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Nos caen tres palos

Hace tres años seguramente hizo un día de esos de sol abulense, que está ahí arriba en esplendor pero por la tarde refresca. Todo pues parecía normal hasta que en un lugar perdido de la interné surgió un rincón de cuatro palos y un viñetas. Un año después, los de “El equipo P” habíamos tenido ya 75 mil consultas, por lo que nos empezamos a preocupar seriamente del jaleo que habíamos montado. Nuestros peores temores se confirmaron cuando en 2013 duplicamos la cifra hasta los 150 mil.

Eso nos llevo a plantearnos nuestra existencia y también a pensar en dejarnos coleta. Teníamos la idea (“Palemos” era el branding que nuestro colectivo de brainstorming y social media strategy nos propuso) pero no tuvimos gaitas para sacarlo adelante. Hicimos un amago de “Referendum” e incluso trazamos el “Objetivo 2015″ pero no nos invitó “La Sexta” a ninguna tertulia – y eso que algunas siguen diciendo por ahí que somos del 15M para difamar, que algo queda – y nada, ahí se quedó la cosa. De momento, que no descartamos otra posibilidad. Lo mismo de repente nos vamos a una cena y el contubernio acaba en váyase a saber qué siglas.

El caso es que hará más o menos un año este blog rozo máximos históricos de visitas (Julio de 2013) pero desde entonces este curso fuimos perdiendo un poquito de empuje. Tomamos nota y hemos remontado en el último tramo. Aún así, seguimos por encima de los 5500 visitantes mensuales. Agradecidos por ello, vamos a hacer una de cuentas…

Número de visitantes

A pesar de lo anteriormente comentado, seguimos contando con una tropa de fieles que pasan regularmente por este lugar. 73917 lectores es la cifra que marcamos en el tercer cumpleaños, después de que el primer curso sumáramos 74602 visitantes y en el segundo marcáramos tope en 77640. Todo ello hace un total – en números redondos – de unos 225.000.

Nuestro pico histórico sigue estando en Marzo de 2012 cuando tuvimos 8664 usuarios, gracias a entradas como “Avila Digital” y “Expoliadores, piteros, ladrones y patrimonio histórico” . En el último curso, el récord lo marcamos el mencionado Julio con 8442 gracias a nuestra encuesta municipal “Todos sin beca” y a colaboraciones como las de Sergio Sánchez – “De lo malo también se aprende” – y Jota – “Otra indecencia, otra indignidad” -.

Como curiosidad, de momento este mes de Julio es el de mayor promedio de lectores por día desde que abrimos el blog.

Entradas y datos varios

Con ésta son un total de 703 entradas (213 este último año) y 1688 etiquetas.

En el último curso, lo más visitado ha sido la reciente carta de Jota sobre su despido (1252 visitas) seguido de la entrada que anunciaba el documental de la Fábrica de Harinas. Curioso año éste.

Destaca además la buena salud de la vieja entrada sobre los Comuneros (“¿Qué? ¿Quién? ¿Cómo?) que ha obtenido 766 nuevas visitas.

En el global del blog, sigue al frente el mismo tridente: lo más leído es el “¿Quiénes somos?” (3338 visitas totales) seguido de la anteriormente mencionada entrada sobre “Ávila Digital” (2508 – 2117 el primer año, récord como tal de una entrada-) y “De penes, senos y escapularios” (1.940 curiosones).

El día con más visitas del blog se ha batido este año: Martes 4 de Febrero de 2014 con 726 visitantes. Fue la jornada en la que publicamos “Un fin de semana para el recuerdo de la Fábrica de Harinas de Ávila” que como ha quedado demostrado sigue siendo un tema candente en Ávila. Tuvimos además un total récord de 446 referencias (343 en Facebook, 27 en Twitter).

La guerra cuatropalera

El último mes ha habido una batalla encarnizada para evitar el farolillo rojo del año, que como bien es sabido es el que menos cobra luego de los sobres magentas. El palero en el que recae ese dudoso honor ha sido finalmente Rubén, tras un último sprint de Pablete y Willy.

- Primer Año: 1. Albertomdp 12007 / 2. los4palos (Illo, Post “Institucionales” y Colaboradores) 10551 / 3. Willy 10141. / 4. Rubén 7099 / 5. Pablo 6586. - Segundo Año: 1. los4palos (Illo, Post “Institucionales” y Colaboradores) 11939 / 2. Albertomdp 11878 / 3. Willy 9676. / 4. Rubén 8455 / 5. Pablo 5765. - Tercer Año: 1. los4palos (Illo, Post “Institucionales” y Colaboradores) 12272 / 2. Alberto 10904 / 3. Willy 7719 / 4. Pablo 7500 / 5. Rubén 7434. - Total: 1. Albertomdp 34818 / 2. los4palos (Illo, Post “Institucionales” y Colaboradores) 34772 / 3. Willy 27542. / 4. Rubén 22989 / 5. Pablo 19915.

Referencias y comentaristas

El señor WordPress, tirando de los 1000 comentarios últimos, nos proporciona estas medias…

Comentarios por mes: 36 (lejos de los 87 de 2013… la ausencia de Guillermo se nota) Comentarios totales: 3.905 (707 el último año) Hora del día más activa: 23:00 Entrada más comentada: ¡Que no nos representan, que no, que no! (67)

En 2014: IV Porra Electoral Los Cuatro Palos [ #L4P25M ] (23)

Aún en su ausencia, Guillermo sigue como comentarista indiscutible: 237 intervenciones de las últimas mil son suyas, nuestro sexto palo (en excedencia). Le siguen de lejos Lady Accesibilidad (63) y Pepe Herraez con 51 (todo ello hablando del último millar de comentarios y siendo conscientes de que este año los mismos han bajado de forma considerable).

Las entradas nos vienen principalmente de buscadores 15577 en el último año (40541 en total), seguido de Twitter con 8690 (24593 en total), Facebook 5155 (14601 en total) y AvilaRed 332 (también destacar Elzo_Meridianos que nos envía 309 visitas).

La inmensa mayoría de dichas búsquedas tienen que ver con “Los 4 Palos” o “Los cuatro palos” o fórmulas semejantes. Curiosamente nos entra mucha gente que busca “comuneros de castilla” (42 este año) o “pou muerto” (39 ciberhomicidas). Nos siguen emocionando, hablando del total, esos 355 clicks gracias a “penes” o los 50 de “aixa galiana”. Tiempos aquellos.

Desde aquí enviamos visitantes a Twitter (448 - 1215 en total), AvilaRed (185), Trapseia (164) y La Colonoscopia (152). Ya le pediremos el cheque a Jack. Y a Hovejo.

Por último, agradecer el seguimiento en las redes sociales: En Twitter tenemos 1053 seguidores (más de 300 nuevos este año y sigue pendiente la promesa de Illo de que se abriría un pajarito cuando llegaramos a los 1000); en Facebook sumamos 199 pulgares hacia arriba y en Google + unos modestos pero crecientes 17 circulitos. Además, tenemos 105 seguidores fieles aquí en WordPress…y 17 fans de “Viñetas de Illo” por el garito de Zuckerberg.

En total, según la plataforma, 1158 seguidores.

Es todo. Parece lo procedente dicho todo esto ponernos un reto: que dentro de un año hablemos de cuarto aniversario y de más de 300 mil visitas. Con su lectura y sus colaboraciones esperamos conseguirlo. Gracias de parte de los cinco por seguir ahí con nosotros.

Catorce mentiras sobre mi despido de la SER (José Ramón Rebollada)

José Ramón Rebollada Gil (Jota), nos envía este texto con la petición de que lo publiquemos. Quiere, con él, explicar varios de los asuntos que han surgido en torno a su despido de la Cadena Ser. Despido es el documento que  completa esta entrada de Jota y el documento al cual se refiere en varias ocasiones durante el texto.
Cualquier aludido en este texto o cualquier persona que quiera expresar su opinión dispone, por supuesto, de los comentarios de la entrada o de la posibilidad de enviarnos su texto por las vías que os contamos en este apartado.

Catorce Mentiras sobre mi despido de la SER (José Ramón Rebollada)

El día 3 de abril de 2014 fui despedido de la Cadena SER de forma fulminante y con efecto inmediato. Desde entonces cientos de personas me han preguntado por los hechos y las razones. Una vez terminado el proceso voy a explicarme sobre lo acontecido y con ello a contestarles atendiendo a un mínimo, obligado e imprescindible gesto de educación. Lo hago a través de este artículo agradeciendo en primer lugar y muy sinceramente a todas ellas su interés, preocupación, cercanía y cariño. Muchas, muchísimas gracias a todos.

Voy a demostrar a continuación en este artículo que mi despido se ha producido de forma intencionadamente dañina, sin justificación alguna y de malas maneras. Como prueba irrefutable baste señalar el hecho de que el pasado diez de junio la empresa optó motu proprio reconocer la improcedencia del despido y pagar la indemnización prevista por ley en ese caso, demostrando explícita e indudablemente su actuación infame. Son culpables y lo reconocen, pero no rectifican ni piden perdón.

Como complemento a este artículo adjunto en un fichero PDF los documentos que se han manejado en este caso por si alguien tiene interés en acudir a los papeles, y ahora voy a referirme a algunas de las cuestiones contenidas en los mismos detallando las mentiras una a una.

Por contextualizar, aunque creo que ya es conocido, todo el problema surge con motivo del fallecimiento del ex-presidente del gobierno Don Adolfo Suárez. Doña Carmen Esteban, directora de SER Ávila, me acusa, sin motivo ni argumento verdadero alguno, de que no acudí a mi puesto de trabajo intencionadamente e incumpliendo sus órdenes el domingo por la tarde en el que se produjo el deceso, algo absoluta, radical y rotundamente falso.

A raíz de esa acusación el día 28 de marzo de 2014 se incoó un expediente contradictorio en mi contra firmado por el Gerente de Recursos Laborales de la Cadena SER, Don Fernando Navarro. En él se hace alusión a una serie de “hechos” trasladados por la directora de SER Ávila, Doña Carmen Esteban, cuyas falacias paso a detallar a continuación:

Mentira número 1: En el pliego de cargos se dice que tras la rueda de prensa que ofreció Don Adolfo Suárez Illana (21/3/2014), anunciando el inminente fallecimiento de su padre, argumentan que: “… Siendo Adolfo Suárez de Ávila, concretamente de Cebreros, y conocidos por todos su deseo de ser enterrado en la catedral de Ávila,…” Falso. El deseo del presidente de ser enterrado en la catedral abulense se conoció detalladamente el lunes a través de las explicaciones que ofreció el Deán de la misma en rueda de prensa que cubrimos oportunamente. No obstante la primera información sobre este particular no se conoció hasta el domingo por la tarde por las explicaciones que dio el alcalde de la ciudad, no el viernes anterior por la mañana.

Mentira número 2: Se dice también que: “… La Directora de la Emisora, Doña Carmen Esteban, acude al área de redacción para informar que, tras las conversaciones que ha mantenido con algunos familiares de Adolfo Suárez, lo más probable es que ambas localidades fuesen puntos muy fuertes de información…” Falso. La directora no nos informó de que hubiera mantenido conversación alguna con nadie ni señaló punto informativo de interés alguno por más que los que se citan son evidentes como sabe cualquier periodista. Además, si fuera cierto que habló con algunos familiares de Don Adolfo Suárez esa mañana y le trasladaron detalles que anticipaban la fortaleza informativa de esos puntos geográficos y porqué iba a ser así, privó a la redacción de unas fuentes e informaciones indiscutiblemente privilegiadas, actuando primero de forma desleal con el medio de comunicación que dirige y con la Cadena SER en general, y en segundo lugar demostrando su desconocimiento absoluto e incuestionable del funcionamiento de una redacción y de la profesión periodística.

Inmediatamente después de ese encuentro los periodistas de SER Ávila nos repartimos los turnos de trabajo para el sábado y el domingo teniendo en cuenta que los fines de semana son nuestros días de descanso, tal y como se hace de forma normalizada siempre que es necesario hacerlo así por cuestiones importantes de carácter profesional, como muy bien desconoce Doña Carmen Esteban. Se estableció mi turno de guardia para el sábado, por tanto no tenía obligación alguna de trabajar el domingo ni la directora ordenó nada de nada específicamente en este sentido ni en ningún otro.

Mentira número 3: Se dice en el pliego de cargos que en la tarde del domingo 23 de marzo, fecha del fallecimiento de Don Adolfo Suárez: “… en ningún momento Vd. llamase o diese señal alguna.” Falsísimo. A pesar de que ese domingo yo no estaba de guardia tuve cuatro conversaciones telefónicas con los miembros de la redacción y una más con la directora. Además, de haber estado en Ávila habría acudido a la emisora pero tenía un compromiso ineludible ese día en Madrid. No hay incumplimiento alguno por mi parte de las órdenes de la directora porque no hubo tales órdenes más allá de que “debíamos estar preparados para cualquier eventualidad”, cosa que efectivamente hicimos sin duda alguna. Además (a diferencia de la percepción que tuvimos todos los miembros de la redacción) esa afirmación no se considera por parte de la empresa como un simple comentario de la directora puesto que la utilizan como argumento en mi despido, por lo tanto no me cabe otra opción que señalar que esa advertencia es absolutamente innecesaria e inapropiada porque o bien supone una demostración palpable de que la directora desconoce el funcionamiento de la redacción o bien una desconfianza malsana de la profesionalidad de los redactores de SER Ávila… o ambas cosas.

Mentira número 4: Se dice también en el pliego de cargos que el lunes 24 de marzo, y dada la trascendencia informativa del evento: “… la Dirección de la Cadena SER decide que uno de nuestros programas estrella, concretamente el “Hoy por Hoy”, se emita desde Cebreros,…” Falso. Lo que sucedió ese lunes realmente es que el programa aludido amplió su horario hasta las 14:00 horas y fue conducido desde Madrid por Pepa Bueno, incluyendo entre sus contenidos varias conexiones con Cebreros a dónde se desplazó Gemma Nierga. De hecho, por ser preciso, se realizaron tres conexiones que ocuparon menos de 28 minutos de las ocho horas que duró ese programa especial, y esa realidad dista radicalmente de la grandilocuente afirmación de que el programa se emitió desde Cebreros como sabe cualquier oyente y, obviamente, todos los profesionales de esa casa menos ellos dos.

Sobre este punto tengo que añadir que, a pesar de que en ese momento era el jefe de redacción de SER Ávila, ningún directivo tuvo la delicadeza de informarme sobre tal hecho, y tampoco de que la decisión de acudir a Cebreros conllevara el desplazamiento de una redactora a ese pueblo durante toda la mañana del lunes, lo que, obviamente, influía en la organización del trabajo de ese día, pero ninguno de ellos tuvo la gentileza de informarme de tales extremos lo que supone un desprecio injustificable hacia mis responsabilidades profesionales, esas que tan alegremente se atreve a cuestionar la dirección de la Cadena SER en ese escrito.

Mentira número 5: A continuación se especifican en el pliego de cargos las previsiones informativas de ese lunes 24 de marzo. Una vez detalladas se dice: “… Sorprende que en el día en el que tiene lugar el entierro de los Duques de Suárez en la Catedral de Ávila, Vd., Jefe de Informativos de Ávila, aporte semejante información…” Falso. Lo realmente sorprendente es que estas dos personas mientan con tanto descaro y desparpajo sin tener reparo alguno en constatar por escrito sus infundios. Los Duques de Suárez no fueron enterrados en la Catedral de Ávila el lunes 24 de marzo de 2014. Doña Amparo Illana fue enterrada en la capilla de Mosén Rubí el día 18 de mayo de 2001, nada menos. Lo que sucedió ese lunes realmente es que sus restos mortales fueron trasladados desde la mencionada capilla a la catedral en un acto estricta y puramente funerario. Don Adolfo Suárez fue enterrado al día siguiente, martes 25 de marzo, como deberían saber ambos directivos de la SER si hubieran estado mínimamente atentos a las emisiones de su propia cadena, pero en fin, ante la falta de argumentos se los inventan sin pudor alguno y con evidente desprecio y malintencionado falseamiento de la realidad y veracidad de los hechos.

Además en este punto se me reprocha que yo cubriera una rueda de prensa que convocó ese día el sindicato Comisiones Obreras. Se dice lo siguiente: “… Sorprende que … decida cubrir la rueda de prensa de CC.OO. sobre la reducción de horas de limpieza en los centros públicos de infantil y primaria”. ¿Y por qué es tan sorprendente? En esa rueda de prensa se dieron los primeros datos de un hecho con el que, según el sindicato, se ponía en peligro la salubridad de los alumnos y profesores de esos centros de enseñanza nada menos. La tan sorprendente sorpresa de Doña Carmen Esteban y Don Fernando Navarro no es más que una nueva demostración evidente del desconocimiento absoluto e incuestionable de ambos de los más mínimos criterios periodísticos. De hecho esa información en concreto fue difundida por varios medios y ha tenido trascendencia a lo largo del tiempo hasta tal punto que tanto la empresa concesionaria de esos servicios de limpieza como el Ayuntamiento han dado marcha atrás. Lo que resulta sorprendente de verdad es que a estos dos directivos les sorprenda que yo cubriera esa rueda de prensa puesto que no hice otra cosa que cumplir con mis obligaciones profesionales, ni más ni menos.

Por otro lado Doña Carmen Esteban decidió en Cebreros ese día que el informativo local “Hora 14” se dedicara exclusivamente a Don Adolfo Suárez, un error de bulto que supone una nueva demostración evidente e incuestionable de su falta de conocimientos y profesionalidad en materia periodística. Ese día el foco informativo en torno a la muerte del presidente estaba en Madrid, concretamente en el Congreso de los Diputados dónde se instaló su capilla ardiente. El informativo local de ese día, obviamente, había que estructurarlo de tal forma que el contenido principal y más extenso se centrase en esos acontecimientos, pero de ninguna manera tiene justificación profesional alguna que se obviasen el resto de las noticias del día, entre ellas, de forma destacada, esa denuncia de Comisiones Obreras que afectaba a la salubridad de los alumnos y profesores de los centros públicos de enseñanza. Por cierto, Doña Carmen Esteban ni siquiera se dignó a informarme directamente de esa decisión, se la comunicó a un compañero, ninguneando y despreciando de nuevo con ello mis funciones profesionales.

Mentira número 6: También se dice en el pliego de cargos que en esas previsiones informativas: “…falta una noticia de suma importancia y es la exhumación de los restos mortales de Doña Amparo Illana en la Capilla de Mosén Rubí para su posterior traslado a la Catedral.” Falso. No hubo ninguna convocatoria pública de ese hecho. A diferencia de ellos yo no me invento las cosas. Éste extremo de los contenidos de las previsiones informativas del día le explico en los dos últimos puntos con mayor detalle y precisión. Y para conocer algo más sobre este particular asunto me remito al pliego de descargos que se puede consultar en los documentos adjuntos.

Mentira número 7: Sobre este mismo tema se argumenta en el escrito lo siguiente: “… Pero lo grave no es sólo que falte esa noticia, sino que Vd., como Jefe de Informativos, no adjudicó a nadie la cobertura de ese acontecimiento.” Falso. Es imposible adjudicar a nadie la cobertura de un hecho que no se ha convocado. Pero es que además se les “olvida” señalar que en las previsiones informativas de ese día hubo una convocada por el Deán de la catedral en la que se dio cuenta de ese traslado, rueda de prensa que establecí fuera cubierta por uno de los redactores, un “olvido” de los directivos de esa casa muy “oportuno” para intentar (que no conseguir) reforzar la infamia de su causa contra mí.

Ese pliego de cargos recoge algunas cosas más que pueden leerse en el documento completo que adjunto, pero lo que no contiene es qué faltas he cometido, es decir, cuáles son mis “culpas”, cuáles son las normas del Estatuto de los Trabajadores o del convenio colectivo que he trasgredido. Tuve que defenderme a ciegas sin saber de qué se me acusaba exactamente lo que, desde el punto de vista jurídico, es una clarísima indefensión y un atentado indudable a mis derechos de defensa… pero así de canalla e indecente fue lo que pasó.

Unos días después yo presenté mi pliego de descargos en el que recojo largamente los argumentos señalados aquí y otros. El documento completo se puede consultar en ese archivo adjunto. (Paco… ¡gracias amigo!).

El día 3 de abril de 2014 la empresa contestó a mi descargo y me comunicó mi despido, un escrito que no tuve oportunidad de rebatir en vía interna por lo que voy a hacerlo ahora públicamente en estas líneas.

Quiero señalar también que la persona que firmó mi despido fue Don Fernando Navarro, el mismo que me abrió el expediente, es decir juez y parte. El mismo que me acusó fue el que me juzgó y me condenó… todo un “ejemplo de justicia”. Ya sé que eso es lo establecido, y también sé que es tan legal como incuestionablemente inmoral e injusto.

Como daño intencionado añadido (obvia e indudablemente premeditado y consciente) señalo que Don Fernando Navarro ni siquiera tuvo la dignidad ni decencia de hablar conmigo en ningún momento previamente al despido, aunque sólo fuera para recriminarme mi supuesta actuación reprobable y negligente. Tampoco lo hizo Doña Carmen Esteban. Esa es su indigna, maliciosa e inhumana forma de actuar.

Mentira número 8: En mi pliego de descargos comienzo mi defensa, de forma preliminar, señalando que la directora de la emisora, Doña Carmen Esteban, carece de conocimientos y experiencia en el área de redacción y contenidos. En su contestación se dice que ese apartado preliminar “… además de inadecuado por la descalificación sobre la cualificación profesional de nuestra Directora de la Emisora de Ávila, Doña Carmen Esteban, no guarda relación alguna con los hechos descritos en el Pliego de Cargos”. Doblemente falso. Yo no hago ninguna descalificación, simplemente constato un hecho verdadero e incuestionable: Doña Carmen Esteban no tiene conocimiento ni preparación alguna en materia de periodismo, toda su labor profesional ha estado ligada al área comercial, esto es así. Y se miente también al afirmar que este hecho no guarda relación alguna con los descritos en el pliego de cargos. Tanto tiene que ver que es precisamente por esos “hechos”, los que trasladó la directora en materia de contenidos de la que no sabe nada de nada, los que se ponen sobre la mesa para “justificar” mi despido, y no creo que quepan dudas de la inexistencia de profesionalidad y conocimientos de Doña Carmen Esteban en este apartado después de los argumentos que ya he explicitado en este artículo. No obstante, por si cupiera alguna duda, voy a añadir un dato más. Doña Carmen Esteban ni siquiera es capaz de aprenderse la programación local de la emisora que dirige. Durante meses he tenido que enviarle semanalmente la parrilla de programación de la semana siguiente a pesar de que es básica y fundamentalmente estable a lo largo de toda la temporada.

Don Fernando Navarro defiende la cualificación profesional de Doña Carmen Esteban en materia informativa. Le sugiero que, atendiendo a esa defensa, y teniendo en cuenta los criterios y la deontología periodística de la Cadena SER, pregunte a Doña Carmen Esteban si ha censurado alguna información siendo directora de la emisora. Si le respondiera sinceramente, cosa que dudo, puede que se llevase una sorpresa.

Mentira número 9: En la carta de despido se dice que reconozco que la directora se dirigió al área de redacción para “avisarnos” de que estuviésemos preparados para cualquier eventualidad que pudiese surgir a lo largo del fin de semana, “… En consecuencia se da por recibida la orden cursada desde la dirección…” Falso. Miente Don Fernando Navarro y lo hace delatándose a sí mismo al constatar que la directora no hizo otra cosa que “avisarnos”, por tanto no nos “ordenó” nada de nada ni dio instrucción alguna de cómo ni quien debía prestar esa atención… esto es así. Supongo que Don Fernando Navarro, puede incluso que Doña Carmen Esteban, sean capaces de distinguir la diferencia abismal que existe entre un aviso y una orden.

Mentira número 10: Dice el gerente de recursos laborales de la Cadena SER que la situación descrita anteriormente conlleva un comportamiento por mi parte que “… supone un claro incumplimiento de la orden cursada”. Falso. No hubo orden alguna, hubo un aviso de que estuviéramos atentos cosa que hicimos además como si de una orden se tratase, por lo que no hay incumplimiento ni falta alguna.

Mentira número 11: Este párrafo no tiene desperdicio, lo reproduzco literalmente. Dice así: “Adicionalmente, Vd. añade que, y citamos textualmente, “aquel mismo viernes 21, la redacción estableció dos turnos de guardia entre sus redactores”. Es claro que al referirse a la redacción en tercera persona, y ante la ausencia de constatación alguna de dichos turnos de guardia, que por otro lado no fueron comunicados a la Dirección de la Emisora, Vd. como Jefe de Informativos, desatendió nuevamente la orden cursada.” Falso. Recuerdo que, como el propio Don Fernando Navarro asegura, no hubo ninguna orden sino un aviso, que no es lo mismo. En ese aviso, reitero, se limitó a decirnos que estuviéramos atentos, advertencia innecesaria e impropia de alguien que tuviera los más mínimos conocimientos del funcionamiento de una redacción lo que demuestra que Doña Carmen Esteban carece de ellos innegablemente. Es por eso que, para cubrir las eventualidades informativas que pudieran surgir, se establecieron dos turnos de guardia teniendo en cuenta que era fin de semana y que nos correspondía descansar a todos. Entonces no solamente estuvimos atentos sino que se planificó el trabajo para hacer frente con solvencia y profesionalidad a esas eventualidades como así sucedió. Estos directivos de la Cadena SER demuestran tener una cara dura de cemento armado al afirmar sobre mí que “desatendió nuevamente la orden cursada” cuando lo que pasó realmente fue exactamente lo contrario: se planificó el trabajo de la redacción para cubrir esas necesidades informativas cumpliendo con mi responsabilidad y obligación profesional, atendiendo antelada y diligentemente el “aviso” de la directora.

Sobre este punto me gustaría saber si a Doña Carmen Esteban y/o a Don Fernando Navarro se le/s ha pasado por la imaginación compensar el trabajo extra de los redactores que cubrieron la información en su tiempo de descanso. Esto lo digo porque yo mismo, el verano pasado, siendo ya directora Doña Carmen Esteban, trabajé un fin de semana que me correspondía descansar con motivo del incendio que tuvo lugar en Cebreros los días 3 y 4 de agosto, sábado y domingo respectivamente. La dirección de la empresa no es que no me compensara por ese trabajo extra, que no lo hizo (otro compañero también trabajó el domingo sin corresponderle), es que ni siquiera se dignaron a preguntarme qué había pasado ni como se había cubierto, y aseguro que hubo muchas noticias en cadena nacional y regional que se emitieron ese fin de semana. Éste es sólo un ejemplo de mi dedicación profesional a la Cadena SER a lo largo de veinte años. Puedo poner otros… muchos, muchos otros. Pero estos dos directivos tienen el atrevimiento y la indecencia de acusarme de haber faltado a mi trabajo esa (una) tarde del domingo del fallecimiento de Don Adolfo Suárez negligentemente, por capricho, vaguería o algo por el estilo. Me recriminan además, engañosa y conscientemente, que he desobedecido unas órdenes que no existieron. No se me ocurre más patética argumentación ni más intencionadamente dañina y falsa acusación.

Mención aparte y destacable merece la expresión que dice así: “… Es claro que al referirse a la redacción en tercera persona, … desatendió nuevamente la orden cursada”. (Sic)

Mentira número 12: En otro párrafo de la carta de despido se dice que yo me manifiesto conocedor el domingo de que el programa “Hoy por Hoy” se “emitiría” al día siguiente desde Cebreros y así es, pero no porque nadie de la dirección me lo dijese sino porque en una de las llamadas de ese domingo, una de esas llamadas que la empresa afirma que no hice, un compañero me informó de que iba a ser así. Para mayor escarnio e indignidad se argumenta que: “… Pese a ello, ha quedado acreditado que no realizó gestión alguna para dar cobertura desde Ávila a este importante acontecimiento…” Falso, intencionada y dañinamente falaz. A Doña Carmen Esteban y a Don Fernando Navarro se les “olvida” decir que la dirección no sólo decidió realizar esas conexiones de cadena desde Cebreros (que no emisión del programa) sino que también decidió que acudirían a ese municipio la propia directora y una de las redactoras ese lunes, con lo que yo no tuve oportunidad alguna de planificar la cobertura, se tomó la decisión ese mismo domingo sin informarme ni consultarme, esa es la verdad.

Mentira número 13: Seguimos con las previsiones informativas. Se recoge en la carta de despido que en mi pliego de descargos afirmo que tales previsiones siguen el patrón canónico de la emisora de consignar los acontecimientos ciertos y convocados para el día, y añade que: “… Dicha afirmación carece de sentido alguno por varios motivos, el primero que no existe el denominado patrón canónico, salvo que Vd. como Jefe de Informativos los hubiese establecido, extremo éste que no nos consta.” Falsedad mayúscula. El patrón de la comunicación de las previsiones informativas existe y no lo establecí yo ni mucho menos (faltaría más). Lo estableció el anterior director Don Manuel Dávila. Es más, ese director estableció también que esas previsiones informativas no sólo fueran comunicadas al director sino que debían conocerlas a diario todos los miembros de los departamentos comercial y de contenidos. Estableció igualmente que el departamento comercial debía informar al de redacción de sus previsiones de trabajo en un intercambio de información fluido y diario. La responsable entonces del mismo era Doña Carmen Esteban pero no recibí nunca ningún correo de esas previsiones laborales, ¡nunca jamás! Ese es el patrón canónico que estableció Don Manuel Dávila, no yo. Pero es que además, cuando Doña Carmen Esteban accedió al cargo de directora no sólo mantuvo ese criterio (sin cumplirlo en lo que respecta al departamento comercial) sino que estableció más especificaciones en cuanto se refiere a esa comunicación por parte del área periodística, concretamente que en las mismas debía hacer constar la convocatoria, la hora y el lugar de celebración, el motivo, quien o quienes estarían presentes en la misma por parte de los convocantes, si se cubriría o no y cuál de los redactores se encargaría de la cobertura… ese es el patrón canónico establecido por Doña Carmen Esteban, no por mí. Si Don Fernando Navarro desconoce lo que hacen sus directivos es su problema, pero es inadmisible que me achaque culpas o responsabilidades que no tengo.

Además el señor Navarro señala en la carta de despido como “argumento” que “… ese día había sido declarado de luto oficial, por lo tanto muchos actos públicos fueron desconvocados…”. De verdad que no veo por ningún lado la consistencia o legitimidad del supuesto argumento para justificar mi despido.

Mentira número 14: En el capítulo de las previsiones informativas se dice también que: “…no encuentra (supongo que se refiere a la dirección de la SER en tercera persona) justificaciónalguna que un jefe de informativos, con su dilatada experiencia, se limite a recoger exclusivamente las convocatorias públicas, desatendiendo y faltando a la deontología profesional de buscar la noticia.” De nuevo doblemente falso. Recoger las convocatorias públicas del día era mi obligación porque era el criterio establecido por la dirección de la emisora, no por mí. Ítem más, si Don Fernando Navarro y Doña Carmen Esteban tuvieran algún conocimiento de periodismo se darían cuenta de la barbaridad de la afirmación porque nada tiene que ver la comunicación de las previsiones informativas del día con la obligación profesional de buscar la noticia, nada… ¡absolutamente nada! Créame señor Navarro, aunque sólo sea atendiendo a esa afirmación que usted mismo hace sobre mi dilatada experiencia. Por lo tanto una vez más se miente doblemente al afirmar que falté y desatendí la deontología profesional de buscar la noticia, es radical, absolutamente e incuestionablemente falso.

Estos son los “argumentos”, grosso modo, que ha utilizado Doña Carmen Esteban para despedirme… un cúmulo de mentiras y afirmaciones atentatorias contra mi prestigio profesional y mi dignidad personal. Una actuación que además atenta contra mis más elementales derechos de defensa, ni más ni menos. Tanto es así que la propia empresa, siendo plenamente consciente de todo ello, decidió previamente a la celebración del juicio reconocer la improcedencia del despido y pagar la indemnización legalmente establecida como he señalado ya, lo que constata que Doña Carmen Esteban quería deshacerse de mí fuese como fuese y costase lo que costase… pero sin razón, justicia ni legitimidad alguna, demostrando indudablemente su culpabilidad y sus malas artes. Como ya anticipé en otro artículo las razones que esgrimía la SER para despedirme son falsas, y a la postre ellos mismos han corroborado que, con el reconocimiento previo al juicio de la improcedencia del despido, sabían desde el primer momento que lo eran, lo que demuestra la mezquina, ruin y abyecta forma de actuar de estos dos directivos de la SER, especial y significativamente la de Doña Carmen Esteban.

Sólo hay una cosa que me produce cierto consuelo en esta terrorífica, inmoral, injusta y despiadada historia. Como he explicado ya después de la comunicación de la directora el viernes 21 establecimos dos turnos de guardia. Si el fallecimiento de Adolfo Suárez se hubiera producido el sábado por la mañana en vez del domingo por la tarde estaríamos hablando entonces de dos despidos en lugar de uno puesto que dos de mis compañeros tenían también un compromiso ineludible ese sábado. Ese sería un caso cuatro veces más terrible que el mío puesto que estos compañeros tienen dos hijos, hecho que no me cabe ninguna duda les hubiera sido absolutamente indiferente a los directivos de los que estoy hablando, especial y significativamente a Doña Carmen Esteban… no tengo duda alguna.

Mi despido, y la forma de ejecutarle, conllevan otras consideraciones y consecuencias graves y destacables.

En primer lugar demuestran una falta de humanidad realmente notable, manifiesta y confesa por parte de estos directivos. Me dejan sin trabajo con 46 años de forma injustificada, y hay que tener en cuenta el panorama laboral del país en general y del periodismo en particular, es decir, se me arroja consciente, intencionada, injusta y cruelmente a la pobreza y la exclusión social, algo de lo que son perfectamente sabedores ambos directivos sin que les suponga remordimiento alguno. De haberlo tenido no lo hubieran hecho.

En segundo lugar ha generado un empeoramiento grave de las condiciones laborales en la emisora, y también un ambiente enrarecido y desagradable… me consta. Además supone una dificultad económica añadida para la propia emisora puesto que tiene que hacer frente a mi indemnización, eso después de que se nos haya pedido recientemente a los trabajadores que voluntariamente nos rebajásemos un 8% el sueldo para ayudar a aliviar precisamente esos problemas económicos. Por cierto, y hablando de estas cuestiones, quiero señalar que hace unos cuatro años la empresa nos pidió a los trabajadores que voluntariamente nos rebajásemos el sueldo un 8% durante un año por las dificultades económicas que atravesaba. Yo fui uno de los que aceptó voluntariamente esa rebaja. No sé si Don Fernando Navarro puede decir lo mismo que yo pero sí sé que Doña Carmen Esteban no puede hacerlo.

En tercer lugar mi despido injusto, injustificado e injustificable ha creado un descrédito y desprestigio significativos de la Cadena SER en la sociedad abulense. Trece organizaciones, las más importantes de la ciudad y provincia con excepción del Partido Popular, pidieron mi readmisión sin que su misiva fuera contestada tan siquiera… la educación y las buenas formas tampoco entran dentro de sus valores. Además hasta ahora se han recogido en torno a mil doscientas firmas digitales y otras seiscientas en papel pidiendo mi readmisión lo que, obviamente, supone un cuestionamiento importante de la forma de actuar de la empresa, algo realmente peligroso para la credibilidad de cualquier medio de comunicación. A pesar de tan estimable peligro han seguido adelante y han conseguido indiscutiblemente dos cosas: la primera dejarme de patitas en la calle infundada e infamemente (como han reconocido ellos mismos), y la segunda desprestigiar abultadamente a la Cadena SER en Ávila, dos hazañas realmente notables… ¡Felicidades Doña Carmen Esteban!… éste es su legado en menos de un año desde que fue nombrada directora y supongo que estará orgullosa en grado sumo por tales logros. ¡Ah!, se me olvidaba uno…. me falta añadir la puesta en marcha ilegalmente de la emisora de los 40 Principales en Ávila… ¡carece de licencia!

En los sueños de mis noches de parado se me aparecen ambos personajes fantasmagóricamente cual fieras salvajes de ojos encendidos con sus aterradoras fauces chorreantes, que no ahítas, de sangre inocente: ¡la mía!, exhibiendo con orgullo indisimulado su crueldad al resto de la manada con satisfacción malvada en un gesto intimidatorio en pos únicamente de su propio beneficio, complacencia y bienestar egoísta e inmisericorde.

Ustedes dos, Doña Carmen Esteban y Don Fernando Navarro, por su forma de actuar contra mí, me recuerdan mucho a esas gentes despiadadas y tiranas que no tienen reparo alguno en utilizar a las personas como mero material de uso, derribo y posterior arrojo a la basura… aunque dudo mucho que tengan la más mínima conciencia de lo que eso significa porque para que tal cosa sea posible lo que se necesita en primer lugar es tener conciencia… y también un mínimo resto de humanidad. Debe ser penoso y triste ser ustedes… muy triste y penoso.

En reconocimiento a las abundantes buenas personas y grandes profesionales que hay en la Cadena SER afirmo que son ustedes los que atentan vergonzosamente contra los mejores valores y la más hermosa tradición de la misma, son ustedes los que la mancillan con su forma de actuar y eso me resulta muy doloroso, casi más si cabe que mi propio despido, porque he dedicado veinte años de mi vida a la SER con entrega y dedicación, y en ella no sólo me he formado profesionalmente también he crecido como ser humano. Por todo ello estaré eternamente agradecido a la SER y a la mayoría de las personas que he conocido y tratado en ella, especial y significativamente a Luis Fernando Gutiérrez Gijón.

Para finalizar les recuerdo a Doña Carmen Esteban y a Don Fernando Navarro el epitafio de la tumba de los Duques de Suárez: “La concordia fue posible”…

Allá ustedes y sus miserias.

Jose Ramón Rebollada Gil.

Ávila. 14 de junio de 2014.

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Paco, Pakuto (por Luis Asiaín)

Volvemos a tener la suerte de contar con la participación de Luis Asiaín, lo cual siempre es un placer. Aprovechamos para recordar que podéis enviarnos vuestras colaboraciones. Aquí os decimos cómo.

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Este es el relato de una historia cualquiera, una historia de Ávila. Trata de la evolución del pensamiento de un niño y su mirada hacia una persona concreta a la que jamás conoció y con la que nunca se relacionó directa o indirectamente. Recientemente me impactó toparme con la imagen de esa persona, a quien no esperaba volver a ver más que en mis recuerdos de infancia.

Paco, Pakuto

INFACIA

En las tardes de mi primer año de colegio en España solía sentarme con mi abuela en la terraza de su casa. Mis padres se acababan de divorciar y, por esa misma razón, viví con ella durante unos meses. Cuando nos sentábamos en la terraza –situada en un primer piso del jardín de San Roque– solíamos rallar pan duro de días anteriores, pelar judías verdes, quitar pequeñas piedras de las lentejas del día siguiente… ese tipo de cosas. Recuerdo perfectamente un día en el que estaba con la barbilla apoyada en la baranda de la terraza con la mirada fija en el jardín… por la izquierda, desde el paseo, venía fumando tranquilo, pacífico y ensimismado un señor delgado, con el pelo largo y barba… una figura que destacaba del entorno, alguien que, para un niño como yo, no pasaba desapercibido. Al instante, mi abuela se acercó, apoyó su brazo en mi hombro, acompañó la mirada conmigo… y espetó lo siguiente:

–Ves a ese señor hijo…
–Sí abuela…
–Cuando lo veas por la calle, no te acerques a ellos… cruza de acera.

Así, sin más. El señor, apodado Pakuto, se dirigía a uno de los rincones de aquel jardín donde se juntaba casi todas las tardes con un grupo de gente con un aspecto extraño… al menos para la mirada de un niño de siete años que los observaba intrigado desde aquel primer piso. Buscaban un rincón cercano a la fuente que había en el parque. Si la figura de aquel hombre resultaba enigmática, con esta instrucción mi abuela remató la faena.

Acto seguido entramos en casa y al pasar por una tablilla de madera con un señor de rostro lánguido, delgado, pelo largo, con barba y sospechosamente parecido al tal Pakuto… mi abuela le hizo una reverencia y se santiguó. Tan venerada era aquella figura del Sagrado Corazón de Jesús que por las noches, el argumento más utilizado para luchar contra los típicos miedos nocturnos infantiles era aquello de…

Jesusito de mi vida eres niño como yo,
Por eso te quiero tanto
Y te doy mi corazón…
Cuatro esquinitas tiene mi cama,
Cuatro angelitos que me la guardan… etc…

–No te preocupes que él –decía ella– estará aquí toda la noche para protegerte –refiriéndose obviamente a la imagen del señor con un corazón con pinchos sobre el pecho… ideal para que un niño durmiese tranquilo, mano de santo–.

Pero… entonces… ¿en qué quedamos? Pensaba yo.

Aquel señor, Pakuto, solía sentarse a vender cuadros en la plaza del Grande, lugar por el que yo debía pasar sistemáticamente todos los días camino del colegio, por tanto me cruzaba con aquella enigmática figura literalmente a diario. Tanto miedo tenía en ocasiones que ni me atrevía a pasar por la plaza, a veces daba rodeos para no cruzarme con aquel grupo. Un grupo variopinto de gente en el que no sólo se encontraba Pakuto como figura enigmática, otro tenía una cresta enorme pintada de colores, una chica que solía acompañarlos, dos o tres jóvenes más y siempre había algún perro que, por extensión, me daban un miedo tremendo… eran como prolongaciones del grupo, se movían como satélites alrededor de ellos y si alguno se me acercara era casi tanto como ser alcanzado por el propio grupo. Cuando la mirada de un niño le tiene miedo a algo la imaginación es incontrolable. Para colmo, tenía la endiablada tablilla metida en el cuarto y seguía sin entender la contradicción que mi propia abuela me había brindado.

Corrían los años ochenta… eran tiempos en los que los de mi edad disfrutábamos con La Bola de Cristal, con Dragones y Mazmorras, con los chapines, con las pistas de tierra, con las bicicletas, con los helados en el parque, con los bocadillos de cualquier cosa que sirviera de excusa para ponerte en la calle y dejaras de marear en casa, con el Bote-Botero –que muchos decían Bote-Bolero–, con Churro, mediamanga, mangotero, con el Escondite inglés, con Fray Huevo (¡¿qué desea?! -¡Un huevo! -¡Que entre luego!), con el Coche Fantástico, con… en fin… con todo. Imagino que la infancia de cualquiera estará siempre llena de sus cosas. En este clima de juego e infancia, los comentarios e insinuaciones de los chicos mayores se filtraban sutilmente hacia los de nuestra edad dejando caer especulaciones acerca de Pakuto y su grupo. Comentarios que, a su vez, vendrían de otros chicos mayores que ellos, éstos de los siguientes, y así sucesivamente. Mucha gente había apodado a Paco como «Paco el guarro», así de explícita llegaba a ser la inercia del chismorreo abulense… aquel que vendía cuadros en la plaza. Aquellas procaces habladurías insinuaban la relación del grupo con el hábito y consumo de drogas más allá del alcohol legalizado de las litronas… y mucho más allá del hoy oficiosamente institucionalizado porro. Desconozco por completo si era el caso, pero cierto es que fue aquella una época en la que muchos jóvenes cayeron como moscas debido a una oscura moda de heroína y jeringas. De las jeringas en los parques sí puedo dar fe, porque muchos nos topábamos con ellas jugando. Pero obviamente ni quiero ni pretendo relacionar a los unos con el consumo de aquellas pérfidas flores muertas que decía la canción.

En la misma casa de mi abuela había un cuarto de estar verde que era utilizado para meter a todos los nietos que se presentaban en casa a jugar –ya entonces seríamos unos veinte–. En aquel cuarto, había un tocadiscos y en éste solían sonar solamente tres discos:

El padre Abraham en el país de los Pitufos, el Dúo Dinámico y esto…

¿Qué hacía el disco de Humet en casa de mi abuela? Misterio. Pero lo cierto es que a mi abuela le encantaba esa canción y sonaba constantemente por algo tan trivial como que a todos los nietos nos encantaba el silbido y, por si fuera poco, encerrados en el cuarto teníamos carta blanca para usar, manipular y desgastar el tocadiscos a placer. Para qué querer más. Muchos de mis primos compartirán este recuerdo conmigo a buen seguro. Aquella canción… aquella letra… fue tomando forma poco a poco en mi mente infantil y cuando me cruzaba con el grupo de Paco me acordaba de la canción. Asociaba a Clara –protagonista de la canción– con la chica que solía acompañar a Paco; los detalles de la letra con los propios comentarios que escuchaba a mi alrededor… «y nadie quiso preguntar», etc…

Pasaron unos tres años y mi dinámica hacia el grupo de Pakuto era básicamente la misma. Un día, en el colegio, una profesora a la que apodábamos «la Bruja», decidió que el lapicero con el que estaba escribiendo –en los ochenta se pusieron de moda unos lapiceros enormes, gordos con una pequeña funda de plástico colgando de la goma que encajaba en la punta superior, y en cuya funda venían metidos otros tres lapiceros minúsculos– no era un lapicero convencional con el que escribir en el colegio… lo arrebató de mis manos y me lo rompió en la cabeza por la mitad. Agarró un roído lápiz del compañero que tenía al lado y me lo calzo en los dedos… ¡Escribe con esto! Me dijo. El lapicero era un regalo de mi padre, al que veía tres veces al año después del divorcio. Me pregunto de dónde vendría el apodo «Bruja». El caso es que aquella señora abrió la caja de Pandora con aquel gesto. Recordé entonces una tarde que pasé en los columpios del rastro el año anterior… la primera vez que me fumé unas clases.

Y desde entonces no quise otra cosa… un descontrol total.

Este fue el momento en el que la ciudad, Ávila, se convirtió en cómplice… mi cómplice. Me preparaba todos los días para ir al colegio, salía de casa y seguía la ruta hasta que, sencillamente, desviaba mi camino y paseaba por las calles de la ciudad. Sin más. Teníamos clase de nueve de la mañana a doce y media y de tres y media a cinco y media de la tarde… lo mejor eran las tardes, porque por las tardes la ciudad estaba desierta hasta que abría el comercio a las cinco, momento en el que debía preocuparme y tener cuidado para no toparme con mi abuelo camino de las tiendas que regentaba. Siempre fue un placer pasear por esas calles tranquilas, me sentía profundamente libre con la ciudad a mi alcance que, para un niño, era abarcable y muchísimo más que suficiente. Obviamente me acuerdo mucho de mi familia y en especial de mi madre que, pobre, estaba desesperada sin ser capaz de entender qué demonios me pasaba y por qué costaba tanto meterme en el colegio. En estos años ya no vivíamos con mis abuelos –aunque comíamos con frecuencia en su casa o pasábamos algunos días con ellos–, yo tendría unos diez años y mi abuelo Pedro venía a casa a buscarme para llevarme personalmente al colegio… intentando ayudar a mi madre que, debido al trabajo, tenía las manos atadas en cuestión de horarios.

Pero el niño, que en ningún caso tenía maldad alguna y era de todo menos hiperactivo, salía de casa por su cuenta y riesgo, levantaba el antebrazo en horizontal e iba rozando el puño de la cazadora en todas las paredes de granito, ladrillo o piedra destrozando cualquier abrigo que utilizara. Un gesto que casi funcionaba como el bastón lazarillo de los ciegos, que va indicando el camino a aquellos que observan con los sentidos.

Una tarde, entré en la cocina de casa y mi madre estaba enfadada en el salón de pura impotencia. Cogí un trozo de pan, lo abrí por la mitad, metí alguna salchicha dentro con algo más –a modo de bocadillo para cuando «saliese del colegio»– lo envolví en papel aluminio, lo metí en la mochila con los libros de clase y me despedí de mi madre:

–Me voy al colegio mamá… luego vengo.

Se había enfadado conmigo porque yo seguía diciendo que no se preocupara que no iba a faltar nunca más al colegio y que todo iba a ir bien. Se despidió de mi con una evidente falta de fe. Y con razón, porque salí de casa y me fui, mochila en ristre, a pasear por la ciudad.

Andaba yo buceando en las calles de Ávila, observando cualquier cosa, cuando fui a parar a la calle Virreina María Dávila… había entonces allí una tienda de repuestos, piezas de coches y cosas de ese estilo. Estaba parado delante del escaparate mirando ensimismado cualquier cosa que ni alcanzo a recordar puesto que, ¿qué diantres habría de interés en una tienda de repuestos para que un imberbe de diez años estuviera allí parado? Nada, imagino… pero allí estaba. De pronto, noté que alguien al lado me estaba mirando y noté también la presencia de un perro… por un instante pensé que mi abuelo, mi madre o algún familiar me había pillado… giré la mirada y, de repente, allí estaba él… Paco, Pakuto mirándome fijamente con su perro –o perra– también con la mirada fija en aquel chaval que, en horario de colegio, estaba solo ensimismado mirando una tienda de repuestos de coche. El pánico fue inmediato… me quedé petrificado mirándole fijamente a los ojos, y él me miraba a mi… extrañado supongo, de ver la casi segura cara de espanto que debía tener. No me inmuté, me quedé bloqueado en el sitio mientras notaba un ligero incremento en la hostilidad del perro que, a buen seguro, debía ser pacífico pero que su propio instinto animal estaría reaccionando a mi más que evidente miedo… y ya se sabe que los perros, el miedo, lo huelen a kilómetros… y yo me encontraba a escasos dos metros.

Paco parecía que iba a entrar o salir de algún sitio, no dijo ni una palabra, imagino que notó que yo me había llevado un buen susto y no querría –supongo– empeorar la cosa. Yo me di la vuelta «como quien no quiere la cosa» –como si estuviese yo en condiciones de disimular– y lentamente empecé a caminar en sentido opuesto. Los pasos inicialmente eran forzosamente pausados pero a medida que me fui alejando el perro empezó a ladrar, los pasos se aceleraron y el perro salió ladrando detrás de mi, repito, de puro instinto… para cuando alcancé la esquina corría con tanta fuerza que no paré hasta llegar al portal de mi abuela.

Son misteriosos los rudimentos del miedo… yo tenía unos cuantos, pero para otras tantas cosas era bastante despreocupado, imprudente e incluso temerario; igual me lanzaba desde la caseta de un jardinero y me rompía un ojo, como me despeñaba con una bicicleta destrozándome la cara –literalmente–, como me perdía solo por ahí deambulando sin el más mínimo temor. ¿Quizá el miedo que le tenía a Paco fue inducido? Tampoco soy capaz de atribuirle exclusivamente ese mérito al desafortunado comentario de mi abuela. Pero lo cierto es que así eran las cosas.

Obviamente, ni Paco ni su satélite pretendían alcanzarme, ni mucho menos. Pero yo corrí como si la destrucción de una supernova estuviese a punto de alcanzarme. Dentro de aquel espacio sideral sólo se me ocurrió un improvisado sitio para esconderme… Llegué al portal de mi abuela respirando como una parturienta, entré con cuidado para evitar que el portero –entonces Mariano– me viera entrar. Evidentemente no pretendía esconderme en casa de mi abuela, pero me metí en la escalera y subí hasta el último piso –donde vivía otra tía mía– y de éste al piso del ascensor. Un lugar al que nadie subía, con unos cuantos tiestos desparramados por el rellano, una puerta de acceso al mecanismo del ascensor y unas cuantas claraboyas que dejaban entrar claridad y sonidos del parque al escondrijo. Sintiéndome ya tranquilo, me tumbé en el frío suelo, saqué mi bocadillo de salchichas para la merienda o «salida del colegio» y me relajé. Salí de la guarida cuando empecé a escuchar a otros chavales jugando en el parque, señal de que ya habrían salido del colegio. Aquel fue mi escondite durante mucho tiempo.

ADOLESCENCIA

Los años pasaron y casi sin darme cuenta me zambullí de lleno en la que denominaría de manera muy cursi «mi época ilustrada»… aquellos años en los que aprendí disfrutando y disfruté aprendiendo. Tuve la suerte de toparme con un instituto en estado de gracia –al menos en aquella época–, con unos profesores geniales, maestros en su Arte y que mucho y bien hicieron por nosotros. Había de todo, lógicamente, pero considero que tuve suerte y, en la medida en que pude, lo aproveché. Sólo lamento no haber repetido cada uno de los cursos para haber prolongado mi estancia un poco más, ¡con lo bien que lo pasé, no tuve la suficiente picaresca para dejarme caer por allí más tiempo!

En estos años de rebeldía y curiosidad, la vida se mira de otra manera. Mi madre había comprado un par de cuadros de Paco y los tenía en su habitación. Sabía que eran suyos y recordaba perfectamente el miedo que él me infundía cuando yo era niño pero ya no veía en él nada de lo que me atemorizaba en la infancia. Pero tampoco me paraba a pensarlo. Paco era un personaje más de la ciudad.

Fue entonces cuando me enteré de que mi propio abuelo conocía al padre de Paco y que de hecho, según mi madre, habrían tenido cierto grado de amistad –desconozco hasta qué punto–. Cosa que me sorprendió, recordando aquel momento en la terraza con mi abuela. Además, supe cuando mi madre compró los cuadros que ella misma hablaba con Paco y que, sin tener relación con él  –al menos que recuerde–, sí se conocían… quizá por aquella amistad de sus padres, no lo sé. Al traer los cuadros a casa quedó claro que se trataba de una persona sensible con un estilo muy personal y particular para su Arte, que no es poco. Estos detalles, ya lejos de la niñez y en plena adolescencia, me llamaron la atención.

Especialmente porque me hicieron reflexionar acerca del mote «Paco el guarro». ¿Cómo le sentaría semejante mote a una persona con la sensibilidad suficiente para hacer aquellos cuadros que mi madre colgaba en su cuarto? Podría haber pasado olímpicamente… o no. ¿A santo de qué semejante estigma? Entré de lleno en el plano moral y ético del asunto… fruto directo del momento adolescente que vivía. Además, empezaba a desarrollar mis propias querencias artísticas, cosa que en esos años suele ser bastante inevitable y fruto también de las inquietudes y sensibilidad de cada uno. Todo esto me inquietó. Sobre todo al ser consciente del tremendo miedo que yo le tenía siendo niño, y me parecía tremendamente injusto haber escuchado y en ocasiones utilizado un mote tan despectivo. Era algo cínico y cruel.

Ávila, aquella cuyas calles tranquilas habían sido mis cómplices, ahora se me antojaba también cómplice pero en este caso de haber estigmatizado a una persona. Algo que más tarde he entendido que no es característica exclusiva de la ciudad de Ávila pero sí de una cultura patria… esto sucede en un pueblo, en una capital, en una aldea, en pleno campo… sucede o, al menos, sucedía, con el diferente, con el débil, con el sensible, con el inadaptado, etc… No es objeto de este texto entrar en ese debate, pero digamos que en la adolescencia comprendí un poco mejor estas cosas. No deja de ser una época turbulenta, especialmente, porque si en la vida alguien está en ese proceso del despertar simbólico, el despertar de las ideas, de los planos morales y éticos de las cosas… probablemente empiece a abrir los ojos en esta fase vital y, tanto la realidad como nuestra propia naturaleza, pueden ser en ocasiones turbadoras o difíciles de encajar.

HOY

Los años volvieron a pasar y Paco cayó totalmente en el olvido –mi olvido–. Poco después de la adolescencia cambiamos de casa, los cuadros seguían con nosotros, luego vinieron más mudanzas, mi madre falleció, más años encima, más mudanzas, la vida pasando y le perdí la pista tanto a Paco como a los cuadros.

Hace unos meses, navegando por internet, encontré una noticia en la que se hablaba de una exposición organizada por la Asociación Ávila Abierta dedicada, precisamente, a Pakuto. La noticia aportaba una fotografía suya.

Paco_Jimenez_Verdu

La foto me impactó por varios motivos.

.- Ahí estaba la imagen de Paco, Pakuto… aquella persona a la que yo tenía un miedo infantil infundado.

.- Paco está sentado en una terraza que, para los que somos de Ávila, identificamos claramente que da a la calle Alfonso de Montalvo –calle al lado de dónde me topé con él–. Por tanto lo más probable es que se dirigiese o viniese de su casa.

.- Por la calidad de la imagen, se ve que la fotografía es de aquellos años, es posible que fuese tomada más o menos en la época de marras.

.- Desconocía el nombre verdadero y completo de Paco.

.- Y sobre todo y más importante… su rostro y aspecto afable, de todo menos hostil. Su imagen había quedado borrosa en mi memoria y en cierto modo manipulada por mi propia visión infantil y paso del tiempo. Verlo de nuevo me confirma aquello que ya en su día veía, pero esta vez observando con la mirada de un adulto, algo más curtido en ciertas cosas y con la cabeza más amueblada.

Ver su fotografía es como la resolución y punto final a un temor infantil, repito, absolutamente infundado e irracional que, con total seguridad, fue alimentado por los dimes y diretes de un ambiente propenso a estigmatizar a quien es sensible por naturaleza. Desconozco si es el caso de Paco, pues mi reflexión es del todo unilateral y construida a base exclusivamente de mi percepción y su evolución desde la infancia. Pero sospecho que no debo andar muy alejado. A las personas sensibles les cuesta más adaptarse por razones obvias: siempre será más fácil ser un inadaptado si el entorno se muestra cínico, cruel o incluso déspota contigo–«Paco el guarro»–.

Y algo me queda claro en relación a aquellos años: ¿acaso no era yo otro inadaptado? Quizá por aquel divorcio prematuro o… ¡a saber!… siempre lo fui en mayor o menor medida ¿Acaso no debía estar en clase el día que me topé con Paco? ¿Acaso había otros compañeros míos de colegio inmersos en aquellas escapadas o huidas… con siete, con ocho, con diez años? ¿Le impactaría la imagen de Paco a alguien que no hubiese reflexionado sobre ello con el paso del tiempo?

Por estos motivos y razones, creo que aquel día me topé con un Artista, en el sentido más legítimo e intemporal del término. Quiero decir, no un artista en su versión de poliespan mediático y edulcorado que se pueda ver hoy en un medio cualquiera. Una persona con la capacidad suficiente de tener un estilo propio desarrollando una actividad tan compleja como era, en su caso, la pintura. Cierto es que para gustos los colores y que su obra es fruto evidente de una época… pero qué demonios… ¿y cómo no lo iba a ser? Esa es precisamente una característica de toda obra artística.

Para muestra su legado.

Y en el fondo ahí está la clave… ¿qué es lo que queda? Porque ciertamente, el paso del tiempo es inexorable y solo algunas cosas son capaces de franquearlo ¿Alguien se acuerda del alcalde que tuvo Ávila en 1963? ¿Alguien se acuerda de quién adjudicó la obra de algún arrabal hace cincuenta años… o hace treinta… o quince… o diez? Queda, lo que queda… y aunque quede entre amigos y familiares, conocidos o desconocidos… y no trascienda hasta alcanzar el nivel mediático hoy tan ansiado y valorado de «poliespan», lo cierto es que de una u otra forma ahí queda… que no es poco.

Su nombre era Francisco Javier José Jiménez Verdú.

Nota.- Si algún familiar suyo lee este texto, espero y deseo que no se sienta ofendido en modo alguno por nada de lo aquí escrito. Nada más lejos de mi intención. Esta no es más que la mirada de alguien que creció en Ávila y urdió sus pensamientos y sentimientos en las almenas de la muralla.

 

Verraquito en B

sobresobres

Pelusa attack

pelusaAttack!!

Soy un villano más

Colabora con nosotros Víctor Andrés Toro Restrepo. Si también quieres mandarnos la tuya, aquí te decimos cómo hacerlo.

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Echo la vista atrás y pienso cómo era la villa hace unos 14 años, cuando mi barco atracó en este puerto de adoquines y revolconas. Ante mí, una villa que desayunaba Cola Cao para ser cada día más y más grande, fuerte, industrial y prospera, o por lo menos eso era con lo que nos intentaban hacer soñar. Y vaya si soñamos al vernos con una estación del AVE, un palacio de congresos rebosante de eventos, un museo que nos traería unos mil turistas a diario, un polígono industrial con el cartel de completo al entrar, un equipo de fútbol en Segunda y, sobre todo, ¡una ciudad dormitorio de Madrid y alrededores! El boom inmobiliario, el anzuelo en el que picaron muchos villanos y que hoy en día es su ruina, unos por ilusos y otros por avaros.

Todos o casi todos nos creímos el cuento sin rechistar, Más de uno se paraba en el rastro con la vista puesta al valle Amblés y suspiraba imaginando lo que estaba al caer: una ciudad de verdad, con un futuro próspero para todos, con dinero, dinero y más dinero. No me extraña que hoy haya tantos “licenciados” en A.D.E., caminos, hidrología, etc. en el paro que siguen esperando un ‘remember’ de esa época dorada para encontrar un trabajo. Ellos tienen una carrera y eso de estar en otro sector… “na de na”.

La verdad es que todo eso podría haber ocurrido. Supongo que sólo faltó anular ese pensamiento feudal de algunos que, hoy por hoy, siguen cerrando las puertas al crecimiento de la villa, casi dejándonos en un poblado Ami. El palacio de congresos, pasados unos años de su inauguración, solo nos ha dejado algún que otro congreso o actividad. Respecto al equipo de fútbol (en su día incluso hubo un proyecto para un nuevo estadio), hoy tiene que ser salvado de las deudas con eventos como el de #SOSRealAvila. Del AVE, ni hablar. Digamos que voló de la Muralla al Acueducto, y con él, el turismo, claro. ¿El polígono? Cada vez más vacío e inaccesible. El museo está ahí, como la puerta de Alcalá, viendo pasar el tiempo y sin abrir.

Eso de ser ciudad dormitorio se ha quedado en ciudad cementerio de bloques vacíos. El polideportivo está donde Cristo perdió el mechero, como que el de San Antonio sigue estando mejor situado ¿Por qué no reformaron ese?

La estación de autobuses sí que sí. Después de 13 años, varias reformas por fallos en la construcción y perder la subvención, ha visto la luz. Afortunadamente, un gimnasio ocupará la torre y así la cascada de colores no estará tan vacía. Para los autobuses que se mueven, con una marquesina y foco valdría. ¿Por qué no reformaron la de san Antonio?

De todo esto, mi mayor conclusión, aparte de que estamos en la mierda y no tiene pinta de que llueva para lavarnos, es que soy un villano más. Solo me falta el botellín de maullido 5 astros, el pincho de casquería guisada y el palillo, porque, como me den una cerveza de otra marca y un pincho nuevo ¡MA-TO! Que soy avileño y esa idiosincrasia la llevamos todos los que por arraigo tenemos tatuados los adoquines en el corazón, como un amor de madre, el sabor de las revolconas en el paladar y el Cola Cao en el desayuno. Eso sí, ¡el palillo ni tocarlo!

 TRnegroni

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