Malditos políticos

Pongamos que me siento orgulloso de ser español. No, espere. Mejor pongamos que usted se siente orgulloso de ser español. Su deporte favorito es el tenis, aunque no lo practica desde la universidad, y se ha levantado henchido de orgullo por el número uno de Nadal que demuestra, en su opinión, que los españoles cuando nos ponemos, cosa que sucede muy raras veces, somos imbatibles. Está usted tranquilamente desayunando sobre su encimera de color verde ácido mientras escucha las noticias. Su mujer ya está en la ducha, el perro le mordisquea las zapatillas intentando llamar su atención y la abuela se ha llevado a los niños al colegio, de donde saldrán a las ocho de la tarde después de las clases, el kárate, el refuerzo de matemáticas y el teatro. Si tuviera dinero los mandaba a un internado.

El café está bueno y la napolitana que ha comprado su mujer en el Mercadona entra y sale del café una y otra vez. Así está usted, el amo del mundo, cuando la radio comienza a hablar de la noticia del día: los españoles son idiotas. Bueno, la noticia no dice eso exactamente, pero eso es lo que usted ha entendido. No sabemos sumar, apenas entendemos lo que leemos y no sabemos hacer la “o” con un canuto. Usted se crece. Ya estamos otra vez, piensa. No hemos salido de la crisis y ya están otra vez dándonos palos.

Su mujer entra en la cocina con un albornoz gris y una toalla amarilla en la cabeza. Se sirve un café y se sienta a su lado. Le nota enfadado. ¿Qué te pasa, cari?, le pregunta. Nada, le contesta, que dice la OCDE que los españoles adultos somos tan cortos como los adolescentes. ¿Y de quien es la culpa? pregunta al infinito mientras se mesa el cabello. De los malditos políticos, concluye. Su mujer le mira intensamente ¿Qué es la OCDE?, pregunta ella. Usted no lo sabe, así que contesta a la pregunta con un gesto ambiguo en dirección al microondas.

Saca a pasear al perro mientras se fuma su primer cigarro. No le apetece pasear, así que le da una vuelta a la manzana. El perro le huele el culo a otro perro, mea en una esquina, corre detrás de un pájaro, intenta comerse una hoja de un árbol y, por fin, hace aguas mayores junto a la rueda de un coche. Se ha olvidado bajar una bolsa de plástico. Mira a un lado y a otro. Nadie le observa. Da un tirón al perro y echa a andar hacia el portal.

Llega usted al trabajo. Ha aparcado el coche donde Vulcano perdió el mechero después de comerse un atasco de media hora en una avenida del centro. Se había roto una tubería y estaban levantando la calle. Si hubiese ido en bicicleta habría tardado menos. En realidad habría tardado menos andando. El centro es un desastre. ¿Y para eso pagamos impuestos? Malditos políticos.

Mientras se toma un café en la sala de descanso, en la televisión de 15 pulgadas que tienen sobre la cafetera un jugador de fútbol entra entre aplausos a declarar a un juzgado por defraudar a Hacienda. Menudo partidazo se marcó ayer el cabrón, piensa. En el fondo le entiende, si usted tuviese dinero también haría todo lo posible para pagar menos impuestos. Maldito Montoro. Meneas la cabeza mientras mojas el Donuts en el café. Malditos políticos. Un compañero le dice que disfrute del Donuts, que el día 13 los trabajadores que los fabrican van a la huelga y que no se sabe si volverá a haber. Malditos políticos.

Hace un descanso a media mañana para fumar un pitillo. Antes lo fumaba en la sala de descanso, pero ya no puede. También podría dejar de fumar, es verdad, pero si no fumara no podría ausentarse cada dos horas de su oficina. Malditos políticos. Sale a la calle. Desde la puerta del edificio donde está su oficina, las antigua sede central de una caja de ahorros, puede ver la televisión del bar de enfrente. Cuando uno de sus compañeros sale le pregunta qué veían en la televisión. Los Nobel, le dice, le han dado el de física a un belga. Y a los nuestros nada, piensa. Malditos políticos.

Sale de su trabajo a las tantas. A su jefe se le ocurrió cambiar la orientación del proyecto a última hora y su equipo, los dos becarios y el universitario en prácticas al que paga 400 euros por 45 horas de trabajo semanal, ya se habían marchado. Al final ha echado tres horas de más que ni le van a pagar ni a agradecer. La reforma laboral, dice su jefe mientras le da una palmada en la espalda. Malditos políticos.

Al llegar a casa, aparca su coche cerca del portal. Por fin algo de suerte. Al salir del coche nota algo blando que cede bajo su pie. Un excremento de perro. Malditos políticos.

Llega a casa, se quita los zapatos, se desabrocha la camisa y entra en el baño. Se lava la cara con agua fría y se la seca después con una toalla amarilla como la que llevaba su mujer esa mañana en el pelo. Ella todavía no ha llegado. No la ve desde las nueve de la mañana. Los niños estarán al caer, su abuela los recoge en el colegio y los devuelve a casa, pero lo último que le apetece es ponerse con ellos a jugar. Que hagan los deberes, piensa. ¿Y si no tienen? La consola. Malditos políticos.

Pone usted la tele. Están repitiendo un reportaje sobre la corrupción. Le aburre, la política no le interesa, ha decidido ignorarla por su salud, pero no le apetece estirar su dedo índice para cambiar de canal. Una familia enseña una ducha. “Nos la ha puesto Sandokán”. Usted piensa que son población de algún barrio marginal de Andalucía -esto lo sabe por el acento- y que van puestos hasta las cejas de droga, pero no. La periodista le explica que Sandokán es el apodo de un constructor metido a político e insinúa que ese plato de ducha -monísimo, antideslizante y accesible- ha sido el precio a pagar por los votos de la familia en las últimas municipales. Cinco concejales. Se le atraganta la cerveza. Malditos políticos.

Al final decide cambiar de canal. Otro reportaje. ¿No hay algún concurso para pasar el rato? Hablan de Estados Unidos, con lo lejos que está. Obama, la asistencia sanitaria, los republicanos, el cierre del gobierno federal. Hay entrevistas en la calle. Parece un programa de humor pero hablan de política. Es como uno de esos programas en los que se pregunta a los americanos que más pinta tienen de americanos -blancos con gorra de béisbol, negros con camisetas de equipos de baloncesto, gordos- por las capitales del mundo y terminan situando Australia en la ría de Vigo. Confunden una cosa con otra, no saben de lo que hablan pero están absolutamente convencidos de lo que dicen, tópicos, lugares comunes. ¿Y esa gente vota?

Los americanos no tienen ni puta idea de nada, piensa. Así les va.

15 Responses to Malditos políticos

  1. ¡¡Malditos políticos!! pero eso de que somos idiotas o al menos mas que el resto del mundo lo llevo oyendo ya varias décadas. Como tu mujer: la culpa es de ellos, pero no se conforman con hacernos gilipollas sino que además se regocijan recordándonoslo.

  2. Alonso says:

    Como para no sentirse protagonista de esa historia: también me ha cabreado lo de que los españoles somos idiotas. Es verdad que no tengo perro, no me puedo mesar los cabellos, de lo del trabajo mejor ni hablamos, no forma parte de mis costumbres ver los partidazos y sobre todo mi mujer nunca me preguntaría que es la OCDE (en cualquier caso se lo preguntaría yo a ella). Pero para el caso es lo mismo, me he metido en la piel de este tipo hasta el fondo. Y ¿qué ha pasado?, pues que me he propuesto elevar la media y contribuir con mi granito de arena a que los españoles dejemos de ser idiotas. Así que he consultado en la Wiki qué era la OCDE y he anotado mentalmente como tarea para otro día buscar las grandes aportaciones y beneficios debidos a ese organismo.
    Con eso, por el momento, he cumplido ¿No?

    Ah, se me olvidaba, la entrada tenía muchas letras y me ha dado pereza leerla entera.

    … en serio: me ha gustado.

    Un saludo

  3. Guillermo B. says:

    Pues a mí no mucho… No creo que ese español aquetípico sea el representante de nuestra media nacional. Creo en mis congéneres, creo que no son mejores ni peores que los ecológicos noruegos (que contaminan y se tiran pedos), los gregarios bereberes o los respetuosos nipones. No creo en el hecho histórico hispano, por el cual estamos condenados a la extinción y la perpetua desgana.
    Creo más bien que cuando nos conviene amontonamos en un estereotipo todo lo que de malo en la vida creemos (incluyendo el que sea del Barsa, Alberto, ya te vale), para así regodearnos en nuestra supuesta elevada posición al creernos mejores que eso. Y ese juego lo jugamos todos a distintos niveles, incluso cuando negamos que lo estemos jugando o incluso cuando pergeñamos una entrada en un post para pretenderlo.
    Escribo esto a escasos 3 kilómetros del Chateau de la Muette, sede de la mentada OCDE. Y al belga le acompaña un británico. Y sí, la gente que no colocaría Idaho en un mapa ni de puto culo vota al parlamento en España. Bueno, tampoco lo harían con Teruel, la verdad. Y si votan a la derecha será que son masa influenciable que solo se rige por sus más bajos instintos, y si lo hacen a la izquierda son parias que no han tenido una oportunidad justa de educación por la ineficacia del sistema.

    • Alonso says:

      Pues también tienes razón. Y mucha cuando dices que “ese juego lo jugamos todos a distintos niveles, incluso cuando negamos que lo estemos jugando…”. Pasa que quizá el juego es más amplio de lo que parece y abarca tanto a los que miran(amos) a un lado y a otro para no retirar la caquita del perro, como a los que se ensañan(amos) con ello y, proclamando estar libres de todo pecado, tiran(mos) la primera piedra. Y al final el problema está en el mismo sitio de siempre, en la primera persona, nosotros. No en los políticos, los banqueros, los del ppsoe, la Merkel o lo que sea. Si nosotros no hacemos lo que sea preciso para salir del atolladero, nadie nos va a sacar de él. ¡Que cosas! así lo había entendido yo.

      Un saludo.

    • ladyaccesibilidad says:

      Pues a mí no mucho… No creo que ese español aquetípico sea el representante de nuestra media nacional. Creo en mis congéneres, creo que no son mejores ni peores que los ecológicos noruegos (que contaminan y se tiran pedos), los gregarios bereberes o los respetuosos nipones. No creo en el hecho histórico hispano, por el cual estamos condenados a la extinción y la perpetua desgana…

      Guillermo, tú no vives en comunidad de vecinos, eso está claro, o al menos en la mía …

      • Guillermo B. says:

        No, de hecho vendí un piso y compré mi nueva casa mirando como una de las principales razones la ausencia de comunidad… Pero aquí estamos hablando de resolver problemas fáciles, como la idiosincrasia nacional o la política de estado, no complejos como los turnos de presidencia o las plazas de garaje…

        Un saludo

        • ladyaccesibilidad says:

          si sólo tenías esos problemas comunitarios o hace muchos, muchos años que lo vendiste o también fuiste afortunado en tu experiencia con la comunidad ,seguramente por que fuera de esas antiguas de 4 vecinos que se conocen de toda la vida

          mira, en una comunidad actual , me da igual si son 30, 40 o 50 vecinos, se tienen problemas muy serios, y si en algo tan cercano que lo que decides te repercute tan directamente ,ves muy de cerca y lo peor , sufres legal y económicamente las consecuencias de lo que dice este estudio, es una realidad, la mayoría no entiende lo que lee, no se entera de lo que firma y vota por filias y fobias sin tener en cuenta cuanto le va a costar y no sólo económicamente, la falta de criterio, la falta de sentido común , ser pasivos como muebles y ser tontos hasta decir basta

          mucho guasap y foros mal empleados y muy poquitas luces es lo prima , un reflejo más de lo que tenemos a otros niveles

        • Guillermo B. says:

          >>> lo que decides te repercute tan directamente ,ves muy de cerca y lo peor , sufres legal y económicamente las consecuencias de lo que dice este estudio, es una realidad, la mayoría no entiende lo que lee, no se entera de lo que firma y vota por filias y fobias sin tener en cuenta cuanto le va a costar y no sólo económicamente, la falta de criterio, la falta de sentido común , ser pasivos como muebles y ser tontos hasta decir basta

          Eso es lo que Alberto preconiza para los votantes de a pie… Creo que me has convencido con la analogía, por mucho que a él no le guste

          Y en mi caso, los problemas fueron serios y con implicaciones económicas, sí…

    • Obis says:

      pues, estimado Guillermo, desde el 17eme te digo que no estoy de acuerdo… los estereotipos no representan ni la media ni la mediana ni la moda, pero se acercan bastante a la percepcion generalizada… eso estma mas cercano a las ciencias sociales que las “hard sciences” que nos son tan cercanas y queridas… Lo dicho, en este mundo de hoy, y posiblemente tambien de ayer, es tan importante la percepcionde de los sujetos como la demostracion cientifica de los hechos… No importa como somos sino como nos perciben y nos vemos

  4. ladyaccesibilidad says:

    no seas tan condescendiente Alberto, sabes muy bien que nunca baja bolsa para recoger ….

    muy malos hábitos gasta el protagonista, donuts, tabaco … mucho más sana tu mermelada de ciruela jeje

    felicitaciones por la agudeza visual …

    y la verdad, no se por qué os ofende tanto que nos llamen lelos… yo estoy cansada de escuchar expresiones como “tenemos lo que nos merecemos…” “no hay nada más tonto que un obrero de derechas…” asumiendo que somos tontos nosotros mismos por tanto …

    ahora en serio, me ha encantado Alberto, muy buena entrada como siempre 🙂

  5. Pingback: Prefarados, listos… (3 de 3) | Trapseia

  6. Pingback: La diferencia | Trapseia

  7. Pingback: #TheFaritos 2013 – 3 de 3 - | Trapseia

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: