Las calles se llenan de gente

Las calles de nuestra ciudad, Ávila, cada día están más llenas de gente. No me refiero al maravilloso mes de septiembre en el que hemos disfrutado de distintas actividades que han sacado al abulense a la calle, a la parte bonita de que los rincones de la ciudad rezumen vida por los cuatro costados, eso es algo que me parece más anecdótico que otra cosa. Eso no es más que el famoso recurso de toda la vida de “Al pueblo pan y circo”. Mientras no muramos de hambre y haya entretenimiento para que la gente esté distraída parece que todo está, no sé si bien, o simplemente bien tapado.

“Al pueblo, pan y circo”. Esta frase se origina en Roma en la Satira X del poeta Romano Juvenal (circa 100 A. D.). En su contexto, la frase en Latin panis et circenses («pan y juegos del circo») es dada como la última atención del pueblo Romano, quien había olvidado su derecho de nacimiento a involucrarse en la política. Juvenal muestra su desprecio por la decadencia de sus contemporáneos Romanos. Los políticos Romanos visualizaron un plan en 140 a. C. para ganar los votos de los pobres; al regalar comida barata y entretenimiento, los políticos decidieron que esta táctica de “pan y circo” sería la forma más efectiva de subir al poder. Juvenal hace referencia a la práctica romana de proveer trigo gratis a los ciudadanos romanos así como costosas representaciones circenses y otras formas de entretenimiento como medio para ganar poder político a través del populismo.
(Wikipedia)

Lo que pasa es que en nuestra ciudad el trigo no es gratis. Todo es caro por mucho que nos digan, nos prometan o quieran hacernos creer que no. La parte del circo, por qué no decirlo, ha estado muy bien. Muchas actuaciones y mucha gente atendiendo a acrobacias imposibles en las plazas más importante del centro urbano, pero eso no basta cuando lo que va faltando es el pan.

Y es que a la gente se le acaba el pan  (y no solo el pan). Es cierto que la calle se llena de gente, cada vez más. Basta con darse un paseo desde la estación de trenes a la Plaza del Mercado Chico e ir comprobando cómo ha aumentado la cantidad de gente que hay en el trayecto que pasa por Santa Ana, Calle Duque de Alba, El Grande, La Plaza de Adolfo Suárez, Calle Alemania, Reyes Católicos… La cantidad de cartones donde se puede leer “Necesito una ayuda”, “No tengo trabajo”, “Mis hijos no tienen para comer”… Y una persona, cabizbaja la mayoría de las veces, que te miran con una mezcla entre temor y vergüenza, pidiendo desde un grito silencioso, un poco de caridad para una situación desesperada. Tenemos que sumarle a toda esta gente aquellos que no están quietos. Los que se acercan a ti cuando pasas por su lado o te cruzas en su camino y te dicen de corrido “A ver si puedes darme una ayudita, por favor, que lo necesito para comer…”. Se puede echar un vistazo también a las puertas de las iglesias a las horas de misa y a las colas de los centros en los que se reparten alimentos a los más necesitados… El número de personas que necesitan ayuda crece cada día…

Sí, las calles de Ávila, tristemente, se llenan de gente, de gente a la que el circo no le importa porque solo quieren pan. A otros parece que les dé igual, solo buscan votos.

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