Mariano en Ávila

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Banda sonora: John Paul Young – Love is in the air

Albert Rivera quiere quemar la virgen de tu pueblo

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Hay quien dice que la única patria verdadera es la infancia y otros, más materialistas y geográficos, dicen que la patria es aquel lugar en el que uno ha crecido, las plazas en las que jugó al fútbol y los adoquines en los que se peló las rodillas. La patria vendría a ser, en definitiva, la patria chica: el pueblo o la ciudad en la que uno creció, el lugar en el que el silencio y el recogimiento místico -o sus equivalente no abulenses- se metieron en tu alma y forjaron tu carácter. Algo mucho más palpable y rugosos que esas entelequias metafísicas que llamamos países. Uno es de Ávila, de Salamanca, de Móstoles o de Villarejo del Valle y luego, por elevación y circunstancias de la vida, español, europeo o lo que toque. En nuestra provincia tendríamos por lo tanto 248 patrias, 2248 en nuestra unidad administrativa birregional y conjuntiva y casi 8200 en el conjunto de España.

La mayor parte de las patrias, más que chicas, son diminutas. De los casi 2300 municipios de Castilla y León, casi dos mil no llegan a los 1000 habitantes. Somos líderes en esto, ojo, aunque no sea algo de lo que ir presumiendo por ahí con una pegatina en el coche. El desierto estratégico más despoblado y bonito del mundo. Pueblos pequeños, pero patrias al fin y al cabo. Cada uno de ellos cuenta con la mejor fiesta de los alrededores, la iglesia más bonita de la comarca y la virgen (o el santo) más verdadero, el que tiene la línea más directa con el altísimo o con su secretario, un tal Pedro.

Estos municipios no suelen tener mucho protagonismo en las campañas electorales. Pasan por allí los candidatos de la provincia, quizá algún líder nacional de segunda fila camino de otros mítines se hace una foto con los paisanos en plan campechano, pero normalmente no atraen muchas miradas porque la pelea está en otros puntos. Así ha sido hasta ahora. Posiblemente estemos a las puertas de una campaña en la que el peso de los pequeños municipios aumente porque algunos diputados en las provincias menos pobladas se van a jugar en pocos votos. En Ávila, por ejemplo, algunas encuestas apuntan que el marmóreo 2-1 de PP y PSOE puede romperse por la mínima.

El PP, consciente de esto y de la teórica debilidad de las nuevas fuerzas fuera de las ciudades, ha lanzado una campaña con el lema “Mi pueblo no se cierra”, apelando a ese sentimiento de pertenencia que mencionábamos antes y al miedo, lógico por otra parte, de los habitantes de estos municipios a perder los pocos servicios que conservan. Los dardos van dirigidos a Ciudadanos, su principal rival en el centro-derecha, que lleva en su programa electoral -o eso dice el PP- eliminar los municipios menores de 5000 habitantes y las diputaciones provinciales.

El PP pinta la propuesta de los naranjas de apocalíptica -¡Van a acabar con los pueblos!, ¡No sin mi pueblo!, ¡Mi pueblo no se toca!- como si ellos no hubiesen puesto muchos de los clavos del ataúd del mundo rural y el plan del mandarinato consistiese en poner a Villacís, Arrimadas y Rivera a derribar iglesias a pico y pala, desmontar carreteras comarcales y tirar sal por los campos. Pablo Casado, diputado por nuestra provincia y candidato a repetir, ha defendido el papel de las Diputaciones y ha argumentado que provincias y diputaciones tienen 200 años de historia, argumento ad antiquitatem que habría provocado muchas risas con cosas tan variopintas como la Inquisición, el telégrafo, el ferrocarril a vapor o el sufragio censitario. ¿Qué sentido tienen las diputaciones provinciales ahora que existen las comunidades autónomas? ¿Qué hacen las diputaciones que no pudiesen hacer las administraciones regionales? ¿Es normal la permanencia en nuestra arquitectura institucional de una administración cuyos dirigentes ni siquiera rinden cuentas directamente ante sus electores?

El movimiento del PP, además de lógico electoralmente, está motivado por el más profundo de los instintos humanos: el de supervivencia. ¿Qué iba a ser de los miles de concejales, cargos y demás que el PP tiene en estos municipios y diputaciones? Y sin ellos ¿qué sería del propio PP?

PS.- La foto de Rivera con cara de susto es de una conferencia en Vigo el 2 de octubre de 2012, disponible en Wikimedia Commons

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