War!

Según contaba la prensa local, se trató de una épica batalla. Desde una atalaya en la que se podía poner a cubierto de cualquier tipo de fuego amigo, el camarógrafo logró captar toda la escena. Sólo podía quedar uno, y el más escurridizo de los contendientes tenía las de ganar aunque partiera en desventaja de peso.

Para entendernos, la táctica era hacerle la envolvente. Irle enganchando poquito a poco, ponerle fuera de acción… y que cuando el grandote quisiera volver por sus fueros y tirar de sus viejas garras, ya no tuviera radio de respuesta.

En la batalla de la vida – y toda vida es una batalla – no hay que perder de vista al enemigo, aunque en un principio parezca poco feroz. Por eso, cuando el atenazado intentó volver a respirar ya no podía, ahogado. Le estaban dejando sin aire aunque intentara volver a salir a la escena pública. Ya era tarde y la envolvente había triunfado. Su vano intento moriría en la orilla.

Estas escenas no siempre acaban igual, dijeron después los expertos. Otra escurridiza criatura quiso comerse a un pez gordo y acabó explotando. Seguramente, esta vez, se había pasado de audaz pues su presa era demasiado grande.

La batalla de la vida, como las elecciones, nos deja esas pequeñas escenas tan evocadoras: la guerra está en nuestra naturaleza.

Underwood for America.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: