Soy un villano más

Colabora con nosotros Víctor Andrés Toro Restrepo. Si también quieres mandarnos la tuya, aquí te decimos cómo hacerlo.

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Echo la vista atrás y pienso cómo era la villa hace unos 14 años, cuando mi barco atracó en este puerto de adoquines y revolconas. Ante mí, una villa que desayunaba Cola Cao para ser cada día más y más grande, fuerte, industrial y prospera, o por lo menos eso era con lo que nos intentaban hacer soñar. Y vaya si soñamos al vernos con una estación del AVE, un palacio de congresos rebosante de eventos, un museo que nos traería unos mil turistas a diario, un polígono industrial con el cartel de completo al entrar, un equipo de fútbol en Segunda y, sobre todo, ¡una ciudad dormitorio de Madrid y alrededores! El boom inmobiliario, el anzuelo en el que picaron muchos villanos y que hoy en día es su ruina, unos por ilusos y otros por avaros.

Todos o casi todos nos creímos el cuento sin rechistar, Más de uno se paraba en el rastro con la vista puesta al valle Amblés y suspiraba imaginando lo que estaba al caer: una ciudad de verdad, con un futuro próspero para todos, con dinero, dinero y más dinero. No me extraña que hoy haya tantos “licenciados” en A.D.E., caminos, hidrología, etc. en el paro que siguen esperando un ‘remember’ de esa época dorada para encontrar un trabajo. Ellos tienen una carrera y eso de estar en otro sector… “na de na”.

La verdad es que todo eso podría haber ocurrido. Supongo que sólo faltó anular ese pensamiento feudal de algunos que, hoy por hoy, siguen cerrando las puertas al crecimiento de la villa, casi dejándonos en un poblado Ami. El palacio de congresos, pasados unos años de su inauguración, solo nos ha dejado algún que otro congreso o actividad. Respecto al equipo de fútbol (en su día incluso hubo un proyecto para un nuevo estadio), hoy tiene que ser salvado de las deudas con eventos como el de #SOSRealAvila. Del AVE, ni hablar. Digamos que voló de la Muralla al Acueducto, y con él, el turismo, claro. ¿El polígono? Cada vez más vacío e inaccesible. El museo está ahí, como la puerta de Alcalá, viendo pasar el tiempo y sin abrir.

Eso de ser ciudad dormitorio se ha quedado en ciudad cementerio de bloques vacíos. El polideportivo está donde Cristo perdió el mechero, como que el de San Antonio sigue estando mejor situado ¿Por qué no reformaron ese?

La estación de autobuses sí que sí. Después de 13 años, varias reformas por fallos en la construcción y perder la subvención, ha visto la luz. Afortunadamente, un gimnasio ocupará la torre y así la cascada de colores no estará tan vacía. Para los autobuses que se mueven, con una marquesina y foco valdría. ¿Por qué no reformaron la de san Antonio?

De todo esto, mi mayor conclusión, aparte de que estamos en la mierda y no tiene pinta de que llueva para lavarnos, es que soy un villano más. Solo me falta el botellín de maullido 5 astros, el pincho de casquería guisada y el palillo, porque, como me den una cerveza de otra marca y un pincho nuevo ¡MA-TO! Que soy avileño y esa idiosincrasia la llevamos todos los que por arraigo tenemos tatuados los adoquines en el corazón, como un amor de madre, el sabor de las revolconas en el paladar y el Cola Cao en el desayuno. Eso sí, ¡el palillo ni tocarlo!

 TRnegroni

De puñaladas, pintas y últimas cenas

Es una suerte contar con la colaboración de Beatriz Sanz Olandía en este blog. Si también quieres mandarnos la tuya, aquí te decimos cómo hacerlo.

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Que el periodismo es una profesión dura -cada vez más-y llena de sin sabores es algo que, a pocos periodistas que sigan en Twitter, ya habrán detectado. Que te regala momentos maravillosos y conoces gente extraordinaria, también. Pero quizás haya un aspecto de este trabajo que el común de los mortales desconozca: es la profesión de la puñalada y el mierdismo.

Cuando estaba en la universidad y me decían que iba a ser duro meter la cabeza en los medios, yo, tonta de mí, pensaba que las dificultades vendrían por la competencia entre buenos profesionales, ya saben: tener que destacar entre un puñado de periodistas muy buenos e intentar marcar la diferencia.

Luego me di cuenta que con lo que se tiene que luchar más fervientemente es contra los egos, los poderes políticos y económicos, y los que te traicionan. Que suena muy rollo Judas en la última cena, pero que es cien por cien verídico.

Cuantos más años pasan más me doy cuenta de que no siempre el factor decisivo es tu trabajo; la simpatía que provoques en los demás – sobre todo en los de arriba-, tu capacidad de camuflaje cuando vienen mal dadas o la suerte que tengas de cruzarte o no con algún desgraciado… Todo ello  influye de forma determinante en el devenir de tu futuro profesional. Y ahí es donde nos topamos de bruces con el cobarde. No hace falta que lo busquen, ellos se encargan de manifestarse a lo espíritu errante.

El cobarde es ese que pretende que no hagas tu trabajo, que hace llamadas y encaje de bolillos para que te muevan de tu puesto, que deja caer que no eres bien visto en la zona vip de este partido o aquella empresa… en definitiva, como dicen en mi pueblo, se encargan de meterte los perros en danza para que el suelo que pisas se mueva bajo tus pies, a lo terremoto de San Francisco.

La cosa no molestaría tanto si tuvieran los huevos de hacerlo de frente, a la luz del día y sin esconderse. Chico, ¿te caigo mal? Dímelo, a lo mejor descubres que a ti no te aguanta ni la madre que te parió. Pero no es el caso; ellos son más de sonreírte, agarrarte por el hombro, dar dos sonoros besos cuando te cruzas con ellos por la calle y después… ¡trasca! Puñalada va.

Pero les falla el insisto… o la inteligencia, según se mire. Porque hay que ser muy torpe para no prever que, en esta profesión, llena de gente a la que le gusta más hablar que un tonto la leche, tarde o temprano esa jugarreta se sabrá. Es más, en demasiadas ocasiones tenemos que sentarnos frente al que sabemos, a ciencia cierta, nos está puteando por detrás. Debe de ser porque todo lo que tienen de desgraciados, les falta de sesera. Un jefe mío les llamaba “hijos de puta con pintas”, y les viene muy bien, porque son unos desgraciados a los que se les ve venir. Y de lejos.

“Poder contra verdad”: una verdad incómoda.

Contamos hoy con un texto que nos hace llegar Miguel Díaz Herrero, su segunda colaboración en este rincón ya que nos habló hace unos meses de su sentido barcelonismo. Si quieres mandarnos la tuya, aquí te decimos cómo hacerlo.

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Supongo que somos muchos aquellos a los que nuestra ciudad de origen nos produce sentimientos encontrados. Está claro que no seríamos quienes somos sin ella. Nuestra tierra es nuestra gente, nuestros amigos, nuestra infancia, el parque donde jugábamos al balón o los paseos con nuestro abuelo de la mano. Y claro, yo también recuerdo pasar de pequeño por la Real Fábrica de Harinas de Ávila (anteriormente Fábrica de Algodón) en largos paseos alrededor de las Murallas, junto al río.

Sin embargo, a los que volvemos a casa por Navidad (o especialmente a nosotros), nuestra ciudad también nos duele. Nos duele a muchos el clientelismo político, esa especie de necesidad de tener que estar siempre a bien con los poderes políticos, económicos y mediáticos, que desgraciadamente se dan tanto la mano, y que en Ávila se palpa en absolutamente todo lo que haces o dices. Por eso era tan necesario, sí, especialmente aquí, un documental como “Poder contra verdad”. Las casi 700 personas que llenaron la sala 1 de los cines Tomás Luis de Victoria el pasado viernes, más las 200 que se quedaron sin entradas, también somos abulenses. La mayoría recordamos el edificio de la Fábrica de Harinas, muchos la vieron funcionando. Algunos querrán ver en este proyecto rencillas políticas, ganas de revancha y de reescribir la historia. “A estas alturas”, veinte años después del derribo de la fábrica, con nocturnidad y, parece que también, con alevosía. Pero para los que estábamos allí, gente de todas las edades e ideologías, ésta no es una cuestión de izquierdas y derechas. Es una cuestión de saber la verdad.

Una verdad que el periodista José Ramón Rebollada quería contarnos y sobre la que se ha estado documentando durante casi seis años, para dar forma a una historia bien contada y construida, apoyada en la narración (especialmente enfática y efectiva la de Eduardo Mayorga) de dos periodistas y del poeta Paco Galán, que recita varios pasajes de “La sombra del ciprés es alargada” de Miguel Delibes, referidos a dicha fábrica. Una narración que nos lleva a finales del siglo XVIII, cuando se construía, al modo neoclásico, la Fábrica de Algodón, una fábrica dividida en plantas que suponía una novedad en la época. De su actividad llegó a depender la quinta parte de la población abulense. En 1984, y justo el día después a que se tramitase un informe para declarar el edificio Bien de Interés Cultural, éste sufre un misterioso incendio, en el que pierde casi todo su techado y planta principal. Desde entonces, comenzaría un incomprensible abandono de la Fábrica por parte de las autoridades municipales, que culminaría con su demolición en 1994 y en 1996. Una demolición a la que se oponían todos los informes técnicos de todos los arquitectos municipales, salvo uno externo que el Ayuntamiento pidió hacer especialmente para la ocasión. Además de los arquitectos, y en contra de lo que aseguraba El Diario de Ávila aquellos días, buena parte de la ciudad también se oponía, con especial hincapié la asociación “Malqueospese la veré”. Estos mantuvieron una reunión de urgencia con el entonces alcalde Ángel Acebes, en la que éste les aseguró entender sus razones, lo que no le impidió ordenar la demolición al día siguiente.

Muy entretenido, no exento de humor y a ratos ciertamente indignante, “Poder contra verdad” es el relato del progresivo abandono y posterior destrucción de uno de los iconos históricos de la ciudad. Porque nuestra ciudad, nuestra historia, no son sólo murallas e iglesias. La Fábrica de Harinas era vestigio de un pasado que para algunos no merecía la pena reivindicar. Un pasado obrero, claro. Criticado por “romper la armonía del lienzo amurallado” por muchos que luego defendieron el pegote de Moneo en la Plaza del Mercado Grande. El documental pone en evidencia cómo nuestros políticos locales llevan décadas escudándose en sus aplastantes mayorías absolutas para seguir creando el aséptico modelo de ciudad que dicta el partido, los constructores y los poderes económicos (que aquí son lo mismo). Para no escuchar, en definitiva, al que disiente, e incluso utilizar la venganza como en el caso de la Fábrica de Harinas. Patético también el relato de los miembros de Celtas Cortos, contando cómo un Concejal de Fiestas de Ávila, un don nadie, vaya, les amenazó (y lo cumplió) con impedir que volvieran a tocar allí en décadas por llevar una simple camiseta de la fábrica en su concierto de 1994. En definitiva, un acto de caciquismo y autoritarismo de los más sangrantes que se recuerdan por aquí. Pero, desgraciadamente, no el único.

Coches históricos

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Los secretos de Ávila (por José Manuel Blázquez)

Fue, seguramente, la primera persona a la que le pedimos una colaboración para el blog. Dos años y pico es lo que la petición se ha hecho esperar pero, por fin, podemos publicarla. José Manuel Blázquez (@Elzo_) es abulense, de la provincia, pero abulense, y es el administrador de Meridianos, un espacio donde puedes encontrar todo tipo de entradas, cortitas, con datos curiosos, hechos históricos… Os invito a pasar por allí tras leer su texto de hoy. Gracias, @Elzo_, un lujo tenerte por aquí.
Y tú, si quieres colaborar… Ya sabes…

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Los secretos de Ávila

No se equivocaba Hemingway cuando hablando de Ávila, bromeaba en una carta dirigida a su amigo Bernard Berenson, refiriéndose al filósofo y poeta de origen abulense Jorge Santayana:

Si eres de Ávila, Ávila no tiene ningún misterio (…) (pero) Santayana me parece distinto. Como proviene de una ciudad amurallada, cree que eso le hace diferente. No hay diferencia en el corazón. Cualquiera que haya vivido en una ciudad amurallada sabe cuánta inmundicia hay en las defensas y bajo las torres. Sabemos quién luchó por ella y ayudó a construirla y quién no”.

Ávila no guarda secretos para nosotros los abulenses. Todo lo que hay tras los altos muros que la rodean no nos es ajeno. Podemos ser espontáneos guías turísticos. Aunque en ocasiones parece que queremos olvidar nuestro pasado. Como el  impresionante legado que nos dejó la comunidad judía. Un legado que todavía se puede admirar desde la impresionante vista de los Cuatro Postes. Desde aquí, la estructura cabalística de Ávila, la Jerusalén de Castilla, como la bautizó el poeta Avner Pérez, es algo tan evidente que apenas necesita explicación.

Pues si el recuerdo judío está casi olvidado, el pasado musulmán de la ciudad está sepultado bajo bloques de viviendas y enterrado en los cimientos de un Mercadona.

El antes y el después del Maqbara o cementerio musulmán.

3.000 sepulturas musulmanas de los siglos XII al XV ahora ocultas, que nos dan una idea de la importancia de los mudéjares en esta villa. Un ejemplo de la huella dejada, que todavía puedes ver por toda la muralla, es la ‘firma’ en forma de ladrillo rojo. La marca que dejaron los alarifes, la numerosa mano de obra musulmana que participó en la construcción de este muro defensivo.

Detalle de decoración mudéjar en esquinilla de ladrillo rojo, debajo de las almenas de la muralla de Ávila.

Pero de vez en cuando Ávila todavía nos sigue desvelando historias secretas. Como el túnel misterioso en la catedral o los varios pozos, también en la seo, utilizados como pasadizos de huida para enamorados.

O el increíble relato de los dos esqueletos enterrados con grilletes en los pies, uno junto a la iglesia de San Andrés y otro detrás de San Pedro. Ajusticiados en la Edad Media, de una pena impuesta por cometer un delito sexual o económico.

Esqueleto con grilletes encontrado en la plaza del Ejército de Ávila, detrás de la iglesia de San Pedro.

Y para acabar ya que no quiero desvelar mas secretos abulenses, te invito a visitarnos. Sé otro de los numerosos viajeros que se enamoraron de esta tierra de santos y cantos.

Camilo José Cela en la terraza de Pepillo (1981). Foto Avilas.es

Siéntate en una de las numerosas terrazas como Cela, otro Premio Nobel que también gustaba de visitar Ávila. Y disfruta de una cerveza fresca, busca nuevas historias y leyendas en las piedras que te rodean.

Fuentes: 1234 y 5

La luz al final del túnel

Como hiciera en otras ocasiones, Lorenzo Martín Muñoz nos envía la siguiente colaboración. Si tú también quieres colaborar, aquí te explicamos cómo.

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Hoy por hoy y si alguien no nos miente, vislumbramos que la situación, de este nuestro país, a golpe de recortes va mejorando.

Por ello, digo yo, no nos debe preocupar que el nivel de pobreza haya aumentado, que la clase media prácticamente se haya extinguido o que la distancia entre la opulencia y la inanición se haya hecho sideral. Todo sea porque la imagen de España, no la de los españoles, sea bien valorada por esa Europa que tanto nos desea y tan poco nos aprecia.

El túnel, del que todo el mundo habla, existir, existe. Que haya luz al final del túnel es posible, pero que esta se vea es una apreciación bastante subjetiva. Los neoliberales actuales están convencidos de que la salida del túnel transita, exclusivamente, por crear empleo, ya sea indefinido o, mayoritariamente como esta sucediendo, temporal o a tiempo parcial. Para ellos, lo que importa no es la calidad, sino la cantidad. Maximizando la precariedad del trabajo, subastando sueldos más bajos y regalando ínfimas condiciones laborales.

Debido a ello, debemos asumir que mejor es disponer de unas migajas, que padecer hambre y olvidarnos de aquello de que no solo de pan vive el hombre, de la cohesión entre las distintas capas de la sociedad o de la integración social a través del trabajo.

En la situación en la que nos encontramos, es difícil de entender que la paz social aun se mantenga; salvo que ello sea debido al aturdimiento, al borreguismo o al pasotismo en el que la ciudadanía esta inmersa. Fue sorprendente observar la movilización, pura y dura, de los trabajadores de la limpieza de la, hasta ahora, capital de España, o la más reciente de los vecinos burgaleses. Parecían ser de una especie distinta a la del resto de los trabajadores españoles o asalariados de otro país europeo. No, los españoles no somos así. Somos pacientes y mesurados y la concienciación ciudadana de antaño, como alternativa errónea que fue, ha quedado en los anales de la historia. A pesar de la indigencia social que nos atenaza, aun seguimos alardeando de nuestra madurez y huyendo del infantilismo que nos alerta de la decadencia de nuestra sociedad.

Parece incomprensible que, según las encuestas del Centro de Investigaciones Sociológicas y a pesar de la riada de recortes sociales que ha padecido la población, aun se mantenga, en intención de voto, la mayoría absoluta de las últimas elecciones generales. Va a ser cierto aquello de que España es diferente. Y tan diferente.

Si tenemos en cuenta que el contrato social, que tantos esfuerzos nos costo consensuar, ha sido laminado, la disyuntiva es obvia, blindar lo hasta ahora conseguido o, sumisamente, esperar las dádivas que crean que nos merecemos.

SmartAbulenses (Por Santiago Luján)

Otro que se anima y ya tendríamos que hacer recuento para saber cuántos van. Santiago Luján, abulense y amigo de este rincón, tiene algún tipo de problema de procesadores, o algo así. Mejor que os lo cuente él que para eso nos ha enviado esta colaboración. Si queréis seguir sus pasos y enviarnos un texto ya sabéis cómo hacerlo… 

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SmartAbulenses

Voy a decirles como la famosa frase del Sr. Umbral “No he venido a este Blog para hablar de mí, ni de mi libro”, son estos señores que no saben lo que hacen, los que amablemente me dejan un pedacito de su gran espacio Los4Palos para que les cuente algunas de mis “chaladuras” como abulense.

¿O debería decir SmartAbulense?

Pues quería decirles a mis paisanos smartabulenses, que el año pasado mis sensores de movimiento, proximidad, humedad y temperatura entre otros, detectaron una gran actividad inusual y altamente confusa, motivo por el que ninguno de los actuadores programados ha funcionado como debería.

¿Y este qué dice? Se le ha ido el procesador al carajo, ¿de que demonios habla?

Pues sí, eso mismo me pregunto yo; pero entendámonos todos para que la vecina de @pgarcinuno no se líe con las cebollas inteligentes .

Ya sé cual ha sido la causa que ha provocado mi desajuste entre todo el entramado de cables, condensadores, resistencias, circuitos integrados etc. etc….

Son solo dos valores iniciales, el problema es que no sé exactamente donde meter estos dos nuevos parámetros:

  • Parámetro Nº 1

El municipio de Ávila forma parte desde el año 2013 de la RECI, la Red Española de Ciudades Inteligentes.

“Son Ciudades Inteligentes aquellas que disponen de un sistema de innovación y de trabajo en red para dotar a las ciudades de un modelo de mejora de la eficiencia económica y política permitiendo el desarrollo social, cultural y urbano. Como soporte de este crecimiento se realiza una apuesta por las industrias creativas y por la alta tecnología que permita ese crecimiento urbano basado en el impulso de las capacidades y de las redes articuladas todo ello a través de planes estratégicos participativos que permitan mejorar el sistema de innovación local.” 

  • Parámetro Nº 2

Adhesión del Ayuntamiento al Pacto de los Alcaldes

El Ayuntamiento de Ávila tiene la voluntad … y aquí el texto 0_0

Reconozco que no he participado nunca en la actividad pública o política de la Ciudad de Ávila, por tanto como buen ciudadano deberé reajustar mis sensores para que sigan funcionando correctamente, de lo contrario creo que en algún momento puedo tener un mal funcionamiento y esto podría conllevar consecuencias imprevistas.

Señores, me reajustan por favor.   

Premios de coña, asociaciones sospechosas y alcaldes felices (por Camarada Bakunin)

Es de esas cosas que esperábamos que ocurrieran desde hace tiempo. La petición de colaboración a Camarada Bakunin viene de atrás y hace tiempo que estaba comprometida pero parecía no llegar nunca. Hoy, por fin, podemos hablar de que se ha convertido en realidad. Os dejamos el texto de este bloguero, creador de Halón Disparado, y bien conocido por los que hacéis vuestros pinitos en las redes sociales y, por supuesto, vaya por delante nuestro agradecimiento. ¿Quieres colaborar tú también? Ya sabes… 

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Premios de coña, asociaciones sospechosas y alcaldes felices

Cuando ayer le dije a Willy que tenía una idea para una entrada en Los 4 Palos… tenía algo muy diferente en mente. Era una diatriba sobre la soberbia gestión de nuestro querido alcalde en estos tiempos inciertos. Y, claro, me topo con que a García Nieto le acaban de dar un pedazo de premio de “alta dirección” y se me caen los 4 palos del sombrajo.

¿Quién soy yo para cuestionar al alcalde si el “Real Fórum de Alta Dirección” le ha otorgado tan espléndido galardón? Un premio que han recibido también personas tan relevantes como el embajador de Marruecos o el del —me encantan los países que en castellano pueden llevar artículo delante— Perú, jueces, presidentes de empresas de éxito, subsecretarios de estado diversos… Y Ander Terradillos Ormaetxea, director general de Fagor Electrodomésticos desde julio de 2012. En 17 meses ha ganado el máster de “alta dirección” y ha llevado Fagor al concurso de acreedores… Pero me estoy yendo por las ramas.

El caso es que he querido saber más sobre el “Real Fórum de Alta Dirección”. ¿Qué anima a esta asociación a repartir premios con tanta generosidad? Pues vaya usted a saber. Porque este Real Fórum es cosa menos transparente que las cuentas de la Casa Real. Su página web es una especie de Youtube casposo en el que no hay ninguna información sobre la organización, ni sus fines… ni nada de nada. Hmmm… ¿por dónde seguir buscando?

Veamos quién es ese Carlos Escudero de Burón que dicen que lo preside*. Pues es también persona de rastro difícl de seguir. Aparte del Real Fórum, preside también otro tinglado con web de vídeos casposos —qué fijación—, la Fundación Carlos III. También he conseguido averiguar que es caballero del Santo Sepulcro de Jerusalén. Y que se le relacionó con aquel lío de unos sellos que valían mucho dinero pero luego no.

Escudero de Burón tiene cargos en un porrón de empresas y empresuchas —muchas de ellas extintas, otras de muy pequeño capital social, casi ninguna con una web y una imagen pública, qué cosas—. Todas ellas se encuentran en las mismas 3 direcciones de Madrid. Y en una de esas direcciones parece tener su sede la antes mentada Fundación Carlos III.

Bueno, Camarada, dirán ustedes, ¿a qué coño de conclusión llegas con todo esto? Pues no sé, joder, no me presionen. Yo había venido a meterme con el alcalde y he acabado rastreando a un señor al que, en mi opinión, le gusta hacerse fotos con famosos y políticos —con Gallardón sale mucho, creo que le mola— y se ha montado unos premios para poderse hacerse dichas fotos.

¿Les suena rara mi teoría? Pues es lo mismo que hace el escultor Santiago de Santiago con su “Torsón de oro”…

*Tirón de orejas a Avilared: en un párrafo dicen que lo preside el rey Juan Carlos y dos párrafos después que lo preside Carlos Escudero de Burón. Este último es el presidente, el propietario y el que maneja el cotarro. Juancar es presidente honorífico. To’Dios hace al Juancar presidente honorífico. Voy a proponerlo en la próxima junta de la comunidad de vecinos…

Bola extra: Si se portan bien, en unos días les escribo el artículo de la idea original.

Banda sonora: ‘Segundo premio’ de Los Planetas.

Trabajo: pasado, presente, futuro.

Hoy tenemos con nosotros una nueva colaboración, un texto de Lorenzo Martín, que ya colaboró con nosotros en el pasado. Si quieres enviar un texto, aquí te explicamos cómo.

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Trabajo: pasado, presente, futuro.

En tiempos de la esclavitud el trabajo se entendía y se distribuía de forma muy distinta, la sociedad se estructuraba de acuerdo con unos usos bastante alejados de los actuales y el salario se trasformaba en manutención y cobijo; disfrutando, los componentes de ese estrato social, del pleno empleo.

Además, para regocijo de los empleadores, el termino condiciones de trabajo no se había inventado y aún la mano de obra era condescendientemente excedentaria. No existían los expedientes de regulación de empleo, las indemnizaciones por despido improcedente ni otras zarandajas por el estilo.

En definitiva, en aquella época la felicidad artificial flotaba en el ambiente laboral. El que quería trabajar encontraba empleo y a algunos, o a muchos, de los que no querían se les obligaba a hacerlo. En fin, un mundo feliz.

Pasamos algunas hojas de la enciclopedia de la Historia y nos situamos en la cotidianeidad que nos envuelve. La insidiosa felicidad de antaño ha emigrado a otros lares y la cruda realidad acogota nuestra existencia.

Dejando atrás la ficción histórica, centrémosnos en el presente. En un presente en el que el esperado efecto dinamizador de la última reforma laboral no esta alcanzando los objetivos que algunos profetizaban.

El porcentaje de desempleados no disminuye, las condiciones de trabajo, que durante años se conquistaron, se esfuman y la precariedad laboral esta alcanzando cotas desconocidas hace un año.

Todo ello en un país que, según dijo hace unos días uno de nuestros más preclaros políticos, es un ejemplo para el mundo. Esperemos equivocarnos, pues si el antes mencionado con su sentencia se refería al estado de nuestro mercado laboral, echémonos a temblar y deseemos que no estuviera propugnando una pseudoesclavitud que nos devuelva al pasado. Invoquemos a quien cada uno prefiera para que el salario sea algo más que la manutención y el cobijo y exijamos que no quede en el olvido aquella situación en la que, trabajando un miembro de la unidad familiar, esta era capaz de asegurar el mantenimiento de sus necesidades y se pase al desastre que se avecina, en el que deben encontrar trabajo todos sus miembros para intentar sobrevivir.

Ajo y agua

ajoYagua
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