La llamada

Me disponía a una pantagruélica siesta cuando un temible sonidito perturbó la tranquilidad de mi sobremesa…

¡Riiiiiing, riiiing!

Bueno, ya saben. Ya pocos teléfonos hacen ring.ring. Pero eso. Una llamada con prefijo de Madrid. La cojo con miedo:

“Hola, muy buenas tardes. Me llamo María Martínez” (sudores fríos)

“Solo pretendo robarle unos minutos, señor Negro” (temblores)

“¡Es para hacerle una encuesta de opinión!”

f4ac7a66358b11e3b4ea22000a1fbdb0_8 Así que me he pasado la tarde respondiendo pregunticas, que me divierte pensar que cada contestación que dé representa a taitantas personas. Si en la próxima de TNS ven “El retorno de Belén Esteban” entre los tres principales problemas de los españoles ya saben a quién dar las gracias.

Empiezo con esta anécdota y con la frase que ven en la derecha. Al irme preguntando la buena mujer de TNS por diferentes cuestiones, me dio por pensar en lo bien que se nos da quejarnos. Estoy últimamente insistiendo en esa idea, lo sé. No preguntes qué puede hacer tu país por ti, sino tú por tu país. Etc.

La idea fácil es quejarse de la falta de oportunidades, de que nos están echando y de que los políticos no se ocupan de lo nuestro. Y todo eso es verdad, claro. Y hay que denunciarlo cuando es preciso, nadie me malinterprete. Pero no nos podemos resignar a pensar que este país tiene que seguir así sí o sí. Tenemos que hacer pedagogía en el día a día. Los que tenemos trabajo los que más. Llegar a casa y leer un libro, prohibir a la familia sintonizar telecinco, advertir de las demagogias y populismos que nos acechan cada vez más. Participar de la cultura de tu ciudad, alentarla, darle publicidad, formar parte. La democracia solo sirve si sus ciudadanos tienen cultura. Al menos hay que pelear por no dejarla morir. Esa batalla sí merece la pena.

Es eso o cerrar el quiosco definitivamente. Y estaba pensando que eso teníamos en mente cuando abríamos este blog. Escribir de Ávila, debatir de esto o de aquello. Aquí nadie pretendía que esto fuera una oposición al gobierno. Nunca fue la idea ni es algo que a mí me divierta ni siquiera como simplista etiqueta. Yo no juego a políticas de alcantarilla y odio lo que Bea atinó a llamar “el toquecito”. No lo digo por nosotros, que llevamos unos días sin que nos piten los oídos. Lo pongo por la colonoscopia de Trithemius, que huele a detritus.

Pues eso, señores, cerrando el tema. Que la democracia exige ciertas cosas: educación, cultura, intercambio de ideas y actitud ciudadana. Si no, nos buscamos otro invento. Hagamos un poco entre todos, con respeto y espíritu constructivo, por tener una mejor sociedad. Que es de lo que se trata.

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