Dinero público, exigencia pública (por Carlos Muñoz)

Comenzamos la semana con eso que está últimamente tan de moda, y que nosotros agradecemos tanto, que son las colaboraciones con Los 4 Palos. Es un lujo y un placer presentaros a Carlos Muñoz. Joven abulense creador, junto a otros, del blog La Colonoscopia, que ha dedicado un rato a escribirnos estas líneas. Si alguien más se apunta a la moda y quiere mandarnos unas líneas no tiene más que escribirnos al correo del blog loscuatropalos@gmail.com. Aquí tenéis más indicaciones… 

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Dinero público, exigencia pública

La gente que le cae bien a todo el mundo no es de fiar, no pueden ser tan perfectos. Esa frase me la repite mucho un buen amigo. Y creo que lleva toda la razón. Algo de eso pasa con la Transición, la Constitución o la Monarquía, temas intocables hasta hace pocos años. Ya nos vamos dando cuenta que no eran tan bonitos, perfectos y relucientes como nos los pintaron. También algo de eso pasa en nuestra ciudad con la empresa Nissan.

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En los últimos premios de la Alcazaba, o rancioawards como los definiría el maestro Pedro Vera, había mucho de lo más casposo de nuestra ciudad. El actor de segunda venido a menos Juanjo Artero, la periodista y directora de uno de los programas más demagogos y criticados Ana Samboal, la empresa Nissan… un momento, ¿Nissan?

Desde el último libro de Pepe Colubi “California 83″ no me reía tanto leyendo algo. Fue el mes pasado al ver ésta noticia. Nissan presentaba un ERE temporal para adaptar la producción. Poco después la propia empresa y los sindicatos llegaban a un acuerdo para evitar el ERE, acordando la posibilidad de aplicar hasta un máximo de 60 días laborables de no trabajo durante el ejercicio fiscal 2013.

¿Dónde está lo gracioso? dirán ustedes. Pues bien, la Junta de Castilla y León aprobó, a finales del pasado año, cuatro subvenciones para la factoría abulense por un importe cercano a los ocho millones de euros. Aproximadamente tres meses después de recibir ese dinero público, la factoría de Ávila anuncia el ERE.  No me negarán lo surrealista del asunto. Más aún cuando Nissan prevé un beneficio neto para 2013 de 3.140 millones de euros.

Es innegable la aportación de Nissan a Ávila, tanto por la cantidad de puestos de trabajo que ha aportado durante muchos años a la ciudad, como por los que mantiene. Además, como empresa privada, está en su absoluta libertad de contratar o despedir a sus trabajadores, tener su planta en Ávila (España) o en Ávila (Filipinas). Faltaría más. Pero cuando recibe una cantidad importante de dinero público la cosa es distinta, o al menos, debería serlo.

Nunca he defendido la aportación de dinero público a empresas privadas para mantener puestos de trabajo. Más aún cuando se recorta de forma brutal en Sanidad o Educación. Pero es que esos ocho millones ni si quiera están sirviendo para eso, como ha demostrado Nissan con su ERE, riéndose de los abulenses mientras sus beneficios superan los 3.000 millones de euros.

Que Nissan haya dado mucho a Ávila no quita para que esté expuesta a nuestras críticas y exigencias, que para eso, en parte, la financiamos. Nosotros por ahora hemos cumplido con nuestra parte con esos ocho millones de euros. Los premios, para cuando en vez de EREs, presente ofertas de trabajo.

Caza al bandido (por Luis Asiaín)

Tenemos la suerte de contar, por segunda vez en este blog, con la participación de Luis Asiaín. Y os recordamos a todos que podéis enviarnos vuestras colaboraciones. Aquí os decimos cómo.

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He aquí un relato que refleja la desesperación de los partidos políticos en el momento presente. Me siento tan ofendido que, dado el agravio, me acabo de servir una copa de vino y me dispongo a escribir sin filtro. Como si fuese un tertuliano de la TDT –hasta ese nivel estoy dispuesto a bajar–.

Al llegar a mi domicilio hace escasos diez minutos, me he topado con una carta en el buzón que me ha herido la sensibilidad de manera obscena; quizá herir es poco… me ha causado un intenso y profundo sentimiento de violencia. Ahora mismo, en caliente y si de mi dependiera, estallaría la tercera guerra mundial… y en esta ocasión los bandos no serían tan emblemáticos o cinematográficos como antaño. Organizaría una caza sin tregua en todos los países contendientes, movilizaría a los ejércitos, a las fuerzas de seguridad del estado, a los servicios de inteligencia, a los bomberos, a mercenarios, a presos y delincuentes comunes, a amas de casa, abuelas, vecinos, ciudadanos en general, todo ello para identificar y localizar con una precisión milimétrica dónde se encuentra el enemigo. Quizá sean pocos y cobardes, pero son un grupo de impúdicas y siniestras figuras instaladas en sitios que dañan al conjunto de la ciudadanía, al bien común. Son, manque les pese a muchos, un cáncer. Y el cáncer sólo se cura con quimio y radioterapia –de momento–, en el peor de los casos… hay que operar, amputar, mutilar, extirpar. Toda esa movilización para intentar ‘curar al paciente’. En todos los países, en todas partes, tal sería el alcance de mi tercera guerra mundial.

Las mentes más despreciables, menos empáticas, más hipócritas, más mentirosas, más criminales, más despóticas, más sádicas, más irresponsables, más cínicas, más miserables, menos solidarias, más egoístas, están instaladas sobre un redil de mansos terneros a los que poder ir pellizcando para solaz y divertimento del Olimpo. Angelitos… En general, a este grupo selecto le divierte el delinquir de almuerzo y corbata; son profesionales con… vocación de servicio público… ¡ja! Siempre y cuando eso de ‘servicio público’ lleve implícito una serie de derechos de privilegio por encima del común de los mortales, del populacho –hasta el móvil corre de nuestra cuenta–. En la base suelen quedar aquellos que no sirven para delinquir, no son lo suficientemente inteligentes o de verdad se creyeron el bucólico cuento que andan representando –pobres–. Por el embudo del poder solo van avanzando aquellos que son lo suficientemente corrosivos y miserables como para progresar en esa truculenta jerarquía hacia el infierno. No es la punta de una pirámide, no es una jerarquía hacia arriba… es un desagüe, un sumidero, un canalón hacia el inframundo, hacia una cloaca moral. En efecto, a eso lo llaman progresar dentro de sus propias estructuras. El imaginario colectivo ha interiorizado que ese progreso es hacia arriba, pero no lo es en ningún caso; su avance es hacia abajo, hacia el desagüe repito. De modo que al abrir la carta, esta fue la reflexión que irrumpió inmediatamente en mi mente. Por eso digo y repito, que de haber dependido de mi, aquí se habría montado la tercera guerra mundial.

Y es que están total y absolutamente desesperados, eso es lo que está pasando. La carta no tenía nada fuera de lo común: típica correspondencia anodina y automatizada del banco, un extracto bancario como tantos otros. No era una amenaza personal e intimidatoria, no era una carta de extorsión, de chantaje. Nada de eso. El susto vino al ver de qué se trataba: la cuota anual de 2013 de un partido político ¿CÓMO?… ¿QUÉ?… pasado por mi cuenta y a nombre de mi madre... ¿PERO QUÉ COJ…. ? Con una nota en el concepto que reza lo siguiente:

Para cualquier aclaración dirigirse con esta nota de adeudo a la entidad indicada, la cual ha facilitado esta información.

Como diciendo pío pío que yo no he sido, a mi que me registren. Profesionales.

Vaya… ¿la crisis quizá? ¿la estamos notando ya? Es totalmente comprensible, yo fui autónomo durante años y ni derecho a paro me quedó. Del último trabajo que he tenido me despidieron en  siete minutos –no quise hacer guardias por 1€/hora todos los días de 23:00 a 10:00, más la correspondiente jornada laboral durante el día– , también sin derecho a paro ni finiquito (en virtud a ese nuevo modelo de contrato de apoyo al emprendedor, donde a alguien se le olvidó introducir la clausula del derecho de pernada; supongo que ya para la próxima reforma la cosa quedará fetén).

Soy plenamente consciente de que perder el arropo y tranquilidad que da recibir un sobrecito al mes que complemente los ingresos de los señores y señoras en nómina complica las cosas, lo pone todo más difícil. ¡Y tanto maldita sea! Ya me hago cargo… lo entiendo en primera persona ya que la última vez que yo pude disfrutar de los ahora famosos gastos de representación fue en una polución nocturna que tuve durante un sueño en mi época adolescente. Me impactó tanto que aún hoy disfruto en diferido del recuerdo de aquella gloriosa intumescencia. Qué recuerdos. Ahora sé que en aquellos mismos años de mi adolescencia, había más gente disfrutando de esos maravillosos gastos de representación. Aunque en su caso no lo hacían en sueños, como un humilde servidor. Y de aquellos polvos estos lodos, ¿verdad? Cierto es que mis polvos eran oníricos –de ahí que esté en situación de ser despedido en cuestión de minutos, o que se me proponga amablemente guardias de 1€ la hora–; pero los hubo que no se movieron en el terreno de lo onírico… ayyy… ¡el señorío y la gallardía!

Pero es verdad qué demonios… la cosa está muy difícil y cualquier recurso es legítimo, ¿si lo fue en su día no lo va a ser ahora? Haber alimentado una burbuja flatulenta en nuestra economía puede que haya tenido alguna desventaja, pero a lo hecho pecho ¿A qué viene ese espíritu derrotista? Esa gente me pone nervioso. Hay que mirar hacia el futuro… siempre al futuro; que manía con querer revivir el pasado. Y eso sí, ante todo dignidad y como decía la tonadillera ‘Dientes, dientes… que es lo que les jode’ –por cierto, condenada por blanqueo de capitales; qué cosas–.

Yo imagino que los lectores que lean este escrito pensarán… madre mía la ventolera que le ha entrado a este tipo por un recibo mal pasado. ¡Devuélvase! Y que se pase por la cuenta correcta. Pues sí… qué demonios. Quizá también es verdad y me lo he tomado demasiado a pecho, o quizá es fruto del segundo vaso de vino que me va regando el gaznate mientras sigo escribiendo estas palabras. Pues es posible.

Claro… que también es posible que el hecho de que mi madre lleve muerta diez años puede haber intensificado un poco mi reacción. En fin, no sé… por aquello de que en diez años no se han pasado recibos de ningún tipo y ahora, de repente, se carga un recibo en mi cuenta personal de la cuota anual de un partido a nombre de una persona que falleció hace diez años. Ya no sé si es el efecto etílico o de veras soy una persona tendenciosa que distorsiona los hechos y la realidad para hacer daño innecesariamente. Por un momento me asaltaron los famosos casos de tesoreros delincuentes que tanto han dado que hablar… igual, a falta de un buen sistema de reparto, habrá que ir echando mano a las cuentas de los muertos. Vamos, que aunque después de diez años ya no quede ni rastro, por lo menos por intentarlo tampoco pasa nada. Luego es cuestión de escribir en el concepto:

Para cualquier aclaración dirigirse con esta nota de adeudo a la entidad indicada, la cual ha facilitado esta información.

Y aquí paz y después gloria. Desde luego que tendré una conversación con quién la tenga que tener para aclarar lo que haya que aclarar.

Pero no deja de ser paradójico que un partido pase una cuota anual por la cuenta del hijo de una fallecida hace una década y en nombre de ésta… a ver si cuela. ¿Me convierte esto en afiliado de pleno derecho? ¿tendré carnet? ¿y ese carnet me dará trabajo? ¿o debo además de afiliarme, atropellar a alguien en el extranjero, estafar, malversar o trajinar con fajos de billetes de 500 como el que vende paquetes de pañuelos de papel en los semáforos? A mi no me importaría dedicarme a la compraventa de Arte –que es como lo llaman ahora los… ‘emprendedores’– . Si hace falta, yo también puedo ser emprendedor y lo que sea menester. El panorama no es muy alentador y la verdad, para andar haciendo guardias a un euro la hora, entiendo que haya muchos que prefieran hacerse amigos de lo público y también de lo ajeno –y si lo ajeno está muerto, mejor aún–.

Intento hacerme la composición de lugar… imaginar qué resorte se ha debido articular para que una cosa tan pintoresca haya sucedido. Imagino la gestión milimétrica que tendrán que hacer los partidos ahora, cuyos afiliados huyen de ellos como el que huye de la peste bubónica; que las comisiones y mordidas brillan por su ausencia; que por mor de la reducción del déficit el personal ya no puede trincar con tanta alegría. En fin… no es para menos. Y es que a pesar de que un partido no viva de las cuotas de sus afiliados y sí de las subvenciones de dinero público… ¿Cuesta salir adelante verdad? Cuesta incluso cuando tienes que estar al día con Hacienda –sin amnistías– y ese tipo de cosas; cuesta cuando no te queda nada; cuesta cuando vas perdiendo derechos; cuesta cuando declaras aquí lo poco que tienes y no en Suiza. Cuesta. Si encima van y te domicilian en la cuenta las supuestas cuotas anuales de tu madre –fallecida para más señas–, pues eso… que se te hace cuesta arriba el día. Un poco nada más. Y que conste que no se trata del importe adeudado, que por poco que sea… es, nos pongamos como nos pongamos… obsceno. Como obscena es la impunidad de las anquilosadas estructuras de poder de este país.

Que nadie me malinterprete, que el vino no ha llegado aún a entorpecer mi juicio –todo se andará–, pero aquí está claro que se cazó al tesorero de un partido, pero el que piense que estamos ante un problema exclusivo de una parte… va listo. No sé qué hace este recibo de mi madre abonado en mi cuenta, pero no me extrañaría que lo mismo estuviese sucediendo con recibos de otros partidos. Y es que en el fondo eso es lo que está pasando… están desesperados… pienso disfrutar viéndolos caer a todos. Nadie me quitará ese placer. La visión políticamente correcta de: ‘a pesar de sus errores son lo poco que tenemos, ha costado mucho esfuerzo conseguir lo que tenemos’ y bla, bla, bla… Y si tanto costó conseguir lo que tenemos: ¿no se lo están cargando con inusitada facilidad e impunidad?

Yo, de momento, tengo un recibo que devolver y un vaso de vino que terminar.

Poco más se puede añadir a semejante despropósito. Así va el país.

Sin más asunto…

Josefina Carabias, por M.A. Hernández (2 de 2)

…Viene de aquí.

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En aquella frustrada Segunda República se produjo un hito muy importante en la lucha por la igualdad: las mujeres lograron el derecho al voto por primera vez en las elecciones locales celebradas el 23 de abril de 1936. Un día antes Estampa publica un largo artículo de Josefina Carabias titulado ¡Mujeres, a votar!”.

Llevó a cabo eso que se conoce como “periodismo de inmersión” y se hizo pasar por camarera de habitación en el Hotel Palace de Madrid, donde trabajó durante una semana con el nombre ficticio de Carmen de la Peña, sin que nadie sospechara que en realidad estaba escribiendo un reportaje que se publicó en cuatro entregas con el título “Ocho días en un hotel de Madrid”. Era tal la popularidad que alcanzaron sus reportajes que se anunciaban a bombo y platillo.

Pero esta prometedora carrera quedó truncada por la Guerra Civil. En 1936 Josefina estaba en lo más alto de su carrera. Tenía 28 años y llevaba seis saliendo con un joven prometedor, José Rico Godoy. Decidieron casarse. Y lo hicieron el 15 de abril de 1936. Una foto de su boda aparece días después en Estampa.

Tres meses después se produce el golpe de Estado contra la República y comienza la Guerra Civil. En septiembre aparece en la prensa su nombramiento como redactora-jefe del informativo radiofónico “La Palabra”.  

En noviembre, los recién casados, conocidos por su adhesión a la República, huyen a Alicante y de allí a Francia, para no verse envueltos en la contienda. En París viven Pepe y Pepita, hasta abril de 1939.

El 1 de abril de ese año, el General Franco firma el famoso último parte de guerra. La contienda ha terminado. Comienza la dictadura. Pepe Rico Godoy decide volver a España, confiando en no tener problemas al no haber participado en la guerra. Pero se equivoca. Es detenido en Burgos, días después de cruzar la frontera, y es llevado a la cárcel.

Josefina Carabias se queda sola en París. Sola y embarazada. Mientras su marido es un preso político en España, ella da a luz a una niña y la llama Carmen, en honor a su propia madre, a la que hace ya cuatro años que no ve. Carmen Rico Carabias o, como ella firmará en un futuro, Carmen Rico-Godoy, nace en agosto de 1939. Un mes después, Alemania invade Polonia. Ha comenzado la Segunda Guerra Mundial.

Ella, que no había pasado las penurias de la Guerra Civil, sí sufrió las de la Segunda Guerra Mundial. Al llegar a España escribe un libro titulado “Los alemanes en Francia vistos por una española” en el que recoge parte de lo vivido. Y lo hace como solía escribir sus crónicas, con sencillez y con un sentido del humor que no logra esconder la crítica ante la sinrazón de la guerra. Cuando los alemanes ocupan París, huye de la capital hacia el sur, cerca de la frontera con España.

Nadie quiere darle alojamiento y las autoridades locales no le quieren renovar la cartilla de racionamiento. Ante la falta de ayuda acude al comandante alemán que tiene el mando en aquella plaza y consigue una habitación y comida para su hija. Paradójicamente recibe ayuda de los alemanes que ven a España como un aliado político

Consigue alojamiento en un hotel ocupado por el ejército alemán y en el que guardaban reposo los oficiales que volvían del frente del Este. Su hija, Carmen Rico Godoy, contará años después, en el prólogo de la reedición de ese libro,  que aquellos soldados la adoptaron como mascota. Le cantaban canciones y le regalaban chocolate.

Allí permanecen ambas hasta 1943. José Rico, sale de la cárcel y Pepita deja la Francia todavía ocupada y vuelve a Madrid para reencontrarse con él. Entonces, con cuatro años, Carmen Rico Godoy conoce a su padre.

Josefina Carabias llegó a la España de la posguerra para encontrar un país muy distinto del que describía en sus artículos hacía solo diez años. Tenía un pasado pro República y progresista que no sería bien visto en la Nueva España, esa que instauró Franco. Así que firma ese primer libro sobre la ocupación de Francia por los alemanes con un pseudónimo, Carmen Moreno. Y lo dedica a su hija, Carmencita, coprotagonista del relato.

José y Josefina tenían que empezar de nuevo. Él estudia Ciencias Económicas. Ella tiene a su segunda hija, Mercedes. Y por fin, en 1948, vuelve a trabajar en un medio de comunicación, un periódico vespertino, Informaciones, pero como secretaria del director. Escribe sin firmar.

Pero pronto eso cambia. Gracias a su tesón, trabajo y talento, a mediados de los cincuenta ya era de nuevo una periodista reconocida dentro y fuera de la profesión.  En 1952 le conceden el Premio Luca de Tena,  que entregaba el diario ABC, en reconocimiento a un artículo publicado el año anterior en “Informaciones” y titulado “El congreso se divierte”.

A los 46 años rompe otra barrera y se convierte en la primera mujer que trabaja como corresponsal en el extranjero. Cuentan sus hijas que tres grandes diarios Informaciones de Madrid, El Noticiero Universal de Barcelona y La Gaceta del Norte de Bilbao se unen para enviarle a Washington. Le pagaban 1.000 dólares, de los de entonces, al mes. Un sueldo que sus propias hijas califican de “insólito”. Se traslada a Estados Unidos y con ella van su marido y sus hijas. No debía ser muy común entonces que el hombre se adaptara a la vida laboral de la mujer. Allí está cuatro años pero no termina de gustarle. Después será corresponsal en París durante ocho años.

Vuelve a Madrid y en los años 70 comenta la transición política y social que vive España con una columna que publica el diario Ya bajo el título “Escribe Josefina Carabias” y que aparece también en al menos una decena de periódicos de provincias.  En 1979 decide dejar de escribir un artículo diario. Pero no colgar la pluma. Escribe una biografía de Azaña titulada “Los que le llamábamos don Manuel” y, según sus hijas, habla de trabajar en  sus memorias. Murió unos meses después, en septiembre de 1980.

En 2008, en el centenario de su nacimiento, se le rindió homenaje en su pueblo, Arenas de San Pedro. El centro cultural lleva su nombre. Pero ella es casi una desconocida para la memoria colectiva de esta provincia. Cambiemos eso.

Mª Ángeles Hernández.

Josefina Carabias, por M.A. Hernández (1 de 2)

Tenemos el honor de contar con la colaboración de la periodista Mª Ángeles Hernández . Su artículo, dividido en dos entradas (hoy y mañana), se centra en la figura de la abulense Josefina Carabias, una precursora del periodismo y de la lucha por la igualdad en nuestro país. De ella y de su intensa vida habló Hernández en su reciente participación en el Foro Guiomar de Ulloa.

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La primera vez que oí su nombre fue cuando murió su hija, la periodista Carmen Rico Godoy.  Ocurrió en septiembre de 2001. Supe entonces que Josefina Carabias, nacida en Arenas de San Pedro, había sido una de las primeras periodistas españolas. Siendo abulense y periodista sentí cierta desazón al darme cuenta de mi ignorancia. Después he comprobado  que, si bien el nombre de Josefina Carabias es conocido para quienes tienen cierta edad y pudieron leer su trabajo impreso, es una desconocida para las generaciones posteriores a la Transición. Una desconocida incluso entre quienes ejercemos su misma profesión.

He intentado enmendarme. Y la desazón que sentí entonces se ha convertido en  verdadero bochorno a medida que descubría la biografía de esta extraordinaria mujer.  Este breve trabajo quiere ser un homenaje a una pionera que con tesón e inteligencia rompió las reglas para ser lo que quería ser, en un tiempo en el que muchos caminos estaban vedados a las mujeres.

Nació en Arenas de San Pedro en 1908 y murió en Madrid en 1980, a los 72 años. Es decir, nació en los primeros años de reinado de Alfonso XIII y murió  a tiempo para ver la transición política, y a un paisano, Adolfo Suárez, al frente de un gobierno democrático. Fue testigo de excepción de casi todos los avatares del convulso siglo XX: la II República, la Guerra Civil, la II Guerra Mundial, la posguerra en España, la Guerra Fría, los prolegómenos del Mayo del 68 en París y, finalmente, la Transición española.

Era la segunda de los siete hijos de una familia de agricultores y ganaderos de un pueblecito de Ávila. Siendo muy joven se trasladó a Madrid a estudiar y allí se licenció en derecho en 1930, a los 22 años.

Y aquí está la primera gran pregunta. ¿Cómo pudo hacer tal cosa?

Para situarnos sobre lo excepcional del caso he consultado algunas estadísticas. En el curso 1929-1930  había sólo 86 mujeres estudiando la carrera de derecho, no ya en Madrid, sino sumando todas las universidades españolas. Teniendo en cuenta que había nacido en una familia numerosa, de origen relativamente humilde, en el ámbito rural… ¿cómo había terminado convertida en universitaria?

Su hija, la periodista Carmen Rico Godoy, relata que su abuelo era un pequeño terrateniente y ganadero. Josefina era una niña muy lista y muy curiosa que aprendió a leer y escribir muy pronto. Terminó la enseñanza primaria pero no pudo empezar el bachillerato porque el colegio, recién abierto en Arenas, era para chicos. No se dio por vencida. Con la ayuda de un primo, que le dejaba los libros y le daba clases a escondidas, estudió el primer curso de Bachillerato sin que lo supiera su familia. Al segundo, los padres se rindieron a lo inevitable y la enviaron a Madrid, para que se examinara. Después quiso estudiar Derecho.

Se instaló en Madrid en 1926 y se dio cuenta de lo pequeño que se le había quedado su pueblo. Vivía en la Residencia de Estudiantes de María de Maeztu. Frecuentaba el Ateneo, el lugar en el que se reunían los intelectuales de la época y allí tomó contacto con escritores y políticos.

Un día, un primo segundo, que dirigía una revista de actualidad recién creada que se  llamaba “Estampa” le encargó un escrito sobre las mujeres en la universidad. Y así, por casualidad y de rondón, comenzó su carrera periodística a los 22 años. Y se convirtió en una de las primeras, si no la primera, periodista en España. No es que no hubiera mujeres que antes que ella firmaran artículos pero eran sobre una temática considerada “femenina” y no vivían de ello. Había también escritoras e intelectuales que de vez en cuando publicaban en revistas y diarios. Pero Josefina hizo del periodismo su profesión, y tras pasar por “Estampa”, en 1932, con 24 años comenzó a trabajar en el diario La Voz, como una redactora más. Fue la primera mujer que hizo información política y parlamentaria.

En Madrid ya era famosa a los 24 años. En una ciudad con un millón de habitantes, la Revista “Estampa” tenía una tirada de 200.000 ejemplares. Una barbaridad. Era una “revista ilustrada” utilizaba la técnica del huecograbado. Era barata y de gran formato. Costaba 30 céntimos, mientras que algunas de sus competidoras llegaban a costar 1 peseta. Así que en seguida fue una publicación popular. Y también quienes escribían en ella eran populares ya que el periodista se convertía a veces en protagonista, y aparecía posando con los entrevistados en muchas de esas fotografías que ilustraban los artículos. Incluso en portada, tal y como demuestra este ejemplar de “Estampa” en el que Josefina Carabias aparece flanqueada por dos guardias republicanos. Así que no sólo su nombre, sino también su cara,  eran reconocidos por los lectores.

Tenemos que pensar que entonces la prensa era el único medio de  información. La radio estaba en pañales. En 1924 había iniciado su andadura Unión Radio, el embrión de lo que hoy es la Cadena Ser. Unión Radio Madrid fue inaugurada en 1925 por el rey Alfonso XIII. En otras ciudades nacían también emisoras de radio, y algunas comenzaron a asociarse. Unión Radio Madrid puso en marcha el primer informativo radiofónico en 1930. Se llamó “La Palabra”. Duraba 20 minutos. Y en la redacción entró a trabajar Josefina. No he podido averiguar cuanto tiempo estuvo en aquel “diario hablado”. Sólo he encontrado una nota en un periódico de septiembre de 1936 en la que se recoge su nombramiento como redactor-jefe de La Palabra. Cargo que apenas ejerció ya que dos meses después huía a Francia.

Nada queda de su paso por ese informativo. Ahora, en la época en la que todo se graba, se descarga vía internet, se reproduce en múltiples formatos, es difícil imaginar cómo se hacía la radio en aquellos primeros años. Las pocas grabaciones que se hacían entonces se realizaban en discos de pizarra. Eran los antecesores del disco de vinilo, esos que, aunque muchos no lo crean hoy, eran habitualmente utilizados en la radio hasta hace tan sólo 20 años, cuando yo empecé en lo que entonces era Antena 3 y hoy es Ser Ávila. Así que en los primeros años de la radio sólo se grababan conciertos, discursos y cosas muy especiales. Y se conservan muy pocas grabaciones de esa época.

Pero volvamos a 1931. España abre una nueva etapa bajo un nuevo régimen político. La República. Una época fascinante para ejercer el periodismo. Y allí está Josefina, joven, inteligente, progresista, escribiendo desde el mismo centro  del cambio político y social que se estaba produciendo en el país. La joven periodista era asidua del Ateneo. Trataba con todos los políticos e intelectuales de su época. Y allí conoció a quien años después sería su marido, el joven abogado republicano José Rico Godoy.

En 1997 se editó una pequeña recopilación de algunos de los artículos que escribió en esa primera época. Todos enganchan por su lenguaje claro, directo…y sobre todo por su sentido del humor. Las mujeres fueron protagonistas de su pluma en más de una ocasión en esos años en los que estaban conquistando a marchas forzadas facetas de la vida pública que les habían estado vedadas hasta entonces. Mujeres conocidas y mujeres anónimas. Transcribo aquí el inicio de un artículo de aquella primera época que se titula “Lo que podrán ser las mujeres”:

“Desde los tiempos más remotos hasta finales del siglo XIX, la Humanidad femenina se dividía en dos grandes grupos, a saber:

1º Mujeres que se casaban

2º Mujeres que se quedaban solteras.

Las que por su desgracia pertenecían a este último grupo, recibían la denominación de “solteronas” y sus soluciones eran las siguientes:

SOLUCIÓN A: Meterse monjas.

SOLUCIÓN B: Poner un estanco.

Todo esto podían hacer, o al menos intentar, las mujeres. Tampoco estaba mal visto que se dedicaran a la literatura, en su casa, naturalmente. Mas si examinamos detenidamente la cuestión, veremos que sólo una mujer entre cada veinte o treinta millones de ellas elegía ese camino. No faltaban tampoco las que se dedicaban al arte (comediantas, bailarinas y similares). Estas eran excluidas de la buena sociedad.

Y, por último, también podían las mujeres ser reinas, pero hay que decir que se les presentaban muy pocas ocasiones.

Las únicas salidas claras que tenía la mujer eran, por tanto, las tres indicadas. El matrimonio, el estanco y el convento.

Pero he aquí que, hacia el año 1850, una mujer tuvo la ocurrencia de estudiar la carrera de Medicina…

El origen de la Comunidad Autónoma de Castilla y León (Parte III)

Y llegó el final. Os traemos la tercera parte de El origen de la Comunidad Autónoma de Castilla y León cortesía de Blasco Jimeno. Tercera colaboración de este abulense que ya nos dejó hace algún tiempo la primera y la segunda parte. Muchísimas gracias por las tres aportaciones y por el trabajo que has realizado. Para los demás, ya sabéis… En esta página encontraréis información sobre cómo colaborar con nosotros.

El origen de la Comunidad Autónoma de Castilla y León (Parte III)

abril1980

Los antiguos reinos de Castilla y León han mantenido a lo largo de los siglos
una identidad histórica y cultural claramente definida dentro de la plural unidad
de España. Al ejercer por abrumadora mayoría de sus instituciones representativas
provinciales y locales, el derecho a su Autonomía, en los términos que establece
la Constitución española, el pueblo castellano-leonés ha expresado su voluntad
política de organizarse en Comunidad Autónoma, reanudando así aquella identidad.
Estatuto de Autonomía de Castilla y León, 1983.

1979 y en octubre para más señas, las envidias y anhelos de unos pocos estaban a punto de acabar con el deseo de intelectuales, empresarios y demás regionalistas de conseguir una Comunidad Autónoma Castellanoleonesa robusta dentro de España. Una Castilla y León tan fuerte, que en las futuras negociaciones fuese capaz de conseguir las mismas inversiones para la tierra que los nacionalismos periféricos para sus regiones. Una Castilla y León dispuesta a sacudirse de encima sus tradicionales problemas: despoblación, subdesarrollo, etc.

La Constitución prescribía que la mayor parte de los ayuntamientos de cada provincia de la futura comunidad autónoma se pronunciase favorablemente para su inclusión. Y, además, daba un plazo de seis meses desde que el primer ayuntamiento se pronunciase para que los demás lo hiciesen. Pues bien, el plazo para Castilla y León acababa el 25 de abril, y con esa fecha como referencia, comenzaron las negociaciones de la UCD para que el PSOE regresase al Consejo. Estas negociaciones se centraron en el papel de las diputaciones, la representación provincial igualitaria o la vía de acceso a la autonomía, bien por el artículo 143 o por el 151. Parece mentira, pero esas discusiones, que se llevaron a cabo en una decena de reuniones, fueron clave para gestar la Comunidad Autónoma que hoy conocemos. Gracias a que se renunció a la idea de una mancomunidad de provincias (como se constituyó Castilla – La Mancha) y se consiguieron unos puntos de acuerdo en el resto de asuntos (uno de los más significativos fue el uso del artículo 143 para alcanzar la autonomía, para disgusto de los regionalistas, que pensaban que un referéndum ayudaría a crear una conciencia castellanoleonesa) el PSOE dio el OK para seguir con el proceso.

Sin embargo, el pobre proceso autonómico sufrió un nuevo golpe antes de acabar el año, aunque esta vez por el otro costado. En diciembre, el presidente del Consejo General, Reol Tejada, aceptó un puesto político en Madrid como secretario general de política territorial de la UCD. Este cargo era incompatible con su liderazgo de la autonomía, debido a la dedicación que exigían ambos puestos. En los mentideros políticos se comentaba cómo las decepciones que había sufrido Reol en los meses anteriores (el abandono del PSOE, las tensiones con las diferentes provincias y la actitud de la UCD segoviana) habían pesado en la decisión, que llevó a su dimisión como presidente en el mes de marzo. Sin embargo, para no dejar su trabajo sin terminar, con las votaciones locales en marcha (la mayor parte de los ayuntamientos de Ávila y Palencia ya se habían pronunciado, pero faltaban el resto de provincias) hasta el mes de julio no es sustituido.

El tiempo siguió inexorable su curso y pocos días antes de que acabase el plazo sólo siete provincias habían aceptado entrar en la nueva Comunidad Autónoma: Ávila, Burgos, Palencia, Salamanca, Soria, Valladolid y Zamora. La inmensa mayoría de los ayuntamientos de León aún no había tomado una decisión. Aquí es cuando entra en escena Rodolfo Martín Villa, cuya biografía os invito a consultar en Wikipedia  (link aquí http://es.wikipedia.org/wiki/Rodolfo_Mart%C3%ADn_Villa), porque desde los años 60 no ha dejado de estar en todos los fregados políticos,  con Franco o con la Democracia. De hecho, hoy día sigue en el candelero: hace unas semanas, fue nombrado consejero del famoso banco malo SAREB.
En abril de 1980 Martín Villa era Presidente de la Comisión de Autonomías de la UCD, líder del partido en la provincia de León y su nombre sonaba como futuro ministro de Administración Territorial (cuatro meses más tarde se cumplieron los rumores). Tanto dentro del partido como en las cortes de Madrid, Martín Villa había sido el principal defensor de una política racional para crear nuevas autonomías, estando totalmente en contra de las comunidades autónomas uniprovinciales y en consecuencia, desde su puesto de Presidente provincial del partido presionó a todos los concejales centristas (especialmente en la capital y en Ponferrada) para que votasen a favor de la incorporación. Desde el punto de vista nacional, a la UCD le interesaba que León estuviese junto a Castilla porque, tal y como estaban saliendo las cosas, con las victorias nacionalistas en País Vasco y Cataluña, era necesario crear una Comunidad fuerte, de centro-derecha, y de carácter español. Y, desde el punto de vista regional, la UCD vio la oportunidad de complacer al PSOE (y a otros partidos, como el comunista), que defendían la unión de la provincia a Castilla. Así, tras varias negociaciones, el PSOE y la UCD de León llegaron a un acuerdo para que sus concejales votasen a favor de la integración, y en los últimos 9 días permitidos (entre el 16 de abril y el 25 de abril) la provincia leonesa cumplió los requisitos constitucionales para entrar en Castilla y León.

Una vez superada la encrucijada, con los políticos de la región un pelín más relajados, en julio se renovó otra vez el Consejo General al que se reincorporaron representantes de León y en el que no había segovianos que, para quienes no se han leído las dos primeras partes de este texto (¡muy mal!) recordamos que la provincia de Segovia había comenzado el proceso para convertirse en una Comunidad Autónoma uniprovincial. También se eligió un nuevo presidente para sustituir a Reol Tejada: José Manuel García-Verdugo, del partido con más representantes en el Consejo, la UCD. Entre las funciones del nuevo Consejo, se incluía la redacción del primer (y anhelado) Estatuto de Autonomía de la región. Sin embargo, lo que ocurrió en España en los meses siguientes, incidió profundamente en la escritura de la nueva norma.

Nos encontramos a finales de 1980 – principios de 1981, con una España sumida en la segunda crisis del petróleo, con una gran inflación, paro y fuga de capitales, políticamente descentrada por el proceso autonómico, la violencia de ETA y los GRAPO, el descontento militar y sindical. En este ambiente y bajo la presión de su propio partido, también en crisis, nuestro paisano, Adolfo Suárez, dimite el 29 de enero de 1981. Leopoldo Calvo Sotelo es el encargado de formar nuevo gobierno, pero en su primera votación no obtiene la confianza del congreso. En el segundo intento, algo se lo impide:

Aunque ahora recordamos el 23F como un hecho aislado, una anécdota del tipo de las de “que hacías tú el…”, la influencia del golpe de estado en la política territorial fue tremenda. Tras la “iniciativa” del Teniente Coronel Tejero se escondía el miedo de los militares a una ruptura de España entre tanto lío de Lehendakaris, referendums regionales y demás pamplinas. Explícale tú a un militar de los de toda la vida y carrera franquista, que España ya no es Una. Los políticos, mientras estaban debajo de sus escaños, captaron el descontento del ejército con el proceso autonómico y se propusieron acabar con él y con sus desmanes, haciendo que con su fallido golpe de estado, los militares de ideas más rancias, en cierta forma, triunfaran. Sólo una semana después de su nombramiento, el nuevo presidente Calvo Sotelo encargó a un abogado cántabro, Eduardo García de Enterría, que dirigiese una comisión de expertos para analizar la situación de los procesos autonómicos y encontrara la forma más sencilla de concluirlos. Las conclusiones de esta comisión se recogieron en el denominado “Informe Enterría”, que recomendaba eliminar la mayor parte de las iniciativas autonómicas uniprovinciales por medio del artículo 144 de la Constitución, que daba poder a las Cortes Generales para sustituir la iniciativa de las Corporaciones Locales a la hora de pedir la integración en una Comunidad Autónoma.

Tanto la UCD, partido en el gobierno, como el PSOE, principal partido de la oposición, estuvieron de acuerdo con el Informe y, en una reunión en La Moncloa entre Calvo Sotelo y Felipe González , el 31 de julio de 1981, lo pusieron en práctica, cerrando el mapa autonómico de España. Los denominados “Acuerdos Autonómicos” que salieron de la reunión establecieron un mapa de diecisiete autonomías y dos ciudades autónomas, Ceuta y Melilla, y donde Castilla y León se compondría de 9 provincias, incluyendo  León y Segovia y dejando que Logroño y Santander formasen La Rioja y Cantabria, respectivamente. Desde el punto de vista ejecutivo, los Acuerdos Autonómicos obligaron a las Comunidades Autónomas que no habían terminado su proceso fundacional a seguir el artículo 143. Es decir que, salvo Cataluña y el País Vasco, que habían aprobado sus estatutos en 1979 y Galicia que había ratificado el suyo en 1981 (con el truco que vimos en la parte anterior para saltarse los requisitos del artículo 151), las demás regiones deberían contentarse con un nivel de competencias inferior.
Pese a las reticencias de la UCD, se respetó que Andalucía siguiese la vía del artículo 151, puesto que ya había celebrado su referéndum (con alguna trampa en el recuento) en 1980. Por supuesto, las regiones con los políticos más tenaces (Navarra, Canarias y Valencia) consiguieron procesos específicos y alcanzaron desde el primer momento la plena autonomía.

Volviendo a la esfera regional, que la UCD y el PSOE pactasen en Madrid, no significaba que en Castilla y León fuesen de la mano. Y de hecho, el 22 de junio de 1981 el texto base del Estatuto de Autonomía se aprobó sin el apoyo del PSOE. Este proyecto, ahora 30 años más tarde, nos parece de política ficción. En él se elegía Tordesillas como la capital de Castilla y León, las Diputaciones Provinciales tenían más poder que las Cortes Regionales y en el sistema electoral las provincias menos pobladas (y menos izquierdosas) tendrían más representación.

Pero la crisis de la UCD impidió la tramitación de este proyecto de Estatuto que hubiese creado una Castilla y León totalmente diferente. En el ámbito nacional los problemas de la UCD pasaban por la dimisión de ministros, las tensiones de las sedes regionales, la mala situación económica y la crisis del aceite de colza que había difundido la corrupción generalizada dentro del partido, mientras que en la UCD de Castilla y León  el proceso autonómico segoviano era otra fuente de tensión. Mientras el Consejo seguía con la negociación del traspaso de competencias, la UCD se rompió. El 29 de julio de 1982, Adolfo Suárez formó un nuevo partido, el Centro Democrático y Social. Ante ese panorama, Calvo Sotelo decidió convocar elecciones para el 28 de octubre de 1982.

Hay gente que dice que con la victoria del PSOE en dichas elecciones la Transición se pudo dar por acabada. Sin embargo, en nuestra región aún nos quedaba camino que recorrer. La derrota de la UCD fue estrepitosa: perdió 155 escaños y Alianza Popular, el partido político de Manuel Fraga, recogió el voto de centro derecha, convirtiéndose en el principal partido de la oposición. En Castilla y León, el resultado de las elecciones, PSOE: 18 diputados, AP: 13 diputados, UCD: 3 diputados, CDS: 1 diputado (por Ávila, of course), obligó a cambiar el Consejo General, puesto que hasta el propio Presidente García-Verdugo no había conseguido acta de diputado (no obstante, repitió como presidente gracias a un chanchullo negociado con AP). En la renovación, la UCD conservó la mayoría, dado que los representantes en el Consejo por parte de las diputaciones no cambiaban y todos eran centristas. Sin embargo, perdió la mayoría absoluta, lo que obligó a negociar un Estatuto de consenso.

enero1983

La irrupción de Alianza Popular, un partido que no había suscrito los Pactos Autonómicos y cuyas declaraciones hasta la fecha eran en contra de la autonomía, propició las últimas tensiones territoriales, quizás motivadas por la proximidad de elecciones locales. Por un lado, la provincia de Burgos, encabezada por el Ayuntamiento de Villadiego, pidió la secesión agraviada por la pérdida de la capitalidad en favor de Valladolid (se podría decir que querían tomar las de Villadiego :P ) y por otro lado, León, donde a pesar de que la UCD no había perdido tantos votos en esa provincia, varios alcaldes (entre ellos el de León capital y Ponferrada) y el gobierno de la Diputación se echaron atrás y comenzaron a pedir la secesión y el comienzo de un proceso autonómico uniprovincial.

El problema burgalés fue más sencillo de solucionar, ya que el Presidente de la Diputación, Francisco Montoya, no secundaba las tesis secesionistas de algunos de sus ayuntamientos. El 21 de enero de 1983, el presidente del Consejo, García-Verdugo, escribió una carta a los ayuntamientos de Burgos en los que defendió la necesidad de una Castilla y León fuerte para la defensa de España y de la región en España. Después de su carta, muchos ayuntamientos recularon y trasladaron todas sus energías a pedir simplemente la capitalidad. He aquí la razón por la que Castilla y León no tiene oficialmente capital. Las negociaciones de los redactores del Estatuto con los burgaleses (y con los representantes de otras ciudades candidatas) hicieron que en el texto fundacional se indicase que la capital se elegiría posteriormente en otra ley. No hace falta que os diga que treinta años después esa ley aún no existe, aunque todos sabemos cual es la capital de facto de la región. De aquellas negociaciones, Burgos no se fue con las manos vacías, y  consiguió ser nombrada sede del Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León.

El asunto leonés era mucho más áspero. Las encuestas mostraban que una ligera mayoría de leoneses preferían la opción uniprovincial  y Rodolfo Martín-Villa, que había sido el responsable de la integración de León en el proceso autonómico, había dimitido como diputado tras su fracaso en la contención de los miembros secesionistas de su partido. El día 29 de enero de 1983 se organizó una manifestación bajo el título “León sin Castilla” que tuvo bastante éxito (los presentes coreaban eslóganes como “un bote, dos botes, castellano el que no bote” y “León sin Castilla, una maravilla”). Inmediatamente después de la concentración, Alianza popular presentó una enmienda a la totalidad al proyecto de Estatuto en la comisión Constitucional, que propició un intenso debate en la Cámara. Por un lado, se discutió sobre las razones políticas, demográficas y legales que existían para proponer una comunidad autónoma leonesa y, por otro, se deliberó sobre si la legislación permitía a provincia echarse atrás una vez que se había apuntado a un proceso autonómico. Las conclusiones de este debate hicieron que Alianza Popular se quedase sola en su defensa del leonesismo y, tras sendas votaciones en el Congreso y en el Senado, se decidió rechazar la enmienda a la totalidad de AP y la provincia de León se quedó definitivamente integrada en Castilla y León.

cuellarTodo esto ocurrió un par de semanas antes de la aprobación del Estatuto en las Cortes. Pero aún quedaba un fleco suelto: la integración de Segovia.
Desde la retirada de Modesto Fraile y los diputados segovianos de la Consejo General de Castilla y León, en Segovia había comenzado un movimiento para formar su propia autonomía. La opinión pública española pensaba que se trataba de un caso flagrante de caciquismo exacerbado por parte de Modesto Fraile y la cúpula de la UCD segoviana. Las llamadas al orden por parte de la UCD nacional y la UCD regional no habían funcionado y la Diputación segoviana, a partir de tres informes, uno histórico, otro legal y otro socioeconómico (el histórico era un informe anónimo) decidió el 31 de julio de 1981 comenzar su proceso autonómico uniprovincial.
Todos los ayuntamientos pequeños de la UCD se mostraron a favor de la autonomía segoviana, trece ayuntamientos del PSOE y uno independiente votaron en contra. Segovia capital en un pleno histórico se posicionó en contra del proceso autonómico, empatando el marcador. Así pues, todo quedaba en manos de Cuéllar, la segunda población más grande de la provincia, que en la prórroga tenía que decidir el partido entre una Segovia independiente o una Segovia sin comunidad autónoma a la que las cortes integrarían en Castilla y León. Para darle más emoción, como si fuese la final de un mundial, resulta que Cuéllar era el pueblo natal de Modesto Fraile, era el lugar donde ejercía como concejal el Presidente de la Diputación, el secesionista Rafael de las Heras, y, por si fuera poco, el Ayuntamiento contaba con mayoría absoluta de la UCD.
Todas estas circunstancias hacían probable la victoria del uniprovincialismo. Sin embargo, había un factor que no se había tenido en cuenta hasta el momento y es que los habitantes del pueblo estaban totalmente a favor de integrarse en Castilla y León. Se constituyeron en el “Colectivo Cuellarano pro-Castilla y León”, y organizaron manifestaciones a favor de la integración de Segovia en la Comunidad Autónoma.

En una primera votación, el día 7 de octubre de 1981, Cuéllar decidió apoyar la vía uniprovincial por 7 votos a 6. El escándalo en la sala, repleta de vecinos, fue mayúsculo y los concejales no pudieron salir del Ayuntamiento hasta las 3 de la madrugada. El Partido Socialista impugnó el acuerdo y el Ayuntamiento, presionado por sus ciudadanos, decidió reconsiderar su decisión y realizar una nueva votación el día 3 de diciembre de 1981 en la que ganó el no a una Segovia independiente por 7 votos contra 6. La diputación de Segovia recurrió de nuevo la votación de Cuéllar, pero la crisis de la UCD primero, la victoria del PSOE después y la poca pasión de las Cortes Generales por conceder la autonomía a los segovianos después de los Acuerdos Autonómicos y el Informe Enterría evitaron que la decisión de Cuéllar cambiase. Días después Modesto Fraile abandonó la UCD y pasó al grupo mixto. El fracaso de Segovia la convirtió en la única provincia (junto con Ceuta y Melilla) que dependía del Estado Central. A finales de 1982 comenzaron los movimientos para aplicar el artículo 144.c a la provincia e incluirla en Castilla y León. Sabiendo que esa Ley se iba a aprobar, el Estatuto de Castilla y León pasó los últimos trámites y fue sancionado el 25 de febrero por el Rey. Cuatro días más tarde las cortes aprobaban la ley por la cual Segovia se incorporaba a Castilla y León, concluyendo así el proceso autonómico y naciendo la Castilla y León actual. La Castilla y León que todos conocemos y tras treinta años, nos parece que ha estado ahí toda la vida.

marzo1983

Fuentes:
Fuerzas políticas en el proceso autonómico de Castilla y León. Mariano González Clavero. Tesis doctoral. UVa, 2002
XXV años de autonomía en Castilla y León. Pablo Pérez López, José-Vidal Pelaz López, Mariano González Clavero. Cortes de Castilla y León, 2008.
El regionalismo en Castilla y León. Julio Valdeón Baruque. Universidad de Valladolid
Cuando Segovia pudo ser una comunidad autónoma (1978-1983) http://foroscastilla.org/foros/index.php?topic=15734.0

Papá, ¿por qué somos del Barça?

Contamos en ‘Los 4 Palos’ con una nueva colaboración, en esta ocasión de un “culé” de sentimiento como es Miguel Díaz Herrero, quien analiza en el siguiente texto la relación entre fútbol y política. Y, ya que estamos, os recordamos a todos que podéis enviarnos vuestras aportaciones cuando gustéis. 

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Permitidme parafrasear aquel anuncio en el que un niño le preguntaba a su padre colchonero por qué, entre tantas opciones como hay, habían elegido sufrir. Al fin y al cabo, el Atleti es mi equipo favorito de la ciudad que me ha acogido. Siempre me he sentido muy a gusto cuando he ido al Calderón. Tiene el aficionado atlético una campechanía que nunca percibí en sus más altaneros vecinos (ganar influye, claro). Amén de una fidelidad y una resistencia ante la desdicha que no aguantaría ni Charles Ingalls, el padre buenazo de “La casa de la pradera”.

Supongo que algún día tendré hijos. Y viendo hasta qué extremo la política (que, lamentablemente, siempre estuvo ahí) está impregnando de mierda el mayor entretenimiento del planeta, el de todos, quizá tenga que explicarles por qué me hice de un club que ha llegado a celebrar en algunos partidos simbólicos plebiscitos independentistas.

Aunque muchos bobos lo consideren una moda, producto de la era más gloriosa que ha vivido el club, yo he sido culé hasta con Gaspart. Todo empezó con cuatro o cinco años. Abriendo y cerrando los cajones de un armario, ese eterno pasatiempo infantil, me encontré con un viejo uniforme Meyba, con las tres franjas azules y granates Ese mismo año llegaba al Barça Gary Lineker, el elegante delantero inglés que nunca fue expulsado en toda su carrera, y que me hizo ir con Inglaterra en el gris Mundial de Italia’90. Qué cosas…

Ser un niño aficionado al fútbol en Ávila, un lugar con más madridistas por metro cuadrado que Concha Espina, forjó mis amores y desamores desde pequeño. Mi propia personalidad nunca me ha permitido escoger el camino fácil, no cuestionar lo mainstream. Siempre he pensado que, de haber nacido en Catalunya, seguramente habría sido perico o merengue. Mi infancia está ligada al recuerdo del maravilloso dream team de Cruyff, a mis amigos Toldos y Andrés, con los que me unía el sentimiento culé. No es que hiciera falta, pero el riesgo que asumía un equipo que jugaba con tres defensas (y dos laterales que eran como extremos), el talento de jugadores como Laudrup y Romario y el carácter de Stoichkov me enamoraron completamente. Un tipo romántico como yo sólo podía ser del Barça. Recuerdo también el ocaso de aquel equipo, con la dolorosa derrota contra el Milán en Atenas por 4-0 en la final de la Copa de Europa, o el 5-0 que nos devolvió el Madrid la temporada siguiente (estaba en el cumpleaños de uno de mis primos, transistor en mano, y no quise ni salir de su habitación en toda la noche). Luego vinieron unos años de desapego adolescente, Gaspart, las políticas de fichajes nefastas, Van Gaal (un borde que, en cualquier caso, nos dio dos Ligas)…

Rijkard (y Ronaldinho, claro) nos hicieron volver a soñar, dejar de sentirnos segundones durante dos buenos años. Y luego vino Pep. No reconocer la contribución de Guardiola al fútbol moderno sería como no reconocer la de Sacchi o la de Ferguson. ¿Que se encontró a un equipo hecho? Se encontró a un equipo en el que había que hacer limpieza, y no de cualquiera, con unos Ronaldinho y Deco  a los que Rijkard había dejado dormir no pocas mañanas en las camillas del vestuario con partes médicos falsos. ¿Que ese fútbol ya lo hacía Cruyff? Sí, pero Guardiola, influido por sus años en Italia, se acordó de presionar asfixiantemente la salida de balón del rival. De la solidaridad, del bloque, a la hora de defender. De la paciencia en la elaboración. Subió a Busquets al primer equipo, haciéndole en buena medida el pedazo de futbolista que es hoy en día. Confió en el descaro de Pedro Rodríguez. En cuatro temporadas de fútbol excepcional, como yo nunca había visto, el equipo se ganó la admiración del mundo. Un status del que aún no se ha bajado, aunque se lo discutiese el Real Madrid el año pasado con una temporada liguera absolutamente increíble.

Cuatro años de Guardiola que han sido, deportivamente hablando, los mejores de la historia del club. Pero cuatro años en los que, en cuanto a comunicación, empezando por Laporta y terminando por el teóricamente más moderado Rosell, el Barça se ha equivocado profundamente. Como bien explica Enric González en Líbero, el Barcelona no fue durante la dictadura un equipo especialmente catalanista. Ni siquiera antifranquista. Utilizaré sus palabras para explicarlo: “Sin ponerse de acuerdo, tres o cuatro periodistas, reescriben la historia (…) Dicen que son la insignia de Catalunya, que tuvieron un presidente (Josep Sunyol) al que los franquistas fusilaron…Hombre, lo fusilaron porque era de Esquerra Republicana, no porque fuera del Barça. Además, era 1973, el franquismo se va a acabar, y el Camp Nou era lo bastante grande como para recoger demostraciones de hastío”.

Vivimos también hoy una sensación de hastío (o cabreo, qué diablos) con la actual situación económica y la ineptitud de la clase política, que se ha convertido en otro problema. Esa sensación de fracaso se ha hecho extensible a la relación existente entre Catalunya y el resto de España, siempre más o menos tensa. Muchos catalanes, de manera yo creo que errónea, han visto en el independentismo una vía de escape a estos problemas. Sabíamos que el Barça era catalanista. A diferencia del Espanyol, se ha convertido en un instrumento para aquellos que vienen de fuera para “integrarse” en la sociedad catalana. También sabíamos que política y fútbol se mezclan constantemente. No hay más que ir a un bar (ya perdí la cuenta de las veces que me han llamado nacionalista por ser del Barça, o viceversa). Pero lo que no puede hacer un club de fútbol, por Dios, es apoyar como institución unas determinadas consignas políticas. Organizar actos políticos a pie de campo.

Sólo espero poder llevar un día a mi hijo al Camp Nou, a ver un partido de la Liga Española, que él disfrute como yo disfruto ahora con las gambetas de Messi y la clarividencia de Xavi e Iniesta, y no me tenga que preguntar “papá, ¿por qué somos del Barça?”.

Por Miguel Díaz Herrero

El síndrome del emigrante retornado y otros mitos que se pueden vencer

Un placer poder traer a este blog una nueva colaboración, en esta ocasión a cargo de Macarena Rodríguez. Si os quedáis con ganas de más, podéis seguir su blog ‘La Oreja de Europa’, muy recomendable. Anímense ustedes también a mandarnos sus textos a ‘Los 4 Palos’.

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Voy a hablar aquí en clave personal explicando que esta historia está basada en sentimientos y opiniones reales aunque se trate de una obra de ficción como toda historia escrita y publicada en un blog (según quien juzgue dicha obra). Si alguien se siente identificado, me parece perfecto, de hecho la oportunidad que me brindan @los4palos es fantástica para inaugurar el “club de los expatriados”.

Como estamos en época navideña y lo que se estila es el “vuelvo a casa por Navidad”, yo no voy a ser menos y volveré a casa por Navidad. Mi casa se sitúa en Ávila, esa pequeña gran ciudad que no esconde monumentos sino que los enseña a lo grande. En Ávila no se trata de conservar una parte de la muralla, no señor, se deja toda, completa y que cierre el círculo; sí se puede, que sea visible desde el espacio por si de otros mundos quieren venir a probar el chuletón. Citando a Eduardo Mendoza, no sé que hacía Gurb comiendo tanto churro cuando podía haberse comido un chuletón y saciarse sin problemas.

Yo, en Navidad, vuelvo a casa a saciarme con el chuletón, la ternera, las judías y las yemas. También vengo a desconectar y a disfrutar con los amigos, esos amigos que ya no son cómo uno los recordaba antes de marcharse. Ahora todos han crecido o menguado según se mire, a lo alto y a lo ancho. Yo también he cambiado tanto como mi familia. El menú de la cena de Nochebuena, eso sí, no cambia. Mi abuela nos cocinará su magnífico cordero y por si nos quedamos con hambre, adivinad… habrá ternera.  La cena no cambia pero las familias sí. A veces son más numerosas, más hijos, más primos, más sobrinos, nuevos cuñados, nuevas cuñadas. Últimamente, sucede lo contrario, somos menos. La cena hay que pasarla en la familia de la pareja qué, con cada vez más frecuencia, no es de Ávila. Uno emigra y encuentra a otro emigrante o a un lugareño para compartir sus días pero ya será cada vez más difícil que sea de Ávila o que ocurra en Ávila.

Los años pasan cómo emigrante, fuera de España o en otra ciudad, pero uno siempre vuelve a casa por Navidad. Cómo el menú de la cena no cambia, te piensas que nada lo ha hecho y no te das cuenta de qué, sin embargo, nada es igual. Sí, la muralla y el chuletón, sí. Pero ni tus amigos ni tu familia son los mismos que los que dejaste. Cuando dejas de luchar para recuperar a esos seres que quedan en tu imaginación y aceptas esos amigos y familiares cambiados, te das cuenta que ellos te observan igual. No eres la misma, has emigrado y no has vuelto. Lo vives todo casi como una turista, disfrutando del paisaje y la gastronomía. Todo esto se conoce cómo el Síndrome de Ulises, es el síndrome del emigrante. Reconozco haber padecido los síntomas y darme cuenta a tiempo de que Ávila, mis amigos y mi familia, siempre estarán allí (o en el teléfono, o en el mail, etc.) y qué aunque cambien, yo también lo he hecho.

Muchos nos hemos ido de Ávila y en general, siempre porque hemos querido. Siempre es voluntario nadie nos obliga pero yo iría más lejos desmitificando este asunto, es aconsejable irse una temporada. Mamás y papás, amigos y amigas, animad a la gente a que se vaya , a que vea mundo pero no rompáis los lazos con ellos para que quieran volver y así aportar a la ciudad de Ávila más expertos, más gente trabajadora e innovadora, gente que a su vez pueda crear más empleos. No los echéis para atrás porque siempre es bueno aprender de otros y salir de nuestra burbuja sin romper esos lazos. Los míos no se rompieron y ahora, aunque sigo expatriada, estoy más cerca y disfruto más de Ávila, veo sus cambios y también lo que necesita aún cambiar, y algún día, quién sabe, puede que sea una “emigrante retornada” y pueda ayudar a mejorar la ciudad que me vio nacer.

Pd. Por si puede ayudar a alguien, esta es la “Guía del Emigrante Retornado” del Ministerio de Trabajo e Inmigración

#DóndeEstánLosJóvenes (Por Helena Cerveto)

Nueva colaboración la que os traemos hoy. En este caso es Helena Cerveto (@helenacerveto) que repite por cuarta vez en este rincón y nos trae una entrada sobre cultura y juventud. Podéis ampliar las capturas de pantalla haciendo click sobre ellas, os resultará más fácil leerlas. Agradecidos, como siempre, por esta aportación y deseando que nos lleguen más de cualquiera de vosotros que tenga algo que contar. Os decimos cómo podéis hacerlo aquí.

#DóndeEstánLosJóvenes

Llevaba tiempo reflexionando sobre el asunto. Con ganas de expresar mi opinión, y debatir. Pero solo lo había comentado en petit comité, recuerdo que en al menos dos ocasiones con los palos que aún conservan su residencia en Ávila (@pgarcinuno y @__Willy_ ).

Pero como ocurre la mayoría de veces en esta vida, se tienen que dar las circunstancias A, B y C para que finalmente sueltes lo que llevabas en la cabeza.

La historia no es nada sorprendente, ya os lo advierto. De hecho es tan simple como que tenía un viaje por delante de cinco horas, y por lo tanto tiempo libre para pensar en algo más allá de radio->obligaciones->dormir->radio en modo bucle. Así que nada más acomodarme en el asiento se me ocurrió publicar en Twitter esa idea.

Los 4 Palos Helena Cerveto 1

La verdad, no es un tuit polémico, ni revelador, ni esperado como el del señor Ratzinger. Es de lo más normalito e incluso evidente, o eso creía, porque no tardaron en llegar las respuestas, la mayoría para rebatir mi afirmación y solo unas pocas para darme la razón. Mejor que contaros yo cómo evolucionó el debate, os lo dejo para que lo leáis vosotros mismos.

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Tengo que confesar que no me convenció ninguno de los argumentos que me dieron en contra, aunque la limitación de caracteres que impone Twitter quizá fuera un handicap para todos, así que aquí podemos continuar el debate si alguno se ha quedado con ganas. Yo desde luego sí.

Ese primer tuit surgió, además de por puro aburrimiento, por una situación que viví el día anterior. Allí estaba yo, de camino al Ayuntamiento de Ávila, después de haberme apuntado en la actividad “Conoce la Casa Consistorial”, es decir, lo que todos llamamos una jornada de puertas abiertas, al estilo de la que hacen (o hacían hasta el año pasado por lo menos) en el Congreso de los Diputados, pero a pequeña escala, y más modesta, claro. No dudé en inscribirme porque me parecía interesante conocer los entresijos del Ayuntamiento, y aunque solo fuera por curiosidad iba a ir. Me planté en el edificio, y nada más meter un pie en él, bajé la media de edad de los presentes tal que a 5 años por dedo.

Los 4 Palos Helena Cerveto 6Me ha ocurrido en otras ocasiones, y sí, también en Ávila. Me pasó en las rutas culturales del cementerio, otra iniciativa que el Área de Cultura del Ayuntamiento ha tenido este año, y que, aunque mejorable, es atractiva, y que espero que repitan. Allí estabamos, @roberponce y dos o tres jóvenes más descendiendo la media de edad de un numerosísimo grupo a una velocidad de escándalo. En ese caso el problema de la hora que comentaba @j_calvo en el debate tuitero no es aplicable porque las rutas comenzaban a las 8 y media de la tarde. Y recuerdo que la primera vez que me paré a pensar en todo esto desde que vivo en Ávila fue en el ciclo de Los Lunes Literarios del 2011, cuando me acerqué a escuchar a Isaac Rosa, autor reconocido, incluso me atrevo a darle el calificativo de “famoso”, que camina por la treintena y que podría haber sido el nieto de cualquiera de los asistentes a aquella conferencia.

He nombrado tres actividades gratuitas. Ni un duro había que pagar por ellas. ¿Qué queréis que os diga? No deja de sorprenderme que no aparezcan más jóvenes por el lugar. No tengo nada en contra de los mayores, es más, les aplaudo porque aún tienen interés por conocer, porque se animan a salir de casa a actos como estos que sin su presencia se quedarían vacíos. Plas, plas, plas. Tienen tiempo libre, es verdad, para ocuparlo en estos menesteres, pero recordemos la cantidad de jóvenes que están en paro, y ellos, por desgracia, también tienen tiempo libre para ir a una charla y seguramente poco dinero como para necesitar que sea gratuita.

No me engaño a mí misma. No soy tan ilusa como para esperar que lleguen oleadas de veinteañeros y treinteañeros a conocer la historia de la Casa Consistorial. Pero alguno más sí. Hay pocos jóvenes en Ávila, de acuerdo, los que trabajan terminan su jornada a las 8 de la tarde, de acuerdo. Y están los hijos de por medio, de acuerdo. Pero me parece que también se cuela en este mejunje algo de desinterés, de falta de motivación. Y me da pena. He escuchado mucha crítica sobre la poca oferta cultural en Ávila y no seré yo quien defienda a capa y espada lo contrario. Pero, señores, después nos ofrecen un trozo de buena carne, quizá no la mejor, pero buena, y la rechazamos. No nos quejemos tanto de hambre, entonces.

¿Quizá el problema es que no se hace una buena promoción? Yo me he cansado de ver el anuncio de estas actividades que acabo de mencionar. En los periódicos y digitales, en sitios como www.ocioavila.com (recomendable para enterarse de la agenda cultural) e incluso en Twitter.

Los 4 Palos Helena Cerveto 7Volviendo al debate tuitero. Mencionaba uno de los palos, @Albertomdp, que esta situación también se da en otros lugares. Claro. No creo que Ávila sea una excepción, ni mucho menos. Yo en mi primer tuit (bendita/maldita la hora) no hice alusión a Ávila. Era una reflexión general, porque es verdad que he vivido situaciones parecidas en otras ciudades. Pero no deja de ser llamativo que todos los que saltaron a la palestra fueron abulenses, a excepción de un amigo catalán.

Por suerte hay otros eventos que se llenan, como ocurrió en el concierto de Red House (que, por cierto, era de pago). Y el ciclo de narración oral CuentaCuarenta no estuvo mal de público, aunque soy de la opinión que si tanto lloramos porque tan poco hay, un festival así tendríamos que haberlo degustado como si fuera un excelente solomillo de ternera, y más bien lo masticamos con desgana, a ratos, y regular.

P.D.: Por cierto, parece que en la visitas guiadas al Ayuntamiento a alguien más le pasó lo mismo que a mí.

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Pesadilla de la Cabalgata de Reyes (por Chuchi García)

Abrimos de nuevo el capítulo de colaboraciones. Esta vez es Chuchi García quien nos ha hecho llegar un texto para que publiquemos en el que nos habla de la Cabalgata de Reyes. Chuchi García se dedica desde hace más de 30 años a ser abulense, una labor que compagina con la informática y comprar en Mercadona, según nos cuenta él mismo. Si tú también quieres hacernos llegar algo para que lo compartamos por ti no te olvides de pasar por aquí, te contamos cómo.

Pesadilla de la Cabalgata de Reyes (por Chuchi García)

Pongamos las cosas claras: no hay cosa más fea en esta ciudad nuestra que se llama Ávila que la Cabalgata de Reyes. Y miren que uno puede ser generoso y en vez de llamarlo cutre decir que es kistch, esa palabra que trasciende lo hortera para hallar una extraña belleza en lo que no lo tiene. Pues no. Seamos sinceros; si la monarquía que viene de oriente es esta qué viva el petrodolar, la dictadura saudí y los camellos en chándal que aparecen en Callejeros pero que sus mágicas majestades no pisen nuestras calles. Un favor para nosotros y para ellos, que de pasarles cualquier cosa no tendrían tarjeta sanitaria.

Si todos tenemos un niño interior les puedo asegurar que el mio al ver semejante desfile de mamarrachadas, de cutrerio manufacturado, al señor con la cara pintada de betún… llora a moco tendido, inconsolable ante semejante espectáculo que va desde lo grotesco a lo triste. No sé donde cultivan algunos la ilusión pero por las cosas que le hacen a mi niño interior debiera actuar de oficio el Defensor del Menor, y la misma UNICEF movilizar a los cascos azules para tomar la ciudad tras un bombardeo preventivo de la OTAN (que ya de paso remodele el edificio de Moneo en El Grande. No hay mal que por bien no venga).

Todo esto viene por una extraña polémica entre la concejala de IU, Sara Doval, y nuestro concejal de fiestas, Miguel Ángel Abad (quien cambió lo de la concejalía de empleo por esta que es más colorida y mucho mejor para él quitarse semejante mochuelo de encima) a cuenta del programa festivo navideño.

Abad acusa a Doval de querer cepillarse la cabalgata. Esta le responde que no, que eso no es lo que se ha dicho en la comisión para estos menesteres y que además tanto a ella como a su familia les gusta mucho. A todo esto, Manuela Prieto, concejala socialista en el Ayuntamiento, nos desvela lo que cuesta semejante horror:

  • 13.000 en el vestuario de la cabalgata
  • 15.000 euros en el alquiler de las carrozas
  • 7.500 en la animación del desfile

Aquí es donde se me ilumina un WTF! bien grande, encima de mi cabeza, que además brilla en tonos de neón. Muy navideño todo. Como en una versión postindustrial de la estrella que guía hacia Belén o el luminoso de El Plaza en las Hervencias.

Si con ese buen dinero no son capaces que hacer algo mejor que semejante parada de los monstruos únicamente puedo dedicarme a pensar en alguien a quien dar una patada voladora que desprenda su cabeza del tronco. Encontrando a varios lo suyo sería poder clavar las cabezas en picas y proceder, ahora sí, a encabezar una Cabalgata de Reyes que guste tanto a niños como a  aquellos seguidores del cine de Tim Burton. Quién sabe, igual así aprenden.

Por cierto, lo de las comisiones deben de servir de bien poco pues antes de celebrarse la comisión de festejos se anunció ante los medios el programa para estas navidades. Les presto mi WTF! luminoso cuando quieran o comprense uno que lo amortizan enseguida.

4´3 cm

Uno de nuestros más fieles y viajeros lectores – José AR. –   nos ha hecho llegar el siguiente texto. Es un mensaje de lucha y optimismo con final feliz… ideal para ser publicado en fin de semana y mirar la jornada con optimismo. Si queréis hacer como él y publicar algún texto en este humilde espacio sobre cualquier tema, aquí os explicamos como.

Crisis, desempleo, guerra… Palabras que últimamente escuchamos a diario. Palabras que calan en el desanimo generalizado. No es fácil encontrar la ilusión cuando todo parece gris oscuro como una tarde de tormenta.

Yo soy un hombre normal. Ni guapo ni feo. Mas bien bajito para la media de mi generación pero me considero afortunado. Las pequeñas decisiones me han llevado sin darme cuenta a forjarme un destino. Y hoy cuando miro hacia atrás y veo el camino recorrido, me da vértigo. Pero empecemos por el principio…

Corría el año 2001  cuando empecé la universidad. Nada más ni menos que una ingeniería. A los tres meses de empezar y tras muchas reflexiones ya estaba de vuelta en casa. El futuro al que me estaba encaminando no me gustaba.

Muchas fueron las voces que me dijeron que lo pensase bien y que me estaba equivocando. Aproveché el resto del año para trabajar y sacarme algún dinero. Justo cuando estalló la burbuja.com empecé un Ciclo Formativo en Informática.Hice mis practicas en un organismo público y conocí desde dentro la vida de funcionario. En menos de un mes encontré un trabajo fijo, un puesto bastante administrativo, que me permitió comprarme un coche y vivir tranquilo.  Uno se acostumbra rápido a la vida cómoda y dejé de buscar un trabajo de informático.

Foto: @trapseia (flickr)

Un par de años después, y por cosas del mercado, me encontraba disfrutando de la prestación por desempleo que casi agoté antes de encontrar otro trabajo. Puesto también muy administrativo, al lado de casa y contrato indefinido. Momento perfecto para firmar el contrato de compra de un piso en la nueva zona “cool” de la ciudad.

En ese momento volví a tener una reflexión que giro mi vida 180 grados.

Rompí el contrato del piso, el contrato de trabajo y me fui a Irlanda a vivir una nueva experiencia. Cuatro meses después volvía a España chapurreando un poco el inglés pero con una idea bien clara. Quería ser yo quien decidiese mi futuro. Un futuro que estaba mas allá de lo que las murallas dejaban ver.

Una vez mas el destino me puso en un avión, esta vez rumbo a Italia. Otro año más lleno de experiencias, viajes y anécdotas. Pero después de este año fuera no volví a España. Sin darme cuenta me mude a Francia donde hoy vivo.

Foto: @fatimacg (Instagram)

Visto desde fuera tal vez parezca valiente para dejarlo todo y empezar de cero a miles de kilómetros pero la verdad es que son las pequeñas decisiones las que te hacen progresar.

La ultima vez que pasé por Avila fue en mayo. Vi una ciudad muerta. Comercios cerrados, jóvenes desilusionados y con una sola palabra en la boca, crisis. Yo no soy distinto a ellos. Yo he vivido durante años en esa ciudad. He vivido su rutina, su noche, sus conversaciones. Sin embargo, me siento afortunado. Miro alrededor y me siento feliz.

No es fácil. Los años lejos de los tuyos son duros. A medida que crecemos lo hacen también nuestros problemas. Los golpes de la vida son más fuertes y levantarse después de la caída más difícil.

Un día decidí romper el molde y ser yo mismo quien dirigiese mi propia vida y resultó que “dejando atrás todo lo que tenía”, encontré todo lo que quería.

Las cosas pequeñas son las que te cambian la vida.  4,3 centímetros son suficientes para que tu vida gire 360 grados y siga adelante. Con más fuerza. Con más ganas. Con más ilusión que nunca. Cuando ves la primera ecografía de tu hijo sientes lo maravillosa que es la vida. Todos los miedos quedan atrás, todos los problemas desaparecen. Lo único que quieres es compartir tu alegría y tu felicidad.

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