Fase E del sueño

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Sueños tenemos todos, no solo el señor Negro. Lo que yo he vivido esta noche ha sido más bien una pesadilla surrealista que comienza con mi persona en un oscuro portal de un barrio cualquiera. Tengo dos cabezas (lo que no parece preocuparme lo más mínimo) y subo escaleras esquivando en cada piso a personas que, rotulador en mano, intentan pintarme la ropa –sí, llevo ropa-.

Cuando llego a la azotea, mi gata me abre la puerta. “¿Qué tal todo?”. “Bien. ¿Y tú?”. “De puta madre”. Nos echamos un pitillo los dos mirando la puesta de sol (todavía me permito el vicio de fumar en sueños). El animal y yo discutimos sobre la nueva posición de Messi en el esquema del Lucho, hasta que ella expulsa una enorme bola de pelo que me obliga a correr como un vulgar Indiana Jones perseguido por una piedra rodante. Salto y aterrizo ante una ventanilla de atención al público.

Hasta aquí, todo ocurre sin alterar mi tranquilidad lo más mínimo. Forma parte de esa lógica ilógica que tienen todos los sueños. La pesadilla empieza ahora. ¡Santo dios! Estoy en una estación de trenes e intento comprar un abono de transporte mensual para ir y venir de Madrid. Sí, lo sé: es aterrador. Aquellas personas que sufran enfermedades de corazón pueden abandonar aquí la lectura.

El señor del otro lado del cristal me pregunta que dónde está ubicado el sueño. “Ni zorra”, respondo. “Pues aclárese porque no es lo mismo estar en Ávila o en Segovia, que en Guadalajara o Toledo”. Esto último lo dice gritando, muy enfadado. E insiste: “¡Aclárese! ¡Aclárese! ¡Aclárese!”. Empiezo a llorar y haciendo un puchero le digo que soy de Guadalajara de todo la vida, del casco histórico.

El taquillero me mira con sus tres ojos y empieza a reírse. “Mentirosssssssso”, dice con su lengua viperina. “Tú eres de Ávila”. Yo lo niego. “No, no, noooooo”. Pero él continúa riéndose. “De Ávila y con dos cabezas… ¡La cosa te va a salir por un pico!”.

Al norte de la patria mía

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Ayer, en Taranco de Mena, un pueblo al norte de Burgos, apenas una docena de casas bajas rodeadas de colinas boscosas, un grupo de personas -como no formaron una bandera cuartelada o roja carmesí para regocijo de los extraterrestres todavía no hay crónica del evento que cuantifique el número de asistentes- se reunieron para celebrar que hace 1214 años, el 15 de septiembre del año 800, un notario de nombre Lope puso negro sobre blanco por primera vez la palabra Castilla. Como no podía ser de otra forma -en el fondo la escritura fue un invento capitalista- el citado manuscrito tiene carácter económico: es un acta notarial en el cual el abad Vitulo dona unos terrenos para la fundación de un monasterio “in territorio Castelle”.

Lo que en otras latitudes se convertiría en lugar de peregrinación, con monumentos, centros de interpretación y parque de atracciones; en la vieja Castilla se ha resuelto con un monolito de granito pagado a escote por los interesados y la celebración anual de carácter casi familiar antes referida. Por estos pagos, la identidad regional nunca ha cotizado al alza, como se encarga de demostrar año tras año la celebración de la derrota de Villalar; una festividad regional que en el fondo consiste en unos cuantos miles de personas yendo a un lugar concreto del campo a tomarse unos vinos y unas tapas de carne a la brasa, haciendo un poco el gandul mientras escuchan cuatro jotas, tres himnos marxistas y dos veces el Canto de Esperanza.

Hace unos días, el diario El Mundo nos alertaba -Bautista, las sales- de que según el CIS solo el 16% de los españoles está dispuesto a participar en la defensa del país. Al parecer, es una cifra baja, pero a mi me parece una barbaridad. A ojo de buen cubero, hay siete millones de españoles sueltos por la calles, sin ningún tipo de control o distintivo, dispuestos a coger las armas para defender el toro de Osborne, la siesta, la tortilla, la paella y la Constitución del 78. Hay que decir que la pregunta tenía trampa, puesto que no especificaba el enemigo y así cualquiera se alista; pero convendrán conmigo en que no es lo mismo coger un fusil frente a un maromo de dos metros, armado hasta los dientes con la última tecnología, venido desde el sur de Arizona a bordo de un cazabombardero fantasma -morir pa’ na es tonteria-, que hacerlo para frenar a la gente esa que decapita periodistas en oriente. Tampoco preguntaron por los franceses, en un alarde, supongo, de febril europeismo.  

En ese mismo estudio se preguntaba a los encuestados por su sentimientos identitarios. ¿Se siente usted español? ¿Tan español como de su pueblo? ¿Más de su pueblo o de su barrio? ¿La Toledana para los de la Toledana? Lo más habitual es que la gente se sienta tan española como de su comunidad autónoma, aunque como pueden suponer la cosa va por barrios. Los sospechosos habituales no se sienten muy españoles y para compensar y que salga una media resultona hay otros que tienen la sangre rojigualda, con lo malo que tiene que ser eso para la salud. Murcia y Castilla y León son las comunidades donde menos gente afirma tener únicamente “identidad periferica”. En Murcia, solo el 1,3% de los murcianos se sienten murcianos. En nuestra comunidad birregional y conjuntiva, ese porcentaje se queda en el 2,9%. Pero aquí, de nuevo, hay trampa. ¿De qué identidad hablan? ¿Se sienten castellanos, castellanoleoneses, leoneses solo, del Bierzo, pancastellanos? ¿Y si todos los que afirman sentirse solo de aquí resultan ser de Treviño y hablan de Euskadi?

¿Estamos ante un drama, ante una hecatombe? ¿Debemos rasgarnos las vestiduras y obligar a nuestros infantes a honrar la bandera cuartelada en lo colegios? Yo diría que no. En mi opinión, en estas tierras tenemos, por regla general y por fortuna, una relación muy sana con nuestros sentimientos identitarios. En román paladino: a la mayoría nos importan una chufa. Sí, nacimos en un cacho concreto de la tierra, no por voluntad propia, y es innegable que eso tiene cierta influencia sobre nuestra forma de ser. Y sí, cuando estás lejos, aprendes a valorar esta clase de cosas y es posible que incluso sonrías cuando sale Valladolid por la televisión -simpatizar con Valladolid es algo que solo se puede hacer cuando vives muy lejos de Valladolid. Y sí, nuestra historia y nuestro patrimonio son muy ricos, el museo más grande del mundo y todo eso. Pero ¿y qué?

Algunos me pueden contestar que igual no nos sentimos muy castellanos/castellanoleoneses/leoneses/loquesea, pero que a cambio el “españolismo” está en el aire, en el agua y en las patatas revolconas; pero mi impresión es que eso tampoco es así, que en general el habitante medio de este rincón del mundo es identitariamente apático y deposita su fe en los trapos de colores solo y ocasionalmente para las competiciones internacionales de deportes de equipo. Lo normal y deseable, vamos. A mi, sentir afecto hacia una entidad administrativa, en el fondo es eso de lo que estamos hablando, es algo que no me sale. No siento nada, por ejemplo, hacia el Ministerio de Fomento o hacia la Subdelegación del Gobierno, ni mando cartas de amor a la Subdirección General de Bellas Artes y Bienes Culturales, ni flores al Instituto Nacional de Estadística.

Acepte un consejo, querido lector: si alguna vez usted nota aflorar en su interior un sentimiento nacionalista -de aquí, de allí o de cualquier sitio- visite la agencia de viajes más cercana y tómese, siempre bajo prescripción médica, unas vacaciones lejos de su patria.


PS.- Por cierto, y hablando de esa historia milenaria, el documento ese en el que aparece la palabra Castilla es falso según la mayoría de los investigadores actuales. Seguramente algún monje avispado del S. XII lo redactó para justificar la propiedad de unas tierras. Esto de las patrias es un lio y nunca sabes cuando son de verdad y cuando sirven solo para esconder los chanchullos de alguien.

Banda sonora: La Raíz – Nuestra Nación

Otra idea

La idea sería quitar un banco cualquiera (por ejemplo, uno de la calle San Segundo) y atornillarlo dentro del Senado.

A partir de ahí, solo habría que colocar una placa que pusiera: “La ciudad de Ávila, a Óscar López”. Y regalárselo para que pase allí todo el tiempo que quiera.

Quizás no habría que apretar mucho los tornillos, por si acaso decide cambiar de sitio (¡vaya usted a saber dónde estaremos en un par de meses!).

Lo importante es que él esté tranquilo, con su asiento asegurado. No estaría de más unos cojines y una mantita para los días de invierno. Todo en colores chillones porque, no lo olvidemos, nos movemos siempre dentro de la renovación más renovadora. Puro Cambio Toururú.

Lo realmente crucial, ya digo, es que él esté a gusto, que pueda centrarse al cien por cien en su vocación de servicio público. ¿Quién sabe hasta dónde puede llegar con ese espíritu de entrega?

Happy

"Sunshine she's here, you can take away. I'm a hot air balloon that could go to space".

El otro día analizábamos en la radio si “selfie” era la palabra más tonta del año. Si aún no creen que sea así, esperen a que arrecie la temporada alta de fotos de pies, playas y sonrisas espectaculares.

Pero… ¿cuánto somos de felices? Según cuenta la Agencia Ical: ” Los castellanos y leoneses valoran con 6,5 puntos sobre 10 su satisfacción global con su vida, los segundos menos contentos de España detrás de los gallegos“.

Vaya, vaya, será que aquí no hay playa. No en vano los más felices son los baleares y melillenses (7´3). Y no es cosa económica, dice el INE, sino “el trabajo” y… atención, ojo, cuidao… “las relaciones personales”.

Que no lo digo yo, que lo dice el INE. Que en Ávila no se liga, que las vallisoletanas son sosas, que los hombres son (somos) unos burros y unos tarugos, que en vez de escribir poemas lo que hacemos es jugar a los dardos y que en las tiendas no quieren que compres sino que te vayas cuanto antes. Bueno, vale, estas especificidades no las dice el INE, pero así lo he interpretado libremente. Pero vamos, que están peor los gallegos en esto también. Y es que hay más…

“El documento publicado por el INE también analiza la confianza en los demás, aspecto en el que los castellanos y leoneses otorgan una puntuación de seis, frente al 6,3 de la media en España. Sólo gallegos y canarios tienen menos confianza en sus conciudadanos, con un 5,6 y 5,7, en cada caso.”

Será aquello que dice “La Frikipedia” sobre Ávila..

«La gente en Ávila es mala. Mira que me jode, que yo soy de aquí, pero aquí macho la gente es mala. Es mala.»
~ Un funerario anónimo una noche que su mujer le plantó con los pantalones bajados.

Pero no seamos tan pesimistas, al menos no desde el blog. Vale, que parece que le ponemos un 1´7 a los políticos (solo cántabros, gallegos y vascos están peor) pero, BUT… “La confianza en la policía en la Comunidad es alta, con una puntuación de 5,6 puntos, frente a los 5,4 puntos de la media nacional”. Y además “el 84,2 por ciento de sus habitantes se sienten bastante o muy seguros caminando de noche solos”

Caminen, caminen, que eso no nos los quita nadie y de momento no le han puesto impuesto al tema.

Sean felices andarines pero austeros, que como dice Alberto…

En Castilla y León no organizamos una cadena independentista porque no nos gusta el contacto físico.

— A. Martín del Pozo (@Albertomdp) junio 8, 2014

Y es que luego a uno le pasa que se emociona en exceso y acaba como esta mujer americana. Con cabeza pues. Sean felices, lean mucho y disfruten de su vigorosa castellanidad con, si es posible, una más amplia sonrisa.

De vuelta y vuelta

Cosas que pasan. Ya sabéis. Decides desaparecer unos días, necesitas descansar. Alquilas una casita en el campo, te escapas 7 días a disfrutar de la naturaleza, desconectar, respirar, coger oxigeno física y mentalmente. Lo normal. Lo justo y necesario cada cierto tiempo, lo que todo el mundo quiere cuando lleva una temporada de trabajo. Y lo malo no es hacerlo, lo malo es el regreso, las pocas ganas que se tienen, los recuerdos de lo a gusto que estabas en la casa de alquiler y lo que te encuentras al llegar.

Y lo que te encuentras es que han aprovechado tu ausencia para tomar decisiones y, aclaro, decisiones importantes. Y resulta que el Rey abdica y deja un país dividido en el que parte de la ciudadanía pide un referendum para votar si monarquía o república y el poder dice que vale, que no. Que nos les da la gana. Y te recuerdas ahí, en multitud de actos en los que escuchabas canciones y veías gestos que llamaban a actuar de una manera y defender ciertos valores y te encuentras a la vuelta que se han limpiado el culo con ellos y que nada era más que apariencia para disimular una incompetencia manifiesta, una sumisión total a un sistema tocado y ya casi hundido.

Y vuelves y te enteras de que lo que antes era uno ahora es dos y de que lo que antes no tenía concierto ahora tiene orden. Y lo que es peor, que nadie te lo explica. Y donde antes había amigos ahora hay fiesta y  1.000 tomates son motivo de fiesta dependiendo de quien los coseche y no de si son buenos o malos. Y todo esto solo en una semana.

Y uno, yo, que es de cosas sencillas si las cosas están dichas con educación y valentía, de discutir lo gustito y llevar razón hasta que alguien argumente bien que no la tengo, creo que cuando se dividen las cosas se pierde fuerza y que es mejor ser un entero que dos mitades y que ser amigos está muy bien y es mejor irse de fiesta juntos que uno contra el otro y que prefiero 5 tomates maduros, rojos, con sabor y buenísimos que un kilo de tomatitos cherry sin gracia ni color. Y prefiero también ser consecuente y me gusta que la gente a mi alrededor lo sea y que se defiendan las cosas por obra y no solo por palabra. Y que se asuman errores y no solo se dejen pasar.

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Os pido un favor, a todos. No me deis más disgustos cuando no esté. No toméis decisiones, esperad a que vuelva. Si ya es duro terminar unos días de descanso en condiciones normales, mucho más lo es si aprovecháis mi ausencia para tomar decisiones oportunistas. Ya lo dijo @hovejo23: “El Rey ha aprovechado que está de vacaciones para abdicar. “, y lo del resto le anda cerca, añado.

No me hagáis mucho caso, esto son pamplinas y seguramente el único problema sea que a mí me sienta mal volver al trabajo. 

Venga, a disfrutar del fútbol. 

La conspiración

La última vez que pido una pizza barbacoa familiar solo para mí, pensó mientras se limpiaba el sudor de la frente con la manga de la camisa. Sabía que iba a terminar así, sentado en el retrete durante quince minutos, intentando deshacerse de la forma más sibilina posible de su mayor vicio, pero cuando llegó a casa después de la reunión no pudo evitar caer en la tentación. Conspirar da mucha hambre. Su estómago no dejaba de quejarse mientras expulsaba el sobrepeso, pero había disfrutado como un gorrino devorando porción a porción la circular tentación. Lo volvería a hacer, qué demonios. Cuando pensó que ya había terminado, dejó el móvil sobre la parte posterior del retrete, junto a la cadena, y procedió a higienizarse la parte donde la espalda pierde su casto nombre. Siempre le había hecho gracia esa expresión. La gente y sus remilgos. Cuando acabó de limpiarse el culo, se levantó y tiró de la cadena. El móvil empezó a vibrar nervioso sobre la superficie blanca del retrete. Un LED verde, un mensaje del guasap. Sería su primo enviándole fotos guarras. Ese hombre tiene un problema y si su mujer se enterara tendría dos. Introdujo el patrón de desbloqueo -una zeta por los viejos buenos tiempos- y deslizó la barra de notificaciones. No era su primo, era Tomás Blanco, el Secretario General del PSOE de Ávila, en el grupo que tenía con otros mandamases del partido a nivel regional.

-¿Berenjena, caca con ojos, flamenca?

Sin duda, el mensaje era críptico. ¿Qué querría decir Tomás Blanco con esos iconos? ¿Berenjena? Igual la caca con ojos era Villarrubia. ¿Sería Óscar López la flamenca? No veía al número tres del PSOE subido a un tablao marcándose un zapateao, pero el PSOE es un partido que siempre sorprende. Se guardó el teléfono en el bolsillo, se arregló el pelo en el espejo y se dispuso a volver a su despacho a terminar de leer la prensa. Un segundo ¿y si era un mensaje en clave? ¿Y si aquella sucesión de dibujitos sin aparente sentido era la señal para dinamitar el PSOE y echar a Villarrubia? ¿Se había puesto en marcha la operación? Tenía que llamar a Blanco.

Con la adrenalina por las nubes -a él estas cosas de espías y conspiraciones le habían gustado desde el instituto- volvió a sacar el móvil del bolsillo y este, caprichoso, se resbaló de sus manos y con un elegante tirabuzón rebotó en el borde del inodoro y se precipitó al agua.

- Mierda, mierda, mierda.

Y nunca mejor dicho. Por fortuna, había tirado de la cadena, así que cuando su mano se introdujo en el agua el único bulto que palpó fue su móvil. A pesar de su rápida reacción, el aparato había pasado a mejor vida. Salió del baño como alma que lleva el diablo, chocando con las paredes en una carrera frenética, gritando, ante el pasmo de todos los presentes, que necesitaba hablar urgentemente con Tomás Blanco.

A medio camino entre el baño y la locura, se encontró con su jefa de prensa.

- Necesito hablar con Blanco.

- ¿Pepe o Tomás?

- Tomás.

- ¿Para?

- Es un asunto personal -contestó mientras le guiñaba un ojo, subía las cejas y sacaba la lengua.

Su jefa de prensa le dejó su teléfono móvil, preocupada por la posibilidad de que su superior estuviese sufriendo un ictus o algún tipo de alucinación relacionada con el mus. Él se encerró en su despacho y marcó el teléfono de Blanco.

-Dime.

-Oye, soy yo. -no era buena idea decir su nombre, pensó, por si les estaba grabando el CNI o la CIA. – He perdido el móvil. ¿Qué quería decir tu último mensaje?

-¿Qué último mensaje?

-El del Whatsapp. La flamenca y eso.

-¿De qué flamenca me estás hablando?

-De la que me has enviado.

-¿Qué te he enviado una flamenca?

-Sí, al grupo que tenemos. El grupo para tuyasabesqué.

-¿De qué cojones me estás hablando?

-¡De la puta flamenca, la berenjena y la caca con ojos que has enviado en el grupo que tenemos para cargarnos a Villarrubia! ¿Es la puta señal?

-¿Qué señal?

-¡La señal para echar a Villarrubia!

-Espera un segundo. -al otro lado de la linea, Blanco se alejó el teléfono de la oreja y comprobó que efectivamente había enviado una flamenca, una berenjena y una caca con ojos- ¡Coño! Es verdad.

-¿Entonces?

-Nada, tio. Ha sido sin querer. Habrá sido al meterlo el móvil en el bolsillo. De todas formas, estate tranquilo ¿eh? Que te veo un poco tenso con todo esto.

-Cagüen la puta, Tomás. ¡Qué susto me has dado! Pensé que todo había echado a andar.

-Nada, nada, tranquilo. Hay que ir paso a paso.

-Ya que estamos hablando de esto Tomás ¿no crees que es un poco peligroso que dejemos todas estas cosas por escrito? Acuérdate de los mensaje de Bárcenas y Rajoy.

-En absoluto. Son cosas totalmente distintas. ¿A quién de nosotros le iba a interesar que esto se sepa? Tú estate tranquilo, de verdad. Y busca tu móvil o comprate uno nuevo, que te tengo que pasar un montaje que he hecho con la cara de Villarrubia y el cuerpo de Joselito. Te vas a partir el culo.

The usual suspects

Ya no hay vuelta atrás. Es ahora o nunca. Me he desecho de la mayoría y las restantes me miran inquisitivas desde la mesa. Me quitó las gafas, me froto los ojos y tomo otro sorbo de café. Las tengo puesta en paralelo, una junto a otra, y a la derecha está el sobre, también expectante. Se respira la tensión. La fiesta de la democracia está a punto de empezar y yo aún no sé si ir en zapatillas o ponerme un vestido de encaje.

Les decía hace aproximadamente un mes -cómo pasa el tiempo, parece que fue ayer cuando Felipe y Guerra se asomaban al balcón- que no sabía a quién votar y aquí sigo, en pijama, dándole vueltas al asunto. (Si usted lee esto a las 5 de la tarde, no se asuste. Seguramente ya no estoy en pijama, tengo una bata de gatitos supermona para bajar a por el pan y a echar la lotería) La campaña me ha servido para bien poco, desde que no regalan cosas los partidos la democracia ha perdido tirón, y suscribo casi palabra por palabra lo que decía en aquel post de abril. ¿Que por qué vuelvo entonces a hablarles de lo mismo? Porque soy un tipo comprometido y sé que sin mi se darían a las drogas, el sexo desenfrenado o el Twitter. Hay otros temas, es verdad. Podría hablarles de los premios esos que dieron el otro día o de las múltiples visitas realizadas por el Alcalde a obras en la ciudad, acabadas, por acabar o camino de su primer milenario -se rumorea que esta misma tarde puede poner la primera piedra de San Vicente y visitar las obras de ampliación de la línea cinco del monorrail magnético, a inaugurar en abril de 2130-, pero como no soy experto en publicidad ni en cuidados capilares prefiero dejar estos temas a la AVT, Dignidad y Justicia o Manos Limpias. En resumen, lo único que ha cambiado desde aquel post es que ahora les escribo estas líneas con gafas -cosas de la edad- y antes lo hacía con las letras borrosas -por no reconocer lo de la edad.

De las múltiples ofertas del mercadillo demócrata -me quitan los eurodiputados de las manos-, me he quedado con cinco: PSOE, IU, Primavera Europea, Ciutadans y UPyD. Me ha dolido descartar al Partido X, tengo que reconocerlo, porque han sido los únicos que me han asaltado por la calle para pedirme mi voto, y a Pablemos, pero su ego estaba a punto de alterar el campo magnético de la Tierra y he preferido salvar la vida en el planeta no engordándolo con mi voto.

En el fondo, el que esto suscribe se considera socialdemócrata -rojo clarito- y cree que de todas esas siglas la que está más cercana a sus ideas, al menos en teoría, son las que tienen su sede en la madrileña calle Ferraz. Por eso están en la terna y no por su programa para estas elecciones -del que lo mejor que se puede decir es que está bien maquetado y en papel de buena calidad- su candidata o su vibrante y motivadora campaña, allá donde haya existido -Bar Manolo, el pasado jueves de cinco a cinco y cuarto. Lo mejor del PSOE es Schulz, lo que ya nos permite hacernos una idea de cómo están las cosas, y lo peor es todo lo demás, desde los selfies de Valenciano hasta los abrazos de Valenciano. Si ustedes vieron el debate europeo y el simulacro de debate nacional habrán podido comprobar que no hay color entre el candidato a la Comisión y la cabeza de lista del PSOE, como no hay color entre sus debates y los nuestros. Es verdad que Valenciano ganó a Cañete en el debate a dos, pero como apenas se habló de Europa, guardaré en mi memoria el resultado para tenerlo en cuenta si ambos se presentan a las autonómicas murcianas.

Schulz no estuvo mal en la confrontación europea, pero creo que la mejor fue Ska Keller, seguida de cerca por el candidato liberal Verhofstadt. Keller cuenta en España con los votos de Primavera Europea, a la que he metido en la terna precisamente por los puntos que gana con ella. En su contra, el maguferío marca Equo que adorna el programa de la coalición.

Esta es una de las cosas que me gustan de IU, que en su día rechazó la homeopatía y las terapias pseudocientíficas y es un asunto que cada vez considero más importante y en el que Europa tiene que empezar a actuar urgentemente. En su contra, que Tsipras estuvo flojo en el debate europeo, que Willy Meyer me inspira la misma confianza que un helecho y que aunque han rechazado la homeopatía, alguna de sus propuestas económicas parecen inspiradas por sacerdotes de los cultos zoroástricos.

No terminan de convencerme los de Cayo Lara -siempre fui más de Cayo Julio César-, como tampoco lo hacen ninguna de las alternativas de centro-algo del panorama nacional. Hay algunas cosas de UPyD que apoyaría sin reservas en temas de política nacional -finiquitar las diputaciones y avanzar en la laicidad del Estado de cabeza- y su programa europeo tiene medidas “progresistas” que me gustan, pero ¿Sosa Wagner? ¿De verdad no hay otro? ¿Pagazaurtundua? ¿Y para la Comisión? Eso de votarles sin saber si luego van a apoyar a Juncker -Helecho for America- no me convence. Me gusta más la música que los intérpretes de la misma y me repele esa ambigüedad tan de la casa. Al menos no se presenta Rosa Diez… o eso parece.  ¿Es Wagner Rosa Díez con pajarita? #Queremosdesaber

A Ciudadanos los he metido en la terna por hacerle un guiño a los flanes de Albert Rivera, que alguno hay por aquí, y de Javier Nart. No tengo nada específico contra ellos, pero tampoco hay nada en su propuesta que me atraiga y en el fondo me parece que su campaña tiene como objetivo, secundario o primario, dar a conocer a Rivera a nivel estatal. Algo perfectamente legítimo, pero irrelevante para mi.

Sea como fuere y vote a quien vote, el domingo iré a las urnas. E iré contento y convencido de estar participando en la construcción de un proyecto de futuro. Es verdad que la Unión no avanza todo lo rápido que nos gustaría -o que me gustaría-, y que sus instituciones y su funcionamiento tienen serias carencias democráticas que empañan el camino recorrido y las perspectivas de futuro, pero ningún observador objetivo habría pronosticado hace 50 años lo lejos que han llegado los hijos de los comerciantes de carbón y acero. Cuando en 2012 la Unión recibió el Nobel de la Paz, muchos, entre los que me encuentro, ironizamos con que aquello parecía un homenaje póstumo. No atravesamos los mejores momentos del proyecto de construcción europea, pero este tipo de aventuras nunca ha sido fácil. Si comparamos el proceso europeo con, por ejemplo, la integración de los Estados Unidos, nos sorprenderemos comprobando lo rápida y eficiente que parece, en perspectiva, la unificación pacífica del viejo continente.

28 países votando a la vez, con encuestas, porras, pronósticos… No me digan que no es divertido.

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