The usual suspects

Ya no hay vuelta atrás. Es ahora o nunca. Me he desecho de la mayoría y las restantes me miran inquisitivas desde la mesa. Me quitó las gafas, me froto los ojos y tomo otro sorbo de café. Las tengo puesta en paralelo, una junto a otra, y a la derecha está el sobre, también expectante. Se respira la tensión. La fiesta de la democracia está a punto de empezar y yo aún no sé si ir en zapatillas o ponerme un vestido de encaje.

Les decía hace aproximadamente un mes -cómo pasa el tiempo, parece que fue ayer cuando Felipe y Guerra se asomaban al balcón- que no sabía a quién votar y aquí sigo, en pijama, dándole vueltas al asunto. (Si usted lee esto a las 5 de la tarde, no se asuste. Seguramente ya no estoy en pijama, tengo una bata de gatitos supermona para bajar a por el pan y a echar la lotería) La campaña me ha servido para bien poco, desde que no regalan cosas los partidos la democracia ha perdido tirón, y suscribo casi palabra por palabra lo que decía en aquel post de abril. ¿Que por qué vuelvo entonces a hablarles de lo mismo? Porque soy un tipo comprometido y sé que sin mi se darían a las drogas, el sexo desenfrenado o el Twitter. Hay otros temas, es verdad. Podría hablarles de los premios esos que dieron el otro día o de las múltiples visitas realizadas por el Alcalde a obras en la ciudad, acabadas, por acabar o camino de su primer milenario -se rumorea que esta misma tarde puede poner la primera piedra de San Vicente y visitar las obras de ampliación de la línea cinco del monorrail magnético, a inaugurar en abril de 2130-, pero como no soy experto en publicidad ni en cuidados capilares prefiero dejar estos temas a la AVT, Dignidad y Justicia o Manos Limpias. En resumen, lo único que ha cambiado desde aquel post es que ahora les escribo estas líneas con gafas -cosas de la edad- y antes lo hacía con las letras borrosas -por no reconocer lo de la edad.

De las múltiples ofertas del mercadillo demócrata -me quitan los eurodiputados de las manos-, me he quedado con cinco: PSOE, IU, Primavera Europea, Ciutadans y UPyD. Me ha dolido descartar al Partido X, tengo que reconocerlo, porque han sido los únicos que me han asaltado por la calle para pedirme mi voto, y a Pablemos, pero su ego estaba a punto de alterar el campo magnético de la Tierra y he preferido salvar la vida en el planeta no engordándolo con mi voto.

En el fondo, el que esto suscribe se considera socialdemócrata -rojo clarito- y cree que de todas esas siglas la que está más cercana a sus ideas, al menos en teoría, son las que tienen su sede en la madrileña calle Ferraz. Por eso están en la terna y no por su programa para estas elecciones -del que lo mejor que se puede decir es que está bien maquetado y en papel de buena calidad- su candidata o su vibrante y motivadora campaña, allá donde haya existido -Bar Manolo, el pasado jueves de cinco a cinco y cuarto. Lo mejor del PSOE es Schulz, lo que ya nos permite hacernos una idea de cómo están las cosas, y lo peor es todo lo demás, desde los selfies de Valenciano hasta los abrazos de Valenciano. Si ustedes vieron el debate europeo y el simulacro de debate nacional habrán podido comprobar que no hay color entre el candidato a la Comisión y la cabeza de lista del PSOE, como no hay color entre sus debates y los nuestros. Es verdad que Valenciano ganó a Cañete en el debate a dos, pero como apenas se habló de Europa, guardaré en mi memoria el resultado para tenerlo en cuenta si ambos se presentan a las autonómicas murcianas.

Schulz no estuvo mal en la confrontación europea, pero creo que la mejor fue Ska Keller, seguida de cerca por el candidato liberal Verhofstadt. Keller cuenta en España con los votos de Primavera Europea, a la que he metido en la terna precisamente por los puntos que gana con ella. En su contra, el maguferío marca Equo que adorna el programa de la coalición.

Esta es una de las cosas que me gustan de IU, que en su día rechazó la homeopatía y las terapias pseudocientíficas y es un asunto que cada vez considero más importante y en el que Europa tiene que empezar a actuar urgentemente. En su contra, que Tsipras estuvo flojo en el debate europeo, que Willy Meyer me inspira la misma confianza que un helecho y que aunque han rechazado la homeopatía, alguna de sus propuestas económicas parecen inspiradas por sacerdotes de los cultos zoroástricos.

No terminan de convencerme los de Cayo Lara -siempre fui más de Cayo Julio César-, como tampoco lo hacen ninguna de las alternativas de centro-algo del panorama nacional. Hay algunas cosas de UPyD que apoyaría sin reservas en temas de política nacional -finiquitar las diputaciones y avanzar en la laicidad del Estado de cabeza- y su programa europeo tiene medidas “progresistas” que me gustan, pero ¿Sosa Wagner? ¿De verdad no hay otro? ¿Pagazaurtundua? ¿Y para la Comisión? Eso de votarles sin saber si luego van a apoyar a Juncker -Helecho for America- no me convence. Me gusta más la música que los intérpretes de la misma y me repele esa ambigüedad tan de la casa. Al menos no se presenta Rosa Diez… o eso parece.  ¿Es Wagner Rosa Díez con pajarita? #Queremosdesaber

A Ciudadanos los he metido en la terna por hacerle un guiño a los flanes de Albert Rivera, que alguno hay por aquí, y de Javier Nart. No tengo nada específico contra ellos, pero tampoco hay nada en su propuesta que me atraiga y en el fondo me parece que su campaña tiene como objetivo, secundario o primario, dar a conocer a Rivera a nivel estatal. Algo perfectamente legítimo, pero irrelevante para mi.

Sea como fuere y vote a quien vote, el domingo iré a las urnas. E iré contento y convencido de estar participando en la construcción de un proyecto de futuro. Es verdad que la Unión no avanza todo lo rápido que nos gustaría -o que me gustaría-, y que sus instituciones y su funcionamiento tienen serias carencias democráticas que empañan el camino recorrido y las perspectivas de futuro, pero ningún observador objetivo habría pronosticado hace 50 años lo lejos que han llegado los hijos de los comerciantes de carbón y acero. Cuando en 2012 la Unión recibió el Nobel de la Paz, muchos, entre los que me encuentro, ironizamos con que aquello parecía un homenaje póstumo. No atravesamos los mejores momentos del proyecto de construcción europea, pero este tipo de aventuras nunca ha sido fácil. Si comparamos el proceso europeo con, por ejemplo, la integración de los Estados Unidos, nos sorprenderemos comprobando lo rápida y eficiente que parece, en perspectiva, la unificación pacífica del viejo continente.

28 países votando a la vez, con encuestas, porras, pronósticos… No me digan que no es divertido.

A %d blogueros les gusta esto: