Capítulo 6: Tenemos héroe nuevo en la oficina

[Viene de Capítulo 5: ¿Por qué se esconde Vetusto Man?]

En ese momento yo no me enteré de nada. Era feliz. Luego supe que el Ayuntamiento y la Diputación habían aprobado unas mociones, cada uno la suya, para declararme persona non grata. En una de ellas, no recuerdo en cuál, incluso se hablaba de poner en marcha el Observatorio del Superhéroe para evitar fraudes y asegurar la calidad de este tipo de vigilantes. Ah, y lo que es aún más grave. Se estableció una tasa para tal práctica, en concepto de uso y disfrute de la vía urbana para el desarrollo de “actividades heroicas”. También se solicitó a la Junta de Castilla y León y al Estado un Plan de Dinamización Especial ante la baja calidad del tejido heroico abulense.

Pero ya digo que, al menos al principio, nada supe de estos zipizapes. Tras el jaleo con la estatua de Suárez, el burro me llevó directito al pueblo y allí, en el cuchitril de Tornadizos, me enclaustré bien a gusto. Por eso no leí a los voceros de la prensa poniéndome a parir por lo ocurrido con el robo de los monumentos. Me contaron que pedían la intervención policial para detener al loco de Viejuno Man (así me llamaban los muy…) antes de que hiciera daño a alguien. Y se burlaban diciendo que el único que tenía superpoderes era mi burro y estos, según varios testigos, se encontraban entre los cuartos traseros.

A las monjas les dije que me iba unos días con mi hija. Y a mi hija la llamaba todas las tardes desde el bar del pueblo para evitar que ella telefoneara por la noche a la residencia. Otra vez andaba con engañifas y falsedades. No sé cómo lo hacía, pero últimamente mentía más que hablaba.

En cuanto mi hija empezaba a hablarme de Vetusto Man o de cualquier asunto relacionado con el robo de monumentos, le cambiaba de tercio. Le sacaba lo rica que estaba la tortilla que nos hacía mi Arsenia, el último capítulo de la serie esa del perro policía, el precio de las cebollas… daba igual. Y ella encantada.

– ¡Qué hablador estás últimamente, papá!

Era feliz en esa ignorancia que me permitió estar totalmente al margen del aterrizaje de aquel estúpido, el Capitán Acueducto. No llegó hasta mi chabola de Tornadizos la noticia de que Segovia, preocupada por la pérdida del patrimonio cultural de una ciudad “vecina y amiga”, había decidido ceder temporalmente a su superhéroe local para colaborar con la causa.

Con el tiempo me enteré de que aquel figurante con mallas era, por así decirlo, de reciente creación. Las malas lenguas decían que lo habían fabricado ex profeso en cuanto llegó a Segovia el rumor de que Ávila tenía superhéroe y ellos no. No les vale con tener el AVE: ellos siempre tienen que ser más.

Y yo, mientras tanto, en mi retiro espiritual. Me pasaba el día en pernetas, medio dormido, medio durmiendo en el sofá orejero del establo, sin nada que hacer. El pequeño de los Patalajo se pasaba por allí de vez en cuando, siempre en completo silencio. A veces me acercaba alguna vaca, como animándome a que hiciera pesas con el animal (eso le encantaba), pero no tenía yo el horno para bollos.

Me dijeron que por aquellos días el justiciero segoviano se paseaba por Ávila entre aplausos y vítores. ‘¡Ayúdanos, Capitán Acueducto!’, le decían algunos. ‘¡Vaya planta que tiene el mozo!’, gritaban otros. ‘¡Ay, qué lebrel! Y el que más y el que menos, imagino, comparaba en su cabeza a uno y otro superhéroe. He de reconocer que no había color.

Él era joven, atlético. Lucía un traje apretado, más verde que el laurel, que no dejaba nada a la imaginación. Con buen traje se entra y encubre el ruin linaje, decían en mi pueblo. En el pecho se había bordado un acueducto y no se separaba de un escudo enorme de la Cultural Segoviana que, según decía, estaba hecho con los cráneos de los mejores cochinillos de su tierra. “Más duro que el vibranio”, solía decir el mangurrián (vete a saber a qué se refería). Pero lo peor de todo era su terrible juventud.

Escudo_Capitan

Ya digo que de todo esto no sabía nada. Al menos hasta el día que vino a verme Vitorio, preocupado porque no había ido a la partida de calva del domingo. Intentó decirme no sé qué de Vetusto Man, pero le corté rapido.

– Déjame de zarrias, anda. No me des la matraca, te lo pido por favor.

Se empeñó en llevarme a la ciudad para que participáramos en un campeonato de calva que había organizado el Ayuntamiento por las Fiestas de Verano: el No Limit Power Outdoor 2017. Se puso tan pesado, tan él mismo, que le dije que sí con tal de que se callara.

– Pero en cuanto se acabe me traes al pueblo.

El problema es que a la inauguración del evento acudieron las autoridades locales y el idiota del escudo. Con este último me choque sin querer mientras iba a presentar la ficha de inscripción.

– Claro que sí, abuelo, claro que le firmo un autógrafo –me dijo casi gritando, como si estuviera sordo.

Me quitó la ficha de inscripción y, en la parte de atrás, me dejó su firma y un mensaje: “Con la esperanza de que Ávila y sus abulenses sepan lo que es un verdadero superhéroe. Ya pueden estar tranquilos: llegó el Capitán Acueducto”. Luego me soltó una palmadita en la espalda.

Me di la vuelta buscando a Vitorio.

– Me caguen la burra balán. ¿Quién es este mamarracho?

Y ahí, en el preciso momento en el que empezó a contarme todo lo que había pasado durante los últimos días, acabó mi tranquilidad.

[Continuará…]


En capítulos anteriores:

5 Responses to Capítulo 6: Tenemos héroe nuevo en la oficina

  1. Guillermo B. says:

    Ansioso espero la llegada del Mariquelo Plateado, y de Pucela Boy… ¡Esto se anima!

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