Referéndum al tun tun

Como ya hicimos en los dos años anteriores (con ‘Ávila, universo par’ y ‘Clandestinos’), aprovechamos estas fechas para hacer un relato conjunto entre los componentes de este blog. Uno lo comienza y el resto van siguiendo la historia por donde buenamente pueden. Suelen salirnos monstruos de dos cabezas y gamusinos. A ver qué ocurre esta vez:

Referéndum al tun tun

“¿Alguna pregunta?”, dice el alcalde al acabar la rueda de prensa.

Una mano se levanta al fondo de la sala.

“Sí, yo quería saber su opinión sobre el referéndum convocado desde el blog…”

El regidor no deja acabar la pregunta. Sabía que esa cuestión saldría a la palestra y estaba preparado.

“Quiero dejar claro que esa consulta no se celebrará porque es totalmente ilegal –señala–. Ni yo ni ningún alcalde podemos consentir que se les despoje a los ciudadanos de su propia historia, no podemos negociar sobre algo que es propiedad de todos”.

En algún momento durante su breve discurso, el regidor ha golpeado la mesa. Ceño fruncido, mirada fija a cámara, rotundidad y contundencia en sus palabras. Alguien con un oído muy fino incluso podría descubrir un leve rugido interno al final de las declaraciones. El mensaje estaba lanzado.

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A unos pocos metros de allí, cuatro hombres y un viñetista con bozal, ocultos en un oscuro sótano, miran la televisión. Aprietan los puños y contraen sus rostros en una serie de muecas imposibles. La tensión es evidente e incluso aparece alguna lágrima. Siempre vivieron el patinaje artístico con mucha intensidad.

Uno de ellos recibe un WhatsApp: “Poned La 8 de Castilla y León, capullos. Están hablando de vuestro referéndum”. Llegan justo a tiempo para ver al alcalde rechazando su propuesta. La desolación es total cuando, al volver a poner TeleDeporte, descubren que la patinadora francesa ha caído al hielo tras una pirueta imposible.

Nadie se atreve a levantar la mirada del suelo después de algo así. Solo el viñetista, que persigue una mosca por la habitación entre risas –hacen eco debido al bozal–, parece impasible al desánimo. El hombre que tiene el pelo largo es el primero en reaccionar. “Tenemos que hacerlo por ella”, dice después de limpiarse las lágrimas.

Y con la mente puesta en su patinadora favorita, los cincos se ponen a imprimir, en una pequeña imprenta clandestina –todo sótano que se precie tiene que tener una–, las papeletas de su referéndum. La fórmula de la doble pregunta fue algo necesario para que La Colonoscopia se sumara a la consulta.

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