El cuento de la LEDchera

El cuento de la lechera es una fábula, un pequeño relato con contenido moral o ejemplarizante, conocida seguramente por todos los lectores, que a lo largo de la historia ha tenido diversas versiones. La lechera de Esopo pensaba en procrear mientras iba con un cántaro en la cabeza, Patronio le cuenta al conde Lucanor que doña Truhana llevaba una olla con miel mientras divagaba sobre futuras ganancias y la lechera de Samaniego ansiaba comprar una vaca, seguramente de raza avileña.

El Ayuntamiento de Ávila -alabado sea- en su constante lucha a favor de la cultura, el pensamiento, el progreso y la modernidad bien entendida; y dentro de su plan para convertir a nuestra ciudad en una SmartCity global del siglo XXII y del cuarto milenio, ha procedido a realizar una adaptación de la citada fábula a nuestros días. Modernización necesaria porque ¿quién va en estos tiempos con una olla de miel en la cabeza? La fábula había dejado de ser creíble y causaba confusión entre la mocedad abulense que, atolondrada por los juegos de rol, el tuiter y el matrimonio homosexual, había llegado a pensar que el objetivo del relato era advertir de los problemas de espalda causados por llevar demasiado peso en la cabeza. ¡Los cantaros de leche en carrito, como las mochilas! ¡Cuidado con el pack de 12 cartones del Mercadona!

La nueva versión de la fábula lleva un par de semanas presentándose en sociedad y ocupó el pasado miércoles el lugar que se merecía en la portada del Diario de Ávila: La nueva iluminación ornamental de los monumentos locales podría aumentar un 25% las pernoctaciones. Personalmente la versión abulense del relato me parece muy redonda porque combina la mejor tradición constructora de castillos aéreos -casi puedo ver las almenas flotando vaporosas mecidas por el viento cálido del sur- con la modernidad tecnológica de las luces LED, que además aportan un toque ecológico muy necesario. ¿Y qué me dicen de ese condicional? “Podrían”. ¡Todo un acierto! Igual sí o igual no, tal vez, quizás, vaya usted a saber. Es toda una invitación a racionalizar, a que los niños no se crean todo lo que les cuentan, a aprender a vivir con la incertidumbre de estos tiempos.

A destacar también el gusto por el detalle. Los juglares del Ayuntamiento cuantifican el número de pernoctaciones, para no dejarnos solo con los vulgares y etéreos porcentajes -que bailan un poco según las versiones-, y el dinero que dejaría en la ciudad este milagro de bajo consumo: 90.000 pernoctaciones y 9 millones de euros*. ¡Casi nada! ¡La de cántaros de leche o palacios de congresos que vamos a poder comprar!

Vale que quizá para los adultos la historia sea poco creíble y que hay cosas que chirrían un poco. ¿90000 pernoctaciones por una bombillas? El Ayuntamiento pone como ejemplo el caso de Valladolid, donde la iluminación ornamental de los principales monumentos de la no-capital de Castilla y León y su articulación en una ruta denominada “Ríos de Luz” habría supuesto un empujón turístico similar. Es una pena que los números no peguen ni con cola. El alcalde de Valladolid, en declaraciones a los medios en noviembre de 2011, cifraba en 15000 -5000 en visitas guiadas y otros 10000 por su cuenta- los visitantes que habrían recorrido el lumínico itinerario durante su primer año de vida. Supongamos que esas 15000 personas eran todas turistas y que todas decidieron quedarse en la ciudad una noche más solo para ver la iluminación nocturna de los monumentos. ¿Qué porcentaje representarían sobre el total de las pernoctaciones de ese año? El 2,56%. Lejos del 25%-30% que pregonan desde el Mercado Chico.

Vamos más allá. Pongamos que muchos frikis de las bombillas LED se han acercado a Valladolid para suspirar debajo de cada luminaria, pero no figuran en esas estadísticas ofrecidas por el ayuntamiento vallisoletano porque lo han hecho de incógnito, lo más normal del mundo por otra parte cargando con estas filias ¿Es verdad que las pernoctaciones aumentaron después de inaugurar la iluminación ornamental? Pues sí, un 6,67%** exactamente, para luego bajar un 5,6% al año siguiente con las luces puestas en el mismo sitio.

Si de aquí a las elecciones el Ayuntamiento tiene pensado modernizar más fábulas -”La rana y la gallina interesadas en montar una empresa por la rebaja fiscal”, “Caperucita emprendedora va al Decathlon de las afueras” o “Los siete aparcamientos mágicos y la piscina de olas”- quizá sería buena idea dotarlas de elementos completamente fantásticos para que los niños y sus mayores puedan hacer volar aún más su imaginación. Por ejemplo, para el caso que nos ocupa, en lugar de compararnos con Valladolid, que está aquí al lado y es bastante mundano, podrían haber dicho que la iluminación ornamental de la ínsula Barataria había aumentado un 300% las pernoctaciones, un 44% el consumo de queso manchego y un 124,45% el de piruletas. Un universo completo de fantasía, lucecitas led de colores y humo. Puestos a decir tonterías, al menos que sean tan increíbles que nadie se las pueda creer, no vaya a haber ciudadanos que en su infinita bondad confundan las fábulas con la realidad.


* La cuenta es fácil para los de la LOGSE. 90000 pernoctaciones a 100€ por pernoctación. El INE, en su habitual papel de aguafiestas, rebaja el gasto medio por turista y día a 87€, lo que dejaría las previsiones del Ayuntamiento-lechera en 7,8 millones de €.

**En nuestra ciudad en ese mismo periodo aumentaron algo más del 1%.

PS.- Lo dicho no implica que no me guste la nueva iluminación de la ciudad -que salvo problemas puntuales a resolver me gusta- o que me oponga a una nueva iluminación ornamental de los monumentos abulenses, algo que me parece buena idea.

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