Albert Rivera quiere quemar la virgen de tu pueblo

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Hay quien dice que la única patria verdadera es la infancia y otros, más materialistas y geográficos, dicen que la patria es aquel lugar en el que uno ha crecido, las plazas en las que jugó al fútbol y los adoquines en los que se peló las rodillas. La patria vendría a ser, en definitiva, la patria chica: el pueblo o la ciudad en la que uno creció, el lugar en el que el silencio y el recogimiento místico -o sus equivalente no abulenses- se metieron en tu alma y forjaron tu carácter. Algo mucho más palpable y rugosos que esas entelequias metafísicas que llamamos países. Uno es de Ávila, de Salamanca, de Móstoles o de Villarejo del Valle y luego, por elevación y circunstancias de la vida, español, europeo o lo que toque. En nuestra provincia tendríamos por lo tanto 248 patrias, 2248 en nuestra unidad administrativa birregional y conjuntiva y casi 8200 en el conjunto de España.

La mayor parte de las patrias, más que chicas, son diminutas. De los casi 2300 municipios de Castilla y León, casi dos mil no llegan a los 1000 habitantes. Somos líderes en esto, ojo, aunque no sea algo de lo que ir presumiendo por ahí con una pegatina en el coche. El desierto estratégico más despoblado y bonito del mundo. Pueblos pequeños, pero patrias al fin y al cabo. Cada uno de ellos cuenta con la mejor fiesta de los alrededores, la iglesia más bonita de la comarca y la virgen (o el santo) más verdadero, el que tiene la línea más directa con el altísimo o con su secretario, un tal Pedro.

Estos municipios no suelen tener mucho protagonismo en las campañas electorales. Pasan por allí los candidatos de la provincia, quizá algún líder nacional de segunda fila camino de otros mítines se hace una foto con los paisanos en plan campechano, pero normalmente no atraen muchas miradas porque la pelea está en otros puntos. Así ha sido hasta ahora. Posiblemente estemos a las puertas de una campaña en la que el peso de los pequeños municipios aumente porque algunos diputados en las provincias menos pobladas se van a jugar en pocos votos. En Ávila, por ejemplo, algunas encuestas apuntan que el marmóreo 2-1 de PP y PSOE puede romperse por la mínima.

El PP, consciente de esto y de la teórica debilidad de las nuevas fuerzas fuera de las ciudades, ha lanzado una campaña con el lema “Mi pueblo no se cierra”, apelando a ese sentimiento de pertenencia que mencionábamos antes y al miedo, lógico por otra parte, de los habitantes de estos municipios a perder los pocos servicios que conservan. Los dardos van dirigidos a Ciudadanos, su principal rival en el centro-derecha, que lleva en su programa electoral -o eso dice el PP- eliminar los municipios menores de 5000 habitantes y las diputaciones provinciales.

El PP pinta la propuesta de los naranjas de apocalíptica -¡Van a acabar con los pueblos!, ¡No sin mi pueblo!, ¡Mi pueblo no se toca!- como si ellos no hubiesen puesto muchos de los clavos del ataúd del mundo rural y el plan del mandarinato consistiese en poner a Villacís, Arrimadas y Rivera a derribar iglesias a pico y pala, desmontar carreteras comarcales y tirar sal por los campos. Pablo Casado, diputado por nuestra provincia y candidato a repetir, ha defendido el papel de las Diputaciones y ha argumentado que provincias y diputaciones tienen 200 años de historia, argumento ad antiquitatem que habría provocado muchas risas con cosas tan variopintas como la Inquisición, el telégrafo, el ferrocarril a vapor o el sufragio censitario. ¿Qué sentido tienen las diputaciones provinciales ahora que existen las comunidades autónomas? ¿Qué hacen las diputaciones que no pudiesen hacer las administraciones regionales? ¿Es normal la permanencia en nuestra arquitectura institucional de una administración cuyos dirigentes ni siquiera rinden cuentas directamente ante sus electores?

El movimiento del PP, además de lógico electoralmente, está motivado por el más profundo de los instintos humanos: el de supervivencia. ¿Qué iba a ser de los miles de concejales, cargos y demás que el PP tiene en estos municipios y diputaciones? Y sin ellos ¿qué sería del propio PP?

PS.- La foto de Rivera con cara de susto es de una conferencia en Vigo el 2 de octubre de 2012, disponible en Wikimedia Commons

Vosotros votáis y nosotros decidimos

img_46449La noticia es de hace casi una semana.El Ayuntamiento de Ávila ha puesto en marcha un procedimiento abierto, con intervención de jurado, del concurso de proyecto para la ejecución de una obra escultórica de bronce de Santa Teresa de Ávila al aire libre en conmemoración del V Centenario de su nacimiento (a buenas horas). La concejalía que encabeza Héctor Palencia, una de ellas, abre un plazo de votación popular vía la web del ayuntamiento, para que elijamos la talla de Santa Teresa que más nos gusta. Los bocetos en cuestión están expuestos en el Lienzo Norte para que quien quiera pueda pasar a verlos. Después se entra en la citada web y se emite el voto. De los votos emitidos saldrán las tres estatuillas finalistas y de entre ellas será un jurado de expertos el que diga cual es la mejor de todas. La ganadora se convertirá en realidad y pasará a decorar uno de los bancos de la Plaza de La Santa. Toda la información está, por ejemplo, en esta noticia de Avilared.

Lo que no termina de hacerme mucha gracia es lo de la votación popular. No lo digo por el hecho de que sea votación popular, al revés, lo digo porque desde el minuto cero hay demasiados “peros” al asunto. Según Luciano Díaz-Castilla:

Hay que elegir “una escultura del siglo XXI, y al mismo tiempo que tenga una referencia de lo que es Teresa de Ávila para Ávila”.

Bueno… Si solo es eso… Pero no.

Díaz-Castilla ha animado a los abulenses a que se acerquen a ver los proyectos y piensen en elegir, “no la más bonita, sino que tengan en cuenta muchas cosas, como que sea elegida por algo, y que sea del gusto de todos y para todos“.

Mmm… Se complica…

El artista ha señalado que debe elegirse entre una escultura moderna o una del siglo XVI, XVII y XVIII, con “la amplísima iconografía de Santa Teresa”, y ha señalado que la figura elegida permanecerá varios siglos, o al menos hasta el quinto centenario de su muerte, en el año 2082.

A mí casi se me van quitando las ganas. Si tengo que estudiar un master para poder votar un boceto de estatua igual sigo a mis cosas y no pierdo el tiempo. Aún desanimado y casi sin ganas me ha dado por echar un vistazo a la web de votaciones. Las bases son estas. Echando un vistazo hay una cosa que llama la atención. El párrafo final del punto 3 dice:

Los servicios municipales, una vez finalizada la votación, revisarán todos los votos emitidos, contabilizando exclusivamente los votos de ciudadanos empadronados, y dando validez únicamente al primer voto realizado por cada número de D.N.I. Las tres obras con mayor número de votos, pasaran a ser evaluadas por el jurado. El jurado se reserva el derecho de seleccionar un cuarto finalista.

¿Perdón? ¿El jurado se reserva el derecho de seleccionar un cuarto finalista? ¿De verdad? ¿Estáis diciendo que si no os gustan los resultados arrojados por el pueblo podéis cambiarlos a vuestro antojo? Entiendo que si los tres finalistas no son del agrado del jurado se puede meter un cuarto finalista que sí lo sea y que será el ganador pues si el jurado decide que los tres finalistas no son los que deben ser y falta un cuarto es porque el cuarto es mejor que los otros tres. En resumidas cuentas. Nos reservamos el derecho de pasarnos por el forro la votación popular. ¿Se sabe entonces cual va a ser la estatua ganadora? ¿Estamos queriendo a ser demócratas o hipócritas?

Total… Que vosotros votáis y nosotros decidimos.

El Duelo

En El Duelo, Joseph Conrad narraba la disputa entre dos jóvenes antagonistas pertenecientes al cuarto y séptimo de húsares del ejército de Napoleón, el ayudante de campo racional y mesurado D’Hubert y el oficial impulsivo y apasionado Feraud. Debido a una falta cometida el día anterior por el oficial Feraud, sus superiores envían a D’Hubert a arrestarle, acción que el primero se toma como una ofensa personal  y decide retar a D´Hubert  a batirse en duelo. El ayudante de campo, pese a no estar de acuerdo con dicho reto, decide aceptar sabiendo que Feraud no se va a detener y que la amenaza siempre estará viva.

Me venía a la cabeza esta historia cuando Guillermo me enviaba hace unos días (con un poquito de mala leche) este tuit.

A parte de la escasa habilidad del fotógrafo cabe preguntarse dos cosas:

  • ¿Qué tienen en común París, Palestina, Afganistán, Libia, Beirut, Siria, Irak, Yemen o el Sahara? Yo ahí veo un claro desinterés por el Fresno y su digna lucha por conseguir ADSL.
  • ¿Por qué la pancarta “vuestras guerras, nuestros muertos” frente al Ayuntamiento? ¿Nos ha metido Rivas en una guerra de guerrillas contra Valladolid? ¿Hay bajas en el grupo municipal de Trato Ciudadano? Nosotros por si acaso hemos enviado a Willy a hacer maniobras con drones por  toda la Moraña.

La memoria es frágil. En Ávila se han llevado a cabo en los últimos años varias detenciones relacionadas con el yihadismo. En 2014 la policía detenía en Santa Cruz de Pinares a varias personas que utilizaban una finca de esta localidad para entrenar a combatientes y después enviarlos a la guerra a Siria e Irak. Hace pocos meses en Cebreros la policía intervino en una operación similar en la que se desmanteló una célula yihadista, varios de estos detenidos incitaban además a otras personas a realizar atentados en terreno europeo.

Es admirable cómo cierta izquierda homeopática realiza dificultosos ejercicios de contorsionismo político para evitar tomar posiciones sobre/contra quien manifiesta alto y claro que todos nosotros somos sus enemigos. Luego podremos discutir sobre de dónde viene todo esto, hablar de las cruzadas, de Al-Andalus, de las colonias, de la foto de las Azores, del petróleo o de las salidas nocturnas de Benzema. Pero antes debemos admitir que no hay nada que negociar o hablar con quien ni quiere negociar ni quiere hablar.

La vieja portada de la Fortior Abulensis

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Cuando nos acercamos a un monumento -catedral, iglesia, palacio, muralla o actriz de Hollywood-, solemos interpretar lo que vemos como un todo cerrado. Es decir, en un primer vistazo acostumbramos a leer el bien como si todas sus partes fuesen contemporáneas, como si desde que se pone el primer ladrillo hasta que se coloca la última teja no hubiese pasado un tiempo excesivo y todo respondiese al proyecto original. Si una iglesia tiene dos torres, es porque el tipo que la diseñó lo hizo con esas dos torres. Si miramos con más detenimiento es posible que empecemos a ver otras cosas: cambios de estilos, de materiales, de formas. Al final nos damos cuenta de que esa capilla no pega ni con cola con el resto, que ese es el único cubo cuadrado entre los cincuenta redondos que tiene la muralla, que toda la piedra es gris menos la de esa pared o que esa actriz ha ganado tres tallas de sujetador en los últimos dos meses, justo después de dejar a su hasta entonces marido.

Muchos de nuestros monumentos -y muchas de las actrices de Hollywood- son el resultado del trabajo de muchas personas, que acometieron proyectos distintos, a lo largo un periodo normalmente enorme de tiempo. Obras que muchas veces destruían lo que otros habían levantado antes de ellos. Y nuestras generaciones tampoco son ajenas a este hecho: restauraciones, rehabilitaciones, limpiezas, etc. Piensen por ejemplo en la muralla. Nadie la ha visto nunca como nosotros la vemos ahora. Ya, me dirán: los edificios de la calle San Segundo, las almenas que se han ido reponiendo, etc. Sí y no. Esa es nuestra intervención en el monumento, pero antes de eso el monumento ya había cambiado muchas veces: el alcázar, la alhóndiga, los recrecimientos de los muros, las restauraciones del XIX, la reconstrucción del lienzo del Rastro, el relleno del foso, la construcción y destrucción de baluartes, el pozo de nieve, la puerta de la catedral, etc. Si los famosos Casandro y Florín de Pituenga, arquitectos míticos de la muralla, hubiesen existido, ni siquiera ellos habrían visto la muralla tal y como supuestamente la planificaron. Por no hablar solo de nosotros, piensen en otros monumentos. La Catedral de León se parece poco a la que llegó hasta el S. XVIII y esta no se parecía mucho a la que salió del XV, que tampoco era la que se empezó a construir. La de Santiago: preciosa, pero el Maestro Mateo, autor de su famosa portada, no la reconocería. ¿Y la de Ávila? Pues más o menos. Piensen que hablamos de edificios que han tardado siglos en culminarse y que después han estado otros cuantos en uso. Imagine lo que podía ser eso si la vez que usted alicató el baño cambió tres veces en dos semanas el diseño de los azulejos.

El pasado jueves los medios de la ciudad llevaban a sus páginas el descubrimiento de la fachada original de la Catedral de Ávila, o, poniéndonos puntillosos, el descubrimiento tras su actual fachada de restos de la fachada original en el lugar que ocuparon: un bonito lienzo almenado pintado de blanco roto con unas rayitas rojas a mano alzada para simular los sillares. Una ricura. El hallazgo confirma que debemos congratularnos de que los edificios de la antigüedad hayan perdido los colores chillones que los adornaban y nos ayuda a imaginar cómo era nuestra catedral durante sus primeros siglos de existencia. Porque, como ya les he dicho, la Seo que hoy vemos es el fruto de muchos proyectos superpuestos, de grandes y pequeñas obras, de ejemplos del ingenio de los hombres y, también, de chapuzas y apaños para salir del paso. Más o menos como cualquier obra pública hoy en día. Antes también había sobrecostes, alcaldes iluminados, calatravas, modificados de obra, manantiales justo dónde van los cimientos y cálculos mal hechos descubiertos cuando ya tienen difícil solución.

Sería largo hablar sobre todo esto, desde Fruchel hasta las lámparas aquellas que colgó uno de los últimos obispos, así que vamos a centrarnos solo en la fachada oeste, que es lo que está de actualidad. Dos anotaciones previas. En primer lugar el tradicional aviso: he resumido, pero no mucho. En segundo lugar: el proceso constructivo de la Catedral y las manos que en él intervinieron no es algo conocido al 100%. Evidentemente, lo que yo escriba a continuación es solo una de las posibilidades, la que a mi me parece a día de hoy más redonda.

La catedral se empieza a construir a finales del S. XII, en algún momento del último terció seguramente ¿Sobre otra anterior? Eso parece, pero esto da para otro artículo. El primer maestro de obras es un francés llamado Fruchel. En su proyecto estaría tal vez una iglesia de tres naves con un crucero de tres naves y un ábside enorme con siete capillas, el cimorro. Cuando muere en 1192 debía estar levantado el ábside -aunque posiblemente ya no fuese el del proyecto original-, el muro perimetral que cerraba el edificio, pero no a una gran altura, y la base de las torres. Quizá estuviese también cubierto el presbiterio –las bóvedas sexpartitas sobre el altar, igual las primeras de este tipo que se veían en Castilla- aunque estas no casan bien con los muros sobre los que apoyan. O cambió de idea sobre la marcha -arcos apuntados ¡ideaca!- o fueron los demás los que cambiaron una vez muerto -el Fruchel era un carca con sus arcos de medio punto.

¿Y la puerta? Pues no se sabe muy bien en qué momento se levantó, pero tenemos claro que a principios del XIV estaba. Un papel nos habla de ella –puerta de las ymagenes– en 1303 ¿Y cómo era? Pues como dicen que una imagen vale más que mil palabras, he estado jugando con el Photoshop.

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Sí, no es el mejor montaje que han visto en su vida, pero es funcional, que es lo importante. Es una visión aproximada de cómo sería la primera portada de la catedral. Las dos torres son las de nuestra seo, mientras que la parte inferior de la portada es la de la catedral de Évora y el rosetón superior de la de Lisboa, ambas contemporáneas de la abulense. Lo que vemos es una estructura muy parecida a la de la Basílica de San Vicente, con la portada retrasada entre las dos torres y protegida bajo un arco. El remate de este arco, pintado todo él seguramente en blanco roto, un color muy de moda en la Edad Media y en los trajes de novia de la actualidad, sería el lienzo almenado que se ha descubierto esta semana. He decidido no colorearlo en la vista porque me quedaba regular, así que está en gris. Usen su imaginación para darle un toque de color.

En 1459, el Cabildo encarga a Juan Guas, uno de los arquitectos TOP del momento, cambiar la portada. Las modas, ya se sabe. El proyecto es trasladar la portada de los apóstoles al lado norte -donde está ahora- y construir una nueva portada en su lugar. Esta, en vez de estar en una posición retrasada respecto a las torres, se adelanta hasta dejarla a ras con estas. ¿Y todo esto pa’qué? Para ganar unos cuantos metros en el interior, como cuando usted quitó el vidé del baño y la bañera para poner un jacuzzi. Se lo pongo en un plano esquemático.

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Al adelantar la portada, el viejo arco con su lienzo almenado que se acaba de redescubrir se rellenó -de una manera un tanto chapucera como se ve en las fotos- para apoyar sobre él la vidrieras que ahora se ven sobre la portada y sostener después la fachada que habría de sustuir a la de Guas. Sí, la obra de Guas no tuvo tampoco una vida muy larga: al enrasarla con las torres, quedaba desprotegida de lluvia, viento, nieve, frío, vándalos y alcaldes del PP. En 1779, el Cabildo encarga a Ceferino Enríquez de la Serna una nueva portada porque la de Guas se caía a cachos. Esta portada, la actual, se levantó en la misma posición que tenía la de Guas, respetaría en buena parte el trazado -seguramente sin la maestría de su predecesor y de aquella manera- y está hecha en el mismo material que la de Guas, a pesar de que era evidente que a aquella piedra no le sentaba bien el clima de Ávila y había sido un error su uso. La de Guas aguantó unos 300 años, esta algo menos. Es poco si se compara con otras portadas, pero todo un record si se piensa en las primeras losas que se pusieron en El Grande tras la construcción del aparcamiento subterráneo.

Por último, habíamos dejado la portada de los Apóstoles desmontada. Guas la trasladó al lado norte, pero el hueco elegido era más pequeño que el que ocupaba al oeste, por lo que tuvo que “comprimirla”. Nadie sabe exactamente cómo era y hay hipótesis para todos los gustos, así que tirando de nuevo de Photoshop, me aventuró a “reconstruirla”: todos los apóstoles juntos -otra opción es que los dos que ahora están sobre las paredes exteriores se encontrasen, desplazados sobre sus hermanos, pero mirando al frente-, una arquivolta más para que cada apostol tenga una, una línea más de esculturas en el tímpano -porque no me cuadraba la imagen de otra forma- y parteluz. He puesto el de la portada del Sarmental de la catedral de León, pero Gómez Moreno afirma que el parteluz estaba ocupado originalmente por el cristo que ahora se encuentra en la cornisa sobre la fachada. Hagan un esfuerzo -a mi el Photoshop no me daba para más- e imaginen esta portada en la reconstrucción de la fachada oeste que está más arriba. Si quieren ser más conservadores y creen que me he flipado, imagínenla sin la arquivolta extra. Y pongan colores.

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Y hasta aquí la lección de historia -y de cómo no usar el Photoshop- de hoy.

¡Ya tenemos listas!

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Estuve la semana pasada en Ávila -ya no hace ni frío, Rivas dimisión- y allá por donde iba las masas, convertidas las más de las veces en amorfa y furibunda turba, se arremolinaban en torno a mi humilde persona y me preguntaban, a grito pelado, por el futuro de este blog. Vale, estoy exagerando, es verdad. Casi siempre lo hacían con una educación exquisita. Así es Castilla, hasta en los tumultos nos tratamos de usted. ¡Ya apenas publicais!, me decían. ¿Estáis acabados?, me preguntaban. ¡Tenéis el blog abandonado!, me acusaban. Y tienen razón: estamos de capa caída. Desde las municipales el ritmo de publicaciones ha caído un tanto, pero tienen que reconocer vuesas mercedes que mantener un rincón como este, con su alto nivel de calidad y de bilis, durante cinco años es una empresa que requiere esfuerzo y dedicación constantes y que, a veces, sostener ese ritmo es difícil incluso para hercúleos blogueros como nosotros, heroes de la abulensidad y de la blogocosa.  

Pero no todo es culpa nuestra, ojo. La culpa, como no podía ser de otra forma, también es del Ayuntamiento, que da menos juego que Gravesen con una pata de palo. Sí, ha habido cosillas, tenues brillos de actualidad en medio de un mar de oscura apatía y fría rutina, pero poca cosa. Por ejemplo, las ordenanzas fiscales, aprobadas a finales de septiembre. Asunto atractivo donde los haya, como una versión extendida y con notas a pie de página de las 50 sombras esas. Sin entrar a fondo en el tema -igual más adelante volvamos sobre ello- la aprobación nos dejó dos titulares: que el no-pacto de legislatura entre PP y Ciudadanos permite al primero gobernar sin grandes sobresaltos -sorpresas te da la vida- y que baja el IBI, Impuesto sobre Bienes Inmuebles. Que un Ayuntamiento como el nuestro, con una situación económica como la del nuestro, se pueda permitir reducir su recaudación en casi un millón de euros debe ser una de esas maravillas que solo suceden en año electoral. Sí, ya lo he leído, que todo se arregla con eficiencia. Melchor, Gaspar, Baltasar y Eficiencia.

Con todo, una luz se vislumbra ya al final del túnel. ¡Vuelven las elecciones! ¿No es maravilloso? Y ya conocemos los nombres de los llamados a llevar nuestra voz al Congreso. El PP confía el número uno de su lista al Congreso al chico sonrisa, Pablo Casado. ¿Si un cunero repite deja de ser cunero? ¿Si alguien que vive en Madrid se presenta dos veces por otra circunscripción deja de ser poco ético que cobre un plus por los gastos que conlleva representar a otra provincia? Por fortuna, en la lista al Senado ha encontrado acomodo Miguel Ángel García Nieto, exalcalde de nuestra ciudad. España no puede prescindir de sus más preclaras mentes en este momentos tan aciagos y seguramente la presencia de García Nieto en la Cámara de Representación Territorial ponga firmes a esos malditos secesionistas de la periferia.

Ciudadanos apuesta por el actual alcalde de Lanzahíta como cabeza de lista al Congreso. Pedro Sierra, que ya fuera alcalde la Lanzahita la pasada legislatura bajo las siglas del PCAL (Partido Castellano, herederos del antiguo Tierra Comunera), dejará la Alcaldía de conseguir el ansiado escaño. De momento, ha delegado la Alcaldía por “asuntos personales” durante un mes, hasta la fecha de celebración de las elecciones. Aquí podríamos detenernos a debatir si es estético que a los pocos meses de ganar la confianza de sus convecinos se postulase para otro cargo, pero me temo que sería estéril comenzar tal discusión pues con estos temas la belleza va por barrios.

En el PSOE, la renovación llega de la mano de Pedro José Muñoz, experto en estas lides pues ya renovó el partido en 2004, 2008 y 2011. En aquel ya lejano año, el PSOE obtuvo el 34.02% de los sufragios en la provincia, el 22,91% ocho años después. ¿Repetirá Pedro José Muñoz en 2019? ¿Será ya ese el momento de la renovación duradera? Más renovación -si es que tal cosa es posible- en la lista al Senado, con María del Carmen Iglesias Parra de 1 y la inclusión de número 2 de nuestro querido @pepeherraez. Desde aquí nuestros mejores deseos.

Las listas del PSOE han sido elegidas mediante el procedimiento de primarias -se ve que la militancia está a tope con la renovación-, igual que las de Ciudadanos. En el PP, por su parte, siguen con sus viejos métodos, mitad digitocracia, mitad negromancia. Hasta ahora no les ha ido tan mal, así que para qué cambiar. Las que han sido unas primarias reñidas de verdad han sido las de Podemos Ávila, al menos las que se han celebrado para elegir su candidato al Senado. La fiesta de la democracia nideizquierdasnidederechas, de los abajo contra los de arriba, que se ha saldado con la victoria contundente por 1 a 0 de Santiago Alba, intelectual residente en Túnez muy ligado a nuestra provincia. ¡El 100% de los sufragios! Ya sé que el voto es secreto, pero estoy casi seguro que el único voto recibido por Alba ha sido el de Pablo Iglesias. Como se suele decir: el Senado no se toma por consenso, se toma por asalto. 

La sombra del cabaret (es alargada)

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Sin duda, una de las lecturas que más he disfrutado en este 2015 ha sido ‘Cabaret Biarritz’. El hecho de que el libro esté compuesto por una treintena de entrevistas (una por cada capítulo) me hizo temer que se tratara de una obra pelín ardua. Sin embargo, desde el primer momento la historia te atrapa y el lector ve desfilar ante él a un plantel de personajes que cuentan, con voz propia, una serie de trágicos acontecimientos. Hay tensión, pero también hay mucho humor. Y ese regusto amargo que se te queda al descubrir que, detrás de un mundo en continua fiesta, solo hay frivolidad, envidia y odio.

Por todo ello, me alegra saber que el autor de esta obra, Premio Nadal de Novela 2015 –galardón que precisamente consiguió Delibes con ‘La sombra del ciprés es alargada’-, estará este sábado en Ávila. José C. Vales recogerá el “premio gordo” de la Asociación de Novelistas ‘La Sombra del Ciprés’. Y no será el único homenajeado, ya que también se reconoce la labor que otras personas más cercanas a Ávila realizan cada día por la cultura: Librería Letras, Radio Adaja, la revista Caperucita Negra y Julio Collado. A ellos, felicidades. No por el premio, sino por todo lo que han hecho y siguen haciendo.

La entrega de premios será este sábado, 7 de noviembre, a las 19 horas, en el auditorio de San Francisco. La entrada es libre y, además, la gala se ha planteado como un evento entretenido, con música, lecturas, ‘photocall’  (a las 18.30) y personajes famosos, majos y aseados, como Tito Valverde o el Mago More. Una fiestuqui en toda regla a la que quedan ustedes invitados.

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