Visitando Caprotti

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El pasado mes de septiembre, coincidiendo con la celebración del vigésimo aniversario de la fundación del grupo de ciudades patrimonio de la humanidad, las fuerzas vivas de la ciudad, acompañadas por otras personalidades y por la banda de música, visitaron por primera vez el museo dedicado a la obra de Guido Caprotti ubicado en el que fuera su hogar, el Palacio de Superunda o Palacio Caprotti. Las crónicas sociales de la época nos cuentan que todo fue maravilloso, extraordinario y de muy buen gusto: las mujeres muy guapas, los hombres muy apuestos, el vino fresquito y la música muy agradecida.

Un mes después, coincidiendo con las festividades para honrar a la patrona de la ciudad, el museo se abrió definitivamente a todos aquellos que lo quisieran contemplar al módico precio de tres euros. Era el punto final, o eso parece, a una larga historia que comenzó en 2006 y que supo mantener el suspense, la intriga y el dolor de barriga hasta el final, a pesar de un innecesariamente largo último capítulo que se venía arrastrando desde que el Ayuntamiento recepcionó las obras en enero de 2012.

¿Ha merecido la pena la espera? A estas alturas, confieso que este no es un post de actualidad, muchos de nuestros lectores ya habrán visitado el nuevo espacio y habrán sacado sus conclusiones -que les invitó a compartir, como siempre, en los comentarios- pero otros muchos aún no habrán podido acercarse. Los4Palos, servicio público, y yo mismo, servidor público a ratos, les traemos este post con algunas reflexiones, opiniones y maldades; y una bonita galería de fotos con algunas piezas para que ustedes puedan opinar con fundamento en comidas familiares, tertulias laborales y barras de bar.

Primero, una reflexión general: casi todas las opiniones que había leído o escuchado acerca del museo eran negativas, así que acudí a la visita preparado para encontrarme lo peor: un desastre carísimo merecedor de un ataque con napalm al amanecer. No salí del museo abrumado por lo acertado de su concepción y puesta en marcha, es verdad, pero tampoco es aquello el desastre que me temía.

Continente

El Palacio de Superunda es un palacete renacentista, construido a finales del S. XVI por el regidor Ochoa Aguirre. La conversión de un edificio de estas características en espacio museístico tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Entre las ventajas podemos señalar que el valor patrimonial del inmueble se suma al de los fondos del museo y que al dotar al edificio de una nueva función se le salva del abandono y la ruina. Además, en el caso que nos ocupa, el Palacio se ha dedicado a acoger las obras de su último huesped, por lo que parece aún más oportuna su musealización.

Pero como decíamos más arriba, este tipo de actuaciones también tiene sus inconvenientes. El principal, que las características de los espacios preexistentes no siempre se pueden adaptar a sus nuevas funciones y esto influye en el desarrollo de la exposición. En el actual museo se combinan las estancias del palacio renacentista -según los medios, se han intentado eliminar todas las reformas posteriores- con una edificación de nueva planta, construida sobre la antigua piscina, destinada a las exposiciones temporales. La comparación de estos espacios -teniendo en cuenta que la libertad no era total tampoco en el nuevo ala- nos permite observar las limitaciones que a efectos museísticos presenta el palacio: espacios amplios, abiertos, diáfanos y modulables frente a salas estrechas y laberínticas separadas por pequeñas puertas o pasillos; luz mayoritariamente natural frente a ventanucos. Luego volveremos sobre esto y sobre cómo afecta a lo expuesto. Otro aspecto es sin duda la accesibilidad del edificio. A pesar de las estrecheces, a la mayor parte de la exposición se puede llegar mediante rampas o a través del ascensor, menos a las caballerizas del mismo, destinadas, según informa un cartel, a ser la futura tienda del museo. Y un consejo: si quieren visitar el excusado, situado junto a las antiguas cocinas, y miden más de 130 centímetros, bajen en ascensor si no quieren sentir en su cabeza lo que sintió el Lazarillo contra aquel verraco a las orillas del Tormes.

En general, la restauración del Palacio me parece correcta, con algunos detalles interesantes, y me gusta mucho el nuevo espacio dedicado a exposiciones temporales, que además, si no me equivoco, cuenta con acceso propio desde el exterior en las traseras del Palacio.

Último punto antes de pasar al contenido: las chapucillas. Yo nunca me he metido en reformas en el hogar, pero supongo que los flecos sueltos, las clavos torcidos y las cosas por rematar son normales. El Palacio también tiene sus cosillas, a pesar de que no parece que hayan sido precisamente las prisas por abrir -la obra lleva terminada casi dos años- las responsables: cables sueltos, colgando, pasillos cortados por extintores, luces que no funcionan, escaleras que no llevan a ninguna parte pero que no tienen extintores -se habrían acabado- para cortar el paso, etc.

Una "perfomance" sobre la futilidad de la vida

Una “perfomance” sobre la futilidad de la vida

Contenido

Aquí hay mucha tela que cortar. En general, no me gustó lo que vi, y no hablo de las obras expuestas, si no de cómo están expuestas. Las limitaciones del espacio de las que hablábamos aumentan si no se hace nada por atenuarlas. El recorrido por la muestra es un caos en primer lugar por la arquitectura del edificio, en segundo lugar porque no hay indicaciones ni están las salas numeradas, y en tercer lugar porque, al estar todas las puertas de todas las estancias del Palacio abiertas, es difícil acertar cual es el camino correcto. Esto lleva, por ejemplo, a que tras pasear por tres salas llenas de retratos de mujeres encuentres la explicación al conjunto en un rincón al fondo de la última sala. Este es otro tema ¿Dónde han ido a parar los 85000 euros invertidos por la Junta en cartelería? La información sobre el contenido brilla por su ausencia y cuando está es monolingüe (adiós a la internacionalización) y superficial. Es más, en varias salas las piezas -obras pictóricas, tapices, mobiliario y esculturas- están sin identificar. Tampoco hay, de momento, un folleto que te acompaña en la visita, ni hojas de sala que profundicen en el contenido de la obra.  

Moisés y sus clones en el campo buscando níscalos

Moisés y sus clones en el campo buscando níscalos

La distribución de la colección por los distintos espacios parece aleatoria y carece de un discurso vertebrador, mal que, por otra parte, afecta a todo lo relacionado con el turismo y la cultura en la ciudad. Si esta es la distribución definitiva de los fondos, se ha perdido una buena oportunidad de, utilizando la obra de Caprotti como soporte, explicar una parte fundamental de la historia reciente de la ciudad abandonando los manidos tópicos del ambiente castellano, el recogimiento, el frío y la dorada luz sobre las murallas al atardecer.

Tampoco se ha llevado a cabo una idea que, según las declaraciones recogidas en los medios, estaba en las cabezas pensantes del proyecto: recrear una estancia del palacio renacentista, lo que los guiris llaman una “period room”. Y es una pena, porque aunque la restauración del Palacio me parece correcta, todo él luce un aspecto aséptico, plano y frio. Nada que ver con la imagen que en su día tuvieron las estancias del Palacio y que pueden ustedes contemplar en Flickr. Es una pena que, por ejemplo, la sala de los tapices, con las limitaciones y adaptaciones que impone el discurso museístico, no se haya vuelto a montar tal y como estaba.

Decía hace pocas líneas que el museo presenta un aspecto frío, pero es que además hacía frío. Desconozco si fue un problema puntual del día que lo visité o es una medida de austeridad, pero ninguna de las salas estaba climatizada. Esto provocaba que la temperatura de las salas, que se puede consultar en los termostatos presentes en cada una, variase entre los 12 y los cinco grados. Esto no es solo una incomodidad para el visitante, que en invierno tendrá que pasear con bufandita por el Palacio, sino también un riesgo para las obras de arte expuestas y recientemente restauradas. La primera labor de un museo es velar por la conservación de sus fondos y aquí el Museo Caprotti suspende.

Lleven guantes

Lleven guantes

Y no solo por el frío. Según me informaron en recepción, ahora hablamos de los recursos humanos, las fotografías con flash están permitidas. Otro error. Fotografías sí, flash no. Las piezas no pueden estar expuestas a los repetidos fogonazos de los flashes si se quiere asegurar su conservación.

A pesar de llevar casi dos años terminada la obra, el Ayuntamiento ha abierto el Museo con prisas. Se nota en los remates de la obra, en la ausencia de información, en la climatización de las salas, en los pasillos cortados con extintores y en el personal. El Ayuntamiento ha desplazado hasta el Museo, al parecer, a personal de otros servicios, escaso y no formado para su nueva ocupación, que intenta suplir todo esto con voluntarismo. Nada que reprocharles a ellos, que hacen lo que pueden, y mucho que reprochar al Ayuntamiento, que improvisa hasta lo más elemental. El día que visité el Palacio había tres personas trabajando, las tres en recepción, las tres abrigadas hasta las orejas. El Museo necesita, a ojo de buen cubero, al menos seis o siete personas en plantilla, formadas, distribuidas por distintos puntos del mismo para responder a las dudas del visitante y velar por las obras expuestas. Dudo mucho que si me hubiese dado por retocar alguna de las pinturas con spray, alguno de los trabajadores hubiese llegado a tiempo de evitarlo.

Conclusión

El Ayuntamiento afirmó en su momento que lo que íbamos a contemplar en el Palacio de Superunda/Caprotti era algo más que una exposición de la obra del pintor italiano, un Museo de la Ciudad, se refiriese con esto a lo que se refiriese -el que escribe estas líneas nunca tuvo claro qué nos intentaban vender. De momento, de aquello nada. El nuevo museo se limita a exponer, en mi opinión de forma simple y superficial, la obra de Guido Caprotti y la de otros pocos autores. Inexplicablemente, el Museo parece haber abierto con prisas de última hora y tiene por delante un camino casi tan largo como el que ya ha recorrido. En los tiempos que corren, una institución museística no puede limitarse a abrir sus puertas durante un horario concreto y exponer con más o menos gracia una serie de obras. Un museo tiene que ofrecer más que sus obras y la sociedad tiene que exigirle más a un museo. Desconocemos cuales son los planes del Ayuntamiento para el futuro del museo -si es que hay planes-, qué pretende hacer con él, si se le va a dotar de personal y de recursos, si se van a programar actividades o exposiciones, si se van a fomentar las visitas escolares o si se van a desarrollar actividades didácticas o educativas.

Nos toca seguir esperando la llegada del museo, aunque esta vez el edificio tenga las puertas abiertas.

14 Responses to Visitando Caprotti

  1. Guillermo B. says:

    ¡¡¡¡ Musealización !!!! ¡¡¡ Ha dicho musealización !!! A la hoguera con él, a la hoguera…

    Por otro lado, el señor Caprotti ese pintaba bien, pero le pirraban los desnudos. Además de la señalética (me voy a la hoguera con Alberto), yo pediría que se pongan rombos a la entrada de las salas que lo requieran, que más de un púber se lo va a pasar pipa por 3 euros de nada…

  2. santilujan says:

    Gracias por tu entrada hoy en el Blog, detallada, experta, critica y rigurosa.

    No he visitado aún el edificio. Espero que cuando lo haga me guste el Museo.

  3. Aitor says:

    Parece que no se dice nada sobre lo que se ha perdido.
    Heredamos un palacio de lXVI totalmente amueblado y ambientado, y se ha destruido para exponer torpemente una muy buena colección de pintura, que podría haberse expuesto en casi cualquier otro sitio. No estaría de mas mostrar las fotos de lo que se ha perdido, para que se pueda comparar con lo que nos han dado a cambio.

    • Guillermo B. says:

      No hemos heredado nada, lo hemos pagado, y bien…

    • Alberto Martín del Pozo says:

      En el post se dice: “Y es una pena, porque aunque la restauración del Palacio me parece correcta, todo él luce un aspecto aséptico, plano y frio. Nada que ver con la imagen que en su día tuvieron las estancias del Palacio y que pueden ustedes contemplar en Flickr. Es una pena que, por ejemplo, la sala de los tapices, con las limitaciones y adaptaciones que impone el discurso museístico, no se haya vuelto a montar tal y como estaba.” Los enlaces conducen a la galería de Flickr con las fotos (No las podemos subir directamente al post porque tendríamos que solicitar permiso para hacerlo)

      Personalmente -recalco que esto es una opinión personal- habría mantenido un par de salas tal y como estaban, por ejemplo el salón de tapices, la capilla o la salita de lectura; pero no todo el palacio. Y aclaro que “mantener tal y como estaban” supone desmontar el contenido, restaurarlo, rehabilitar todo el palacio y volver a montarlo. Quizá, crucemos los dedos, esto todavía es posible. Me explico: el Ayuntamiento es tan poco transparente que igual tiene planeado hacerlo en un futuro y no nos lo ha dicho. Los tapices están, una parte del mobiliario está ya expuesto, el cristo de la capilla está, etc.

      No estaría de más que el Ayuntamiento hiciese público el Plan Museológico del Palacio -soy un tipo optimista y supongo que lo tiene redactado- y nos explicase qué pretende hacer con el Museo. Igual aún no está todo perdido o se puede recuperar algo.

      Gracias por comentar 🙂

      • Guillermo B. says:

        >>> No estaría de más que el Ayuntamiento hiciese público el Plan Museológico del Palacio

        Visto tu post, lo que parecen tener es un Plan Museoilógico… 🙂

  4. Guillermo B. says:

    Respecto a tu aseveración (que comparto) de que se ha abierto con prisas, y de que está infradotado en personal, te pregunto, Alberto: Si a la vista de las estrecheces de las arcas municipales, y teniendo en cuenta que servicios que pudieran ser considerados más acuciantes para la ciudad están también faltos de dineros, hubieran optado por dejarlo cerrado unos meses o quizás años más, ¿serías partidario? ¿andaríamos de quejas sobre el palacio ese en el que nos hemos gastado una pasta, pero que no abrimos? No abogo por lo uno ni lo otro, porque creo que en estos temas transitamos por la tenue línea que separa el practicismo de lo óptimo.

    Y lo de mantener alguna de las salas como estaba, pues como que no sé… Seguro que el buen Guido, cuando llegó, también hizo su remodelación, mobiliario y estructura y el anterior lo mismo, y el anterior… Las fotos del flickr son molonas, pero representan lo que un palacio o casona en Ávila era en el XIX, no lo que fue en el XVI. Mucho dosel, mucho bargueño y silla incómoda, mucha loza por las paredes. El salón de tapices, cargado y tenebroso, en cuanto se le pusieran dos focos la cosa perdía. Los suelos, en general inviables para un tránsito de turisteo. Lo del altarcito con doble puerta de San Juan y la Santa, kitsch cuando menos. Como museo costumbrista pase, pero poco práctico.
    Yo, si alguno, dejaba el Salón de Desnudos, o esas tauromaquias de Goya con cuernos por medio.

    • Alberto Martín del Pozo says:

      Si el Ayuntamiento no puede asegurar unas condiciones mínimas para el museo en lo relativo a seguridad, conservación de las obras, seguros y personal; yo no habría abierto el museo. Ahora bien, tampoco habría mareado la perdiz diciendo que está en estudio su modelo de gestión, que está al 99% o que se abrirá en próximas fechas. Una rueda de prensa -con sus correspondientes fotos para el Diario- diciendo que no hay dinero para mantener el museo abierto y que se abrirá cuando haya dinero y punto. ¿Que íbamos a criticar al Ayuntamiento? Pues seguramente. Le habríamos sacado partidas más absurdas que recortar, le habríamos recordado anteriores ruedas de prensa, etc; pero el Ayuntamiento podría argumentar que ha tomado una medida que considera necesaria. Gobernar no es contentar a todo el mundo.

      Ahora bien, seguramente haya una “tercera vía” que pasa por reducir al mínimo los gastos del Museo abierto: cerrar estancias, guardar en almacenes acondicionados la mayoría de las obras e irlas rotando hasta que lleguen tiempos mejores y más gloriosos. Por ejemplo, se podía haber limitado la apertura a la primera planta del Palacio o incluso solo a la nueva sala de exposiciones temporales. Así sería mucho más fácil asegurar unas condiciones mínimas para lo expuesto y para el público. Seguramente también se habría criticado, pero igual que antes el Ayuntamiento podría haber construido una buena argumentación para esa medida.

      Respecto a lo otro, yo mantendría las salas por acercar más el museo a la figura de Caprotti, que para eso es su museo. Las fotos, como dices, no son el retrato de un palacete del S. XVI sino de una casona de principios del XX -el palacio es más del XVI ahora que cuando lo habitaba Caprotti. También se podría haber aprovechado para explicar cómo vivía la burguesía de la época y cómo era la sociedad de Ávila en aquellos momentos. Evidentemente, como digo en el texto, esas salas se tendrían que haber adaptado a los requisitos que exige un museo hoy en día: espacios, accesibilidad, protección contra incendios, iluminación, etc. No serían las mismas, pero sí parecidas y habrían sido un interesante recurso expositivo.

  5. Guillermo B. says:

    Por cierto, acertado título del tapiz mostrado, aunque dudo que los lactarius deliciosus se dieran por el Sinaí… Lo que sí que se deriva de los cuernecillos que todas las réplicas del patriarca tienen es que Séfora era una pécora…

  6. Evidentemente, si hubiera existido un plan museológico la mayoría de los defectos que comentas no existirían. No soy capaz de entender por qué las instituciones colaboradoras no vigilan mejor el destino de los dineros públicos que “traspasan” a estos proyectos… Bueno, a lo mejor sí lo entiendo.

    Una de las mayores preocupaciones es determinar si existe suficiente rentabilidad cultural en la actuación, pues económica está claro que no. Y una vez analizado valorar si mereció la pena.

  7. casasgredos says:

    Reblogueó esto en http://www.casasgredos.comy comentado:
    Museo del pintor Caprotti, en Ávila, localizado en el Palacio de Superunda.

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