Aixa Galiana

Por muchas vueltas que le doy no llego a comprender cómo hemos llegado a la crisis económica en la que ahora mismo estamos inmersos. Quizá le encuentre explicación en otros lugares, otras ciudades, otros países, pero ¿en Ávila? De verdad que no lo entiendo. Eramos una ciudad en expansión, una ciudad que se iba modernizando sin perder ese encanto histórico incomparable, un lugar atractivo, muy atractivo, para los empresarios y la apertura de nuevos negocios que, nos decían, iban a dar un empujón aún mayor a la ciudad para convertirla en un referente cultural, generar más riqueza y fomentar el turismo.

No sé si recordáis, hará quizá seis o siete años, pero todo eso es lo que se esperaba del que considero uno de los fiascos más importantes que se han visto en nuestra ciudad. No, no hablo del edificio de Moneo, me refiero a…

Recuerdo que por la fecha de apertura de Aixa Galiana mi ocupación principal era la hostelería. Pasaba las tarde y las noches detrás de la barra en algún punto de la calle Capitán Peñas lo que me llevó a dos situaciones bastante distintas pero con un nexo común, la ‘famosa’ discoteca. Primero me invitaron a una tertulia en el programa Protagonistas Ávila de Punto Radio en la que 4 hosteleros nos veríamos las caras con ‘Benja’, la cara visible del proyecto. Históricamente ligado a la hostelería y actual gestor del Bar-Restaurante del Palacio de Congresos, por no dar más datos, ‘Benja’ participó junto a nosotros, más que en un debate, en un monólogo en el que no paró de contarnos las bondades que traería Aixa Galiana a nuestra pequeña ciudad. Hablaba de un aforo total de casi 3.000 personas, desplazamientos masivos de gente desde Madrid para asistir a las mejores fiestas, con la mejor gente (famosetes y DJ’s de reconocido prestigio entre ellos) y en el mejor ambiente y, ojo, no vendrían solo de fiesta un día puntual sino aprovecharían el fin de semana para hacer turismo y, de paso, gasto en otros locales, hoteles, tiendas y demás. Evidentemente los asistentes lo dudábamos, al menos yo, pero a la vista queda que la idea no salió del todo bien.

Pasó el tiempo, se acabó una enorme obra de la que no quiero buscar el coste total para no enfadarme, y llegó el día de la inauguración y mi segunda situación por pertenecer al gremio hostelero, la invitación. Y allí nos plantamos a conocer el milagro que iba a convertirse, desde ese día, poco menos que en el motor económico de la ciudad, si atendemos a cómo nos lo habían vendido. Que sí, que muy bonito, muy grande, una música dirigida a un público bastante específico y copas a precios prohibitivos (de eso nos enteramos un poco después ya que ese día íbamos a barra libre y os aseguro que no éramos pocos). ¿De verdad pensaban que iba a funcionar? Parece que sí…

Y entre DJ’s, gente VIP (con su sala aparte, por supuesto), cotillones de noche vieja, algún que otro concierto y varios cambios de manos en cuanto a gestión se refería, alguien se cansó de perder dinero y decidió que, igual…, no era tan buena idea. Nos quedó un edificio enorme y vacío al lado del Centro Comercial ‘El Bulevar’ y no faltaron los rumores de su conversión en oficinas o incluso que alguna multinacional se había interesado por el local para abrir en Ávila una de sus tiendas.

Ávila necesita iniciativas valientes pero realistas, que se ajusten a las necesidades de la ciudad pero conscientes de sus limitaciones. Bienvenidas sean todas las inversiones que reciba la ciudad y reconozcamos que cuanto mayores mejor pero ciertas locuras, lejos de ser inversiones, son cagadas anunciadas. Ahora los días en que nos sobraba se acabaron y nos encontramos en una situación de la que nadie parece tener claro cómo salir y donde la culpa, siempre, es de otro. ¿Habremos aprendido algo?

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