El monstruo azul

Monstruo_azul

Lo vi desde el gym (lo importante suele ocurrir en un gym). Yo dentro, esa cosa fuera, en la calle. Estaba machacándome (se dice así; aquí se dice así) en la cinta de correr cuando apareció. Fue un instante, tres o cuatro segundos. No necesita más tiempo para recorrer el tramo de avenida que se ve desde el ventanal. Luego la música de Loca FM lo inundó todo.

No es la primera vez que se me aparece. Es una especie de fantasma que surge de noche, entre el frío castellano. ¿Cómo hacerlo de otra forma en Ávila? Hiela la sangre verlo brotar en medio de la bruma, con el repicar de campanas de alguna iglesia al fondo. Enorme y azul, echando humo por sus orificios traseros.

El monstruo va sobre cuatro ruedas y lleva escritas las palabras ‘Teresa de Jesús’ por los costados. Lo que aterra de él es lo que fue, mejor dicho, lo que fuimos. Remueve por dentro, igual que una foto de cuando éramos más jóvenes y más guapos y con más pelo. Es una impertinencia de muy mal gusto recordarte lo que ya no eres.

El pasado, como Gran Hermano, siempre se magnifica y así es difícil saber qué fue real y qué no. El bus teresiano va dando vueltas por la ciudad recordándonos que en 2015 lo petamos. Aparece cuando menos te lo esperas, como esa foto de tu primera comunión o del viaje fin de estudios. “Todo era más sencillo entonces”, piensas. Luego te miras en el reflejo del ventanal del gym, casi de reojo, y no puedes evitar verte más viejo y más feo y más calvo.

A %d blogueros les gusta esto: