Aquí

Como todos ustedes sabrán, en las ciudades pequeñas cada estornudo es una noticia, el Murallito no volverá a salir de su andén. El entrañable tren turístico que paseaba por la ciudad a visitantes, turistas y abulenses dejará de recorrer sus calles a finales de este año, dando paso a un nuevo vehículo turístico del que hasta el momento poco o nada se sabe. No voy a entrar en el tema jurídico-administrativo-burocrático que tanto está dando que hablar porque lo desconozco por completo.

El Murallito es un símbolo de nuestra ciudad, que duda cabe, y es normal que muchos abulenses se sientan afectados por su desaparición. A ese factor sentimental se suma, en estos tiempos de crisis, la solidaridad ciudadana con aquellos que van a perder su puesto de trabajo. Todo esto -sumado al cabreo social generalizado que hace que cualquier decisión de las administraciones se vea como un ataque contra algo- ha llevado a que un grupo de abulenses impulsen y firmen una petición en una famosa plataforma dedicada a ganar dinero con estas cosas solicitando al Ayuntamiento que permita que el Murallito siga con vida, compartiendo las calles con su juvenil sustituto.

Yo, como buen abulense, soy conservador en las costumbres, el vestido, la comida, la bebida y los aparatos a motor -solo de pensar en tener que retirar mi pequeño utilitario se me ha hecho un nudo en el estómago y he tenido que bajar al garaje a pedirle perdón por semejante pensamiento-. Además, en alguna parte del armario tengo un título de Licenciado en Historia, lo que me convierte en fetichista de todo tipo de cachivaches, tradiciones, anastros*, folclore y dulces típicos. Soy firmante potencial de la citada petición, pero no la voy a firmar y les voy a explicar por qué.

No voy a firmar esa petición porque, más allá del contenido, que a ustedes les puede parecer importante o una nimiedad de provincias, la citada petición incluye una frase propia del campanarismo más recalcitrante, excluyente e infantil habido y por haber. La citada petición dice: “Tres personas irán al paro el 31 de diciembre, y serán sustituidos por una empresa que no sabemos que servicios prestará, si contrará a gente de Ávila” ¿Cómo que no sabemos si contratará a gente de Ávila? ¿Acaso solo tienen derecho a trabajar en Ávila los abulenses?

No quiero alarmarles -ni aburrirles hablándoles de principios, legalidades y sentido común- pero imaginen por un momento que eso se convierte en ley y que se propaga por todos los sitios. De los cinco autores de este blog, dos irían de inmediato al paro al grito de “Lo de aquí para los de aquí”. Todos los abulenses que ha ido a ganarse el pan fuera de nuestra ciudad tendrían que volver tras ser expulsados de sus trabajos por su condición de extranjeros. ¿Cuántos abulenses trabajan en Madrid o en Valladolid? ¿Se puede estudiar en un sitio donde no se ha nacido o traemos de vuelta a nuestros jóvenes que estudian fuera por si les empiezan a tirar piedras? ¿Rodeamos nuestros puestos de trabajo con concertinas para que no se apropie de ellos ningún no-abulense?

Es más ¿por qué el límite tiene que ser la ciudad? ¿Es justo que en mi barrio trabaje gente que no viva en el barrio? ¡Fuera Sanantonianos de la Toledana! ¡Hervencianos go home! ¿Y mi calle? ¡Mi calle para los de mi calle! Siempre hay un “aquí” al que no pertenecemos.

Es normal sentirse más afectado por lo que le sucede a un vecino que a un desconocido. Es un sentimiento tribal muy humano. También es normal el sentimiento de pertenencia, valorar las raices personales y la cultura de un lugar. Este blog sin ir más lejos surge en parte de ambas cosas, de la preocupación por lo más cercano y del sentimiento de pertenencia de los firmantes. Pero una cosa es eso y otra muy distinta tener enroscada hasta las orejas la boina que nos impide ver lo que está más allá de nuestras narices o de nuestras raíces.

Un buen número de abulenses viven y trabajan, por gusto o necesidad, fuera de nuestra ciudad. Además, el futuro es incierto y uno nunca sabe dónde va a acabar. Piénsenlo antes de decir o firmar según qué cosas. Si no lo hacen por principios, háganlo por aquello de no hacer a los demás lo que no nos gustaría que nos hicieran a nosotros.

__________

*El término “anastro”, que podríamos sustituir por trasto sin valor o “figurita sobre el televisor”, es una palabra propia del suroeste de Salamanca que me he propuesto impulsar y promocionar hasta que la RAE la acepte en su diccionario. Úsenla sin miedo.

A %d blogueros les gusta esto: