Referéndum al tun tun (II)

Ya sabéis que esta semana estamos con nuestro tradicional relato a cuatro palos, relato que comenzó ayer Pablo y que hoy continúo yo. Detrás vendrá Alberto a continuar con el tema…

Referéndum al tun tun (II)

Acabada la rueda de prensa, el Alcalde se metió en su despacho. El habitual comité de expertos estaba esperándole con cara de circunstancias. Cabezas bajas, miradas al suelo y manos atrás. El Alcalde tomó asiento y dijo con aparente enfado…

Quiero a esos cuatro papanatas colgados del Arco de San Vicente en menos de 24 horas o seréis vosotros quienes recibáis a los turistas con un bonito nudo en el pescuezo. ¿Os queda claro?

Se oyó como a alguno de los presentes le costaba tragar saliva…

Son cinco señor, y…

La frase quedó interrumpida por el estruendo de una mano abierta golpeando con violencia la mesa.

¿Son cinco, señor? ¿Son cinco? – Dijo con tono burlón.

Sssss… Sssí, señor… Cinco. – Consiguió decir el más guapo de todos los presentes con voz demasiado temblorosa…

PUES A LOS CINCO. – Gritó contundentemente el Edil. – Y NO QUIERO FALLOS. Hay mucho en juego… – Concluyó. – ¿Qué cojones esperáis, un autógrafo? ¡¡¡¡VAMOS FUERA DE AQUÍ!!!!

Disculpe señor… – Casi no se atrevía a preguntar otro de ellos que, con exquisita educación y una elocuencia jamás vista en el interior de la muralla, comentó. – Los despreciables opinadores que convocan tan estúpido e inútil referéndum está apoyados por otros amiguitos a los que la inclusión de una segunda pregunta en la ilegal consulta popular ha animado a defender la respuesta positiva ante el populacho, cosa por otro lado ilógica, y que me parece una gran desfachatez. ¿También los quiere adornando algún arco o hacemos valer nuestra mayoría absoluta en los plenos para poder condenarles de forma legal a sufrir como nadie lo ha hecho hasta ahora a este lado del Adaja?

Vosotros, todos fuera de aquí, dejadme solo con él… Y encontradles a todos, a esos otros también, vamos a ver cómo podemos hacerles sufrir.

Salieron todos de la sala sin decir nada más, parecían tener prisa por dar caza a los convocantes del referéndum. Una vez solos el elocuente y el Alcalde, éste preguntó:

Dime, retorcido amigo… ¿Qué se te ha ocurrido para esos de La Colonoscopia?

—————————————————

Mientras, en el sótano, la imprenta clandestina funcionaba a pleno rendimiento, en concreto a 16 copias por minuto por cada una de las dos impresoras HP 2014 que no paraban de sacar octavillas. La aparición de los ordenadores y las impresoras láser había simplificado bastante lo de tener una imprenta clandestina en el sótano.

El error y la caída de la patinadora francesa aún seguía en su retina y los ánimos estaban bastante bajos. Ninguno de ellos contaba con aquella caída y mucho menos con lo que estaba por pasar, y es que… Si algo puede salir mal… Saldrá mal.

– ¡Mierda! No tenemos suficientes octavillas y nos hemos quedado sin tinta… – Exclamó el de voz profunda y varonil. Todos se quedaron petrificados, se miraron… Bueno, todos no, el viñetista siguió persiguiendo su mosca…
¿Qué hacemos? – Preguntó el de ojos azules… Salir a la calle podía llevar a mal puerto sus planes, ese referéndum era demasiado importante como para cometer un error y dejarse atrapar.
Me voy, yo iré a por tinta. –  Dijo el cuarto en discordia. Era un tipo bastante normal, alto, eso sí. No se metía en líos si el DyC no inundaba sus venas y, en aquel sótano no había DyC así que ninguno entendió ese paso adelante pero él estaba decidido… – No conocen mi coche, es nuevo y aún no lo han fichado. Yo iré a por tinta, la tienda está a pocas manzanas de aquí. No creo que sea muy difícil, ahora mismo están aún reunidos sin saber donde comenzar a buscar.

Todos se miraron, no era mala idea, sin duda, si había una posibilidad de continuar con la consulta era esa.
Está bien… – Dijo el de pelo largo. – Llévate al viñetista y si la cosa se pone fea le quitas el bozal para que les insulte un poco, así te dará tiempo a escapar de ellos en medio de la confusión.
¿Y qué hacemos con los otros? ¿Con los de la Colonoscopia? – Tenía razón. Esos listos se habían subido al carro del referéndum y no estaban dando palo al agua.
Coge los cartuchos de tinta y pásate a por ellos, seguro que están escondidos en su casa intentando pasar desapercibidos. Será mejor que traigas a esos tres con nosotros. – Dijo el de los ojos azules…
Bien dicho, pero ya no son tres, uno se pasó al enemigo. Solo quedan dos. Aún así nos será útiles así que no hay tiempo que perder. Corre tanto como puedas y parte ya, que salen a patinar los japoneses y nos lo estamos perdiendo…

La puerta se cerró tras el tipo del coche nuevo y el viñetista, los otros tres se quedaron mirando TeleDeporte como si prestasen atención a la pareja de japoneses pero sus cabezas ya no se concentraban en la competición. Con la francesa fuera de juego sus pensamientos se centraban en que todo saliese según lo previsto. De no ser así, sabían que tendrían que soportar sobre ellos todo el peso de la Justicia… Y esa idea no les hacía mucha gracia.

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