Pocos voluntarios

El asunto del voluntariado para la celebración del V Centenario del nacimiento de Santa Teresa es algo que me tiene algo mosqueado, debo ser yo el raro. Ya comenté en su día que no me parecía bien tirar de voluntarios y que se podía hacer un esfuerzo por generar puestos de trabajo. Eso fue allá por el mes de febrero y la cosa no era una idea disparatada ya que parece que gustó a algunos sectores de la política abulense, aunque abiertamente no lo dijeran. Esto último fue por el mes de marzo.

Autorías intelectuales aparte, el lunes leía una noticia en Tribuna de Ávila que decía:

Pese a que este domingo estaba previsto el cierre del plazo para las inscripciones de voluntarios del V Centenario del nacimiento de Santa Teresa, la Comisión de Voluntariado ha decidido ampliarlo hasta finales de mayo, debido a la gran demanda que se viene realizando en las últimas semanas.

Y claro, eso de “debido a la gran demanda que se viene realizando en las últimas semanas”, hace que salten todas mis alarmas. Decía Avilared:

Los interesados podrán inscribirse hasta el próximo 13 de abril, siendo la previsión de la diócesis no solo “fidelizar” a los 600 voluntarios que cooperaron en 2011 en la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) sino incrementar esa cifra para atender a los miles de peregrinos que se esperan…

Con todo mi respeto… Creo que su previsión eran largas colas de gente a la puerta del Obispado, como si fuera un concierto de Bisbal, creo que han pinchado y creo que nos la están intentando colar. Creo que han tenido mucha menos afluencia de voluntarios de la que esperaban. Creo que lo de “la gran demanda que se viene realizando en las últimas semanas” no es ni la mitad de lo que quieren que parezca y que quieren maquillarlo de cara a la ciudadanía porque queda mejor poner eso que poner que “no se ha inscrito tanta gente como pensábamos en un principio”. 

Por cierto, que el plazo no se amplía una semana, unos días… No, un mes y medio, a lo loco… ¿Para poder gestionar la gran avalancha final? De verdad, resulta difícil de creer. Que puedo estar equivocado, ¿eh? No digo yo que no. Que esto va rodando, llega finales de mayo, se cierra el plazo de inscripciones, dan la cifra de voluntarios y son 2.564 inscritos. Ya pediría disculpas, ya sería yo el primero en decir que me he equivocado al escribir estas líneas. Eso sí sería una gran demanda. Pero de momento, visto lo visto, creo que es todo lo contrario.

Agotado el plazo inicial dado y según informa Diario de Ávila:

Hasta ayer (14 de abril) cerca de 300 personas habían dicho ‘sí’ a la llamada de La Santa , una cifra que supone casi el doble de la registrada hace ahora un mes.

Una cifra que no llega a la mitad de lo inicialmente esperado… Añado yo. ¿Seguimos hablando de gran demanda?

Por cierto, y cambio un poco de tema, parece que se está abriendo algún comercio por el centro que pretende aprovechar el tirón del evento. Me parece buena idea. A ver si poco a poco se va viendo movimiento y comenzamos a salir adelante. Espero que sean comercios duraderos y no solo para una temporada, la temporada del V Centenario. 

Pelusa attack

pelusaAttack!!

Panegírico

Mucho he leído los últimos días sobre el despido de Jota. Mucho me han preguntado sobre él, sobre lo que ha pasado, sobre los motivos, los culpables, la razón… Y a todos les he dado la misma respuesta. No lo sé. 

No sé si el despido de Jota ha sido motivado por presiones políticas, no sé si el despido de Jota ha sido motivado por la proyección del documental sobre la antigua fábrica de harinas, no sé si el despido de Jota ha sido motivado por los celos alguien al ser más alto y guapo que el o ella o por haber bailado desnudo encima de la mesa de control del estudio mientras hacía un informativo. Y afirmo no saberlo teniendo en cuenta que he trabajado muy cerca de Jota, que trabajo muy cerca del resto de periodistas de la SER, que conozco a quien le despide, a quienes no han tenido nada que ver y a los que se quedan sin un compañero teniendo que trabajar más que antes para suplir su falta, una falta que, casi seguro, no contará con sustitución.

Y digo todo esto porque hay gente que no ha dudado en afirmar algunas cosas que creo infundadas. Hay gente que ha manifestado, como si de verdad absoluta se tratase, que a Jota se le despide por el ya famoso documental “Verdad contra poder” y por las presiones recibidas tras la emisión del mismo en nuestra ciudad. No lo diré yo, es más, no quiero pensar que haya sido eso. Puede que algo haya sumado, tampoco lo sé. Por eso no quiero hacer valoración de las circunstancias, no quiero repetir los errores que he visto a otros cometer.

Sí quiero maldecir a aquellos que se han alegrado con la noticia, seguro que los hay. Sí quiero lamentar su ausencia, lamentar el vacío que deja. La ida de un buen periodista siempre es una lástima y más cuando su periodismo era incómodo para muchos, algo que lo convertía en periodismo del mejor para otros. Ya lo dijo Pablo, algunas cosas sin Jota no suenan igual, y la SER en Ávila va a sonar para siempre diferente, faltará la voz de Jota, y nos costará acostumbrarnos a pesar de los grandes profesionales que se quedan tirando del carro y a quienes quiero transmitir todo mi apoyo.

Jota: todo mi ánimo, mi apoyo y mis mejores deseos para tu futuro. Se te extraña, amigo, eso sí es seguro.

Los sapos bailan flamenco (y llegan a Ávila en Ave)

No por mucho madrugar, Segovia Guiomar. Y cuando las barbas del PGOU veas como un AVE volar, pon tu cigueña a remojar. Por San Blas.

Disculpen la mezcla de refranes, pero es que venía a hablar del tren y me he dado cuenta de que hasta en este rincón de Internet tenemos casi todo ya dicho sobre Ávila y la alta velocidad. Hablar del AVE para nuestra tierra permite tirar de refranes, oportunidades perdidas, declaraciones vacías, promesas incumplidas, mentiras no piadosas y marca ACME.

Solo bajo la etiqueta “tren” tenemos en este blog ya 14 entradas contando ésta.  ¿En verdad sería beneficioso el AVE? ¿Vivimos bajo el día de la marmota? ¿Qué cosas hemos vivido junto a las vías?

Y mi favorita de ese pequeño truhán llamado Alberto… la historia de nuestros raíles y máquinas. 

Pero precisamente por ese interés en seguir de cerca las novedades del tren, hoy me quiero hacer eco de algo que pasó ayer por Valladolid,  donde el escudo de La Gasca. Estuvo la ministra del ramo, Ana Pastor, natural de Zamora y entre “no quiero prometer cosas que no voy a cumplir” – no como Zapatero, viene a decir y a veces lo dice – pronunció también un “quiero venir a mi tierra y que no se me caiga la cara de vergüenza”. (Por aquí un enlace a Europa Press)

Y hablando de la tierra, en ese foro de El Norte de Castilla en el que estaba participando teníamos presencia de periodistas abulenses como Carlos Aganzo o Sonia Andrino, así que hubo espacio y pregunta para lo de Ávila. Y… ¿qué dijo la ministra de lo nuestro? Pues que sí, pero  “cuando la situación económica mejore”.

“No descarto el AVE en sitios con dificultades”, ha señalado, tras lo que ha se referido en concreto a las obras de las alta velocidad en Ávila, algo que no ha descartado aunque ha abogado por esperar a que la situación “mejore”. “Quiero venir a mi tierra y que no se me caiga la cara de vergüenza”, ha aseverado.

Y decía más… “en Ávila se han reorganizado los servicios posibilitando el paso de trenes de larga distancia. Actuamos en toda Castilla y León para mejorar”.

Mientras, Ana Pastor explicaba con detalle lo poco que se tardaría de Madrid a Zamora, Salamanca, León y Palencia. Y al escucharlo daba bastante rabia ver que estorbamos en el mapa, que estamos a desmano, que efectivamente tirar por Segovia era más recto y más eficiente. Y bueno, al menos esos pérfidos segovianos tienen la estación al quinto cuerno y tanta envidia no dan porque tardan más en llegar a Guiomar que a Chamartín.

Pero en fin, que la situación mejorará. Cuando lleguen los brotes verdes y el buen karma, nos llegarán policías, aves, decatlones y maratones de bienestar. Hasta Museos del Prado si es menester. Y si no, mientras tanto, nos podemos contentar con la llegada de diputados cuneros que pelearán a brazo partido por nuestra tierra y para que otras provincias no nos coman la tostada, o nos dejen enlazarnos a la suya.

Un escudo en Pucela y una tarea en Perú

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Si hay algo en lo que coincidimos la mayor parte de los habitantes de Castilla y León es que Valladolid no es una ciudad bonita. Iba a decir que es fea, pero he revisado las estadísticas del blog y resulta que allí vive una parte importante de nuestros lectores. Podemos discutir si en una clasificación de ciudades “no bonitas” Valladolid se encontraría entre las cinco primeras o directamente en el podium de honor, pero que estaría en la lucha es un hecho científico. Por si esto fuera poco, Valladolid no tiene murallas, lo que la convierte en una ciudad poco fiable y además insegura en caso de ataque zombie.

A pesar de todo esto, Valladolid también sus rincones con encanto: la Plaza Mayor, San Pablo o el Museo Nacional de Escultura. El otro día, en Vallamordor, blog amigo dedicado a la no-capital birregional y conjuntiva, mencionaban de pasada uno de ellos: la Iglesia de la Magdalena. Dicen por la antigua capital del reino que el escudo que luce su fachada es el más grande del mundo -o el más grande tallado en piedra, puntualizan si su interlocutor pone cara de descreído. ¿Y de quién es tal escudo? ¿Quién costeó tamaño dispendio de roca? Pues un tipo de Ávila -más concretamente de Navarregadilla, localidad de Santa María de los Caballeros- llamado Pedro de La Gasca (o Lagasca según otros, entre los que se encuentra el callejero abulense), cuyos restos reposan en un bonito sepulcro de alabastro en el interior de la iglesia. Cuando murió, en 1567, Lagasca era Obispo y señor de Sigüenza, pero su vida no se limitó a la oración, la reflexión y la lectura reposada de la Biblia al lado de una chimenea. Pedro de La Gasca fue, entre otras cosas, el encargado de pacificar Perú.

Vida y peripecias de La Gasca antes de cruzar el mar océano.

Pero antes de profundizar en ese hecho, una breve reseña biográfica. Nacido en 1493, hidalgo -es decir, miembro de la pequeña nobleza- Maestro en Artes y Licenciado en Teología en la Universidad de Alcalá, graduado en Derecho Civil y Canónico en la Universidad de Salamanca, de la que llegó a ser Rector. Eligió el bando ganador durante la revuelta comunera y acabados sus estudios fue ordenado sacerdote. Su carrera eclesiástica empezó en Salamanca, pero pronto abandonó las orillas del Tormes camino de Toledo y Alcalá gracias a la influencia del Cardenal Juan Pardo de Tavera, a quien conocía de su paso por la Universidad de Alcalá. Como ven, en aquellos tiempos los contactos ya marcaban una vida y una carrera, y si ahora la vecindad de pupitre puede llevarte a un Ministerio o a Telefónica, antes te llevaba a ser vicario de la principal (y por lo tanto más rica) diócesis de las Españas y a la Inquisión, en cuyo Consejo Supremo encontró La Gasca acomodo gracias, de nuevo, a la influencia de Tavera. Como miembro de este festivo tribunal -famoso por sus perfomances y sus raves- fue La Gasca a Valencia, a investigar asuntos relacionados con ayunos poco cristianos y latigazos a crucifijos.

También sería en Valencia donde La Gasca ocupase su primer cargo político al ser designado por Carlos I visitador general del Reino de Valencia, un puesto hasta entonces reservado a los allí nacidos. Básicamente sus funciones eran comprobar la labor de los funcionarios, la recaudación de impuestos y el respeto a los poderes reales. Por fortuna para La Gasca todo esto fue en el S. XVI y no hace una década, porque con esas responsabilidades, en la Valencia de hoy, todavía estaría con las sales intentado recuperarse del soponcio a la sombra de un pirulí de Calatrava. Además de lo mencionado, La Gasca terminó colaborando en la defensa del Reino contra Barbarroja, corsario y almirante otómano, que por aquel entonces solía acechar aquellas costas y robar las joyas a las guiris mientras se enrojecían en las playas de Benidorm.

La Gasca contaba en aquel entonces con buenas relaciones en la Corte. Si antes el Cardenal Tavera había sido su padrino, protector y promotor, ahora ese puesto lo ocupaba Francisco de los Cobos, Comendador Mayor de León, Adelantado de Cazorla, Contador Mayor de Castilla, Secretario de Estado del emperador Carlos I, Señor de Sabiote, Jimena, Recena, Torres, Canena y Vellisca; y mano derecha del regente príncipe Felipe. Un tío importante. Será el quien ponga sobre la mesa el nombre de La Gasca para acabar con los problemas que en ese momento estallan en Perú.

Perú bien vale una misa.

Sería largo glosar aquí todo lo acontecido en Perú antes de la llegada de La Gasca, así que solicito de antemano el perdón de los especialistas por el breve resumen que procedo a realizar. Los problemas en Perú se sucedían desde que Pizarro mandó a criar malvas a Atahualpa y compañía, pero ahora las luchas no eran contra la población local, que bastante tenía con lo que tenía, sino entre los conquistadores. Pizarro contra Almagro, al que también dió matarile. El hijo de este contra Pizarro, al que rebanó el pescuezo en su casa de Lima. Gonzalo Pizarro, hermanastro de Francisco, y el gobernador Vaca de Castro contra Almagro, al que enviaron a saludar a todos los anteriores con la cabeza bajo el brazo.

Y por si fuera poco, va la Corona, allá en España, y se pone tiquismiquis con los derechos de los indios por culpa de un tal Bartolomé de las Casas, que lleva años dando la murga con que si los indios tienen alma y cosas por el estilo. En 1542 se promulgan las Leyes Nuevas, que reorganizan la administración de las colonias, prohíben la esclavitud de los indios y equiparan sus derechos a los de cualquier vasallo peninsular del Rey. Para aplicar estas leyes se envió a Perú, con el título de Virrey, al también abulense Blasco Núñez Vela, pero su mando en plaza duró poco. Los encomenderos -la encomienda era la figura jurídica utilizada para la explotación de la tierra y de los indígenas-  se sublevan, eligen a Gonzalo Pizarro como líder y decapitan a Blasco.

Todo esto llega a oídos de la corte y, como ya hemos dicho, Francisco de los Cobos pone sobre la mesa el nombre de La Gasca. El objetivo era enviar a Perú a un negociador, un diplomático hábil que supiese ganarse a los compañeros de Pizarro antes de enfrentarse abiertamente a él. El emperador acepta la sugerencia de de los Cobos y nombra a La Gasca presidente de la Real Audiencia de Lima -el tribunal del virreinato- y le dota de plenos poderes. La Gasca llega a las colonias en 1546. ocupa el vacío de poder dejado por Núñez Vela y comienza a maniobrar para atraer al bando realista a los lugartenientes de Pizarro ofreciéndoles el perdón real y la posibilidad de mantener sus encomiendas. Uno a uno, los sublevados (Pedro de Hinojosa, Sebastián de Benalcázar, Pedro de Valdivia, Pedro Ramírez, Juan de Cáceres, etc.) van cambiando de bando. El enfrentamiento final entre las tropas fieles a la Corona y los sublevados se produce a 25 kilómetros de Cuzco, en lo que se conoce como Batalla de Jaquijahuana, aunque de batalla tuvo poco: antes de comenzar, la mayor parte de las fuerzas de Pizarro desertaron y se unieron a La Gasca. Capturado Pizarro, fue juzgado y condenado a muerte.

Y de premio un obispado.

Sofocada la rebelión, La Gasca reorganizó la administración del Virreinato. Su principal objetivo fue reforzar la autoridad real en la colonia, aunque también reformó la administración de justicia, realizó gestiones en favor de los indígenas (sin llegar tan lejos como las Leyes Nuevas que provocaron la revuelta de los encomenderos) y organizó y permitió varias expediciones para aumentar la zona bajo control español. Considerando acabada su misión, en 1550 vuelve a la península con las mismas posesiones con las que había salido de ella, es decir, ninguna. Carlos I, como pagó por sus servicios, le nombró obispo de Palencia y su hijo, Felipe II, obispo de Sigüenza años después.

Allí murió en 1567 y desde allí salieron sus restos para reposar en la Iglesia de la Magdalena, el rincón de Valladolid del que hemos comenzado hablando.

 

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- Reporta_e

- Periodismo con co_ones

- Arro_o

- Mensa_e comprometido

- E_emplar único

Hay un montón de cosas que sin Jota no suenan igual.

8 años -y algunos días- de Twitter

Hace algo más de ocho años, un grupo de norteamericanos aburridos tuvo una idea. Era una idea absurda, ridícula, estúpida. Una tontá a la que llamaron Twitter. Como todos ustedes saben más o menos a qué nos estamos refiriendo -aunque no sean usuarios, los medios tradicionales han llevado la arroba y la almohadilla a todas partes- vamos a ahorrarnos la tradicional monserga sobre jóvenes llenos de acné que cambian el mundo en un garaje, jóvenes llenos de acné que tienen una idea brillante para ligar o jóvenes llenos de acné que se hacen ricos gracias a que son emprendedores, rubios, con los ojos azules y no son españoles.

Para celebrar su octavo aniversario, la gente de Twitter tuvo otra idea: una herramienta para que todos pudiésemos rescatar nuestro primer tuit y el de cualquier persona. Y nosotros, que entre otras cosas le debemos buena parte de este blog a la red del pajarito azul, nos sumamos con este post al aniversario de la red que da cobijo a nuestras tonterías diarias y a las de Mr. T.

Primero, para dar ejemplo, nuestro primeros tuits:

 

Además de que todos seguimos más o menos en la misma línea que anticipaba nuestro primer tuits, el premio Earlyadopter L4P es, de largo para Rubén, que andaba perdiendo el tiempo por Twitter casi dos años antes que los demás.

Pero este blog, esta plataforma, esta ciudad, este planeta y esta galaxia no serían lo mismo sin la participación activa de muchas personas. ¿Cuáles fueron los primeros tuits abulenses de Twitter?  Es difícil encontrar al primer abulense perdido por esta red, pero podemos rescatar los primeros tuits de usuarios de renombre. Primero, los medios de comunicación (también los difuntos).

 

Y ahora nuestros políticos, prohombres (y promujeres) de la abulensidad.

 

Y por último esas personas que llevan Ávila a Twitter, la Conchinchina o el fin del mundo. Aquí incluimos, como pequeño homenaje, a alguno de nuestros colaboradores.

 

Como tampoco queremos ponernos pesados -como por otra parte es habitual en nosotros- lo vamos a ir dejando, pero siéntase libre de compartir en los comentarios todos los primeros tuits que quiera, suyos o de otros tuiteros abulenses. Seguro que hay mucho petróleo en esta red aún por explotar.

PS. Mi primer tuit era flojo, pero el segundo ¡Ay, el segundo! ¡Visionario!

 

 

 

De clases y vida

Traigo a este rincón un debate que se ha suscitado en algunos foros estos días. Ese asunto es la presencia de alumnos viendo la llegada del cortejo fúnebre de Adolfo Suárez. Días después, la noticia al respecto sigue estando entre las más vistas en Ávilared.

Si pasearon ese día por la ciudad, es posible que vieran estar presentes en las calles a chavales que a esa hora suelen tener clase. Según cuenta la información, fueron varios los colegios que dieron permiso para ello, ya fuera por trabajos al respecto u otras consideraciones.

¿A ustedes que les parece?

Recuerdo de pequeño habernos “fumado” la clase porque pasaba la Vuelta Ciclista a España por la misma ventana del colegio. Era imposible dar la hora lectiva… entre el griterío que había fuera y la excitación que teníamos los chavales. Al final, los profesores accedieron a dejarnos mirar por la ventana, y poco después a bajar a la puerta. Eso sí, todos juntitos y formales.

Eran los tiempos en los que el ciclismo todavía era puro a ojos del común. Veníamos de las gestas de Perico y de repente en Ávila teníamos al Chava, a jóvenes como Mancebo y Sastre… Recuerdo perfectamente que en aquellos años no habría perdonado a mis profesores no haber visto la salida de la etapa. Ni se me pasaba por la cabeza que nos privaran de algo tan importante (eso pensaba, criatura de mí).

Un par de años después aquello se fue de madre. El caso Festina y otros sucesos poco edificantes convirtieron el paso de la Vuelta en otra cosa. Tengo grabado a fuego en la memoria a unos compañeros un poco quinquis que, aprovechando que Virenque no podía ir a ninguna parte, no le paraban de hacer gestos de dopado, jeringuillas, palmadas y etcétera.

Son un par de recuerdos de aquellos años. Me vienne a la mente perfectamente esos momentos y evidentemente no recuerdo todas las clases. Por ello, creo que si ahora fuese alumno o profesor, estaría a favor de haber ido a ver el cortejo. Son días especiales y, en este caso, mucho más importantes.

Me explico: no ir por ir. No simplemente decir a los chavales “salid a la calle, haced lo que queráis” sino dar unas clases, explicar la figura de Suárez, lo básico y también lo más importante, y además vincularlo con la propia historia de la ciudad. Hacerles aprender que en nuestra última tierra se ha escrito mucha historia y se sigue escribiendo.

Despertarles el sentido cívico y la pasión por la historia. Pidiendo permiso a los padres, claro, porque leo opiniones contrarias (en los comentarios de ÁvilaRed) sobre la idea de presenciar duelos o sepelios.

¿Cómo lo veis los lectores de este espacio?

Fuera de la ley

La semana pasada, el viernes si no recuerdo mal, tuvimos reunión de vecinos en la comunidad en la que vivo. La verdad es que esos eventos no me hacen excesiva gracias pero es algo de lo que debes participar si después quieres tener derecho a protestar cuando alguien la cague, y, creedme, al final, siempre, alguien la caga.

Y digo alguien por no decir todos porque muchas veces se parte con el fallo desde el comienzo y después no valen los lamentos. El caso es que, según parece, la ley, LA LEY obliga a las comunidades de vecinos a suscribir un contrato de mantenimiento de servicios en previsión de posibles averías o accidentes. Es decir, contratar una empresa que se ocupe de que los cables de la luz estén en buenas condiciones, la caldera funcione correctamente, las puertas de los garajes abran y cierren como merecen, el ascensor esté siempre a punto… Ese tipo de cosas que en un momento dado, en una comunidad de vecinos, pueden fallar. De no tener suscrito dicho contrato, la compañía aseguradora de la comunidad de vecinos no se responsabiliza de nada en caso de accidente de ningún daño que se pueda producir.

Si hay un fallo eléctrico y se incendia una planta de la vivienda, haber contratado el seguro de mantenimiento. Si explota la caldera y aquello se queda como un solar, haber contratado el seguro de mantenimiento. Si revienta una tubería de las zonas comunas y se inundan dos plantas enteras, haber contratado el seguro de mantenimiento…

Y como en mi comunidad de vecinos somos muy de Ávila y de hacer las cosas bien… Se decidió posponer la decisión por segundo o tercer año consecutivo, pasarnos la ley por el arco del triunfo y seguir como delincuentes nuestras miserables vidas confiando en que el accidente no ocurra. A lo loco.

A mí la cosa me indigna. Si hay que cumplir la ley, hay que cumplir la ley. Es algo que debemos hacer todos y que no podemos saltarnos a la torera. Es evidente que a mucha gente no le gustan ciertas leyes, eso está claro, pero el que te guste, o no, deja de ser excusa para su incumplimiento. Así que si la ley dice que hay que hacer un contrato de mantenimiento no hay excusas, hay que hacer un contrato de mantenimiento. De verdad que no entiendo a estos sexagenarios que tengo por vecinos y su manía de vivir al límite.

¿Os imagináis que pasara lo mismo en cualquier otro ámbito de la vida? Yo qué sé… Se me ocurre… Pues que haya una ley que dice que “las administraciones públicas, en el ejercicio de sus competencias, tomarán las medidas oportunas para la retirada de escudos, insignias, placas y otros objetos conmemorativas de exaltación personal o colectiva de la sublevación militar de la guerra civil y de la represión de la dictadura”. Ya nos solo eso, sino que un grupo político lleve una moción a un pleno municipal en la que pida que se cumpla dicha ley…

Y… ¿Os imagináis que esa moción se rechazara? ¿Que se decidiera deliberadamente actuar al margen de la ley? Estaríamos locos, ¿verdad?

Son cosas que no pueden y no deben suceder. Y me parece mal por mi comunidad de vecinos como me parecería mal por el Equipo de Gobierno si…

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Pincha en la captura para leer la noticia completa

#OhWait

Adolfo Suárez, in memoriam

Los historiadores -y aquellos que alguna vez estudiamos Historia hasta la obtención de un título firmado por la autoridad competente- tenemos un gran aprecio por las palabras “contexto histórico”; el conjunto de circunstancias, hechos y situaciones que rodean y dan forma a un suceso, a una persona o a una corriente de pensamiento en un momento temporal y un punto geográfico determinado. De la misma forma que no es lo mismo vender hielo a un esquimal en el Polo que vendérselo a un guiri en una playa de Salou una tarde de agosto, no es lo mismo hablar de democracia en un país europeo en la actualidad, que hacerlo en la España de Carlos V o la Atenas de Pericles.

El contexto histórico es importante para entender los hechos estudiados, para huir de explicaciones presentistas y evitar que nuestros prejuicios, nuestra ideología o nuestra situación deformen una realidad pasada. Esta admonición sirve tanto para la expansión romana por el Mediterráneo, como para la conquista española de América -ningún respeto a la Convención de Ginebra tenía esa gente- y también para la Revolución Gloriosa, la independencia de las colonias británicas de norteamérica o nuestra Transición.

La Transición y todo lo que la rodea, incluida la figura de Adolfo Suárez, ha sufrido y sufre un doble tratamiento, tan irreal y falso el uno como el otro. Para algunos, entre los que se encuentran los que más palos pusieron en las ruedas de la misma, la Transición está camino de los altares. Fue un proceso modélico, limpio y rápido. Sin sangre, sin dolor, sin odio. El momento más glorioso de la Historia de España protagonizado por héroes sin mácula. Para otros, la Transición fue un apaño entre el viejo régimen y sus herederos, con la aquiescencia de una oposición pacata o temerosa y bajo la atenta mirada del ejército. Un engaño que solo sirvió para mantener el poder en las mismas manos y recubrirlo de la legitimidad de una Constitución tímida y de unos votantes engañados.

No soy devoto de la Santa Transición, pero tampoco creo que merezca condena eterna. La Transición fue la que pudo ser, ni más, ni menos. Un proceso complicado y sucio que estuvo a punto de descarrilar en más de una ocasión y que llegó a buen puerto -si uno echa un vistazo a la historia reciente de España se dará cuenta de lo caros que son los mármoles que recubren el puerto y lo bien que huelen los baños- por una combinación de suerte y determinación, sin olvidar el papel jugado por la presión interna ejercida desde las calles y sus alrededores -menospreciado o sobrevalorado según la acera- y la presión externa desde Europa y los EEUU -vilipendiada o ignorada según el barrio. No fue un proceso perfecto, como imperfecta es la España nacida de sus entretelas, pero fue seguramente el mejor, o uno de los mejores, de los posibles.

Adolfo Suárez fue la cara de aquel proceso, aunque no el único actor. Un político de provincias, un hábil seductor, un tahúr ambicioso, listo, carismático, intuitivo. La pieza clave de una bóveda cimentada y construida por cientos de manos. Un traidor -por fortuna- convencido de que su papel era pasar a la Historia. Con Suárez se reproduce el esquema interpretativo que se aplica a la Transición. Para unos, entre los que se encuentra también los que más hicieron por destruirlo y el mismo rey que le dio la espalda y ahora se pone medallas, es el mejor político que ha tenido este país. Para otros, un falangista de provincias, un arribista, un hombre sin ideas y sin ideología con una infinita sed de poder.

En el año 1859, Jean François Gravelet-Blondin cruzó las cataratas del Niágara sobre una cuerda que tenía 335 metros de largo y que estaba suspendida a 50 metros del agua. Lo hizo sin arnés, armado únicamente con una pértiga. Suárez hizo lo mismo sobre la historia reciente de España, sobre unos y sobre otros, sobre certezas y sombras, utilizando su intuición y su ambición como balancín. Su gran mérito fue sobreponerse a las dificultades y seguir adelante, en equilibrio imposible, cuando nadie sensato se habría jugado su sueldo apostando a su favor. Allí estaba, suspendido sobre el abismo, azotado por el viento, cuando le mandaron tirarse a un suelo que no existía pues a sus pies solo se encontraba la nada, consciente de que allí se jugaba, no solo el futuro del país, sino también el suyo.

Ambos, Blondin y Suárez, podían haber fracasado, era lo más probable, pero ambos llegaron al otro lado del abismo, ambos vivieron para contarlo. Blondin repitió muchas veces su hazaña, Suárez lo intentó y no pudo. Tras su dimisión y el golpe de Estado, Suárez mantenía la ambición intacta, pero ya no tenía el mismo olfato. Había sido el hombre de la Transición, el protagonista de la película, el galán que con una sonrisa cautivadora en un traje inmaculado llegaba con un ramo de flores y una caja de bombones para llevarse a la chica a dar un paseo, pero ya era un actor secundario de la democracia. Olvidar esta parte de su historia sería dibujar un perfil incompleto, como equivocado sería personificar en él todos los aciertos y errores de la Transición o del régimen político surgido de ella.

La Transición y Suárez, con sus luces y sus sombras, son hijos de su tiempo, como todos aquellos que se encontraban junto a Suárez o frente a él, y la mejor forma de valorar su legado, la única en realidad que se ajusta a la verdad, es tener esto siempre presente.

Sit tibi terra levis.

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