14 entradas de 2014

Tampoco nosotros podíamos faltar a la cita con las entradas recopilatorias y los balances de fin de año.

Este año hemos notado en el número de visitas como el contubernio internacional, los mercados y la casta, en confluencia maligna, han hecho que baje el número de lectores de nuestra querida página. Estamos en recesión. Lejos quedan los años buenos, el 2013 en concreto. Este año os habéis ido a desayunar en vez de a leernos. Solo tendremos 65 mil visitas al cierre de hoy. Le vais a dar un disgusto a Pablo, aunque todos sabemos que es culpa de Illo y de su manía de irse de viaje por Europa en vez de mandarnos viñetas. 177 visitantes al día, cuando llegamos a tener 219. Snif. El mes más activo fue Junio y el que menos éste.

Así no vamos a derrocar al gobierno, os advertimos.

En nuestras batallas personales, el más leído del año ha sido Willy, porque entrevista a deidades. Le siguen Alberto, Rubén y Pablo. Otro disgusto más. Desalmados.

Las visitas nos llegan fundamentalmente desde Twitter, aunque el reino de Zuckerberg también nos presta unos cuantos lectores (8000 frente a 5500). Meridianos y ÁvilaRed se disputan el tercer escalón del podium. ¿Google +? 29. Lo petamos.

La mayoría de visitantes sois españoles hispánicos de la piel de toro. Después nos leen bastante en Estados Unidos y se cuela como tercero Reino Unido en dura pugna con México. Hemos perdido el apoyo que los franceses nos dieron el año pasado.  Este año damos un abrazo al lector de Maldivas, al de Nepal y al de Santo Tomé ¿Pedro? y Principe.

Vamos con las entradas más vistas de 2014. Nos referimos a las publicadas durante este año, porque la historia sigue arrasando en esta bitácora. Entradas como “Comuneros de Castilla” o “El origen de la Comunidad Autónoma” siguen apareciendo entre las más vistas aunque haya pasado el tiempo. Pero lo más leído de lo nuevo ha sido…

01.) Un café con… @diostuitero – Sin duda el gran hit del año, Willy estuvo divino.

02.) Catorce mentiras sobre mi despido de la SER (José Ramón Rebollada) – Las explicaciones de Jota tuvieron y tienen gran repercusión.

03.) Ávila TrainvisiOFF - Murallito somos todos.

04.) Un fin de semana para el recuerdo de la Fábrica de Harinas de Ávila – Hay cosas que no se olvidan.

05.) Poder contra verdad (Miguel Díaz Herrero) – Una verdad incómoda.

06.) Podemos, en Ávila – Sus primeros pasos.

07.) Festival de Nuevos Lenguajes Escénicos de Ávila ‘Artescena’ – La cultura interesa a nuestros lectores.

08.) Vender el muñeco – Del turismo y nuestras habilidades para mostrarlo adecuadamente.

09.) _ota – Sobre la letra que falta.

10.) Ávila Today – El humor más allá de las murallas.

11.) Panegírico – Willy metiéndose en harinas.

12.) Un Gotelé…a golpe de blues – Sobre el grupo abulense.

13.) Los secretos de Ávila (José Manuel Blázquez) – La colaboración del gran Elzo.

14.) Adolfo Suárez, in memoriam – Alberto reflexionando sobre la muerte del presidente.

Hasta aquí 2014… prometemos mucha más guerra en un 2015 que se prevé apasionante.

¡Feliz año!

Belén 2014

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Panegírico (anti)navideño por José Ramón Rebollada

Si siempre es agradable contar en este rincón con la aportación de lectores y amigos, lo es más si quien firma esas líneas es el periodista José Ramón Rebollada Gil. Si tú también quieres enviarnos un texto para su publicación, aquí os contamos cómo.

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Panegírico (anti)navideño

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Ya nos llega de nuevo este tiempo del año en el que la hipocresía más absoluta se apodera absurdamente de una sociedad que parece adormilada, tomada por la sinrazón, hipnotizada por el absurdo. Sí, estoy hablando de esa cosa llamada “navidad”.

Según el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua la palabra “navidad”, en su primera acepción, es: “Natividad de Nuestro Señor Jesucristo”, ¡nada menos! Esta es una nueva demostración incuestionable de hasta qué punto la creencia religiosa de un fragmento de nuestra sociedad se ha apoderado (sin derecho ni justificación alguna) de buena parte de nuestra propia esencia y funcionamiento social a lo largo de los siglos, incluyendo el lenguaje. Si me atuviera a la literalidad de la definición esa palabra no significaría nada para mí ni para ninguno de los  que no somos creyentes de alguna de las múltiples facciones del cristianismo porque todos nosotros no tenemos un “Señor Jesucristo” compartido y reivindicado como “Nuestro”. Una vez más una parte se apodera del todo en su propio beneficio, en este caso lingüístico, y eso es como apropiarse de la misma esencia de nuestro (éste sí de todos) código social por antonomasia: el lenguaje. Yo les ruego a los señores académicos que cambien la primera acepción de la definición de esta voz.

La celebración de la “Natividad de Nuestro Señor Jesucristo” tiene tras de sí una oscura y enrevesada historia como todo lo que tiene que ver con el cristianismo, especialmente en su facción católica. Por supuesto nada de lo que voy a relatar ahora se cuenta en los púlpitos de las iglesias y catedrales, allí simplemente se dice que el tal Jesucristo nació un 25 de diciembre. La iglesia católica no parece tener demasiado interés en divulgar su propia historia, ¿por qué será?

Es realmente sorprendente comprobar lo poco que saben los cristianos sobre un personaje que ellos afirman fue histórico (por tanto real y verdadero) y que es nada menos su dios. Una de las muchísimas cosas que no saben es cuando nació, pero claro, para no ser incoherentes con su afirmación de la verdadera existencia de ese tal Jesucristo se inventaron su fecha de nacimiento y eligieron el 25 de diciembre.

Sus propias escrituras contradicen esa fecha. Sus estudios barajaron en su momento muy diversas fechas para tal acontecimiento entre los meses de mayo y octubre, pero finalmente (y no por casualidad) se decidió que la fecha de nacimiento fuera el 25 de diciembre, “casualmente” en las cercanías del solsticio de invierno, unas fechas de celebraciones paganas ancestrales en muchas latitudes del planeta basadas en el ciclo de las estaciones, cuando los días empiezan a ser más largos, algo que (incontestablemente) sí es un hecho cierto.

No obstante, y pese a la trascendencia del dato, no parece que tuvieran mucha prisa en “conocerle”. Según diversos estudios (incluyendo sus propias fuentes) no hay rastro de preocupación alguna por esta cuestión hasta el año 220 más o menos, más de dos siglos después de la supuesta existencia de ese personaje. Se saca a colación la cronología del autor griego convertido al cristianismo Sexto Julio Africano como el primero en afirmar que nació el  25 de diciembre.

Pero hay que esperar unos 125 años más, hasta el 345, para que la iglesia “fijase” el 25 de diciembre como el día del nacimiento de su dios, parece ser que por influencia de dos de sus líderes: Juan Crisóstomo y Gregorio Nacianceno.

Y una vez inventado el día hubo que inventarse el año del nacimiento de Jesucristo. En la sociedad de la época en la que supuestamente nació regía el Calendario Juliano, instaurado por Julio César, que se estableció en el año 45 ac. Por no liarnos demasiado en este galimatías de los calendarios resumiré diciendo que fue el monje Dionisio el Exiguo el que en el año 533 de la actual era “calculó” que el nacimiento de Jesucristo ocurrió en el año 753 del calendario juliano, y estableció el 1 de enero de 754 como el primer día del primer año de la era cristina. Eso lo hizo, como digo, ¡533 años después del supuesto nacimiento!, con lo que (repito) no puede decirse que los cristianos tuvieran mucha prisa por “saber” cuando nació su dios. Además, según se desprende de múltiples estudios e investigaciones, el monje cometió varios errores en sus cálculos de tal forma que, según su calendario, Jesucristo tendría que haber nacido entre cuatro y siete años antes de Jesucristo… curiosamente. Pero los erróneos cálculos del exiguo monje fueron siendo adoptados progresivamente en occidente hasta llegar a nuestros días. Es por ello que nuestra forma de contar el tiempo en la actualidad es fruto de otro invento de los cristianos, una ficción, una fabulación que contiene incluso errores matemáticos e históricos, aunque ellos no lo explican nunca desde sus púlpitos, claro está.

Y aquí nos hallamos todos, creyentes o no, inmersos año tras año en la “celebración” del nacimiento de un supuesto dios cuya fecha de alumbramiento es fruto de la suplantación y apoderamiento de ritos ancestrales, la invención de unos pocos próceres cristianos de la antigüedad y los errores de un monje medieval… Si esto no es algo patético y absurdo no sé qué puede serlo. Éste, y no otro, es el origen la navidad cristiana, ni más ni menos.

Otro día podemos meternos en la no menos enrevesada cuestión del lugar del supuesto nacimiento, que esa es otra: ¿Belén o Nazareth? Por no mencionar la no menos espinosa y misteriosa cuestión de quienes fueron sus supuestos progenitores con ese invento (para ellos sagrado dogma) de la santísima trinidad. Igualmente no me meteré en la peliaguda cuestión de los llamados Reyes Magos sobre los que los propios líderes del Vaticano siguen enredando 2.000 años después; recordemos el planteamiento reciente del anterior Papa, Benedicto XVI, de que esos seres procedían de Tartessos, o sea, del suroeste español actual.

Pero claro, todo esto, a base de no contarlo ni recordarlo, se va “olvidando”. Sólo se conserva y se repite hasta la extenuación el nimio mensaje que se quiere trasmitir y fijar de forma intencionada: Jesucristo nació el 25 de diciembre ¡y punto!

No tengo esperanza alguna de que esta cosa de la navidad vaya a cambiar próximamente, hay demasiados intereses en juego. En primer lugar los de la propia iglesia católica defendiendo su prevalencia en la organización social de todos, creyentes o no. También los intereses comerciales que se han generado a lo largo del tiempo. No se puede olvidar tampoco que a lo largo de los siglos esto se ha convertido en un rito interiorizado que en muchos casos ni siquiera se vive en clave religiosa. A pesar de que estamos en un Estado aconfesional todos los Ayuntamientos se gastan una pasta en las fiestas navideñas: nos llenan las calles de luces, organizan cabalgatas o promueven la instalación de belenes utilizando espacios y recursos públicos de todos, creyentes o no… y ningún político va a arriesgarse a poner un poco de cordura en esta sinrazón, lo sé, pero por lo menos que sepamos a qué atenernos, de dónde viene la cosa, qué es en realidad lo que se “celebra”… cual es el origen de la patraña.

Defensa férrea de la verbena

Tenemos la suerte de contar con la colaboración verbenera de Carlos Muñoz. Todos aquellos que quieran seguir los pasos de este intrépido rumbero, aquí explicamos cómo.

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Primera semana de agosto es sinónimo de fiesta en los pueblos de nuestra provincia. Para entender cómo y por qué se han desarrollado estos eventos a los largo de los años pueden ustedes recurrir a los historiadores, gente por otro lado poco fiable. Aquí me limitaré a dar una serie de razones de peso para defender la cita más importante del verano. ¿Por qué tiene usted que ir a las fiestas de su pueblo?

- Por las salchipapas. Ni a Ferrán Adriá en pleno proceso creativo se le habría ocurrido tal genialidad. Salchicha del Carrefour cortada en láminas junto con patatas fritas con un aceite descorchado en marzo. Justo lo que tu cuerpo de pide a las tres de la mañana. Si el chef le pregunta qué salsas desea para tal creación, no lo dude, la respuesta correcta es TODAS.

- Porque te ahorras el chequeo médico. Si usted es capaz de aguantar una semana el ritmo que le imponen sus amigos, no hay duda, tiene usted una salud de acero. ¿O prefiere fiarse de alguien que tras estudiar diez años se viste en el trabajo con una bata blanca?

- Porque las niñas crecen. ¡Y cómo crecen! Esa sensación agridulce de ver como lo que hasta hace pocos años era una dulce niña ahora es toda una mujer con una vida sexual más activa que la tuya

- Porque es barato. Con lo que te cuesta un billete a París en Agosto te costeas una semana de fiesta en el pueblo. Además, ¿qué tiene ParÌs que no tenga Muñogalindo o Sotalvo?

- Porque se desayuna en el bar. No pierda el tiempo en cocinar, aún no se ha conocido resaca que se resista a un café con leche acompañado de revolconas en el bar de su pueblo.

- Por la siesta. Igual que los ciclistas necesitan su autotransfusión de sangre, los verbeneros necesitamos nuestra siesta. Pero no una siesta para descansar los ojos, no. Estoy hablando de una siesta que puede oscilar entre las dos y las cuatro horas. Y en la cama, por supuesto. Si en la casa en cuestión hay niños, es recomendable usar tapones.

- Porque desarrollas habilidades. Como, por ejemplo, calcular el desvío que (por lo que sea) tienen las escopetas de feria, con el fin de conseguir ese purito tan ansiado.

- Porque da igual como vistas. Con unas chanclas, unos pantalones cortos y una camiseta de publicidad puedes aguantar varios días. Otro elemento indispensable son las gafas de sol, estas gafas no se retirarán hasta varias horas después de haber caído el sol.

- Porque no se liga. Sí, me han entendido bien. Está claro que con esas pintas esta no va a ser la semana en que conozcas a una guapa chica del valle. Por lo tanto puedes dedicarte a otras actividades tanto o más estimulantes como conocer a esos primos lejanos que no sabías ni que existían.

PD: Si ustedes se han fijado, en los últimos años se han empezado a desarrollar una serie de actividades (poco saludables) en las fiestas de los pueblos. ¿QuÈ necesidad hay de mezclar un evento como la verbena con otro en el que varias personas muy delgadas se disputan llegar el primero tras correr varios kilómetros? ¿Es que no tienen suficiente con el castillo hinchable?

Un himno para los abulenses

Nuestro amigo Sergio Sánchez (aquí su Twitter, aquí su blog) nos ayuda a salir de nuestro letargo estival con esta entrada, colaboración que no es la primera y que esperamos no sea la última. Si tú también quieres publicar algo en este rincón, aquí te explicamos cómo.

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Hace unos meses el Real Madrid mostraba al mundo una canción para conmemorar la ansiada Décima Copa de Europa. Con letra de Jabois, se plantea como un himno coreado por miles de personas en un campo de fútbol que expresa un sentimiento de unión e identidad con el club merengue. ¿No es algo maravilloso? Miles de personas unidos por una pasión expresado a través de una composición oral. Para no tacharme de madridista, piensen en otros himnos de equipos de fútbol (Sevilla, Atleti, Liverpool…) cuyo himno ya no sólo representa los valores del club en cuestión, sino que se han superado y convertido en un referente que todo el mundo conoce.

Vivimos rodeados de himnos y canciones que asociamos rápidamente a un evento, entidad, programa, anuncio… pero también tienen canciones propias colegios, campamentos, instituciones, empresas, partidos políticos… hasta nuestro famoso V Centenario tiene, además de voluntarios, un himno que, por supuesto, todos los abulenses nos hemos aprendido. Además, y en referencia a los himnos nacionales, basta ver algún acontecimiento televisado donde suene el himno de los Estados Unidos o La Marsellesa, por poner algún ejemplo, para ver como los norteamericanos y franceses cantan su himno a viva voz, con la mano en el corazón en algún caso, y a los que sólo les falta llorar de orgullo y satisfacción al corear el himno de su país. Eso no nos pasa a los españoles, tranquilos, cuando suena el himno español la mitad de nosotros permanece indiferente y la otra mitad nos dividimos entre los que abuchean y entre quienes estamos pendientes de los primeros. Marca España, sin duda.

Buceando en los reinos de taifas que son las Comunidades Autónomas nos encontramos que cada una tiene su propio himno, mayor o menor conocido, como el “Asturias patria querida” o “Els Segador” catalán. Siguiendo con las divisiones territoriales, compruebo para mi estupor que ocho de las nueve provincias castellano leonesas tienen, también, su propio himno. ¡Hasta Soria¡ ¡Y segovianos y pucelanos! ¿Adivinan cuál es la provincia que carece de una canción que expresa su sentimiento de identidad? Si, efectivamente, nuestra querida ciudad.

Ávila del Rey, de los Caballeros, y de los Leales pero que no tiene su propia canción con la que acompañar a su bandera, con la que unir a sus gentes cantando un discurso que refleje el carácter aguerrido, fiel y frío que nos caracteriza. ¿Necesita realmente Ávila un himno?

Por supuesto, Ávila necesita un himno que nos identifique, que nos una en todas las celebraciones y que podamos cantarlo a la menor ocasión. Las posibilidades para tocar el himno son infinitas: se puede cantar en bodas, bautizos y comuniones, hasta divorcios si me apuran; como melodía en el móvil, en las entregas de premios, cuando venga el Papa, en el pregón de las fiestas, procesiones, al subir al Murallito Trainvisión, al marchar a la batalla, cuando lleguen hordas de turistas al Centro de Recepción de Visitantes y en todo tipo de eventos sociales, culturales y deportivos, como en las victorias de nuestros Real Ávila y Óbila o cuando el próximo Carlos Sastre abulense conquiste de nuevo Los Campos Elíseos. ¿Y ustedes, que opinan?

Si al final este referéndum no vinculante resulta afirmativo, insto a las corporaciones municipales a convocar un concurso para encontrar nuestro himno. Como sugerencia, no pueden faltar en él tambores, trompetas y una letra que nos haga llorar de la emoción, pues aunque muchos no tengan la buena fortuna de haber nacido en Ávila, si pueden llegar a sentirse y considerarse abulense.

Siempre negatifo

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