Hasta en la sopa

Yo de pequeño no era hiperactivo, ni excesivamente molesto, o al menos eso quiero recordar. La memoria es más un diario parcial de la realidad, intuida esta tras dos docenas de capas de cristales de colores, que un registro fiel de los hechos con pruebas periciales, reconstrucción forense y Grissom y House cojeando juntos camino de un prostíbulo. Me recuerdo más bien hipoactivo, si es que esta palabra existe -como lo sigo siendo no me he molestado en mirar si el término figura en algún lado o estoy a tiempo de solicitar la patente-, un chaval majete, de mirada cautivadora, leyendo cómics de Mortadelo y Filemón sentado en un sofá. El hijo, nieto, sobrino, novio, vecino, hermano que todos ustedes han querido siempre tener. No sé en qué momento se torció la cosa y terminé escribiendo por aquí en compañía de cuatro impresentables -tres escribidores de tres al cuarto y un pintamonas aficionado al Paint- pero sobre ese particular ya indagaremos otro día.

Hipoactivo era e hipoactivo sigo siendo, es muy difícil que un hombre cambie cumplidos los seis años. Un tipo tranquilo, pausado, poco dado a aspavientos. De la meseta. Por eso en las últimas semanas me produce tanto agobio y fatiga acercarme a la actualidad abulense. Un fuerte dolor en el pecho que solo se atenúa tirándome en el sofá, tapándome con una mantita y recitando con los ojos cerrados frases inconexas de Punset y Coelho. Abres el Diario y te encuentras a miembros del equipo de gobierno en todas las páginas, haciendo toda clase de cosas en toda clase de lugares. Un concejal por aquí, otro por allá, uno más en esta esquinita, el Alcalde en portada, en contraportada -menos mal que el Diario no es el As- y páginas interiores. Lo mismo pasa en los digitales: Tribuna de Ávila parece en ocasiones el Facebook del Alcalde -el otro día en portada había cinco fotos suyas- y ÁvilaRed, aunque de forma más comedida, no puede evitar seguir la actualidad del consistorio convirtiéndose en una agenda gráfica de las cosas notorias que hacen nuestros concejales. Y encima parece que la ciudad se les ha quedado pequeña. No contentos con inaugurar jornadas, presentar árboles con chupetes, visitar a los bomberos, besar niños y abrazar abuelos; nuestros concejales más viajeros, apóstoles de la abulensidad, recorren el mundo llevando con ellos la buena nueva amurallada. “Id e internacionalizaos”, les dijo Alicia García desde una colina a las afueras de Valladolid. Incluso se les ha visto sonreir -un buen concejal siempre sonrie, llueva, truene o se le explote la almorrana- en foros donde se crítica toda su política urbanística hecha o por hacer. Y también están en Twitter, donde me dan los buenos días, las buenas tardes y las buenas noches; me recuerdan qué día de la semana es, lo maravillosa que es la vida y lo atareados que están velando por nosotros mientras dormimos y hacemos nuestras cosas.

Están en todos lados, everywhere en definitiva, y se expanden rápido. Tanto es así que temo que cualquier día al levantarme me encuentre a un concejal haciéndome el café o, peor aún, lo halle al abrir la nevera sentado sobre el cajón de las verduras, en el lugar otrora reservado a las cervezas, tendiéndome el cartón de leche desnatada con una sonrisa en la cara, un gorrito de lana y unas orejeras de algún personaje Disney.

Bien puede ser que haya sido así siempre y que sea mi hipoactividad, y no su hiperactividad, la que se recrudece. Pero también puede ser que a medida que se acercan las urnas -las europeas están a la vuelta de la esquina y ya se otean, como pendones tras las colinas, los cartelones de las municipales- al equipo de gobierno le hayan entrado las prisas por demostrar su buen hacer, o al menos su hacer, espoleados por hipotéticas encuestas poco favorables, ocupando todo el espacio público y mediático del que son capaces.

Un bombardeo por saturación en toda regla que me tiene, como ya les dije, extenuado y al borde de la baja por impresión. Menos mal, alabados sean Rubalcaba y Susana Díaz, que los socialistas se lo toman todo con más calma, desde el trabajo de oposición a la búsqueda de propuestas, pasando por aquello de las primarias y la renovación. Ferraz y su franquicia de la Travesía de San Bernardo parecen buenos lugares para refugiarme con mi mantita. Que me despierten cuando hayan vuelto.

PS.- Al final he buscado lo de la hipoactividad. El diccionario de la RAE no lo recoge, pero si rebuscan en internet pueden encontrar cosas interesantes: niños aburridos, siempre cansados, sin interés por nada, vagos… ¿Y si el mal de España fuese una epidemia de hipoactividad? ¿Será Rajoy hipoactivo como yo?

5 Responses to Hasta en la sopa

  1. Guillermo B. says:

    ¿Hipoactivo tú, Alberto? Y una lesche, que dirían en el sur…

    La Alicia esa, ¿no es la que tiene comprado un publireportaje diario en el Mundo de CyL?

    • Alberto Martín del Pozo says:

      Yo en realidad soy vago, pero eso queda feo decirlo. Hipoactivo suena a enfermedad terrible por la que merezco atención, consuelo, mimos y una entrevista en profundidad en la contraportada del Diario para que mi belleza rivalice con la del Alcalde.

      • Guillermo B. says:

        Entrevista, bueno. En la contraportada, es factible. Tu belleza superando la de MAGN, es algo que no dice mucho de tu belleza. Pero ¿”en profundidad” en el Diario?… Ni de coña…

  2. Macanaz says:

    Guillermo, si hablamos todos de la misma Alicia fue alumna del I.N.B. Isabel de Castilla…

  3. Guillermo B. says:

    Era figura retórica, la pregunta, digo…

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