Fuera de la ley

La semana pasada, el viernes si no recuerdo mal, tuvimos reunión de vecinos en la comunidad en la que vivo. La verdad es que esos eventos no me hacen excesiva gracias pero es algo de lo que debes participar si después quieres tener derecho a protestar cuando alguien la cague, y, creedme, al final, siempre, alguien la caga.

Y digo alguien por no decir todos porque muchas veces se parte con el fallo desde el comienzo y después no valen los lamentos. El caso es que, según parece, la ley, LA LEY obliga a las comunidades de vecinos a suscribir un contrato de mantenimiento de servicios en previsión de posibles averías o accidentes. Es decir, contratar una empresa que se ocupe de que los cables de la luz estén en buenas condiciones, la caldera funcione correctamente, las puertas de los garajes abran y cierren como merecen, el ascensor esté siempre a punto… Ese tipo de cosas que en un momento dado, en una comunidad de vecinos, pueden fallar. De no tener suscrito dicho contrato, la compañía aseguradora de la comunidad de vecinos no se responsabiliza de nada en caso de accidente de ningún daño que se pueda producir.

Si hay un fallo eléctrico y se incendia una planta de la vivienda, haber contratado el seguro de mantenimiento. Si explota la caldera y aquello se queda como un solar, haber contratado el seguro de mantenimiento. Si revienta una tubería de las zonas comunas y se inundan dos plantas enteras, haber contratado el seguro de mantenimiento…

Y como en mi comunidad de vecinos somos muy de Ávila y de hacer las cosas bien… Se decidió posponer la decisión por segundo o tercer año consecutivo, pasarnos la ley por el arco del triunfo y seguir como delincuentes nuestras miserables vidas confiando en que el accidente no ocurra. A lo loco.

A mí la cosa me indigna. Si hay que cumplir la ley, hay que cumplir la ley. Es algo que debemos hacer todos y que no podemos saltarnos a la torera. Es evidente que a mucha gente no le gustan ciertas leyes, eso está claro, pero el que te guste, o no, deja de ser excusa para su incumplimiento. Así que si la ley dice que hay que hacer un contrato de mantenimiento no hay excusas, hay que hacer un contrato de mantenimiento. De verdad que no entiendo a estos sexagenarios que tengo por vecinos y su manía de vivir al límite.

¿Os imagináis que pasara lo mismo en cualquier otro ámbito de la vida? Yo qué sé… Se me ocurre… Pues que haya una ley que dice que “las administraciones públicas, en el ejercicio de sus competencias, tomarán las medidas oportunas para la retirada de escudos, insignias, placas y otros objetos conmemorativas de exaltación personal o colectiva de la sublevación militar de la guerra civil y de la represión de la dictadura”. Ya nos solo eso, sino que un grupo político lleve una moción a un pleno municipal en la que pida que se cumpla dicha ley…

Y… ¿Os imagináis que esa moción se rechazara? ¿Que se decidiera deliberadamente actuar al margen de la ley? Estaríamos locos, ¿verdad?

Son cosas que no pueden y no deben suceder. Y me parece mal por mi comunidad de vecinos como me parecería mal por el Equipo de Gobierno si…

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#OhWait

Adolfo Suárez, in memoriam

Los historiadores -y aquellos que alguna vez estudiamos Historia hasta la obtención de un título firmado por la autoridad competente- tenemos un gran aprecio por las palabras “contexto histórico”; el conjunto de circunstancias, hechos y situaciones que rodean y dan forma a un suceso, a una persona o a una corriente de pensamiento en un momento temporal y un punto geográfico determinado. De la misma forma que no es lo mismo vender hielo a un esquimal en el Polo que vendérselo a un guiri en una playa de Salou una tarde de agosto, no es lo mismo hablar de democracia en un país europeo en la actualidad, que hacerlo en la España de Carlos V o la Atenas de Pericles.

El contexto histórico es importante para entender los hechos estudiados, para huir de explicaciones presentistas y evitar que nuestros prejuicios, nuestra ideología o nuestra situación deformen una realidad pasada. Esta admonición sirve tanto para la expansión romana por el Mediterráneo, como para la conquista española de América -ningún respeto a la Convención de Ginebra tenía esa gente- y también para la Revolución Gloriosa, la independencia de las colonias británicas de norteamérica o nuestra Transición.

La Transición y todo lo que la rodea, incluida la figura de Adolfo Suárez, ha sufrido y sufre un doble tratamiento, tan irreal y falso el uno como el otro. Para algunos, entre los que se encuentran los que más palos pusieron en las ruedas de la misma, la Transición está camino de los altares. Fue un proceso modélico, limpio y rápido. Sin sangre, sin dolor, sin odio. El momento más glorioso de la Historia de España protagonizado por héroes sin mácula. Para otros, la Transición fue un apaño entre el viejo régimen y sus herederos, con la aquiescencia de una oposición pacata o temerosa y bajo la atenta mirada del ejército. Un engaño que solo sirvió para mantener el poder en las mismas manos y recubrirlo de la legitimidad de una Constitución tímida y de unos votantes engañados.

No soy devoto de la Santa Transición, pero tampoco creo que merezca condena eterna. La Transición fue la que pudo ser, ni más, ni menos. Un proceso complicado y sucio que estuvo a punto de descarrilar en más de una ocasión y que llegó a buen puerto -si uno echa un vistazo a la historia reciente de España se dará cuenta de lo caros que son los mármoles que recubren el puerto y lo bien que huelen los baños- por una combinación de suerte y determinación, sin olvidar el papel jugado por la presión interna ejercida desde las calles y sus alrededores -menospreciado o sobrevalorado según la acera- y la presión externa desde Europa y los EEUU -vilipendiada o ignorada según el barrio. No fue un proceso perfecto, como imperfecta es la España nacida de sus entretelas, pero fue seguramente el mejor, o uno de los mejores, de los posibles.

Adolfo Suárez fue la cara de aquel proceso, aunque no el único actor. Un político de provincias, un hábil seductor, un tahúr ambicioso, listo, carismático, intuitivo. La pieza clave de una bóveda cimentada y construida por cientos de manos. Un traidor -por fortuna- convencido de que su papel era pasar a la Historia. Con Suárez se reproduce el esquema interpretativo que se aplica a la Transición. Para unos, entre los que se encuentra también los que más hicieron por destruirlo y el mismo rey que le dio la espalda y ahora se pone medallas, es el mejor político que ha tenido este país. Para otros, un falangista de provincias, un arribista, un hombre sin ideas y sin ideología con una infinita sed de poder.

En el año 1859, Jean François Gravelet-Blondin cruzó las cataratas del Niágara sobre una cuerda que tenía 335 metros de largo y que estaba suspendida a 50 metros del agua. Lo hizo sin arnés, armado únicamente con una pértiga. Suárez hizo lo mismo sobre la historia reciente de España, sobre unos y sobre otros, sobre certezas y sombras, utilizando su intuición y su ambición como balancín. Su gran mérito fue sobreponerse a las dificultades y seguir adelante, en equilibrio imposible, cuando nadie sensato se habría jugado su sueldo apostando a su favor. Allí estaba, suspendido sobre el abismo, azotado por el viento, cuando le mandaron tirarse a un suelo que no existía pues a sus pies solo se encontraba la nada, consciente de que allí se jugaba, no solo el futuro del país, sino también el suyo.

Ambos, Blondin y Suárez, podían haber fracasado, era lo más probable, pero ambos llegaron al otro lado del abismo, ambos vivieron para contarlo. Blondin repitió muchas veces su hazaña, Suárez lo intentó y no pudo. Tras su dimisión y el golpe de Estado, Suárez mantenía la ambición intacta, pero ya no tenía el mismo olfato. Había sido el hombre de la Transición, el protagonista de la película, el galán que con una sonrisa cautivadora en un traje inmaculado llegaba con un ramo de flores y una caja de bombones para llevarse a la chica a dar un paseo, pero ya era un actor secundario de la democracia. Olvidar esta parte de su historia sería dibujar un perfil incompleto, como equivocado sería personificar en él todos los aciertos y errores de la Transición o del régimen político surgido de ella.

La Transición y Suárez, con sus luces y sus sombras, son hijos de su tiempo, como todos aquellos que se encontraban junto a Suárez o frente a él, y la mejor forma de valorar su legado, la única en realidad que se ajusta a la verdad, es tener esto siempre presente.

Sit tibi terra levis.

Suárez, la dignidad posible

“Ellos mandan que nos echemos al suelo y yo era el presidente del Gobierno y no me da la gana. El presidente del Gobierno no iba a hacerlo.” (Cita)

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Suárez en el 23F es la imagen de que hasta en España puede haber espacio, ahora desocupado, para un político digno y de altura.

Descanse en paz.

Soy un villano más

Colabora con nosotros Víctor Andrés Toro Restrepo. Si también quieres mandarnos la tuya, aquí te decimos cómo hacerlo.

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Echo la vista atrás y pienso cómo era la villa hace unos 14 años, cuando mi barco atracó en este puerto de adoquines y revolconas. Ante mí, una villa que desayunaba Cola Cao para ser cada día más y más grande, fuerte, industrial y prospera, o por lo menos eso era con lo que nos intentaban hacer soñar. Y vaya si soñamos al vernos con una estación del AVE, un palacio de congresos rebosante de eventos, un museo que nos traería unos mil turistas a diario, un polígono industrial con el cartel de completo al entrar, un equipo de fútbol en Segunda y, sobre todo, ¡una ciudad dormitorio de Madrid y alrededores! El boom inmobiliario, el anzuelo en el que picaron muchos villanos y que hoy en día es su ruina, unos por ilusos y otros por avaros.

Todos o casi todos nos creímos el cuento sin rechistar, Más de uno se paraba en el rastro con la vista puesta al valle Amblés y suspiraba imaginando lo que estaba al caer: una ciudad de verdad, con un futuro próspero para todos, con dinero, dinero y más dinero. No me extraña que hoy haya tantos “licenciados” en A.D.E., caminos, hidrología, etc. en el paro que siguen esperando un ‘remember’ de esa época dorada para encontrar un trabajo. Ellos tienen una carrera y eso de estar en otro sector… “na de na”.

La verdad es que todo eso podría haber ocurrido. Supongo que sólo faltó anular ese pensamiento feudal de algunos que, hoy por hoy, siguen cerrando las puertas al crecimiento de la villa, casi dejándonos en un poblado Ami. El palacio de congresos, pasados unos años de su inauguración, solo nos ha dejado algún que otro congreso o actividad. Respecto al equipo de fútbol (en su día incluso hubo un proyecto para un nuevo estadio), hoy tiene que ser salvado de las deudas con eventos como el de #SOSRealAvila. Del AVE, ni hablar. Digamos que voló de la Muralla al Acueducto, y con él, el turismo, claro. ¿El polígono? Cada vez más vacío e inaccesible. El museo está ahí, como la puerta de Alcalá, viendo pasar el tiempo y sin abrir.

Eso de ser ciudad dormitorio se ha quedado en ciudad cementerio de bloques vacíos. El polideportivo está donde Cristo perdió el mechero, como que el de San Antonio sigue estando mejor situado ¿Por qué no reformaron ese?

La estación de autobuses sí que sí. Después de 13 años, varias reformas por fallos en la construcción y perder la subvención, ha visto la luz. Afortunadamente, un gimnasio ocupará la torre y así la cascada de colores no estará tan vacía. Para los autobuses que se mueven, con una marquesina y foco valdría. ¿Por qué no reformaron la de san Antonio?

De todo esto, mi mayor conclusión, aparte de que estamos en la mierda y no tiene pinta de que llueva para lavarnos, es que soy un villano más. Solo me falta el botellín de maullido 5 astros, el pincho de casquería guisada y el palillo, porque, como me den una cerveza de otra marca y un pincho nuevo ¡MA-TO! Que soy avileño y esa idiosincrasia la llevamos todos los que por arraigo tenemos tatuados los adoquines en el corazón, como un amor de madre, el sabor de las revolconas en el paladar y el Cola Cao en el desayuno. Eso sí, ¡el palillo ni tocarlo!

 TRnegroni

Contando los días

Esta ciudad avanza. Está claro. Estamos a poco más de metro y medio de ser la gran Smart City que todos deseamos ser. Estamos avanzando en la dirección correcta y dando pasos de gigante para colocar el nombre de la ciudad, de nuestra ciudad, de Ávila, en el lugar que le corresponde, que una vez ocupó y que con el tiempo, como quien no se da cuenta, hemos ido perdiendo.

No podemos hacer las cosas mejor y estamos recuperando en poco tiempo el terreno que durante mucho hemos perdido. El esplendor de la nueva estación de autobuses hace que la ciudad se vea diferente, se viva diferente. Una infraestructura que ha tardado lo suyo en comenzar a funcionar, todo hay que decirlo, y sin culpables claros del retraso. No es lo mismo que la estación se haya retrasado por culpa del Ayuntamiento de Ávila, del PP, que por culpa de la Junta de Castilla y León, del… #OhWait… Bueno, da igual… Lo más seguro es que ambos culpen a la Cámara de Comercio que no deja de ser el último interviniente en llegar y quien pretenden que cargue con el marrón. A lo que iba, que muy bien lo de la estación de autobuses y que mucho mejor estará cuando además de autobuses haya algún comercio, o alguna actividad a más, pero lo que tenemos claro es que una vez abierta no podemos más que avanzar como lo hemos estado haciendo hasta ahora, en la buena dirección… 

Y seguimos en la buena racha que tenemos con el cambio de iluminación de la ciudad, algo que se hacía para mejorar el que ya existía y, sobre todo, para ahorrar. El ahorro debe ser porque las nuevas bombillas led iluminan tanto como gastan, osea, poco. Y cuando digo que iluminan poco no quiero que me mal interpreten, quiero decir que iluminan bastante poco. Unas luces que llevan al engaño ya que al mirarlas directamente deslumbran y al mirar a la calle no alumbran. “Alumbrar” bonita palabra… Pero sigo que me disperso… Que bien, que ahorro y tal… Que veréis poco pero nos saldrá barato… Aunque, pensándolo bien… Este cambio de bombillas, al tratarse de una privatización, no nos reportará beneficio económico a los abulenses. Al menos no en el medio plazo. Le dará beneficios a la empresa que se encarga de la gestión, pero lo de la Smart City nadie dijo que fuera barato de inicio. No nos quejemos.

Y dejando aparte lo de la Smart City os comento las últimas novedades en cuanto a visitas de personalidades. Por un lado el Papa, que según La Razón viene a España en 2015 por el V Centenario de la Santa, cosa que la Diócesis de Ávila no confirma. No lo confirma porque a ellos no se lo han confirmado, lógico. Creo que la posición de la diócesis es bastante coherente. Seguramente La Razón tenga razón y termine por venir. Es lo que pensamos todos, lo tenemos más o menos claro, pero no vamos a asegurar nada que no sea seguro. Tarde o temprano nos enteraremos de si al final Francisco viene o no a la ciudad amurallada y será, veréis, todo un acontecimiento. Acontecimiento, por cierto, englobado en los actos del famoso V Centenario de Santa Teresa para el que siguen buscando voluntarios y lo hacen con un vídeo que no tiene desperdicio y que os recomiendo no ver si tenéis alguna estima a vuestra salud. Seguro que con esto lo petan.

La notica de verdad, la visita esperada, lo que sí queremos ver y lo que celebramos por todo lo alto es la nueva edición de Músicos en la Naturaleza. Al menos yo, oiga, que cada uno tiene sus prioridades… Ellos no lo confirman. No lo hacen, de momento pero no tardarán. En este caso no es por prudencia como la Diócesis de Ávila con el Papa, es porque le han dado la exclusiva a un periódico y tiene que dejar un día o dos hasta que se haga oficial para gloria del rotativo. John Fogerty, el carismático líder de la Creedence visitará nuestra querida sierra de Gredos para llenarla de puto Rock and Roll. Eso sí es caminar en la buena dirección. Eso sí es una buena noticia.

Y eso es todo. Aquí me quedo, contando los días para Fogerty, poniendo pilas a la linterna por si salgo de noche, buscando un hueco para visitar la nueva estación que creo que lo que sí tiene ya es cafetería y esperando, de verdad, que el Papa venga a la ciudad, más por el impacto económico que por lo que en sí representa.

Pero, sobre todo, contando los días hasta el 5 de julio para ver a Fogerty.

The End

Jornada_Fabrica_HarinasHay algo en los finales de los documentales que veo últimamente que me turba y espanta. Todo empezó con #OperaciónPalace (qué añadir a estar alturas cuando ya se ha dicho todo y se ha dicho lo mejor) y concluyó con ‘El desencanto’, a modo de homenaje al recién fallecido Leopoldo María Panero. En el primer caso, mejor nos le cuento el final porque le quitaría la gracia al asunto (es en plan… ‘Sexto Sentido’ pero con Felipe González y el Rey de protagonistas). En el segundo, sí que les puedo decir que empieza igual que acaba: con una estatua envuelta y atada que resume el todo (la vida, el cosmos, el Tata Martino…) en unos pocos fotogramas.

Entre medias de ambos, pude ver el documental de ‘Poder contra verdad’, realizado por José Ramón Rebollada. De su sorprendente contenido nada voy a decirles que no haya escrito ya Miguel Díaz Herrero. Vuelvo a centrarme en el final, más concretamente en los créditos. Ahí, en el apartado de los agradecimientos, se reconocía la labor de las distintas personas y empresas que habían colaborado con la obra. Y se advertía de que algunas de ellas habían decidido apoyar el proyecto pero habían pedido expresamente que su nombre no saliera en ningún sitio.

Alguien a mi lado hizo una reflexión acertada: “Eso ha sido lo más demoledor de todo”. Y pensándolo después (cada uno tenemos nuestro ritmo), creo que esa persona tiene toda la razón del mundo. Uno va viendo todas las cacicadas que se hicieron con el tema de la Fábrica de Harinas y piensa: “Madrecita, la que liaron los jefes del cotarro tiempo atrás”. Y de repente aparece ese mensaje y un escalofrío recorre todo tu cuerpo: “¿Y si no hemos avanzada nada?” “¿Y si Bruce Willis está muerto?”.

Es aterrador pensar que existe miedo en ser nombrado en el capítulo de agradecimientos por posibles represalias. ¿Ha cambiado la cosa? “Algunas de las personas que se involucraron en su defensa -y que intervienen en el documental- sufrieron represiones en su vida profesional. Y lo pasaron muy mal. Injustamente. Esperemos que a Jota -ni al resto de intervinientes- no les ocurra lo mismo -o les vuelva a ocurrir-, pues sabemos cómo funcionan los resortes del poder en esta ciudad”, escribe en Ávilared Rafael Sánchez, del colectivo ‘Manqueospese la Veré’ (según José Ramón Rebollada, “la primera propuesta de contestación al poder de forma colectiva” que se ha producido en la historia reciente de esta ciudad).

 Y es que remover el pasado revuelve las tripas a muchos. Ayer mismo estaba en los ‘Encuentros para una ciudadanía crítica’, Juan Carlos Monedero hablando de las “trampas” que nos hicieron en la Transición. Él no critica el comportamiento de los ciudadanos en esos momentos, pero no quiere que le cuenten que todo fue maravilloso porque eso es algo que nos impide avanzar. “Miramos para atrás y no vemos más que agujeros”, señaló para advertir que así no podemos saber en qué momento nos encontramos.

Viene bien mirar atrás y ver nuestras miserias. Las “trampas” que nos hicieron, por ejemplo, para tirar una vieja fábrica. Rellenar “agujeros”, curar heridas, poner a cada uno en su sitio. Saber quién mintió entonces, quién calla ahora y quién ha luchado desde siempre arriesgando su propio pellejo.

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PD: Curioso fue ver a Monedero acusando a IU de “mimetizar” su funcionamiento al de los grandes partidos, acusando a sus dirigentes de “falta de generosidad” y de asentarse en su parcela de poder. Él, que fue militante de esta formación durante 20 años, ha decidido participar en ‘Podemos’ para “volver a enamorar a ese 55 por ciento de las personas que no quieren votar” porque “IU no sirve”.

P.I.E.C.

* La noticia original en ÁvilaRed.

Negro pide cambiar el nombre del Partido Socialista
por el “desprestigio de sus dirigentes”

“Dado el rechazo actual de la gente a sus representantes y el de dichos representantes a sus propias siglas”, ha manifestado Negro, el ciudadano común no entiende que se mantengan las cuatro letras del Partido Socialista Obrero Español, que datan de 1879, “para dar nombre a un colectivo que prácticamente ya no ejerce el servicio público de oposición”. “En Ávila, todo lo que queda es lo de partido: entre lópeces, blancos, caros y oscuros”.

Tras insistir en que “no tiene sentido” mantener el actual nombre del partido, Negro ha asegurado desde Los 4 Palos que “aquí solo falta que fichen al padre de Neymar” y apuesta por buscar una denominación “de consenso, que posibilite a todos estar cómodos, algo real, tradicional, que evoque la unidad, algo así como Partido Infantas Elena y Cristina“.

Eso sí, el articulista manifiesta que “no va a proponer ningún otro nombre porque parecería una confrontación” y lo que persigue en este artículo es “que ahí dentro alguien se centre en ofrecer propuestas de verdad que interesen a los ciudadanos de modo que al menos retengan un concejal en las próximas elecciones” porque “lo que está claro es que en las generales el PP se endosará el Hat-Trick”.

PIEC, pa´que os quiero.

De puñaladas, pintas y últimas cenas

Es una suerte contar con la colaboración de Beatriz Sanz Olandía en este blog. Si también quieres mandarnos la tuya, aquí te decimos cómo hacerlo.

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Que el periodismo es una profesión dura -cada vez más-y llena de sin sabores es algo que, a pocos periodistas que sigan en Twitter, ya habrán detectado. Que te regala momentos maravillosos y conoces gente extraordinaria, también. Pero quizás haya un aspecto de este trabajo que el común de los mortales desconozca: es la profesión de la puñalada y el mierdismo.

Cuando estaba en la universidad y me decían que iba a ser duro meter la cabeza en los medios, yo, tonta de mí, pensaba que las dificultades vendrían por la competencia entre buenos profesionales, ya saben: tener que destacar entre un puñado de periodistas muy buenos e intentar marcar la diferencia.

Luego me di cuenta que con lo que se tiene que luchar más fervientemente es contra los egos, los poderes políticos y económicos, y los que te traicionan. Que suena muy rollo Judas en la última cena, pero que es cien por cien verídico.

Cuantos más años pasan más me doy cuenta de que no siempre el factor decisivo es tu trabajo; la simpatía que provoques en los demás – sobre todo en los de arriba-, tu capacidad de camuflaje cuando vienen mal dadas o la suerte que tengas de cruzarte o no con algún desgraciado… Todo ello  influye de forma determinante en el devenir de tu futuro profesional. Y ahí es donde nos topamos de bruces con el cobarde. No hace falta que lo busquen, ellos se encargan de manifestarse a lo espíritu errante.

El cobarde es ese que pretende que no hagas tu trabajo, que hace llamadas y encaje de bolillos para que te muevan de tu puesto, que deja caer que no eres bien visto en la zona vip de este partido o aquella empresa… en definitiva, como dicen en mi pueblo, se encargan de meterte los perros en danza para que el suelo que pisas se mueva bajo tus pies, a lo terremoto de San Francisco.

La cosa no molestaría tanto si tuvieran los huevos de hacerlo de frente, a la luz del día y sin esconderse. Chico, ¿te caigo mal? Dímelo, a lo mejor descubres que a ti no te aguanta ni la madre que te parió. Pero no es el caso; ellos son más de sonreírte, agarrarte por el hombro, dar dos sonoros besos cuando te cruzas con ellos por la calle y después… ¡trasca! Puñalada va.

Pero les falla el insisto… o la inteligencia, según se mire. Porque hay que ser muy torpe para no prever que, en esta profesión, llena de gente a la que le gusta más hablar que un tonto la leche, tarde o temprano esa jugarreta se sabrá. Es más, en demasiadas ocasiones tenemos que sentarnos frente al que sabemos, a ciencia cierta, nos está puteando por detrás. Debe de ser porque todo lo que tienen de desgraciados, les falta de sesera. Un jefe mío les llamaba “hijos de puta con pintas”, y les viene muy bien, porque son unos desgraciados a los que se les ve venir. Y de lejos.

La convención del PP y las europeas

Se acercan la primavera y las elecciones europeas, el tiempo de las flores, las alergias, los primeros hombros al aire y los mítines con jubilados de bocata y refresco. Sin ir más lejos, el pasado fin de semana, el PP regional se reunió en un pueblecito de Palencia para darse ánimos, preguntarse por las familias y prepararse de cara a las próximas europeas. A mi no me invitan a estas cosas, supongo que porque tienen los canapés contados, pero según la prensa, de la convención salieron todos convencidos de tres cosas: la recuperación es un hecho -a pesar de Zapatero-, Europa es importante -a pesar de Zapatero y de los Zapateros de otros países- y el objetivo del PP es ganar las elecciones -gracias a Zapatero. Este último punto, a juzgar por los discursos escuchados, es el verdaderamente importante. No descarto que discutiesen de otras cosas en privado, como del relevo de Herrera, de lo verdes que están los campos o de los topillos; pero el mensaje central fue que había que ganar las elecciones.

Esta sinceridad es de agradecer porque luego acudimos a las urnas ilusionados buscando propuestas y programas y nos llevamos una decepción. Hay que ganar y luego ya veremos qué hacemos allí en Bruselas rodeados de extranjeros. De todas formas, no creo que nadie esperase otra cosa del PP regional. Si yo estuviera en su situación haría exactamente lo mismo o algo muy parecido. Quizá con otros colores y otra fanfarria, y con menos polos de esos de las banderitas de España y menos laca, que uno tiene conciencia ecológica y miedo a lo rápido que se tienen que propagar los incendios de cabellera en cabellera. Tal vez pusiese también una zona VIP para los colegas y un saloncito con un par de videoconsolas para amenizar la fiestuqui, pero en general el resultado sería muy parecido, como mucho un poco más aburrido.

Hay que comprender al PP regional. Tras más de dos décadas de poder sin oposición, para ellos las elecciones -municipales, europeas o miss universo- son un mero trámite. El PP de nuestra comunidad birregional y conjuntiva vive en una continua y placentera siesta, una de esas de pijama y orinal, de la que solo se despierta para celebrar victorias y dar la vuelta a la almohada porque el charquito de salivilla que se le estaba formando bajo el moflete le empieza a incomodar. En Castilla y León, el PP no necesita amañar las elecciones como en Castilla-La Mancha para ganarlas sin despeinarse. Méritos propios -el PP regional es una representación fidedigna del conservadurismo tradicionalista de muchos de nuestros paisanos, lo cual es muy loable porque de eso se trata esto de la política- y deméritos de los contrarios, claro.

El PSOE de la región está como está, IU es lo que es, UPyD no termina de crecer fuera de determinadas ciudades y de los nuevos actores el que más puede preocupar al PP es Vox, pero seguramente ladre más que muerda y arañe pocos votos. De todo este, por desgracia, trámite electoral europeo, lo más interesante puede ser ver el reparto de votos en Ávila capital y lo que de ese reparto podamos inferir, con todas las cautelas que ustedes quieran, de cara a las municipales. ¿Perderá el PP votos suficientes como para ver peligrar su mayoría absoluta en las próximas municipales? ¿Se acercará UPyD? ¿En qué puesto quedará el PSOE? ¿Cuántos votos rascarán los pequeños? ¿Volveré a perder la porra electoral del blog?

Yo diría que sí, también, cuarto y pocos, pero como la respuesta a la última pregunta también es un sí, no deberían fiarse mucho de mis predicciones.

¿Pican o no pican?

pescaPapa

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