La efectividad de las campañas

El artículo de hoy no puede ser concluyente porque sería resumir asignaturas enteras de sociología y política en apenas unas líneas, así que me limitaré a compartir ciertos pensamientos surgidos en mitad de  esta rara campaña (el desprestigio de la política, la previsible abstención, el efecto del horrible atentado, el debate no-europeo…)

En Valladolid (en unos días iré a Ávila, pero ahora mismo no sé como está vestida nuestra ciudad amurallada) media ciudad viste de pitufo. Cañete ha sido convertido en Papá Pitufo, todo de azul, vigilando las calles por si aparece Gargamel. Y Gargamel no, pero sí hay alguna Valenciano subida a las farolas en rojo optimista. No muchas, parece que el presupuesto del puño y la rosa ha bajado. Por otra parte, he visto algún cartel viejo de otros partidos y también un Sosa Wagner junto a Rosa Díez en cabinas de teléfono, que sin Rosa Díez no son los auténticos.

Y esa es mi primera pregunta… ¿es necesario estar tan presente en las calles para que la gente no se olvide de que hay elecciones, de que su partido es su partido? Lo pregunto sin maldad, sin retóricas retorcidas. Los que pasamos por aquí somos muy de seguir la política día a día, pero tal vez sí sea necesario reforzar tanto el mensaje, insistir. ¿No será perjudicial una sobreexposición? ¿Y da más buen rollito un candidato con azul hasta en la cara? Debe ser así, porque eso no es casualidad. Algún estudio de publicidad habrán hecho al respecto.

Rubalcaba empezó campaña haciendo un mitin express en Segovia. No dijo nada que salvara al mundo, pero salió en los telediarios y estrechó algunas manos. ¿Es necesario que “un famoso” acuda a cada pueblo o rincón para que los de ese sitio se sientan queridos y no olvidados? Puede ser. No es casualidad que la gente que se trabaja más pueblos, más rincones (también gracias a su propia estructura asentada) acaben arrasando en los municipios, cuanto más pequeños más “arrase”.

Luego está el problema de ser conocidos, de acceder a los medios de comunicación. Hay amargas protestas de los partidos sin representación por no tener altavoz, y es una batalla complicadísima. Conozco gente que cuanto más ve a uno del PP o del PSOE en el telediario, más tirria le tiene. Pero claro, a la hora de votar cogerás la papeleta del que más te guste de los que conozcas, o el que sepas que más fastidia al que quieres fastidiar. Si no les conoces, no coges su papeleta.

Pienso en Ciudadanos, en Cataluña. Tras una crisis interna que dejó a Rivera solo,  con 2 compañeros a su lado en el escano pero ya fuera del partido, lo que hizo muy hábilmente fue empezar a salir en tertulias televisivas y hacerse popular en gatos al agua, cascabeles y lo que hiciera falta. El cambio de estrategia hizo a Rivera más conocido, el tío también tiene telegenia y el partido recuperó simpatías, se impuso en ese espacio electoral a UPyD (que se presentó a esas elecciones con un antiguo diputado de Ciudadanos) y no ha parado de crecer desde entonces en el ámbito catalán, cerrando el paso a la formación magenta en una disputa estúpida de egos que resta fuerzas a lo que alguna vez pretendió ser una tercera vía.

¿Y las redes sociales? Podemos – o Pablemos – cada vez tiene mejor pinta en número de apoyos de cara a las Europeas. Pero… ¿ha sido por la presencia televisiva de su líder o por la acción política en canales más novedosos? ¿Hasta donde es eficaz estar presente en redes sociales, cuántos apoyos da y cuántos quita?

¿Sigue siendo la mejor forma de conseguir votos la de patear pueblos y hablar con los paisanos puerta a puerta? ¿Os gusta recibir en el correo convencional el sobre electoral con la papeleta, y una carta de los candidatos? A mi casa en particular, por ejemplo, ha llegado una carta de Cañete/Rajoy y una de Sosa Wagner.

O… ¿es directamente inútil todo esfuerzo en estos 15 días y la partida ya estaba echada de antes? En ese sentido, os contaré una anécdota real. Un joven periodista me contaba que el otro día hizo una encuesta electoral por las calles, y la conversación fue tal que así

– ¿A quién votará el 25M?
* A Mariano.
– Es decir, a Arias Cañete.
* No, a Mariano.
– Y… ¿Qué opina del resto de candidatos?
* Me la sudan, yo soy de Mariano.

Disculpen lo soez de la última frase, pero me juran que fue así. Dicho todo lo cual, les invito a comentar esta entrada y también  a participar de nuestra porra electoral #L4P25M gracias a este enlace.

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