De nuevo el tren; siempre el tren

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Si alguna vez nos toca la lotería -hablo de millones de euros, no del reintegro- mi pareja y yo tenemos pensado comprarnos un chalet en Segovia con un trozo de césped para que nuestro futuro perro tenga por donde correr y nosotros un rincón para plantar algunas lechugas para echar a las ensaladas cuando vengan visitas. Sí, lo de las lechugas es una amenaza, no nos gustan las visitas. Como abulense me veo en la obligación de aclarar las razones de este sonoro desprecio a las raíces, la muralla y el dedo incorrupto de Santa Teresa. No, no es que me guste más el acueducto que San Vicente, ni que su cochinillo sea mejor que nuestro chuletón. Ni siquiera tiene que ver con que allí el gobierno municipal caiga más cerca de mis coordenadas ideológicas, ni con el hecho de que no conozco a nadie en Segovia y podré comerme a gusto las lechugas de mi huerta. Lo que hay en Segovia y no en nuestra ciudad es el AVE.

¿Y para qué quiere el AVE un joven guapo, atractivo, felizmente casado, inteligente y rico? Para irse a Madrid a gastar las perras. Levantarme a eso de las nueve, tomar un café recién molido, pedirle a Bautista que me lleve a la estación -que está a un paseo del chalet- en mi Ferrari híbrido, tomar el tren de las 10:29 y estar en Madrid antes de las once. Gastar dos mil euros en figuritas de Star Wars, mojar una magdalena dopada en un café del Starbucks que está cerca del Reina Sofia -derrochando a tope-, comer en un 100 Montaditos para ahorrar y volver a media tarde, en el Avant de las 18:40, a controlar que Bautista ha sacado al perro a hacer pipí en el jardín del vecino.

¡Ay, el AVE! Esta semana, otras dos capitales de nuestra región han inaugurado sus trenes veloces. Ya puede ir usted en tren rápido a visitar a Tina, la cigüeña palentina, o a pasear por el Húmedo leonés. Y dentro de nada podrá usted llegar hasta Duerogrado -la ciudad antes conocida como Zamora- y luego vendrán Salamanca y Burgos. Total, que en menos que se independiza una Comunidad Autónoma, todas las capitales de la región menos Ávila y Soria estarán conectadas con AVE con la capital del reino y con la no-capital de la región.

Ya saben ustedes lo que toca ahora: lamentarnos por no tener AVE, levantar el puño contra el viento de poniente y jurar que nunca más, en los próximos dos días, votaremos a los partidos que nos han dejado en tierra, en la cuneta del futuro.

¿Pinta negro el futuro del ferrocarril abulense? Pues sí, pero tampoco es nada nuevo. ¿Nos la vuelven a colar nuestros políticos cuando nos hablan del maravilloso futuro de la ciudad y de sus caminos de hierro? Pues sí, pero tampoco es nada nuevo. ¡Seamos optimistas, caracoles! ¡Pensemos como aquellos que hace años que no se acercan a un tren! La electrificación de la línea desde Salamanca a Medina y los nuevos servicios de AVE hacia el norte del Estadospañol son una gran oportunidad para los abulenses porque, como pasarán menos trenes, los que pasen podrán ir levemente más rápidos, mucho más holgados por las vías sin otros trenes que les molesten y los chavales tendrán más tiempo para poner las monedas de céntimo en los raíles. También puede que se aburran entre tren y tren, pero es que esta juventud no está contenta con nada.

Ahora, uno de esos párrafos para hacer amigos. La inversión en ferrocarriles de alta velocidad era y es necesaria porque la mayor parte de las líneas del país eran y son una castaña. Ahí está la línea de Ávila a Madrid para dar fe de esto. Puestos a tirar vías, que las nuevas sean las mejores posibles y duren un siglo. Sí, es una pasta, pero es que en otros países de nuestro entorno la inversión no es tan necesaria porque sus líneas no eran una castaña en la que no se había invertido ni una peseta desde que Franco era corneta. Y claro, esto afecta al futuro de los servicios. A medio plazo, si las decisiones no fueran tomadas por políticos que se alimentan de nuestros votos -y no estoy diciendo que esto sea siempre malo- nuestra ciudad contaría con un par de servicios a Salamanca, otro par a Valladolid y sus correspondientes cuatro o cinco a Madrid. Nada más. Y en los pueblos pueden hacerse una idea. Si la lógica económica se impusiera, las grandes ciudades estarían conectadas con alta velocidad, las ciudades medianas y pequeñas con regionales de toda la vida y de ahí para abajo autobuses, unos vehículos más pequeños, más flexibles, más baratos y eficientes. En ningún sitio pone que la movilidad de los españoles, esa que está asegurada por el Estado, tenga que ser en AVE o en tren.

Con todo, no tener AVE no es tan grave, de verdad. Es una gran infraestructura, pero no es maná caído del cielo empapado en el bálsamo de Fierabrás. Piensen en la situación que les conté en el primer párrafo y ahora piensen en Ávila a 20 minutos de Madrid. ¿Los turistas de más que vinieran compensarían el gasto que los abulenses pasarían a hacer en Madrid? ¿Y si no vienen muchos más turistas? ¿Y qué pasa con las empresas locales? ¿El AVE las haría más competitivas o haría mucho más sencillo que los abulenses montaran sus empresas en Madrid? ¿Montar una empresa en Ávila, a 20 minutos de 5 millones de clientes potenciales, o montar una empresa donde están esos clientes y vivir en Ávila gracias a lo rápido que se viene desde Madrid? Los estudios que se han realizado no tienen muy claro el efecto, positivo o negativo, del AVE en ciudades como la nuestra. 

El problema de nuestra ciudad no es carecer de AVE. Nuestro problema es demográfico, económico, de perspectivas de futuro, de falta de oferta y de demanda, y eso no hay infraestructura que lo arregle por sí sola.

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