Pensamientos circulares

Años atrás, con el anterior trazado urbano, todo era diferente. Pero empezaron a llegar ellas, las rotondas, y mi vida se fue complicando poco a poco. Al principio, casi imperceptiblemente. Por eso tardé tanto tiempo en descubrir que el origen de mis desgracias eran… ellas. Más concretamente, las 10 glorietas que separan mi casa, en la zona del convento de La Encarnación, de mi lugar del trabajo, en un centro comercial en las afueras de Ávila.

Son sus redondeces las que me están volviendo loco. Una decena de curvas de ida y otra decena de vuelta que me agitan los pensamientos. Por eso las ideas, por muy minúsculas que sean, van creciendo poco a poco con tanta circunferencia, como una bola de nieve que se convierte en una mole de hielo a medida que baja la ladera de una montaña. Llega un momento en que ocupan toda mi cabeza y siento que me va a explotar el coco.

Hoy, por ejemplo, poco antes de salir de casa, he visto que un papel salía del bolso de mi mujer. Como no había nadie alrededor, he cotilleado un poco. Se trataba de una inscripción para unas clases de pádel: nivel iniciación. Me he montado al coche con una sonrisa en la boca sabiendo lo bien que le va a sentar hacer un poco de deporte y, al mismo tiempo, desconectar de todo el estrés diario. Una sonrisa un poco pícara al imaginar también ciertas partes de su cuerpo más tonificadas.

Pero en la primer rotonda, con sus giros derecha-izquierda-derecha, esa idea agradable se me ha volteado en la cabeza. ¿Por qué no me ha dicho nada? ¿Qué oscuros motivos le han llevado a mantener en secreto su propósito de apuntarse a clases de pádel? “Quien oculta, algo esconde”, decía mi padre. “Quien oculta, algo esconde”. “Quien oculta, algo esconde”. “Quien oculta, algo esconde”. La frase se centrifugaba en mi cerebro mientras mi coche continuaba avanzando.

En la siguiente glorieta, quizás inspirado por la enorme cremallera que luce en el centro (la cosa tiene guasa), di por supuesto que mi esposa tenía un amante y que aquellas clases de iniciación le servirían de excusa para verse con él. Unas curvas después estaba convencido de que el sinvergüenza que destrozaría mi familia era el monitor de pádel. Giro a la derecha, giro a la izquierda y giro a la derecha, y ya puedo verla llevando una doble vida, con otro hombre y otros niños esperándola en otra casa. Así que salgo de la quinta rotonda con temblores ante la inminente marcha de mi mujer: “Me va a dejar”, mascullo.

Aunque puede que sea peor. Quizás no vaya a abandonarme. La idea de que ella y su profesor de pádel tienen un plan para matarme se me ocurre por la sexta rotonda, la de la bandera de España. Me la imaginé a media asta por mi funeral. ¿Y si hacen desaparecer el cuerpo? Más curvas para ir asumiendo que, casi con total seguridad, me envenenarán y me descuartizarán para darme de comer a los patos del parque que veo por mi ventanilla derecha. Ya les veo a los dos miserables metiendo a mis hijos en un internado. Y todo sin el más mínimo rastro de remordimiento. ¿Qué les parece que se vayan a vivir al Caribe con el dinero que han cobrado de mi seguro de vida? En cuanto llegue a casa, lo cancelo.

Las lágrimas aparecen en la décima y última glorieta. Mientras aparco, lloro de forma desconsolada, con tanta intensidad que casi no puedo leer el mensaje que me acaba de llegar al móvil. Es de mi mujer. “Cariño, se me olvidó decirte que la niña quiere apuntarse a clases de pádel. Luego te cuento”.


Este relato lo escribí para el libro ‘El mundo según los abulenses’. El Volumen 1, claro, el que se publicó el año pasado. La Asociación ‘La Sombra del Ciprés’ acaba de sacar el Volumen 2, todo un bestseller que ustedes podrán encontrar este fin de semana (y posterior puente) en la Feria del Libro (paseo del Rastro) y también en varias librerías de Ávila.

Mea culpa

sambenito-198x300Pues sí, el objetivo principal de esta entrada es pedir perdón y hacer propósito de enmienda. Entonar un profundo, sentido y humilde mea culpa como profeta y también, ya que estamos, como votante. Por empezar por algún lado, les pido perdón por haber contribuido con mi voto al marasmo que fagocita España. Culpa que comparto con todos ustedes, claro, ya que fuimos incapaces, hace cuatro meses, de coordinar nuestras preferencias. Si todos los ciudadanos llamados a las urnas hubiésemos decidido antes, en asamblea, corrillo o en Forocoches, qué íbamos a hacer con nuestros votos, ahora no estaríamos como estamos. Más trabajo en equipo, leñe, más camaradería y amistad, que parece que no hemos aprendido nada todos estos años del Barcelona, la selección de baloncesto o los libros de autoayuda.

Y es que estamos otra vez a la puertas de unas elecciones generales después de cuatro meses de idas y vueltas, miradas intensas a las cámaras, sonrisas pícaras, ofertas que se hacen para no ser aceptadas y giros de 360 grados. Y con esto abrimos mi segunda estación de penitencia. Hace unos meses pronostiqué que Pdro iba a ser Prsdnte. Evidentemente me equivocaba y asumo mi culpa, aunque sigo pensando que en aquel momento parecía lo más lógico. Me explico, que por fortuna ustedes aún no pueden leerme la mente. Mi apuesta era que a última hora, Podemos aceptaría votar a favor del Pacto de los Guapos. Pablemos saldría acompañado de sus apóstoles y diría a los españoles, muy serio, con el último botón de la camisa desabrochado, que lo hacía por España, por la gente y para echar a Rajoy, que renunciaba a ser vicepresidente, pero que estaría vigilante y sería la voz del pueblo en el Parlamento. Era una jugada a medio plazo: permitir gobernar a Pdr para que nadie pudiese acusarle de bloquear el cambio, monopolizar la oposición de izquierdas al gobierno, negociar dos o tres medias resultonas para sus votantes y capitalizar el descontento que va a provocar cualquier gobierno, sea del color que sea, durante los próximos años. En 2018, nueva rueda de prensa anunciado a la ciudad y al mundo que Pdr ha traicionado los principios de la izquierda, que no cuenten con él para nada y a desgastar al gobierno hasta que se vea obligado a adelantar elecciones. Entrada triunfal en Jerusalem y ascenso a los cielos de la izquierda.

En mi cabeza todo encajaba, sumaba y era una maniobra muy suya. Me apostaría veinte céntimos con cualquiera de ustedes a que este plan ha estado sobre la mesa del despacho de Iglesias Turrión. Quizá el liderazgo de Pablo dentro de su partido no es tan sólido como parece y dos años son mucho tiempo. Quizá la OPA a IU le ofrezca mejores perspectivas.

Sea como fuere, esto ya son cenizas de un pasado que se lleva el viento. Mariano, Pdro, Albert y Pablo vuelven a la casilla de salida. Bueno, vuelven todos menos Rajoy, que lleva allí sentado fumándose un puro desde el 21 de diciembre. En dos meses estaremos de nuevo analizando los resultados electorales y los de la tradicional porra de Los4Palos. No hay mal que por bien no venga: una nuevas elecciones nos aseguran nuevos pronósticos, nuevas chanzas, besos a niños y ancianos y, ojalá, un nuevo debate entre los candidatos abulenses -en el más amplio sentido del gentilicio, que no se sienta excluido el señor Casado- al Congreso de los Diputados. Unos nuevos comicios también nos darán la posibilidad de marcar crucecitas en la sábana del Senado, donde volverá a figurar seguramente el anterior alcalde de la ciudad. Un buen momento, sin duda, para premiarle, de nuevo, por los éxitos de su gestión.

Polvos, barros y mancuernas

Cf2ZUawWQAAvIHzUna vez estuve apuntado a un gimnasio. Les diría que fue por error, que pensaba que era un videoclub o un gastrobar, pero les mentiría. Fui voluntariamente y era un gimnasio de verdad, con sus instrumentos de tortura, sus vigoréxicos, sus jubiladas y sus fofisanos de ambos sexos intentando ser menos fofis, aunque fuese a costa de estar menos sanos. Por fortuna, el error duró poco -tres meses- y fue barato: era una de esas ofertas para universitarios desprevenidos -3 copas, 6 euros; 100 flexiones y unas agujetas, 5 euros el trimestre- y abandoné antes de perder algún miembro y el 100% de la dignidad. Como pueden comprobar, mi imagen de los gimnasios y de los centros de ocio deportivo a cubierto no es demasiado buena. Si quieres hacer deporte, la calle está cruzando el portal. Además, soy malísimo jugando al tenis, hay testigos que afirman haberme visto fallar 32 saques seguidos, y cada vez que me acerco a la sección de pádel del Decathlon se me aparece Aznar a pecho descubierto, sudado y en short, intentando violarme con una raqueta. Total, que hasta hace poco el centro 88 Torreones era para mi un extraño, como la leche de almendras, la Cruzcampo de calidad o la sección dietética del Mercadona.

Pero tras portadas de prensa, comentarios en radio y charlas de bar, hete aquí, amado lector, que no solo sé de su existencia y de sus múltiples bondades, sino que también estoy al tanto de su problemática. Un lío de padre y muy señor nuestro que arranca, ojo, en época de Zapatero y del Plan E. ¡Maldito duende de cejas puntiagudas! En resumen, Zapatero, ese diablo insaciable, intenta desacelerar la desaceleración regando los Ayuntamientos con dinero para que construyan cosas, arreglen aceras y planten arizónicas. El de Ávila, que ya tiene de todo, decide que es buena idea montar unas pistas de tenis y de pádel, urgente necesidad que no ha cubierto hasta entonces la mano invisible del mercado. Se gasta 1,7 millones de zapateuros y decide que el tinglado lo gestione una empresa privada. La agraciada es la extremeña Pines que promete convertir el chuchurrío centro zapateril de raquetas planificado por el Ayuntamiento en un mega complejo de lujo. Como no tiene perras para los mármoles de suelos y paredes, pide un préstamo utilizando la concesión como aval con permiso del Ayuntamiento. Algunos señalan que no es buena idea, pero ¡qué puede salir mal! Tras retrasar varias veces la inauguración del centro, la empresa entra en concurso de acreedores menos de un año después de la puesta de largo de las pistas, mala suerte, y la concesión, muerta y enterrada la empresa, se la queda el banco. Mientras el nuevo propietario -propietaria en este caso, de nombre Ana Patricia y apellido Botín- busca nuevos gestores, el Ayuntamiento tira de Antiguo Testamento y contrata a otra empresa, hermana de la difunta, para gestionar el Centro. ¿Quién no se ha casado alguna vez con la viuda de su hermano? El último capítulo fue emitido hace poco con el título “El pleno extraordinario más extraordinariamente corto de la historia

Como no soy un experto en gimnasios y tengo los brazos débiles, poco puedo aportar más allá de la narración de los hechos, pero el proceso me genera algunas dudas ¿era necesario un centro de raquetas? ¿Es normal que una concesión sea hipotecada antes incluso de su inauguración? ¿No se evalúa la situación financiera de la empresa antes de firmar la concesión? ¿Es normal que el agónico proceso post morten se dilate tanto tiempo? ¿Y que no existan los informes de las comisiones de seguimiento que imposibilitan celebrar el Pleno Extraordinario? ¿Y que el Ayuntamiento recurra a casi la misma empresa que acaba de quebrar? ¿Y que el Ayuntamiento no parezca hacer gran cosa, aparte de pagar las facturas, a lo largo de este tiempo?

Y la última y más importante, la que me tiene sin dormir desde hace días ¿era consciente Rivas, cuando aceptó encabezar la lista popular, de la cantidad de marrones, polvos y lodos que la anterior corporación municipal le dejó en los cajones como regalo de bienvenida? ¡Si hasta el césped artificial se nos levanta! A mi me empieza a dar penica el pobre ¿Le compramos un chaleco entre todos?

Coda final. No aporto nada nuevo si les recomiendo que vean Borgen, la extraordinaria serie danesa que narra los entresijos, mesenterios y otras vísceras de la política nacional de ese frío rincón de Europa. La nueva política y su fijación por las series de televisión es hija de su tiempo, hermana de los que madrugaron para ver el último capítulo de Lost y desde entonces no tragan a García-Siñeriz. Sí, pulla gratuita. A lo que íbamos. Al final de la primera temporada, la protagonista, la primera ministra danesa Birgitte “Rivera” Nyborg, obliga a su marido, Girauta en guapo, a rechazar un bien remunerado puesto de trabajo en una empresa privada porque esta era contratista -a pequeña escala- del gobierno. No había nada ilegal, claro, Birgitte no nos haría eso. Todo limpio, claro, transparente, puro como el agua de Sonsoles, pero… ¡Ah, las dudas! ¡Ah, los peros! ¡Ah, la mujer del César! El marido de la actual portavoz del gobierno municipal, concejal del PP durante tres legislaturas, estuvo contratado por la empresa concesionario del centro 88 Torreones mientras ocupaba un puesto en la corporación local. La portavoz ha defendido que era todo legal, aspecto que no podemos valorar sin más datos, para después añadir “Si nos vamos al barro nos vamos todos al barro” y “A lo mejor uno debería mirar hacia adentro en vez de mirar tanto hacia fuera, porque si nos ponemos a hablar todos a lo mejor todos tenemos mucho que hablar”. ¿Hay muchos familiares de concejales en empresas relacionadas con la Administración? ¿Muchos exconcejales contratados? ¿Hay una lista en algún lado? Escondida la mano, parece que nos va a dejar con la duda. ¡Ah, las dudas! ¡Ah, los peros!

En resumen, nada bueno puede salir de un gimnasio.

Ser más agarrado que uno de Ávila

PANO_20150301_191410

Dice el refranero castellano, sedimento venerable de sabiduría, tópicos y lugares comunes, que unos llevan la fama y otros cardan la lana. La sentencia puede interpretarse de varias maneras, como el horóscopo o los programas políticos. Por una parte, el refrán denuncia que el mérito de un trabajo a veces no recae en quien lo realiza, situación que cualquier trabajador por cuenta ajena o negro literario sentirá o sufrirá en sus carnes casi cada día. Por otra parte, el refrán nos indica que aunque algunos sean conocidos por su virtudes o defectos, normalmente lo segundo, hay otros, mejores o peores, sobre los que recaen menos miradas.  Por ejemplo, los catalanes tienen fama de agarrados, de tacaños y de peseteros. Puede que sea verdad, no conozco a todos los catalanes para poder afirmar si son, de media, más conservadores con sus ahorros que los demás españoles, pero ya les digo yo que los abulenses no les vamos a la zaga.

Mañana nuestra ciudad celebra el “Día de la Muralla” para conmemorar la declaración en 1884 de nuestro primer bien como “Monumento Público Nacional” (sic). Antes de continuar, una nota al margen: este título de aires bolivarianos no sé de dónde habrá salido ni quién se lo habrá sacado de la manga. Si ustedes visitan la Gaceta de Madrid del 29 de marzo de 1884 verán que el título correcto es el de “Monumento Nacional”, a secas, aunque nos alegra esta nueva conciencia y promoción de lo público.

Como veníamos diciendo, tan alegre fecha se celebra mañana. Es el quinto año que se hace, pero esta vez la entrada al monumento (5€ general, 3,5€ reducida) no será gratuita porque coincide con Jueves Santo, día festivo que se espera de gran afluencia de público. ¿Ven como somos tan agarrados como se dice de los catalanes? Celebrar sí, pero que cada uno apoquine lo suyo. Mi próximo cumpleaños va a ser así, invito yo, pero los gusanitos, los refrescos y los sandwiches de Nocilla que los traiga cada uno de su casa.

Me van a decir que es una tontería, que las arcas del Ayuntamiento tienen telarañas, que cinco euros no son muchos, etc. ¿Cuánto se dejaría de ganar, que no gastar? ¿Llegará a los 10.000 euros siendo my optimistas? Y si no es cuestión de dinero ¿de qué es? Si el problema es que tenemos miedo de que aquello se llene de gorrones que aprovechen el día para subir, poniendo en peligro su integridad y la del monumento, con establecer un aforo máximo permitido y controlar los accesos -como se viene haciendo- se evita el riesgo.

El problema es que esto no se trata de un hecho concreto y puntual sino del epítome de la política municipal hacia el patrimonio y el turismo. Dónde las instituciones deberían ver bienes a conservar, enseñar y difundir, solo ven lugares a explotar comercialmente. Y tenemos pruebas de sobra. Hace algo más de dos años denunciábamos que un aspecto esencial de la Ley de Patrimonio era ignorado por autoridades y particulares de la ciudad: la obligación de visita pública gratuita al menos cuatro días al mes. En aquel momento, ni siquiera la muralla cumplía con la ley. Ahora sí, pero de aquella manera. La visita es gratuita los martes, siempre que no sea festivo o vísperas de festivo, de 14 a 16. Cumplirá la ley por los pelos, pero no el espíritu de la ley: fomentar la difusión y conocimiento de los bienes culturales. ¿Los martes a la hora de comer? Te tienes que reír. Por otra parte, este horario sí figura en la web municipal de turismo, pero no en el PDF que ofrecen con horarios y precios de los monumentos. En ese mismo PDF tampoco se señala el de otros monumentos obligados por la misma ley, como la catedral, en cuya web no se menciona la posibilidad de visita gratuita.

Igual el problema viene de arriba y tiene una vertiente estructural. ¿Por qué Patrimonio, Cultura y Turismo no forman parte una misma concejalía? ¿La cultura no puede ser un atractivo turístico? ¿No es cultura el patrimonio de la ciudad?

PS.- No sé si la muralla sigue siendo gratis habitualmente para los abulenses, pero en mi opinión esto también es dudosamente legal. ¿Cómo justificar esa discriminación por procedencia o lugar de nacimiento en los precios de las entradas a un lugar público?

Costumbrismo mágico

Hemos recibido en nuestro correo electrónico un texto escrito por un tal Rubén Negro -ni idea de quién puede ser- sobre un libro titulado “Así no vamos a ninguna parte”, obra de un tal Pablo Garcinuño, otro desconocido. Este rincón no suele ser un espacio de crítica literaria, pero como el texto no está mal -se le nota manejo de la lengua al tal Negro-, el libro del tal Garcinuño parece interesante y andamos un poco escasos de entradas últimamente, le daremos paso. Si usted, amado lector, quiere colaborar, aquí le explicamos cómo. 


asi-no-vamos-a-ninguna-parte

Costumbrismo mágico

Vuelvo a casa para hablarles de un vuelo de España a Irlanda que me dejó zambullido en un viaje interior a ninguna y a todas las partes a la vez. Fue como una película de dos horas recreada en mi cabeza mientras paladeaba la cuidada edición del nuevo e imprescindible libro de Pablo Garcinuño, “Así no vamos a ninguna parte”.

Lo ponía por Twitter al poco de empezar a leer los primeros capítulos: “Ojala pudiera patentar párrafos enteros y poder decir que son míos”. Creo que ahí me di cuenta de que la envidia, cuando es sana y especialmente intensa, se llama admiración.

Seguramente alguna de las líneas que desliza por sus historias, seguramente alguno de los párrafos que nos ha regalado Pablo en esta obra, sean de lo más delicioso que se haya publicado este año en español.

Exagerao, pensaran: “Como cuida a sus amigos este tunante”.  Adulador, repetirán: “Este pasa por ‘Los 4 palos’ a regalar los oídos a uno de sus viejos compañeros de chanzas, de when they were young.

Se lo trataré de explicar.

Pablo es un tío especial, alguien capaz de recrear un suicidio en un plato de huevos duros con tomate. Para ser capaz de visualizar y escribir algo así , me gusta imaginar que tiene que haber habido detrás un verano de lluvias abulenses, de esas que no acababan nunca, ni aunque rezaras por rayos de sol a la Virgen del Caño. Que de tanto llover no te quedó otra que imaginarle vida a un plato de huevos duros. Así me imagino a Pablo.

Debió de ser un verano así, que Pablo se quedó encerrado e inventó todas estas historias de tirón.

Hemos hablado muchas veces, todos, de una Ávila gris, pétrea, nevada… Hay una Ávila costumbrista mil veces reflejada, que con Pablo queda completada por esa otra visión de lo abstracto, de lo mágico. Creo que a lo de Pablo lo llamaré costumbrismo mágico.

Y no hay buena magia si no se tiene humor.

El “Humor Pablo”, el humor de quién tiene un gato y lo mira cada mañana mientras se toma un gazpacho con un poquito de ajo de más. Humor abulense morañego gatuno del amblés, con sabor a vino tinto de bar de siempre. Aterriza el avión, guardo las notas y acaricio el lomo del ebook. Los cuentos de Pablo ronronean y yo encamino mis sueños a ninguna parte.

 

Estas vísperas de después

Se quejaba el otro día IU Ávila de que la ciudad no cuenta todavía con una estrategia turística para el presente año y que, claro, a mediados de marzo, el tema empezaba a oler, cual pescadilla fuera del frigorífico más horas de las recomendables. Diseñar una estrategia para todo un año a mediados del mismo, dicen, tiene poco o nulo sentido, como preparar el menú de la cena de Nochebuena después del primer plato mientras tu cuñado te explica, de nuevo, que a él la homeopatía le funciona. A mi, residente en Badajoz, este tipo de cosas ya no me producen sorpresa, ni sonrojo. Extremadura no ha aprobado aún su presupuesto para este año y el Ayuntamiento de Badajoz tampoco, a la espera, en este caso, de que el PP acepte la línea roja de Ciudadanos: un barco eléctrico para el río. En Ávila esto no sería un problema, de algo tiene que servir la sequía.

Dicen desde IU que este retraso lastra a la ciudad, que pierde la oportunidad de aprovechar el tirón del Centenario de la Santa celebrado en nuestros páramos el año pasado. Héctor Palencia, concejal del ramo, saltó ayer desde la COPE cual lince ibérico sobre liebre despistada. El objetivo para el año es repetir las cifras positivas de 2014 y apostar por los eventos, la promoción y el monoposte (cartel publicitario gordo sobre palo grande para los neófitos) en la A6. El Centenario fue bonito mientras duró, pero toca volver a la realidad y a los monopostes ¡con las tardes de gloria que nos dieron las banderolas a prueba de tornados que se volcaban con las brisas ligeras! Si usted oyó o leyó en algún lado que el Centenario iba a reforzar la “marca Ávila” y que sus efectos irían más allá de 2015 debería ir a su médico de cabecera a que le cambien la medicación.

Palencia retó a IU a que le enseñe los datos de una ciudad que haya mejorado sus cifras después de un gran evento. Aquí Palencia tiene razón, es imposible. Ninguna ciudad puede mantener ese ritmo de crecimiento, pero parece poco ambicioso contentarse con volver a las cifras de 2014.

Cuando hablábamos de Centenario de la Santa en este rincón, siempre lo comparábamos con el Centenario del Greco, celebrado en Toledo un año antes. Veamos algunos números.

Tledo

En la gráfica superior (clic para ampliar) tenemos la evolución intermensual del número de viajeros en Toledo el año anterior al centenario, el año del centenario y el año posterior.

Ávila

Misma gráfica con los datos de nuestra ciudad teniendo en cuenta que, de momento, solo disponemos de los datos del mes de enero. Y ahora comparemos. Misma advertencia al respecto de 2016. Pernoctaciones Viajeros

¿Qué vemos? Resultados muy similares. ¿Qué deberíamos esperar entonces? El año posterior al centenario, el turismo en Toledo decreció en torno a un 6% respecto a la efeméride, pero el número de visitantes y pernoctaciones seguía siendo un 14% superior al registrado el año anterior al centenario. 

¿Vamos a ser nosotros menos que Toledo y nos vamos a contentar con solo igualar los datos de 2014?

¿Un monoposte? ¡Que sean dos!

Ávila, calidad de vida

El otro día Pablo nos proponía un juego sobre las tres históricas promesas chanzas que los políticos locales han maridado para movilizar a su electorado en los últimos años. Pero, ¿son esas promesas realmente el Edén?¿Conseguiríamos reducir la tasa de paro por debajo del 20%?¿Subiría el Real Ávila a segunda división para regocijo de @trapseiacom? ¿Habría medias maratones diarias para satisfacer el ansia competitiva de los runners?

Respecto a la famosa subsede, es más que seguro que la llegada a Ávila del hermano menor del Prado aumentaría algo la cifra de turistas a nuestra ciudad. ¿Mucho? La verdad es que no lo creo. La oferta para un madrileño sería tan atractiva como si a un abulense le ofrecen un fin de semana de naturaleza y aventura en el Retiro. En todo caso, sería un buen complemento para que el turista alargase su estancia en Ávila una noche más.

Como bien explica Alberto en este post, situarnos a veinte minutos en AVE de Madrid podría incluso tener más inconvenientes que ventajas. Un billete, pongamos a 20 euros, sería interesante para escaparse un fin de semana de ocio a Madrid, pero no para ir y volver todos los días a Madrid por trabajo. Los turistas japoneses vendrían más cómodos a nuestra ciudad, eso sí es cierto.

La eliminación del peaje de la A6-AP51 y la posibilidad de convertir Ávila en ciudad dormitorio sí que daría un impulso a la maltrecha economía local. Lamentablemente las continuas obras de mejora a lo largo de los últimos diez años en la A6 sitúan esta promesa en un lugar más remoto aún que el de las dos anteriores. Ni siquiera la pseudonacionalización (¡ay, bolivarianos!) de la AP51, cuyo coste anual superaría el millón de euros, parece razonable.

Quizá debamos plantearnos que más infraestructuras no solucionan el que es el mayor problema de Ávila, el brutal descenso año tras año de la población en edad de trabajar. Lo que más añoramos los abulenses desplazados por motivos laborables es la calidad de vida. Poder optar a un piso sin tener que poner en eBay a tus abuelos o poder ir a trabajar sin tener que perder horas y horas en la M-30. Quizá podamos vender a algún empresario una ciudad en la que el estrés no se cure con psicólogos.

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 1.648 seguidores

A %d blogueros les gusta esto: