La autoflagelación del castellano

¿Nos merecemos ser nadie por ser de Castilla?

Ya se habrán dado cuenta de que no somos nadie. Lo que aquí pase, en Valladolid, Segovia, Burgos… no le importa a nadie salvo si es malo. Somos la escoria informativa de la nación. Nuestros problemas no existen, no merecemos nada. Ni un titular, ni una foto. Solo la nieve en la muralla o la postal del acueducto, la crecida del Pisuerga, el -5 en un termómetro junto a la Catedral de Burgos. El resto del año no valemos pa´na. Y si el 23 de Abril, día del libro, coincide con Sant Jordi, pues apañados vamos. Veremos a Artur, a maroto, al de la moto y toda la parafernalia junta. Y unas mozas sonrientes con su libro y rosa. Y, luego tal vez sí, 3 segundos de San Jorge en Aragón y medio segundo de Villalar, los comuneros esos, la castilla que no importa a nadie.

La última vez que miré la población en España, nuestra Comunidad era más del 5% de la población nacional, 350 mil habitantes más que en el País Vasco. Pero si bosteza Urkullu o Ibarretxe, o el que esté ahora, también saldrá en el telediario. Y para que no se ofenda nadie aparecerá también un aurresku, el de la oposición, el opositor de la oposición y la oportuna manifestación de bildu. Que no falte de nada. Para nosotros no habrá tiempo, ocurra lo que ocurra.

Esto no va de mensajes identitarios, ojo. Que no se me ofenda ningún leonesista, berciano o cantonista del Valle de Mena. Ese debate para otro día, que no me he puesto la bandera por montera. Hablo en general de lo nuestro, los que habitamos por el centro y centro/norte, más allá de fronteras administrativas.

Qué lugar tan majestuoso tenemos como tierra. Que uno ve la Catedral de Burgos y dan ganas de decirle a un tipo de Kentucky que ellos tendrán fried chicken, pero que nosotros les dejamos fritos. Tenemos tres ciudades patrimonio de la Humanidad que quitan el sentido y que se pueden visitar de tirón o despacito, al gusto. Cultura e historia a cascoporro.

No se trata de ser patriota de campanario, mi aldea o muerte, ju-já. Se trata de querernos un poquito, pero de verdad. Que ahora mismo te preguntan de dónde eres, dices que de Ávila… te miran raro y al final dices “de Madrid, ahí cerca”. Pues no. Soy de Ávila, ciudad de las murallas. Castellano, escenario de increíbles historias que si las pillara Hollywood te cagarías la pata abajo. Soy de la tierra de mis paisanos del Acueducto, de las catedrales de Salamanca, de la legendaria ciudad de Toledo. Tierra de la dulzaina y de las rondas. Del cochinillo y las judías, del vino y la morcilla.

Del diablo cojuelo.

Pues eso, a quererse más. Que uno de los grandes males de España es fomentar la división, buscar los hechos diferenciales. Separar, destruir.Y de eso también lo tenemos en nuestra parcela. Aquí también se lleva mucho lo de crear divisiones. Y nuestro hecho diferencial debe ser el que somos de una tierra cojonuda. Tres ciudades patrimonio en 200 kilómetros, diantres. Y eso solo para empezar.

Y que si miramos hacia delante en vez del “bueh, es lo que hay”, merecemos algo más que ser los nunca-nombrados.  No agachemos la cabeza como si tuviéramos que pedir perdón por ser de aquí en vez de ser asturianos, vascos o turdetanos. Vendamos lo nuestro. No con banderas ni roncerismos, sino con sonrisas y sano orgullo. Que haya futuro también va de eso, de ser listos.

Pd: Para no quedar como un bocachancla patriotero sin más, he de decir que Kentucky tiene buena pinta. Fíjense: “Posee el sistema de cuevas más largo del mundo, la mayor longitud de corrientes y canales navegables de los Estados Unidos continentales, los dos lagos artificiales más grandes al este del río Misisipi y el yacimiento de carbón más productivo del país. Kentucky es mundialmente conocido por sus caballos pura sangre, las carreras de caballos (especialmente el Derby de Kentucky), las destilerías de bourbon, la música bluegrass, el tabaco y sus equipos de baloncesto universitario.

Pero vamos, que no lo cambio por un bañito en aguas frías de nuestras sierras…

Esa odiosa comparación

Segovia y Ávila: tan parecidas, sobrias castellanas, suyas de suyar y a la vez tan diferentes. He comido allí con amigos, una fabada de muerte, con unos hosteleros sonrientes, cálidos, amables. Desafiando al frío. Tengo el poso de un gran fin de semana en los bares que fuimos. Yo, que fútbol mediante fui tan antisegoviano, escribiendo ahora que ninguna es más bella. Quién me ha visto y quién me ve. El de ahora tiene más óptica.

Cómo me gusta la ciudad vecina. Lo confieso, la envidió. Y, a la vez, para ser honestos hay que señalar que también han hecho cosas muy mal. Espero al tren en la nueva estación, un rincón en mitad de la nada al que se llega después de mil vericuetos. Estamos tres o cuatro: el segurata, la de los tickets, el del bar, el granizo y un reloj Festina gigante, de cuando las cosas se hacían a lo grande. Sí, en Segovia también pensaron que con el progreso llegarían a 100 mil habitantes, que se crearían ciudades enteras alrededor de las estaciones del Dios AVE. Que todo sería fetén, dabuti, megaguay. Segovia también se lo creyó. Y eso que los vecinos venían de la admirable tarea de sobrevivir a un desgobierno infame, con un alcalde en minoría de 2 concejales con el resto del consistorio en la oposición. Y, allí junto al Eresma, ha habido baile de siglas y personajes extraños/eternos que deciden gobiernos, intereses creados y politiqueos varios.

No, no están inmaculados. Pero envidio a Segovia profundamente.

2013-04-28 12.55.49Había llegado a la estación de autobuses el día antes. Y ahí estaba ya la primera diferencia. En Ávila no había nadie cuando partí, aquello parecía Gary Cooper solo ante el peligro. Ya sé que tenemos una estación nueva, colorida y fantástica, pero abrir no abre. Será que los autobuses no entran o que los papeles no llegan, pero no abre.

Bueno, que llegué a Segovia. La misma vieja estación de siempre, con 3 retoques que en su día estuvieron mal hechos (apeadero lo llamaban), pero que ahora tiene mucha mejor pinta. Será una tontería, pero había hasta un segurata. Una cafetería, una taquilla abierta, un quiosco. Vida.

Y esta foto de la izquierda recibe al visitante. Haciéndote saber que llegas a un sitio mágico, precioso. Hasta el más abulense-patriota ha de reconocerme que Segovia es muy bonita. Eso es indudable.

Fui al Azoguejo, escenario del inminente Titirimundi. Un tiovivo muy curioso hacía las delicias de los pequeños. La gente posaba para sus fotos de acueducto mientras 2 o 3 jovenes intentaban llevarte, todo sonrisas, a sus restaurantes. Me quedé una vez más tonto mirando al imponente Acueducto…y casi sin querer estaba ante el escaparate del magnífico centro de recepción de visitantes.

Carajo, parece que hicieran las cosas bien. Con sentido.

Me uní a la marea de turistas, los había a cientos frente al frío, subiendo la Calle Real, camino de la Plaza Mayor y de La Dama Catedral. Esa a la que Reverte, en un artículo fantástico, define así:

“….es un pedazo de catedral gótica de toda la vida, de esas que echas un vistazo y piensas, oye, el ser humano será un cabrón con pintas y todo lo que quieras, colega, pero la verdad es que hizo cosas que justifican su paso –nuestro paso- por la tierra” (pag 41 de 57).

En la Plaza Mayor varias personas salían en ese momento del Teatro Juan Bravo. Más vida cultural que envidiar. Me hago una foto junto a Machado, que está esculpido pomposo mirando al centro, donde unos músicos tocan desde un escenario improvisado. Y hay mucha, mucha gente. Mucho flash.

Necesito un café. Y, entre noticias variopintas del periódico local, llego al deporte. En la ciudad acueductada también pintan bastos, con muchos equipos en apuros como en todas partes. Pero el caso es que el fútbol sala ha vuelto a ganar, La Granja y la Segoviana buscan playoff mientras el Unami intenta no descender. Y algo extraordinario… un equipo de balonmano ha cerrado la temporada arropado por un público entusiasta. Balonmano Nava, leo. Gradas llenas. No sé quienes son los que habrán creado esa ilusión, pero a la vista está que han triunfado. Una gran marcha de bicicletas llena “El Adelantado” de fotos de bonitos paisajes. Vuelvo a la calle entre el gentío, después de haber tomado un capuccino delicioso, y no puedo evitar preguntarme si estaría viviendo lo mismo, como turista, si hubiese hecho un recorrido similar en nuestra Ávila.

Es entonces cuando escribo en Twitter… “Qué gran ciudad serías, Ávila, si fueses un poquito más Segovia”. En medio instante, algún que otro patriota de campanario, como yo lo era con 15 años, me responde que ya quisiera Segovia ser un 10% de Ávila.

Y, por estas cosas de la vida y tele, me viene a la mente Tomás Roncero, el perfecto ejemplo de la ciudad y país que detesto…

“España por su genética tiene que emocionarse. Y nos hemos emocionado… porque ésa es la historia de nuestra España… vibrando, no somos científicos, no somos gente que gana premios Nobel, no valemos para eso. No tenemos ni voluntad ni ni… ni capacidad para estar todo el día machacando, no somos tan fríos, nos dejamos llevar por las emociones, por el corazón”. (citado desde Naukas)

Una chica mucho más acertada, también por Twitter, me recuerda que Ávila tiene cosas buenas, como ser ciudad accesible. Le digo que sí, que por supuesto que sí. Que lo que pasa es que Ávila nos duele porque la queremos, y que por eso le exigimos más que a ninguna. Y, añado ahora, recalco que somos críticos, no enemigos. Que el interés es construir, no destruir. Y que pocas cosas nos llenan más, cuando estamos fuera, que decir que somos de la ciudad de La Muralla, Los 4 Postes y Gredos. Ciudad patrimonio, provincia preciosa, con un patrimonio natural, artístico y cultural como pocos rincones del mundo. Orgullosos de ello, pero no desde un patriotismo rancio, no con una enésima bandera o un anti o un enemigo.

¿Qué Ávila queremos para el futuro? ¿Qué Ávila hemos de ser desde cada uno de nosotros? Qué país, qué ciudad queremos ser. Comento todo esto con un segoviano, que me asegura que pese a mis entusiastas visiones, allí también tienen una boina de campeonato que les impide a muchos mirar más allá de su Alcázar.

Y pienso que la Ávila que quiero, la España que quiero, es la contraria de la que querría Roncero. La Ávila de Roncero sería una Ávila anti. La de las tertulias de nuevo cuño, la de los antimadridistas, anticulés, anticolchoneros. La de “que a mí me vaya mal…si a ti te va peor”. La cainita. La de “si no estás conmigo… estás contra mí”.

La Ávila que quiero es la de un conjunto global comprometido (hosteleros, comerciantes, peatones y ciudadanía en general), volcada en que todo visitante salga de aquí queriendo volver, queriendo quedarse. Eso no es cuestión de la concejalía de cultura o la de turismo, que también, sino una tarea de todos. De ser más abiertos, que eso no sea una quimera. Una Ávila que aprenda de lo que, en muchos sentidos, Segovia ya es. Siendo tan parecidas, allí se desprende vida o intentos de no zozobrar del todo; mientras aquí se desprende si no del todo muerte, como mínimo una desoladora resignación.

Esa realidad, esa dolorosa comparación, es la Ávila que no quiero.

Comuneros de Ávila

Comuneros abulenses,

comunero altivos

decidme, ¿de quién son esos aullidos?

Carlos V, en Yuste, una soleada tarde de abril (apócrifo)

 

El año pasado, en estas mismas entrañables fechas, traje a este rinconcito un breve texto -bueno, no tan breve- sobre el movimiento comunero, intentando ir un poco más allá del relato cronológico de los acontecimientos bélicos y políticos. Hoy, como complemento a aquel texto, que recomiendo leer o releer antes de este, nos subimos de nuevo a nuestros campanarios y, tras saludar a las cigüeñas, abordamos el movimiento comunero en nuestra ciudad. ¿Ávila del Rey fue alguna vez Ávila de los Comuneros?

¿Cómo eran Ávila y Castilla a principios del S. XVI?

Físicamente, la ciudad sería muy parecida a la que años después retrataría Anton Van Den Wyngaerde desde el cerro de San Mateo, una ciudad que el siciliano Lucio Marineo Sículo describe como “civitas memorabilis turribus et propugnaculis tuta” (ciudad memorable, toda de torres y murallas). Sin ser una de las grandes ciudades de la península, unos 8600 habitantes en 1524 según el historiador Serafín de Tapia, Ávila era una ciudad con cierto peso dentro de la Corona. Era una de las 18 ciudades castellanas con derecho a enviar procuradores a las cortes y contaba con una economía pujante centrada en la industria pañera, sector que llegó a ocupar a más de la mitad de los activos. A pesar de esto, el peso y poder de la nobleza era mayor que en otras ciudades de la corona, entre otras cosas porque la reciente expulsión de los judíos -la comunidad judía abulense era la más numerosa y, probablemente, la más rica de Castilla- había debilitado sobremanera a la incipiente burguesía local. Mientras en otras ciudades la nobleza se había visto obligada a compartir el poder y el gobierno de la ciudad, en Ávila la élite monopolizó durante tres siglos las instituciones urbanas.

Para hablar de la Corona voy a citar al historiador de ojos azules más guapo, simpático y amable que conozco: yo mismo. ¿Cómo estaba Castilla a principios del S. XVI? (Los que me hayan hecho caso al principio y se hayan leído la entrada del año pasado pueden pasar a las siguientes negritas)

La Corona de Castilla se enfrentaba, a comienzos de siglo, a una triple crisis: política, económica y social. Desde la muerte de Isabel, en 1504, el reino había cambiado de manos en numerosas ocasiones mientras la nobleza intentaba aprovechar esta inestabilidad maniobrando en las cloacas de la corte para hacerse con un mayor poder en detrimento de la monarquía y de las ciudades. La Administración, a falta de un poder central fuerte, cayó en manos de burócratas y funcionarios que acumulaban cargos e influencias en su propio favor y que no dudaban en esquilmar las arcas del reino, de las ciudades o de los particulares si la ocasión se tornaba propicia. Por si fuera poco, tras décadas de crecimiento, la economía de Castilla flaqueaba afectada por las malas cosechas, las epidemias y una regulación comercial que buscaba el beneficio rápido con la exportación de materias primas perjudicando a la incipiente industria local y en general a las cuentas del reino, que continuamente necesitado de capitales asfixiaba a la población con impuestos.

La rebelión

1519, el Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, Maximiliano estira la pata y su nieto Carlos, que lleva un par de años intentando introducir el tulipán en la península ibérica mientras su madre pasea la momia de un gato alrededor de su cama, presenta su candidatura a tan alta distinción. Esto es una forma de hablar, claro, porque lo que hicieron Carlos y sus partidarios fue comprar la Corona. En 1520, para sufragar los gastos de su coronación y el viaje, Carlos convoca a las ciudades de Castilla a cortes en Santiago de Compostela. Las convoca con pocas ganas: tiene fresco el recuerdo de las Cortes de Valladolid de 1518 donde los representantes de las ciudades no se mostraron especialmente amables con él y con su corte flamenca. Además, Toledo, una de las principales ciudades de la Corona, andaba malmetiendo contra él desde hacía meses con el apoyo de determinados sectores del clero.

A las Cortes, que primero se celebran en Santiago y luego en La Coruña, acuden en nombre de la ciudad de Ávila Diego Fernández Dávila y Juan de Henao con un mandato claro: solo acceder a los ruegos del monarca si este se comprometía a aceptar las condiciones que las ciudades le impusieran. Ante esto, Carlos, que siempre tuvo las cosas claras, recurre al soborno y la extorsión para conseguir el voto favorable de los procuradores. Por ejemplo, el abulense Diego Fernández Dávila recibe 400 ducados, lo que vendría a ser, aproximadamente, el sueldo anual de 15 jornaleros. Al procurador segoviano, Rodrigo de Tordesillas, el rey le concedió un puesto en la ceca local, puesto que no llegó a estrenar pues nada más ponerse a la sombra del acueducto el respetable lo linchó.

En Ávila la sangre no llegó al rio, básicamente porque no había sangre que hacer correr: los procuradores abulenses se negaron a volver a la ciudad a pesar de la continúa reclamación de explicaciones por parte de esta. El 14 de junio, ante los movimientos de Toledo para organizar una reunión de las ciudades con voto en cortes, Carlos I envía una misiva a la ciudad para ordenar a sus regidores que no acudan a ningún contubernio. Pero ya era tarde, la revuelta ya estaba en marcha y, a propuesta de Toledo, a finales de julio de 1520 se constituye en Ávila la Santa Junta, el órgano de gobierno comunero.

Ávila comunera.

En paralelo a las reuniones de la Santa Junta, en la ciudad, como en todas las que triunfó la revolución se configuró un órgano de poder municipal alternativo al Concejo que reunía a algunos (14 para ser mas exactos) de los notables de la ciudad: una asamblea que respondía al nombre de “Congregación e Junta General de Ávila” en la que participaban miembros de la nobleza (caballeros e hidalgos), el clero y diputados elegidos por los ciudadanos de los distintos barrios de la ciudad. En concreto dos diputados, que recibían el nombre de “tomados”, por cada uno de los seis barrios o cuadrillas de la ciudad: San Juan, San Esteban, San Andrés, San Pedro, San Nicolás y La Trinidad. Cada barrio contaba además con su propia asamblea y con una milicia ciudadana. La Congregación asumiría, durante los 10 meses que duró la revolución, los poderes que correspondían al Concejo (recaudación de impuestos, orden público, nombramientos…) reservando a este un papel testimonial. La actuación de la Junta local provocó inmediatamente roces con los representantes tradicionales del poder real, que se saldaron, entre otras cosas, con la expulsión en octubre de 1520 del Corregidor, Pedro de Zuñiga, que en un principio acudía también a las reuniones de la Comunidad, previa retirada de los símbolos de su cargo por parte de un tundidor llamado Alberto Cogote. Un mes antes, en una reunión celebrada en la capilla de San Bernabé de la Catedral, la Congregación otorgó a tres personas poder para representarla ante la Junta General, la Santa Junta, que abandona la ciudad camino de Tordesillas. Los tres elegidos fueron: Sancho Sánchez Cimbrón, caballero miembro del Concejo que posteriormente se convertiría, junto al también abulense Antón Vázquez Dávila, en embajador de los Comuneros ante el Emperador; Gómez Dávila, un acaudalado caballero; y Diego del Esquina, letrado.

A pesar de lo dicho, la ciudad no fue de las más fervientes partidarias de la comunidad, ni el movimiento contó con el respaldo unánime de la población aunque edta compartiera mayoritariamente los objetivos de la comunidad. Por ponerles un ejemplo, aunque la Santa Junta se reunía en la ciudad y a sus encuentros acudían numerosos vecinos, Ávila no contó con representación oficial en la misma hasta poco antes de que esta abandonara la ciudad. Y en cuanto las cosas se torcieron, en especial tras la derrota de los ejércitos comuneros en Tordesillas, muchos se pusieron de perfil y empezaron a tender puentes con los realistas, entre los que se encontraban ya alguno de los antiguos comuneros abulenses. Tampoco se registraron en la ciudad episodios especialmente violentos durante los diez meses de revolución: los más favorables al monarca abandonaron la ciudad en cuanto vieron el peligro, el alcaide del alcázar alcanzó con los comuneros un pacto de no agresión y tan solo las posesiones de cuatro personas (Pedro Dávila, Antonio Ponce, Francisco de Pajares y Diego de Vera) fueron tomadas o destruidas por los rebeldes.

Ávila tras la derrota de Villalar

Aunque es posible que las milicias de los barrios presentasen algún tipo de resistencia, nada más conocerse la derrota de los ejércitos comuneros a las afueras de Villalar, la Junta local, que ya no se autodenomina así, escribe al Cardenal Adriano solicitando misericordia para los soldados y capitanes abulenses y nombra a dos personas (el noble Pedro de Ávila, posterior Marqués de Las Navas, y al rico comerciante Cristóbal del Barco) cercanas a los realistas para negociar el perdón colectivo de la ciudad y de los comuneros locales.

A pesar de que ese perdón terminó por llegar en la mayoría de los casos, la ciudad y sus habitantes tuvieron que hacer frente a cuantiosas indemnizaciones a la corona, a las ciudades leales atacadas por las tropas rebeldes y a los afectados por el levantamiento comunero. Además, años después de sofocado el movimiento comunero, las ciudades seguían cargando con el estigma de haberse enfrentado al rey. Cuenta Serafín de Tapia, citando a Cabrera de Córdoba, funcionario de la corte de Felipe II, que cuando éste reprocho al rey la excesiva dureza con la que castigaba, tras la aparición de unos panfletos contra su política fiscal, a una ciudad que tantos hombres y capitanes le había dado, el monarca le contestó: “Es verdad, mas ¿no depusieron ahí al rey Enrique y favorecieron a Juan de Padilla, tirano?”

¿Quienes fueron los comuneros abulenses? Los exceptuados del perdón

Si duras fueron las condiciones de la revuelta para el conjunto de la ciudad, más lo fueron para los principales cabecillas locales del movimiento comunero. Tras Villalar, los ganadores comenzaron a realizar listas con los nombre de aquellos que habían osado levantarse contra el Emperador. Este, tras regresar a España en 1522, promulgó una amnistía general de la que excluyó a 293 personas, las más representativas del movimiento que seguían con vida. Entre estos exceptuados figuran, aunque se echa algún nombre en falta, 22 abulenses (13 nobles, un clérigo, dos notarios y 6 trabajadores manuales): Gómez Dávila, Suero del Águila, Sancho Sánchez Cimbrón, Juan de Palomares, Cristóbal de Villaruel, Gil González Dávila, Alvaro de Bracamonte, Critóbal de Henao, Francisco de Palomares, Cristóbal Álvarez, Alonso Álvares, Álvaro Serrao, Juan de la Vega, el deán Alonso de Pliego, Gabriel López, Juan de Herrera, Pedro de Fontiveros, Luis, Pedro Calero, Tomé Hernández, Juan de Osma y Blas Hernández.

En los años siguientes, algunos de ellos compraron el perdón real y otros lo consiguieron por intercesión de la ciudad, que lo reclamó por medio de sus procuradores en cada reunión de Cortes. Otros no alcanzaron nunca el perdón real y muchos, a pesar de lograrlo, perdieron posesiones y cargos. Alguno de ellos, incluso, desapareció para siempre y hasta nuestros días de las crónicas locales.

Y es que ya se sabe, los nombres de las calles siempre los ponen los concejales de urbanismo de los vencedores.

 

Pasarela sobre arenas turbulentas

Tengo que reconocer que yo soy uno de los que han abandonado el barco. Lo siento Somoano, pero ya no veo los telediarios de RTVE. No ha sido una decisión meditada, ni ha sido un cambio brusco de un día para otro. Simplemente me he dejado llevar. Y no es, o no es solo, por el cambio de la línea editorial. Es que, simplemente, ya no me gustan tus informativos, o no lo hacen lo suficiente como para cambiar de canal – no pienso ver Gente, Corazón de Primavera, o como se llame, por muchos desfiles de lencería o de bikinis que pongáis justo antes de la sintonía del Telediario – o encender la televisión. Ahora, si estoy viendo A3, sigo con Vicente y con Lourdes, o con Matías; y si la tele está apagada, sigue apagada aunque sea la hora del parte. Y esto no quiere decir que piense que los telediarios de A3, con sus vídeos de Youtube con gaticos, sus conexiones innecesarias o su sensacionalismo barato, sean mejores que los del ente público, porque no lo son. Tampoco lo son los de T5, con Piqueras salivando con cada suceso macabro, o los de La Sexta o Cuatro, si es que a estos se les puede considerar “informativos”. Tus telediarios, Somoano, siguen siendo mejores que el resto, es verdad, pero porque, en general, los informativos de las cadenas generalistas son, siendo optimistas, reguleros. Supongo que os pasa un poco como a las series de televisión madeinspain, que intentáis llegar a todos los públicos, de la tercera edad a la adolescencia acneica, y eso os obliga a no profundizar demasiado en las noticias, importantes o no, y a poner un poco de carne, un poco de pescado y un poco de lechuga para que el español medio – mitad parado, mitad mileurista – no se aburra. A mi el informativo que me gustaba de verdad era el que presentaba Gabilondo en los primeros tiempos de Cuatro. Y no era por Gabilondo, me vale también Will McAvoy, era por el formato. Cuatro o cinco noticias, no más, tratadas con mayor profundidad.

Un ejemplo. En la madrugada del sábado pasado, se derrumbó, supongo que con gran estrépito y nubes de polvo, una pasarela de madera en Benavente. Esa fue la noticia para A3, con conexión en directo para que viéramos los desperfectos. Una pasarela, una ladera, catacroc. A mi, sinceramente, sin más datos que los aportados, me pareció una de esas noticias tontas que meten de vez en cuando en A3 para demostrar su sensibilidad territorial con los que no somos ni de Madrid, ni de Barcelona, y así lo comenté en tuiter. Pero cuando allí me dijeron que la noticia había salido en otros medios me picó la curiosidad, la misma que mató a los gatitos de Youtube.

La citada pasarela fue construida hace poco más de un año por una empresa pública (SOMACYL) dependiente de la Junta de Castilla y León y había costado cerca de un millón de euros (el presupuesto de Benavente para el presente año es de 14 millones). Por si esto fuera poco, la oposición, que se había opuesto en su momento a la construcción de la pasarela, afirmaba que el Ayuntamiento contaba desde el año 2002 con informes técnicos que detallaban que el terreno era más inestable que la situación actual de Chipre. Además, dos informes técnicos del Ayuntamiento, fechados a finales del pasado año, ya alertaban sobre desperfectos en la estructura. El Ayuntamiento, por boca del concejal de Fomento y del Alcalde, ha afirmado que la pasarela es “ajena al desplazamiento” y que además, gracias a la pasarela, se ha podido comprobar fehacientemente que éste existía. Darwin bendiga a la pasarela, protomártir de las ciencias geológicas. El Alcalde y la Junta, contentos con su actuación, al fin y al cabo no ha muerto nadie, han afirmado que, por supuesto, la pasarela se va a reconstruir lo más rápido posible, intentando minimizar el impacto para los bolsillos benaventanos, porque es necesaria para el progreso de la localidad zamorana. Casi nada.

Ya tenemos todos los ingredientes de una noticia de alcance, de esas que están tan de moda ahora sobre los despilfarros de nuestro sector público. Solo nos falta que la citada pasarela fuese blanca, resbalara, hubiese costado el doble de lo presupuestado y la hubiese diseñado Calatrava. Si además contextualizásemos el laberinto de Saturnino – nombre coloquial del derruido invento en honor del Alcalde de la localidad – con otros engendros salidos de las mentes de nuestras élites, como la Ciudad del Medio Ambiente, la sede de la Federación Regional de Municipios o la estación de esquí de Valladolid; tendríamos material hasta para un programa de Salvados. Ya estoy viendo a Évole, con su camisa de cuadros, recorriendo Valladolid intentando entrevistar a Juanvi Herrera, a Silván o a Silvia Clemente, que no pinta nada aquí pero siempre da juego.

El problema de esto, ya se lo voy diciendo, es que caeríamos en el frecuente error de culpar a estas infraestructuras de la crisis ¡Sin el Lienzo Norte, Ávila no estaría como está! ¡Todo es culpa del Plan E! ¡El AVE es un invento del diablo! Aquí somos mucho de eso: pasamos de la fe ciega en las infraestructuras, sean las que sean, como motores de progreso (el Centro de Interpretación de la Bellota va a crear tres empleos directos y chorrocientosmil indirectos por su atractivo turístico) a demonizar cualquier gasto público y mirar con desconfianza cada adoquín puesto con nuestros impuestos. Y tampoco es eso. Porque es verdad que sin el Aeropuerto de Castellón, por ponerles un ejemplo, las cuentas estarían un poquito más saneadas, pero la crisis, la deuda pública y la quiebra del sistema, va mucho más allá del Plan E o de los coches oficiales, al igual que la pasarela de Benavente es un mucho más que un montón de madera. Y esto, en parte, también tiene mucho que ver con cómo se habla de la crisis en los medios. Lo que no sale en la tele (la radio, El País, la Cope, internet o la hoja parroquial) no existe.

La superficialidad con la que se trató el tema de la pasarela se puede trasladar también a cómo se trata en la mayor parte de los medios la actual crisis económica. Conexión con la bolsa: la cosa está mal ¿Y la prima? Se relaja dos puntos ¿Y la italiana? De Erasmus ¿Qué pasa con Chipre? Los cajeros siguen cerrados y no tienen para yogures griegos. ¿Es verdad que allí hay muchos rusos? Es posible. ¿Iberia? Aquí una pareja de novios enfadados porque se han quedado sin luna de miel ¿Qué tal por Bruselas? Fatal, la cumbre duró hasta las tantas ¿Va a haber corralito en España? Dice el Ministro de Agricultura que no ¿El de Agricultura? Sí, ese mismo ¿Y Merkel? Comiéndose a un niño ¿Algo más? Almunia está cada día más calvo. Muchas gracias.

La pasarela de Benavente, al igual que otros sucesos recientes como pudiese ser la tragedia del Madrid Arena, nos permite entrever qué ocurre de verdad en los despachos, cómo se llevan los asuntos públicos y una parte, pequeña pero llamativa, de lo que falla en este país. Contratos amañados, negligencias por doquier, falta de controles y de contrapesos al poder casi infinito de determinadas autoridades, perversiones del sistema, el mercado de trabajo, problemas de selección de élites, justicia lenta e inoperativa, partidos políticos disfuncionales y sin credibilidad, desgobierno, capitalismo de amiguetes, la corrupción como un engranaje más, liberalismo de compañeros de pupitre, instituciones inútiles, el sector eléctrico, intereses personales que priman sobre los intereses comunes, administración pública paralizada y parasitada, una sociedad civil adormecida o complaciente que pasa de apolítica a antipolítica sin saber siquiera qué significa la palabra “política”… Versionando a Judt, casi todo va como el culo. Diga patata y mire al pajarito.

Si las grandes empresas y nuestro gobierno aciertan con sus más recientes previsiones, ojalá lo hagan, ya hemos tocado fondo y a finales de este año nuestro país comenzará a crecer y, con suerte, ese crecimiento se trasladará al empleo el año que viene. No hay mal que cien años dure. Yo, como Santo Tomás, no creeré en la resurrección de nuestra economía hasta que no meta de lleno los dedos en las llagas, pero por si acaso los brotes verdes maduran y olvidamos esta peregrinación por el desierto, creo necesario un recordatorio: cuando el paro baje del 18% (aunque aquí esto parezca un alivio, en un país normal es una catástrofe) y lo peor parezca haber pasado, la mayor parte de los problemas que nos han traído hasta aquí y que ahora nos quitan el sueño, como si de una manada de dinosarios metamorfoseados en gattopardos se tratase, seguirán ahí.

Posiblemente, si una vez reconstruida no se la lleva por delante un nuevo corrimiento de tierra, ahí siga también la pasarela de Benavente, desafiando orgullosa a la ley de la gravedad, a la geología y al buen gusto.

La marca Ávila (España)

No la he vuelto a ver. Miro cada vez que paso por Vallsur y no la veo. Imagino que se habrá ido fuera de España, ganando más de 800 euros y tal vez con posibilidades de ascender en algo. Se lo merecería. Espero que te vaya bien, chica del frescco.

Voy a volver sobre muchas ideas ya escritas por aquí, que han regresado a mi memoria tras ver el telediario nacional y el de Castilla y León. En el parte patrio, el ministro Margallo hablaba de la Marca España, de lo mucho que ésta ha mejorado (por lo visto, ajam) y también salía el Marqués de lo Políticamente Correcto, también conocido como Vicente Del  Bosque, asegurando que un claro ejemplo de ello es que los futbolistas españoles son contratados por toda Europa.

Sí, son buenos. Pero si están fuera es porque aquí ya no hay valencias, zaragozas o deportivos que paguen como antes. O que paguen, directamente. En fútbol y en todo lo demás.

En el parte de la Comunidad birregional, vitaminazada y mineralizada, la consejera abulense Alicia García repetía una vez más el mantra/credo de la legislatura:

“Los esfuerzos de la consejería de Turismo se encaminan a la comercialización, la internacionalización y la colaboración público-privada”

Si no es internacionalización no son los auténticos. Que sí, que la idea es buena. Pero no hace falta repetirla en cada reunión, fitur, intur, pitur y ñotur como si se hubiera descubierto América cada semana. La marca Castilla y León por el mundo. [Elijan aquí su viñeta de @humorjmnieto preferida, valdrían muchas] [yo me quedo con ésta]

La verdad es que me he puesto a escribir, he releido “El fin del españolito” y he visto que me iba a salir lo mismo otra vez. Que las portadas del Hola siempre resisten y que si queremos salir de ésta, esta vez vamos a tener que cambiar. Que…“España necesita patriotas. De los de verdad, no banderitas en los balcones o salvapatrias vociferantes e insultones en los estadios. Digo patriotas de pensar en clave país, en bien común. Que a lo mejor lo patriota es dejar ir al que no quiera estar o elevar el proyecto común a instancias más altas.”

Estuve en el Bernabéu en un Madrid-Barça de estos últimos. En la puerta, un chaval algo pasado de mahous, entonaba arrastrando a otros cuantos en ello un “In-Inde-Independenciá” a lo que otro grupito, esta vez de mesetarios, respondía con un “Catalanes, hijos de puta”.

Lo de siempre. Desde que nací lo he visto. España es así. Pues no. Que no. Que así no vamos a ningún sitio. Algunos fantoches de por aquí también son muy dados a gritar puta león, puta segovia, puta salamanca, puta becerril de campos, puta cualquier parte que juegue contra el ávila u obila u otros. ¿Será así en todos los países? No, no lo creo. O sea, sí. Habrá idiotas en todas partes. Pero no, aquí somos campeones del mundo en un par de cosas: la envidia y el otro deporte nacional, el de tirarse piedras al tejado común.

La marca Ávila, la que debemos internacionalizar, es la de hacer mejor lo nuestro, desde nuestros propios pasos y actos. Criticar lo malo para hacerlo mejor. Y defender lo bueno, que es mucho. Con orgullo pero sin aldeanismos ni patriotismos excluyentes. Ni Puta Segovia, ni Puta Cataluña ni Puta América del Sur ni Puto Satélite Titán.

La marca Ávila, la marca España, empieza en leer libros, continúa en tener cultura, ser crítico, ser constructivo, mejorar tú y hacer que los otros mejoren, construir y no destruir. Integrar y no vociferar e insultar.

¡Carajo! ¡Persigamos quimeras! <– ésta es otra intertextualización. Ser todos como la chica del Frescco. Me quedo con esa sensación, tras leer a Alberto ayer y disfrutar de Spacey en “House of Card”. Vivimos en una gran mentira que solo podemos cambiar, poquito a poco, desde nosotros mismos. Una revolución posible es la de ser exigente cada uno en lo suyo, ejemplarizar. Que lo ejemplar sea nuestra marca y no el trinque y el chanchullo. Nos llevará años pero algún día habrá que empezar el camino.

Es eso o seguir en el abismo, este infierno tan calentito.

Si tú supieras

Café

Agito lentamente el café – de sobre, con una cucharada de azúcar – mientras leo la prensa en la tableta. El café está templado y la realidad, bajo el púrpura vaticano que da color a los medios de comunicación estos días, es tan deprimente como ayer. Y como el día precedente. A veces, en días como este, abro el Diario de Ávila y me esfuerzo por creer que no hay nada más allá de sus páginas, del tranquilo estanque de aguas oleosas y calmas que describe. La Iglesia restaura iglesias, los quintos de Mijares se miden y lo celebran con botellines de Mahou en la mano, Detroit, el Mercadona alquilará una parcela al Ayuntamiento para montar un aparcamiento, flexibilidad, una de espías en el corral de las campanas, caudalosos ríos se escapan de sus cauces repletos de mierda, flexibilidad, manifestaciones pacíficas de sindicalistas y trabajadores (no confundir) e imagotipos, muchos imagotipos. La parroquia sigue tranquila, anuncia puntual el sereno mientras agita las llaves de los portales.

Además llueve, una vez más, y el café se ha terminado de enfriar. Me lo bebo, no estamos para tirar comida. Mientras en la televisión Rajoy apoya a (de) Cospedal en un desayuno de etiqueta negra, leo que Enrique Gil Calvo, profesor de la Complutense, dice que si todo esto no se ha ido ya a la mierda entre humo y cócteles molotov es porque, frente a “la decadencia del sindicalismo obrero y la incapacidad de los trabajadores inmigrantes para movilizarse con éxito”, las protestas por la crisis y los recortes las están liderando “el mileurismo desclasado de las clases medias tituladas”.

Llevo la taza del desayuno a la cocina y de vuelta me paro ante la ventana del salón. Una decena de amas de casa de 40 o 50 años van y vienen cargadas de bolsa. Un grupo de chavales está sentado en un banco. Dos hombre hablan mientras esperan junto a un cajero automático. Un chico joven pasea a un perro. Un anciano camina encorvado con un periódico debajo del brazo. Levanto la vista y frente a mi, al otro lado de la avenida, un hombre en pijama me mira desde la terraza de su casa. Nos miramos unos segundos y al final el hombre me saluda con la cabeza antes de volver a entrar en su casa.

¿Qué es necesario para que esta gente – mi vecino, las señoras que vienen de la compra, los jubilados, los parados, los estudiantes, los mileuristas desclasados, los sindicalistas decadentes – explote? Seis millones de parados, más de un 50% de paro juvenil, Bárcenas, Campeón, Bankia, la Troika, los discursos del Floriano, el precio de la gasolina, Messi hasta en la sopa, Iberia, Pescanova y dos huevos duros ¿Qué necesitan para ocupar las calles, para formar barricadas, para quemar cosas? ¿Necesitan saber que no hay futuro? ¿Dos Bárcenas más? ¿Un kilo de desesperación y cuarto y mitad de rabia?

No, me digo mientras me miro al espejo y concluyo que tengo que arreglarme la barba, creo que solo necesitan saber la verdad. La verdad sin filtros, sin aderezos, sin sal ni pimienta. Cruda, sangrienta, chorreante. Si todos supieramos la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad, las calles explotarían.

Imaginen que todo lo que sucede en el país, sobre todo, pero no exclusivamente, en la parte alta de este país, estuviese almacenado en un enorme disco duro guardado en un sótano blindado enterrado en los estratos más profundos de la Castellana, doscientos metros por debajo del césped del Bernabéu. Imágenes, vídeos, fotocopias, archivos sonoros, fotografías, filminas, planos, conversaciones, documentos, contratos, facturas y fracturas, los menús de los restaurantes, los apretones de mano, conversaciones del guasap con flamencas, berenjenas y cacas con ojos, los besos en las mejillas y los cuchillos en la espalda, transparencias y pagüerpoints. Todo. Un inmenso registro de la realidad, el cementerio de la verdades perdidas. Imaginen que, por un error, el becario aprieta el botón que no es y que toda esa información está, de repente, disponible. Ultramagahipertransparencia. Que todo hijo de vecino puede, simplemente, saber cómo funciona de verdad el país. Ver en un vídeo como se negocian los contratos públicos. Ver una foto en la que dos presuntos rivales políticos brindan por su presunta amistad. Olisquear las cloacas madrileñas, pucelanas o abulenses. Mirar debajo de la alfombra y en las esquinas. Más allá de la transparencia, de las declaraciones de bienes y males de Alicia en el País de las Pesadillas, de las comisiones rogatorias, de las acusaciones particulares filibusteras, de los brotes verdes y de toda esa pantomima azucarada. La España real a golpe de clic. Pasen y vomiten.

¿Qué ocurriría si todo el mundo supiese qué pasa con su dinero, dónde va cada céntimo de sus impuestos? Un vídeo estupendo, en Full HD, donde se ve al concejal X hablar con el empresario Z para pactar los términos de una licitación. ¿Qué pasaría si supiesen que la ruina no es un accidente, que el desgobierno es parte del plan, un fin y un medio? ¿Qué pasaría si mi vecino supiese cómo funcionan los partidos políticos, los sindicatos, las organizaciones empresariales y la administración? Cómo se asciende y se desciende, cómo se guardan favores y afrentas. Hablo de entrar en la mente de los secretarios generales, de los secretarios de organización, de concejales, consejeros, empresarios y ministros. ¿Qué pasaría si pudiésemos acceder a sus intereses, a sus ambiciones, a los motivos que hay detrás de cada una de sus declaraciones, a lo que piensan de verdad cuando nos miran a los ojos y nos prometen amor eterno? ¿Qué pasaría si pudiésemos confirmar que nuestros intereses pesan mucho menos que los suyos? Chanchullos, pactos secretos contra natura, postureo, confrontaciones fingidas guionizadas frente a un café, hoy por mi, mañana por ti ¿Qué sucedería si todo eso estuviese accesible y se pudiese ver con unas gafas 3D? Así se saquea un país y se destruye su presente y su futuro, no olvide sus palomitas y su refresco.

¿Y si pudiésemos escuchar lo que se dice en los coches oficiales, en los despachos, en los reservados de los restaurantes donde se juega nuestro futuro? Pero me refiero a saber la verdad verdadera, con papeles, pedeefes y emepetrés, no a sospecharla o a leerla filtrada por mundos o países ¿Qué pasaría si tuviésemos un registro de esos diálogos, las grabaciones de las conversaciones de sus teléfonos móviles? ¿Qué pasaría si supiésemos cómo usan los recursos públicos a su antojo mientras las ambulancias cada vez son más escasas? ¿Qué pasaría si supiésemos el nombre de todos las personas que rebuscan comida en los contenedores a la vez que sabemos el menú de los aviones oficiales? ¿Que sucedería si conociésemos todos los tejemanejes de Ayuntamiento y Diputación? ¿Y si pudiésemos comparar el nombre de los parados y el de los contratados a dedo por las administraciones? ¿Qué pasaría si supiésemos que el hecho de que un hospital llame a una ambulancia por no poder atender una urgencia no es precisamente una anécdota aislada? ¿Y si supiésemos como cuadran las facturas las Comunidades que presumen de presupuestos saneados? ¿Qué pasaría si supiésemos el nombre y la ubicación de todos los colegios que han pasado el invierno sin calefacción? ¿Y si pudiésemos comparar cómo de apretados llevamos cada uno el cinturón? ¿Y si las declaraciones de Hacienda fuesen públicas? ¿Y si descubriésemos que el vecino que no paga la comunidad nada en la abundancia? ¿Y si, tras una intoxicación masiva de suero de la verdad, todos cantásemos sin filtros de Instagram? ¿Y si conociésemos los entresijos de las tablas de excel donde se deciden nuestros destinos? ¿Y si todos saliesen desnudos, como emperadores de barrio, en las fotos oficiales? Y Bankia, ¿qué hay de Bankia?

Mi vecino ha vuelto a salir a la terraza, está tendiendo la ropa. Me cuesta imaginarle en una barricada, o asaltando el Ayuntamiento con una antorcha dispuesto a salir de esta con los pies por delante, si no hay más remedio, pero llevándose cuanta más compañía mejor para no aburrirse cruzando la laguna Estigia.

Todos sospechamos como funciona esto y todos, por una razón o por otra, conocemos una parte de los turbios bajos fondos en los que se asientan el país. Pequeñas piezas del puzle del basurero español ¿Qué pasaría si todos tuviésemos un mapa de las cloacas?

Mi vecino me vuelve a mirar y me saluda. En la televisión, como diría Quique González, los presidentes de la desesperación cubren el expediente entre aplausos. Dos orejas y el rabo. Otra ronda de zumo de naranja y bollería.

Asquérrimo y chabacaneroso asunto

Llevo un rato delante de mi ordenador, ante un cursor parpadeante que me mira extrañado. Quería escribir algo sobre el tema de Ponferrada y no me salen las palabras. No sé por dónde empezar, no logro encontrar los adjetivos para explicar, ya no el asunto estrella de los últimos días, sino la situación general en la que se encuentra inmerso, desde hace años, el PSOE de nuestra región.

He decidido abrir una libreta y ponerme a inventar palabras que puedan describir la cosa:

- asquérrimo

- chabacaneroso

- panderetil

- redeleznable

- AgarrateAlAsienting

- cortis-mentales

Y aquí es donde pido la colaboración del público para continuar la lista y así, quien sabe, poder escribir algo sobre el tema la próxima semana. Quizás el mes que viene. Tal vez en 2014. Porque lo peor del asunto es la poca esperanza que nos va quedando a algunos de que pueda existir una alternativa seria al Gobierno del PP por parte del otro partido mayoritario. ¿Qué decía el señor Alberto de las elecciones anticipadas?

La cosa no anda mucho mejor si nos fijamos en nuestras tierras. “Ridiculoso” como se ha tratado el asunto de Izquierda Socialista, que pasó de un rotundo “no puede ser” a un “era broma, hombre” que denota muy poca claridad de ideas. En cualquier caso, bienvenida la rectificación porque, en mi particularísima opinión, nunca entendí eso de cerrar puertas a nuevos puntos de vista. Por cierto, que Izquierda Socialista ya se ha pronunciado sobre el tema Óscar López.

Me niego a pensar que tenemos los políticos que merecemos. La mayoría está muy lejos de lo que a esta sociedad le corresponde. Hace unos días pasó por Ávila Alberto Garzón para recordarnos que no todo está perdido. No pude asistir a su conferencia, pero le sigo en distintas tertulias y redes sociales. Me gusta la claridad con la que habla, me gusta su juventud, me gusta su cercanía respecto a los problemas que nos afectan a todos. Imagino que alguien me acusará de comunista, come-niños y quema-iglesias, pero en este caso no hablo de ideologías. Me refiero a ver caras nuevas e ideas renovadas, algo que se podría aplicar a la práctica totalidad de las formaciones políticas de nuestro país. Casi todas ellas se están quedando… cómo lo diría… pelín “trasnochiles”.

La hexakosioihexekontahexafobia y los castellanoviejunos

666

Discutía el otro día con mi pareja – a la que mando un beso desde aquí – sobre la figura de Pérez-Reverte, periodista, escritor y académico de la lengua; a raíz de la publicación de una fotografía de su última novela en el perfil en una red social de cierto integrante de esta nave a la deriva. La conversación no versaba sobre la calidad literaria o el éxito de sus escritos, realidades difícilmente discutibles, sino sobre las reacciones que su sola mención produce. Mr. T es una de esas personas que no dejan frío a nadie: amor respetuoso y admiración incondicional u odio visceral. Yo, siendo sincero, me encuentro más cerca de lo primero que de lo segundo, pero conozco a docenas de personas que sufren lo que podíamos calificar como perezrevertefobia. Ustedes sigan leyendo que yo voy llamando a la RAE para que admitan el término.

Como digo, esta nuevo hecho psicológico no es un miedo desproporcionado hacia el creador de Alatriste: no es salir corriendo al ver en el escaparate de una librería uno de sus libros o evitar la estantería donde figuran sus obras en la biblioteca pública dando un desagradable rodeo por el rinconcito de Dan Brown. La perezrevertefobia tendría que ser catalogada como un odio exarcebado, irracional y en ocasiones violento a todo lo escrito y opinado por el Académico de la Lengua, a sus apariciones en radio o televisión y a la imitación que hicieron de él en Muchacha Nui. Aunque a veces miedo y odio vienen de la mano, esta nueva fobia estaría más cerca de la homofobia o de la xenofobia que de la aracnofobia, la agorafobia o la hexakosioihexekontahexafobia.

Para todos aquellos que no lo sepan, la hexakosioihexekontahexafobia – abreviado en trihexafobia – es un miedo irracional al número 666, el número de la Bestia (aka Diablo, Satanás, Lucifer, Belcebú, Zapatero). Si consultan la Wikipedia podrán leer que Ronald Reagan, presidente de los EUA y líder del mundo libre, la padecía.

Esto del miedo a los números, al igual que la perezrevertefobia, puede sonar estúpido, pero es más frecuente de lo que ustedes creen. Pasa poco con el 666, supongo que porque es un número infrecuente, pero ¿qué me dicen ustedes del número 13? Desde los 12+1 títulos mundiales de Ángel Nieto, hasta la edición número (ojo, cita culta) 12+1 de Gran Hermano. Por ponerles más casos: en Irlanda han cambiado el sistema de numeración de las matrículas para que no empiecen por trece, algunos aviones de Vueling no tienen fila 13 y los rusos decidieron que no hubiese misión 13º de la Soyuz a la Estación Espacial Internacional.

En España, por seguir con esto del miedo a los números – dejo a un lado a Reverte porque solo mentarlo nos habrá hecho perder lectores – existe otra extraña fobia, aún no reconocida por la comunidad internacional, y que casualmente compartimos con nuestro primos italianos, aunque por motivos distintos: el miedo, o el odio, al número 17.

La heptacaidecafobia no es algo muy frecuente, se pueden contar los casos con las patas de un par de diplópodos, pero algún ejemplo podemos encontrar sin rebuscar demasiado. Por ejemplo, ayer se publicó en diversos medios la propuesta de reforma del modelo territorial del catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad Complutense de Madrid (citado antes en estas páginas). Entre otras cosas, el citado catedrático proponía, en un trabajo titulado “La España de las Autonomías: un Estado débil devorado por diecisiete ‘estaditos” patrocinado por la Fundación Transición Española, reducir el número de comunidades autónomas de 17 a 13. A falta de leer el informe, y sin entrar a valorar el resto de las propuestas con las que puedo estar más o menos de acuerdo, ya nos podremos serios otro día; me decanto por pensar que estamos ante un claro caso de heptacaidecafobia. Sí, algo se ahorrará con esto, no lo negaré, aunque me declaro bastante escéptico con estas cuestiones, pero ¿qué tiene de malo el 17? A mi me gusta el número 17. Panucci lució el dorsal 17, Arbeloa lo lleva ahora y Arbeloa es un tipo con suerte. ¿Y por qué 13 y no 10? ¿8? ¿5? ¿Ulterior y Citerior?

Las 13 Comunidades autónomas propuestas por Tomás Ramón Fernández serían: Galicia, País Vasco, Cataluña, Navarra, Aragón, Castilla la Vieja (Santander, Burgos, Logroño, Soria, Valladolid, Palencia, Segovia y Ávila), Castilla la Nueva (Madrid, Toledo, Ciudad Real, Cuenca, Guadalajara y Albacete), la Comunidad Astur-Leonesa (Asturias, León, Zamora y Salamanca), Extremadura, Andalucía, Comunidad Valenciana y Murcia, Canarias, y Baleares.

Sí, han leído bien, Castilla la Vieja. Ya la jodimos, con perdón. No es solo que de prosperar esta propuesta me quede sin poder hacer la gracieta de referirme en estas páginas a Castilla y León como la “comunidad birregional y conjuntiva”, además está la cuestión del gentilicio. Sí, no nos volveríamos a pelear por si somos “castellano y leoneses” o “castellanoleoneses”, pero ¿cuál pasaría a ser el gentilicio de estas tierras? “Castellano” a secas llevaría a equívocos con los vecinos del sur y “Castellano viejo” me suena a Inquisión y pureza de sangre. Y me niego rotundamente a ser “castellanoviejés” o “castellanoviejuno”. Aunque con esto del envejecimiento de la población quizá el gentilicio encajase a la perfección con el futuro de estos páramos, ya somos bastante tristes y secos por estas tierras como para que encima nos llamen así.

Puestos a reformar el modelo territorial patrio, yo siempre me he definido como partidario de las ciudades-estado. Ni comunidades autónomas, ni reinos de taifas, ni diputaciones provinciales, ni gilipolleces de esas. Unas buenas polis, con sus murallas y sus acrópolis y a tomar por culo, con perdón de nuevo. Además, adoptar la fisonomía propia del nuevo modelo ayudaría a reflotar sectores tan dañados por la crisis como la construcción y el mármol. Win-win.

Por supuesto, como señalaba el Camarada por tuiter, la reconversión de nuestros poblados a polis conllevaría, además de la edificación de murallas, panteones y demás; la creación de ejércitos propios (las polis, por naturaleza y afición, tienden a llevarse mal las unas con las otras). Con buena parte del trabajo adelantado – a falta de poner unos propileos como Zeus manda en la puerta de San Vicente – en lo que otras ciudades se fortifican, nuestras falanges sembrarían el caos y la destrucción en las ciudades vecinas. Antes de que Botella pudiese decir “Este erecteión es mio”, nuestras tropas habrían tomado la Puerta del Sol y la Castellana, avanzado sobre Moncloa, el Pardo y el chalet de Corinna y saqueado la FNAC y El Corte Inglés.

De esta manera podríamos hacernos con 666 obras de Pérez-Reverte, montar un akelarre en el Grande, quemar los libros en una hoguera y convocar, con gritos y danzas ancestrales, 17 putos venados zombies para cenar.

Confío en que de vuelta del saqueo capitalino nuestras falanges pasen también por la Rioja o por algún viñedo de Ribera del Duero. Necesitaremos vino para pasar el venado que degustaremos a los pies del templo del Verraco Niké.

Nueve aeropuertos, una comunidad

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“Volar, un sueño compartido por los hombres y las aves sin alas”

Coronel Leslie “Hap” Hapablap (The Simpson S07E138 “Sideshow Bob’s Last Gleaming”)

Desde que el bueno de Ícaro descubriera bruscamente que los vuelos de bajo coste acarrean ciertos riesgos, el mundo de la aviación ha dado grandes tardes de gloria a la humanidad. Los primeros bocetos de Leonardo Da Vinci, los hermanos Wright, el pequeño Spirit of St. Louis, el Concorde, el aeropuerto de Castellón…

Quizá el último elemento de la lista les choque un poco a primera vista, es normal, pero creo que su inclusión entre los hitos de la historia de la aviación es más que merecida. Estamos ante el primer aeropuerto del mundo dedicado únicamente a las personas y no a esos bichos grandes de metal con alas que inundan los demás aeropuertos. ¡Por fin las infraestructuras vistas desde una perspectiva humana! ¡Al fin comenzamos a humanizar el cielo!  Por si esto fuera poco – que no lo es – es justo señalar que su inauguración y todo lo que ha rodeado a la infraestructura desde entonces ha sido, sin lugar a dudas, una de las cimas del humor patrio. Sí, sí, del humor. Pongamos esto en perspectiva. Ahora los discursos de Cospedal, Floriano y González Pons sobre la no-relación simulada y diferida del señor Bárcenas con el PP, sus circunloquios, su original interpretación de la legislación laboral, sus tartamudeos y sus sudores; llenan de alegría y chanza las reuniones familiares, pero en aquella época los amantes de la carcajada gutural teníamos que sobrevivir riéndonos del esdrujuleo de Zapatero, de la dificultad de Pepiño Blanco para pronunciar dos consonantes seguidas o de las ocurrencias simplonas de Leire Pajín. En aquel erial del humor, Francisco Camps – Paco para los amiguitos del alma – y Carlos Fabra, con su aeropuerto para las personas y sus extravagantes ideas sobre los griegos, los romanos y los fenicios que habían pasado por Castellón sin que existiesen aún los aviones; supusieron un soplo de aire fresco para este país.

“Hay quien dice que estamos locos por inaugurar un aeropuerto sin aviones. No han entendido nada. (…) Este es un aeropuerto para las personas (…) A partir de hoy, durante mes y medio, cualquier ciudadano que lo desee podrá visitar esta terminal o caminar por las pistas de aterrizaje, cosa que no podrían hacer si fueran a aterrizar o despegar aviones”

Pero no nos vayamos por las ramas y no nos dejemos llevar por la añoranza de estas viejas glorias de la política nacional. Aquí hemos venido hoy a hablar del mundo de la aviación y de los aeropuertos.

Aunque el aeropuerto para las personas de Castellón, quizá la gran aportación española a la aviación desde el autogiro, es mundialmente conocido, no es el único de su modalidad en el solar ibérico: a su lado están el aeropuerto privado pagado con dinero público de Ciudad Real, el (segundo) aeropuerto de Murcia, el de Huesca (1300 pasajeros el año pasado), el de Lleida… La lista de aeropuertos vacíos (o casi vacíos) es cada vez más larga: poco a poco se van sumando otros que hasta ahora mantenían, mal que bien, su actividad. Ahí está, por ejemplo, el aeropuerto de Badajoz, muerto por segunda vez en dos años y a la espera de un tercera resurrección.

¿Y Castilla y León? Ya lo decía Santiago Segura en el famoso anuncio protagonizado por Fofito: “Aquí tenemos aeropuertos para aburrir”. Y es que nuestra amada comunidad birregional y conjuntiva cuenta con la nada despreciable cifra de 4 aeropuertos: Valladolid, Burgos, León y Salamanca. Un aeropuerto por cada 600.000 habitantes de la comunidad. ¿Y terminales? Comarcas enteras.

¿Y como van los aeropuertos regionales? Pues regular tirando a mal. Digamos que mejor que el aeropuerto de Castellón, pero no por demasiado.

El año pasado los aeropuertos de Castilla y León registraron, en total, menos de medio millón de viajeros. ¿Cada uno? No, los cuatro juntos, y todos perdieron pasajeros con respecto al año anterior: Valladolid más de un 18%, Salamanca un 39% y Burgos y León más de un 40%. Y este año las cosas no tienen pinta de ir a mejorar. El aeropuerto de Valladolid, el que más actividad tenía de la región (casi 380.000 pasajeros y más de 6500 operaciones), se queda durante el mes de marzo con un único vuelo diario a Barcelona tras anunciar Ryanair que cancelaba las rutas a Bruselas y Londrés y tras el cese de actividad de la aerolínea Orbest, dependiente del grupo Orizonia, que conectaba la no-capital regional con Tenerife. Y mercancías tampoco es que pasen muchas por allí: durante el mes de enero el aeropuerto situado en Villanubla registró un volumen total de mercancías igual a cero.

Como decíamos, desde Valladolid solo podemos ir a Barcelona, pero hay más aeropuertos, todos tranquilos. Si algún loco quiere dejar de ser figurante en el museo más grande del mundo, seguro que tiene más opciones que irse a Cataluña. Desde los otros aeropuertos de la región ¿a dónde podemos viajar? Veamos. Según la página de AENA, ahora mismo desde el aeropuerto de Salamanca podemos volar solamente a Barcelona. Y desde el de Burgos también a Barcelona. ¡Qué casualidad! ¿Y desde León? No se lo van a creer, pero desde León también se puede volar únicamente a Barcelona. ¡Para que luego digan que los meseteños tenemos algún problema con los catalanes! ¡Si tenemos cuatro aeropuertos solo para poder ir a Barcelona!

Y me pregunto yo ¿es necesario que Castilla y León tenga cuatro aeropuertos para ir a la ciudad condal? Veamos unas cifras y luego discutimos. En el año 2011, los aeropuertos de la región acumularon unas pérdidas conjuntas de 30,32 millones de euros y sumaban un total de 290,7 millones de deuda. Cuatro perras a las que habría que añadir las subvenciones, encubiertas como contratos publicitarios, que las administraciones regionales conceden a las aerolíneas para mantener los vuelos. Ya saben, el liberalismo y tal. ¿Y cuánto dinero será eso? Pues según este artículo (PDF), entre 2009 y 2012 la Junta de Castilla y León abonó a Air Nostrum más de 32 millones de euros por mantener sus vuelos en los cuatro aeropuertos de la región. Y todo transparencia: el acuerdo entre la Junta y Ryanair (al menos otros dos millones anuales) para los vuelos desde Villanubla es secreto. Según un informe de la Comisión Nacional de la Competencia, desde 2007 a 2011 habríamos apoquinado en total 84 millones de €. Este un buen momento para recordar que el cierre de las urgencias rurales supondrá un ahorro de millón y medio de euros.

Rentabilidad social, me dirán. Es importante para el turismo, en verano hay más vuelo, ayuda a mantener puestos de trabajo. Déjenme que sea un poco escéptico con esto de que mantener los aeropuertos abiertos ayude a atraer turistas. La primera prueba que aporto a favor de mi teoría es que el diseño de las líneas está más pensado para llevar turistas a la playa que para traerlos a la comunidad. Los vuelos veraniegos a Málaga o Lanzarote ¿son para que vengan a la comunidad o para que los de la comunidad vayamos al mar? Sí, los vuelos a Barcelona permiten conectar con vuelos internacionales, pero volvemos a tener que plantearnos la misma cuestión ¿son para que los turistas europeos conecten con vuelos que les traen a la región o para que los de aquí nos vayamos a Europa con parada en Barcelona? Un curiosidad extraída del artículo que les enlacé antes: el Aeropuerto de Vitoria contó durante el año 2006 con un vuelo directo a Londres. ¿Saben cuántos turistas británicos más se alojaron en la provincia en 2006 respecto a 2005? Quinientos, medio millar.

¿Quién le pone el cascabel al gato? El problema, claramente, es que aunque sepamos, o sospechemos, que mantener los cuatro aeropuertos abiertos no tiene sentido, nadie va a querer correr con los costes políticos de cerrarlos. Si convenimos en cerrar los aeropuertos más pequeños ¿quién le dice a salmantinos, burgaleses o leoneses que hay que cerrar sus aeropuertos? Yo dejaría abierto el de Valladolid solo por no tener que escuchar a León de la Riva. ¿Y si decidimos dejar de dar ayudas públicas a las aerolíneas y se van todas de la región? Porque, como todos pueden suponer, todos esos aeropuertos son fundamentales y estratégicos para sus ayuntamientos y diputaciones, empezando por el de Valladolid, el único necesario, según León de la Riva, ya que “está centrado y es equidistante”. Allí el Ayuntamiento está incluso dispuesto a apoquinar de su bolsillo el aumento de las tasas aeroportuarias si eso sirve para mantener los vuelos de Ryanair. En León se han recogido 50000 firmas para solicitar más vuelos. En Salamanca gobierno y oposición están de acuerdo en lo vital del aeropuerto por su situación estratégica. Y en Burgos el Alcalde no se cansa de destacar la rentabilidad social de la infraestructura. ¿Y la Junta qué dice? Que los cuatro aeropuertos son necesarios y una apuesta de futuro para la comunidad.

Dos sospechas y una certeza: La primera sospecha, que es casi una certeza, es que sin ayudas públicas ningún aeropuerto de la comunidad sobreviviría. La segunda sospecha es que las subvenciones están sirviendo más para abaratar las vacaciones de los habitantes de la comunidad que para atraer turismo; y me van a perdonar, pero no sé si me apetece dedicar mis impuestos a que ustedes vayan más cómoda y rápidamente a mojar el culo en el Mediterráneo. La certeza es que si Ícaro sobrevolase España dentro de unos años, iba a encontrar muchos aeropuertos para personas en los que aterrizar.

PS.- Como en Ávila somos pobres, en lugar de aeropuerto sin aviones tenemos una estación de autobuses sin autobuses. El innovabulensismo del que les hablaba en su día Pablo.

PS2.- La foto de “las aves” ;) ha sido cedida amablemente por @Manel. Más fotos suyas en su galería de Flickr

El origen de la Comunidad Autónoma de Castilla y León (Parte III)

Y llegó el final. Os traemos la tercera parte de El origen de la Comunidad Autónoma de Castilla y León cortesía de Blasco Jimeno. Tercera colaboración de este abulense que ya nos dejó hace algún tiempo la primera y la segunda parte. Muchísimas gracias por las tres aportaciones y por el trabajo que has realizado. Para los demás, ya sabéis… En esta página encontraréis información sobre cómo colaborar con nosotros.

El origen de la Comunidad Autónoma de Castilla y León (Parte III)

abril1980

Los antiguos reinos de Castilla y León han mantenido a lo largo de los siglos
una identidad histórica y cultural claramente definida dentro de la plural unidad
de España. Al ejercer por abrumadora mayoría de sus instituciones representativas
provinciales y locales, el derecho a su Autonomía, en los términos que establece
la Constitución española, el pueblo castellano-leonés ha expresado su voluntad
política de organizarse en Comunidad Autónoma, reanudando así aquella identidad.
Estatuto de Autonomía de Castilla y León, 1983.

1979 y en octubre para más señas, las envidias y anhelos de unos pocos estaban a punto de acabar con el deseo de intelectuales, empresarios y demás regionalistas de conseguir una Comunidad Autónoma Castellanoleonesa robusta dentro de España. Una Castilla y León tan fuerte, que en las futuras negociaciones fuese capaz de conseguir las mismas inversiones para la tierra que los nacionalismos periféricos para sus regiones. Una Castilla y León dispuesta a sacudirse de encima sus tradicionales problemas: despoblación, subdesarrollo, etc.

La Constitución prescribía que la mayor parte de los ayuntamientos de cada provincia de la futura comunidad autónoma se pronunciase favorablemente para su inclusión. Y, además, daba un plazo de seis meses desde que el primer ayuntamiento se pronunciase para que los demás lo hiciesen. Pues bien, el plazo para Castilla y León acababa el 25 de abril, y con esa fecha como referencia, comenzaron las negociaciones de la UCD para que el PSOE regresase al Consejo. Estas negociaciones se centraron en el papel de las diputaciones, la representación provincial igualitaria o la vía de acceso a la autonomía, bien por el artículo 143 o por el 151. Parece mentira, pero esas discusiones, que se llevaron a cabo en una decena de reuniones, fueron clave para gestar la Comunidad Autónoma que hoy conocemos. Gracias a que se renunció a la idea de una mancomunidad de provincias (como se constituyó Castilla – La Mancha) y se consiguieron unos puntos de acuerdo en el resto de asuntos (uno de los más significativos fue el uso del artículo 143 para alcanzar la autonomía, para disgusto de los regionalistas, que pensaban que un referéndum ayudaría a crear una conciencia castellanoleonesa) el PSOE dio el OK para seguir con el proceso.

Sin embargo, el pobre proceso autonómico sufrió un nuevo golpe antes de acabar el año, aunque esta vez por el otro costado. En diciembre, el presidente del Consejo General, Reol Tejada, aceptó un puesto político en Madrid como secretario general de política territorial de la UCD. Este cargo era incompatible con su liderazgo de la autonomía, debido a la dedicación que exigían ambos puestos. En los mentideros políticos se comentaba cómo las decepciones que había sufrido Reol en los meses anteriores (el abandono del PSOE, las tensiones con las diferentes provincias y la actitud de la UCD segoviana) habían pesado en la decisión, que llevó a su dimisión como presidente en el mes de marzo. Sin embargo, para no dejar su trabajo sin terminar, con las votaciones locales en marcha (la mayor parte de los ayuntamientos de Ávila y Palencia ya se habían pronunciado, pero faltaban el resto de provincias) hasta el mes de julio no es sustituido.

El tiempo siguió inexorable su curso y pocos días antes de que acabase el plazo sólo siete provincias habían aceptado entrar en la nueva Comunidad Autónoma: Ávila, Burgos, Palencia, Salamanca, Soria, Valladolid y Zamora. La inmensa mayoría de los ayuntamientos de León aún no había tomado una decisión. Aquí es cuando entra en escena Rodolfo Martín Villa, cuya biografía os invito a consultar en Wikipedia  (link aquí http://es.wikipedia.org/wiki/Rodolfo_Mart%C3%ADn_Villa), porque desde los años 60 no ha dejado de estar en todos los fregados políticos,  con Franco o con la Democracia. De hecho, hoy día sigue en el candelero: hace unas semanas, fue nombrado consejero del famoso banco malo SAREB.
En abril de 1980 Martín Villa era Presidente de la Comisión de Autonomías de la UCD, líder del partido en la provincia de León y su nombre sonaba como futuro ministro de Administración Territorial (cuatro meses más tarde se cumplieron los rumores). Tanto dentro del partido como en las cortes de Madrid, Martín Villa había sido el principal defensor de una política racional para crear nuevas autonomías, estando totalmente en contra de las comunidades autónomas uniprovinciales y en consecuencia, desde su puesto de Presidente provincial del partido presionó a todos los concejales centristas (especialmente en la capital y en Ponferrada) para que votasen a favor de la incorporación. Desde el punto de vista nacional, a la UCD le interesaba que León estuviese junto a Castilla porque, tal y como estaban saliendo las cosas, con las victorias nacionalistas en País Vasco y Cataluña, era necesario crear una Comunidad fuerte, de centro-derecha, y de carácter español. Y, desde el punto de vista regional, la UCD vio la oportunidad de complacer al PSOE (y a otros partidos, como el comunista), que defendían la unión de la provincia a Castilla. Así, tras varias negociaciones, el PSOE y la UCD de León llegaron a un acuerdo para que sus concejales votasen a favor de la integración, y en los últimos 9 días permitidos (entre el 16 de abril y el 25 de abril) la provincia leonesa cumplió los requisitos constitucionales para entrar en Castilla y León.

Una vez superada la encrucijada, con los políticos de la región un pelín más relajados, en julio se renovó otra vez el Consejo General al que se reincorporaron representantes de León y en el que no había segovianos que, para quienes no se han leído las dos primeras partes de este texto (¡muy mal!) recordamos que la provincia de Segovia había comenzado el proceso para convertirse en una Comunidad Autónoma uniprovincial. También se eligió un nuevo presidente para sustituir a Reol Tejada: José Manuel García-Verdugo, del partido con más representantes en el Consejo, la UCD. Entre las funciones del nuevo Consejo, se incluía la redacción del primer (y anhelado) Estatuto de Autonomía de la región. Sin embargo, lo que ocurrió en España en los meses siguientes, incidió profundamente en la escritura de la nueva norma.

Nos encontramos a finales de 1980 – principios de 1981, con una España sumida en la segunda crisis del petróleo, con una gran inflación, paro y fuga de capitales, políticamente descentrada por el proceso autonómico, la violencia de ETA y los GRAPO, el descontento militar y sindical. En este ambiente y bajo la presión de su propio partido, también en crisis, nuestro paisano, Adolfo Suárez, dimite el 29 de enero de 1981. Leopoldo Calvo Sotelo es el encargado de formar nuevo gobierno, pero en su primera votación no obtiene la confianza del congreso. En el segundo intento, algo se lo impide:

Aunque ahora recordamos el 23F como un hecho aislado, una anécdota del tipo de las de “que hacías tú el…”, la influencia del golpe de estado en la política territorial fue tremenda. Tras la “iniciativa” del Teniente Coronel Tejero se escondía el miedo de los militares a una ruptura de España entre tanto lío de Lehendakaris, referendums regionales y demás pamplinas. Explícale tú a un militar de los de toda la vida y carrera franquista, que España ya no es Una. Los políticos, mientras estaban debajo de sus escaños, captaron el descontento del ejército con el proceso autonómico y se propusieron acabar con él y con sus desmanes, haciendo que con su fallido golpe de estado, los militares de ideas más rancias, en cierta forma, triunfaran. Sólo una semana después de su nombramiento, el nuevo presidente Calvo Sotelo encargó a un abogado cántabro, Eduardo García de Enterría, que dirigiese una comisión de expertos para analizar la situación de los procesos autonómicos y encontrara la forma más sencilla de concluirlos. Las conclusiones de esta comisión se recogieron en el denominado “Informe Enterría”, que recomendaba eliminar la mayor parte de las iniciativas autonómicas uniprovinciales por medio del artículo 144 de la Constitución, que daba poder a las Cortes Generales para sustituir la iniciativa de las Corporaciones Locales a la hora de pedir la integración en una Comunidad Autónoma.

Tanto la UCD, partido en el gobierno, como el PSOE, principal partido de la oposición, estuvieron de acuerdo con el Informe y, en una reunión en La Moncloa entre Calvo Sotelo y Felipe González , el 31 de julio de 1981, lo pusieron en práctica, cerrando el mapa autonómico de España. Los denominados “Acuerdos Autonómicos” que salieron de la reunión establecieron un mapa de diecisiete autonomías y dos ciudades autónomas, Ceuta y Melilla, y donde Castilla y León se compondría de 9 provincias, incluyendo  León y Segovia y dejando que Logroño y Santander formasen La Rioja y Cantabria, respectivamente. Desde el punto de vista ejecutivo, los Acuerdos Autonómicos obligaron a las Comunidades Autónomas que no habían terminado su proceso fundacional a seguir el artículo 143. Es decir que, salvo Cataluña y el País Vasco, que habían aprobado sus estatutos en 1979 y Galicia que había ratificado el suyo en 1981 (con el truco que vimos en la parte anterior para saltarse los requisitos del artículo 151), las demás regiones deberían contentarse con un nivel de competencias inferior.
Pese a las reticencias de la UCD, se respetó que Andalucía siguiese la vía del artículo 151, puesto que ya había celebrado su referéndum (con alguna trampa en el recuento) en 1980. Por supuesto, las regiones con los políticos más tenaces (Navarra, Canarias y Valencia) consiguieron procesos específicos y alcanzaron desde el primer momento la plena autonomía.

Volviendo a la esfera regional, que la UCD y el PSOE pactasen en Madrid, no significaba que en Castilla y León fuesen de la mano. Y de hecho, el 22 de junio de 1981 el texto base del Estatuto de Autonomía se aprobó sin el apoyo del PSOE. Este proyecto, ahora 30 años más tarde, nos parece de política ficción. En él se elegía Tordesillas como la capital de Castilla y León, las Diputaciones Provinciales tenían más poder que las Cortes Regionales y en el sistema electoral las provincias menos pobladas (y menos izquierdosas) tendrían más representación.

Pero la crisis de la UCD impidió la tramitación de este proyecto de Estatuto que hubiese creado una Castilla y León totalmente diferente. En el ámbito nacional los problemas de la UCD pasaban por la dimisión de ministros, las tensiones de las sedes regionales, la mala situación económica y la crisis del aceite de colza que había difundido la corrupción generalizada dentro del partido, mientras que en la UCD de Castilla y León  el proceso autonómico segoviano era otra fuente de tensión. Mientras el Consejo seguía con la negociación del traspaso de competencias, la UCD se rompió. El 29 de julio de 1982, Adolfo Suárez formó un nuevo partido, el Centro Democrático y Social. Ante ese panorama, Calvo Sotelo decidió convocar elecciones para el 28 de octubre de 1982.

Hay gente que dice que con la victoria del PSOE en dichas elecciones la Transición se pudo dar por acabada. Sin embargo, en nuestra región aún nos quedaba camino que recorrer. La derrota de la UCD fue estrepitosa: perdió 155 escaños y Alianza Popular, el partido político de Manuel Fraga, recogió el voto de centro derecha, convirtiéndose en el principal partido de la oposición. En Castilla y León, el resultado de las elecciones, PSOE: 18 diputados, AP: 13 diputados, UCD: 3 diputados, CDS: 1 diputado (por Ávila, of course), obligó a cambiar el Consejo General, puesto que hasta el propio Presidente García-Verdugo no había conseguido acta de diputado (no obstante, repitió como presidente gracias a un chanchullo negociado con AP). En la renovación, la UCD conservó la mayoría, dado que los representantes en el Consejo por parte de las diputaciones no cambiaban y todos eran centristas. Sin embargo, perdió la mayoría absoluta, lo que obligó a negociar un Estatuto de consenso.

enero1983

La irrupción de Alianza Popular, un partido que no había suscrito los Pactos Autonómicos y cuyas declaraciones hasta la fecha eran en contra de la autonomía, propició las últimas tensiones territoriales, quizás motivadas por la proximidad de elecciones locales. Por un lado, la provincia de Burgos, encabezada por el Ayuntamiento de Villadiego, pidió la secesión agraviada por la pérdida de la capitalidad en favor de Valladolid (se podría decir que querían tomar las de Villadiego :P ) y por otro lado, León, donde a pesar de que la UCD no había perdido tantos votos en esa provincia, varios alcaldes (entre ellos el de León capital y Ponferrada) y el gobierno de la Diputación se echaron atrás y comenzaron a pedir la secesión y el comienzo de un proceso autonómico uniprovincial.

El problema burgalés fue más sencillo de solucionar, ya que el Presidente de la Diputación, Francisco Montoya, no secundaba las tesis secesionistas de algunos de sus ayuntamientos. El 21 de enero de 1983, el presidente del Consejo, García-Verdugo, escribió una carta a los ayuntamientos de Burgos en los que defendió la necesidad de una Castilla y León fuerte para la defensa de España y de la región en España. Después de su carta, muchos ayuntamientos recularon y trasladaron todas sus energías a pedir simplemente la capitalidad. He aquí la razón por la que Castilla y León no tiene oficialmente capital. Las negociaciones de los redactores del Estatuto con los burgaleses (y con los representantes de otras ciudades candidatas) hicieron que en el texto fundacional se indicase que la capital se elegiría posteriormente en otra ley. No hace falta que os diga que treinta años después esa ley aún no existe, aunque todos sabemos cual es la capital de facto de la región. De aquellas negociaciones, Burgos no se fue con las manos vacías, y  consiguió ser nombrada sede del Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León.

El asunto leonés era mucho más áspero. Las encuestas mostraban que una ligera mayoría de leoneses preferían la opción uniprovincial  y Rodolfo Martín-Villa, que había sido el responsable de la integración de León en el proceso autonómico, había dimitido como diputado tras su fracaso en la contención de los miembros secesionistas de su partido. El día 29 de enero de 1983 se organizó una manifestación bajo el título “León sin Castilla” que tuvo bastante éxito (los presentes coreaban eslóganes como “un bote, dos botes, castellano el que no bote” y “León sin Castilla, una maravilla”). Inmediatamente después de la concentración, Alianza popular presentó una enmienda a la totalidad al proyecto de Estatuto en la comisión Constitucional, que propició un intenso debate en la Cámara. Por un lado, se discutió sobre las razones políticas, demográficas y legales que existían para proponer una comunidad autónoma leonesa y, por otro, se deliberó sobre si la legislación permitía a provincia echarse atrás una vez que se había apuntado a un proceso autonómico. Las conclusiones de este debate hicieron que Alianza Popular se quedase sola en su defensa del leonesismo y, tras sendas votaciones en el Congreso y en el Senado, se decidió rechazar la enmienda a la totalidad de AP y la provincia de León se quedó definitivamente integrada en Castilla y León.

cuellarTodo esto ocurrió un par de semanas antes de la aprobación del Estatuto en las Cortes. Pero aún quedaba un fleco suelto: la integración de Segovia.
Desde la retirada de Modesto Fraile y los diputados segovianos de la Consejo General de Castilla y León, en Segovia había comenzado un movimiento para formar su propia autonomía. La opinión pública española pensaba que se trataba de un caso flagrante de caciquismo exacerbado por parte de Modesto Fraile y la cúpula de la UCD segoviana. Las llamadas al orden por parte de la UCD nacional y la UCD regional no habían funcionado y la Diputación segoviana, a partir de tres informes, uno histórico, otro legal y otro socioeconómico (el histórico era un informe anónimo) decidió el 31 de julio de 1981 comenzar su proceso autonómico uniprovincial.
Todos los ayuntamientos pequeños de la UCD se mostraron a favor de la autonomía segoviana, trece ayuntamientos del PSOE y uno independiente votaron en contra. Segovia capital en un pleno histórico se posicionó en contra del proceso autonómico, empatando el marcador. Así pues, todo quedaba en manos de Cuéllar, la segunda población más grande de la provincia, que en la prórroga tenía que decidir el partido entre una Segovia independiente o una Segovia sin comunidad autónoma a la que las cortes integrarían en Castilla y León. Para darle más emoción, como si fuese la final de un mundial, resulta que Cuéllar era el pueblo natal de Modesto Fraile, era el lugar donde ejercía como concejal el Presidente de la Diputación, el secesionista Rafael de las Heras, y, por si fuera poco, el Ayuntamiento contaba con mayoría absoluta de la UCD.
Todas estas circunstancias hacían probable la victoria del uniprovincialismo. Sin embargo, había un factor que no se había tenido en cuenta hasta el momento y es que los habitantes del pueblo estaban totalmente a favor de integrarse en Castilla y León. Se constituyeron en el “Colectivo Cuellarano pro-Castilla y León”, y organizaron manifestaciones a favor de la integración de Segovia en la Comunidad Autónoma.

En una primera votación, el día 7 de octubre de 1981, Cuéllar decidió apoyar la vía uniprovincial por 7 votos a 6. El escándalo en la sala, repleta de vecinos, fue mayúsculo y los concejales no pudieron salir del Ayuntamiento hasta las 3 de la madrugada. El Partido Socialista impugnó el acuerdo y el Ayuntamiento, presionado por sus ciudadanos, decidió reconsiderar su decisión y realizar una nueva votación el día 3 de diciembre de 1981 en la que ganó el no a una Segovia independiente por 7 votos contra 6. La diputación de Segovia recurrió de nuevo la votación de Cuéllar, pero la crisis de la UCD primero, la victoria del PSOE después y la poca pasión de las Cortes Generales por conceder la autonomía a los segovianos después de los Acuerdos Autonómicos y el Informe Enterría evitaron que la decisión de Cuéllar cambiase. Días después Modesto Fraile abandonó la UCD y pasó al grupo mixto. El fracaso de Segovia la convirtió en la única provincia (junto con Ceuta y Melilla) que dependía del Estado Central. A finales de 1982 comenzaron los movimientos para aplicar el artículo 144.c a la provincia e incluirla en Castilla y León. Sabiendo que esa Ley se iba a aprobar, el Estatuto de Castilla y León pasó los últimos trámites y fue sancionado el 25 de febrero por el Rey. Cuatro días más tarde las cortes aprobaban la ley por la cual Segovia se incorporaba a Castilla y León, concluyendo así el proceso autonómico y naciendo la Castilla y León actual. La Castilla y León que todos conocemos y tras treinta años, nos parece que ha estado ahí toda la vida.

marzo1983

Fuentes:
Fuerzas políticas en el proceso autonómico de Castilla y León. Mariano González Clavero. Tesis doctoral. UVa, 2002
XXV años de autonomía en Castilla y León. Pablo Pérez López, José-Vidal Pelaz López, Mariano González Clavero. Cortes de Castilla y León, 2008.
El regionalismo en Castilla y León. Julio Valdeón Baruque. Universidad de Valladolid
Cuando Segovia pudo ser una comunidad autónoma (1978-1983) http://foroscastilla.org/foros/index.php?topic=15734.0

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