Avila’s Pou
19 mayo, 2013 3 comentarios
Un blog de abulenses sobre Ávila
29 abril, 2013 Dejar un comentario
Comenzamos la semana con eso que está últimamente tan de moda, y que nosotros agradecemos tanto, que son las colaboraciones con Los 4 Palos. Es un lujo y un placer presentaros a Carlos Muñoz. Joven abulense creador, junto a otros, del blog La Colonoscopia, que ha dedicado un rato a escribirnos estas líneas. Si alguien más se apunta a la moda y quiere mandarnos unas líneas no tiene más que escribirnos al correo del blog loscuatropalos@gmail.com. Aquí tenéis más indicaciones…
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La gente que le cae bien a todo el mundo no es de fiar, no pueden ser tan perfectos. Esa frase me la repite mucho un buen amigo. Y creo que lleva toda la razón. Algo de eso pasa con la Transición, la Constitución o la Monarquía, temas intocables hasta hace pocos años. Ya nos vamos dando cuenta que no eran tan bonitos, perfectos y relucientes como nos los pintaron. También algo de eso pasa en nuestra ciudad con la empresa Nissan.

En los últimos premios de la Alcazaba, o rancioawards como los definiría el maestro Pedro Vera, había mucho de lo más casposo de nuestra ciudad. El actor de segunda venido a menos Juanjo Artero, la periodista y directora de uno de los programas más demagogos y criticados Ana Samboal, la empresa Nissan… un momento, ¿Nissan?
Desde el último libro de Pepe Colubi “California 83″ no me reía tanto leyendo algo. Fue el mes pasado al ver ésta noticia. Nissan presentaba un ERE temporal para adaptar la producción. Poco después la propia empresa y los sindicatos llegaban a un acuerdo para evitar el ERE, acordando la posibilidad de aplicar hasta un máximo de 60 días laborables de no trabajo durante el ejercicio fiscal 2013.
¿Dónde está lo gracioso? dirán ustedes. Pues bien, la Junta de Castilla y León aprobó, a finales del pasado año, cuatro subvenciones para la factoría abulense por un importe cercano a los ocho millones de euros. Aproximadamente tres meses después de recibir ese dinero público, la factoría de Ávila anuncia el ERE. No me negarán lo surrealista del asunto. Más aún cuando Nissan prevé un beneficio neto para 2013 de 3.140 millones de euros.
Es innegable la aportación de Nissan a Ávila, tanto por la cantidad de puestos de trabajo que ha aportado durante muchos años a la ciudad, como por los que mantiene. Además, como empresa privada, está en su absoluta libertad de contratar o despedir a sus trabajadores, tener su planta en Ávila (España) o en Ávila (Filipinas). Faltaría más. Pero cuando recibe una cantidad importante de dinero público la cosa es distinta, o al menos, debería serlo.
Nunca he defendido la aportación de dinero público a empresas privadas para mantener puestos de trabajo. Más aún cuando se recorta de forma brutal en Sanidad o Educación. Pero es que esos ocho millones ni si quiera están sirviendo para eso, como ha demostrado Nissan con su ERE, riéndose de los abulenses mientras sus beneficios superan los 3.000 millones de euros.
Que Nissan haya dado mucho a Ávila no quita para que esté expuesta a nuestras críticas y exigencias, que para eso, en parte, la financiamos. Nosotros por ahora hemos cumplido con nuestra parte con esos ocho millones de euros. Los premios, para cuando en vez de EREs, presente ofertas de trabajo.
25 abril, 2013 1 comentario
Tenemos la suerte de contar, por segunda vez en este blog, con la participación de Luis Asiaín. Y os recordamos a todos que podéis enviarnos vuestras colaboraciones. Aquí os decimos cómo.
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He aquí un relato que refleja la desesperación de los partidos políticos en el momento presente. Me siento tan ofendido que, dado el agravio, me acabo de servir una copa de vino y me dispongo a escribir sin filtro. Como si fuese un tertuliano de la TDT –hasta ese nivel estoy dispuesto a bajar–.
Al llegar a mi domicilio hace escasos diez minutos, me he topado con una carta en el buzón que me ha herido la sensibilidad de manera obscena; quizá herir es poco… me ha causado un intenso y profundo sentimiento de violencia. Ahora mismo, en caliente y si de mi dependiera, estallaría la tercera guerra mundial… y en esta ocasión los bandos no serían tan emblemáticos o cinematográficos como antaño. Organizaría una caza sin tregua en todos los países contendientes, movilizaría a los ejércitos, a las fuerzas de seguridad del estado, a los servicios de inteligencia, a los bomberos, a mercenarios, a presos y delincuentes comunes, a amas de casa, abuelas, vecinos, ciudadanos en general, todo ello para identificar y localizar con una precisión milimétrica dónde se encuentra el enemigo. Quizá sean pocos y cobardes, pero son un grupo de impúdicas y siniestras figuras instaladas en sitios que dañan al conjunto de la ciudadanía, al bien común. Son, manque les pese a muchos, un cáncer. Y el cáncer sólo se cura con quimio y radioterapia –de momento–, en el peor de los casos… hay que operar, amputar, mutilar, extirpar. Toda esa movilización para intentar ‘curar al paciente’. En todos los países, en todas partes, tal sería el alcance de mi tercera guerra mundial.
Las mentes más despreciables, menos empáticas, más hipócritas, más mentirosas, más criminales, más despóticas, más sádicas, más irresponsables, más cínicas, más miserables, menos solidarias, más egoístas, están instaladas sobre un redil de mansos terneros a los que poder ir pellizcando para solaz y divertimento del Olimpo. Angelitos… En general, a este grupo selecto le divierte el delinquir de almuerzo y corbata; son profesionales con… vocación de servicio público… ¡ja! Siempre y cuando eso de ‘servicio público’ lleve implícito una serie de derechos de privilegio por encima del común de los mortales, del populacho –hasta el móvil corre de nuestra cuenta–. En la base suelen quedar aquellos que no sirven para delinquir, no son lo suficientemente inteligentes o de verdad se creyeron el bucólico cuento que andan representando –pobres–. Por el embudo del poder solo van avanzando aquellos que son lo suficientemente corrosivos y miserables como para progresar en esa truculenta jerarquía hacia el infierno. No es la punta de una pirámide, no es una jerarquía hacia arriba… es un desagüe, un sumidero, un canalón hacia el inframundo, hacia una cloaca moral. En efecto, a eso lo llaman progresar dentro de sus propias estructuras. El imaginario colectivo ha interiorizado que ese progreso es hacia arriba, pero no lo es en ningún caso; su avance es hacia abajo, hacia el desagüe repito. De modo que al abrir la carta, esta fue la reflexión que irrumpió inmediatamente en mi mente. Por eso digo y repito, que de haber dependido de mi, aquí se habría montado la tercera guerra mundial.
Y es que están total y absolutamente desesperados, eso es lo que está pasando. La carta no tenía nada fuera de lo común: típica correspondencia anodina y automatizada del banco, un extracto bancario como tantos otros. No era una amenaza personal e intimidatoria, no era una carta de extorsión, de chantaje. Nada de eso. El susto vino al ver de qué se trataba: la cuota anual de 2013 de un partido político ¿CÓMO?… ¿QUÉ?… pasado por mi cuenta y a nombre de mi madre... ¿PERO QUÉ COJ…. ? Con una nota en el concepto que reza lo siguiente:
Para cualquier aclaración dirigirse con esta nota de adeudo a la entidad indicada, la cual ha facilitado esta información.
Como diciendo pío pío que yo no he sido, a mi que me registren. Profesionales.
Vaya… ¿la crisis quizá? ¿la estamos notando ya? Es totalmente comprensible, yo fui autónomo durante años y ni derecho a paro me quedó. Del último trabajo que he tenido me despidieron en siete minutos –no quise hacer guardias por 1€/hora todos los días de 23:00 a 10:00, más la correspondiente jornada laboral durante el día– , también sin derecho a paro ni finiquito (en virtud a ese nuevo modelo de contrato de apoyo al emprendedor, donde a alguien se le olvidó introducir la clausula del derecho de pernada; supongo que ya para la próxima reforma la cosa quedará fetén).
Soy plenamente consciente de que perder el arropo y tranquilidad que da recibir un sobrecito al mes que complemente los ingresos de los señores y señoras en nómina complica las cosas, lo pone todo más difícil. ¡Y tanto maldita sea! Ya me hago cargo… lo entiendo en primera persona ya que la última vez que yo pude disfrutar de los ahora famosos gastos de representación fue en una polución nocturna que tuve durante un sueño en mi época adolescente. Me impactó tanto que aún hoy disfruto en diferido del recuerdo de aquella gloriosa intumescencia. Qué recuerdos. Ahora sé que en aquellos mismos años de mi adolescencia, había más gente disfrutando de esos maravillosos gastos de representación. Aunque en su caso no lo hacían en sueños, como un humilde servidor. Y de aquellos polvos estos lodos, ¿verdad? Cierto es que mis polvos eran oníricos –de ahí que esté en situación de ser despedido en cuestión de minutos, o que se me proponga amablemente guardias de 1€ la hora–; pero los hubo que no se movieron en el terreno de lo onírico… ayyy… ¡el señorío y la gallardía!
Pero es verdad qué demonios… la cosa está muy difícil y cualquier recurso es legítimo, ¿si lo fue en su día no lo va a ser ahora? Haber alimentado una burbuja flatulenta en nuestra economía puede que haya tenido alguna desventaja, pero a lo hecho pecho ¿A qué viene ese espíritu derrotista? Esa gente me pone nervioso. Hay que mirar hacia el futuro… siempre al futuro; que manía con querer revivir el pasado. Y eso sí, ante todo dignidad y como decía la tonadillera ‘Dientes, dientes… que es lo que les jode’ –por cierto, condenada por blanqueo de capitales; qué cosas–.
Yo imagino que los lectores que lean este escrito pensarán… madre mía la ventolera que le ha entrado a este tipo por un recibo mal pasado. ¡Devuélvase! Y que se pase por la cuenta correcta. Pues sí… qué demonios. Quizá también es verdad y me lo he tomado demasiado a pecho, o quizá es fruto del segundo vaso de vino que me va regando el gaznate mientras sigo escribiendo estas palabras. Pues es posible.
Claro… que también es posible que el hecho de que mi madre lleve muerta diez años puede haber intensificado un poco mi reacción. En fin, no sé… por aquello de que en diez años no se han pasado recibos de ningún tipo y ahora, de repente, se carga un recibo en mi cuenta personal de la cuota anual de un partido a nombre de una persona que falleció hace diez años. Ya no sé si es el efecto etílico o de veras soy una persona tendenciosa que distorsiona los hechos y la realidad para hacer daño innecesariamente. Por un momento me asaltaron los famosos casos de tesoreros delincuentes que tanto han dado que hablar… igual, a falta de un buen sistema de reparto, habrá que ir echando mano a las cuentas de los muertos. Vamos, que aunque después de diez años ya no quede ni rastro, por lo menos por intentarlo tampoco pasa nada. Luego es cuestión de escribir en el concepto:
Para cualquier aclaración dirigirse con esta nota de adeudo a la entidad indicada, la cual ha facilitado esta información.
Y aquí paz y después gloria. Desde luego que tendré una conversación con quién la tenga que tener para aclarar lo que haya que aclarar.
Pero no deja de ser paradójico que un partido pase una cuota anual por la cuenta del hijo de una fallecida hace una década y en nombre de ésta… a ver si cuela. ¿Me convierte esto en afiliado de pleno derecho? ¿tendré carnet? ¿y ese carnet me dará trabajo? ¿o debo además de afiliarme, atropellar a alguien en el extranjero, estafar, malversar o trajinar con fajos de billetes de 500 como el que vende paquetes de pañuelos de papel en los semáforos? A mi no me importaría dedicarme a la compraventa de Arte –que es como lo llaman ahora los… ‘emprendedores’– . Si hace falta, yo también puedo ser emprendedor y lo que sea menester. El panorama no es muy alentador y la verdad, para andar haciendo guardias a un euro la hora, entiendo que haya muchos que prefieran hacerse amigos de lo público y también de lo ajeno –y si lo ajeno está muerto, mejor aún–.
Intento hacerme la composición de lugar… imaginar qué resorte se ha debido articular para que una cosa tan pintoresca haya sucedido. Imagino la gestión milimétrica que tendrán que hacer los partidos ahora, cuyos afiliados huyen de ellos como el que huye de la peste bubónica; que las comisiones y mordidas brillan por su ausencia; que por mor de la reducción del déficit el personal ya no puede trincar con tanta alegría. En fin… no es para menos. Y es que a pesar de que un partido no viva de las cuotas de sus afiliados y sí de las subvenciones de dinero público… ¿Cuesta salir adelante verdad? Cuesta incluso cuando tienes que estar al día con Hacienda –sin amnistías– y ese tipo de cosas; cuesta cuando no te queda nada; cuesta cuando vas perdiendo derechos; cuesta cuando declaras aquí lo poco que tienes y no en Suiza. Cuesta. Si encima van y te domicilian en la cuenta las supuestas cuotas anuales de tu madre –fallecida para más señas–, pues eso… que se te hace cuesta arriba el día. Un poco nada más. Y que conste que no se trata del importe adeudado, que por poco que sea… es, nos pongamos como nos pongamos… obsceno. Como obscena es la impunidad de las anquilosadas estructuras de poder de este país.
Que nadie me malinterprete, que el vino no ha llegado aún a entorpecer mi juicio –todo se andará–, pero aquí está claro que se cazó al tesorero de un partido, pero el que piense que estamos ante un problema exclusivo de una parte… va listo. No sé qué hace este recibo de mi madre abonado en mi cuenta, pero no me extrañaría que lo mismo estuviese sucediendo con recibos de otros partidos. Y es que en el fondo eso es lo que está pasando… están desesperados… pienso disfrutar viéndolos caer a todos. Nadie me quitará ese placer. La visión políticamente correcta de: ‘a pesar de sus errores son lo poco que tenemos, ha costado mucho esfuerzo conseguir lo que tenemos’ y bla, bla, bla… Y si tanto costó conseguir lo que tenemos: ¿no se lo están cargando con inusitada facilidad e impunidad?
Yo, de momento, tengo un recibo que devolver y un vaso de vino que terminar.
Poco más se puede añadir a semejante despropósito. Así va el país.
Sin más asunto…
26 marzo, 2013 7 comentarios
En aquella frustrada Segunda República se produjo un hito muy importante en la lucha por la igualdad: las mujeres lograron el derecho al voto por primera vez en las elecciones locales celebradas el 23 de abril de 1936. Un día antes Estampa publica un largo artículo de Josefina Carabias titulado “¡Mujeres, a votar!”.
Llevó a cabo eso que se conoce como “periodismo de inmersión” y se hizo pasar por camarera de habitación en el Hotel Palace de Madrid, donde trabajó durante una semana con el nombre ficticio de Carmen de la Peña, sin que nadie sospechara que en realidad estaba escribiendo un reportaje que se publicó en cuatro entregas con el título “Ocho días en un hotel de Madrid”. Era tal la popularidad que alcanzaron sus reportajes que se anunciaban a bombo y platillo.
Pero esta prometedora carrera quedó truncada por la Guerra Civil. En 1936 Josefina estaba en lo más alto de su carrera. Tenía 28 años y llevaba seis saliendo con un joven prometedor, José Rico Godoy. Decidieron casarse. Y lo hicieron el 15 de abril de 1936. Una foto de su boda aparece días después en Estampa.
Tres meses después se produce el golpe de Estado contra la República y comienza la Guerra Civil. En septiembre aparece en la prensa su nombramiento como redactora-jefe del informativo radiofónico “La Palabra”.
En noviembre, los recién casados, conocidos por su adhesión a la República, huyen a Alicante y de allí a Francia, para no verse envueltos en la contienda. En París viven Pepe y Pepita, hasta abril de 1939.
El 1 de abril de ese año, el General Franco firma el famoso último parte de guerra. La contienda ha terminado. Comienza la dictadura. Pepe Rico Godoy decide volver a España, confiando en no tener problemas al no haber participado en la guerra. Pero se equivoca. Es detenido en Burgos, días después de cruzar la frontera, y es llevado a la cárcel.
Josefina Carabias se queda sola en París. Sola y embarazada. Mientras su marido es un preso político en España, ella da a luz a una niña y la llama Carmen, en honor a su propia madre, a la que hace ya cuatro años que no ve. Carmen Rico Carabias o, como ella firmará en un futuro, Carmen Rico-Godoy, nace en agosto de 1939. Un mes después, Alemania invade Polonia. Ha comenzado la Segunda Guerra Mundial.
Ella, que no había pasado las penurias de la Guerra Civil, sí sufrió las de la Segunda Guerra Mundial. Al llegar a España escribe un libro titulado “Los alemanes en Francia vistos por una española” en el que recoge parte de lo vivido. Y lo hace como solía escribir sus crónicas, con sencillez y con un sentido del humor que no logra esconder la crítica ante la sinrazón de la guerra. Cuando los alemanes ocupan París, huye de la capital hacia el sur, cerca de la frontera con España.
Nadie quiere darle alojamiento y las autoridades locales no le quieren renovar la cartilla de racionamiento. Ante la falta de ayuda acude al comandante alemán que tiene el mando en aquella plaza y consigue una habitación y comida para su hija. Paradójicamente recibe ayuda de los alemanes que ven a España como un aliado político
Consigue alojamiento en un hotel ocupado por el ejército alemán y en el que guardaban reposo los oficiales que volvían del frente del Este. Su hija, Carmen Rico Godoy, contará años después, en el prólogo de la reedición de ese libro, que aquellos soldados la adoptaron como mascota. Le cantaban canciones y le regalaban chocolate.
Allí permanecen ambas hasta 1943. José Rico, sale de la cárcel y Pepita deja la Francia todavía ocupada y vuelve a Madrid para reencontrarse con él. Entonces, con cuatro años, Carmen Rico Godoy conoce a su padre.
Josefina Carabias llegó a la España de la posguerra para encontrar un país muy distinto del que describía en sus artículos hacía solo diez años. Tenía un pasado pro República y progresista que no sería bien visto en la Nueva España, esa que instauró Franco. Así que firma ese primer libro sobre la ocupación de Francia por los alemanes con un pseudónimo, Carmen Moreno. Y lo dedica a su hija, Carmencita, coprotagonista del relato.
José y Josefina tenían que empezar de nuevo. Él estudia Ciencias Económicas. Ella tiene a su segunda hija, Mercedes. Y por fin, en 1948, vuelve a trabajar en un medio de comunicación, un periódico vespertino, Informaciones, pero como secretaria del director. Escribe sin firmar.
Pero pronto eso cambia. Gracias a su tesón, trabajo y talento, a mediados de los cincuenta ya era de nuevo una periodista reconocida dentro y fuera de la profesión. En 1952 le conceden el Premio Luca de Tena, que entregaba el diario ABC, en reconocimiento a un artículo publicado el año anterior en “Informaciones” y titulado “El congreso se divierte”.
A los 46 años rompe otra barrera y se convierte en la primera mujer que trabaja como corresponsal en el extranjero. Cuentan sus hijas que tres grandes diarios Informaciones de Madrid, El Noticiero Universal de Barcelona y La Gaceta del Norte de Bilbao se unen para enviarle a Washington. Le pagaban 1.000 dólares, de los de entonces, al mes. Un sueldo que sus propias hijas califican de “insólito”. Se traslada a Estados Unidos y con ella van su marido y sus hijas. No debía ser muy común entonces que el hombre se adaptara a la vida laboral de la mujer. Allí está cuatro años pero no termina de gustarle. Después será corresponsal en París durante ocho años.
Vuelve a Madrid y en los años 70 comenta la transición política y social que vive España con una columna que publica el diario Ya bajo el título “Escribe Josefina Carabias” y que aparece también en al menos una decena de periódicos de provincias. En 1979 decide dejar de escribir un artículo diario. Pero no colgar la pluma. Escribe una biografía de Azaña titulada “Los que le llamábamos don Manuel” y, según sus hijas, habla de trabajar en sus memorias. Murió unos meses después, en septiembre de 1980.
En 2008, en el centenario de su nacimiento, se le rindió homenaje en su pueblo, Arenas de San Pedro. El centro cultural lleva su nombre. Pero ella es casi una desconocida para la memoria colectiva de esta provincia. Cambiemos eso.
Mª Ángeles Hernández.
25 marzo, 2013 6 comentarios
Tenemos el honor de contar con la colaboración de la periodista Mª Ángeles Hernández . Su artículo, dividido en dos entradas (hoy y mañana), se centra en la figura de la abulense Josefina Carabias, una precursora del periodismo y de la lucha por la igualdad en nuestro país. De ella y de su intensa vida habló Hernández en su reciente participación en el Foro Guiomar de Ulloa.
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La primera vez que oí su nombre fue cuando murió su hija, la periodista Carmen Rico Godoy. Ocurrió en septiembre de 2001. Supe entonces que Josefina Carabias, nacida en Arenas de San Pedro, había sido una de las primeras periodistas españolas. Siendo abulense y periodista sentí cierta desazón al darme cuenta de mi ignorancia. Después he comprobado que, si bien el nombre de Josefina Carabias es conocido para quienes tienen cierta edad y pudieron leer su trabajo impreso, es una desconocida para las generaciones posteriores a la Transición. Una desconocida incluso entre quienes ejercemos su misma profesión.
He intentado enmendarme. Y la desazón que sentí entonces se ha convertido en verdadero bochorno a medida que descubría la biografía de esta extraordinaria mujer. Este breve trabajo quiere ser un homenaje a una pionera que con tesón e inteligencia rompió las reglas para ser lo que quería ser, en un tiempo en el que muchos caminos estaban vedados a las mujeres.
Nació en Arenas de San Pedro en 1908 y murió en Madrid en 1980, a los 72 años. Es decir, nació en los primeros años de reinado de Alfonso XIII y murió a tiempo para ver la transición política, y a un paisano, Adolfo Suárez, al frente de un gobierno democrático. Fue testigo de excepción de casi todos los avatares del convulso siglo XX: la II República, la Guerra Civil, la II Guerra Mundial, la posguerra en España, la Guerra Fría, los prolegómenos del Mayo del 68 en París y, finalmente, la Transición española.
Era la segunda de los siete hijos de una familia de agricultores y ganaderos de un pueblecito de Ávila. Siendo muy joven se trasladó a Madrid a estudiar y allí se licenció en derecho en 1930, a los 22 años.
Y aquí está la primera gran pregunta. ¿Cómo pudo hacer tal cosa?
Para situarnos sobre lo excepcional del caso he consultado algunas estadísticas. En el curso 1929-1930 había sólo 86 mujeres estudiando la carrera de derecho, no ya en Madrid, sino sumando todas las universidades españolas. Teniendo en cuenta que había nacido en una familia numerosa, de origen relativamente humilde, en el ámbito rural… ¿cómo había terminado convertida en universitaria?
Su hija, la periodista Carmen Rico Godoy, relata que su abuelo era un pequeño terrateniente y ganadero. Josefina era una niña muy lista y muy curiosa que aprendió a leer y escribir muy pronto. Terminó la enseñanza primaria pero no pudo empezar el bachillerato porque el colegio, recién abierto en Arenas, era para chicos. No se dio por vencida. Con la ayuda de un primo, que le dejaba los libros y le daba clases a escondidas, estudió el primer curso de Bachillerato sin que lo supiera su familia. Al segundo, los padres se rindieron a lo inevitable y la enviaron a Madrid, para que se examinara. Después quiso estudiar Derecho.
Se instaló en Madrid en 1926 y se dio cuenta de lo pequeño que se le había quedado su pueblo. Vivía en la Residencia de Estudiantes de María de Maeztu. Frecuentaba el Ateneo, el lugar en el que se reunían los intelectuales de la época y allí tomó contacto con escritores y políticos.
Un día, un primo segundo, que dirigía una revista de actualidad recién creada que se llamaba “Estampa” le encargó un escrito sobre las mujeres en la universidad. Y así, por casualidad y de rondón, comenzó su carrera periodística a los 22 años. Y se convirtió en una de las primeras, si no la primera, periodista en España. No es que no hubiera mujeres que antes que ella firmaran artículos pero eran sobre una temática considerada “femenina” y no vivían de ello. Había también escritoras e intelectuales que de vez en cuando publicaban en revistas y diarios. Pero Josefina hizo del periodismo su profesión, y tras pasar por “Estampa”, en 1932, con 24 años comenzó a trabajar en el diario La Voz, como una redactora más. Fue la primera mujer que hizo información política y parlamentaria.
En Madrid ya era famosa a los 24 años. En una ciudad con un millón de habitantes, la Revista “Estampa” tenía una tirada de 200.000 ejemplares. Una barbaridad. Era una “revista ilustrada” utilizaba la técnica del huecograbado. Era barata y de gran formato. Costaba 30 céntimos, mientras que algunas de sus competidoras llegaban a costar 1 peseta. Así que en seguida fue una publicación popular. Y también quienes escribían en ella eran populares ya que el periodista se convertía a veces en protagonista, y aparecía posando con los entrevistados en muchas de esas fotografías que ilustraban los artículos. Incluso en portada, tal y como demuestra este ejemplar de “Estampa” en el que Josefina Carabias aparece flanqueada por dos guardias republicanos. Así que no sólo su nombre, sino también su cara, eran reconocidos por los lectores.
Tenemos que pensar que entonces la prensa era el único medio de información. La radio estaba en pañales. En 1924 había iniciado su andadura Unión Radio, el embrión de lo que hoy es la Cadena Ser. Unión Radio Madrid fue inaugurada en 1925 por el rey Alfonso XIII. En otras ciudades nacían también emisoras de radio, y algunas comenzaron a asociarse. Unión Radio Madrid puso en marcha el primer informativo radiofónico en 1930. Se llamó “La Palabra”. Duraba 20 minutos. Y en la redacción entró a trabajar Josefina. No he podido averiguar cuanto tiempo estuvo en aquel “diario hablado”. Sólo he encontrado una nota en un periódico de septiembre de 1936 en la que se recoge su nombramiento como redactor-jefe de La Palabra. Cargo que apenas ejerció ya que dos meses después huía a Francia.
Nada queda de su paso por ese informativo. Ahora, en la época en la que todo se graba, se descarga vía internet, se reproduce en múltiples formatos, es difícil imaginar cómo se hacía la radio en aquellos primeros años. Las pocas grabaciones que se hacían entonces se realizaban en discos de pizarra. Eran los antecesores del disco de vinilo, esos que, aunque muchos no lo crean hoy, eran habitualmente utilizados en la radio hasta hace tan sólo 20 años, cuando yo empecé en lo que entonces era Antena 3 y hoy es Ser Ávila. Así que en los primeros años de la radio sólo se grababan conciertos, discursos y cosas muy especiales. Y se conservan muy pocas grabaciones de esa época.
Pero volvamos a 1931. España abre una nueva etapa bajo un nuevo régimen político. La República. Una época fascinante para ejercer el periodismo. Y allí está Josefina, joven, inteligente, progresista, escribiendo desde el mismo centro del cambio político y social que se estaba produciendo en el país. La joven periodista era asidua del Ateneo. Trataba con todos los políticos e intelectuales de su época. Y allí conoció a quien años después sería su marido, el joven abogado republicano José Rico Godoy.
En 1997 se editó una pequeña recopilación de algunos de los artículos que escribió en esa primera época. Todos enganchan por su lenguaje claro, directo…y sobre todo por su sentido del humor. Las mujeres fueron protagonistas de su pluma en más de una ocasión en esos años en los que estaban conquistando a marchas forzadas facetas de la vida pública que les habían estado vedadas hasta entonces. Mujeres conocidas y mujeres anónimas. Transcribo aquí el inicio de un artículo de aquella primera época que se titula “Lo que podrán ser las mujeres”:
“Desde los tiempos más remotos hasta finales del siglo XIX, la Humanidad femenina se dividía en dos grandes grupos, a saber:
1º Mujeres que se casaban
2º Mujeres que se quedaban solteras.
Las que por su desgracia pertenecían a este último grupo, recibían la denominación de “solteronas” y sus soluciones eran las siguientes:
SOLUCIÓN A: Meterse monjas.
SOLUCIÓN B: Poner un estanco.
Todo esto podían hacer, o al menos intentar, las mujeres. Tampoco estaba mal visto que se dedicaran a la literatura, en su casa, naturalmente. Mas si examinamos detenidamente la cuestión, veremos que sólo una mujer entre cada veinte o treinta millones de ellas elegía ese camino. No faltaban tampoco las que se dedicaban al arte (comediantas, bailarinas y similares). Estas eran excluidas de la buena sociedad.
Y, por último, también podían las mujeres ser reinas, pero hay que decir que se les presentaban muy pocas ocasiones.
Las únicas salidas claras que tenía la mujer eran, por tanto, las tres indicadas. El matrimonio, el estanco y el convento.
Pero he aquí que, hacia el año 1850, una mujer tuvo la ocurrencia de estudiar la carrera de Medicina…
¿Qué han dicho?