Indeseables

Hemos asistido, por desgracia, a un hecho lamentable y, por supuesto, condenable. Lo ocurrido el lunes en León nos ha conmocionado a todos. A mi modo de ver el asunto, un asesinato es el acto más deleznable y condenable que puede llevar a cabo una persona. Nada lo justifica.

Como ya sabéis, soy un asiduo de las redes sociales, y reconozco haber tenido que leer alguna que otra barbaridad en ellas que finalmente han hecho saltar las alarmas y se ha montado un revuelo que va a terminar por convertirse en culebrón. Ya lo he dicho varias veces, Twitter está lleno de lo que tú quieras. Si quieres tenerlo lleno de gente que apoya la extinción del lince ibérico puedes hacerlo. Seguro que habrá quien defienda que es una especie que ni fu ni fa y que merece desaparecer de la faz de la tierra. ¿Están en lo cierto? No, al menos no creo que esa opinión sea compartida por una mayoría aplastante de gente en la red social o que camina por la calle. ¿Es un delito pensar eso? No. Ni siquiera lo es decirlo y tampoco lo es publicarlo. ¿Es culpa de Twitter que la gente opine y publique semejante despropósito? Por supuesto que no. Es más, sería un disparate pensar eso. 

Leo en Voz Pópuli:

“Hay que limpiar las redes de indeseables”, ha enfatizado el ministro, quien ha defendido que al igual que es necesaria la seguridad en campos como la seguridad vial también lo es en Internet.

“Limpiar las redes de indeseables…” Las Redes Sociales las componen personas, personas como yo, como muchos de vosotros… Personas que pueden opinar y decir lo que deseen en sus perfiles de internet porque les ampara la ya conocida Libertad de Expresión que recoge nuestra Constitución de 1978 en su artículo 20 (con las limitaciones que también impone).  Decir que hay que limpiar las redes de indeseables podría incluso pasar a convertirse en limpiar las calles de indeseables. Si prohíben a algunas personas expresar lo que piensan en internet, ¿por qué no hacerlo en las barras de los bares? ¿En las plazas públicas? ¿Será el siguiente paso? ¿Ir deteniendo por la calle a todo aquel que diga barbaridades? Se me ocurre, por ejemplo, a quienes promulgan que el preservativo es un invento del diablo, ¿no es eso también una barbaridad habiéndose demostrado científicamente que es el método más efectivo contra la transmisión de enfermedades? Los homófobos, los misóginos, los racistas, los defensores de boquilla del vandalismo callejero o  de los crímenes de dictaduras pasadas,… ¿Dónde está el límite de lo moralmente reprobable?

No lo sé. Os dejo otra reflexión sobre el tema: Pescando en Twitter. Lo escribe una Abogada especializada en Derecho penal y profesora de Derecho procesal penal en el Centro de Estudios del Colegio de Abogados de Madrid. Seguramente ella sepa más que yo sobre el tema.

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