Retrocreciendo a Palos

Continúa la riada de apoyos de los lectores en forma de escritos y publicaciones para el #Objetivo300Mil.  Tras la entrada de ayer de nuestro querido Guillermo B., ahora nos llega la respuesta de Apamou.

Esperamos poder contar con sus escritos en más ocasiones. Si tú también quieres publicar algo en este rincón, aquí te explicamos cómo.

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RETROCRECIENDO A PALOS

Por parcela a las afueras, los yenes
de los nipones, modifican planes
sin leyes validos por charlatanes.
¡Milagro! Multiplicados los bienes.

Presentes subastados, parabienes
encofrados. La herencia de rufianes
lega el abuelo al nieto. Los afanes
de bienestar ciegan en los badenes.

Y si mancas en la intriga, turbado
por el transtorno, procura curar
la herida reparando lo dañado.

Palo a palo, vareado, afrontar
la afrenta exige de ilustre enmendado.
Quod natura non dat has de labrar.

Alumbrado desde el Faro de Hércules.
¡Feliz cumpleaños!

 

Soneto asonetao

Tras la petición de ayuda para el #Objetivo300Mil,  nuestro querido Guillermo B. nos ha mandado un “asonetao” como había prometido.

Esta colaboración de Guillermo no es la primera en verso que nos manda. Esperamos de todo corazón que no sea la última. Si tú también quieres publicar algo en este rincón, aquí te explicamos cómo.

Museo Caprotti

Imagen: @albertomdp

“De una sexta modificación, y los magentas con quién tanto quería”

(Dedicado con cariño a un abulense en Breogán)

Y pregunto, pues yo nací pedante
¿Conveniar, convenía de verdad?
¿La Nissan justifica la maldad
del engendro que vemos hoy delante?
Lo siento, pues me suena malsonante
que nos tomen el pelo sin piedad;
de lo oído, me creo la mitad
y en mi mente recreo lo restante.
Y peno con tamaño duermevela
pensando en el marrón que nos asola
y cual será el final de esta novela.
Nunca sabes, cuando rueda la bola
si hará guá por la vera de Pucela
o en la plaza de Marina Española.

La necesaria huella de Orson Welles en Ávila

Tenemos la suerte de contar con una nueva colaboración, en esta ocasión, a cargo de Patricia Garcinuño @PJGarcinuno (ilustre apellido), que nos cuenta los detalles de la iniciativa #UnaCalleParaOrson. Si tú también quieres publicar algo en este blog, aquí te explicamos cómo.

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Orson Welles quería ser tu vecino. Sí, así, como lo lees. Quería ir a pedirte sal e ir a gruñirte cuando pusieras música a todo volumen los viernes por la noche, o quizás unirse a ella si la fiesta estaba en su punto álgido. Bueno, esto último no lo sabemos, pero lo cierto es que este hombre, uno de los grandes genios del siglo XX, una de las figuras más importantes en el mundo del cine, un estadounidense de Wisconsin que viajó a los sitios más increíbles que te puedan venir a la mente, quería vivir en Ávila.

Así lo contaba en una entrevista realizada en París en 1960:

¿No os parece increíble? Y no es lo que se hace cuando se visita una ciudad y se dice: “Ay, qué maravilla de sitio, ojalá pudiese vivir aquí”. No. Welles dijo esas palabras en una entrevista en París, la ciudad de la torre Eiffel, el Sacre Coeur, el Moulin Rouge, ese acento que embelesa y los crêpes con chocolate en la calle. Y después de ser preguntado por ciudades como Nueva York o Londres. Ahí es nada.

La huella de Orson Welles en nuestra ciudad es profunda pero invisible para nosotros. Aquí rodó en 1965 una de sus películas más sonadas, Campanadas a Medianoche, inspirada en varias obras de Shakespeare.  Un rodaje que llevó la imagen de Ávila por medio mundo pero que no es muy conocido por los abulenses, ¡y es de locos!

Hasta el pasado 6 de mayo, día en el que se conmemoró el centenario de su nacimiento, yo no tenía ni la más remota idea de todo esto. Si no llega a ser por José Manuel Blázquez, que aquel día redactó un magnífico post en su blog, Meridianos, en el que explicaba a las mil maravillas la relación entre el excéntrico creador y nuestra ciudad, jamás me hubiese enterado. Y no fui la única. @Diostuitero, abulense de pro, también quedó impresionadísimo con esta información, y enseguida ideó promover que se le pusiese una calle a Orson Welles. A esta iniciativa nos fuimos sumando muchos, todos con la misma pregunta: ¿cómo podía ser que hubiese pasado todo aquello en la ciudad donde hemos nacido y nadie nos hubiese contado nada?

Simplemente no se da a conocer. No hay ningún espacio público que recuerde el paso de Orson Welles por Ávila. Ni del rodaje de Campanadas a medianoche ni de los otros 124 rodajes que se han llevado a cabo en la provincia de Ávila. Decía José Luis Pajares (autor de Avilas.es), que este es “otro caso de desmemoria que en la ciudad suelen tener como recompensa, en el mejor de los casos, una calle en nuevas urbanizaciones o en polígonos industriales”. Bueno, pues al menos queremos eso.  Y por eso hemos decidido poner en marcha una petición de Change.org en la que ya contamoscon la firma de más de 600 personas en tan solo dos semanas.

Poner el nombre de Orson Welles a una calle/esquina/rincón/rotonda es un gesto minúsculo, pero creemos que es un bonito principio para conmemorar todo lo extraordinario que ha ocurrido en nuestra tierra. Unámonos y demostremos que en Ávila apreciamos y reconocemos la cultura con mayúsculas.

Puedes firmar a favor de una calle para Orson Welles en Ávila aquí.

Un himno para los abulenses

Nuestro amigo Sergio Sánchez (aquí su Twitter, aquí su blog) nos ayuda a salir de nuestro letargo estival con esta entrada, colaboración que no es la primera y que esperamos no sea la última. Si tú también quieres publicar algo en este rincón, aquí te explicamos cómo.

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Hace unos meses el Real Madrid mostraba al mundo una canción para conmemorar la ansiada Décima Copa de Europa. Con letra de Jabois, se plantea como un himno coreado por miles de personas en un campo de fútbol que expresa un sentimiento de unión e identidad con el club merengue. ¿No es algo maravilloso? Miles de personas unidos por una pasión expresado a través de una composición oral. Para no tacharme de madridista, piensen en otros himnos de equipos de fútbol (Sevilla, Atleti, Liverpool…) cuyo himno ya no sólo representa los valores del club en cuestión, sino que se han superado y convertido en un referente que todo el mundo conoce.

Vivimos rodeados de himnos y canciones que asociamos rápidamente a un evento, entidad, programa, anuncio… pero también tienen canciones propias colegios, campamentos, instituciones, empresas, partidos políticos… hasta nuestro famoso V Centenario tiene, además de voluntarios, un himno que, por supuesto, todos los abulenses nos hemos aprendido. Además, y en referencia a los himnos nacionales, basta ver algún acontecimiento televisado donde suene el himno de los Estados Unidos o La Marsellesa, por poner algún ejemplo, para ver como los norteamericanos y franceses cantan su himno a viva voz, con la mano en el corazón en algún caso, y a los que sólo les falta llorar de orgullo y satisfacción al corear el himno de su país. Eso no nos pasa a los españoles, tranquilos, cuando suena el himno español la mitad de nosotros permanece indiferente y la otra mitad nos dividimos entre los que abuchean y entre quienes estamos pendientes de los primeros. Marca España, sin duda.

Buceando en los reinos de taifas que son las Comunidades Autónomas nos encontramos que cada una tiene su propio himno, mayor o menor conocido, como el “Asturias patria querida” o “Els Segador” catalán. Siguiendo con las divisiones territoriales, compruebo para mi estupor que ocho de las nueve provincias castellano leonesas tienen, también, su propio himno. ¡Hasta Soria¡ ¡Y segovianos y pucelanos! ¿Adivinan cuál es la provincia que carece de una canción que expresa su sentimiento de identidad? Si, efectivamente, nuestra querida ciudad.

Ávila del Rey, de los Caballeros, y de los Leales pero que no tiene su propia canción con la que acompañar a su bandera, con la que unir a sus gentes cantando un discurso que refleje el carácter aguerrido, fiel y frío que nos caracteriza. ¿Necesita realmente Ávila un himno?

Por supuesto, Ávila necesita un himno que nos identifique, que nos una en todas las celebraciones y que podamos cantarlo a la menor ocasión. Las posibilidades para tocar el himno son infinitas: se puede cantar en bodas, bautizos y comuniones, hasta divorcios si me apuran; como melodía en el móvil, en las entregas de premios, cuando venga el Papa, en el pregón de las fiestas, procesiones, al subir al Murallito Trainvisión, al marchar a la batalla, cuando lleguen hordas de turistas al Centro de Recepción de Visitantes y en todo tipo de eventos sociales, culturales y deportivos, como en las victorias de nuestros Real Ávila y Óbila o cuando el próximo Carlos Sastre abulense conquiste de nuevo Los Campos Elíseos. ¿Y ustedes, que opinan?

Si al final este referéndum no vinculante resulta afirmativo, insto a las corporaciones municipales a convocar un concurso para encontrar nuestro himno. Como sugerencia, no pueden faltar en él tambores, trompetas y una letra que nos haga llorar de la emoción, pues aunque muchos no tengan la buena fortuna de haber nacido en Ávila, si pueden llegar a sentirse y considerarse abulense.

Soy un villano más

Colabora con nosotros Víctor Andrés Toro Restrepo. Si también quieres mandarnos la tuya, aquí te decimos cómo hacerlo.

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Echo la vista atrás y pienso cómo era la villa hace unos 14 años, cuando mi barco atracó en este puerto de adoquines y revolconas. Ante mí, una villa que desayunaba Cola Cao para ser cada día más y más grande, fuerte, industrial y prospera, o por lo menos eso era con lo que nos intentaban hacer soñar. Y vaya si soñamos al vernos con una estación del AVE, un palacio de congresos rebosante de eventos, un museo que nos traería unos mil turistas a diario, un polígono industrial con el cartel de completo al entrar, un equipo de fútbol en Segunda y, sobre todo, ¡una ciudad dormitorio de Madrid y alrededores! El boom inmobiliario, el anzuelo en el que picaron muchos villanos y que hoy en día es su ruina, unos por ilusos y otros por avaros.

Todos o casi todos nos creímos el cuento sin rechistar, Más de uno se paraba en el rastro con la vista puesta al valle Amblés y suspiraba imaginando lo que estaba al caer: una ciudad de verdad, con un futuro próspero para todos, con dinero, dinero y más dinero. No me extraña que hoy haya tantos “licenciados” en A.D.E., caminos, hidrología, etc. en el paro que siguen esperando un ‘remember’ de esa época dorada para encontrar un trabajo. Ellos tienen una carrera y eso de estar en otro sector… “na de na”.

La verdad es que todo eso podría haber ocurrido. Supongo que sólo faltó anular ese pensamiento feudal de algunos que, hoy por hoy, siguen cerrando las puertas al crecimiento de la villa, casi dejándonos en un poblado Ami. El palacio de congresos, pasados unos años de su inauguración, solo nos ha dejado algún que otro congreso o actividad. Respecto al equipo de fútbol (en su día incluso hubo un proyecto para un nuevo estadio), hoy tiene que ser salvado de las deudas con eventos como el de #SOSRealAvila. Del AVE, ni hablar. Digamos que voló de la Muralla al Acueducto, y con él, el turismo, claro. ¿El polígono? Cada vez más vacío e inaccesible. El museo está ahí, como la puerta de Alcalá, viendo pasar el tiempo y sin abrir.

Eso de ser ciudad dormitorio se ha quedado en ciudad cementerio de bloques vacíos. El polideportivo está donde Cristo perdió el mechero, como que el de San Antonio sigue estando mejor situado ¿Por qué no reformaron ese?

La estación de autobuses sí que sí. Después de 13 años, varias reformas por fallos en la construcción y perder la subvención, ha visto la luz. Afortunadamente, un gimnasio ocupará la torre y así la cascada de colores no estará tan vacía. Para los autobuses que se mueven, con una marquesina y foco valdría. ¿Por qué no reformaron la de san Antonio?

De todo esto, mi mayor conclusión, aparte de que estamos en la mierda y no tiene pinta de que llueva para lavarnos, es que soy un villano más. Solo me falta el botellín de maullido 5 astros, el pincho de casquería guisada y el palillo, porque, como me den una cerveza de otra marca y un pincho nuevo ¡MA-TO! Que soy avileño y esa idiosincrasia la llevamos todos los que por arraigo tenemos tatuados los adoquines en el corazón, como un amor de madre, el sabor de las revolconas en el paladar y el Cola Cao en el desayuno. Eso sí, ¡el palillo ni tocarlo!

 TRnegroni

De puñaladas, pintas y últimas cenas

Es una suerte contar con la colaboración de Beatriz Sanz Olandía en este blog. Si también quieres mandarnos la tuya, aquí te decimos cómo hacerlo.

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Que el periodismo es una profesión dura -cada vez más-y llena de sin sabores es algo que, a pocos periodistas que sigan en Twitter, ya habrán detectado. Que te regala momentos maravillosos y conoces gente extraordinaria, también. Pero quizás haya un aspecto de este trabajo que el común de los mortales desconozca: es la profesión de la puñalada y el mierdismo.

Cuando estaba en la universidad y me decían que iba a ser duro meter la cabeza en los medios, yo, tonta de mí, pensaba que las dificultades vendrían por la competencia entre buenos profesionales, ya saben: tener que destacar entre un puñado de periodistas muy buenos e intentar marcar la diferencia.

Luego me di cuenta que con lo que se tiene que luchar más fervientemente es contra los egos, los poderes políticos y económicos, y los que te traicionan. Que suena muy rollo Judas en la última cena, pero que es cien por cien verídico.

Cuantos más años pasan más me doy cuenta de que no siempre el factor decisivo es tu trabajo; la simpatía que provoques en los demás – sobre todo en los de arriba-, tu capacidad de camuflaje cuando vienen mal dadas o la suerte que tengas de cruzarte o no con algún desgraciado… Todo ello  influye de forma determinante en el devenir de tu futuro profesional. Y ahí es donde nos topamos de bruces con el cobarde. No hace falta que lo busquen, ellos se encargan de manifestarse a lo espíritu errante.

El cobarde es ese que pretende que no hagas tu trabajo, que hace llamadas y encaje de bolillos para que te muevan de tu puesto, que deja caer que no eres bien visto en la zona vip de este partido o aquella empresa… en definitiva, como dicen en mi pueblo, se encargan de meterte los perros en danza para que el suelo que pisas se mueva bajo tus pies, a lo terremoto de San Francisco.

La cosa no molestaría tanto si tuvieran los huevos de hacerlo de frente, a la luz del día y sin esconderse. Chico, ¿te caigo mal? Dímelo, a lo mejor descubres que a ti no te aguanta ni la madre que te parió. Pero no es el caso; ellos son más de sonreírte, agarrarte por el hombro, dar dos sonoros besos cuando te cruzas con ellos por la calle y después… ¡trasca! Puñalada va.

Pero les falla el insisto… o la inteligencia, según se mire. Porque hay que ser muy torpe para no prever que, en esta profesión, llena de gente a la que le gusta más hablar que un tonto la leche, tarde o temprano esa jugarreta se sabrá. Es más, en demasiadas ocasiones tenemos que sentarnos frente al que sabemos, a ciencia cierta, nos está puteando por detrás. Debe de ser porque todo lo que tienen de desgraciados, les falta de sesera. Un jefe mío les llamaba “hijos de puta con pintas”, y les viene muy bien, porque son unos desgraciados a los que se les ve venir. Y de lejos.

“Poder contra verdad”: una verdad incómoda.

Contamos hoy con un texto que nos hace llegar Miguel Díaz Herrero, su segunda colaboración en este rincón ya que nos habló hace unos meses de su sentido barcelonismo. Si quieres mandarnos la tuya, aquí te decimos cómo hacerlo.

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Supongo que somos muchos aquellos a los que nuestra ciudad de origen nos produce sentimientos encontrados. Está claro que no seríamos quienes somos sin ella. Nuestra tierra es nuestra gente, nuestros amigos, nuestra infancia, el parque donde jugábamos al balón o los paseos con nuestro abuelo de la mano. Y claro, yo también recuerdo pasar de pequeño por la Real Fábrica de Harinas de Ávila (anteriormente Fábrica de Algodón) en largos paseos alrededor de las Murallas, junto al río.

Sin embargo, a los que volvemos a casa por Navidad (o especialmente a nosotros), nuestra ciudad también nos duele. Nos duele a muchos el clientelismo político, esa especie de necesidad de tener que estar siempre a bien con los poderes políticos, económicos y mediáticos, que desgraciadamente se dan tanto la mano, y que en Ávila se palpa en absolutamente todo lo que haces o dices. Por eso era tan necesario, sí, especialmente aquí, un documental como “Poder contra verdad”. Las casi 700 personas que llenaron la sala 1 de los cines Tomás Luis de Victoria el pasado viernes, más las 200 que se quedaron sin entradas, también somos abulenses. La mayoría recordamos el edificio de la Fábrica de Harinas, muchos la vieron funcionando. Algunos querrán ver en este proyecto rencillas políticas, ganas de revancha y de reescribir la historia. “A estas alturas”, veinte años después del derribo de la fábrica, con nocturnidad y, parece que también, con alevosía. Pero para los que estábamos allí, gente de todas las edades e ideologías, ésta no es una cuestión de izquierdas y derechas. Es una cuestión de saber la verdad.

Una verdad que el periodista José Ramón Rebollada quería contarnos y sobre la que se ha estado documentando durante casi seis años, para dar forma a una historia bien contada y construida, apoyada en la narración (especialmente enfática y efectiva la de Eduardo Mayorga) de dos periodistas y del poeta Paco Galán, que recita varios pasajes de “La sombra del ciprés es alargada” de Miguel Delibes, referidos a dicha fábrica. Una narración que nos lleva a finales del siglo XVIII, cuando se construía, al modo neoclásico, la Fábrica de Algodón, una fábrica dividida en plantas que suponía una novedad en la época. De su actividad llegó a depender la quinta parte de la población abulense. En 1984, y justo el día después a que se tramitase un informe para declarar el edificio Bien de Interés Cultural, éste sufre un misterioso incendio, en el que pierde casi todo su techado y planta principal. Desde entonces, comenzaría un incomprensible abandono de la Fábrica por parte de las autoridades municipales, que culminaría con su demolición en 1994 y en 1996. Una demolición a la que se oponían todos los informes técnicos de todos los arquitectos municipales, salvo uno externo que el Ayuntamiento pidió hacer especialmente para la ocasión. Además de los arquitectos, y en contra de lo que aseguraba El Diario de Ávila aquellos días, buena parte de la ciudad también se oponía, con especial hincapié la asociación “Malqueospese la veré”. Estos mantuvieron una reunión de urgencia con el entonces alcalde Ángel Acebes, en la que éste les aseguró entender sus razones, lo que no le impidió ordenar la demolición al día siguiente.

Muy entretenido, no exento de humor y a ratos ciertamente indignante, “Poder contra verdad” es el relato del progresivo abandono y posterior destrucción de uno de los iconos históricos de la ciudad. Porque nuestra ciudad, nuestra historia, no son sólo murallas e iglesias. La Fábrica de Harinas era vestigio de un pasado que para algunos no merecía la pena reivindicar. Un pasado obrero, claro. Criticado por “romper la armonía del lienzo amurallado” por muchos que luego defendieron el pegote de Moneo en la Plaza del Mercado Grande. El documental pone en evidencia cómo nuestros políticos locales llevan décadas escudándose en sus aplastantes mayorías absolutas para seguir creando el aséptico modelo de ciudad que dicta el partido, los constructores y los poderes económicos (que aquí son lo mismo). Para no escuchar, en definitiva, al que disiente, e incluso utilizar la venganza como en el caso de la Fábrica de Harinas. Patético también el relato de los miembros de Celtas Cortos, contando cómo un Concejal de Fiestas de Ávila, un don nadie, vaya, les amenazó (y lo cumplió) con impedir que volvieran a tocar allí en décadas por llevar una simple camiseta de la fábrica en su concierto de 1994. En definitiva, un acto de caciquismo y autoritarismo de los más sangrantes que se recuerdan por aquí. Pero, desgraciadamente, no el único.

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