El pelota

“Me pasé no hace mucho por vuestra taberna en la red y estáis algo más flojitos“, me reprochó el muy canalla.

La memoria escocesa turba mis recuerdos pero recuerdo a ciencia cierta que el prócer no era de complexión recia ni seco de carnes; siempre le había dado fuerte cuchara al desayuno parlamentario. Tampoco puede decirse que fuese enjuto de rostro, aunque en días como estos todos andemos con las legañas en la niebla. Ni siquiera hablamos de un gran madrugador salvo que nos refiramos a amanecer pronto para subirse a los esquís, pongamos que en Riaza.

Nunca vivió mal, supongo, aunque en invierno vista de pana.

“El truco está en pillarles la debilidad a los que están arriba. Y todos tienen la misma: el buen comer y que les den la razón”.

Su debilidad, ya lo adivinan, era la de soltar carrete cuando el anís se asienta, así que pedí otra ronda.

“No es cuestión de mamar años en las tropillas internas y aplaudir en los mítines. Hay que saber llegar pero sobre todo quedarse. Al pelota común se le desprecia porque se le ve venir. Hay que identificar cuando el jefe necesita una barra de bar y una sonrisa dispuesta: A mediodía con buen vino y un jamón, a la noche invirtiendo el orden y añadiendo picante cuando es necesario”.

Pasamos al café – con unos chorritos de alegría – mientras intentaba localizar con la vista unos taquitos de jamón que alargaran la sobremesa…

“Y entonces un buen día te lanzan la confidencia y ya tienes algo con lo que negociar. Pero no lo haces de inmediato, sino con el tiempo. Primero te has convertido en valioso, por escuchar y por callar, y más aún por no incordiar. Entonces un día te ofreces a comerte un marrón que era suyo, te ensucias las manos. Y al poco tiempo le descubres un lugar discreto, alejado de los sucios periodistas y de las miradas inquietas. Un sitio en el que todos los que estén compartan camaradería discreta y buen yantar. Ahí ya es tuyo, eres su caballo de confianza”.

Los taquitos del jamón, eso sí lo recuerdo, eran excelentes.

“Siempre tuve claras las reglas pero cada vez está más difícil. Muchos lo intentan y no van a llegar, se van a equivocar de bando.  Si te lees las encuestas aquí nadie tiene ya el sillón asegurado. Lo que nos puede salvar es la llegada de trepas a las otras filas. En este negocio no hay santos y las puñaladas no conocen de carnet de partido.Va a ser una batalla fea, no os va a faltar menú para la taberna”.

La camarera nos seguía desde lejos, discreta. Nunca he sabido cuánto hay que dejarles de propina.

“A los que intrigan los reconocerás el día de los escrutinios, mirando al móvil con sonrisa nerviosa o con pánico en los ojos. Cuchicheando con alguien en el auricular. Pero esos no son los verdaderamente peligrosos, los peligrosos son los que estarán esperando detrás del líder, aguardando el momento y dejando pasar y morir a los encontradizos y advenedizos. Con calma, el timing, ya haya caído o ganado, para hacerle recordar con una mirada o un apretón de manos que están ahí, que siempre estuvieron ahí, que qué hay de lo suyo. Y esos somos los que siempre estamos, los que nunca perdemos. Tal vez me llames pelota pero yo lo llamo supervivencia y vieja política”.

La cuenta, por favor.

“Escríbelo dentro de un tiempo en vuestro blog ese, anda. Y adórnalo un poco, que parezca de los otros o de los de en medio. Total, creo que a la siguiente no me presento. O tal vez sí, que fuera hace mucho frío. Qué coño, Negro, tómate otro anís que hay una niebla del demonio ¿A ti no te gusta esquiar? Pues deberías.”

Ni esquiar ni el gin tonic. Siempre nos quedará la quiniela.

* All characters appearing in this work are fictitious. Any resemblance to real persons, living or dead, is purely coincidental.

One Response to El pelota

  1. Guillermo B. says:

    Ya lo decía don Pío, “gane quien gane ganarán los nuestros”…

    ¿Y al López ese le gusta el jamón con gintonic? Pues vaya gourmet de mis narices. Podrán ser pelotas, pero a los políticos les exijo al menos gusto culinario…

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