MysticWorld (Capítulo IV)

El asunto era fácil. No debíamos dejar que durante el día de hoy Pablo y Carlos se acercaran WJPVBW a quién matarían hoy. No saliendo de Casa Willy se encontraría a salvo, pero… ¿Cuánto tiempo tendría que estar escondido? Las respuestas no tardaron en llegar.

Willy dejó la cazuela de macarrones encima de la mesa, se acercó al mueble del salón a la vez que yo me levanté para acercarme a la mesa y a esos macarrones que, ahora mismo, tenían la mejor pinta del mundo. Tenía un hambre canina y hasta un trozo de pan con mierda me habría parecido un manjar en ese momento. Willy sacó unos vasos de mueble mientras yo tomaba asiento. Se acercó a la mesa mientras cogía el tenedor. Soltó la botella y los vasos al tiempo que yo pinchaba un generoso bocado de macarrones directamente de la cazuela y… ¡JODER!

Me arreó tal colleja que solté el tenedor… Cayó directamente dentro de la cazuela. Miré a Willy con una mezcla de odio y rencor que no era propia de mí y le pregunté:

-En serio, ¿tú eres tonto?

– No.

-¿Entonces? ¿Por qué me das?

-Aquí no prueba los macarrones ni dios hasta que yo no lo diga.– Dijo serio mientras se disponía a servir unos chupitos de Jack Daniels.

-Estás de coña, ¿no? No me pienso beber un chupito a estas horas, menos con el resacón que tengo. Ni de coña, no, no no…

No me respondió. Le dio directamente un vaso a WJPVBW, dejó otro enfrente de mí encima de la mesa y se sentó desafiante delante de mí. Tan solo dijo…

– Nadie toca esos macarrones hasta que yo lo diga.– Alzó su vaso hacia mí, después hacia WJPVBW y… Lo dejó encima de la mesa. –Bebe.

– Te he dicho que no voy a beber.

-Ah… Es verdad… Se me olvidaba…– El sonido del portero automático le interrumpió momentáneamente. Tras escucharlo sonar 3 veces seguidas continuó hablando sin inmutarse– Como decía, se me olvidaba. He llamado a Carlos y a Pablo. Deben ser ellos los que están abajo.

Me bebí mi chupito como si fuera el antídoto a un veneno recién ingerido.

¡Este tío es gilipollas! Pensé. Pero si precisamente es de ellos de quién tenemos que alejar a WJPVBW,  dijo anoche que hoy le matarían.

Willy se levantó, se quitó el delantal de La Patrulla Canina, lo dejó colgando del manillar de la puerta y se acercó a la cocina.

-¿Sí?– Gritó al intercomunicador.– Os abro.– Volvió al salón y dijo con una sonrisa de oreja a oreja.– Son ellos.

Me bebí el chupito de Willy, que aún estaba encima de la mesa, donde lo había dejado, tan rápido como me bebí el mío. Me giré hacia WJPVBW, me miraba con cara de pena, con la cabeza ladeada y me extendía el brazo ofreciéndome resignado su chupito también. Parecía tener más que asumida su muerte y era el que más tranquilo estaba, después del propio Willy. Lo rechacé negando con la cabeza y entonces fue él quien se lo bebió sin dudarlo. Igual lo tenía asumido, pero, reconozcámoslo, no es fácil de encajar. 

-A mi habitación, los dos, no quiero un puto ruido. No salgáis hasta que yo os diga. Ni se os ocurra. Vamos a solucionar esto y, sinceramente, no tengo ganas de verte muerto, menos dentro de mi casa. ¡Vamos!

No dio los vasos de chupito, la botella de Jack Daniels y comenzó a empujarnos hacia su cuarto.

– Espera, espera.– Le dije– Déjame llevarme también un platito de macarrones.

-Ni de coña. Tira, vamos. Al puto cuarto y calladito.

Una vez dentro de la habitación cerró la puerta y en ese preciso momento, sonó el timbre. Ya estaban ahí.

-Hola, majos.

-Hola Willy.

– Gracias por invitarnos a comer, un detallazo, Miedo nos da, veníamos hablándolo, algo querrás, pero hasta que nos digas qué, disfrutaremos de la invitación.– Esa era la inconfundible voz de Carlos. Mira que me caía bien el jodío… Antes de saber que iba a matar a mi yerno que, dicho sea de paso, acabo de conocer, pero soy de encafiñarme fácil con la gente. Sentimental que es uno. 

No pude escuchar mucho más. Me limité a no hacer ruido y a intentar intuir lo que estaba sucediendo, pero no me estaba enterando de nada y, joder, necesitaba saber qué estaba pasando en aquel salón.

Un golpe seco, una voz un poco más alta que parecía decir “puto Willy”, otro golpe seco y… Silencio… Se abrió la puerta de repente y allí estaba Willy.

-Ya podéis salir.

Crucé mi mirada con Willy intentando que no pareciera que me daba miedo. Nos acercamos temblorosos hasta el salón y a llegar vimos a Pablo y a Carlos en el suelo, inmóviles, con toda la boca manchada del tomate de los macarrones. Pablo aún parecía sujetar con fuerza el tenedor como si fuera su bien más preciado. Me di la vuelta hacia Willy y le pregunté con voz temblorosa:

-¿Están mu… mu… muuuertos?

– Sí– respondió Willy serio e imperturbable– Ya tenéis un problema menos… Bueno, dos.

-Pe. per. pe. pero…– Willy estalló en una sonora carcajada que tardó unos segundos en poder contener.

-Que no, coño. ¿Cómo van a estar muertos? Esto va de que tenemos que continuar con Los 4 Palos para salvar la ciudad, la humanidad, o lo que cojones sea. Aunque solo sea por los perros, coño, animalicos, ¿qué culpa tienen ellos? Necesitamos a estos dos, nos guste o no. No pueden morir y, menos, matar a nadie, en la cárcel tampoco nos sirven. Son de enamorarse fácil y en su primera visita a las duchas les perderíamos, al menos tal y como les conocemos hoy.  Así que, estamos condenados a entendernos. Atemos a estos pollos y esperemos a que se despierten para hablar con ellos.

-Genio.

-Calla.

-¿Puedo comer ya macarrones?

-¿En serio? ¿Cómo crees que he tumbado a estos dos?

-Ah, claro. Genio.

-Que te calles.

A %d blogueros les gusta esto: