La culpa de todo la tienen las autonomías (y Yoko Ono)

Es algo muy humano, un instinto, un acto reflejo. Algo casi irreprochable. Cuando algo funciona mal, tienes un problema o te has equivocado, la mayor parte de los miembros de nuestra especie reacciona o bien poniendo excusas, o bien buscando a un tercero responsable de todo lo sucedido. Intentar escurrir el bulto es algo muy nuestro. Incluso hemos inventado figuras sobrehumanas, las llamamos dioses, a las que agradecer, pero también culpar, de todo cuanto sucede a nuestro alrededor.

Les voy a descubrir la dinamita: España tiene un problema (bueno, en realidad tiene varios, singularizo por resumir) Y como sería un ejercicio complejo echar la culpa a algún dios de nuestros males, en plan “Hay mucho parado porque dios está enfadado de que los gays se casen” o “La burbuja explotó porque marcamos poco la casilla de la Iglesia”; España, como conjunto de todos los españolitos de a pie y en especial de aquellos con barba o bigote, ha encontrado enemigos a los que culpar de sus males. Ya digo que es algo muy humano, no estamos solos en esto. Ahí tienen ustedes a Argentina y a su presidenta, con la inflación desatada y el Big Mac artificialmente bajo, agitando albicelestes para festejar sus victorias o sus derrotas contra los pérfidos ingleses y sobre el capitalismo de amiguetes que ellos mismos fomentaron años atrás. La historia también está llena de cabezas de turco, de rostros cetrinos y narices aguileñas que pagaron caro estar en el lugar inoportuno en el peor momento. Nada que no sepan.

En España, donde pasamos de la crisis a la recesión y de esta a la depresión, mental y económica; tres parecen ser nuestros enemigos favoritos, cada uno con sus propias características y superpoderes mortales, como los malos del cómic. Tenemos enemigo exterior, Merkel; enemigo invisible, los mercados; y nuestro enemigo interior, la pérfida descentralización derrochadora personificada en las CC.AA, esos entes demoniacos.

Lo de Merkel es comprensible. Al fin y al cabo es la antítesis del modelo de mujer del norte de Europa que nuestros machos alfa guardaban en su materia gris. Descubrir que los sueños del desarrollismo franquista y el destape son solo eso, sueños, jode bastante. Su sola figura ataca al subconsciente colectivo del país y a la memoria de Paco Martínez Soria y por ahí no podíamos pasar. El problema es que aunque es evidente que ella, y con ella el resto de las instituciones europeas, parecen dispuestas a matar al euro, a la unión y al ECU si se pone a tiro, con tal de convertir sus moralinas económicas en ley; tampoco podemos culparla de todos nuestros males. Merkel, por maldad o incapacidad, parece dispuesta a empujarnos por el barranco, pero hasta allí nos hemos acercados solitos, posiblemente para ver si podíamos construir una promoción de adosados con vistas.

Con los mercados sucede algo parecido. Simplificamos en un enemigo invisible y etéreo una acusación simple contra algo muy complejo. Es cierto que mucha gente se está haciendo rica apostando contra nuestro país, nuestra deuda y nuestro futuro pero no todo el mundo que deja de invertir en la piel de toro lo hace con afán especulativo. Es cierto que hay que ponerle freno a los desmanes especulativos de algunos pero ¿usted invertiría su dinero, o el de sus clientes, en un país con un 24% de paro, más de un 50% de paro juvenil y con un sistema financiero de mírame y no me eches más cemento? Y eso sin mencionar los éxitos de nuestro gobierno. Pues eso.

El tercer enemigo, el único que en parte supone cierto reconocimiento de culpa, es nuestro modelo de estado o lo que es lo mismo: las autonomías y, en menor medida, las diputaciones y municipios pequeños. Autonomías y diputaciones son la ejemplificación de todos los males que afectan al país y su aniquilación/redefinición/reforma una solución mágica para muchos de los problemas. Menos corrupción, más crecimiento, una sanidad mejor y más saludable, una educación mejor y más educativa, una tercera edad más joven y unos niños más guapos y sin pipis. Y todo ello mucho más barato, lo cual es estupendo en los tiempos que corren y nos permite comprarnos una minipimer.

No todo el mundo está de acuerdo en esto, eso sí. La destrucción reforma del sistema autonómico tienes sus fanes y sus detractores. (Sí, el enlace es a Ávilared). Entre los primeros destaca Esperanza Aguirre, siempre dispuesta a poner la zancadilla a cualquier miembro de su partido que no sea su persona, y UPyD con su lideresa a la cabeza. Ambas formaciones, Aguirre es un partido en si misma, hablan de devolver competencias, de dar marcha atrás a la descentralización y del portentoso ahorro que supondría todo esto. Al otro lado del cuadrilátero, el PSOE (aunque habría que hacer algunas matizaciones al respecto, sobre todo al hablar de las diputaciones), IU y algunos dirigentes autonómicos del PP, entre ellos nuestro amado lider birregional y conjuntivo, Juan Vicente Herrera. En su reciente visita a Moncloa, Herrera defendió el estado de las autonomías, aunque pidió un nuevo sistema de financiación. Sin que sirva de precedente: estoy completamente de acuerdo con el Presidente de la Junta.

Nadie niega que existan duplicidades, que las comunidades hayan creado organismos prescindibles por doquier, que se subvencione toda clase de cosas o que las élites políticas regionales dejen mucho que desear pero ¿todo eso se iba a solucionar tomando las decisiones en Madrid o en la capital del Estado que decidiesemos? ¿Acaso los políticos que habitan en la villa y corte son mejores que los que habitan en la no-capital de la comunidad? Piensen en Wert o en Gallardón o, que sé yo, en Mariano Rajoy. Por no ser partidista: piensen en Pajín o en Sebastian. ¿Todo esto es por culpa del modelo? ¿Las autonomías son por naturaleza corruptas e inútiles? ¿De verdad el ahorro que supondría cambiar de modelo es tan grande como dicen los apologetas de la supremacia ministerial? ¿El Estado central no malgastaría, no crearía entidades fantasma, no pondría aeropuertos y catenarias en medio de ninguna parte?

Vamos a quedarnos con esto último, aunque ya sé que hablar de dinero es de mala educación. Las cifras bailan, aunque en cualquier caso son altas. Aguirre cifraba en 48000 millones de euros el ahorro que supondría para el Estado recuperar las transferencias en educación y en sanidad. Por su parte, UPyD cifra el potencial ahorro de una reforma del modelo en 26000 millones de euros. Ambas cifras han sido obtenidas por el mismo método contable, el archiconocido OBC, o dicho en cristiano “ojo de buen cubero”. Las de Aguirre no tienen ni pies ni cabeza, el cubero debía estar borracho, y las de UPyD, aunque más comedidas, tampoco son muy creibles. El partido magenta tiene un documento titulado “El costo de la administración autonómica” en el que en teoría detalla de dónde sale la cifra y cómo se puede ahorrar sin afectar a los servicios al ciudadano. En el citado documento, la única médida que de verdad supondría un ahorro importante sería el cierre de las televisiones autonómicas, en lo que también está de acuerdo Aguirre (medida que encantará, supongo, a los periodistas). Lo demás son parches (finiquitar los defensores del pueblo regionales o los consejos consultivos regionales, reducir el número de diputados autonómicos, cerrar “embajadas” , etc) muchos de ellos necesarios, otros no tanto, pero que ni por asomo permitirían alcanzar la cifra que proponen. Como sucede con otras muchas propuestas de este partido, respuestas sencillas (y a menudo populistas) para problemas en extremo complejos.

Parafraseando un texto de Richard Dawkins en The Greatest Show on Earth acerca de los “errores” de la evolución y el diseño inteligente, nuestras administraciones públicas han ido evolucionando mediante parches y pequeños añadidos desde tiempo inmemorial. Son, como el ser humano, más fruto de la evolución, con sus aciertos y errores, que del diseño inteligente. Observando su estructura se puede recontruir la Historia de España desde la creación del Estado Moderno. Quizá va siendo hora de que volvamos a la mesa de diseño y partiendo de la necesidad e irreversibilidad de la descentralización, empecemos de cero o de uno sin lastres ideológicos y prejuicios alejados de la realidad.

Los principales problemas del modelo son la financiación autonómica y la coordinación y colaboración horizontal entre las administraciones. Lo primero no requiere ni más ni menos dinero. Requiere racionalizar el reparto y las responsabilidades de recaudación y gasto. Lo segundo, avanzar hacia un modelo federal en el que las autonomías gobiernen junto al Estado y se hagan corresponsables de todas las decisiones. Que Madrid no sea una excusa barata contra la que gobernar. Ambas propuestas, me temo, provocaran sarpullidos en aquellos que precisamente más reclaman una reforma del modelo.

Quizá lo que les sucede es que donde dicen “reformar el estado autonómico” lo que de verdad quieren decir es “acabar con el estado autonómico”

PS. ¿De verdad estamos dispuestos a acabar con un invento que ha aportado tanto a la Cultura, con mayúsculas, universal? Dos ejemplos: el maravilloso y celebérrimo “9 provincias, 1 comunidad”, el himno (oficioso) más optimista de la historia de la humanidad. El otro ejemplo, el himno de la Comunidad de Madrid. (Aquí cantado por su autor, un poeta de Zamora) Bueno, quizá después de escuchar este último tengamos alguna razón más para acabar con el estado autonómico ¿Ven como las cosas en la villa y corte también se hacen mal? ¡Madrid, uno, libre, redondo, autónomo, entero!

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