En este valle de lágrimas

“Silicon Valley, CAL, US, 2011”, por Luke Ma

“Silicon Valley, CAL, US, 2011”, por Luke Ma

Mi padre me guarda cada domingo la revista que viene con el periódico. Normalmente la deja en su escritorio para que la coja cuando quiera, pero en esta ocasión prefirió dármela en mano. “Dicen que aquí todo es posible”, dijo mientras me mostraba la portada. “Silicon Valley”. En grandes letras amarillas. Y abajo, más chiquito, se leía: “La ambición por cambiar el mundo”.

Me guardé la revista para el viaje que, unos días después, tendría que hacer a Madrid. Ya en el tren pude echar el vistazo a otros reportajes, pero no abordé el texto dedicado al “valle de la innovación” hasta llegar al metro. Leía la historia de Stanley Yang, el responsable de un chip que mide el nivel de atención de nuestro cerebro, cuando me interrumpió el discurso que comenzó a dar una señora en el Metro.

Decía algo de que a su hija, que estaba en proceso de desintoxicación, le habían detectado algún problema cerebral y no podía pagar el tratamiento. Me fastidió que viniera con ese cuento y que no me dejara concentrarme en ese lugar donde “las ideas más locas, las más controvertidas, son a menudo las que rompen”. “No hay sueños irrealizables”, reza el texto escrito por Joseba Elola en El País Semanal.

Igual que vino, se fue. La buena mujer entró en escena por una lado del vagón y salió por el otro, como si se tratara de una obra de teatro de barrio. No vi que nadie soltara un duro, aunque tampoco lo puedo asegurar porque ahora estaba inmerso en la historia de Michael Buchwald, que ha desarrollado una tecnología para actuar sobre el ordenador a distancia, con nuestra mano, prescindiendo del ratón.

Junto a mí, un señor habla por el teléfono móvil (cuando yo estudié en este pueblo no había cobertura en el subterráneo…). Dice algo de un ERTE en su empresa. Habla fuerte mientras le cuenta a alguien que no sabe cuál será el siguiente paso, que están todos acojonados. Estaría de lujo que hablara más bajo porque el reportaje exige mucha concentración. Hay que adivinar qué carajo significan palabras como offline, networking o hackatons, y no es fácil si tienes a un tío a un lado contando penas.

No hay ambición pequeña para el valle”. Punto y final. Me quedo pensando, con la cara más interesante e innovadora que tengo (mirada al infinito). Entra en escena una pareja. Ella va unos pasos atrás, parece harta. Él toma la palabra y dice no sé qué de un desahucio. Creo que venden paquetes de pañuelos de papel. ¡Qué poca iniciativa empresarial, tú! Me apresuro a coger el iPhone, enganchar los cascos y ponerme a escuchar algo de música. Igual que vinieron, se fueron. Pero por el otro lado del vagón.

One Response to En este valle de lágrimas

  1. juansilentious says:

    No entiendo este post, ¿qué intenta transmitir?

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