Al norte de la patria mía

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Ayer, en Taranco de Mena, un pueblo al norte de Burgos, apenas una docena de casas bajas rodeadas de colinas boscosas, un grupo de personas -como no formaron una bandera cuartelada o roja carmesí para regocijo de los extraterrestres todavía no hay crónica del evento que cuantifique el número de asistentes- se reunieron para celebrar que hace 1214 años, el 15 de septiembre del año 800, un notario de nombre Lope puso negro sobre blanco por primera vez la palabra Castilla. Como no podía ser de otra forma -en el fondo la escritura fue un invento capitalista- el citado manuscrito tiene carácter económico: es un acta notarial en el cual el abad Vitulo dona unos terrenos para la fundación de un monasterio “in territorio Castelle”.

Lo que en otras latitudes se convertiría en lugar de peregrinación, con monumentos, centros de interpretación y parque de atracciones; en la vieja Castilla se ha resuelto con un monolito de granito pagado a escote por los interesados y la celebración anual de carácter casi familiar antes referida. Por estos pagos, la identidad regional nunca ha cotizado al alza, como se encarga de demostrar año tras año la celebración de la derrota de Villalar; una festividad regional que en el fondo consiste en unos cuantos miles de personas yendo a un lugar concreto del campo a tomarse unos vinos y unas tapas de carne a la brasa, haciendo un poco el gandul mientras escuchan cuatro jotas, tres himnos marxistas y dos veces el Canto de Esperanza.

Hace unos días, el diario El Mundo nos alertaba -Bautista, las sales- de que según el CIS solo el 16% de los españoles está dispuesto a participar en la defensa del país. Al parecer, es una cifra baja, pero a mi me parece una barbaridad. A ojo de buen cubero, hay siete millones de españoles sueltos por la calles, sin ningún tipo de control o distintivo, dispuestos a coger las armas para defender el toro de Osborne, la siesta, la tortilla, la paella y la Constitución del 78. Hay que decir que la pregunta tenía trampa, puesto que no especificaba el enemigo y así cualquiera se alista; pero convendrán conmigo en que no es lo mismo coger un fusil frente a un maromo de dos metros, armado hasta los dientes con la última tecnología, venido desde el sur de Arizona a bordo de un cazabombardero fantasma -morir pa’ na es tonteria-, que hacerlo para frenar a la gente esa que decapita periodistas en oriente. Tampoco preguntaron por los franceses, en un alarde, supongo, de febril europeismo.  

En ese mismo estudio se preguntaba a los encuestados por su sentimientos identitarios. ¿Se siente usted español? ¿Tan español como de su pueblo? ¿Más de su pueblo o de su barrio? ¿La Toledana para los de la Toledana? Lo más habitual es que la gente se sienta tan española como de su comunidad autónoma, aunque como pueden suponer la cosa va por barrios. Los sospechosos habituales no se sienten muy españoles y para compensar y que salga una media resultona hay otros que tienen la sangre rojigualda, con lo malo que tiene que ser eso para la salud. Murcia y Castilla y León son las comunidades donde menos gente afirma tener únicamente “identidad periferica”. En Murcia, solo el 1,3% de los murcianos se sienten murcianos. En nuestra comunidad birregional y conjuntiva, ese porcentaje se queda en el 2,9%. Pero aquí, de nuevo, hay trampa. ¿De qué identidad hablan? ¿Se sienten castellanos, castellanoleoneses, leoneses solo, del Bierzo, pancastellanos? ¿Y si todos los que afirman sentirse solo de aquí resultan ser de Treviño y hablan de Euskadi?

¿Estamos ante un drama, ante una hecatombe? ¿Debemos rasgarnos las vestiduras y obligar a nuestros infantes a honrar la bandera cuartelada en lo colegios? Yo diría que no. En mi opinión, en estas tierras tenemos, por regla general y por fortuna, una relación muy sana con nuestros sentimientos identitarios. En román paladino: a la mayoría nos importan una chufa. Sí, nacimos en un cacho concreto de la tierra, no por voluntad propia, y es innegable que eso tiene cierta influencia sobre nuestra forma de ser. Y sí, cuando estás lejos, aprendes a valorar esta clase de cosas y es posible que incluso sonrías cuando sale Valladolid por la televisión -simpatizar con Valladolid es algo que solo se puede hacer cuando vives muy lejos de Valladolid. Y sí, nuestra historia y nuestro patrimonio son muy ricos, el museo más grande del mundo y todo eso. Pero ¿y qué?

Algunos me pueden contestar que igual no nos sentimos muy castellanos/castellanoleoneses/leoneses/loquesea, pero que a cambio el “españolismo” está en el aire, en el agua y en las patatas revolconas; pero mi impresión es que eso tampoco es así, que en general el habitante medio de este rincón del mundo es identitariamente apático y deposita su fe en los trapos de colores solo y ocasionalmente para las competiciones internacionales de deportes de equipo. Lo normal y deseable, vamos. A mi, sentir afecto hacia una entidad administrativa, en el fondo es eso de lo que estamos hablando, es algo que no me sale. No siento nada, por ejemplo, hacia el Ministerio de Fomento o hacia la Subdelegación del Gobierno, ni mando cartas de amor a la Subdirección General de Bellas Artes y Bienes Culturales, ni flores al Instituto Nacional de Estadística.

Acepte un consejo, querido lector: si alguna vez usted nota aflorar en su interior un sentimiento nacionalista -de aquí, de allí o de cualquier sitio- visite la agencia de viajes más cercana y tómese, siempre bajo prescripción médica, unas vacaciones lejos de su patria.


PS.- Por cierto, y hablando de esa historia milenaria, el documento ese en el que aparece la palabra Castilla es falso según la mayoría de los investigadores actuales. Seguramente algún monje avispado del S. XII lo redactó para justificar la propiedad de unas tierras. Esto de las patrias es un lio y nunca sabes cuando son de verdad y cuando sirven solo para esconder los chanchullos de alguien.

Banda sonora: La Raíz – Nuestra Nación

A tale of two benches (Fábula de Ramón y Gustavo)

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Se conocieron en la Universidad de la Vida, en la Facultad del Mobiliario Urbano, magna institución en la que se han formado farolas, bancos, fuentes y papeleras desde que la fundase, a finales del S. XVIII, el honorable carpintero y artesano inglés Lord Woodgate. Congeniaron inmediatamente a pesar de que a primera vista lo único que tenían en común era el respaldo de madera. Uno, Gustavo, era arisco, terco, violento, egoísta; mientras que el otro, Ramón, era amable, encantador y desinteresado. Desde el principio, Ramón intentó suavizar el carácter de su amigo, con la convicción de que tarde o temprano sus agrias maneras terminarían buscándole un problema. Se lo decía una y otra vez, día tras día, en la cafetería, en clase, tirados en el césped frente a la facultad; pero Gustavo no daba su reposabrazos a torcer. Soy como soy, le decía cuando se hartaba del discurso moral de su amigo, y si a alguien no le gusto que se siente en otro sitio. Te buscarás problemas, le insistía Ramón. No busco amigos, solo sobrevivir, le aclaraba Gustavo poniendo punto y final a la conversación.

Ramón fue el primero de su promoción, el ojito derecho de sus profesores, el más admirado y deseado por papeleras y farolas. Gustavo aprobó y con eso le bastó. Después del verano, ambos conocieron sus destinos: la suerte quiso que compartieran ciudad. Ramón estaría cerca de un parque, como siempre había querido, viendo pasar a pequeños y mayores, sirviendo de descanso a unos y de juguete urbano a otros. Por su parte, Gustavo obtuvo mejor destino del que sus calificaciones parecían augurarle: estaría frente al ábside de la Catedral.

-Todo el día rodeado de gente, escuchando miles de conversaciones, en cientos de idiomas. ¿Te das cuenta, Gustavo? ¡Tienes un destino excelente! – le animó Ramón frente al tablón de la facultad.

-Vaya puta mierda -contestó Gustavo.

Los meses transcurrían en sus destinos con aparente normalidad. Ramón era feliz y Gustavo iba tirando. Una mañana de junio, mientras se despejaba para encarar una dura jornada de trabajo, Ramón recibió una notificación de sus superiores: un bar cercano iba a instalar un terraza de verano junto a él y había solicitado su retirada. El mundo se le cayó a los pies. Ramón decidió pelear y recurrió la decisión. Habló con los propietarios del bar, con sus superiores, solicitó la mediación de sus profesores de la Universidad, recogió firmas. Todo para mantener la que hasta ahora era su vida y a todos aquellos que formaban parte de ella: el abuelo que se sentaba a tomar el sol, la madre que apoyaba en él, todas las mañanas, la bolsa de la compra, el niño rubio que le utilizaba como si de un barco pirata se tratase. Todos sus quebraderos de cabeza se los contaba por la noche a Gustavo, que solía contestarle con gruñidos y otros sonidos guturales. Al final, la lucha sin descanso de Ramón dio resultado y consiguió permanecer en su ubicación.

Una mañana del verano siguiente fue Gustavo el que vio como a su alrededor crecía una terraza, con sus sillas, sus mesas y sus sombrillas. Pero Gustavo, al contrario que su amigo, vio en aquello una oportunidad. ¡Por fin le quitarían de allí! Estaba cansado de aguantar a la gente, de sentir sobre su espalda el trasero sudoroso de cientos de extranjeros, de que adolescentes hormonados se sentasen en su respaldo y le pusiesen los pies encima. Pasaba calor en verano y frío en invierno. Las palomas defecaban en él sin pedir permiso ni perdón e incluso algunos vándalos habían dejado grabados sus nombres en su piel. Aquella terraza era su gran oportunidad para salir de allí.

Y así fue. A las pocas semanas de la instalación de las mesas, unos operarios mandados por sus superiores le desatornillaron las patas y le llevaron en volandas y en furgoneta hasta un almacén donde, solo y a la sombra, pensaba disfrutar de su merecido retiro. Pero su tranquilidad apenas duró unos días y los mismos operarios que le habían salvado le devolvieron a su ubicación habitual. ¿Por qué? No conseguía entender nada. ¿Había hecho algo mal? ¿A qué dioses había enfadado para que su suerte fuese tan funesta? Ramón se lo explicó: alguien se había quejado de que unos bancos se retirasen y otros no.

- ¿Pero a ellos qué más les dará? ¡Yo era feliz en el almacén!

Gustavo sigue hoy allí dónde de nuevo le atornillaron los operarios municipales, esperando, ansioso, que aquellos que se quejaron de su retirada acudan a él para descansar. En las ciudades pequeñas todo se sabe, no hay secretos, y tarde o temprano podrá morderlos en las nalgas. Quizá así pueda volver a su almacén.  

Ps.- Fotografía cortesía de Juan Luis del Pozo

Otra vez Las Gordillas

La tarde del pasado jueves, de nuevo fuego, de nuevo llamas. Una vez más, los restos de Las Gordillas eran pasto de los vándalos, de la decadencia en la que los han sumido sus propietarios y de la dejadez de las administraciones, últimos responsables de la salvaguarda del patrimonio histórico y cultural.

En este rincón ya hemos hablado antes de este asunto, concretamente en noviembre de 2012, cuando la denuncia de un particular alertó a las autoridades sobre nuevos desperfectos en el edificio. Hace un año, otro incendio devolvió los vetustos muros del convento a las primeras páginas de los medios. En aquel momento, todas las instituciones afirmaron sentirse preocupadas por lo sucedido y por la situación de los restos y pusieron en marcha, o eso dijeron, los lentos y pesados engranajes del Estado, ese Leviatán tullido y ojeroso, para asegurar su conservación. Casualmente, a principio de este mismo mes, el director general de Patrimonio de la Consejería de Cultura y Turismo de la Junta de Castilla y León anunciaba que la administración regional estaba preparada para intervenir en Las Gordillas, juez mediante, para asegurar su supervivencia y mejorar su seguridad. Apenas han pasado quince días. Casualmente. No hace falta glosar los antecedentes para concluir que la relación del patrimonio local con los vándalos y las casualidades es larga y desoladora.

Según el responsable de la Junta, las obras de consolidación de los restos aún en pie comenzarán durante el segundo trimestre del año próximo. Hasta entonces, me temo, nos tocará cruzar los dedos y confiar en que los hados nos sean propicios y alejen a los vándalos -y a los alanos- de los viejos muros. Tampoco estaría mal contar con la implicación del Ayuntamiento y de su Policía Local, pero igual nos sale más rentable y nos produce menos úlceras poner un par de velas en la Ermita de Sonsoles.

Izquierda Unida ha solicitado a la Junta, como hicimos aquí hace dos años, que expropie el Convento para asegurar su protección. La intervención de la Junta para consolidar los restos es necesaria y urgente, pero tras años de incumplir sus obligaciones es perentorio que los titulares del bien sean desposeídos de él. Este sería solo un primer paso pues, tras la consolidación y la expropiación del bien, sería necesario encontrarle un uso conveniente. De todas formas, si los acontecimientos siguen desarrollándose al ritmo actual, igual tenemos un par de décadas para pensarlo. Eso si el edifico no se cae antes, claro.

 

Ni bien, ni mal

Las playas atestadas de guiris enrojecidos, los aeropuertos y estaciones de tren repletos de maletas forradas de plástico verde, las carreteras convertidas en atascos interminables, tu piel morena sobre la arena, nadas igual que una sirena. España huele a agosto, a crema solar y salitre, a terraza, caña y tapa; a vacaciones, a turismo. Como no se cansan de señalar los medios, nuestra principal industria va bien y atraídos por todos los encantos de nuestro país, entre los que por supuesto está este blog, cada vez más extranjeros pasan sus días de asueto entre nosotros.

El turismo a nivel nacional va de record en record, pero ¿cómo van las cosas en este pequeño rincón de las Españas? ¿Se han visto por las calles de la ciudad más chanclas con calcetines que el año pasado? ¿Cuántos visitantes han disparado su nivel de colesterol con las viandas locales? ¿Se han vendido más tazas de Pedrolo que el año pasado? Responder a estas preguntas es difícil y agosto no es mes para esfuerzo, así que vamos a lo fácil: viajeros y pernoctaciones.

Antes de los datos, la advertencia de rigor. Cuando desde el Ayuntamiento se ofrecen datos sobre la evolución del sector turístico, suelen hacerlo en base a datos recogidos en las oficinas de turismo o en los accesos a los principales monumentos, mientras que nosotros preferimos utilizar los de la Encuesta de Ocupación Hotelera que proporciona el INE que son mucho más accesibles que los del transparente Ayuntamiento de Ávila y que además nos permiten realizar comparaciones con otras ciudades de nuestro país. Según estos datos, durante los primeros seis meses del año (el último dato publicado por el organismo público es el de junio) llegaron a nuestra ciudad 101563 viajeros (para el INE un viajero es aquel que pasa al menos una noche en la ciudad) y realizaron 144939 pernoctaciones. Respecto a 2013, esos datos suponen un aumento del 1,99% del número de viajeros (hip, hip, hurra) y un descenso del 3% en el número de pernoctaciones. Un brote verde con raquitismo.

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En la tabla superior, la evolución interanual de viajeres y pernoctaciones por meses. Buen inicio del semestre, y desastroso junio. Si tenemos que hacer caso a las noticias publicadas en la prensa local, la tendencia apuntada durante ese mes se prolongó durante julio, aunque durante el presente mes los datos parecen estar siendo mejores. El dato más positivo es que el número de visitantes extranjeros y el numero de pernoctaciones que realizan en la ciudad aumentaron considerablemente a lo largo de estos seis meses, un 28,9% y un 38,5% respectivamente. Excelente dato que nos permite adivinar sin esfuerzo que el turismo nacional vuelve a números rojos: los visitantes caen un 2.5% y las pernoctaciones cerca de un 10%. La recuperación económica es tan fuerte que los turistas españoles en lugar de venir a Ávila se van a Nueva York, Singapur y el lado oculto de la luna.

¿Y cómo van nuestros vecinos? Lo más importante: ganamos a Segovia en viajeros y pernoctaciones. Sí, por estrecho margen y sí, su sector turístico está evolucionando mejor en lo que va de año, pero ganamos. En la tabla que figura debajo de estas líneas tienen la evolución de algunas ciudades similares a la nuestra. Malos datos de Zamora y Cuenca, regulares de Ávila, Burgos y Salamanca. Buenos datos en Cáceres y Segovia y excelentérrimos en Toledo. Para que se hagan una idea, esas barritas azules y rojas se traducen en 60000 viajeros más y casi 90000 pernoctaciones para los castellanomanchegos.

InteranualTurismoCiudades

¿Y qué ha hecho Toledo para lograr ese milagro? Organizar, celebrar y publicitar el IV Centenario de la muerte del Greco. ¿Surtirá ese mismo efecto el próximo centenario de Santa Teresa sobre el sector turístico local? Esperemos, papa Francisco mediante, que sí, que el Centenario suponga un revulsivo para el turismo local y que ese efecto se mantenga en el tiempo. Mi impresión es que la organización y promoción de los eventos va con un poco de retraso, y que quizá falta un gran evento que sirva de atractivo a lo largo de la celebración (la exposición celebrada en Toledo sobre el pintor cretense superó el millón de visitantes), pero quizá sea solo una impresión personal. De todas formas, es un aspecto que iremos viendo y comentando por aquí.

¿Vienen curvas?

Julio2014

Rajoy es un hombre frío, o al menos eso parece. Poco dado a dejarse llevar por las emociones o los sentimientos. A pesar de eso, hace pocos días, antes de comenzar sus vacaciones estivales, en su “mensaje de verano a la nación”, el presidente del gobierno sorprendió a propios y extraños con un discurso lleno de alegría, optimismo económico y esperanza. El espíritu de Zapatero parecía haberse apropiado durante la comparecencia del cuerpo del bueno de Mariano. ¡Incluso sus cejas parecían más puntiagudas que de costumbre! “La recuperación es firme y cada vez más intensa. No estamos ante un espejismo, ni un alarde de optimismo injustificado. Pisamos terreno sólido y esto lo confirma la OCDE, el FMI y otros organismos internacionales” dijo el presidente del Gobierno apoyándose en los datos: prima de riesgo, crecimiento del PIB, descenso del paro, etc.

La economía española, es verdad, acumula en los últimos meses numerosos datos positivos, aunque sobre cada uno de ellos sobrevuelen nubes de desconfianza y todos puedan ser matizados. Nada que no sea esperable, por otra parte, en estos momentos de tránsito entre la recesión y el crecimiento económico. El PIB crece, sí, pero las exportaciones flojean. La EPA muestra un descenso del paro y un crecimiento del empleo, pero mejor no mirar los datos muy de cerca. En general, la economía parece ir mejor, aunque sea pronto para el Mission Accomplished.

Los últimos datos de empleo conocido apuntalan esta línea de pensamiento. Baja el paro en julio, en el conjunto de las Españas y también en Ávila, pero los datos son reguleros, sobre todo a nivel nacional. No es solo que el paro baje gracias a la precarización de la contratación o a lomos de la temporalidad estival, es que además lo hace menos de lo esperado. En Ávila el pasado julio es el peor julio desde 2008.  

Intermensualjulio2014

¿Se ha agotado la recuperación al poco de empezar? ¿Conspiran los dioses de “los mercaos” contra Mariano? Hoy mismo se han conocido los datos de crecimiento de Alemania y de Italia durante el segundo trimestre del año: Francia se estanca y el PIB alemán se reduce dos décimas. Italia, lo sabíamos hace poco, ha entrado de nuevo en recesión. Para que se hagan una idea de cómo está el patio, España, la España del 24% de paro y los miles de contratos de una hora que no cuentan como parados, es ahora mismo “la locomotora de la Eurozona”. Casi nada.

Acumuladojulio2014

 

A todo lo dicho para rebajar su optimismo sumen los últimos datos sectoriales hechos públicos por el Instituto Nacional de Estadística: comercio minorista, cifra de negocios del sector servicios, índice de producción industrial, etc. Como hemos dicho por aquí en anteriores ocasiones, la mejora es/era real (sobre estas líneas tienen la caída de paro acumulada desde enero en la provincia) pero está/estaba cogida por alfileres y cualquier catarro a nivel internacional -Rusia, Irak, Siria, Israel, el Ébola, los alegres bancos portugueses- podría convertirse en una neumonía a este lado de los Pirineos.

Confiemos en que tan solo sea un leve bache, algo circunstancial, pero por si acaso sigan reteniendo las campanas, aún queda película.

El dilema: 424 páginas de Zapatero en vena.

El verano es la época del año ideal para la lectura reposada. Playa, arena, el lejano arrullo de las olas, inmigrantes asiáticos ofreciendo masajes a los guiris, tú y tu libro. O una piscina, hierba, el lejano arrullo de 17 bestias menores de 13 años y de sus respectivas madres, tú y tu libro. O si no has salido de casa, el sofá, el lejano arrullo del aire acondicionado, el señor que vende naranjas a un euro en una furgoneta destartalada bajo tu ventana, tú y tu libro. Es un ciclo lector en el que solemos rebajar las exigencias, yo el primero, como si se tratara de una noche fría, a altas horas de la madrugada, en una discoteca que huele a orina y alcohol. Bajamos el listón y nos metemos entre pecho y espalda cualquier cosa que haya en la estantería, el kiosko, la biblioteca municipal o el purgatorio de las letras: la sección de libros del Corte Inglés. Sin ir más lejos, yo acabo de terminar, además del libro que voy a pasar a comentar, el último éxito de Javier Sierra y me ha dado por leer “La Catedral del Mar”, ejemplar que está bastante mejor escrito que el primero aunque haya varios detalles que me ofuscan.

Sin más, paso a comentarles, en esta nueva sección que podríamos llamar “Lea en verano que es bueno y sano”, la última gran aportación española al pensamiento político del presente milenio: la magna obra del expresidente Zapatero (en adelante, ZP) “El dilema: 600 días de vértigo”. Como ven, empezamos por todo lo alto. Más de 400 páginas en las que el expresidente intenta explicar y justificar su gestión de la crisis, contando con especial detalle todo lo que rodeó a aquel famoso mes de mayo de 2010.

Aquí ya habíamos comentado la biografía política de Aznar -uno de los mejores libros que Aznar ha escrito sobre sí mismo- así que estamos acostumbrados a políticos que intentan vendernos la moto con ojos llorosos y miradas suplicantes. ZP intenta convencernos de que no tenía más remedio, de que las cosas son muy complicadas y de que él hizo todo lo que pudo por evitar que España acabase en el club de los rescatados. ¿Lo consigué? Psé.

Para mi, el libro se resume en tres palabras: incertidumbre, improvisación e impotencia. Y no hablo solo de ZP. La primera sensación que transmite el libro es que nadie, desde Zapatero a las institución internacionales, tenía mucha idea sobre lo que pasaba, lo que iba a pasar y lo que se podía hacer si lo que pasara o pasase no era bueno. ZP no negaba la realidad cuando se resistía a llamar a la crisis por su nombre, simplemente no sabía lo que estaba pasando y, abrazado a su mantita, su optimismo y su pensamiento mágico, confiaba en que con insuflar confianza a la sociedad y mover mucho las manos todo iría bien. Pero no lo sabía él, ni nadie, o al menos esa es la impresión que da al relatar las múltiples cumbres que se van sucediendo para “refundar el capitalismo”, en palabras del bueno de Sarkozy, dibujado por ZP como un gran amigo de sus amigos y de nuestro país.

De esa falta de diagnóstico de la realidad se pasa a la improvisación. Como nadie tiene ni puta idea de lo que ha pasado, pasa o pasará, se van tomando medidas a ojo de buen cubero. Primero soltando dinero como si no hubiese un mañana y después, cuando la lectura de las tripas de un cuervo nos dicen lo contrario, asustándonos por todo el dinero que hemos palmado. Y en estas llega Grecia y Europa cae en la esquizofrenia y de tanto morderse las uñas acaba masticándose las clavículas. Zapatero narra con detalle buena parte de lo sucedido en torno al hundimiento, rescate y re-recaste de Grecia. Tragedia en tres actos, de momento, en la que Merkel actúa como el tuerto que guía a los ciegos. Como nadie había pensado nunca en que esto llegase a suceder, se apaña como se puede un acuerdo que deja bien claro los principales defectos de la UE. Y luego otro, y otro, y otro…

De largo, lo peor de todo el libro, lo que más asusta como español y europeo, es la sensación que transmite de impotencia. La UE y sus mandamases van dando palos de ciego, uno por aquí, dos por allá, esperando que unos señores que responde al nombre de “los mercados” -como no gobernaba Rajoy todavía conservaban la “d”- vean con buenos ojos sus andanzas y ocurrencias. Los dirigentes europeos vivían con miedo a los lunes, días en que estos demiurgos evaluaban sin piedad sus acuerdos de fin de semana. Ahí tienen a Zapatero sin dormir, en pijama seguramente, con una taza de café, esperando la reacción de las bolsas asiáticas. Europa aprobaba medidas y llegaba a acuerdos con la única intención y esperanza de sobrevivir un lunes más. Una sucesión de abismos y rubicones a la que solo parece haber puesto punto y final -de momento- la intervención de Supermario Draghi. Quinientos millones de habitantes sin herramientas económicas ni políticas suficientes para hacer frente a la situación porque el sistema político, económico e institucional europeo e internacional les ha dejado, a veces voluntariamente, sin ellas. Un juego de equilibrios, contrapesos, soberanías compartidas y multidependencias sobre el filo de una navaja.

Para terminar, una cita, pero no del libro de Zapatero -he oído sus suspiros de alivio- sino de “El declive de los dioses”, del periodista económico Mariano Guindal. Año 2004, una semana antes de las elecciones, entrevista con Miguel Sebastián para La Vanguardia. En la charla posterior a la entrevista, dos perlas. “Menos mal que no vamos a ganar, porque la que viene sobre España es gorda” dice el que luego sería Ministro. Ante la sorpresa de sus interlocutores, Sebastián habla de la burbuja, del exceso de crédito. Guindal le responde que de eso no hay nada en el programa electoral que ha ayudado a confeccionar. “No es un programa electoral para gobernar, sino para que José Luis obtenga un resultado suficientemente bueno para salir reelegido como secretario general del PSOE en el próximo congreso. Después ya haremos un plan económico en serio para gobernar.” Puede resultar extraño lo que voy a decir, pero para mi la peor legislatura de Zapatero fue la primera, cuando se perdió la oportunidad de transformar la economía española y frenar la deriva que nos terminó conduciendo a donde todos ustedes saben. Y de eso, “El dilema: 600 días de vértigo” no dice nada.

Sueños de verano

En nuestro país se dan en la actualidad dos procesos de ensoñación colectiva evidentes y preocupantes, al menos para los que nos situamos fuera de ambos mundos. ¿El nuevo e ilusionante proyecto de Luis Enrique, basado en la cantera y en los valores del club? ¿El “emprendedurismo”? No, pero casí. Por un lado, el proceso catalán, el sueño de la independencia y la posterior conversión de Cataluña en la nueva Atlántida, el nuevo jardín del Edén, una Arcadia feliz, un paraíso terrenal. Por otro lado, Pablo Iglesias y Podemos (en adelante por abreviar, Pablemos) que en su lucha contra la casta, enemigos de la gente de bien, van a liberar a los españoles de las reglas de los mercados capitalista y las lógicas del mundo moderno a base de eslóganes, miradas intensas y círculos.

 Ambos movimientos merecen mi respeto, al igual que todos aquellos que abrazan ambas causas. No seré yo quien les diga a los primeros que no pueden ser independentistas, cuando todos hemos querido enviar a este país a hacer gárgaras alguna vez; o quien impida a los segundos soñar con una suerte de estado postcomunista. (Nota: para mi llamar a alguien comunista no es insulto). Pero mi respeto a sus causas no evita que el andamiaje intelectual y los argumentarios que los sostienen, por no hablar del resultado de su supuesto éxito, me parezcan prospectos de productos homeopáticos, invocaciones chamanistas a la pachamama. Si alguien quiere creer en los pitufos o en el trasplante de almas, perfecto, pero que no nos mire mal cuando nos riamos.

 Una buena parte de los catalanes que quieren la secesión son ajenos a la realidad. No lo digo yo, lo dicen las encuestas. La independencia no solo no les obligaría a dejar la Unión, a pesar de las docenas de declaraciones oficiales que se amontonan en contra, sino que esta correría a pedirles la adhesión y Cataluña se convertiría en uno de los principales motores de Europa. Y si la UE fuese tan tonta como para rechazarlos ¡tampoco pasaría nada!. Cataluña se convertiría en un motor de Europa igualmente, a la vez que competiría contra ella en igualdad de condiciones, siendo una suerte de paraíso fiscal y humano, gobernados, es un suponer, por la misma burguesía que cierra camas en los hospitales, se espía y amasa fortunas con fondos públicos. Y todo esto sin hablar de aquellos catalanes que se creen a pies juntillas, supongo que llevados por la emoción y la autocomplacencia, todas las bobadas que salen del Instituto de Nova Historia sobre la catalanidad de cuanto personaje ha sobresalido en la historia europea. Nunca apoyaré la secesión de Cataluña porque me parece un error, pero creo que los catalanes que así lo deseen tienen derecho a defenderlo. Y creo que tarde o temprano la salida a esto será una suerte de consulta, pero si se llega a ese punto las preguntas tienen que ser clara y las propuestas tienen que ser realistas: no se puede preguntar a los catalanes si quieren seguir en el infierno rojigualda, con demonios, azufre y madrileños; o mudarse al país de la piruleta. Negar los enormes costes de un proceso traumático como la fractura de un país es negar la realidad.

 En Cataluña, como en el resto de España, el ascenso de Pablemos es imparable: segunda fuerza en intención directa de voto según las últimas encuestas, tercera en el conjunto de España. Un partido, recordemos, gestado y dirigido desde Madrid por un núcleo muy reducido de personas que solo ahora, después del éxito de las pasadas europeas, empieza a articularse territorialmente. En Ávila y Castilla y León, la tendencia parece ser la misma, mientras desde el PP y los medios se desgañitan acusándolos de ser ETA, Chávez y Stalin al mismo tiempo. Acusaciones que normalmente se concentran en la figura de Pablemos, erigido por los suyos en una suerte de tribuno de la plebe frente a la clase senatorial. El debate, por llamarlo de algún modo, entre este y Esperanza Aguirre el pasado sábado fue un epítome de la estrategia de ambos: tú eres casta y tú terrorista.

A mi Pablemos no me gusta. No niego que sea inteligente, o que se mueva bien delante de las cámaras, sé que no es de ETA y me da igual si ha cobrado o no de Chavez o amigos, pero creo que al igual que hacen los independentistas catalanes, se aprovecha de la situación económica y social del país para colocar a la gente artificios ideológicos en su único beneficio. Enemigos claros a los que señalar y odiar y soluciones simples y bonitas a situaciones complejas. Blancos y negros en un mundo de grises. El programa de Pablemos para las pasadas europeas puede resumirse como sigue: arriba lo bueno para la gente (33%), abajo lo malo para la gente (33%), propuestas de IU (33%). El mérito de Pablemos es que nadie habla de esto mientras su figura crece aupada por sus adversarios y los medios, IU vuelve a debatir sobre su ser y esencia, noqueada ante la que parecía su gran oportunidad, y el PSOE da vueltas sobre sí mismo mientras se palpa las urnas. Nadie dice que el programa de Pablemos es papel mojado, retórica bien construida pero prácticamente vacía, mientras él y el fenómeno Podemos se alimentan de los absurdos ataques de la caverna.

Todo mi respeto a aquellos ciudadanos que han encontrado respuestas e ilusiones renovadas en estos movimientos sociales, porque no es fácil hallar tales sustentos en los tiempos que corren. Sin negar los aspectos positivos de ambos (sobre todo la politización de amplios sectores desmovilizados, ojalá Podemos en Ávila y CyL logre esto) solo les pido que no sigan el ejemplo de Rajoy, que no consideren a la realidad su mortal enemigo.

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