Yo, profeta

AparcamientoSanNicolas

Como algunos de ustedes seguramente ya sospechaban, el fin último de este rincón es hacer dinero, money, parné, guita. Sacarnos de pobres por el lado virtual de la economía. El día menos pensado nos hacemos un Pedro J. y empezamos a vender pack de suscripciones al blog por San Valentín, cumpleaños, el día del padre, de la madre, el día del árbol o el día internacional de la marsopa. O una tienda de merchandaisin oficial con tazas, sudaderas, pines, fundas para el iPad y bragas oficiales del blog. Hasta que llegue ese momento, no muy lejano, pueden comprobar que hemos empezado a sacarles los cuartos con libros. Bueno, se los ha empezado a sacar Ruben. Pablo, como es un tío bonachón y de letras, ha preferido regalar su arte al mundo, haciendo más por el fin del capitalismo que Cayo Lara y Gordillo juntos.

Por mi parte, también ando escribiendo algo, pero de momento está en la fase “concebido pero no escrito”. Se le ve una mano, parece de nuestra especie, pero no está claro si es niño, niña o del Atlético de Madrid, que de todo hay en la viña del señor. Hasta que pueda suplicarles que hagan hueco en su estantería física o virtual para mi majestuosa creación, y para superar las apreturas propias de esta crisis que no se acaba, he decidido aprovechar una de mis virtudes para sacarme unas perras.

Verán, esto no se lo he dicho a nadie, me da un poco de vergüenza, pero soy adivino. Sí, como lo leen. Adivino. Pero de los de verdad, ojo, de los que ven el futuro, no de esos que se dedican a decir a sus víctimas lo que estas quieren escuchar en las madrugadas del TDT. Estaba pensando montar un consultorio con unos trapos de colores, una bola de cristal y mucho incienso y… ¿Cómo? ¿Que no me creen? ¿Que no creen que tenga poderes adivinatorios? Malditos empiristas.

No, tranquilos, no me he enfadado. En el fondo les comprendo. Al principio a mi también me costó asumirlo. Les voy a dar una prueba. Y además gratis.

A principios del mes de marzo, el Ayuntamiento de la capital amurallada, anunciaba que una parcela, situada en la zona sur de nuestros pastos y dedicada hasta ese momento a que los perros hiciesen sus necesidades, iba a sacarse a concurso para que algún particular la convirtiese en un bonito aparcamiento. Aquí el acta de la Junta de Gobierno (PDF). Zona de gran crecimiento, comercio, densidad de población alta, un supermercado… El interesado corría con los gastos, ponía el cemento, quitaba las caquitas de los perros y pagaba al Ayuntamiento cerca de 14000€ anuales por el alquiler del cacho de terruño.

Ese mismo día, sin que nadie me dijese nada, tan solo iluminado por mi don, escribí lo siguiente en tuiter:

Ayer, el Diario de Ávila informaba de esto.

DdA10May

Asombroso ¿verdad? Gracias, gracias, gracias. No hace falta que me besen los pies, ni que tiren pétalos de rosa a mi paso. Tengo poderes -increíbles, extraordinarios, ojiplatizantes-, pero sigo siendo un tipo humilde.

¿Cómo? ¿Que usted también lo sabía? ¿Que todo el mundo lo sospechaba? ¿Que era algo sabido y comentado en todos los mentideros de la ciudad? ¡Otra prueba de mis poderes! No solo vi el futuro, además, gracias a mi brillante y todopoderosa mente, lo compartí con ustedes por telepatía, el wifi de los seres de luz, los ángeles de la guardia y las hadas madrinas.

Así soy yo, un tipo generoso, desprendido, un humilde benefactor de la humanidad.

PS.- Ya les avisaré de la localización de mi “locutorio con el futuro”. Me han dicho que hay algunos locales bonitos vacíos por el centro.

Yes, We parking!

Corría el año 2007. Zapatero era presidente del Gobierno, la economía crecía a un saludable 3%, las urbanizaciones y los campos de golf germinaban en una primavera de cemento y polos color pastel, el Madrid de Capello peleaba bocanada a bocanada por la Liga que terminaría ganando y la mayor preocupación política del país era el nuevo Estatuto de Cataluña. El 27 de mayo de ese año, cuando la crisis era una leve vibración apenas perceptible en los cimientos más profundos del sistema, se celebraron elecciones municipales y autonómicas. Ya saben cómo son las elecciones: yo prometo, yo haré, yo levantaré, yo construiré… Además, en aquel entonces los ayuntamientos y las comunidades autónomas recaudaban y gastaban a manos llenas, como si no hubiese un mañana que, ay, terminó por llegar.

En la cresta de aquella ola de optimismo casi adolescente, el Alcalde de Ávila, que se presentaba a las elecciones para ser reelegido, prometió que de contar con la confianza de los abulenses, los siguientes cuatro años conformarían “la legislatura de los aparcamientos”. Pasemos de largo sobre el poco tirón comercial del eslogan – ¿se imaginan a Obama prometiendo aparcamientos? ¿Yes, We parking?- y centrémonos en el meollo del asunto. El Alcalde prometía construir en 4 años nada más y nada menos que 6 aparcamientos. Sí, ha oído bien, 6 aparcamientos 6. Uno en el lienzo norte de la muralla, otro en Las Gordillas, recrecer el ya existente en el Rastro, y tres más en populosos barrios extramuros: uno en la Cacharra, otro en el barrio de la Estación y otro más en la Toledana.

Solo unos meses después de aquello, los resultados de algunas de las principales entidades financieras del planeta empezarían a teñirse de rojo. Un año y algunos meses después, Lehman Brothers, un holding que llegó a acumular casi 700.000 millones de dólares en activos, quebró tras no encontrar compradores. Después, como todos ustedes saben, llegó el apocalipsis, la crisis, el hundimiento del Titanic, el pinchazo de la burbuja, el descenso a regional de la economía de la championlig, Merkel, la austeridad, Rajoy, los seis millones de parados y Barcenas. Bueno, Barcenas ya estaba allí, pero eso es otra historia.

La crisis se llevó buena parte de nuestra economía, el trabajo de millones de personas y los ingresos de los ayuntamientos. De repente, todas las administraciones, el Ayuntamiento de Ávila incluído, pasaron de gastar dinero en carretillas a no llegar a fin de mes y eso supuso el fin de muchos proyectos y la defunción de muchas ideas. Allí murió, con apenas un añito de vida, la “legislatura de los aparcamientos”. De los seis aparcamientos prometidos, solo dos salieron adelante: se recreció el aparcamiento del Rastro y se ejecutó el aparcamiento para residentes en el barrio de la Estación. Los demás, por una cosa o por otra, durmieron el sueño de los justos. Por fortuna, añado.

El lunes, casi seis años después, el Alcalde anunciaba ufano que la UNESCO, nada menos, daba su plácet a la construcción de un aparcamiento subterráneo junto al Lienzo Norte de la muralla. ¿Y qué pinta la UNESCO en todo esto? Hagamos memoria. En 2010, el Alcalde presentó a la UNESCO, que seguía de morros por la cosa esa que puso Moneo entre la muralla y San Pedro, el proyecto del aparcamiento frente al lienzo norte. Según el Alcalde, todo fueron risas, palmaditas en la espalda y buenas palabras, pero debió ser un malentendido – un lost in translation con Alberto Plaza en el papel de Scarlett Johansson – pues unos meses después la UNESCO solicitó una evaluación en profundidad del proyecto. Al Alcalde, en el papel de Bill Murray, no le gustó aquello y ya no tan contento declaró: “He decidido ser bueno y mandar toda la documentación que se nos ha pedido” Después de perdonarles la vida, García Nieto enfurecido les aclaró que la citada información iría acompañada de una carta donde les daría un “ultimatum”: si en “3 o 4 meses” no se pronuncian, él, el hombre, el nuevo Cid: “tirará para adelante”. También aclaró que podía haber sido malo y y pasarse sus recomendaciones y peticiones “por el arco del triunfo”. Aquello fue en febrero de 2011, así que hemos de suponer que al Alcalde se le pasó el enfado y esperó, pacientemente, durante dos años a que la UNESCO le contestara.

Y es que, por mucho que los colores y los instintos primarios nos llamen a ponernos del lado del primero de los abulenses en su batalla contra el vil extranjero, el proyecto era lo suficientemente peliagudo como para echarle un vistazo. Bueno, lo era y lo es. Plantar un aparcamiento allí es…bueno, como decirlo… una patada en los cojones a la ciudad. Perdonen el improperio, pero no había puesto ningún insulto en los párrafos precedentes y tengo una reputación que mantener.

aparcamientoplano

Entrando ya en materia, lo primero es lo primero: a pesar de la ubicación del aparcamiento, que vemos en la imagen superior, la muralla no se va a caer, de verdad. Si un túnel del AVE ha podido pasar a escasos metros de la Sagrada Familia – un edificio aún en obras – sin efectos negativos sobre el monumento, muy mala suerte tenemos que tener para que los encargados de enterrar el aparcadero de vehículos provoquen daños sobre la muralla. Además, en la ciudad ya tenemos experiencia en la materia en una zona mucho más delicada: el Grande. Arqueológicamente -porque la obra tiene que realizarse con seguimiento arqueológico – la zona promete poco. Con esto, es cierto, nunca se sabe del todo, pero en principio allí no debería haber nada. Y de haberlo, a no ser que sea un teatro romano de proporciones épicas o una pirámide, siempre se puede destruir, como sucedió con la villa romana de San Nicolás, el cementerio musulmán o el judío. En este tema nuestro Ayuntamiento tiene acreditada experiencia.

LienzoNorte1

Otro punto a considerar es el del impacto visual del aparcamiento sobre el primer monumento abulense. Sobre estas líneas tiene un recreación visual del aparcamiento, creo que es obra del Ayuntamiento, realizada siguiendo la conocida técnica del ojobuencuberismo. ¿No lo notan ustedes un poco raro? Tal y como se ve en la imagen, en el aparcamiento no entra ni el Formula 1 de Alonso. El aparcamiento, según nuestro Ayuntamiento, tendrá un altura de 2,5 metros. La farola que vemos a la derecha, en la avenida, mide entre 3 y 4 metros y la valla que vemos justo a la izquierda de la entrada del virtual aparcamiento rondará el metro de altura. Con esas medidas, la altura del parking representada en la imagen es de escasamente un metro y medio en su parte más alta. Siguiendo la misma técnica, el ojobuencuberismo, pero sin pecar de optimista y sin intentar engatusar al personal, me he tomado la libertad de calcular la altura del aparcamiento. Como verán en la siguiente imagen, el impacto visual sobre la muralla es significativamente mayor.

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Por último, pero no menos importante ¿necesitamos otro aparcamiento subterráneo en la ciudad? Y ¿lo necesitamos ahí? El Ayuntamiento ha asegurado que, incapaz de sufragar la obra – que contaba con una partida de 4,8 millones de € en el presupuesto de 2011 – buscará a alguna empresa interesada en su construcción y gestión para que corra con los gastos. En el peor de los casos, el dinero de los abulenses no irá a pagar otra obra prescindible. Desde el año 2009, el aparcamiento del Grande, con una situación inmejorable, ha perdido 63000 usuarios. Sí, no he puesto ningún cero de más, 63000 en tres años. Por su parte, el aparcamiento del Rastro volvió a perder usuarios y su media de visitantes diarios es irrisoria. Con tasas de uso bajísimas en las 469 plazas de aparcamiento de pago que existen en los alrededores de la muralla ¿necesitamos otro aparcamiento? Evidentemente no.

Según el Alcalde, el objetivo que se persigue es triple acabar con el aparcamiento de vehículos en los alrededores de la muralla a la vez que se mejoran los servicios del Palacio de Congresos y de los habitantes del centro de la ciudad. Lo primero es una bobada. Mientras no se prohíba aparcar en la ronda vieja, el conductor siempre va a preferir aparcar allí que en un parking subterráneo porque es más barato. En lo segundo es casi mejor no entrar. Si tan necesario es para el Lienzo Norte ¿por qué no se construyó en su momento y por qué no se construye allí? Y lo tercero es una tomadura de pelo. Si el aparcamiento se construye pensando en los abulenses y no en los turistas ¿por qué se construye, precisamente, en una de las zonas con la densidad de población más baja? ¿No sería más útil construir uno en la zona sur o en Santa Ana? ¿La despoblación del centro urbano se soluciona con un aparcamiento?

En definitiva, confiemos en que el Ayuntamiento no encuentre la financiación que necesita para que el aparcamiento siga adelante. Y esperemos que, si la encuentra, la halle en el mismo cajón donde guarda el sentido común. Quizá así se lo piensen dos veces antes de poner el primer ladrillo.

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