Referéndum al tun tun (y IV)

(Primera parte) (Segunda parte) (Tercera parte)

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– ” ¡Pero bueno! ¡Esto es intolerable! ¡No podemos permitir que se nos despoje a los ciudadanos de nuestra propia historia! ¡Una historia que es propiedad de todos! “

– ¿Está usted bien, señor concejal?

En El Nº11 (la taberna) habían amanecido un día más con la esperanza de que el alto del coche nuevo no viniera a tirarles las copas al suelo, como acostumbraba.

El concejal, lejos de las tribulaciones del hostelero, hacía un barquito con las papeletas.

– Perdona, chico. Lo mío son las cuentas. Me dijeron que me abriera un Twitter y la lié. Ahora me han dicho que vaya por todos los bares repitiendo esta frase para convencer a los ciudadanos, pero es que no veo ninguno.

– ¿Cuantos habitantes tiene Ávila, señor concejal?

– Unos 60 mil, 49.340 bajo los efectos de la O.R.A.

– Y si son 60 mil… ¿dónde están?

**** ^*

La superintendente los había convocado a todos en lo alto del Torreón. Quería un recuento preliminar y había movilizado para ello a todos los apoderados y a los miembros de Nuevas Generaciones:

“Quiero datos preliminares pronto u os encerraré en un cercado de Lampedusa durante todo 2015. Esos cabrones no nos pueden estropear el centenario de La Santa. ¿Habéis entendido?”

– “Pero, presidenta… Lo que le decimos es verdad. No ha votado nadie todavía. Nadie”.

“Eso es imposible. Cada vez os hacen más gafaflautas. ¡Quitaos de mi vista!”

**** ^*

Mientras, en el sótano, una presencia había provocado que los concentrados se quedaran más patitiesos que Murallito sin licencia. Una voz se filtraba y se acercaba a través de los muros…

– ¿Qué tal va el diestramento de tu perro? No hay nada como ir un ratito al gyn para quitarse el stres. Lo flipas con Baum Gartner, tía.

Cuando todo parecía perdido y su escondite descubierto, una rendija se abrió entre los muros:

– Seguidme, pillastruelos, como mi sonrisa persigue a los orzuelos.

¡Era el concejal abrazable! ¡Los había salvado!

**** ^*

En el Nº11 (La Taberna), la sombra del olmedo era alargada.

– La verdad es que yo tampoco creo que sea para tanto. ¿Tú no votarías a todo que sí? A lo suyo y a lo nuestro. Si total, lo del Prado no se concreta nunca. Que lo cojan ellos y ya está.

En el lado zurdo de la barra, un arquitecto se monda con las últimas aventuras del Doctor Bacterio y pide un café.

– Un café de distancias cortas. Un café en equilibrio con la naturaleza. Un café accesible para todos. Un café con una mezcla equilibrada de usos.

Pero nadie le hace caso. En la soledad de la megápoli imposible, mira la urna – fénix urbano contenido – y marca un Sí.

**** ^*

Todas las alarmas habían saltado en la sede central operativa del corral de las campanas: Una urna, una X, un Voto. Un grito atronó por toda Ávila, retumbó en cada catacumba, se oyó hasta en el más recóndito de los escondrijos:

“¿CÓMO QUE NADIE RECONOCE AL QUE HA VOTADO?”

**** ^*

No muy lejos de allí, el viñetista pidió ser despojado del bozal.

– Creo que yo sí sé quién ha votado. Seguidme.

El concejal abrazable sacó su tandem magenta y le aupó a los pedales traseros. El resto montaron en el coche del alto y partieron hacia la Calle Arévalo.

**** ^*

– No, no puede ser. Es él.

Esta vez el que hablaba era el camarero. Había reconocido el coche y el sujeto: el que le tiraba las copas.

Los seres de luz y los colonoscópicos se adentraron al lugar. Pronto todos se reconocieron entre sí. El concejal, los barquitos, las urnas, el camarero, la mosca y el viñetista. Todos menos aquel señor que leía su Mortadelo y al que apuntaba el del removido bozal.

– Es él. Chamorro – apunto el viñetista.

– ¿Quién? –  respondieron todos al unísono.

– Chamorro. Estaba harto de que me dijeran que siempre dibujaba a los mismos, así que me puse a investigar. Y resulta que había un concejal líder de la oposición que nadie se había dado cuenta que estaba ahí. Jobar, no es que solo sepa dibujar al Alcalde, a Agustín o a concejales guapos o elocuentes… es que no sabía cómo era el líder de los socialistas, jopetas.

– ¡Ah! ¿Y qué tiene que ver eso con el referendum?

De detrás del Superhumor surgió una voz:

– Yo seré quien os reconvierta el Palacio.

**** ^*

Palacio de los Águila. Reunión de la Secreta Cofradía de la Santa Genoveva.

– A ver, Manolo. Si tu eres de los nuestros, que gobernamos la ciudad juntos como uña y carne. ¿A ti no te parece una gilitruñez  de pregunta y un atentado contra nuestra historia?

“¿Quiere usted que el Palacio de los Águila se convierta en Palacio de Superillo  o de los Illotti? Y, en caso afirmativo… ¿Quiere que le abramos un Tumblr?”

Yo lo que diga Rosa, alcalde.Es la bomba.

**** ^*

Los palos, los colonoscópicos, el concejal del mortadelo y el concejal abrazable estaban siendo seguidos desde que salieron del bar. Unos agentes de la O.R.A. recibían sus órdenes desde las Local Corps del Lienzo Norte.

– Es el momento de acabar con esta farsa.

Justo en el momento de ir a entregar la urna y el voto en los Águila, el concejal elocuente y el abrazable interceptaron a la compañía. Tras ellos, un ejército clon de followers de la cuenta oficial de twitter del grupo municipal y dos agentes de la O.R.A.

– Entregad las urnas o esto acaba peor que un concierto de Las Cheerleaders Asesinas con Willy invitando a Jagermeisters.

Y fue en ese momento cuando la zorra de pelo largo sacó una tijera, cortó sus melenas y exclamó:

“Soy un palo, un palo, nada más que un palo. Un paaaalo”

Hasta el trípode de los discursos del alcalde se había quedado congelado.

“Esto es un blog, una bitácora, un rincón de opinión y desahogo. No somos nada, nunca quisimos ser nada. No tenemos la importancia que se nos da. No somos capaces de reunir más que un solo voto en nuestro referéndum. No hacen falta toques, llamadas ni advertencias veladas. La gente está leyendo el Marca, paseando a los niños en la pista de hielo, cambiando cromos en el Teto: no está leyendo el blog. ¡Sois vosotros los que lo hacéis!”

Murmullos de aprobación. Viñetistas persiguiendo moscas.

“Dicho lo cual, si queréis darnos el palacio para que lo dirija el de los ojos azules y así tener controlados a los de La Colonoscopia, tampoco nos vamos a quejar”.

Sonó entonces una dulzaina. Era él, el hombre que vino del barco:

“Está bien, que no cunda el pánico. Que sea todo el mundo libre, que cada uno escriba lo que quiera, que se fomente el espíritu crítico, que Illo haga una viñeta con socialistas y que nos abramos un fondo de pensiones si nos sabemos la canción de la Abeja Maya…

… porque nosotros seguiremos gobernando y, chicos, al fin y al cabo… nunca os habéis planteado presentaros a unas elecciones ¿no?”

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