¿Quiénes somos?

Pablo Garcinuño por Juan Luis del Pozo

Estás un día aburrido echando un vistazo a twitter y aparece esa espiral verde que anuncia algo interesante. Pablo. Una noticia, uno de los relatos de su blog. Pocas veces defrauda.

Pablo es un tipo que durante una temporada, y no puedo asegurar que no vuelva a las andadas, se escondía bajo una peluca tipo Andrés Calamaro. Peculiar. Decidió, el inconsciente, dedicarse al periodismo. Medio mala idea. No por él, es muy bueno. Sí por quitarle tiempo de lo que creo que más le gusta. Escribir. Escribir desde la inventiva, esas cosas que se le pasan por la cabeza y que decide contar. Cuentos infantiles, los ya citados relatos, historias… Qué le vamos a hacer, al menos el chaval se divierte.

Abulense de nacimiento, o eso dice, lleva una temporada trabajando en Valladolid. No envidio los madrugones que se pega, ni la cantidad de kilómetros que recorre en tren cada día para desempeñar su labor. Debe ser agotador. Aún así nunca deja de lado proyectos e ideas más allá de la redacción de su periódico. Muestra de ello es su participación en este proyecto local, la gestión de su ya citado blog personal y algunas otras cosas que tiene entre manos y de las que ya tendremos noticias. De dónde sacará las fuerzas el tío?

A pesar de que pocas personas lo sabemos, Pablo también protesta. Poco, pero lo hace. Algunos privilegiados hemos tenido la suerte de escucharle, en contadas ocasiones, alguna palabra dura o alguna crítica contundente. Cierto que no es lo normal y que son la tranquilidad, la humildad y la autocrítica las que se intuyen entre sus principales cualidades pero de vez en cuando cambia la horchata por sangre y saca su lado salvaje, como el mío dócil pero para él ya es bastante.

Se me olvidaba!!! Escucha a un tío que se llama Luis Ramiro y le he visto hacer cosas de dudosa reputación para rascarle una canción al pinchadiscos de turno. Creo que de aquella se arrepintió con creces pero, si necesitáis un consejo sobre música, ni se os ocurra pedirselo a Pablo.

Juan Luis del Pozo por Pablo Garcinuño

No se dejen engañar. Aunque sus tarjetas de presentación le definan como fotógrafo, diseñador y maquetador, Juan Luis del Pozo es muchas cosas más. La primera, y quizás más importante, un gran aficionado al café y a la Coca-Cola, lo que le permite ir por la vida con los ojos bien abiertos. Créanme si les digo que a este abulense (tan orgulloso como crítico de dicha condición) no se le escapa una.

Tal vez sea ese exceso de cafeína lo que le ha convertido en un apasionado de la música. Blues rock,  soul… cualquier género y cualquier época mientras sea buen material, que ya despotrica bastante de esos productos de laboratorio que copan el mercado actual. Y discute, él siempre discute. No se les ocurra meterse con alguno de sus ídolos musicales o se verán inmersos en un profundo debate del que será difícil salir airoso.

Mención aparte merece su afición por la tecnología y, muy en especial, por los cacharros que lucen una manzana mordisqueada. El señor Del Pozo ha convertido el iPhone y el iPad en prolongaciones de su cuerpo y a través de ellos redescubre el mundo que le ha tocado vivir. No se trata de un juego o un entretenimiento: él necesita estar informado, saber qué pasa dentro y fuera de tantas murallas que hoy en día imponen límites.

Engulle todo y lo regurgita bajo el filtro de la ironía, de su humor sin concesiones, de la crítica constante que ejerce sobre aquello que le rodea. Sabe en primera persona cómo funciona el periodismo y la política, sus vilezas y hazañas, lo que le otorga un punto de vista privilegiado para diseccionar la realidad sin remilgos. Y no les incomode su aspecto de tipo duro, es solo fachada. No es tan fiero el Del Pozo como lo pintan.

Alberto Martín Del Pozo por Rubén Negro

No cuesta imaginárselo en vidas pasadas convertido en caballero castellano o rebelde comunero, tal vez soltando piropos a alguna tabernera, presumiblemente siendo llevado a Las Hervencias o quizá defendiendo la almena en custodia del Rey Niño…pero sobre todo no cuesta imaginárselo discutiendo, argumentando:  a ver eso, sin embargo lo otro. No constan lazos parentescos con el otro Del Pozo de esta página, pero se ve que el argumentario feroz va con el apellido.

Seamos claros. De primeras no suele entrar bien al ojo… Es un carpetovetton de tomo y lomo (malasombra que llaman algunos) pero sin dudas y sin ambages un abulense consciente. Consciente de que esto no va por el camino correcto. Un puñetero castellano protestón y sin embargo adorable.

Un abulense que critica su tierra, se marcha fuera y abomina de ella cuando es menester pero sin embargo ama sus raíces.  Historiador apasionado y gran conversador, lector voraz, arqueólogo de lapicero fino, escudriñador de huellas y historias. Darse un paseo con él por nuestras calles de piedra significa redescubrir rincones y  secretos que siempre estuvieron ahí y nunca habías advertido.

Inapelable aliado vital, vigía de recuerdos, escudriñador de entrañas, irónico pertinaz, doctor house que nunca se deja vencer una posición. Imprescindible grumete en definitiva para que los 4 palos – contra viento y marea, con cantos y con santos – puedan caminar a buen puerto.

Rubén Negro por Alberto Martín del Pozo

Decir que Rubén es periodista es como decir que Leonardo da Vinci era pintor, que Einstein resolvía ecuaciones o que Raúl González Blanco es futbolista. Nada de lo anterior es mentira, pero definirles solo por una parte de su vida es infravalorarles, sobre todo a Raúl. Sí, Rubén es periodista. Cursó los estudios necesarios para tener un título que así lo confirme, es su profesión, le gusta, vive de ella y se le da bien, pero es algo más que un periodista. Además, digamos la verdad, hoy en día “ser periodista”, a secas, tampoco es algo de lo que deba uno presumir. Rubén, además de ser buen periodista, que lo es, es mucho más que eso como profesional y como persona.

Por darle un orden y un sentido a esta breve narración, y sin entrar en temas personales que nos hagan llorar o exaltar la vieja amistad que nos une, digamos que Rubén es, en primer lugar, un tipo recto, hecho a si mismo. Puede parecer una tontería que diga esto, estoy escuchando sus quejas desde las últimas filas, pero vamos a ser sinceros: en el momento que vivimos, en la sociedad en la que nos movemos, decir que una persona es capaz de arriesgarse sin más asideros que su propia capacidad, que es capaz de buscar oportunidades, de cambiar para mejorar, de luchar por alcanzar metas guiado por un principio es un elogio. No digo que sea el único, afortunadamente, digo que él ha sido uno de ellos. Con errores y con aciertos, como todos, él ha sido más valiente que la mayoría de las amebas que pueblan la piel de toro y ha ido allí donde ha creído que tenía más oportunidades para crecer, para no estancarse, para no acomodarse en las rutinas propias y ajenas. Siendo de Ávila, eso de buscar oportunidades suele significar salir de la ciudad: Segovia, Zaragoza, Valladolid.

Además, tiene desde hace años un blog. Y eso de los blogs solo es para gente inteligente, sabia, reflexiva, profunda, atractiva, con talento e interesante (¿les he comentado que esto es un blog?) Rubén es todas esas cosas y más, es inteligente, profundo, tiene toneladas de talento, etc; pero, lo siento, no es atractivo. No es que físicamente el chaval esté mal, sea feo o difícil de mirar; simplemente es más alto que yo y eso me corroe por dentro. Sí, también es alto, y sale a correr, le gusta Coldplay y otros grupos de modernos, las series de televisión en versión original, el Real Madrid, los dardos y un montón de cosas más que nos llevaría mucho tiempo glosar. Es la persona que todos querríamos tener al lado, en lo personal y en lo laboral. Trabajador, serio, responsable. El hijo perfecto, el yerno perfecto, el novio perfecto, el tio perfecto y el hermano perfecto.

Tanta perfección da un poco de asquete, es verdad, pero todo es acostumbrarse.

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