El proyecto Ibarrola en Garoza como ejemplo

Atrás quedaron los años en los que las inauguraciones de palacios de congresos, puentes de Calatrava o aeropuertos abrían los telediarios e inundaban las portadas de la prensa. Cualquier desembolso millonario era recibido con aplausos, brindis y sonrisas.

Los museos tampoco se salvaron del despropósito. En Jaén pensaron que sería buena idea un edificio de seis plantas y 10.600 metros cuadrados (el museo Thyssen tiene 24.000) como epicentro del arte Íbero. Iniciado en 2009 y paralizado varias veces parece que finalmente abrirá ocho años y veinticuatro millones de euros después. En Torremolinos decidieron gastarse más de cuatro millones de euros en su museo histórico, con el único pero de que no podían inaugurarlo debido a que carecían de obras para exponer.

En 2006, un año después del primer contacto de Ibarrola con la dehesa de Garoza, se planea lo que se llamó la Fundación Ibarrola. La idea era que toda la obra del artista se trasladase a Muñogalindo. Centenares de cuadros, esculturas, grabados y dibujos que junto a las piedras que acababa de pintar conformarían un gran centro expositivo. El centro se complementaría con áreas administrativas, residenciales y comerciales. La cuantía de el proyecto, unos ocho millones de euros. Pero entonces llegó el gancho Pacquiao que fue la crisis y el proyecto se volvió inviable.

El nuevo proyecto que hoy se inaugura al público es mucho más modesto, unos 400.000 euros, pero también más acorde al entorno y seguramente mucho más sostenible. La única construcción que se ha realizado es un punto de información con criterios de autosuficiencia energética y mínimo consumo. Además, se aprovecha un centro ya disponible en la plaza de Muñogalindo para exponer obras que seleccionará el propio Ibarrola y que se irán renovando. Quizá el único pero sea la carencia de un aparcamiento que pueda acoger a un buen número de vehículos, pero bien es cierto que esto supondría destrozar y talar una buena extensión de monte.

Aunque a todos nos guste soñar con hoteles del futuro o facultades gastronómicas, puede que al fin y al cabo, una humilde exposición no esté tan mal.

10 Responses to El proyecto Ibarrola en Garoza como ejemplo

  1. Guillermo B. says:

    Humilde, lo que se dice humilde no es, que son 12 hectáreas… Pero coincido en que es aprender a hacer las cosas de otras maneras. Por las mismas, tenemos un patrimonio vetttttttttón sin explotar, la visita al castro de Chamartín debiera de ser obligada y hoy por hoy no llegas si no vas con Frank de la Jungla y un GPS.
    Quizás los gastro-facultad-hotel del futuro debieran de ser cambiados por una buena rehabilitación integral de la ribera del Adaja, por ejemplo, o aumentando las vías verdes para que los runners podamos trotar libremente insultándonos con los ciclistas. Quizás hagan falta más piedras que pintar y menos palacios que ocupar. Quizás con tres breves pinceladas cuasi gratuitas a nuestra realidad logremos un cambio más asombroso e impactante que con proyectos fin de carrera de arquitectos en ciernes en búsqueda de su Pritzker de turno.
    Mientras tanto, disfrutad en el Amblés con esta nueva maravilla. Ya es una buena justificación para acercarse a pasar una buena mañana, y de recogida tomarse unos vinos en Muñogalindo, población vecina al nuevo epicentro del universo que es Padiernos.

  2. Grafitis says:

    Me parto!! Un viejo hace un grafiti en las piedras y para “enmascarar” su cagada dice que es arte y no solo se lo aplaudimos sino que se lo rehabilitamos con dinero de todos. BRAVO!!

    Si tanto nos reímos con el Ecce Homo de Borja…, creo que esto es parecido pero sobre una piedra… puro arte (sarcasmo!)

    • Guillermo B. says:

      ¿El que sea viejo o joven es mollar para la cuestión? El concepto de lo que es arte lo marcará el público, lo mismo que la calidad musical del representante en Eurovisión ha pasado a ser una elección democrática.
      El Ecce Homo ha rentado pingües beneficios a Borja, miremos esto quizás no como arte sino como revitalizador económico de la zona.

  3. Obis says:

    Pues a mí me parece que usar la naturaleza tal y como se ha preservado siglos o milenios como lienzo o sustrato para este [excelso] arte, aun en finca privada y a lo largo y ancho de decenas de hectáreas cuyo paisaje se ha cambiado (léase deteriorado) definitivamente me parece un desaguisado, un atentado, una barbaridad.
    Que se le ocurra a cualquiera hacer una saca de piedra (de musgo) de tales dimensiones afectando en modo similar al paisaje en finca alguna y vera lo que tarda en denunciarlo el ejército español en su función de policía medioambiental (aka SEPRONA, cuya aunque su tasa de expedientes que acaben en sanción efectiva sea despreciable… aunque eso no venga al caso) .
    La próxima que sea una pintada de ese estilo en los galayos para que se vea desde La Mira o en el Zapatero para que se vea bien en todo el Valle de Padiernos (fka Amblés). Y ya puesto para financiarlo que anuncie “Bankia-Muñana “
    Qué doble rasero, qué obcecación, qué majadería extemporánea e irreversible, en fin que distopía.

  4. F. Lázaro says:

    Está muy bien; debe de ser muy moderno enguarrinar los cantos con botes de pintura de colores.
    Sobre todo porque, creo recordar que en tiempos del pasado presidente de la Diputación, la sierra de Ávila quedó declarada territorio libre de instalaciones nucleares, la provincia completa, a lo mejor. O algo así.
    En defecto de un buen cementerio de residuos radiactivos, bien está pintar los cantos, y atraer dinerito, con memeces como esta.
    Luego podría venir otro artista de la escuela de Ch. Javacheff

    https://es.wikipedia.org/wiki/Christo_y_Jeanne-Claude

    y envolver algunos en papel de estraza, o en naylon rosa.
    Por último, podría acudir a Garoza (del árabe al- arussa, la novia ) un discípulo de Piero Manzoni
    http://www.pieromanzoni.org/SP/obras_mierda.htm

    y meter en lata las deyecciones de Ibarrola. Podrían venderse en el correspondiente centro de interpretación y museo/sala de exposición semipermanente, sito en Muñogalindo.

    Aunque la sierra de Ávila ya va bien servida de tonterías en lata

    http://artenlata.blogspot.com.es/

    ¡Mira que somos papanatas!

    ¿El artículo contracto, ya no se usa?

  5. Noelia V. says:

    “Tengo 85 años y llevo demasiados proyectos en mis manos”, cuenta. Y recuerda la historia de Oma. “Aquello no se veía con buenos ojos, los radicales estaban en contra. Pero fueron los colegios los que fueron llegando, venían de visita con los niños. Apareció el Guggenheim en Bilbao y, con unos medios gigantescos, aquel pueblo grande, industrial y sucio, se convirtió en una ciudad. ¿Y saben qué pasó? Que todos los artistas que pasaban por el Guggenheim querían visitar el bosque de Oma y su prestigio fue más allá del mundo local”.

    Palabras de un viejo. Aquí la entrevista entera. El contexto en el que se desarrolló “la cagada” (que en árabe coloquial del golfo pérsico se dice Al-Zaga”Tengo 85 años y llevo demasiados proyectos en mis manos”, cuenta. Y recuerda la historia de Oma. “Aquello no se veía con buenos ojos, los radicales estaban en contra. Pero fueron los colegios los que fueron llegando, venían de visita con los niños. Apareció el Guggenheim en Bilbao y, con unos medios gigantescos, aquel pueblo grande, industrial y sucio, se convirtió en una ciudad. ¿Y saben qué pasó? Que todos los artistas que pasaban por el Guggenheim querían visitar el bosque de Oma y su prestigio fue más allá del mundo local”.

    Palabras de un “viejo”. Aquí la entrevista entera :http://www.elmundo.es/cultura/2015/09/28/56097ac246163f04728b45a1.html

    El contexto en el que se desarrolló “la cagada” (que en árabe coloquial del Golfo Pérsico se dice “Al-Zagagha” de “Zaga” que significa: caca )
    Y digo yo. ¿No se puede hacer crítica sin faltar al respeto?

    (He repasado el texto varias veces en busca de alguna falta de ortografía por despiste propio o mala jugada del corrector. Estas cosas pasan. ) 🙂

  6. Noelia V. says:

    Y pasaron. Je!

  7. Miguel Turrión says:

    Hace pocos días leí unas palabras del propio Ibarrola, con las que evocaba
    el modo en que, cuando empezó a pintar las piedras, las vacas se le quedaban mirando.
    Es tópica ya la expresión “cara de vaca mirando al tren” para referirse a quien mira algo sin interés, ni gana, ni capacidad de comprender lo que ve.
    Pues igual.
    Puedo imaginarme contemplando el entorno, y disfrutando de él, disfrutando del agradable lugar de emplazamiento de la obra de este señor, allí, in situ, entre chaparros, conejos, tomillos, boñigas resecas… Mirando, sí, abajo, a la nueva estación de Perpignan, al cielo y a la tierra, el valle y “las montañas azules de Castilla”
    Pero, a poco que se me cruzaran por la vista estas nuevas cuevas de Altamira, estas neorupestreces, este berrocal, lanchar o canturrial pintado, solo podría poner, sin poder evitarlo, cara de vaca mirando al tren.
    Cara de vaca mirando lo de Ibarrola.
    ***********************************************************************************************************
    Hace casi un siglo, en otro lugar no muy distante, otros canteros esculpieron toscamente algunas rocas, al miguelangelesco modo, quitando lo que sobraba, y después pintaron sobre ellas con colorinchis lo que les pareció que las rocas escondían,
    Les salieron tortugas, pájaros, mujeres desnudas, nuevas Venus de Laussel…
    Y allí se estarán todavía, digo yo, que puede verlas hace cincuenta años, sin bombo ni alharaca mediática, sin pretensiones esteticistas ni intelectuales, estas interesantes creaciones artísticas, sí, de clase popular.
    Allá arriba estarán, en lo alto de Valle Iruelas, cerca del puerto que da vista a Casillas.
    La excursión es interesante, pero no puedo responder ya, ni de que tales rocas existan ni de que estén bien conservadas. Tampoco sabría precisar con exactitud el sitio concreto donde se hallan, valle Iruelas arriba.
    Mejor.
    Quien quiera ir a buscarlas, que haga de detective, porque, al contrario que en lo de Muñogalindo, no habrá señales, ni centro de interpretación.

  8. carlos says:

    Pasó el último tren,
    uno de esos que tardan tanto
    qué les llaman El Rápido Expreso.
    para animangañar al viajero,
    y la ciudad se quedó anclada
    en la estación del pasado,
    hasta que se olvido su nombre
    porqué no tuvo impulso
    para trepar un escalón.

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