Al norte de la patria mía

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Ayer, en Taranco de Mena, un pueblo al norte de Burgos, apenas una docena de casas bajas rodeadas de colinas boscosas, un grupo de personas -como no formaron una bandera cuartelada o roja carmesí para regocijo de los extraterrestres todavía no hay crónica del evento que cuantifique el número de asistentes- se reunieron para celebrar que hace 1214 años, el 15 de septiembre del año 800, un notario de nombre Lope puso negro sobre blanco por primera vez la palabra Castilla. Como no podía ser de otra forma -en el fondo la escritura fue un invento capitalista- el citado manuscrito tiene carácter económico: es un acta notarial en el cual el abad Vitulo dona unos terrenos para la fundación de un monasterio “in territorio Castelle”.

Lo que en otras latitudes se convertiría en lugar de peregrinación, con monumentos, centros de interpretación y parque de atracciones; en la vieja Castilla se ha resuelto con un monolito de granito pagado a escote por los interesados y la celebración anual de carácter casi familiar antes referida. Por estos pagos, la identidad regional nunca ha cotizado al alza, como se encarga de demostrar año tras año la celebración de la derrota de Villalar; una festividad regional que en el fondo consiste en unos cuantos miles de personas yendo a un lugar concreto del campo a tomarse unos vinos y unas tapas de carne a la brasa, haciendo un poco el gandul mientras escuchan cuatro jotas, tres himnos marxistas y dos veces el Canto de Esperanza.

Hace unos días, el diario El Mundo nos alertaba -Bautista, las sales- de que según el CIS solo el 16% de los españoles está dispuesto a participar en la defensa del país. Al parecer, es una cifra baja, pero a mi me parece una barbaridad. A ojo de buen cubero, hay siete millones de españoles sueltos por la calles, sin ningún tipo de control o distintivo, dispuestos a coger las armas para defender el toro de Osborne, la siesta, la tortilla, la paella y la Constitución del 78. Hay que decir que la pregunta tenía trampa, puesto que no especificaba el enemigo y así cualquiera se alista; pero convendrán conmigo en que no es lo mismo coger un fusil frente a un maromo de dos metros, armado hasta los dientes con la última tecnología, venido desde el sur de Arizona a bordo de un cazabombardero fantasma -morir pa’ na es tonteria-, que hacerlo para frenar a la gente esa que decapita periodistas en oriente. Tampoco preguntaron por los franceses, en un alarde, supongo, de febril europeismo.  

En ese mismo estudio se preguntaba a los encuestados por su sentimientos identitarios. ¿Se siente usted español? ¿Tan español como de su pueblo? ¿Más de su pueblo o de su barrio? ¿La Toledana para los de la Toledana? Lo más habitual es que la gente se sienta tan española como de su comunidad autónoma, aunque como pueden suponer la cosa va por barrios. Los sospechosos habituales no se sienten muy españoles y para compensar y que salga una media resultona hay otros que tienen la sangre rojigualda, con lo malo que tiene que ser eso para la salud. Murcia y Castilla y León son las comunidades donde menos gente afirma tener únicamente “identidad periferica”. En Murcia, solo el 1,3% de los murcianos se sienten murcianos. En nuestra comunidad birregional y conjuntiva, ese porcentaje se queda en el 2,9%. Pero aquí, de nuevo, hay trampa. ¿De qué identidad hablan? ¿Se sienten castellanos, castellanoleoneses, leoneses solo, del Bierzo, pancastellanos? ¿Y si todos los que afirman sentirse solo de aquí resultan ser de Treviño y hablan de Euskadi?

¿Estamos ante un drama, ante una hecatombe? ¿Debemos rasgarnos las vestiduras y obligar a nuestros infantes a honrar la bandera cuartelada en lo colegios? Yo diría que no. En mi opinión, en estas tierras tenemos, por regla general y por fortuna, una relación muy sana con nuestros sentimientos identitarios. En román paladino: a la mayoría nos importan una chufa. Sí, nacimos en un cacho concreto de la tierra, no por voluntad propia, y es innegable que eso tiene cierta influencia sobre nuestra forma de ser. Y sí, cuando estás lejos, aprendes a valorar esta clase de cosas y es posible que incluso sonrías cuando sale Valladolid por la televisión -simpatizar con Valladolid es algo que solo se puede hacer cuando vives muy lejos de Valladolid. Y sí, nuestra historia y nuestro patrimonio son muy ricos, el museo más grande del mundo y todo eso. Pero ¿y qué?

Algunos me pueden contestar que igual no nos sentimos muy castellanos/castellanoleoneses/leoneses/loquesea, pero que a cambio el “españolismo” está en el aire, en el agua y en las patatas revolconas; pero mi impresión es que eso tampoco es así, que en general el habitante medio de este rincón del mundo es identitariamente apático y deposita su fe en los trapos de colores solo y ocasionalmente para las competiciones internacionales de deportes de equipo. Lo normal y deseable, vamos. A mi, sentir afecto hacia una entidad administrativa, en el fondo es eso de lo que estamos hablando, es algo que no me sale. No siento nada, por ejemplo, hacia el Ministerio de Fomento o hacia la Subdelegación del Gobierno, ni mando cartas de amor a la Subdirección General de Bellas Artes y Bienes Culturales, ni flores al Instituto Nacional de Estadística.

Acepte un consejo, querido lector: si alguna vez usted nota aflorar en su interior un sentimiento nacionalista -de aquí, de allí o de cualquier sitio- visite la agencia de viajes más cercana y tómese, siempre bajo prescripción médica, unas vacaciones lejos de su patria.


PS.- Por cierto, y hablando de esa historia milenaria, el documento ese en el que aparece la palabra Castilla es falso según la mayoría de los investigadores actuales. Seguramente algún monje avispado del S. XII lo redactó para justificar la propiedad de unas tierras. Esto de las patrias es un lio y nunca sabes cuando son de verdad y cuando sirven solo para esconder los chanchullos de alguien.

Banda sonora: La Raíz – Nuestra Nación

Medievales y carnavales

Vamos con los brotes verdes para empezar: el otro día daba gusto ver Ávila. Era de esas veces en las que vas con alguien de fuera y te sientes orgulloso. Había vida, música, alegría. Imagino que con Cir&Co pasará algo similar, o eso espero. Pero eso…que ibas alrededor de la muralla y veías a los arqueros ahí con los chavales y gente curioseando, los animalicos, los disfraces. Estupendo.

Me comentaban además que había un cierto impulso este verano en la hostelería de la zona. Que estaba habiendo música en directo y otros intentos por aprovechar el magnífico entorno.

Y vamos ahora con las críticas…

“Debe ser que las cañas saben mejor cuando uno se las toma embutido en leotardos o con casco vikingo, además los niños están muy monos y es una oportunidad más de lucirlos, antes de que tomen la comunión y empiecen a parecerse a sus progenitores”

La cita es de Luis Represa en un artículo polémico en AvilaRed. Pero… ¿Tiene razón? La verdad es que se están convirtiendo los medievales en los carnavales que nunca supimos celebrar. Sí, en Ávila en Febrero estar disfrazado es cosa de valientes. Que yo tampoco lo hago, ojo, que soy castellano y soso; y también tengo culpa como otros cuantos miles de paisanos.

No deja de ser chocante que en carnavales se disfracen pocos y en los medievales se disfracen muchos…  pero cada vez de cosas menos medievales.

“Supongo que el mercado medieval, los desembarcos vikingos o las payasadas celtas vienen bien a las economías locales, -y especialmente a esos tíos que nunca envejecen y se ganan la vida subido a los zancos entre ríos de calimocho y aroma de porros”

No cito más a Represa, ya que lo que hay que hacer es acudir al enlace original y leerlo entero. Seguramente no comparta el tono del artículo, aunque habrá quien defienda que tal vez sea bueno decir las cosas a lo bruto para que tengan más repercusión. ¿Cómo lo ven? En el propio AvilaRed ha habido un gran número de comentarios al respecto (30 al publicar este artículo).

PD: También ha tenido repercusión AvilaToday con su “Encuentran un quinto poste enterrado del monumento abulense “Los Cuatro Postes”“. Estaba claro que era Illo, nuestro viñetero.

Borja Jiménez: “El equipo nos ha sorprendido a todos”

Madre mía, los haters del Real Ávila.

Quien nos lo iba a decir hace un mes. Tras la victoria de hoy domingo en el Adolfo Suárez, elequipo de la capital ha sumado 4 de 6 puntos en su estreno liguero, lo que unido al excelente arranque de la Cebrereña (colider) deja un panorama absolutamente inesperado para los amantes de nuestro modesto balompié.

Borja Jiménez (1985) repite al frente del equipo encarnado desde el banquillo. Después de empezar hace diez años con los benjamines del club, ha pasado por todas sus categorías. Entrenó un año al Milan Academy, otro a la Casa Social y los últimos cuatro ha estado ligado al primer equipo del Real Ávila: dos como segundo entrenador y dos como entrenador.

“Creo que ni los mismos jugadores pensaban que podríamos competir al nivel del resto de equipos”.

Foto cedida por Borja Jiménez

Foto cedida por Borja Jiménez

- La primera pregunta, Borja, tiene que ver con el difícil inicio. El equipo está en construcción por las circunstancias que ha habido, pero se ha traído un primer punto de un campo difícil. ¿Cómo los vistes? (la entrevista se realiza poco antes de la segunda jornada)

B: La verdad que el equipo el primer día nos sorprendió muy gratamente a todos. En un equipo las pretemporadas son muy importantes para el desarrollo de todo el año y nosotros estamos en la tercera semana con las piernas muy cargadas. Miramos mas a largo plazo que lo que pueda ocurrir en estas cinco primeras jornadas. Todo lo que sumemos será un premio al esfuerzo del equipo.

¿Algún jugador en especial te sorprendió?

B: Me sorprendió el equipo en lineas generales. Es cierto que llevábamos pocos días juntos, pero hubo detalles de los que con trabajo podremos ir sacando cosas muy positiva: el nivel de los juveniles (16 años) y la capacidad de competir al mismo nivel.

- Imagino que el verano ha sido muy duro, con los problemas varios que han habido. ¿Quién te convence para volver a tomar las riendas del club?

B: Me convence el Real Ávila, ese sentimiento que vengo cultivando desde pequeño. Durante el verano pudo haber alguna que otra opción, pero mi prioridad siempre fue la de esperar al club donde me he criado. Creo que con el final que tuvimos el año pasado, merecía la pena que volviéramos a intentarlo. Aunque los objetivos sean muy distintos creo que si logramos mantenernos será mas meritorio que el año pasado, es un reto que afronto con mucha ilusión y ganas. Además, voy a trabajar con gente profesional de este deporte que me ayudara a seguir creciendo como entrenador.

- Se ha echado de menos en años anteriores que el Real Ávila esté presente en actos públicos, arropado por instituciones… ¿hay alguna idea o compromiso para esta nueva etapa? O preguntado de otro modo… como entrenador y también como abulense ¿Qué has echado en falta, o en qué te gustaría que mejorara el Real Ávila hacia la sociedad y la sociedad hacia el Real Ávila?

B: Creo que ya se está notando, la aportación de Juan y Pindado en cuanto a ideas e iniciativas es muy buena. Creo que debemos volver a potenciar ese sentimiento que se tiene en la ciudad por el club, poquito a poco y con mucho trabajo conseguiremos las metas que se están marcando. 

Foto cedida por Borja Jiménez

Foto cedida por Borja Jiménez

- Siguen llegando refuerzos, y aunque lo prioritario es mantenerse (sobre todo después de lo que se ha sufrido) ¿Se pone algún techo el equipo o algún objetivo?

B: Ya he comentado en alguna otra ocasión que el objetivo de este año estaba casi cumplido volviendo a competir, algo que hace un mes era impensable. Está claro que habiéndolo conseguido ahora tendremos que ir paso a paso hasta conseguir los 42 puntos que nos permitiría un año mas volver a estar en tercera. Ésta es la realidad. Sé que en la ciudad no se está acostumbrado a esto, pero este año tiene que ser así. Somos un equipo humilde, con la plantilla mas joven de tercera división incluido filiales, así que la meta será intentar competir todos los partidos independiente de quien sea el rival.

- ¿Sientes que te has ganado el respeto de los aficionados tras un comienzo de temporada pasada algo convulso?

B: No sé si el respeto exactamente, siento que lo que antes era muy negro ahora va siendo gris en algunos momentos. Creo que he ganado en cuanto a confianza, tengo que seguir trabajando para que algún día pueda formar parte de la historia del club. El año pasado creo que el esfuerzo que hicimos todos los que estábamos dentro fue digno de admirar y este año los que estamos involucrados tenemos esas mismas ganas.

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Le cedemos el espacio para Borja Jiménez para que añada lo que crea necesario, en un momento en el que desde el club se está intentando recuperar afectos y apoyos.

“Para terminar quería aprovechar este espacio para agradecer a todas las personas que han estado ahí en los momentos difíciles, que no siempre es fácil. Agradecer enormemente el esfuerzo que está haciendo Pindado por mantener viva la llama del Real Avila y sobre todo pedir a la gente que arrope a los jugadores como si fueran abulenses porque los que están defendiendo esta camiseta son los que realmente han permitido que el club volviera a competir.

Un fuerte abrazo”. 

Ciudad Medieval

Llegas caminando al recinto amurallado. Se levanta imponente al otro lado del puente, peatonal, por cierto. Caminas hasta el pie de la muralla y ves la ladera. Un camino de piedra que te indica por donde ascender hasta el acceso. El acceso que en tiempos era la puerta trasera de la ciudad y que hoy acoge miles de visitantes diarios. A medida que vas subiendo va entrando en tu cabeza un soniquete medieval. Un soniquete que recuerda épocas pasadas. Entre las dos puertas, en el pasillo que comunica la muralla exterior y la interior, hay dos hombres haciendo sonar las dulces notas que reciben a los visitantes. Crean ambiente y te dan una idea de lo que encontrarás dentro. 

Dentro, calles empedradas, mucha gente, incluso, para ser septiembre. Nos cuentan que en agosto había sido aún peor. Que no cabía un alfiler. Que era imposible pasear por esas calles con un mínimo de tranquilidad. Destaca la ausencia de coches, no hay circulación, toda la zona intramuros es peatonal, quizá por las mañanas permitan el acceso a descargar los repuestos de las decenas de tiendas de recuerdos, bares, heladerías, tiendas medievales… Todo pensado por y para el turismo.

Un recinto con 1.500 metros de perímetro perfectamente acotado por la muralla exterior. Un paseo entre muros por el que puedes rodear todo el recinto, una segunda muralla con un castillo adosado a ella que en tiempos fue el puesto defensivo desde el que los franceses vigilaban el que fuera el reino de Aragón. 

Todo esto que os cuento sucede en la medieval ciudad de Carcassonne. Una localidad francesa de cerca de 50.000 habitantes situada al sureste de Toulouse y bastante cerca de la cara norte de los Pirineos. Un lugar que me recordaba, no podía ser de otra forma, a la ciudad de Ávila y me resultaba imposible, a pesar de no ser producente, comparar ambas localidades. En cierto modo me daba que pensar lo que Ávila podía haber sido y no es. Dos ciudades, con sendos recintos amurallados y con un motor principal en cuanto a la economía local se refiere, el turismo. Pero es que en Carcassonne comenzaron a hacer las cosas relativamente bien a mediados del siglo XIX, que fue cuando se concienciaron de la necesidad de conservar un patrimonio que aquí continuó deteriorándose hasta mediados del siglo siguiente.

El resultado de aquel cuidado es un producto turístico de los de manual. Un recinto donde apenas viven 50 personas, la parte en la que se hace la vida cotidiana de la ciudad está fuera de los que llaman La Cité, y dentro de ella resulta casi imposible ver una calle sin una tienda cada 5 metros. Un lugar donde todo el mundo es de fuera menos quien te atiende en los establecimientos. Un lugar con museos, el de la inquisición francesa, por ejemplo, donde te muestran la persecución y las torturas que la Iglesia Católica llevó a cabo contra los Cátaros en su cruzada contra ellos. Un lugar con tiendas, con su propio juego de rol ambientado en el medievo y las calles de la ciudad. Un lugar con su iglesia, al visitarla te reciben cuatro hombres que cantan un par de canciones rollo gregoriano. Un lugar con danzas medievales en la calle que te invitan a disfrutar de una actuación completa en un teatro. Un lugar que respira medievo por los cuatro costados sin necesidad de un mercado medieval como el que hoy comienza en Ávila. Que bienvenido sea, ¿eh? Que quede claro. Un lugar que me hace pensar en lo que Ávila puede ser y de momento no es…

Y ya que nos llevan años de ventaja en la construcción de su producto, quizá podamos echarles un ojo, ver lo que hacen bien, adaptarlo a nuestras necesidades, ver también lo que hacen mal para no hacerlo nosotros, y sacar alguna idea para nuestra ciudad que no se diferencia mucho de aquella y que parece tener con Carcassonne muchos más parecidos que diferencias en cuanto a su futuro se refiere. Si bien la historia de cada lugar es diferente y sus pasados basados en diferentes circunstancias, muchas de las cosas que allí ofrecen se pueden adaptar a las necesidades de aquí. 

Yo dejo ahí la idea. Y os recomiendo visitar Carcassonne, la ciudad con ambiente medieval todo el año.

Otra idea

La idea sería quitar un banco cualquiera (por ejemplo, uno de la calle San Segundo) y atornillarlo dentro del Senado.

A partir de ahí, solo habría que colocar una placa que pusiera: “La ciudad de Ávila, a Óscar López”. Y regalárselo para que pase allí todo el tiempo que quiera.

Quizás no habría que apretar mucho los tornillos, por si acaso decide cambiar de sitio (¡vaya usted a saber dónde estaremos en un par de meses!).

Lo importante es que él esté tranquilo, con su asiento asegurado. No estaría de más unos cojines y una mantita para los días de invierno. Todo en colores chillones porque, no lo olvidemos, nos movemos siempre dentro de la renovación más renovadora. Puro Cambio Toururú.

Lo realmente crucial, ya digo, es que él esté a gusto, que pueda centrarse al cien por cien en su vocación de servicio público. ¿Quién sabe hasta dónde puede llegar con ese espíritu de entrega?

A tale of two benches (Fábula de Ramón y Gustavo)

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Se conocieron en la Universidad de la Vida, en la Facultad del Mobiliario Urbano, magna institución en la que se han formado farolas, bancos, fuentes y papeleras desde que la fundase, a finales del S. XVIII, el honorable carpintero y artesano inglés Lord Woodgate. Congeniaron inmediatamente a pesar de que a primera vista lo único que tenían en común era el respaldo de madera. Uno, Gustavo, era arisco, terco, violento, egoísta; mientras que el otro, Ramón, era amable, encantador y desinteresado. Desde el principio, Ramón intentó suavizar el carácter de su amigo, con la convicción de que tarde o temprano sus agrias maneras terminarían buscándole un problema. Se lo decía una y otra vez, día tras día, en la cafetería, en clase, tirados en el césped frente a la facultad; pero Gustavo no daba su reposabrazos a torcer. Soy como soy, le decía cuando se hartaba del discurso moral de su amigo, y si a alguien no le gusto que se siente en otro sitio. Te buscarás problemas, le insistía Ramón. No busco amigos, solo sobrevivir, le aclaraba Gustavo poniendo punto y final a la conversación.

Ramón fue el primero de su promoción, el ojito derecho de sus profesores, el más admirado y deseado por papeleras y farolas. Gustavo aprobó y con eso le bastó. Después del verano, ambos conocieron sus destinos: la suerte quiso que compartieran ciudad. Ramón estaría cerca de un parque, como siempre había querido, viendo pasar a pequeños y mayores, sirviendo de descanso a unos y de juguete urbano a otros. Por su parte, Gustavo obtuvo mejor destino del que sus calificaciones parecían augurarle: estaría frente al ábside de la Catedral.

-Todo el día rodeado de gente, escuchando miles de conversaciones, en cientos de idiomas. ¿Te das cuenta, Gustavo? ¡Tienes un destino excelente! – le animó Ramón frente al tablón de la facultad.

-Vaya puta mierda -contestó Gustavo.

Los meses transcurrían en sus destinos con aparente normalidad. Ramón era feliz y Gustavo iba tirando. Una mañana de junio, mientras se despejaba para encarar una dura jornada de trabajo, Ramón recibió una notificación de sus superiores: un bar cercano iba a instalar un terraza de verano junto a él y había solicitado su retirada. El mundo se le cayó a los pies. Ramón decidió pelear y recurrió la decisión. Habló con los propietarios del bar, con sus superiores, solicitó la mediación de sus profesores de la Universidad, recogió firmas. Todo para mantener la que hasta ahora era su vida y a todos aquellos que formaban parte de ella: el abuelo que se sentaba a tomar el sol, la madre que apoyaba en él, todas las mañanas, la bolsa de la compra, el niño rubio que le utilizaba como si de un barco pirata se tratase. Todos sus quebraderos de cabeza se los contaba por la noche a Gustavo, que solía contestarle con gruñidos y otros sonidos guturales. Al final, la lucha sin descanso de Ramón dio resultado y consiguió permanecer en su ubicación.

Una mañana del verano siguiente fue Gustavo el que vio como a su alrededor crecía una terraza, con sus sillas, sus mesas y sus sombrillas. Pero Gustavo, al contrario que su amigo, vio en aquello una oportunidad. ¡Por fin le quitarían de allí! Estaba cansado de aguantar a la gente, de sentir sobre su espalda el trasero sudoroso de cientos de extranjeros, de que adolescentes hormonados se sentasen en su respaldo y le pusiesen los pies encima. Pasaba calor en verano y frío en invierno. Las palomas defecaban en él sin pedir permiso ni perdón e incluso algunos vándalos habían dejado grabados sus nombres en su piel. Aquella terraza era su gran oportunidad para salir de allí.

Y así fue. A las pocas semanas de la instalación de las mesas, unos operarios mandados por sus superiores le desatornillaron las patas y le llevaron en volandas y en furgoneta hasta un almacén donde, solo y a la sombra, pensaba disfrutar de su merecido retiro. Pero su tranquilidad apenas duró unos días y los mismos operarios que le habían salvado le devolvieron a su ubicación habitual. ¿Por qué? No conseguía entender nada. ¿Había hecho algo mal? ¿A qué dioses había enfadado para que su suerte fuese tan funesta? Ramón se lo explicó: alguien se había quejado de que unos bancos se retirasen y otros no.

- ¿Pero a ellos qué más les dará? ¡Yo era feliz en el almacén!

Gustavo sigue hoy allí dónde de nuevo le atornillaron los operarios municipales, esperando, ansioso, que aquellos que se quejaron de su retirada acudan a él para descansar. En las ciudades pequeñas todo se sabe, no hay secretos, y tarde o temprano podrá morderlos en las nalgas. Quizá así pueda volver a su almacén.  

Ps.- Fotografía cortesía de Juan Luis del Pozo

Otra vez Las Gordillas

La tarde del pasado jueves, de nuevo fuego, de nuevo llamas. Una vez más, los restos de Las Gordillas eran pasto de los vándalos, de la decadencia en la que los han sumido sus propietarios y de la dejadez de las administraciones, últimos responsables de la salvaguarda del patrimonio histórico y cultural.

En este rincón ya hemos hablado antes de este asunto, concretamente en noviembre de 2012, cuando la denuncia de un particular alertó a las autoridades sobre nuevos desperfectos en el edificio. Hace un año, otro incendio devolvió los vetustos muros del convento a las primeras páginas de los medios. En aquel momento, todas las instituciones afirmaron sentirse preocupadas por lo sucedido y por la situación de los restos y pusieron en marcha, o eso dijeron, los lentos y pesados engranajes del Estado, ese Leviatán tullido y ojeroso, para asegurar su conservación. Casualmente, a principio de este mismo mes, el director general de Patrimonio de la Consejería de Cultura y Turismo de la Junta de Castilla y León anunciaba que la administración regional estaba preparada para intervenir en Las Gordillas, juez mediante, para asegurar su supervivencia y mejorar su seguridad. Apenas han pasado quince días. Casualmente. No hace falta glosar los antecedentes para concluir que la relación del patrimonio local con los vándalos y las casualidades es larga y desoladora.

Según el responsable de la Junta, las obras de consolidación de los restos aún en pie comenzarán durante el segundo trimestre del año próximo. Hasta entonces, me temo, nos tocará cruzar los dedos y confiar en que los hados nos sean propicios y alejen a los vándalos -y a los alanos- de los viejos muros. Tampoco estaría mal contar con la implicación del Ayuntamiento y de su Policía Local, pero igual nos sale más rentable y nos produce menos úlceras poner un par de velas en la Ermita de Sonsoles.

Izquierda Unida ha solicitado a la Junta, como hicimos aquí hace dos años, que expropie el Convento para asegurar su protección. La intervención de la Junta para consolidar los restos es necesaria y urgente, pero tras años de incumplir sus obligaciones es perentorio que los titulares del bien sean desposeídos de él. Este sería solo un primer paso pues, tras la consolidación y la expropiación del bien, sería necesario encontrarle un uso conveniente. De todas formas, si los acontecimientos siguen desarrollándose al ritmo actual, igual tenemos un par de décadas para pensarlo. Eso si el edifico no se cae antes, claro.

 

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