Chancletas y turrón a mansalva

Chancleta Fanzine

Una nueva criatura surge en Ávila en forma de fanzine y con los pies al aire. Se trata de Chancleta, que se presenta este viernes 19 de diciembre, a las 21.30 horas, en el bar La Mina. Los padres de la criatura nos cuentan en qué consiste esta nueva publicación.

Anúncianos “la buena nueva de la chancla”. ¿En qué consiste el proyecto?

Chancleta es un proyecto de autoedición y co-creación artística donde englobamos todas las disciplinas que se pueden reproducir en papel (literatura, ilustración, fotografía, humor gráfico, cómic, horóscopo…).

¿Cómo nació la idea y de qué locas cabezas surgió?

La idea vino de nuestro Gurú (una lámpara), después de las más felices dimisiones de este año, Alberto, Ana… Todo empezó como un trío y acabó siendo una orgía de colaboradorxs. Gracias a todxs nació la chancla y habitó entre nosotrxs.

¿Por qué lo de la “chancleta”?

Sonoridad. Sororidad.

El nombre le fue revelado a nuestro Gurú durante una de sus experiencias místicas.

La presentación es este viernes, a las 21.30, en La Mina. ¿Qué habéis preparado?

Chancletas y turrón a mansalva. Tendremos con nosotrxs a cuatro invitadxs en chanclas, Cintia Pérez, Patricia Picazo, Kornelia Kolérika y Andrés Sánchez. Cuentos, poesía, audiovisuales y performance (el Gurú nos revelará el orden). Cerrará la presentación un micro abierto para todo aquel feligrés, feligresa que quiera difundir la palabra de la chancla. Estáis todxs invitadxs.

¿Cómo vais a dotar de contenidos al fanzine?

Este fanzine está co-creado por gente de la ciudad y por varios foráneos.

¿Y cómo va a ser su distribución? ¿Tendrá algún coste?

Distribuiremos chancleta al hombro y también estaremos omnipresentes en las redes.

¿Le va a sentar bien a la ciudad andar en chancletas? ¡Con el frío que hace!

Por supuesto. siempre viene bien airearse…

De los Comuneros a Mourinho

jose mourinho divide al madrid

Acabar una noche de borrachera debatiendo con un amigo si los Comuneros eran “la casta” o “los Podemos” de su época. Y despertarte al día siguiente preguntándote cómo hemos podido llegar tan bajo. Molaba más antes, cuando se discutía sobre Mourinho. Desde que está Carletto, todas las polémicas giran en torno a una coleta.

Ahora hay que saber mucho de Venezuela para tocar bola en cualquier corrillo. Ser ágil en sumas y restas para demostrar que es posible o imposible (según el caso) la jubilación a los 60 años o la renta básica universal. Hay que echarle muchas horas al YouTube porque, cuando menos te lo esperas, alguien te suelta: “¿No has visto el vídeo en el que defiende a ETA?” “¿Qué me dices de cuándo le pillaron borracho cantando la Internacional después de un concierto?”. Y ya estás en fuera de juego porque tú te habías preparado en profundidad el tema Hugo Chavez.

Tiene pinta de que el programa electoral de Podemos va a ser un best seller: ‘Las 50 promesas de Grey’. Y habrá que leerlo en profundidad para meter el hocico en cualquier charla de café. Me imagino a la muchachada discutiendo en los botellones sobre la política de viviendas vacías “de la página 52”. Porque hoy en día todo son Círculos y cada cosa que toca Pablo Iglesias se convierte en noticia.

En este país no leía los programas electorales ni el apuntador. Éramos tremendamente felices por aquel entonces. ¿Se acuerdan? Con Mourinho solo había que tener claro el asunto Casillas-Carbonero y poco más. ¿Topo o héroe? Cada uno en su bando y a luchar cuerpo a cuerpo. Pero lo de ahora es tan… agotador. ¡Vuelve, José!

Esa luz gaditana de Ávila

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Podría hacerlo. Pero hoy no he venido aquí a hablar de mi Joaquinito (a nadie le importa nuestra relación). El tema gira en torno al otro mozo que vino con él a Ávila. Asín de alto, pelo largo (sin coleta), sonrisa ojival… “Benja” creo que le llama mi Joaquín.

A él me acerqué para pedirle que me dedicara uno de sus libros, ‘Romper una canción’ (el diario de ese alocado viaje a Praga). Me escribió algo ilegible (no ha manera de entender lo que pone, se lo juro) en la primera página, mientras yo, por romper el hielo, le preguntaba si conocía Ávila o era su primera vez por estas tierras.

Fue entonces cuando Benjamín Prado me dijo que había venido muchas veces a la capital abulense acompañando a su amigo Rafael Alberti. Me dijo que al poeta gaditano le gustaba venir aquí cada cierto tiempo por… ¡la luz! Decía que la luz le recordaba a su Cadiz natal y se escapaba a ver las Murallas cada vez que podía.

Les contaba esto mismo a un par de amigos el otro día y uno de ellos (el 50 por ciento) también reconocía que había una luz especial en Ávila. Qué fue lo primero que echó de menos cuando tuvo que irse a estudiar, primero a Valladolid y luego a Madrid. Que recuerda esos recreos de invierno de su infancia tan fríos como luminosos. Siempre luminosos.

El chuletón, la Muralla o las yemas de Santa Teresa, sí. Pero nunca me habían hablado de la luz de Ávila. Y no me resisto a preguntarles, distinguidos lectores, si a alguno de ustedes le ocurre igual con el aspecto lumínico de esta ciudad. No me refiere a la tecnología LED de la #SmartCity, no. Hablo de la otra luz, la gaditana.

Lo complicado es participar

He participado en varias ediciones en el Certamen Jóvenes Creadores del Ayuntamiento de Ávila, con mejor y peor fortuna. Es un concurso al que tengo un cariño especial porque significó el primer reconocimiento para algo que había escrito yo. Y eso es un subidón. Sin embargo, las bases siempre me parecieron tan absurdas como complicadas. Y este año la cosa va a peor.

Siempre he buscado las bases en la web del Espacio Joven ‘Alberto Pindado, pero parece que www.espaciojovenavila.es es una página “suspended” –a pesar de ello, siguen dirigiéndote a ella desde la avila.es-. Buscando, buscando… encontré un blog que debe hacer las veces de sustituto. Y buscando, buscando… un folleto de esta última convocatoria. En formato papel no he podido encontrarlo.

Bases Certamen Jóvenes Creadores Ávila

El problema es que también se necesita una hoja de inscripción que no he conseguido por ningún rincón digital, algo que otros años sí se podía hacer desde la web. Esta vez he tenido que ir al Espacio Joven, donde muy amablemente me han facilitado la ficha e incluso un modelo de la declaración, algo que antes podías conseguir fácilmente desde casa.

Como decía antes, las bases siempre me han parecido farragosas e incomprensibles. No entiendo que haya que utilizar un CD para grabar un archivo de texto con un relato de unas pocas páginas. Ni tampoco se entiende el complicado juego de sobres y plicas para ocultar la identidad del autor, cuando en la ficha de inscripción, que va grapada al exterior, hay que poner el correo electrónico (pepegutierrez@…) y otros datos muy… explícitos.

Este año todo es un poquito más complicado, ya que han juntado distintas categorías para un mismo premio. Hay un gran cajón de sastre llamado “Obra plástica” (creo que incluye escultura, pintura, nuevas tendencias…). Respecto a lo que me afecta más directamente, microrrelatos y relatos compiten en una misma categoría. Para mí es como si haces una carrera con jirafas y perros, pero entiendo que no todo el mundo tiene que ser tan puntilloso. Lo que es más difícil negar es que hay un cierto tufillo a querer recortar sin que se note (¿se acuerdan de la polémica del año pasado?). Juntamos peras con manzanas y, ya de paso, quitamos los segundos premios. Creo que tendría más sentido si se hicieran menos categorías pero  más cuidadas.

Lo más absurdo de todo es que la obra en sí, que tiene que ir bajo un seudónimo, hay que registrarla en el archivo del Ayuntamiento de Ávila. Y, cuando llegas allí, te dicen, como parece lógico, que no se puede registrar ningún documento oficial con un nombre falso. Y entonces tienes que poner todos tus datos personales en un papel que queda grapado al complicado juego de sobres que alguien ha diseñado para ocultar la identidad de los concursantes.

El cadáver momificado de la abuela

Hay cosas que permiten enorgullecerse de ser abulense. Uno de esos motivos es Emilio Rodríguez Almeida, figura que ha sido homenajeada este fin de semana por el Colegio de Arquitectos de Ávila. Un encuentro de expertos y un acto abierto al público han servido para reconocer la trayectoria de, como él mismo se define, una “rara avis”.

Entre esos expertos, se contó con la presencia del presidente de la Accademia Panisperna de Roma, Roberto Savio, quien aprovechó todas sus intervenciones para criticar los recortes que se están produciendo en materia de Cultura en varios países de Europa e insistir en la importancia de que el patrimonio artístico forme parte de nuestra vida.

Lamenta que Rodríguez Almeida sea un personaje “olvidado” en su propia tierra. Al preguntarle por los motivos de esa injusticia, Savio respondió con el siguiente extracto que no me resisto a compartir:

“Yo creo que hoy no hay ningún interés por la cultura en general en las instituciones. Por siete años consecutivos se va reduciendo el presupuesto de Cultura, de mantenimiento del patrimonio artístico, de los museos, etc. En general, se ha cortado todo y se sigue cortando. Y la lógica es muy sencilla. Ávila es una ciudad turística: muy bien, vengan los turistas. Pero ya que todo está (la Catedral está, la Muralla está), ¿para qué vamos a seguir invirtiendo plata en una cosa que ya existe? Ésta es la lógica del sistema. Es, como yo siempre digo, como si yo quisiera vivir mostrando el cadáver momificado de mi abuela a quién paga para verlo. Pasa a ser una cosa momificada que no tiene más vivencia, con el problema de que, si los ciudadanos no se siente parte de este patrimonio histórico, éste pierde su identidad. ¿Qué significa ser abulense respecto a ser… qué se yo… de Málaga? Significa tener una relación con un territorio diferente que el de Málaga, de una historia diferente a la de Málaga. Al menos que se encuentre un sustituto en los partidos de fútbol donde uno se siente del Real Madrid o del Barça y con eso vas a tener identidad”

Estas palabras las pronunció el sábado. Dos días después, el lunes, en la ponencia de Rodríguez Almeida, Savio quiso dejar claro que sus palabras no eran un reproche contra ninguna institución en particular y que su crítica no tenía signo ideológico alguno.

Si hay que hacer este tipo de aclaraciones quizás sea porque, como el mismo avisa, “la política ha perdido la capacidad de visión a largo plazo”. “No hay elaboración de un plan”, ni unas prioridades marcadas de forma clara, y cuando se señalan estas carencias, escuece.

Fase E del sueño

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Sueños tenemos todos, no solo el señor Negro. Lo que yo he vivido esta noche ha sido más bien una pesadilla surrealista que comienza con mi persona en un oscuro portal de un barrio cualquiera. Tengo dos cabezas (lo que no parece preocuparme lo más mínimo) y subo escaleras esquivando en cada piso a personas que, rotulador en mano, intentan pintarme la ropa –sí, llevo ropa-.

Cuando llego a la azotea, mi gata me abre la puerta. “¿Qué tal todo?”. “Bien. ¿Y tú?”. “De puta madre”. Nos echamos un pitillo los dos mirando la puesta de sol (todavía me permito el vicio de fumar en sueños). El animal y yo discutimos sobre la nueva posición de Messi en el esquema del Lucho, hasta que ella expulsa una enorme bola de pelo que me obliga a correr como un vulgar Indiana Jones perseguido por una piedra rodante. Salto y aterrizo ante una ventanilla de atención al público.

Hasta aquí, todo ocurre sin alterar mi tranquilidad lo más mínimo. Forma parte de esa lógica ilógica que tienen todos los sueños. La pesadilla empieza ahora. ¡Santo dios! Estoy en una estación de trenes e intento comprar un abono de transporte mensual para ir y venir de Madrid. Sí, lo sé: es aterrador. Aquellas personas que sufran enfermedades de corazón pueden abandonar aquí la lectura.

El señor del otro lado del cristal me pregunta que dónde está ubicado el sueño. “Ni zorra”, respondo. “Pues aclárese porque no es lo mismo estar en Ávila o en Segovia, que en Guadalajara o Toledo”. Esto último lo dice gritando, muy enfadado. E insiste: “¡Aclárese! ¡Aclárese! ¡Aclárese!”. Empiezo a llorar y haciendo un puchero le digo que soy de Guadalajara de todo la vida, del casco histórico.

El taquillero me mira con sus tres ojos y empieza a reírse. “Mentirosssssssso”, dice con su lengua viperina. “Tú eres de Ávila”. Yo lo niego. “No, no, noooooo”. Pero él continúa riéndose. “De Ávila y con dos cabezas… ¡La cosa te va a salir por un pico!”.

El otro septiembre

La actividad en Ávila durante el mes de septiembre puede llegar a ser apabullante. Da gusto ver la ciudad con tanta gente por la calle y con tantas cosas que hacer y ver durante los fines de semana. Dejando a un lado algunos ratos de verdadero agobio en el Mercado Medieval o ciertos problemas para ver los espectáculos de ‘Cir&Co’ en lugares con poca capacidad de público –Palacio de Los Verdugo, por ejemplo, o incluso el Mercado Chico debido a la colocación de las gradas y de las terrazas-, la cosa parece que ha ido de lujo.

En medio de esa vorágine, dos “animalitos” abulenses, Juan Miguel Estévez (ya hablamos de él en este blog) y Pablo Jiménez, han recorrido 712 kilómetros (356 cada uno) ‘non stop’ por la provincia, corriendo y en bici. Un reto deportivo de 27 horas de duración con el que quisieron “dar a conocer el sencillo proceso por el que puedes convertirte en donante de médula ósea y recaudar donaciones económicas para paliar las carencias presupuestarias de la AECC de Ávila, a fin de mejorar el bienestar de los enfermos de cáncer”.

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Y una semana después, en concreto, este sábado 20 de septiembre, el deporte volverá a ser una excusa para defender una buena causa. La III Carrera Ávila Solidaria recaudará fondos para la Asociación de Esclerosis Múltiple Abulense (Adema). Los que no se animen con ninguna de las dos distancias (5 o 10 kilómetros), pueden optar por el Dorsal Cero.

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Dos buenos ejemplos (cada uno con su hashtag: #donamedula y #YoCorroLaSolidaria) que conforman, por así decirlo, el otro septiembre, el del esfuerzo más agradecido: el que se hace por otros.

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