Decisiones desacertadas (por Supermon)

Habemus colaboración. Un texto de esos que no tenemos que rogarle a nadie. Supermon nos ha escrito por voluntad propia y sin amenazas previas. Nos cuenta unos asuntillos “desacertados” de la Junta de Castilla y León. Gracias.
Si el resto queréis darle caña al teclado y mandarnos unas líneas ya sabéis que aquí explicamos cómo… 

Decisiones desacertadas

No sé si por casualidad o porque toca, este fin de semana varias conversaciones de bar con amigos han tratado sobre temas diversos con un denominador común: decisiones desacertadas (por decirlo suavemente) de la Junta de Castilla y León.

La primera es de sobra conocida por los aficionados a la montaña: los grupos de rescate de montaña de la Guardia Civil de la Sierra de Gredos han quedado relegados en favor de la empresa adjudicataria de este servicio por la Junta. Vamos, que aunque les llames a ellos en lugar de al 112 te dicen que no pueden ir. Hace unos días, un montañero accidentado tuvo que esperar varias horas hasta que llegó el helicóptero de emergencias. Ojo, que trabajaron de cine, según cuentan los que allí estuvieron; pero es que los del GREIM habrían llegado mucho antes. Y no sólo porque su base esté mucho más cerca; es que –por ejemplo- no hay que explicarles dónde está el paraje de Los Barrerones.

La segunda tiene que ver con el combustible. Parece ser que la Junta ha llegado a un acuerdo con una empresa del sector para que todos los vehículos oficiales reposten únicamente en las gasolineras de esta empresa. No es que sospeche de trato de favor, no; me parece muy bien si lo que se ha obtenido es un buen descuento. Pero en su afán de ahorrar la Junta no ha tenido en cuenta casos como el de su parque móvil en Navarredonda de Gredos. Si quieren llenar el depósito del todoterreno de vigilar los pinares, para ahorrar, tienen que ir hasta Piedrahita o Ávila. Aunque tengan una gasolinera (que no pertenece a la empresa esa, claro) a 50 metros. Me lo expliquen.

El tercera es de impresión. La Junta está que lo tira, y ha decidido renovar las impresoras de los centros de salud. Desconozco la relación calidad/precio de lo que han comprado, pero sé que la medida ha causado extrañeza y estupor en el SACYL. Extrañeza, porque en general las impresoras que había funcionaban ferpectamente. ¿A qué viene gastarse este dineral, entonces? Y estupor, porque a los antiguos cacharros ya les habían pillao el tranquillo, mientras que con los nuevos chismes están hechos un lío, Si bien tengo que decir que, en mi experiencia, y salvo alguna honrosa excepción, médicos/as y enfermeros/as no se caracterizan precisamente por sus aptitudes informáticas, en este caso les doy la razón. Alguien de la Junta ha olvidado lo segundo que nos enseñan en la carrera (después de lo de apagar y encender): “Si funciona, no lo toques”.

Y la cuarta es la estrella en los medios locales y la que más huele a podrido; se trata de la pérdida de miles de radiografías, resonancias, y demás pruebas médicas. Todos los intentos de ocultar la noticia; y después, de minimizar el tremendo desaguisado, sin que nadie asuma la responsabilidad, suenan fatal. Sólo les ha faltado decir que se les llenó el Dropbox.

Juntando todo esto uno llega a la conclusión de que en la Junta el Principio de Peter ha llegado a su máxima expresión. Y que los abulenses lo aguantamos todo.

De galletas y votos

Nunca he tenido claro si el proverbio chino que te invita a vivir tiempos interesantes es una maldición o una bendición. Si abres una galleta de la fortuna y aparece esa cita en un papelito enrollado y grasiento ¿debes alegrarte, llevarte las manos a la cabeza o preocuparte por tus niveles de colesterol? Lo pregunto porque es evidente que la última vez que España pidió al chino de la esquina ese fue el mensaje que le transmitió la susodicha galleta.

En realidad la galleta ponía tiempos “interesates”, con la típica errata de manual de mando a distancia universal que te asegura la procedencia asiática del producto, pero España, que lo que quería era un kebab, se llevó las manos a la cabeza. Y así sigue, con las manos en la cabeza y calambres en los brazos.

Nadie puede negar que la predicción de la galleta se ha hecho realidad. Tiempos interesantes y confusos, como un aeropuerto sin aviones, un político dando la mano a una tortuga ninja gigante o un empresario que se vende por injertos capilares en Turquía. Un amigo escribió en tuiter que intentas hacer España aposta y no te sale. Aquí estamos, esforzándonos para darle la razón.

También hay que señalar que los españoles, en general, somos un poco dados a la sobreactuación. Los actores patrios clavan este defecto nuestro en todos sus telefilmes. Ayer nos parecían terribles las mayorías absolutas que oprimen a las minorías y les quitan voz con su rodillo parlamentario de titanio; hoy que la gente pacte, dialogue y alcance compromisos es sinónimo de inestabilidad, de apocalipsis y de colas en los supermercados para comprar papel higiénico. Lo que antes era terrible hoy es deseable y lo que era apetecible hoy es un cambalache vomitivo. Hay que querernos.

Como esto no sería una columna mía si no hablo un rato de mi, voy a ello. En las últimas elecciones voté al PSOE, acto irracional y suicida en el que me acompañaron otros millones de personas. No sé qué pensarán los demás inconscientes, pero yo voté al PSOE para que intentará gobernar porque creo, de verdad, que es el partido que a día de hoy tiene más posibilidades de afrontar con éxito los problemas del país -y de paso los míos. No de solucionarlos, ojo, de afrontarlos; arreglar ciertas cosas va a ser harina de otro costal. Parece lógico suponer que este es un pensamiento compartido por todos los votantes del partido, pero las columnas de opinión y las declaraciones de otros teóricos votantes socialistas se empeñan, día sí y día también, en poner en cuestión esta afirmación. Hay votantes del PSOE que no quieren que gobierne el PSOE, como hay madridistas que acuden al Bernabéu esperando que su equipo pierda para poder pitarlo.

Hablo de “teóricos votantes” porque, aunque el logo de la papeleta que cada uno introduce en la urna es secreto, sería extraño que personas con cargos orgánicos, dirigentes regionales o locales y viejas glorias del puño y la rosa no votasen al partido al que pertenecen, representan o dirigen. Es decir, que asumo que si eres alcalde de tu pueblo o presidente de tu región como cabeza de lista del PSOE, has votado al PSOE, aunque igual es mucho suponer en algunos casos. Y es que, no solo parece haber votantes del PSOE que no quieren que gobierne el PSOE, es que además, al parecer, hay dirigentes socialistas que no quieren que su partido dirija nada; una actitud extraña, más propia de esos encantadores suicidas que conforman Izquierda Unida. A Pedro Sánchez también le salió el dichoso proverbio chino la última vez que pidió una galleta de la fortuna, pero sin vocales, claro, y no entendió un carajo.

Presentarte a unas elecciones para no ganar es como echar la lotería cruzando los dedos para que no te toque, porque ser rico es un lío, hay que echar muchas cuentas y al final mejor pobre y honrado. Claro que gobernar es arriesgado, arruga la ropa y mancha las manos, pero para eso están los partidos políticos. Y claro que ahora es una tarea especialmente peliaguda, pero para construir polideportivos con una subvención europea vale cualquiera. Si un partido se presenta a las elecciones con intención de perder debería decirlo, no vaya a ser que sus votantes piensen otra cosa y acaben desorientados.

#SalvarBancaTelefónica (por Berta Cuadrado Mayoral)

Tenemos la suerte de contar con la colaboración de Berta Cuadrado Mayoral (@jimenaalmenara), un texto en defensa de los puestos de trabajo asociados a la banca telefónica de Caja España-Duero en León

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¿Saben? Yo no entiendo de bebés en el Congreso, ni de rastas. Yo no sigo los avances de los pactos políticos para gobernar lo ingobernable. Yo no sé muy bien qué pasa con esa porción de España llamada Cataluña que quiere salir remando en su balsa de piedra, al más puro estilo de Saramago. Pero hay algo que sí entiendo. Sé lo que es sustentar un sueño en el día a día, una vida. Sé lo que es levantarte en un hogar, madrugar para ir a trabajar y desplazarte caminando a un lugar de trabajo. Recorrer unas calles aún húmedas por el relente, pasar por delante de aquel bar donde anoche tomaste una caña en buena compañía. Aspirar unos segundos el olor de la churrería. Ver en una marquesina el anuncio de una exposición del MUSAC a la que apetece ir. Detenerte frente al cartel de una obra infantil del teatro San Francisco, que supone una buena oferta de ocio familiar. Leer el flyer que anuncia una feria internacional en el León Arena donde ir a echar unas risas, y aprender, y disfrutar con unos amigos.

Todo esto de camino al trabajo… y terminar la jornada laboral y regresar al mismo hogar del que se partió. Dejar las llaves en ese “vuelcatodo” sin nombre. Y saber que estarán ahí al día siguiente, en el que todo volverá a comenzar.

¿Saben? Hay 46 familias que van a perder esa seguridad. Y ¿saben algo más? Que no son solo 46 familias. Que también perderá el MUSAC, y el bar, y la churrería, y el teatro San Francisco y el León Arena. Porque cuando se produce un despido no es solo una pieza la que cae. Son muchísimas más.

León está a punto de perder el centro de trabajo que mantenía el asesoramiento de banca telefónica a Caja España-Duero. Se lo llevan. Fuera de nuestra ciudad, de nuestra provincia, de nuestra región. Aquí nos quedamos, aislados, vendidos. Como nos quedamos cuando se esfumó la minería, como sucedió con Everest

Hoy ha amanecido y las calles no estaban húmedas solo por el relente. Había algo más. Nuestra catedral llora, llora San Isidoro, llora la Plaza del Grano. Y nadie busca soluciones para calmar el torrente.

Y no hay balsa de piedra a la que subirse y remar.

Tomás Luis de Derrota

Recuerdo como uno de los momentos más felices de mi infancia cuando bien mis padres (y madres) o mis tíos nos metían en el coche a mis primos y a mí para ir al cine a la capital (sí, estoy hablando de Ávila). Antes teníamos que sortear la gran cantidad de coches que se aglomeraban minutos antes de la sesión en los alrededores del Tomás Luis de Victoria para buscar un aparcamiento. Una vez dentro, íbamos derechos al puesto de palomitas, ¡ay las palomitas! ¿Se acuerdan de cuando no era necesario poner a la venta un riñón en el mercado negro para comprar el tamaño gigante? Años más tarde yendo con los amigos y, claro, las primeras chicas, en las que las películas pasaban a un segundo plano pero el cine seguía siendo algo importante.
 
Todo esto viene al caso de la noticia del cierre del Tomás Luis , noticia que a muchos no nos ha sorprendido, pero sí,algunas declaraciones de los últimos propietarios en las que afirman que el cierre “puede considerarse un fracaso de la sociedad abulense, que no entendemos muy bien por qué no ha dado una buena respuesta a nuestro proyecto”. Reaccionando así como ese novio desamparado cuando le deja su chica sin darle si quiera una explicación. Más traumático fue para mucha gente cierres como el del bar Patas en El Grande, sin que nadie acusase a la sociedad abulense de no estar a la altura de esos callos.
 
Más aún cuando, es posible, que ese modelo de negocio hubiese fracasado igualmente en Madrid. Películas antiguas a precios actuales, películas actuales sin ningún interés para el espectador medio y poca o nula publicidad. Sólo había que echar un vistazo a la cartelera del último día: una película biográfica sobre el Papa Francisco, una comedia italiana random, una producción venezolana con una sola crítica en filmaffinity (y no precisamente buena) y una película belga con buena crítica y poca taquilla. Puede que, al fin y al cabo, no toda la culpa la tengan los abulenses.

 

Dibujo

 

PD: Perdón por el título, pero quería sentirme redactor de Marca por un día.

Crónicas desde el búnker

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Sí, seguimos vivos. He decidido romper el aislamiento en el que nos encontramos para lanzar este mensaje de calma a nuestros seguidores, admiradores, familias y acosadores. Sí, estamos en un búnker. La localización es secreta, claro, para que no nos vengan a molestar. Si alguien quiere traer algún regalo -empieza a escasear la comida aquí abajo- que nos deje un comentario; todavía tenemos algo de oxígeno en el equipo autónomo para salir a buscarlo.

Lo que no terminamos de entender es cómo pueden ustedes seguir vivos allí arriba. ¿No ha acabado la inestabilidad surgida de las urnas con España, la democracia liberal y la civilización occidental? Nos referimos, claro, a inestabilidad nacional, que en Ávila y Castilla y León los muchachos de naranja ya se están encargando de que las aguas se mantengan calmas. ¿Llevamos más de 20 días sin gobierno y aún no hay hordas de zombies devorando cerebros? ¿Acaso no era este el fin del mundo que pregonaron los profetas? Mierda de apocalipsis.

Y encima 2016 es un año horrible, poco sonoro, de rima difícil para poetas callejeros, raperos y tuiteros intensitos. 2016, ¿me agacho y no me veis? ¿Esto es lo que tengo y me lo cogéis? ¿Os tiro del dedo y me lo traéis? ¿Cuidado no me piséis? Deberíamos haber pedido una prórroga de 2015. ¿Se imaginan? Con la tontería podríamos haber estirado el Centenario de la Santa durante otros seis meses.

Por que esa es otra, 2016 no solo rima mal, es que además es un año que te deja frío. Venimos de tirar la casa por la ventana celebrando los fastos de la Santa y ahora nada ¿qué hay este año? ¿El centenario de la primera visita de Lorca a Ávila? ¿El centenario de la llegada a la ciudad de Caprotti? Si un centenario no da para poner un par de estatuas y banderolas de esas que se lleva el viento, ni es centenario ni es nada. En 2016 nos toca confiar en que los efectos del Centenario teresiano se sigan notando en la llegada de turistas y cruzar los dedos para que los demás motores y motorcillos económicos de la ciudad sigan funcionando al menos igual que este año. Y que llueva.

A mi lo que me da más miedo de este año que empieza es lo del PGOU. Igual ni se acuerdan de que tenemos eso pendiente. Intenté sacar el tema aquí en el búnker el otro día y nadie sabía de lo que hablaba. ¿Se imaginan ustedes que nos toca apoquinar -el Ayuntamiento somos todos-, pongamos por caso, 30 millones de euros? Vayan palpándose la cartera. En el búnker he propuesto hacer una colecta y ya tengo una galleta rancia y tres botones, uno de ellos medio roto.

Os diría que por aquí también nos tiene preocupados la situación nacional, pero no me gusta mentir. Ávila tiene murallas, no necesitamos más. Bueno, agua tal vez. A ver si nieva de una vez. A nosotros nos vendrían bien unas nuevas elecciones generales, ahora que los catalanes han decidido no darnos el placer, por poder hacer otra vez una porra y salvar una semana de blog con las apuestas, los resultados y los chanzas sobre mi segura victoria y tal; pero intuyo que no va a ser así. Quedaría mal que ahora no les dijese mi pronóstico, aunque aviso que como echador de cartas no valgo mucho. No se fíen, pero creo que va a saltar la srprs.

Me despido ya, que a Pablo le toca su rato de ordenador. Tenemos solo un pc en el bunker y pocas horas de electricidad.

Cambio y corto.

PS.- Lo de la foto es el salón del búnker. Muy funcional, como amueblado en un Ikea soviético.

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