La luz al final del túnel

Como hiciera en otras ocasiones, Lorenzo Martín Muñoz nos envía la siguiente colaboración. Si tú también quieres colaborar, aquí te explicamos cómo.

_______________________________________

Hoy por hoy y si alguien no nos miente, vislumbramos que la situación, de este nuestro país, a golpe de recortes va mejorando.

Por ello, digo yo, no nos debe preocupar que el nivel de pobreza haya aumentado, que la clase media prácticamente se haya extinguido o que la distancia entre la opulencia y la inanición se haya hecho sideral. Todo sea porque la imagen de España, no la de los españoles, sea bien valorada por esa Europa que tanto nos desea y tan poco nos aprecia.

El túnel, del que todo el mundo habla, existir, existe. Que haya luz al final del túnel es posible, pero que esta se vea es una apreciación bastante subjetiva. Los neoliberales actuales están convencidos de que la salida del túnel transita, exclusivamente, por crear empleo, ya sea indefinido o, mayoritariamente como esta sucediendo, temporal o a tiempo parcial. Para ellos, lo que importa no es la calidad, sino la cantidad. Maximizando la precariedad del trabajo, subastando sueldos más bajos y regalando ínfimas condiciones laborales.

Debido a ello, debemos asumir que mejor es disponer de unas migajas, que padecer hambre y olvidarnos de aquello de que no solo de pan vive el hombre, de la cohesión entre las distintas capas de la sociedad o de la integración social a través del trabajo.

En la situación en la que nos encontramos, es difícil de entender que la paz social aun se mantenga; salvo que ello sea debido al aturdimiento, al borreguismo o al pasotismo en el que la ciudadanía esta inmersa. Fue sorprendente observar la movilización, pura y dura, de los trabajadores de la limpieza de la, hasta ahora, capital de España, o la más reciente de los vecinos burgaleses. Parecían ser de una especie distinta a la del resto de los trabajadores españoles o asalariados de otro país europeo. No, los españoles no somos así. Somos pacientes y mesurados y la concienciación ciudadana de antaño, como alternativa errónea que fue, ha quedado en los anales de la historia. A pesar de la indigencia social que nos atenaza, aun seguimos alardeando de nuestra madurez y huyendo del infantilismo que nos alerta de la decadencia de nuestra sociedad.

Parece incomprensible que, según las encuestas del Centro de Investigaciones Sociológicas y a pesar de la riada de recortes sociales que ha padecido la población, aun se mantenga, en intención de voto, la mayoría absoluta de las últimas elecciones generales. Va a ser cierto aquello de que España es diferente. Y tan diferente.

Si tenemos en cuenta que el contrato social, que tantos esfuerzos nos costo consensuar, ha sido laminado, la disyuntiva es obvia, blindar lo hasta ahora conseguido o, sumisamente, esperar las dádivas que crean que nos merecemos.

A %d blogueros les gusta esto: