Otra idea

La idea sería quitar un banco cualquiera (por ejemplo, uno de la calle San Segundo) y atornillarlo dentro del Senado.

A partir de ahí, solo habría que colocar una placa que pusiera: “La ciudad de Ávila, a Óscar López”. Y regalárselo para que pase allí todo el tiempo que quiera.

Quizás no habría que apretar mucho los tornillos, por si acaso decide cambiar de sitio (¡vaya usted a saber dónde estaremos en un par de meses!).

Lo importante es que él esté tranquilo, con su asiento asegurado. No estaría de más unos cojines y una mantita para los días de invierno. Todo en colores chillones porque, no lo olvidemos, nos movemos siempre dentro de la renovación más renovadora. Puro Cambio Toururú.

Lo realmente crucial, ya digo, es que él esté a gusto, que pueda centrarse al cien por cien en su vocación de servicio público. ¿Quién sabe hasta dónde puede llegar con ese espíritu de entrega?

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