Los PGE de 2015 para Ávila y provincia.

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El PP ha organizado hoy sábado un acto en nuestra ciudad para difundir los Presupuestos Generales del Estado para el año 2015 aprobados ayer por el Gobierno de la Nación. El acto, que ha contado con la participación de varios altos cargos del gobierno nacional y regional, entre ellos el presidente de la Junta de Castilla y León, Juan Vicente Herrera, y el vicesecretario general de comunicación del PP, Carlos Floriano, ha sido clausurado por María Dolores de Cospedal, secretaria general del PP y presidenta de Castilla-La Mancha.

El siguiente vídeo es un resumen de las declaraciones realizadas por los diferentes cargos presentes en el acto sobre el impacto de los citados presupuestos en la ciudad y provincia de Ávila.

 

Smartizados

Como todos ustedes saben, y si no ya se lo cuento yo, Ávila es una ciudad moderna. Pero moderna de la hostia. Nada de camisas de franela a cuadros, barbas y gafas de pasta. Moderna de verdad: farolas led, aparcamientos subterráneos, tiendas de yogurlado, coches que vuelan, códigos QR para los bomberos, androides de protocolo en cada esquina, redes sociales, redes móviles de octava generación a prueba de macroeventos, fibra óptica, minicentrales hidroeléctricas… Una ciudad inteligente o, como se dice ahora, una smartcity (así todo junto y con acento del este de NY).

Como su propio nombre indica, una ciudad inteligente es una ciudad lista, culta, instruida, que sabe latín, leída y viajada, que compara antes de cambiar su seguro de coche o de comprar un billete de avión. Una ciudad abierta al mundo física, virtual y mentalmente; sin fronteras. Ahora todas la ciudades de la cristiandad hispana -no, esto no ha sido idea nuestra- quieren ser smart, de la misma forma que antes todas querían tener un edificio de Calatrava, un tranvia a ninguna parte, un palacio de congresos feo o un museo de arte contemporáneo vacío. Las modas, ya saben ustedes, que afectan a todas las personas, incluso a las jurídicas.

Por desgracia, la implantación de las nuevas tecnologías no se está produciendo al mismo ritmo en todos los barrios. Mientras en algunos rincones la modernidad lo impregna todo como un suave perfume, otras partes de la ciudad siguen oliendo a siglo XX y a modems que suenan como gatos sometidos a tortura. Y no, no estoy hablando del ADSL del Fresno; hablo del Ayuntamiento. ¿Del nuestro? Sí, del nuestro.

Hasta el Ayuntamiento de Ávila, o más concretamente hasta los despachos de los que allí mandan, no parecen haber llegado nuevas remesas de tecnología desde que sustituyeron el ábaco por calculadoras Casio. Allí el siglo XXI aún no se ha abierto paso. ¿Pruebas? Las que ustedes quieran. Aquí les dejo unas pocas.

Prueba nº1: El alcalde y el teniente de alcalde José Francisco Hernández Herrero preparan un pleno municipal. Elementos tecnológicos de la imagen: la virgen románica del fondo de la imagen, que por cierto luciría más expuesta en un museo, y la lámpara que confiamos sea LED.

Prueba nº2: Otra instantánea natural y espontánea, también previa a un pleno. Aquí la tecnología sí esta presente: el aparato de aire acondicionado/calefacción del fondo. También hay un plato de cerámica pintada encima de la mesa, lo que nos permite datar la imagen en algún momento posterior a la invención del torno

Prueba nº3: Otra reunión, está parece menos preparada que la anterior. La lámpara, muy parecida por cierto a la de la primera prueba, vuelve a ser el principal elemento tecnológico de la imagen. Antes de continuar, dediquemos un minuto de silencio a todos los árboles caídos para nutrir de celulosa a esta reunión.

Prueba nº4: Últimos preparativos para el día del deporte en la calle. Los responsables son sorprendidos (codazo, codazo, guiño) en medio de una reunión, de pie, mirando unas fotocopias. Todo muy dospuntocero. Como la fotocopiadora no sale en la foto, el reloj del policía pasa a ser el elemento tecnológico más puntero de la imagen.

Prueba nº5 (y última): Presentación de la Operación Asfalto. Hay un micro, pero igual es prestado. Los planos extendidos sobre la mesa, algo seguramente de tremenda utilidad para los periodistas que estén sentados en frente

Queremos, antes de finalizar, mandar un mensaje de tranquilidad a los abulenses: hay ordenadores en el Ayuntamiento, al menos uno. Lo de la pantalla ¿es Internet Explorer?

Olvidos y olvidadizos. Sobre Santa Escolástica

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Ayer recibimos una buena noticia sobre nuestro patrimonio, la segunda en pocos días tras el anuncio de la restauración del San Andrés de la Catedral en los talleres del Instituto del Patrimonio Cultural de España. Tras años de abandono, la portada gótica del antiguo hospital de Santa Escolástica va a ser rehabilitada gracias a la iniciativa del Rotary Club de Ávila.

No podemos sino congratularnos ante esta buena nueva, pues supone asegurar la supervivencia de una parte del patrimonio de la ciudad que se encontraba hasta ahora en un estado calamitoso, acosado por el tiempo, el olvido, el tráfico y los contenedores, como señala José Luis Gutiérrez Robledo en este magnífico artículo de Ávila Abierta. Además, es un ejemplo de esa colaboración público-privada de la que tanto se oye hablar y tan poco se sabe, sobre todo en el ámbito del patrimonio y la cultura tras la defunción de las obras sociales de las difuntas y enterradas Cajas de Ahorro.

Sin dejar de felicitarnos, no podemos evitar una pequeña reflexión sobre las declaraciones del alcalde publicadas por la prensa que asistió a la presentación ayer del inicio de las obras. Según García Nieto, la portada gótica, un edificio “olvidado pero muy hermoso”, “pasaba un tanto desapercibida” porque siempre “estaba tapada por los coches”. Vale la pena preguntarse quién sería el responsable de todos esos males, de que el edificio estuviese olvidado, abandonado o acosado por lo coches hasta el día de ayer, porque a juzgar por las palabras del alcalde ni él, ni el Ayuntamiento que regenta sabían nada al respecto. Se echa en falta que el Ayuntamiento y su alcalde entonen un sentido mea culpa. Si la portada estaba olvidada y abandonada era por su culpa. Si la portada estaba tapada por los coches y los contenedores era su responsabilidad.

Y no hablamos de una actuación excesivamente onerosa. La restauración va a costar diez mil euros y apartar los coches y los contenedores para mejorar la visibilidad de la fachada y su conservación salía gratis. Y mal de dinero no debemos andar si este año podemos gastarnos 70000€ más en las fiestas de la Santa y fijar una “tarifa plana religiosa” para la recogida de basuras.

Igual eran el alcalde y su corporación los que habían olvidado, voluntariamente o no, la existencia de esta portada. Igual es esa mala memoria la responsable del estado de Las Gordillas, de la fábrica de la luz, de los restos del acueducto, de las tenerías de San Segundo, del palacio de los Sofraga…

Al norte de la patria mía

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Ayer, en Taranco de Mena, un pueblo al norte de Burgos, apenas una docena de casas bajas rodeadas de colinas boscosas, un grupo de personas -como no formaron una bandera cuartelada o roja carmesí para regocijo de los extraterrestres todavía no hay crónica del evento que cuantifique el número de asistentes- se reunieron para celebrar que hace 1214 años, el 15 de septiembre del año 800, un notario de nombre Lope puso negro sobre blanco por primera vez la palabra Castilla. Como no podía ser de otra forma -en el fondo la escritura fue un invento capitalista- el citado manuscrito tiene carácter económico: es un acta notarial en el cual el abad Vitulo dona unos terrenos para la fundación de un monasterio “in territorio Castelle”.

Lo que en otras latitudes se convertiría en lugar de peregrinación, con monumentos, centros de interpretación y parque de atracciones; en la vieja Castilla se ha resuelto con un monolito de granito pagado a escote por los interesados y la celebración anual de carácter casi familiar antes referida. Por estos pagos, la identidad regional nunca ha cotizado al alza, como se encarga de demostrar año tras año la celebración de la derrota de Villalar; una festividad regional que en el fondo consiste en unos cuantos miles de personas yendo a un lugar concreto del campo a tomarse unos vinos y unas tapas de carne a la brasa, haciendo un poco el gandul mientras escuchan cuatro jotas, tres himnos marxistas y dos veces el Canto de Esperanza.

Hace unos días, el diario El Mundo nos alertaba -Bautista, las sales- de que según el CIS solo el 16% de los españoles está dispuesto a participar en la defensa del país. Al parecer, es una cifra baja, pero a mi me parece una barbaridad. A ojo de buen cubero, hay siete millones de españoles sueltos por la calles, sin ningún tipo de control o distintivo, dispuestos a coger las armas para defender el toro de Osborne, la siesta, la tortilla, la paella y la Constitución del 78. Hay que decir que la pregunta tenía trampa, puesto que no especificaba el enemigo y así cualquiera se alista; pero convendrán conmigo en que no es lo mismo coger un fusil frente a un maromo de dos metros, armado hasta los dientes con la última tecnología, venido desde el sur de Arizona a bordo de un cazabombardero fantasma -morir pa’ na es tonteria-, que hacerlo para frenar a la gente esa que decapita periodistas en oriente. Tampoco preguntaron por los franceses, en un alarde, supongo, de febril europeismo.  

En ese mismo estudio se preguntaba a los encuestados por su sentimientos identitarios. ¿Se siente usted español? ¿Tan español como de su pueblo? ¿Más de su pueblo o de su barrio? ¿La Toledana para los de la Toledana? Lo más habitual es que la gente se sienta tan española como de su comunidad autónoma, aunque como pueden suponer la cosa va por barrios. Los sospechosos habituales no se sienten muy españoles y para compensar y que salga una media resultona hay otros que tienen la sangre rojigualda, con lo malo que tiene que ser eso para la salud. Murcia y Castilla y León son las comunidades donde menos gente afirma tener únicamente “identidad periferica”. En Murcia, solo el 1,3% de los murcianos se sienten murcianos. En nuestra comunidad birregional y conjuntiva, ese porcentaje se queda en el 2,9%. Pero aquí, de nuevo, hay trampa. ¿De qué identidad hablan? ¿Se sienten castellanos, castellanoleoneses, leoneses solo, del Bierzo, pancastellanos? ¿Y si todos los que afirman sentirse solo de aquí resultan ser de Treviño y hablan de Euskadi?

¿Estamos ante un drama, ante una hecatombe? ¿Debemos rasgarnos las vestiduras y obligar a nuestros infantes a honrar la bandera cuartelada en lo colegios? Yo diría que no. En mi opinión, en estas tierras tenemos, por regla general y por fortuna, una relación muy sana con nuestros sentimientos identitarios. En román paladino: a la mayoría nos importan una chufa. Sí, nacimos en un cacho concreto de la tierra, no por voluntad propia, y es innegable que eso tiene cierta influencia sobre nuestra forma de ser. Y sí, cuando estás lejos, aprendes a valorar esta clase de cosas y es posible que incluso sonrías cuando sale Valladolid por la televisión -simpatizar con Valladolid es algo que solo se puede hacer cuando vives muy lejos de Valladolid. Y sí, nuestra historia y nuestro patrimonio son muy ricos, el museo más grande del mundo y todo eso. Pero ¿y qué?

Algunos me pueden contestar que igual no nos sentimos muy castellanos/castellanoleoneses/leoneses/loquesea, pero que a cambio el “españolismo” está en el aire, en el agua y en las patatas revolconas; pero mi impresión es que eso tampoco es así, que en general el habitante medio de este rincón del mundo es identitariamente apático y deposita su fe en los trapos de colores solo y ocasionalmente para las competiciones internacionales de deportes de equipo. Lo normal y deseable, vamos. A mi, sentir afecto hacia una entidad administrativa, en el fondo es eso de lo que estamos hablando, es algo que no me sale. No siento nada, por ejemplo, hacia el Ministerio de Fomento o hacia la Subdelegación del Gobierno, ni mando cartas de amor a la Subdirección General de Bellas Artes y Bienes Culturales, ni flores al Instituto Nacional de Estadística.

Acepte un consejo, querido lector: si alguna vez usted nota aflorar en su interior un sentimiento nacionalista -de aquí, de allí o de cualquier sitio- visite la agencia de viajes más cercana y tómese, siempre bajo prescripción médica, unas vacaciones lejos de su patria.


PS.- Por cierto, y hablando de esa historia milenaria, el documento ese en el que aparece la palabra Castilla es falso según la mayoría de los investigadores actuales. Seguramente algún monje avispado del S. XII lo redactó para justificar la propiedad de unas tierras. Esto de las patrias es un lio y nunca sabes cuando son de verdad y cuando sirven solo para esconder los chanchullos de alguien.

Banda sonora: La Raíz – Nuestra Nación

A tale of two benches (Fábula de Ramón y Gustavo)

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Se conocieron en la Universidad de la Vida, en la Facultad del Mobiliario Urbano, magna institución en la que se han formado farolas, bancos, fuentes y papeleras desde que la fundase, a finales del S. XVIII, el honorable carpintero y artesano inglés Lord Woodgate. Congeniaron inmediatamente a pesar de que a primera vista lo único que tenían en común era el respaldo de madera. Uno, Gustavo, era arisco, terco, violento, egoísta; mientras que el otro, Ramón, era amable, encantador y desinteresado. Desde el principio, Ramón intentó suavizar el carácter de su amigo, con la convicción de que tarde o temprano sus agrias maneras terminarían buscándole un problema. Se lo decía una y otra vez, día tras día, en la cafetería, en clase, tirados en el césped frente a la facultad; pero Gustavo no daba su reposabrazos a torcer. Soy como soy, le decía cuando se hartaba del discurso moral de su amigo, y si a alguien no le gusto que se siente en otro sitio. Te buscarás problemas, le insistía Ramón. No busco amigos, solo sobrevivir, le aclaraba Gustavo poniendo punto y final a la conversación.

Ramón fue el primero de su promoción, el ojito derecho de sus profesores, el más admirado y deseado por papeleras y farolas. Gustavo aprobó y con eso le bastó. Después del verano, ambos conocieron sus destinos: la suerte quiso que compartieran ciudad. Ramón estaría cerca de un parque, como siempre había querido, viendo pasar a pequeños y mayores, sirviendo de descanso a unos y de juguete urbano a otros. Por su parte, Gustavo obtuvo mejor destino del que sus calificaciones parecían augurarle: estaría frente al ábside de la Catedral.

-Todo el día rodeado de gente, escuchando miles de conversaciones, en cientos de idiomas. ¿Te das cuenta, Gustavo? ¡Tienes un destino excelente! – le animó Ramón frente al tablón de la facultad.

-Vaya puta mierda -contestó Gustavo.

Los meses transcurrían en sus destinos con aparente normalidad. Ramón era feliz y Gustavo iba tirando. Una mañana de junio, mientras se despejaba para encarar una dura jornada de trabajo, Ramón recibió una notificación de sus superiores: un bar cercano iba a instalar un terraza de verano junto a él y había solicitado su retirada. El mundo se le cayó a los pies. Ramón decidió pelear y recurrió la decisión. Habló con los propietarios del bar, con sus superiores, solicitó la mediación de sus profesores de la Universidad, recogió firmas. Todo para mantener la que hasta ahora era su vida y a todos aquellos que formaban parte de ella: el abuelo que se sentaba a tomar el sol, la madre que apoyaba en él, todas las mañanas, la bolsa de la compra, el niño rubio que le utilizaba como si de un barco pirata se tratase. Todos sus quebraderos de cabeza se los contaba por la noche a Gustavo, que solía contestarle con gruñidos y otros sonidos guturales. Al final, la lucha sin descanso de Ramón dio resultado y consiguió permanecer en su ubicación.

Una mañana del verano siguiente fue Gustavo el que vio como a su alrededor crecía una terraza, con sus sillas, sus mesas y sus sombrillas. Pero Gustavo, al contrario que su amigo, vio en aquello una oportunidad. ¡Por fin le quitarían de allí! Estaba cansado de aguantar a la gente, de sentir sobre su espalda el trasero sudoroso de cientos de extranjeros, de que adolescentes hormonados se sentasen en su respaldo y le pusiesen los pies encima. Pasaba calor en verano y frío en invierno. Las palomas defecaban en él sin pedir permiso ni perdón e incluso algunos vándalos habían dejado grabados sus nombres en su piel. Aquella terraza era su gran oportunidad para salir de allí.

Y así fue. A las pocas semanas de la instalación de las mesas, unos operarios mandados por sus superiores le desatornillaron las patas y le llevaron en volandas y en furgoneta hasta un almacén donde, solo y a la sombra, pensaba disfrutar de su merecido retiro. Pero su tranquilidad apenas duró unos días y los mismos operarios que le habían salvado le devolvieron a su ubicación habitual. ¿Por qué? No conseguía entender nada. ¿Había hecho algo mal? ¿A qué dioses había enfadado para que su suerte fuese tan funesta? Ramón se lo explicó: alguien se había quejado de que unos bancos se retirasen y otros no.

- ¿Pero a ellos qué más les dará? ¡Yo era feliz en el almacén!

Gustavo sigue hoy allí dónde de nuevo le atornillaron los operarios municipales, esperando, ansioso, que aquellos que se quejaron de su retirada acudan a él para descansar. En las ciudades pequeñas todo se sabe, no hay secretos, y tarde o temprano podrá morderlos en las nalgas. Quizá así pueda volver a su almacén.  

Ps.- Fotografía cortesía de Juan Luis del Pozo

Otra vez Las Gordillas

La tarde del pasado jueves, de nuevo fuego, de nuevo llamas. Una vez más, los restos de Las Gordillas eran pasto de los vándalos, de la decadencia en la que los han sumido sus propietarios y de la dejadez de las administraciones, últimos responsables de la salvaguarda del patrimonio histórico y cultural.

En este rincón ya hemos hablado antes de este asunto, concretamente en noviembre de 2012, cuando la denuncia de un particular alertó a las autoridades sobre nuevos desperfectos en el edificio. Hace un año, otro incendio devolvió los vetustos muros del convento a las primeras páginas de los medios. En aquel momento, todas las instituciones afirmaron sentirse preocupadas por lo sucedido y por la situación de los restos y pusieron en marcha, o eso dijeron, los lentos y pesados engranajes del Estado, ese Leviatán tullido y ojeroso, para asegurar su conservación. Casualmente, a principio de este mismo mes, el director general de Patrimonio de la Consejería de Cultura y Turismo de la Junta de Castilla y León anunciaba que la administración regional estaba preparada para intervenir en Las Gordillas, juez mediante, para asegurar su supervivencia y mejorar su seguridad. Apenas han pasado quince días. Casualmente. No hace falta glosar los antecedentes para concluir que la relación del patrimonio local con los vándalos y las casualidades es larga y desoladora.

Según el responsable de la Junta, las obras de consolidación de los restos aún en pie comenzarán durante el segundo trimestre del año próximo. Hasta entonces, me temo, nos tocará cruzar los dedos y confiar en que los hados nos sean propicios y alejen a los vándalos -y a los alanos- de los viejos muros. Tampoco estaría mal contar con la implicación del Ayuntamiento y de su Policía Local, pero igual nos sale más rentable y nos produce menos úlceras poner un par de velas en la Ermita de Sonsoles.

Izquierda Unida ha solicitado a la Junta, como hicimos aquí hace dos años, que expropie el Convento para asegurar su protección. La intervención de la Junta para consolidar los restos es necesaria y urgente, pero tras años de incumplir sus obligaciones es perentorio que los titulares del bien sean desposeídos de él. Este sería solo un primer paso pues, tras la consolidación y la expropiación del bien, sería necesario encontrarle un uso conveniente. De todas formas, si los acontecimientos siguen desarrollándose al ritmo actual, igual tenemos un par de décadas para pensarlo. Eso si el edifico no se cae antes, claro.

 

Ni bien, ni mal

Las playas atestadas de guiris enrojecidos, los aeropuertos y estaciones de tren repletos de maletas forradas de plástico verde, las carreteras convertidas en atascos interminables, tu piel morena sobre la arena, nadas igual que una sirena. España huele a agosto, a crema solar y salitre, a terraza, caña y tapa; a vacaciones, a turismo. Como no se cansan de señalar los medios, nuestra principal industria va bien y atraídos por todos los encantos de nuestro país, entre los que por supuesto está este blog, cada vez más extranjeros pasan sus días de asueto entre nosotros.

El turismo a nivel nacional va de record en record, pero ¿cómo van las cosas en este pequeño rincón de las Españas? ¿Se han visto por las calles de la ciudad más chanclas con calcetines que el año pasado? ¿Cuántos visitantes han disparado su nivel de colesterol con las viandas locales? ¿Se han vendido más tazas de Pedrolo que el año pasado? Responder a estas preguntas es difícil y agosto no es mes para esfuerzo, así que vamos a lo fácil: viajeros y pernoctaciones.

Antes de los datos, la advertencia de rigor. Cuando desde el Ayuntamiento se ofrecen datos sobre la evolución del sector turístico, suelen hacerlo en base a datos recogidos en las oficinas de turismo o en los accesos a los principales monumentos, mientras que nosotros preferimos utilizar los de la Encuesta de Ocupación Hotelera que proporciona el INE que son mucho más accesibles que los del transparente Ayuntamiento de Ávila y que además nos permiten realizar comparaciones con otras ciudades de nuestro país. Según estos datos, durante los primeros seis meses del año (el último dato publicado por el organismo público es el de junio) llegaron a nuestra ciudad 101563 viajeros (para el INE un viajero es aquel que pasa al menos una noche en la ciudad) y realizaron 144939 pernoctaciones. Respecto a 2013, esos datos suponen un aumento del 1,99% del número de viajeros (hip, hip, hurra) y un descenso del 3% en el número de pernoctaciones. Un brote verde con raquitismo.

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En la tabla superior, la evolución interanual de viajeres y pernoctaciones por meses. Buen inicio del semestre, y desastroso junio. Si tenemos que hacer caso a las noticias publicadas en la prensa local, la tendencia apuntada durante ese mes se prolongó durante julio, aunque durante el presente mes los datos parecen estar siendo mejores. El dato más positivo es que el número de visitantes extranjeros y el numero de pernoctaciones que realizan en la ciudad aumentaron considerablemente a lo largo de estos seis meses, un 28,9% y un 38,5% respectivamente. Excelente dato que nos permite adivinar sin esfuerzo que el turismo nacional vuelve a números rojos: los visitantes caen un 2.5% y las pernoctaciones cerca de un 10%. La recuperación económica es tan fuerte que los turistas españoles en lugar de venir a Ávila se van a Nueva York, Singapur y el lado oculto de la luna.

¿Y cómo van nuestros vecinos? Lo más importante: ganamos a Segovia en viajeros y pernoctaciones. Sí, por estrecho margen y sí, su sector turístico está evolucionando mejor en lo que va de año, pero ganamos. En la tabla que figura debajo de estas líneas tienen la evolución de algunas ciudades similares a la nuestra. Malos datos de Zamora y Cuenca, regulares de Ávila, Burgos y Salamanca. Buenos datos en Cáceres y Segovia y excelentérrimos en Toledo. Para que se hagan una idea, esas barritas azules y rojas se traducen en 60000 viajeros más y casi 90000 pernoctaciones para los castellanomanchegos.

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¿Y qué ha hecho Toledo para lograr ese milagro? Organizar, celebrar y publicitar el IV Centenario de la muerte del Greco. ¿Surtirá ese mismo efecto el próximo centenario de Santa Teresa sobre el sector turístico local? Esperemos, papa Francisco mediante, que sí, que el Centenario suponga un revulsivo para el turismo local y que ese efecto se mantenga en el tiempo. Mi impresión es que la organización y promoción de los eventos va con un poco de retraso, y que quizá falta un gran evento que sirva de atractivo a lo largo de la celebración (la exposición celebrada en Toledo sobre el pintor cretense superó el millón de visitantes), pero quizá sea solo una impresión personal. De todas formas, es un aspecto que iremos viendo y comentando por aquí.

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