Nota brevísima sobre el ídolo prehistórico de Lanzahíta

No sé si el tema a tratar tiene entidad suficiente como para merecer una entrada en este egregio rincón. De hecho, mi idea era poner un par de mensajes al respecto en Twitter, pero me he dejado llevar por el romanticismo que aún destilan los blog.

Ayer publicaba Tribuna de Ávila (hoy lo he visto también en Ávilared) una nota sobre la presentación del nuevo número de la Revista Trasierra, editada por la Sociedad de Estudios de Valle del Tietar. Uno de los artículos de misma, el que más reseñaron los medios, estaba relacionado con la aparición de un ídolo oculado realizado en una placa de pizarra. La pieza habría sido hallada de forma casual por un trabajador en el dolmen prehistórico situado en la Dehesa de Robledoso, en Lanzahíta y un primer análisis del mismo ya había sido publicado por la misma revista en su número 7, correspondiente a 2008.

Lo primero que me llamó la atención de la imagen que acompañaba el artículo publicado por Tribuna de Ávila era la hebilla de llavero que le habían endosado al pobre ídolo. Hay que ser gañán, pensé, y así se lo dije a @serzisanz fuente tuitera de la noticia. Lo segundo que me llamó la atención de la foto es que el ídolo parecía de mentirijilla.

Así que, tirado en la cama, en pijama, me puse a buscar información sobre el ídolo. No me costó mucho encontrar el ejemplar de 2008 de la revista (no así el de este año) y comparar las fotos. Se las pongo aquí, juntitas.

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Amantes del patrimonio, todos tranquilos. Nadie le ha puesto una hebilla a un bien cultural con cinco milenios de antigüedad.  Sí, el ídolo que sale en las fotos de Tribuna de Ávila y de Ávilared no es el original.

¿Sabían los periodistas que estaban haciéndole fotos a una reproducción? De ser así, ¿por qué no lo ponen en la noticia. ¿No lo sabían?

¿Los venderán? Si está barato, puede ser un regalo original. ACTUALIZACIÓN: Sí, 10 eurillos. Ya saben qué regalarme

Las columnas de Castilla

Esta no es una historia sobre los desastres de la Guerra Civil. Tampoco es una historia sobre la Dictadura. Es un relato sobre otra España, la olvidada.

En noviembre de 1936, la Guerra Civil provocada por el fracasado Golpe de Estado de julio parece cercana a su fin. Desde el sur, el ejército sublevado se acerca deprisa a la capital. El día 6, viernes, cinco columnas rebeldes están preparadas para entrar en Madrid. Ese mismo día, el “Gobierno de la Victoria” de Largo Caballero, un gobierno de coalición levantado para frenar el fascismo, decide abandonar la ciudad y huir a Valencia. La defensa de Madrid queda en manos de los generales Miajas y Pozas y de la Junta de Defensa. Tienen órdenes claras: resistir a toda costa, cueste lo que cueste.

Sobre el papel, la suerte parece echada. El caos en el que han vivido los fieles al gobierno republicano, la huida de sus líderes políticos y el desánimo de los hombres teñían de negro el futuro de la Capital. El día 8, domingo, el general gaditano José Valera ordena el asalto final a Madrid. Debería haber sido un avance rápido y concentrado, que permitiera a los atacantes neutralizar la teórica superioridad numérica de los defensores de Madrid. Debería, pero no fue así; un golpe de suerte cambió el curso del asalto. Los republicanos descubrieron en un carro de combate abatido la Orden General de Operaciones para la toma de Madrid. El ataque no se concentraría en el sur de la capital, sino en la Casa de Campo. Ese giro del destino permitió al general Vicente Rojo reorganizar la defensa de la capital y frenar el avance de los sublevados. El ataque relámpago se convirtió en un largo asedio que no acabaría hasta marzo de 1939.

Los frentes apenas se movieron desde que a finales de noviembre Franco ordenase detener los ataques directos a la capital. La recién acabada Ciudad Universitaria, primera línea de fuego del asedio, fue una de las zonas más afectadas por el frustrado asalto. La Casa de Velázquez, la Escuela de Ingenieros Agrónomos, el Asilo de Santa Cristina, el Clínico, la Fundación del Amo, la Residencia de Estudiantes y el Instituto de Higiene se convirtieron en escenarios de los combates. También lo fue el palacio de la Moncloa, un palacete de principios del s. XVII cuyas ruinas, pues eso era el edificio tras días de encarnizados enfrentamientos, fueron tomadas por los sublevados el 20 de noviembre.

El palacete de la Moncloa destruido por la Guerra Civil

El palacete de la Moncloa destruido por la Guerra Civil

Acabada la guerra, comenzó la reconstrucción de la Ciudad Universitaria y sobre las ruinas del antiguo palacete se levantó un nuevo palacio para que sirviese como residencia de personalidades nacionales y extranjeras durante sus estancias en la capital.

Al sur de Burgos, en el alfoz de la capital, se levanta la villa de Arcos de la Llana. Otrora pedanía moribunda, hoy pueblo dormitorio con cerca de dos mil habitantes salpicado de pareados. Junto a la Iglesia de San Miguel Arcángel, principal hito de la villa, se levantan los restos del Palacio Arzobispal. Construido en el S. XVI bajo el mecenazgo del arzobispo Vela Acuña y el cardenal Francisco de Mendoza, sirvió durante siglos como residencia veraniega de los arzobispos burgaleses.

La iglesia burgalesa fue una de las que más claramente tomó partido durante la Guerra Civil y durante la posterior dictadura. Tanto Manuel de Castro Alonso, titular del arzobispado durante la guerra y procurador de las cortes franquistas en 1943, como su sucesor, Luciano Pérez Platero, fueron beligerantes contra el gobierno republicano, defensores del Alzamiento, adalides de la Cruzada y partidarios del nuevo régimen.

A finales de los años 40, el Palacio Arzobispal estaba sin uso, como otras tantas propiedades de la Iglesia. El Arzobispo quería venderlo, desprenderse de aquella carga, y pronto encontró comprador: el propietario de una cercana fábrica de harinas. Por 26000 pesetas y dos cántaras de vino para consagrar, el antiguo palacio se convertía en fábrica y almacén. Pero no todo. El acuerdo de venta excluía las columnas del claustro. Para el comprador aquello no suponía ningún problema, los claustros renacentistas no suelen ser indispensables para la fabricación de harinas, así que firmó y se procedió a desmontar por completo el recinto, sin miramientos, conservando únicamente sus doce columnas. ¿Y para qué quería el arzobispo de Burgos esas columnas? Para regalarselas a Franco.

Aquí convergen la historia del palacio madrileño y del palacio burgalés. Las doce columnas de Arcos de la Llana viajaron hasta Madrid y se utilizaron en la reconstrucción del Palacio de la Moncloa, en la decoración y ennoblecimiento del antiguo patio, hoy Salón de Columnas. 

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El expolio del palacio burgalés es grave, pero palidece al lado de lo sucedido con las pinturas de San Baudelio, con el ábside de San Martín de Fuentidueña, con la iglesia de San Miguel de Tubilla del Agua y con el de tantos otros bienes vendidos, robados, perdidos o abandonados. Hoy, por fortuna, todos estos expolios serían impensables. Nadie permitiría que un millonario americano arrancara los frescos de una capilla o que un rico burgués catalán desmontara una iglesia. Hoy los enemigos del patrimonio de nuestra comunidad son el tiempo y el olvido, adversarios mucho más tenaces que el más terco de lo humanos.

Tú me levantas, tierra de Castilla,
en la rugosa palma de tu mano,
al cielo que te enciende y te refresca,
al cielo, tu amo,

Tierra nervuda, enjuta, despejada,
madre de corazones y de brazos,
toma el presente en ti viejos colores
del noble antaño.

Con la pradera cóncava del cielo
lindan en torno tus desnudos campos,
tiene en ti cuna el sol y en ti sepulcro
y en ti santuario.

Es todo cima tu extensión redonda
y en ti me siento al cielo levantado,
aire de cumbre es el que se respira
aquí, en tus páramos.

¡Ara gigante, tierra castellana,
a ese tu aire soltaré mis cantos,
si te son dignos bajarán al mundo
desde lo alto!

Castilla, Miguel de Unamuno

Bastante bien (Sí, de verdad)

Somos conscientes de habernos granjeado a lo largo de los últimos años fama de criticones, de tener siempre tiempo para poner el foco en las miserias de la ciudad y nunca, o casi nunca, para poner fotos bonitas y decir lo maravillosos que son los amaneceres abulenses. Y no, no es verdad. Aquí hemos estado para lo bueno y para lo malo. Y para muestra, este post.

Esta semana, nuestros amigos del Instituto Nacional de Estadística han publicado los datos de la Encuesta de Ocupación Hotelera de diciembre de 2016. Como todos ustedes saben, son los datos que hemos utilizado desde el inicio de este blog para evaluar la evolución del sector turístico de la ciudad, primera industria local y cada día la de más gente. Y los datos, amigos, amigas y amiges, son buenos. Tampoco excelentes, pero sí buenos. Vamos a profundizar en ellos teniendo en cuenta cómo se han comportado nuestros vecinos y competidores.

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Así a bote pronto, estas primeras tablas parecen contradecirme. ¿Buenos datos? ¿Este blog se llama Los4Palos o Las4CasasColganderas? Los viajeros y las pernoctaciones cayeron en Ávila durante el año pasado un 3,53% y un 6,59% respectivamente. Muy por debajo de la media y muy, muy por debajo de Cuenca. No sabemos qué habrán hecho los conquenses para lograr semejante dato, pero sí tenemos explicación para lo sucedido en nuestra ciudad: en 2015 celebramos el Centenario de La Santa y el año pasado no. El Centenariazo y la resaca del mismo. Miremos un poco más allá. ¿Cómo han evolucionado estos indicadores respecto al año anterior al Centenario?

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Como vemos, aquí estamos en los puestos de cabeza de la tabla, por encima de la media en ambos casos y por encima de los conquenses y sus casas. El número de viajeros ha crecido un 17,71% desde 2014 y las pernoctaciones lo han hecho un 19.85%. Como decíamos al principio, buenos números, pero en un contexto de crecimiento generalizado. No es lo mismo crecer un 10% cuando todo el mundo cae, que crecer un 10% cuando todo el mundo crece un 40%.

Cabe preguntarse entonces por el impacto del Centenario. ¿Fue bien o mal? ¿Nos merece la pena celebrar el sexto? El número de viajeros creció durante el año de Centenario un 22% y las pernoctaciones un 28%. No son malos números, ¿pero son mejores o peores que en otras latitudes? Si se fijan en las tablas superiores, cuando comparábamos los datos de 2016 y los de 2014, Toledo sale bastante mal parado. 2014 fue para la ciudad bañada por el Tajo el año de los fastos del Greco.

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En la tabla superior se comparan los datos de Ávila y de Toledo el año anterior al evento festivo, el año del Centenario y el año posterior. Como ven, los números son muy parecido, incluso algo mejores para nuestra ciudad que para la capital de Castilla-La Mancha. Si nos vamos a los datos mes a mes, podemos ver que el comportamiento en ambas capitales es muy parecido.

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Algunas conclusiones a la luz de todos estos numeritos y barritas de colores. El turismo abulense va bien, como la España de Aznar, pero el impacto del Centenario una vez apagadas las luces no parece muy elevado. La Santa llenó la ciudad en 2015, pero el efecto a medio plazo no parece excesivo. Y esto no es algo achacable a nuestra ciudad y a su hija más ilustres, sino común a otros eventos de este tipo.

Habrá que preguntar a nuestros vecinos segovianos con qué limpian el acueducto para que vaya tanta gente a verlo.

Una provincia a cielo abierto

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A unos 400 kilómetros de la plaza del Mercado Chico, centro de la abulensidad y por tanto de Occidente, al sur de la provincia de Badajoz, se encuentra Monesterio, un pueblo de cinco mil habitantes, a las puertas de Andalucía, en una zona dedicada principalmente a la ganadería, la agricultura y el turismo rural. La distancia y el clima nos separan —en Monasterio los inviernos son agradables y es el verano el que se hace largo—, pero hay algo que nos une: la polémica en torno a una explotación minera. Pero hay un matiz no precisamente menor: en Monesterio se pelea por evitar el cierre de la mina; mientras que aquí, a tiro de piedra del paseo del Rastro, se intenta evitar a toda costa que una explotación minera se instale en la zona.

La historia minera de Monesterio arranca en la década de los ochenta y para los monesterienses es sinónimo de crecimiento, riqueza y empleo. Cuando a mediados de 2015 el futuro de la explotación se tornó negro, Monesterio y todos los pueblos de la zona empezaron a temblar. El futuro de la mina dependía de una declaración de impacto ambiental que permitiese ampliar la superficie trabajada. Y tenía que ser rápido, porque el yacimiento se estaba agotando. Ciudadanos e instituciones locales y regionales urgieron a la resolución del expediente administrativo y cruzaron los dedos para que esta fuera positiva, pero nada se supo. La declaración de impacto ambiental no llegó, los precios de los metales extraídos cayeron y la mina cerró. Fue y es un drama para toda la comarca, que sigue leyendo los periódicos esperando buenas nuevas.

Para los abulenses, nuestra nonata mina parece sinónimo de contaminación, paro y destrucción. En Extremadura, la opinión pública y las instituciones se han posicionado unánimemente a favor de la mina. En Ávila, las protestas organizadas por colectivos ecologistas y vecinales han conseguido que las instituciones locales y provinciales, en principio espectadoras mudas del proceso administrativo, se posicionaran en contra, mientras la administración regional se lava las manos y se esconde detrás de técnicos y funcionarios. ¿Cómo es posible que ante una situación tan similar la ciudadanía reaccione de forma tan dispar?

En realidad, la reacción en Monesterio —y en cualquier comarca minera— y en Ávila es la misma aunque no lo parezca. En ambos casos se está defendiendo el statu quo. En Monesterio, el cierre de la mina es el fin de su modo de vida: supone la pérdida de cientos de empleos directos y un número indeterminado de empleos indirectos relacionados con la explotación minera y sus trabajadores. Se convocaron protestas, manifestaciones, los afectados se reunieron con todos los políticos con mando en plaza y buscaron el apoyo de los medios de comunicación. En Ávila, sin saber qué efecto tendría la mina —y a quién beneficiaría— esta se presenta también como una amenaza a sus formas de vida: los agricultores temen perder sus cosechas, los ganaderos los prados donde comen sus animales y los propietarios de negocios relacionados con el turismo rural los paisajes que atraen a los turistas.

Todo el mundo dice que Ávila es una provincia llena de potencial, pero nunca entran en detalles. ¿El turismo? Por supuesto, pero ¿podemos vivir todos del turismo? ¿Y del campo? La despoblación de las zonas rurales del interior de España es un problema acuciante de difícil solución. Sin desarrollo económico ni expectativas de futuro, miles de kilómetros cuadrados, cientos de pueblos, morirán poco a poco. El futuro es negro, seamos conscientes de esto.

No hablo de aceptar acríticamente cada proyecto empresarial o cada empleo que se nos ofrezca. ¿No sería mejor analizar con la cabeza fría cada oportunidad de desarrollo que se presente? Evaluemos los riesgos con serenidad, exijamos total transparencia, sopesemos oportunidades y amenazas. Exijamos que se minimice el impacto ambiental, que se controlen los posibles riesgos, que se asegure la restauración de la zona cuando acabe la explotación minera. Pensemos en el presente, en los que están, pero también en los que se irán o nunca vendrán. No dejemos que nuestros miedos hablen por nosotros. ¿Una mina? Si cumple con la ley, estupendo. Bienvenidos sean esos empleos, aunque sean diez.

El poscas (Episodio IV)

Viene de “El poscas (Episodio III)”

Marco Antonio dio un salto desde la grada, realizó un doble tirabuzón en el aire y se posó con suavidad en la pista del pabellón con maneras de atleta rusa dopada. ¿Compartirían Hovejo y él entrenador personal? Con un pequeño soplido, se colocó un mechón de pelo rebelde. Llevaba en una mano el acta notarial, en la otra una escopeta de cañones recortados, un látigo al cinturón y un sombrero vaquero.

—Como decía, todo depende de mí —repitió mientra comenzaba a andar entre el silencio expectante de los afiliados/militantes/compromisarios/simpatizantes de Los4Palos.

En la tribuna presidencial, los Del Pozo cruzaron miradas de pánico. Hovejo, viendo que todo aquello se alargaba, se sentó en el suelo y se puso a leer el último libro de autoayuda de Josef Ajram.

—Es Fiscalizatorman —dijo uno de los Del Pozo.
—Estamos jodidos —respondió el otro.
—Tiene su Encanto —dijo una ciudadana cualquiera en algún lugar del pabellón.

Marco Antonio Serrano estaba ya a los pies de la tribuna. Se guardó el acta notarial en el bolsillo del pantalón y dirigió una mirada a los presentes.

—Basta ya de tanta tonterías —dijo—. Vamos a ir al grano. Solo hay sitio para un partido de la Nueva Política en esta ciudad.
—¿Y Trato Ciudadano? —preguntó alguien.
—Hablo de partidos, no de bandas —dijo con desprecio Marco Antonio— O vosotros o yo.

Marco Antonio levantó su escopeta, apuntó a los Del Pozo y disparó. El estruendo de la detonación, amplificado por el techo de chapa del pabellón, dispersó, por fin, a todos los pájaros del jardín adyacente. En ese mismo instante, una figura emergió desde un lateral de la tribuna y se lanzó a la carrera.

—Noooooooooo —se oyó gritar al desconocido mientras saltaba y bloqueaba con su cuerpo el mortal disparo.

Durante unos segundos el tiempo se detuvo. Luego, con el hombre herido ya en el suelo, el pánico cundió entre La Gente y la masa se disolvió en carreras, gritos y empujones. Marco Antonio Serrano y su sombrero vaquero se perdieron entre el gentío. Los Del Pozo se acercaron a su salvador para descubrir con sorpresa que no era otro que José Luis Rivas, Excelentísimo y Molt Honorable Alcalde de la Ciudad de Ávila del Rey, de los Leales y de los Caballeros. El alcalde, con los brazos cruzados sobre el pecho, gemía y se retorcía de dolor.

—¡Se muere! —gritó uno de los Del Pozo— ¡Que alguien llame a una ambulancia!
—Tranquilos —respondió Rivas con voz entrecortada— Llevo… un… chaleco…. antibalas.
—¿Entonces? ¿Por qué se duele? —preguntó el otro Del Pozo.
—He caído mal… Me he hecho daño en el codo.

Entre los dos, ayudaron al Alcalde a levantarse y le pusieron el brazo en cabestrillo con una pashmina. El pabellón estaba vacío, la multitud se había disuelto, un funcionario recogía poco a poco las sillas de madera y el marcador señalaba el final del partido. Fuera, el sol se ponía poco a poco sobre la ciudad y sobre Los4Palos. Los Del Pozo y el Alcalde abandonaron el pabellón de San Antonio.

—¿Por qué nos has salvado la vida?

El Alcalde miró a ambos y pasó el brazo bueno por encima de los hombros de uno de ellos.

—Yo también odio a Héctor Palencia.

EPÍLOGO

No muy lejos de allí, en su despacho en lo alto del Torreón de los Guzmanes, Jesús Manuel Sánchez Cabrera se disponía a dar por acabada su jornada laboral cuando un cernícalo mensajero entró por la ventana abierta y se posó en su percha de fresno. El presidente de la Diputación se acercó al ave, le premió con el hígado de un ratón y retiró de una de sus patas el mensaje que portaba. Después de leerlo, y un tanto confuso, llamó a uno de sus asistentes.

—Acaba de llegar un mensaje… peculiar. ¿Qué es eso de la asamblea de Los4Palos? —preguntó el presidente.

—Los chicos del blog ese estaban dando forma a un partido para hacerse con el poder, pero, por lo que sabemos, les ha salido regular —respondió su fiel asistente al otro lado del teléfono.

—Bah, aficionados.

Un fraude y una porra

Sí, me han pillado. Tengo que reconocerlo. He sido yo. Si han frecuentado las redes sociales desde la noche del domingo o leen determinada prensa, habrán visto como una ola de indignación agitaba a la muchachada —término que uso en un sentido general, sin condicionantes generacionales— ante las sospechas de un fraude electoral masivo en las pasadas elecciones generales. Los argumentos pueden parecer un tanto peregrinos, es verdad, y puede dar la impresión de que los peones morados están a punto de comenzar a buscar cintas de la Orquesta Mondragón en furgonetas aparcadas junto a los colegios electorales, pero nada más lejos de la realidad. Los muy cabrones han dado en el clavo.

Sí, hubo fraude electoral la noche del 26J y lo organicé yo. Es posible que acabe en la cárcel tras esta confesión, pero desde entonces no puedo dormir y no han dejado de empeorar mis tiempos en los diez kilómetros. Yo soy el responsable del pucherazo del domingo. No lo hice yo solo, claro, me ayudaron un montón de amigos de la España profunda, pero me llevaré sus nombres al presidio. Tampoco les diré cómo lo hice, pero sí les voy dar mis motivos. No, no pretendo justificarme, tan solo explicarme. ¿Por qué un joven como yo, guapo, alto y con pelo, en la flor de la vida, amañaría un proceso electoral si ni siquiera se presentaba? ¿Acaso soy un fanático de las alcachofas? ¿Estoy enamorado de Pablo Casado? No, nada de eso. Truqué las elecciones para ganar la porra que organizaba este blog. Estaba harto de perder una y otra vez, harto de cruzar datos en tablas de excel buscando la fórmula exacta, harto de dejarme los ojos mirando los microdatos de las encuestas. Sí, iré al talego, PERO HE GANADO LA PORRA MÁS DIFÍCIL DE LA HISTORIA.

Porra

Perdón por las mayúsculas, me he venido arriba. En la tabla que se encuentra sobre estas líneas tienen el resultado global, si quieren más detalles pueden ver los resultados parciales en este comentariovisitar la tabla con las apuestas y los cálculos.

Y antes de que las fuerzas del orden vengan a buscarme, un comentario personal sobre los resultados de las elecciones. Rajoy ganó como gana el sol a la luna cada amanecer, dejando que pase el tiempo. Igual deberíamos empezar a preguntarnos si no hemos infravalorado a Mariano. Quizá sea un soso, tenga un tic en un ojo y se le de mal improvisar discursos, pero sin regalar series a nadie, sin ser guapo y sin rodearse de frases de Kennedy, debe ser el único presidente europeo que ha revalidado victoria en medio de la tempestad financiera que ha asolado al continente los últimos nueve años. Y con el armario lleno de cadáveres, tesoreros, púnicas y gente con la piel de color naranja. Y si no es así, si Mariano es tan mal político como parece y como repetimos habitualmente, quizá deberíamos empezar a dudar de las capacidades de los demás. Hay PP para rato y el mérito no es solo suyo.

En Ávila, el Partido Popular ha sacado un estratosférico 51,59%, casi 32 puntos más que el PSOE, segundo con un 19,46%. Que sí, que ya, que esto está lleno de viejos de la España profunda que no son la gente, que no saben nada de la patria y que además son unos tristes que no sonríen. El PP y su cabeza de cartel han mejorado su resultado en cinco puntos respecto a diciembre, mientras que el PSOE ha retrocedido muy levemente. En lo que hemos venido a denominar La Nueva Política, Ciudadanos retrocede punto y medio y Unidos Podemos pierde tres puntos, 3400 votos, la mitad en la capital. Lo de los naranjas era esperable, pero el pinchazo de Podemos ha sido una sorpresa para casi todo el mundo, empresas demoscópicas incluidas. Poco podemos aportar aquí a lo dicho en otros sitios sobre el asunto: el excesivo peso de un candidato que genera por igual simpatía y rechazo, los vaivenes ideológicos, la polarización de la campaña, etc. Por mi parte tan solo recomendar a la sección local de la coalición que la próxima vez, además de homenajear a la Santa, dediquen un rato a San Juan de la Cruz, unos minutos a San Pedro del Barco y se tomen un vaso de sangría en honor de San Segundo. La Santa Confluencia.

Marcho. Voy a ver si puedo amañar las elecciones de Estados Unidos antes de que me pillen. Tengo un amigo en el Oregón profundo que igual me puede echar una mano. ¿Montamos una porra?

PS. La mala noticia de la noche es que Pepe Herráez, amigo y lector de este blog, no logró entrar en el Senado. Un abrazo, Pepe. ¡A la tercera va la vencida!

PS2.- Gracias a Guillermo por el cálculo de los resultados de la porra.

Un debate para la reflexión

Cuando uno sigue la Eurocopa este año tiene la sensación de que sobran equipos. ¿Irlanda del Norte? ¿Hungría? ¿Albania? ¿Islandia es un país? Casi se echa en falta a Australia o a Azerbaiyán, últimas adquisiciones continentales en lo relacionado con la canción melódica y la organización de grandes premios de Fórmula 1 ¿Y por qué dura tanto? No creo que ningún aficionado al fútbol se queje de tener fútbol a todas horas en la televisión, en la radio y en los informativos —a nadie le amarga un dulce—, pero dudo mucho que Piqué tenga tantas gracias y chascarrillos preparados para aguantar un mes de competición al nivel actual. Si España llega a la final no podemos descartar que el central blaugrana escuche el himno con los calzoncillos bajados, haciendo el pino o decapite a una gallina entre el cuarto y el quinto lalalá.

Esta sensación de exceso, de estómago lleno tras comida navideña, es similar a la que sentí hace más o menos seis meses viendo el debate de candidatos abulenses al Congreso con motivo de las pasadas elecciones. ¿Seis candidatos? ¿De verdad? ¿UPyD sigue existiendo? El pasado jueves, el debate, como las elecciones y las páginas amarillas, volvió a entrar en nuestras casas, pero esta vez no eran seis los contendientes. La fusión fría de IU y Podemos restó un ponente a la izquierda y UPyD no recibió su invitación a la fiesta, como ese amigo pesado del trabajo del que siempre pierdes la dirección cuando llega la hora de organizar una boda. Viviremos siempre con la duda de si se habría presentado al debate con sombrero. Por cierto ¿por qué la gente ya no lleva sombrero?

Repetían Pablo Casado, el renovador sonriente del PP, y Pedro José Muñoz, vocalista de los viejos rockeros socialistas, y se estrenaban ante las cámaras el candidato de Unidos Podemos, Carlos Martín, y Diego Garzón, el dicharachero aspirante a diputado de Ciudadanos.

El debate transcurrió por los cauces previstos, sin demasiadas sorpresas, con los candidatos pegados al discurso de sus mayores. Es posible que Islandia llegué a octavos, pero no la veremos levantar la copa en París a mediados de julio. Es necesaria la moderación, los extremos bloquean el cambio, sea este sensato o no, hay que entenderse y la gente sonríe poco. Señora ¿conoce usted a mi amigo el voto útil? Es imprescindible para el/la cambio/futuro/estabilidad/moderación/ropa más blanca (tache lo que no proceda).

Como también era previsible, el nivel del debate fue mayor que en diciembre. Diego Garzón es más capaz de Pedro Sierra, la experiencia es la madre de la ciencia y la calidad del sonido mejoró sin los castañeos de dientes y los gemidos de pánico del candidato de UPyD. Hubo tiempo para los ataques personales y la lucha en el barro, pero no terminó de llegar la sangre al río. ¿Propuestas? Pocas, como siempre. La campaña no es lugar para esas cosas.

Tan solo al final, cuando Pedro José Muñoz sacó su florete, la cosa se puso interesante. “La socialdemocracia es mía” se le escuchó decir mientras desenvainaba. El candidato de UP reaccionó bien y con una finta esquivó la primera estocada del socialista mientras se echaba la mano al cinto y recuperaba su fiel acero toledano. Durante el lance, tras cada embestida transversal del candidato de Unidos Podemos, Pedro José Muñoz lanzaba miraba en escorzo a Garzón buscando su apoyo, pero el naranja estaba ocupado en su lucha de pistolas de agua con Pablo Casado. “Apátrida” gritaba Casado, “madrileño” respondía Garzón, “palenciano” puntualizaba el candidato de Podemos entre jadeos. Por fortuna, al final triunfó la cordura y cuando hizo su aparición en plató la manada de velociraptores, el candidato de Ciudadanos se puso del lado del socialista para sujetar el pesado cañón de hadrones que acabó con los lagartos y provocó el agujero negro que lanzó a Gran Bretaña fuera de la Unión Europea. Un suspiro de alivió por parte de la presentadora dio paso a la publicidad y al finalizar las cuñas, los candidatos habían desaparecido dejando en su lugar pequeños montoncitos de sal. 

Hoy toca reflexionar y mañana votar. Vayan reservando un domingo en diciembre por si esta vez tampoco sirve para gran cosa.

PS.- He visto en Twitter que el debate ya está colgado en Youtube. A ver si saco un rato entre octavos y cuartos de final y le echo un ojo, que el otro día estaba liado y no pude verlo. Cuando lo haga les digo qué me pareció. 

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