La convención del PP y las europeas

Se acercan la primavera y las elecciones europeas, el tiempo de las flores, las alergias, los primeros hombros al aire y los mítines con jubilados de bocata y refresco. Sin ir más lejos, el pasado fin de semana, el PP regional se reunió en un pueblecito de Palencia para darse ánimos, preguntarse por las familias y prepararse de cara a las próximas europeas. A mi no me invitan a estas cosas, supongo que porque tienen los canapés contados, pero según la prensa, de la convención salieron todos convencidos de tres cosas: la recuperación es un hecho -a pesar de Zapatero-, Europa es importante -a pesar de Zapatero y de los Zapateros de otros países- y el objetivo del PP es ganar las elecciones -gracias a Zapatero. Este último punto, a juzgar por los discursos escuchados, es el verdaderamente importante. No descarto que discutiesen de otras cosas en privado, como del relevo de Herrera, de lo verdes que están los campos o de los topillos; pero el mensaje central fue que había que ganar las elecciones.

Esta sinceridad es de agradecer porque luego acudimos a las urnas ilusionados buscando propuestas y programas y nos llevamos una decepción. Hay que ganar y luego ya veremos qué hacemos allí en Bruselas rodeados de extranjeros. De todas formas, no creo que nadie esperase otra cosa del PP regional. Si yo estuviera en su situación haría exactamente lo mismo o algo muy parecido. Quizá con otros colores y otra fanfarria, y con menos polos de esos de las banderitas de España y menos laca, que uno tiene conciencia ecológica y miedo a lo rápido que se tienen que propagar los incendios de cabellera en cabellera. Tal vez pusiese también una zona VIP para los colegas y un saloncito con un par de videoconsolas para amenizar la fiestuqui, pero en general el resultado sería muy parecido, como mucho un poco más aburrido.

Hay que comprender al PP regional. Tras más de dos décadas de poder sin oposición, para ellos las elecciones -municipales, europeas o miss universo- son un mero trámite. El PP de nuestra comunidad birregional y conjuntiva vive en una continua y placentera siesta, una de esas de pijama y orinal, de la que solo se despierta para celebrar victorias y dar la vuelta a la almohada porque el charquito de salivilla que se le estaba formando bajo el moflete le empieza a incomodar. En Castilla y León, el PP no necesita amañar las elecciones como en Castilla-La Mancha para ganarlas sin despeinarse. Méritos propios -el PP regional es una representación fidedigna del conservadurismo tradicionalista de muchos de nuestros paisanos, lo cual es muy loable porque de eso se trata esto de la política- y deméritos de los contrarios, claro.

El PSOE de la región está como está, IU es lo que es, UPyD no termina de crecer fuera de determinadas ciudades y de los nuevos actores el que más puede preocupar al PP es Vox, pero seguramente ladre más que muerda y arañe pocos votos. De todo este, por desgracia, trámite electoral europeo, lo más interesante puede ser ver el reparto de votos en Ávila capital y lo que de ese reparto podamos inferir, con todas las cautelas que ustedes quieran, de cara a las municipales. ¿Perderá el PP votos suficientes como para ver peligrar su mayoría absoluta en las próximas municipales? ¿Se acercará UPyD? ¿En qué puesto quedará el PSOE? ¿Cuántos votos rascarán los pequeños? ¿Volveré a perder la porra electoral del blog?

Yo diría que sí, también, cuarto y pocos, pero como la respuesta a la última pregunta también es un sí, no deberían fiarse mucho de mis predicciones.

Prontuario veloz de la actualidad

Llevo un par de semanas liado. Salvar el mundo, hacer la colada, leer, volver a salvar el mundo, escribir, regar las plantas. Ustedes, si son visitantes asiduos, lo habrán notado, ya que he estado un par de semanas sin pasar por este rincón. No, no hace falta que lloren, yo también les he echado de menos. Además de no pasar por aquí con la misma frecuencia que antes, me he mantenido un poco alejado de la actualidad o, al menos, más alejado de la actualidad de lo que viene siendo habitual en mi. Por ejemplo, no vi ni un minuto del debate sobre el Estado de la Nación. Todavía me duele el pecho cuando escribo de semejante despropósito y todas las noches tengo pesadillas en las que Rubalcaba y Rajoy vienen a mi casa a echarme la bronca y pedir mi voto. Yo no les abro la puerta, faltaría más -ya dejé atrás aquella etapa de “mi casa es tu casa” y “si desmontamos el sofá aquí podemos dormir cinco”- pero mientras empujo el sofá para bloquear sus arremetidas y escondo la Xbox, Rosa Díez se descuelga desde el techo del edificio y entra por la ventana como en las pelis americanas para arrearme con una constitución hasta que proclamo mi amor por la norma fundamental de todos y cada uno de los españoles.

Como les digo, no vi el Debate, y tampoco he seguido con especial atención el resto de la actualidad. De vez en cuando un vistazo rápido a los titulares de la prensa para quitarme el mono, o un repaso los temas del momento en tuiter, que viene a ser una cosa parecida a lo primero pero filtrados por el populacho. Esto, claro está, tiene sus problemas e inconvenientes. El primero es que no profundizas en la información, lo que puede llevar a equívocos, y el segundo que dependiendo de la perfección del filtro, la realidad puede resultar bastante distorsionada. Si solo leemos la prensa que nos gusta y seguimos en las redes sociales a gente de nuestro perfil ideológico, las posibilidades de comprender la realidad tienden a cero. A mi esto no me pasa, que leo cualquier cosa y sigo a muchos esquizofrénicos no afines a mi pensamiento, pero es muy frecuente por esos mundillos de la almohadilla y la arroba.

Algunos ejemplos de lo que les decía. No tengo ni idea de lo que pasa en Navarra con Barcina, la Hacienda Foral, el PSN y Bildu. Debe ser un sainete entretenido, porque creo que he visto a los primeros espadas hablar del tema, pero no me hagan caso. Si lo he entendido bien, Bildu ha obligado a una consejera de Barcina a presionar a alguien de la Hacienda Navarra para favorecer a unos amigos del PSN. Y ahora, descubierto el pastel, Valenciano se ha ido a una esquina, con uno de Bildu, a llorar detrás de un arbusto, cosa que no ha gustado a Camisa Blanca, Floriano y compañía, porque los pañuelos de Bildu son ilegales. No me pregunte cómo pueden ser unos pañuelos ilegales. Igual los compraron sin IVA, o en Andorra. Al final, todo el entuerto lo ha resuelto Rubalcaba, que en lugar de vender Navarra a ETA ha preferido regalársela.

Si lo de Navarra es complicado, que al fin y al cabo está poco más arriba de Soria, lo de Ucrania, que queda donde la novia de Stalin cogió una cistitis de pequeña por hacer pis en la nieve, ya es la repera. Los ucranios se dividen en madridistas, barcelonistas, prorrusos y prooccidentales. Yanokovich, que así se llamaba el presidente anterior, era del Barça, o prorruso, y lo de Neymar y la Audiencia Nacional le tiene al borde del síncope. Se sabe que incluso ha vomitado un par de veces en el Parlamento, como Messi. La oposición, que es de Florentino, quiere llegar a un acuerdo con la UE para montar un Museo del Madrid en Kiev y Yanukovich no les deja. Ahí saltan chispas, los prooccidentales se enfadan, le montan barricadas y le obligan a salir por patas y a soltar a una Miss que tenían en la cárcel y que se parece mucho a Cibeles. Todo acaba como el rosario de la aurora y Rusia interviene para asegurarse de que los demás no intervienen en asuntos internos de terceros países, mientras los demás quieren no intervenir para seguir interviniendo. En Tuiter la gente está casi tan liada como yo, y tan pronto se ataca a Putin por ser un homófobo oligarca vendido al capital, como se le defiende como descendiente directo por parte de la KGB de los buenos comunistas de la Madre Rusia. Al otro lado de la trinchera, la gente está muy indignada porque la UE no para de hacer la croqueta, pero se marea solo de pensar en que haga algo, mientras se mira a Obama con desprecio y se le reclama contundencia blanda dialogante activa. Se desconoce que opina Rajoy de todo esto, a la espera de que el Marca se posicione.

Y no crean que mi desconexión con la actualidad es solo terrenal, tampoco he seguido con mucho interés los asuntos celestiales y/o locales. Me enteré, como quien se percata de repente de que está casado y tiene tres hijos, una hipoteca y un Opel Corsa; de que una delegación de abulenses de bien iba a ver al Papa para venderle el Centenario de la Santa y, de paso, intentar convencerle para que venga a darse una vuelta, se compre una Visitávila, se suba a las murallas y coma chuletón. Seguí las noticias con tan poco atención que pensé que el encuentro consistiría en algo íntimo, privado. Un salón, unas pastas, un beso al anillo, aquí una consejera, aquí unos amigos. Algo elegante, católico, apostólico y vaticano. Pero hete aquí que días después me encuentro en los medios una foto de los representantes abulenses asaltando al Papa detrás de una valla, como unas fans enloquecidas de Justin Bieber -¿sigue vivo este chico?- enseñándole un caja con cacho de palo. ¿Acudir a una de las audiencias públicas que semanalmente ofrece el Papa y para las que se pueden solicitar entradas por escrito merece tanta tinta, sobre todo teniendo en cuenta al precio que está la tinta? Admito que igual el hecho de que el Papa se pare en plan colega para que le beses el anillo y le entregues pastas es más inusual y para eso hay que tener mano, pero aún así ¿de verdad es para tanto?. Me cuentan que además de ver al Papa, nuestra delegación se reunió con más gente, lo que siempre es bueno. El Skype y los correos electrónicos son más impersonales e igual acaban en manos de Obama, que no es católico, y vaya usted a saber que uso les da.

Dicho esto, desde aquí invito, en nombre de todos los miembros del blog, al Papa a venir a visitarnos. Nosotros, por aportar nuestro granito de arena, nos ofrecemos a sacarlo a tomar algo por la noche. Su visita sería buena para los católicos, buena para el turismo y buena para nosotros, que podríamos estar dándoles vueltas al asunto durante tropocientos post y viñetas. Igual hasta podríamos montar una mesa redonda en un bar para debatir sobre el Centenario, los colores de la torre de la Estación de autobuses y la madera noble con la que íbamos a forrar las paredes de la ampliación de la Diputación (otro lío, por cierto, del que tampoco ando muy enterado).

Polemicemos: Ávila, Gamonal, ponis y unicornios.

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Llevaba un par de semanas dando vueltas a la forma de traer lo sucedido en Burgos a este rincón, pero no encontraba manera. Si hay que pontificar, se pontifica, como buen español experto de barra de bar en mil materias; pero hay que intentar mantener las apariencias. Una cosa es no tener ni puta idea y otra que se note. Solo he estado una vez en Burgos en toda mi vida, hace poco más de un año, tres días, y de haber pasado por la ya famosa avenida Vitoria, debió ser en autobús, pero tampoco me he molestado en mirar el recorrido de las líneas que cogí estando allí. Mi único nexo con todo el caso es que el hotel en el que me hospedé está en el mismo edificio que el ático del Alcalde, pero mi opinión al respecto se limita, ya que el Alcalde no tuvo a bien invitarme a tomar algo, a señalar las buenas vistas que debe tener desde su salón. La foto que encabeza este post está tomada desde mi habitación, 4 plantas más abajo.

Como ven, mi autoridad para hablar de las carencias del barrio, de la corrupción local, de la planificación urbanística burgalesa o del carácter aguerrido y obrero del barrio; es bastante escasa. De lo que puedo opinar, por simple pertenencia, es del clima social que se respira en el conjunto del país, del hartazgo creciente -por no llamarlo cabreo- de amplias capas de la sociedad. ¿Qué es lo que hace que una ciudad tranquila y conservadora estalle por un aparcamiento subterráneo? No lo sé, pero si tuviese que jugarme una moneda de cincuenta céntimos, diría que es, simplemente, que la gente está, con perdón, hasta las narices y que lo que en Burgos sucedió por un bulevar, en Quintanilla de la Parra puede suceder por el asfaltado de una plaza y en Burguillos de Villarriba por las farolas de la entrada al pueblo si las circunstancias son propicias.

La gente está cansada y la crisis, que es más que económica, se ha llevado por delante la confianza que muchos ciudadano tenían en buena parte del sistema. Y el cambio en las actitudes de la ciudadanía hacia la política no se ha visto acompañado por un cambio en las formas de hacer política y de gestionar las instituciones, que en buena medida parecen estar esperando a que escampe para volver a sus viejas rutinas, aprobar nuevas recalificaciones, construir cosas y organizar actos. Cada decisión de las instituciones se toma como un posible ataque, a veces sin la menor reflexión, y se reacciona en consonancia. ¿O ustedes creen que un asunto como el del Murallito, en otro momento, habría levantado tanto revuelo?

Pero este cambio en la actitud de nuestros conciudadanos hacia la política no tiene por qué ser positivo. Uno es de naturaleza optimista, pero también tiene días malos. Todas las encuestas reflejan que el interés por la política no hace otra cosa que aumentar. Ahora bien ¿el conocimiento del funcionamiento del sistema, de la democracia y de nuestras instituciones ha aumentado de forma paralela a ese interés? Yo diría que no y eso, sumado al mencionado hartazgo provocado por la crisis, es un grave problema que degenera en altercados como el de Burgos, en movimientos ciudadanos y políticos sin ningún tipo de contacto con la realidad, en salvapatrias populistas y en saltos al vacío embadurnados de buenos sentimientos y consignas edulcoradas como el de Ponilandia.

Polemicemos. Que una mayoría -o una no mayoría muy ruidosa- pida algo no implica que tenga razón. No me refiero con esto a lo sucedido en Burgos, ahí tienen ustedes, por ponerles un ejemplo alejado, a los fanáticos de la familia tradicional y de bien, que son muchos y se manifiestan a menudo, lo cual no les da, por fortuna, la razón automáticamente. Los partidos están para algo más que ser correa de transmisión de las opiniones ciudadanas. Deben también guiar, formar la opinión y dirigir el debate ciudadano. Si una mayoría de los votantes del PP -o del Partido Z- quieren que los condenados por terrorismo pasen 100 años en la cárcel, desnudos, atados de pies y manos y obligados a escuchar una y otra vez el himno nacional; alguien les debería decir que no tienen razón, no solo esperar a que se olviden de la polémica. ¿Qué eso es más difícil que salir en la tele, con gesto duro, y decir que hay que endurecer, por vigesimoséptima vez, las leyes? Pues es verdad, pero de algo hay que morir. La democracia tampoco es ir votando a cada rato todo lo que nos apetezca, tenga o no sentido, encaje legal o contacto con la realidad. Ni decidir las cosas en asambleas con gritos mudos, biodanzas y a chakras alzados.

Lo voy a dejar aquí, antes que se enfaden y me hagan un escrache en la cuenta de tuiter o se cambien los avatares, los pongan de un color o al revés y me vea a forzado a dimitir de esto blog y de mi perfil en Facebook. Que Santa Teresa interceda por todos ustedes y por mi el primero.

Desde el día (y la noche) de Rauma

No es Ávila aunque podría, pues la nieve no entiende de fronteras.

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De Ávila a Finlandia

El otro día les prometía hablarles de mi amigo y cholista @AndresG84, quien tiene de encabezado en Twitter la frase “Solo en el diccionario la palabra éxito viene antes que trabajo” y ese podría ser el resumen de lo que les vengo a contar. La historia de un abulense por el mundo.

Nos conocimos en la escuela de idiomas, estudiando alemán. Yo aquello lo dejé cuando empezamos con las declinaciones, para las que me sentía incapaz, y al fin y al cabo ya sabíamos decir “guapa”, “cerveza”, “te apetece ir al cine”, “casa” y “telefono”. Lo básico para no morir en una fiesta de la cebada.

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Cholismo sobre hielo

Tiempo después de nuestros años de alemán, me encontré a Andrés y su gemelo en un tren destino Madrid. Me contaron de sus estudios, cosas más complicadas aún que el alemán, ahora iremos a ello. Y fue ya hace no mucho cuando de repente le vi en  el Diario de Ávila. Todo su trabajo había tenido éxito: un empleo en Finlandia. Una historia que quería traerles por aquí, junto a unas cuantas fotos que dan frío.

- Lo último que sabía de vosotros era vuestra pasión por los aviones pero que habías optado por Ingeniería Naval… ¿Cómo acaba todo aquello en Finlandia?

Mi idea era cambiarme a Ingeniería Aeronáutica pero me sentí muy cómodo en una Escuela tan pequeña y familiar, donde nos conocíamos todos. Llegué a Finlandia luego con una Beca Erasmus, era un lugar que siempre había conocer. Enfoqué mis estudios para conseguir un trabajo allí, realizando como proyecto fin de carrera un buque rompehielos. En Mayo conseguí una entrevista para trabajar en Rolls-Royce en la ciudad de Rauma. Espero vivir mucho tiempo en esta ciudad.

¿Y qué tal te manejas con el finés?

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Paisaje finlandés

El idioma es muy complicado, aunque la pronunciación se asemeja al castellano. Cuesta mucho aprenderse unas palabras larguísimas, yo he aprendido algunas cosas (Kiitos-Gracias, Huomenta-Buenos Días) pero no entiendo nada cuando me hablan.

 ¿Y el tema de los horarios, el día y la noche?
El horario es muy diferente. Comemos a las 11.30. El otoño y el invierno son oscuros, llega a anochecer un poco más tarde de las 15:00 y amanece a las 10:00. El peor mes es Noviembre, porque además de oscuro llueve mucho. El verano sin embargo es muy atractivo porque hay prácticamente 24 horas de luz y una temperatura muy agradable. La gente es más alegre y disfrutan haciendo actividades al aire libre a cualquier hora.

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¿Cómo se ve España desde allí¿ ¿Qué sabe de España un finlandés medio?

La realidad española se ve lejana desde aquí, si ves las noticias que llegan parece que el país se esté derrumbando. Los finlandeses disfrutan del sol ibérico en la costa de Málaga ¡Les encanta Fuengirola! Alguno menciona a Pedro Almodovar y por supuesto los equipos de fútbol. Y como apunte curioso, se piensan que en España nunca hace frío.

Yo gracias a Internet puedo seguir a diario lo que pasa en España, escucho la radio y veo algunos programas de TV online. Por supuesto, los partidos del Atleti no me los pierdo.

Oye… una duda ¿Hace más frío en Ávila o en Rauma?

166086_10200982190538388_409470144_n Yo paso más frío en Ávila pero seguramente porque nos abrigamos peor. El frío se combate con buena ropa de abrigo y un buen gorro para proteger la cabeza. Las calefacciones son excelentes y el aislamiento de las casas es muy bueno. Lógicamente en Finlandia hace mucho más frío. Esta semana el termómetro no ha subido de -15ºC.

Háblanos de Rauma… también con un casco histórico Patrimonio de la Humanidad

Tiene unos 40 mil habitantes, estamos en la costa oeste, con una gran tradición marítima en el Báltico. Mi idea es quedarme muchos años aquí. Se vive bien y los salarios son altos.

Apartado de corazón… ¿Alguna finlandesa a la vista? ¿Hay españoles por ahí?

Mis jefes me sugieren que me busque una que me ayude a aprender el idioma y en ello estoy. Al menos en Rauma no conozco una colonia grande española. He visto solo a un compatriota que vino por lo que suelen venir todos…su mujer es finlandesa. El resto trabajan en la central nuclear que hay a unos 20 kilómetros.

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¿Más fácil el alemán o el finés?

Del alemán sinceramente recuerdo bastante poco. No lo he utilizado para nada desde que dejé las clases, así que prácticamente lo he olvidado. Recuerdo que teníamos compañeros peculiares y los ejercicios de audición eran interminables conversaciones ininteligibles.

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Le digo Kiitos en este café cibernético y me responde con un Huomenta que traslado a todos ustedes. No me resisto a preguntarle por algo de hace unos cuantos lustros ya… y es que Andrés y su hermano salieron en la TV. Fue en aquel programa llamado Superguay

“Lo presentaban Miliki y Rita Irasema. Mi hermano fue el único ganador de la prueba, en la que los concursantes solo tenían que decir `Tres tristes tigres´. Yo fallé, jajaja”.

Seguro que alguien más vio aquello y hasta lo recuerda. Ahora Andrés marchó a Rauma y dice que al volver “Ávila parecía mejor que cuando la vi anteriormente”.  Esperemos que esa sensación se mantenga en las próximas visitas.

Un abrazo como un casco histórico patrimonio de la humanidad de grande, amigo.

Profesionales de lo suyo

Publicó este jueves El Norte de Castilla un interesante artículo de opinión escrito por José Antonio de Santiago-Juárez, consejero de la Presidencia y portavoz de la Junta de Castilla y León. En estas líneas, el cargo del PP aboga por una “reforma en profundidad de los partidos políticos”. Ya apuntó en esta misma dirección días atrás, en RTVCYL,preocupado por la situación de estas formaciones: “unas estructuras orgánicas («aparatos») excesivas en la mayoría de partidos, con algunas carencias democráticas internas y escasa transparencia”.

Se trata de una herencia de la Transición, señala en el periódico, cuando se buscaban partidos fuertes. El problema es que ese modelo ya no vale, aunque algunos políticos no quieran ver lo que está ocurriendo, escribe, “por ese miedo al cambio que llega en ocasiones a generar desconfianzas que bordean la paranoia”. Él cree que es ahora cuando hay que hacer esos cambios y propone algunas medidas concretas: “listas electorales abiertas; primarias para elegir candidatos; limitación de los mandatos en las estructuras de partidos y gobiernos; transparencia, apertura y mayor participación de la sociedad en la vida de los partidos políticos; reducción a la mitad de la duración de las campañas electorales; revisión de la financiación de los partidos; eliminación de las donaciones a los mismos y mayor control de su actividad económica; y medidas para evitar la proliferación de «profesionales de la política»”.

Con estos últimos, esos “cuyo mérito principal es haber pegado carteles a edades muy tempranas, y que no han sido capaces de desarrollar su proyecto vital al margen de la actividad política”, es especialmente crítico De Santiago-Juárez, ya que dedican todos sus esfuerzos “a tratar de mantenerse y perpetuarse, lo que les anima a ponerse de perfil ante los problemas, a mantener un perfil bajo ante los retos o a cambiar de posición cada mes, pretendiendo situarse siempre, aunque sea de forma artificiosa, del lado de los vencedores”.

No voy a entrar en valorar si es él, un alto responsable del PP en nuestra región, la persona más indicada para proponer estas medidas, e imagino que siempre se le podrá achacar ese “¿por qué no lo hizo usted antes?”. Desconozco si hay intereses ocultos, oportunismo o juegos sucesorios detrás de estas líneas del consejero. Sólo sé que no podría estar más de acuerdo. Y que he podido ver de cerca esa “paranoia” que le entran a algunos políticos cuando sienten cada crítica, cada opinión distinta a la suya, como un ataque furibundo contra su persona. Los mismos que temen las redes sociales porque ahí cualquiera puede ofrecer su punto de vista. Y eso les aterra. No son todos, claro. Pero suelen coincidir con esos “profesionales de la política” que, aunque les cueste reconocerlo, saben que algo está cambiando.

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Malditos políticos

Pongamos que me siento orgulloso de ser español. No, espere. Mejor pongamos que usted se siente orgulloso de ser español. Su deporte favorito es el tenis, aunque no lo practica desde la universidad, y se ha levantado henchido de orgullo por el número uno de Nadal que demuestra, en su opinión, que los españoles cuando nos ponemos, cosa que sucede muy raras veces, somos imbatibles. Está usted tranquilamente desayunando sobre su encimera de color verde ácido mientras escucha las noticias. Su mujer ya está en la ducha, el perro le mordisquea las zapatillas intentando llamar su atención y la abuela se ha llevado a los niños al colegio, de donde saldrán a las ocho de la tarde después de las clases, el kárate, el refuerzo de matemáticas y el teatro. Si tuviera dinero los mandaba a un internado.

El café está bueno y la napolitana que ha comprado su mujer en el Mercadona entra y sale del café una y otra vez. Así está usted, el amo del mundo, cuando la radio comienza a hablar de la noticia del día: los españoles son idiotas. Bueno, la noticia no dice eso exactamente, pero eso es lo que usted ha entendido. No sabemos sumar, apenas entendemos lo que leemos y no sabemos hacer la “o” con un canuto. Usted se crece. Ya estamos otra vez, piensa. No hemos salido de la crisis y ya están otra vez dándonos palos.

Su mujer entra en la cocina con un albornoz gris y una toalla amarilla en la cabeza. Se sirve un café y se sienta a su lado. Le nota enfadado. ¿Qué te pasa, cari?, le pregunta. Nada, le contesta, que dice la OCDE que los españoles adultos somos tan cortos como los adolescentes. ¿Y de quien es la culpa? pregunta al infinito mientras se mesa el cabello. De los malditos políticos, concluye. Su mujer le mira intensamente ¿Qué es la OCDE?, pregunta ella. Usted no lo sabe, así que contesta a la pregunta con un gesto ambiguo en dirección al microondas.

Saca a pasear al perro mientras se fuma su primer cigarro. No le apetece pasear, así que le da una vuelta a la manzana. El perro le huele el culo a otro perro, mea en una esquina, corre detrás de un pájaro, intenta comerse una hoja de un árbol y, por fin, hace aguas mayores junto a la rueda de un coche. Se ha olvidado bajar una bolsa de plástico. Mira a un lado y a otro. Nadie le observa. Da un tirón al perro y echa a andar hacia el portal.

Llega usted al trabajo. Ha aparcado el coche donde Vulcano perdió el mechero después de comerse un atasco de media hora en una avenida del centro. Se había roto una tubería y estaban levantando la calle. Si hubiese ido en bicicleta habría tardado menos. En realidad habría tardado menos andando. El centro es un desastre. ¿Y para eso pagamos impuestos? Malditos políticos.

Mientras se toma un café en la sala de descanso, en la televisión de 15 pulgadas que tienen sobre la cafetera un jugador de fútbol entra entre aplausos a declarar a un juzgado por defraudar a Hacienda. Menudo partidazo se marcó ayer el cabrón, piensa. En el fondo le entiende, si usted tuviese dinero también haría todo lo posible para pagar menos impuestos. Maldito Montoro. Meneas la cabeza mientras mojas el Donuts en el café. Malditos políticos. Un compañero le dice que disfrute del Donuts, que el día 13 los trabajadores que los fabrican van a la huelga y que no se sabe si volverá a haber. Malditos políticos.

Hace un descanso a media mañana para fumar un pitillo. Antes lo fumaba en la sala de descanso, pero ya no puede. También podría dejar de fumar, es verdad, pero si no fumara no podría ausentarse cada dos horas de su oficina. Malditos políticos. Sale a la calle. Desde la puerta del edificio donde está su oficina, las antigua sede central de una caja de ahorros, puede ver la televisión del bar de enfrente. Cuando uno de sus compañeros sale le pregunta qué veían en la televisión. Los Nobel, le dice, le han dado el de física a un belga. Y a los nuestros nada, piensa. Malditos políticos.

Sale de su trabajo a las tantas. A su jefe se le ocurrió cambiar la orientación del proyecto a última hora y su equipo, los dos becarios y el universitario en prácticas al que paga 400 euros por 45 horas de trabajo semanal, ya se habían marchado. Al final ha echado tres horas de más que ni le van a pagar ni a agradecer. La reforma laboral, dice su jefe mientras le da una palmada en la espalda. Malditos políticos.

Al llegar a casa, aparca su coche cerca del portal. Por fin algo de suerte. Al salir del coche nota algo blando que cede bajo su pie. Un excremento de perro. Malditos políticos.

Llega a casa, se quita los zapatos, se desabrocha la camisa y entra en el baño. Se lava la cara con agua fría y se la seca después con una toalla amarilla como la que llevaba su mujer esa mañana en el pelo. Ella todavía no ha llegado. No la ve desde las nueve de la mañana. Los niños estarán al caer, su abuela los recoge en el colegio y los devuelve a casa, pero lo último que le apetece es ponerse con ellos a jugar. Que hagan los deberes, piensa. ¿Y si no tienen? La consola. Malditos políticos.

Pone usted la tele. Están repitiendo un reportaje sobre la corrupción. Le aburre, la política no le interesa, ha decidido ignorarla por su salud, pero no le apetece estirar su dedo índice para cambiar de canal. Una familia enseña una ducha. “Nos la ha puesto Sandokán”. Usted piensa que son población de algún barrio marginal de Andalucía -esto lo sabe por el acento- y que van puestos hasta las cejas de droga, pero no. La periodista le explica que Sandokán es el apodo de un constructor metido a político e insinúa que ese plato de ducha -monísimo, antideslizante y accesible- ha sido el precio a pagar por los votos de la familia en las últimas municipales. Cinco concejales. Se le atraganta la cerveza. Malditos políticos.

Al final decide cambiar de canal. Otro reportaje. ¿No hay algún concurso para pasar el rato? Hablan de Estados Unidos, con lo lejos que está. Obama, la asistencia sanitaria, los republicanos, el cierre del gobierno federal. Hay entrevistas en la calle. Parece un programa de humor pero hablan de política. Es como uno de esos programas en los que se pregunta a los americanos que más pinta tienen de americanos -blancos con gorra de béisbol, negros con camisetas de equipos de baloncesto, gordos- por las capitales del mundo y terminan situando Australia en la ría de Vigo. Confunden una cosa con otra, no saben de lo que hablan pero están absolutamente convencidos de lo que dicen, tópicos, lugares comunes. ¿Y esa gente vota?

Los americanos no tienen ni puta idea de nada, piensa. Así les va.

Soy un vendido

Estaba el otro día viendo unos monólogos, que no solo de desgracias vive el hombre. El humorista era de Valladolid y era de esos que saben cuáles son sus debilidades y fortalezas. Es decir, que sabía que presentarse como vallisoletano le cuesta a uno miradas y comentarios como “esos que se creen la capital”, “los altivos”, “los chulos”.

No era Leo Harlem el humorista sino alguien menos conocido. El caso es que decidió entrar en materia preguntando si había gente de León, Zamora, Salamanca, Burgos, Avila, Segovia, Soria o Palencia. Los había. Dijo “soy de Valladolid” y se instaló un rumor en la sala, que el monologuista aprovechó para decir que “no eran originales”. Que hasta en un pub de Londres con las relaxing cup de tea, al oír Valladolid, habían dicho “oyoyoyoyoi”.

Un paseo por el gimnasio y seguimos.

Cuando aterricé junto al Pisuerga no hice las mejores migas con los conciudadanos. Relación cordial sí, claro. Pero nada de irse por ahí, socializarse…hacer esas cosas que a nuestro Alberto le cuesta tanto. Al final soy un abulense suyo de suyar y bueno, en fin, que salía a correr, me ponía Los Soprano y el viernes me volvía al Adaja y tan felices. Pasaron los meses, vivía al lado de Zorrilla, y no había pisado el estadio ni sentido nada especial proveniente de sus gradas… hasta que, jugándose los pucelanos el ascenso, un grito entró como un cañon en mi salón.

” Hijo de puuta – tata tata ta – hijo de puuuta “

Puse la radio y comprobé que un trencilla, llamado Pino Zamorano, estaba haciendo faena de dos orejas y rabo.

[...]

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Extraído de “Deportes en Ávila”

El de la foto de la izquierda es Rubén Peña, futbolero abulense. Debutó en Primera con el Real Valladolid en una buena tarde de balompié y, esta vez sí, estaba servidor en el estadio. Acompañado de mi pareja, que es de allí, y de algunos amigos también de allí. Y entre que estaba con ellos y había un abulense en el campo… dejé atrás mis tontos complejos de muchos años y me decidí a apoyar a los capitalinos (lo son, al menos de facto), a Djukic, a la mascota, a Ebert y hasta a Manucho. Bueno, no. A Manucho no, que es como Benzemá pero a lo espigado y del sur.

Soy un vendido. Ya me pasó en Segovia años atrás…que cuando me quise dar cuenta me había enamorado del Acueducto, de su catedral, de la calle de los bares y de las tardes de sábado animando al Caja Segovia.

De Valladolid no me he enamorado tanto, es verdad. Aquí no hay acueducto, ni Pilar ni murallas. Y hay mucho político y otras cosillas. Pero tampoco es el ogro que muchas veces queremos pintar. Hay museos muy completos, las fiestas son fiestas – y no tributos – e incluso hay música en los bares. En algunos-Cada vez menos-Mientras no lo prohíban-Que están en ello.

Estando aquí ves ciertas cosas. Es como cuando le dices a un catalán que un castellano no se levanta cada mañana queriendo ver cómo fastidiar al del país chiquitito de la esquina. Que no, que nos dan bastante igual mientras no den la matraca. Pues eso, que en Valladolid les da bastante igual el de León o si el de Ávila siente que es ninguneado. Hagan política y peleen por lo suyo con inteligencia y sin lloriqueos.

Será que me he vendido. No, de verdad que no. Lo que pasa es que al final hay que socializarse, conocer la ciudad en la que vives, sus gentes, tradiciones. Y en Valladolid son como en Ávila, con sus cosas. Hay hijoputas, gilipollas, altivos… y gente que merece la pena, hasta gente admirable. Y la sensación que tiene uno, una vez más, es que los castellanos y leoneses podríamos ser mucho más, pintar mucho más, mejorar mucho más, si nos enfadáramos menos entre nosotros, nos bajáramos del campanario y reivindicásemos las Hoces del Duraton, las Médulas, Atapuerca o Béjar como algo nuestro, de todos. No ya por política, que es otro debate, sino porque tal y como está organizado el mundo… o nos queremos nosotros o no nos quiere nadie. No se trata de ponerse detrás de ninguna bandera sino de ser inteligentes de cara al futuro.

Cada vez más tengo la sensación de que hay gentes a las que les interesa que estemos desunidos. Y aquí se nos da de fábula. Nos gusta separarnos de España, de la administración autonómica, de la local, de la mancomunidad, del barrio y de la comunidad de vecinos. Nos encanta criticar y nos falta espíritu crítico. En un mundo globalizado…hay que reivindicar lo pequeño y trabajar juntos para lo grande. En tiempos de crisis hay que propiciar los cambios, creamos en ellos. Persigamos quimeras (vuelvo a robarle a Alberto).

Mientras tanto, me seguiré desesperando con Manucho. Menos mal que ha vuelto Barrerita al Real Ávila…

Minutos musicales

Ya nunca más tendrá color azul el cielo, el sol y el mar no brillan, todo queda en negro.
Todo Negro | M-Clan en homenaje a Los Salvajes

No os parece que últimamente pinta todo así, negro. Siento ser tan pesimista pero esta canción, homenaje de M-Clan a Los Salvajes y de estos a The Rolling Stones, me suele dejar con un punto pesimista. De un tiempo a esta parte, la mayoría de lo que escucho me suena a palabrería, a enredos, a ayer dije digo pero hoy digo Diego, serás tú que no me has entendido. Me suena a medias tintas, a cambios de sentido sin contemplaciones, a voy a marear la perdiz para que no sepas qué pasa ni por qué pasa… En definitiva, filosofía barata…

Piensa que mañana, hoy será ayer.
Filosofía barata  no lo quieres ver, juegos de palabras.
Filosofía Barata | M-Clan

Normalmente me da por imaginar a nuestros dirigentes, especialmente a nuestro querido presidente del Gobierno, totalmente ajenos a las demandas reales del pueblo y como si no quisieran escuchar a quienes desde la calle les hablan de las necesidades reales de la población. Ya saben, como el que vive en su nube, mirando desde lo alto los males del prójimo pero sin querer darse cuenta de que dichos problemas son reales y que en su mano está el solucionarlos. Pensad en don Mariano diciendo…

Creí que me había equivocado, luego pensé…
Que estoy bien aquí, en mi nube azul
Todo es como yo lo he inventado
Trozos de Cristal | Fito y Fitipaldis

Aunque la realidad, como continúa esta canción, sea trozos de cristal que al final hay que pasar descalzos.

Se te quitan las ganas, parece que no quieran verlo, que la mayoría de las cosas que suceden en este país les pasen inadvertidas. Que crean que el que no trabaja es porque no quiere y al que quiere se le ponen unos palitos en las ruedas para que las cosas no le resulten fáciles. “Si ya supera esta prueba estará definitivamente preparado para trabajar y podremos comenzar a hablar de retribuciones”, parece que piensen.

Lo cierto es que al final, el gentleman, siempre nos da frases certeras, que dan en la diana y te dan ganas de unirte a aquello de…

Hay ofertas que no puedo rechazar
hay pactos que jamás voy a romper
las manos que no quiero estrechar
son las que firman las leyes
que no puedo obedecer.
Cenizas en el Aire | Ariel Rot

Pero muchas veces hay que tirar adelante como sea y no queda más remedio que imponerse a las dificultades, remar contra corriente, sacar los palos de las ruedas y seguir, seguir, seguir… Le pese a quien le pese, y hay mucha gente a quien le pesa. Gente que tiene la mala costumbre de desconfiar de inicio de las personas de buena fe, de aquellos que pretenden, quieren, mejorar en todos los aspectos de su vida alejados de etiquetas y corsés estúpidos generados por el prejuicio y la escasez de miras, gente que pasa la vida viendo burbujas donde no hay.

Ya sabéis como funcionan las cosas por aquí y otros lares dentro de nuestro país…

Y vamos, vamos, como burros a la meta,
que el que no se salva es porque no trepa.
Hay que ver… aguantar o reventar, ensuciarse, acobardarse y volverse a levantar.
En los últimos cien metros | Ariel Rot

Que nada, que todo esto son cosas que le vienen a uno a la cabeza cuando escucha ciertas canciones que parecen estar escritas para describir ciertas situaciones, por ejemplo la de nuestro país, nuestra región, nuestra provincia o nuestra ciudad, aunque ya sabéis que la música evoca diferentes sensaciones a cada persona dependiendo del estado en el que te encuentras cuando la escuchas.

Pero al final lo que hay que hacer, si quieres que no te tomen por tonto, es decir las cosas claras y dar un puñetazo autoritario encima de la mesa. Autoconvencerse y avisar para que luego a uno no le llamen traidor…

Voy a ser un chico inteligente y ya no me la van a dar  nunca más.
Voy a ser un poco impertinente y a caer un poco mal sin faltar.

Y dejar claras las intenciones para que nadie se lleve sustos…

Voy a ser el enemigo disparando pan de higo, ojo no te vaya a dar.
Viviré como desplante apretando y to p’alante, no se me podrá aguantar.
Vaya risa que me dan, piensan que estoy anormal…
Pan de Higo | Rosendo

Pero bueno, siempre nos quedará el Rock’n’Roll aunque, por hoy, le digamos hasta la vista…

Saludos.

La autoflagelación del castellano

¿Nos merecemos ser nadie por ser de Castilla?

Ya se habrán dado cuenta de que no somos nadie. Lo que aquí pase, en Valladolid, Segovia, Burgos… no le importa a nadie salvo si es malo. Somos la escoria informativa de la nación. Nuestros problemas no existen, no merecemos nada. Ni un titular, ni una foto. Solo la nieve en la muralla o la postal del acueducto, la crecida del Pisuerga, el -5 en un termómetro junto a la Catedral de Burgos. El resto del año no valemos pa´na. Y si el 23 de Abril, día del libro, coincide con Sant Jordi, pues apañados vamos. Veremos a Artur, a maroto, al de la moto y toda la parafernalia junta. Y unas mozas sonrientes con su libro y rosa. Y, luego tal vez sí, 3 segundos de San Jorge en Aragón y medio segundo de Villalar, los comuneros esos, la castilla que no importa a nadie.

La última vez que miré la población en España, nuestra Comunidad era más del 5% de la población nacional, 350 mil habitantes más que en el País Vasco. Pero si bosteza Urkullu o Ibarretxe, o el que esté ahora, también saldrá en el telediario. Y para que no se ofenda nadie aparecerá también un aurresku, el de la oposición, el opositor de la oposición y la oportuna manifestación de bildu. Que no falte de nada. Para nosotros no habrá tiempo, ocurra lo que ocurra.

Esto no va de mensajes identitarios, ojo. Que no se me ofenda ningún leonesista, berciano o cantonista del Valle de Mena. Ese debate para otro día, que no me he puesto la bandera por montera. Hablo en general de lo nuestro, los que habitamos por el centro y centro/norte, más allá de fronteras administrativas.

Qué lugar tan majestuoso tenemos como tierra. Que uno ve la Catedral de Burgos y dan ganas de decirle a un tipo de Kentucky que ellos tendrán fried chicken, pero que nosotros les dejamos fritos. Tenemos tres ciudades patrimonio de la Humanidad que quitan el sentido y que se pueden visitar de tirón o despacito, al gusto. Cultura e historia a cascoporro.

No se trata de ser patriota de campanario, mi aldea o muerte, ju-já. Se trata de querernos un poquito, pero de verdad. Que ahora mismo te preguntan de dónde eres, dices que de Ávila… te miran raro y al final dices “de Madrid, ahí cerca”. Pues no. Soy de Ávila, ciudad de las murallas. Castellano, escenario de increíbles historias que si las pillara Hollywood te cagarías la pata abajo. Soy de la tierra de mis paisanos del Acueducto, de las catedrales de Salamanca, de la legendaria ciudad de Toledo. Tierra de la dulzaina y de las rondas. Del cochinillo y las judías, del vino y la morcilla.

Del diablo cojuelo.

Pues eso, a quererse más. Que uno de los grandes males de España es fomentar la división, buscar los hechos diferenciales. Separar, destruir.Y de eso también lo tenemos en nuestra parcela. Aquí también se lleva mucho lo de crear divisiones. Y nuestro hecho diferencial debe ser el que somos de una tierra cojonuda. Tres ciudades patrimonio en 200 kilómetros, diantres. Y eso solo para empezar.

Y que si miramos hacia delante en vez del “bueh, es lo que hay”, merecemos algo más que ser los nunca-nombrados.  No agachemos la cabeza como si tuviéramos que pedir perdón por ser de aquí en vez de ser asturianos, vascos o turdetanos. Vendamos lo nuestro. No con banderas ni roncerismos, sino con sonrisas y sano orgullo. Que haya futuro también va de eso, de ser listos.

Pd: Para no quedar como un bocachancla patriotero sin más, he de decir que Kentucky tiene buena pinta. Fíjense: “Posee el sistema de cuevas más largo del mundo, la mayor longitud de corrientes y canales navegables de los Estados Unidos continentales, los dos lagos artificiales más grandes al este del río Misisipi y el yacimiento de carbón más productivo del país. Kentucky es mundialmente conocido por sus caballos pura sangre, las carreras de caballos (especialmente el Derby de Kentucky), las destilerías de bourbon, la música bluegrass, el tabaco y sus equipos de baloncesto universitario.

Pero vamos, que no lo cambio por un bañito en aguas frías de nuestras sierras…

Esa odiosa comparación

Segovia y Ávila: tan parecidas, sobrias castellanas, suyas de suyar y a la vez tan diferentes. He comido allí con amigos, una fabada de muerte, con unos hosteleros sonrientes, cálidos, amables. Desafiando al frío. Tengo el poso de un gran fin de semana en los bares que fuimos. Yo que fútbol mediante fui tan antisegoviano, escribiendo ahora que ninguna es más bella. Quién me ha visto y quién me ve. El de ahora tiene más óptica.

Cómo me gusta la ciudad vecina. Lo confieso, la envidió. Y, a la vez, para ser honestos hay que señalar que también han hecho cosas muy mal. Espero al tren en la nueva estación, un rincón en mitad de la nada al que se llega después de mil vericuetos. Estamos tres o cuatro: el segurata, la de los tickets, el del bar y el granizo y un reloj Festina gigante, de cuando las cosas se hacían a lo grande. Sí, en Segovia también pensaron que con el progreso llegarían a 100 mil habitantes, que se crearían ciudades enteras alrededor de las estaciones del Dios AVE. Que todo sería fetén, dabuti, megaguay. Segovia también se lo creyó. Y eso que los vecinos venían de la admirable tarea de sobrevivir a un desgobierno infame, con un alcalde en minoría de 2 concejales y el resto en la oposición. Y allí, junto al Eresma, ha habido baile de siglas, personajes extraños que deciden gobiernos, intereses creados y politiqueos varios.

No, no están inmaculados. Pero envidio a Segovia profundamente.

2013-04-28 12.55.49Había llegado a la estación de autobuses el día antes. Y ahí estaba ya la primera diferencia. En Ávila no había nadie cuando partí, aquello parecía Gary Cooper solo ante el peligro. Ya sé que tenemos una estación nueva, colorida y fantástica, pero abrir no abre. Será que los autobuses no entran o que los papeles no llegan. Pero no abre.

Bueno, que llegué a Segovia. La misma vieja estación de siempre, con 3 retoques que en su día estuvieron mal hechos (apeadero lo llamaban), pero que ahora tiene mucha mejor pinta. Será una tontería, pero había hasta un segurata. Una cafetería. Una taquilla abierta, un quiosco. Vida.

Y esta foto de la izquierda recibe al visitante. Haciéndote saber que llegas a un sitio mágico, precioso. Hasta el más abulense patriota ha de reconocerme que Segovia es muy bonita. Eso es indudable.

Fuí al Azoguejo, escenario del inminente Titirimundi. Un tiovivo muy curioso hace las delicias de los pequeños. La gente se hace sus fotos de acueducto mientras 2 o 3 jovenes intentan llevarte, todo sonrisas, a sus restaurantes. Me quedo una vez más tonto mirando al imponente Acueducto…y casi sin querer estoy en el escaparate del magnífico centro de recepción de visitantes.

Carajo, parece que aquí hacen las cosas bien. Con sentido.

Me uno a la marea de turistas, los había a cientos frente al frío, subiendo la Calle Real, camino de la Plaza Mayor y de La Dama Catedral. Esa a la que Reverte, en un artículo fantástico, define así:

“….es un pedazo de catedral gótica de toda la vida, de esas que echas un vistazo y piensas, oye, el ser humano será un cabrón con pintas y todo lo que quieras, colega, pero la verdad es que hizo cosas que justifican su paso –nuestro paso- por la tierra” (pag 41 de 57).

En la Plaza Mayor varias personas salen del Teatro Real. Más vida cultural que envidiar. Me hago una foto junto a Machado, que está esculpido pomposo mirando al centro, donde unos músicos tocan desde un escenario improvisado. Y hay mucha, mucha gente. Mucho flash.

Necesito un café. Y, entre noticias variopintas, llego al deporte. Ahí también pintan bastos, con muchos equipos en apuros como en todas partes. Pero el caso es que el fútbol sala ha vuelto a ganar, La Granja y la Segoviana buscan playoff mientras el Unami intenta no descender. Y algo extraordinario… un equipo de balonmano ha cerrado la temporada arropado por un público entusiasta. Balonmano Nava, leo. Gradas llenas. No sé quienes son los que habrán creado esa ilusión, pero a la vista está que han triunfado. Una gran marcha de bicicletas llena “El Adelantado” de fotos de bonitos paisajes. Vuelvo a la calle entre el gentío, después de haber tomado un capuccino delicioso, y no puedo evitar preguntarme si estaría viviendo lo mismo, como turista, si hubiese hecho un recorrido similar en nuestra Ávila.

Es entonces cuando escribo en Twitter… “Qué gran ciudad serías, Ávila, si fueses un poquito más Segovia”. En medio instante, algún que otro patriota de campanario, como yo lo era con 15 años, me responde que ya quisiera Segovia ser un 10% de Ávila.

Y por estas cosas de la vida y tele, me viene a la mente Tomás Roncero, el perfecto ejemplo de la ciudad y país que detesto…

“España por su genética tiene que emocionarse. Y nos hemos emocionado… porque ésa es la historia de nuestra España… vibrando, no somos científicos, no somos gente que gana premios Nobel, no valemos para eso. No tenemos ni voluntad ni ni… ni capacidad para estar todo el día machacando, no somos tan fríos, nos dejamos llevar por las emociones, por el corazón”. (citado desde Naukas)

Una chica, también por Twitter, mucho más acertada, me recuerda que Ávila tiene cosas buenas, como ser ciudad accesible. Le digo que sí, que por supuesto que sí. Que lo que pasa es que Ávila nos duele porque la queremos, y que por eso la exigimos más que a ninguna. Y, le añado ahora, recalco que somos críticos, no enemigos. Que el interés es construir, no destruir. Y que pocas cosas nos llenan más, cuando estamos fuera, que decir que somos de la ciudad de La Muralla, Los 4 Postes, Gredos. Ciudad patrimonio, provincia preciosa, con un patrimonio natural, artístico y cultural como pocos rincones del mundo. Orgullosos de ello, pero no desde un patriotismo rancio, no con una enesima bandera o un anti o un enemigo.

¿Qué Ávila queremos para el futuro? ¿Qué Ávila hemos de ser desde cada uno de nosotros? Qué pais, qué ciudad queremos ser. Comento todo esto con un segoviano, que me asegura que pese a mis buenas intenciones allí tambien tienen una boina de campeonato que impide a muchos mirar más allá de su Alcázar.

Y pienso que la Ávila que quiero, la España que quiero, es la contraria que la que querría Roncero. La Ávila de Roncero sería una Ávila anti. La de las tertulias de nuevo cuño, la de los antimadridistas, anticulés, anticolchoneros. La de “que a mí me vaya mal…si a tí te va peor”. La cainita. La de “si no estás conmigo… estás contra mí”.

La Ávila que quiero es la de un conjunto global comprometido (hosteleros, comerciantes, peatones y ciudadanía en general), volcada en que todo visitante salga de aquí queriendo volver, queriendo quedarse. Eso no es cuestión de la concejalía de cultura o la de turismo, que también, sino una tarea de todos. De ser más abiertos, que eso no sea una quimera. Una Ávila que aprenda de lo que, en muchos sentidos, Segovia ya es. Siendo tan parecidas, allí se desprende vida o intentos de no zozobrar del todo, mientras aquí se desprende si no del todo muerte, como mínimo una desoladora resignación.

Esa realidad, esa dolorosa comparación, no es la Ávila que quiero.

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