El caso Eladio

¿Apología del terrorismo, folclore o estrategia de negocio? Son algunas de las preguntas que cualquiera se puede hacer ante las noticias aparecidas estos días sobre el bar Casa Eladio. El bar, por cedirlo de alguna forma, pedía una visita a gritos y allá que nos fuimos. Nunca había entrado en este bar, aunque sí había pasado cientos de veces por su puerta. Inevitable si te dispones a salir o entrar a Ávila por la nacional 110. El cambio en la decoración no pasaba desapercibido, de bar normal como puede ser el de cualquier barrio de la ciudad a sucursal de Casa Pepe en Ávila.

No me atrevería a decir apología del franquismo, pero cuando uno entra en Casa Eladio se nota como mínimo la nostalgia por aquel periodo de nuestra historia. Una cosa es nostalgia, dirán, y otra la pizarra que ha dado la vuelta a España con los famosos “huevos rotos fusilados”. Pues sí, efectivamente, deconozco si la carta incumple la Ley de Memoria Histórica, pero es un nombre, como mínimo, poco ético. Si además, maridamos todos estos hechos con la ya muy asentada edad de oro de los ofendidos, pues ya tenemos una buena combinación para entrar en las redes y pasar una tarde entretenida.

Folclore, ante todo el bar es folclore. Díganme si no que hacen en una misma pared las fotos de Franco, Primo de Rivera, Acebes, Miguel Ángel García Nieto, Ana Belén, Victor Manuel, Sabina o incluso Pedro J.Ramirez. Si alguien ha querido aquí enaltecer el franquismo la verdad es que le ha salido regular. Por no hablar de si ciertas prácticas sexuales de alguno de ellos estarían bien vistas por el régimen. No sólo las fotos, también la música juega al despiste al mezclar el Cara al Sol o el Himno de la Legión con Fito y sus Fitipaldis o The Animals y su famoso The House of the Rising Sun.

Al igual que ocurre en Casa Pepe, la suma de la clientela afín ideológicamente (poca pero fiel) y de los curiosos (incrementados exponencialmente gracias a quienes pretenden evitar lo contrario) hacen de Casa Eladio, aparentemente, un buen negocio. Más acertado, a mi juicio, en las tapas que en los platos, cabe destacar por encima de todo sus exquisitos callos (a secas, sin apellidos).

PD: Una de las razones que nos llevaron a visitar Casa Eladio fue el comprobar que nada o casi nada de lo que había aparecido la última semana en medios locales y nacionales (ni tampoco lo publicado por tuitsatars) provenía de otro sitio que no fuese Forocoches, de alguien que sí se había pasado por allí y había contado lo que había visto. En resumen, lo que antes llamábamos periodismo.

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