una caída del 18,03% desde el año 2005. Casi podríamos concluir que el impacto del AVE existe, si no fuera porque la segunda ciudad con peor comportamiento en la serie es Cuenca, que a pesar del AVE ha perdido un 14% de viajeros en los últimos 8 años. Los datos de las ciudades con tren veloz son, de media, mejores que los de aquellas que no lo tienen, pero no se comportan igual. Aunque no podemos saber qué habría pasado con el turismo conquense sin la llegada del AVE, parece que la velocidad a la que llega el tren no es el único factor que determina el número de visitantes.

La tercera gráfica nos va a permitir valorar el impacto inmediato de la infraestructura ¿qué sucede el año posterior al corte de la cinta inaugural?

Añoposterior

Cuatro caídas y dos aumentos. A simple vista, la llegada del AVE no supone una explosión turística para las ciudades que lo acogen. Por ponernos puntillosos, incluso el dato de Toledo podemos ponerlo en duda pues se produce en una época, 2006, en el que el número de viajeros aumenta en casi todas las ciudades analizadas. Aquí la gráfica.

20052006

En resumen, mi impresión es que es posible que el AVE tenga algún efecto en el número de viajeros en este tipo de ciudades (turismo de interior, ciudades de tamaño pequeño o medio), pero que este no es demasiado significativo. La llegada del tren veloz no parece suponer un revulsivo para el turismo local por si mismo.

Por último, para los amantes de las comparaciones, una gráfica más. Si se han fijado en la que comparaba la evolución del número de viajeros entre 2005 y 2012 habrán observado que la ciudad con mejor comportamiento era Segovia y la peor Ávila. En 2005, la ciudad amurallada recibía 65000 viajeros más que la del acueducto. El año pasado llegaron a Segovia casi 24000 viajeros más que a Ávila. Aquí la evolución anual.

AvilaSegovia

Como ven, el sorpasso se produjo en 2009. El mismo año que también nos superó Cáceres que en 2005 recibía casi el mismo número de viajeros que Ávila y que hoy recibe casi 40000 más. Houston, tenemos un problema.

*La rotonda ha pasado a llamarse “Brasero de la Dehesa”, el lugar donde según las crónicas se ajustició a los judíos acusados del secuestro y tortura del Santo Niño de la Guardia. Puestos a nominar algo, si este lugar estaba situado entre Sancti Spiritus y la Plaza de Toros ¿por qué se pone ese nombre a la rotonda de San Nicolás y no a una que de verdad pille cerca?

Tiempos modernos

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Los tiempos cambian una barbaridad, como debieron pensar los hispanorromanos cuando vieron a suevos, vándalos y alanos pisarles los sembrados; pero a la vez, como mandan los cánones postmodernos, hay cosa que nunca cambian, que permanecen constantes, como el tono del tinte de Rajoy, el ego de Aznar o Rubalcaba. Cambio y permanencia, futilidad y eternidad, yin y yang, negro y blanco, chocolate y vainilla, bolsa grande o pequeña en el supermercado. Así es la puesta de sol en la que nos ha tocado vivir.

Todo esto lo pensaba el otro día sentado bajo un árbol en Cuenca. Un árbol con hojas, como los de antes, cuando los árboles eran árboles y no recuerdos. Antaño, al llegar a un sitio, el primer paso del ritual iniciático-turístico-viajero consistía en descargar las maletas con el riñón y disimular el dolor con gesto despreocupado y sonrisa hercúlea. Después, para desviar la atención y que nadie notase el pinzamiento provocado por el esfuerzo maletil, iniciabas una conversación con frases del tipo “¡Qué frío/calor hace!”, “¡Cuánto hemos tardado en llegar!” o “¡Qué bonito/feo es todo esto!”. Frases de viaje, subespecie de las frases de ascensor.

Ahora todo esto ha cambiado. Si viajas en avión y no llegas a una ciudad grande, es probable que lo primero que te preguntes es dónde está el resto del mundo. La era de los aeropuertos para las personas no ha hecho más que empezar. Si eres usuario de los trenes de alta velocidad, o de sus vías, lo primero que te viene a las sinapsis neuronales tras apearte es, en muchos casos, “¿Dónde coño está X?”, siendo X tu destino. Si ustedes son uno de esos desaprensivos que cogen su vehículo motorizado particular hasta para orinar, no habrán podido disfrutar de ese calambrazo entrañable que se siente al salir de una estación del AVE y encontrarse en mitad de la nada, justo en aquellos páramos de asceta de los que hablaba Machado mientras pensaba en la futura estación del AVE de Soria. Si Renfe fuese una amante sincera, al venderte el billete para muchas ciudades debería especificar que te lo vende para su término municipal -con suerte- o para un lugar indeterminado en sus proximidades. Tren procedente de Madrid con destino los alrededores de Cuenca, Segovia, Guadalajara o Tarragona. Recortando distancias, acercando personas

Como les decía, todo esto lo pensaba en Cuenca, concretamente en la estación del AVE de Cuenca, a seis o siete kilómetros de las casas colgadas, mientras en la marquesina del autobús un cártel intentaba venderme con sorna una ruta turística por los alrededores de la ciudad. La modernidad, reflexionaba, debe ser esto: tardar menos en llegar a la estación (50 minutos) y más en llegar a la ciudad (56 minutos desde que puse un pie y la maleta en el andén). Si a este deslumbrante epítome de los nuevos tiempos le sumamos el museo de arte abstracto y la muerte de la prensa de papel, tenemos que concluir que Cuenca es una ciudad moderna, adelantada a su tiempo, punta de lanza de los días venideros.

Si ellos son la modernidad, lo cambiante, nosotros somos lo que permanece. Ya les decía más arriba que de todo tiene que haber en la viña del señor, sobre todo si este es un hipster. A primera vista, Ávila no destaca por su ímpetu modernizador. No tenemos tren veloz, ni lo vamos a tener, y de tenerlo su estación no estaría demasiado lejos. Los trenes siguen circulando por las mismas vías que lo hacían en el siglo XIX y a la misma velocidad. Y demos gracias por ello. Igual dentro de unos meses, en lugar de regodearnos en el actual trazado zigzagueante decimonónico, podemos montar una vía verde por los raíles y hacer turismo y deporte hasta el apeadero de Guimorcondo. No tenemos museo de arte abstracto -y de tenerlo estaría cerrado- y no solo pervive la prensa de papel, es que además perderse en sus páginas es a veces un viaje en el tiempo: sus viajes de estudios, sus jubilados, la tradicional impostura oficial, sus fiestas de los pueblos con sus quintos, sus cartas del obispo de la diócesis, su aceite embalsado… Solo nos sumamos con impetu a la modernidad burbujil y miren como nos salió. ¡Qué lejos queda aquel “Horizonte 2020”, el nuevo Hospital en la zona sur, el polígono industrial en Narrillos, los 100.000 habitantes! Ávila es ese algo que nunca cambia, la ciudad que se despereza al toque del cimbalillo, ese contrapunto necesario a la modernidad que nos arrasa, al yugo opresor de las modas, las ondas wifi, el 4G y las cinturas de avispas. Bendita seas, Ávila de los Caballeros, reserva moral de occidente.

Pero no, no puede ser. Algo falla. Siempre hemos ido de modernos, de adelantados, de smartcity peregrina, de estandarte del futuro. ¡Nosotros los primeros, abran paso! Pasado mañana mejor que mañana. El pasado no vende, súmate al cambio. Me estoy perdiendo algo. Quizá ahora lo moderno sea parecer antiguo. ¿Es ese nuestro plan? Igual quedarse sin tren es a la ciudades lo que los pantalones campana y las camisas con chorreras al vestir. ¿Avanzamos retrocediendo? No, tiene que haber algo más. ¡Lo tengo! ¡Cómo hemos podido estar tan ciegos!

Si la modernidad es tener una estación de AVE, pero tenerla lejos, nosotros somos los campeones del mundo de la modernidad. La Estación de AVE de Ávila, llamada Segovia-Guiomar para confundir -la modernidad es confusa-, está a casi 70 kilómetros de la ciudad. Nosotros con AVE, cómodamente sentados en el vagón del futuro -clase turista, eso sí- y ustedes despotricando y desgañitándose en foros, redes sociales y panfletos rosamagentinos -me refiero a este blog, no al chiringo de R10- porque nos quedamos aislados y no se cuantas memeces más. ¡Desagradecidos! ¡Antiguos! ¡Carcas! Somos tan modernos, pero tan, tan modernos, que la modernidad aún no nos ha alcanzado.

Ya saben, la próxima vez que un turista, familiar, amigo o conocido, les pregunte por la estación de tren, lo que tienen que indicarle es lo siguiente: vaya hasta la estación de autobuses -no especifique si a la nueva o a la vieja, recuerde que la modernidad es confusa-, subase a un autobús a un sitio llamado Segovia y una vez allí, líneas 11 y 12 hasta la estación del AVE.

Regodeemosnos en la modernidad, que quizá sea lo único que nos quede.

Ávila al tran (tran)

Parece que estoy esta semana de guardia en el blog, así que vuelvo con otro tema que creo que no se nos debe escapar dadas las circunstancias. Es algo de lo que hemos hablado mucho por aquí (ahora os lleno el post de enlaces), pero la mala noticia se está perpetrando mientras escribo. La muerte, o casi, del tren. Tenemos hasta una etiqueta propia muy completita en Los4Palos —> “TREN“.

Está claro que en tiempos de crisis hay que racionalizar. Es la palabra que encontramos hasta en los fideos. Correcto. Pero un estado del bienestar tiene que garantizar unos servicios públicos. Sanidad, educación…pero también transporte. Sobre todo un transporte bien entendido. Es decir, no gastar dinerales en aeropuertos bobos y descacharrantes, aquí y allá. Y apostar por comunicaciones que garanticen la vertebración territorial.

Sin tren, Castilla y León muere. Más todavía. Y si malcomunicas (valga el palabro) el centro de tu país…pues no parece muy inteligente.

Qué gran frase de mi amigo Javier. Da gusto escucharle, siempre, hablar de nuestra tierra. Mi última entrada de hace unos días surge de una charleta en Villalar, precisamente. En fin, que volviendo al tren, para nosotros quedarse sin ferrocarril (que poquito a poco eso está pasando) es muy doloroso. Por aquí un día os hablamos de cómo llegaron antaño los raíles y máquinas de vapor. Nos hicimos eco de la proverbial desinformación al viajero y ciudadano (por no decir otras cosas peores).  Alberto escribió que el Ave tenía un “vuelo gallinaceo“. Y Pablo, directamente lo echó “a la cazuela”.

Entre todos la mataron y ella sola se murió. La esperanza, digo. La culpa es de todos. Los que prometieron, los que pusieron palos en las ruedas, los que lo dejaron escapar, los que no protestan, los que acunan pero no lloran por la provincia. Los que solo quisieron la foto. Pongan ustedes la X, que hay muchas para repartir.  En Castilla y León y en Ávila en particular.

Aquí también hemos tenido nuestras viñetas del pequeño genio. Illo visualizó un Ave marca Acme y también un Ave místico.  Místico porque cada vez más parece una leyenda. Y es que ya no es que queramos un Ave, o ni siquiera unas altas prestaciones, nos vamos a empezar a conformar con que haya un tren. Aunque sea un cercanías de esos que suenan a tripa rota. Un tren, uno al menos.

¿Qué opináis del presente y futuro del ferrocarril? ¿Qué se ha hecho mal, qué se puede hacer? Abrimos debate una vez más.

Pd: Esta semana también ha habido un aniversario, el del 15M. Daba pena el miércoles ver los TT de Twitter, antiguo germen organizativo de la protesta. Solo se hablaba de fútbol, de algún pandereteo y de los Jonas Brothers. La odisea revolucionaria va despacio.  Si alguno quiere leer análisis del tema, me han recomendado dos escritos en los últimos días. Uno del propio 2011, muy certero,  “Semillas”. Y otro de ahora, en Politikon, “Los ecos del 15M”

Crónicas de Avilamordor y el chuletón único

El chuleton único

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